- Déjame adivinar… ¿quieres dejar sitio para el postre?

Divertido, Yamato se quedó mirando hacia Sora, la cual acababa de pasar un rato observando la comida que quedaba en el plato. Llegados a esas alturas sabía perfectamente lo que le estaba pasando por la cabeza, viendo como tras hacerle el comentario empezaba a reírse.

- Podría ser – echándose hacia atrás en la silla, le devolvió la mirada-. Termínatelo tú, venga, que sino luego ni por haberme puesto un vestido menos ajustado voy a poder estar cómoda…

- No, si es que no tienes remedio – se acercó el plato él no teniendo problema en terminárselo.

Posiblemente fuera que entre ellos siempre habían tenido bastante confianza, incluso cuando estaban volviendo a intentarlo aquella última y definitiva vez, pero aquello ocurría con bastante frecuencia. Ni en las primeras veces había conseguido que no se diera cuenta de la jugada.

- Eso te pasa por llenarte tan rápido – le dijo volviendo a observarla.

- Ya… Lo que pasa es que me apetece todo y al final de tanto probar de una parte y de otra me lleno. Para eso siempre me ayudaba Aiko, con ella sí que tenía hambre… Pero hambre de verdad.

- Sí, cuando estabas embarazada tenía que andarme con cuidado si estábamos compartiendo algo porque me dejabas sin ello antes de que me diera cuenta – apartó el plato al haber terminado así lo que le quedaba-. ¿Qué? ¿Estaba bueno?

- Pues voy a tener que darte la razón – sonrió-. Estaba todo muy rico, así que ya le daré las gracias a tu padre cuando lo vea.

- Ah, sí. Seguro que está encantado de recibir el agradecimiento… - negando con la cabeza, riéndose por lo bajo, aprovechó para llamar la atención del camarero y que se acercara a ellos para traerles la carta de nuevo.

- ¿Puedo elegir yo para los dos?

- ¿Por? ¿Tienes miedo a no saber decidirte por una cosa y prefieres tener dos opciones que probar?

Intentó mantener el gesto serio, cogiendo la carta y buscando rápidamente la sección de postres, escuchando a Yamato riéndose de sus intentos de disimular, especialmente cuando la pudo ver arrugar la nariz porque precisamente se estaba cumpliendo lo que había dicho él al no saber decidir qué era lo que le apetecía.

- Muchas gracias – el dijo al camarero cuando se alejó de ellos recogiendo así la carta después de que hubiera pedido-. ¿Dejas de reírte?

- Un día te grabo para que veas las caras que pones de concentración. Ni trabajando te las he visto…

Haciendo una pequeña mueca, fingió repetir sus palabras así, terminando por quedarse mirando de nuevo hacia el paisaje que se podía apreciar desde allí. Sin duda alguna no podía haber hecho mejor elección tanto por aquello como por lo que habían cenado. Dándose cuenta de ese detalle, volvió a enfocar a Yamato.

- ¿Qué? – dijo al verse observado.

- ¿Desde cuándo tenías pensado venir aquí?

- ¿Yo? Nada, en el último momento se me ocurrió… - hizo una pausa antes de encogerse de hombros-. Puede que se me hubiera ocurrido que tenía que traerte aquí la primera vez que vine. Lo que pasa es que no contaba yo con que fuéramos a tener que pasar alguna fecha importante aquí. ¿Te ha gustado todo?

- Mucho… El sitio es precioso y la comida estaba muy buena, ya te lo dije antes – había sonreído al escuchar lo de que había pensado en ella la primera vez que había estado allí-. Y tú diciéndome que si queríamos ampliar el presupuesto para mudarnos en Tokio podías vender la casa de aquí…

- Pues mira… Ahora mismo con el nuevo puesto…

- No, ni hablar – negó con la cabeza-. Y sino discutes con Aiko lo que piensa de tener a mano un sitio donde poder irse de vacaciones cerca de una playa donde puede encontrar tortuguitas.

Se echó a reír teniendo que darle la razón.

- No te rías, te lo digo en serio. Estoy casi segura de que lo que me pasa es que tengo buenos recuerdos de las temporadas que pasamos aquí, pero me gusta mucho ese sitio… - eso era exactamente lo que pasaba.

Cuando le había pedido que se mudase con él los meses antes del anterior viaje había sido un punto de inflexión demasiado importante en la vida de ambos. Había marcado el antes y el después de aquel mes de los horrores que había pasado. Todavía era capaz de recordar aquellas noches en las que había intentado saber de él y no había obtenido respuesta. Había sido peor a medida que pasaban los días, ya que, al principio, había entendido que siguiera enfadado con ella y que no quisiera ni escucharla, el problema había llegado cuando, pasaban los días y las semanas. Ahí fue cuando su cabeza entendió que lo que pasaba era que no quería saber de ella y que estaba lo suficientemente enfadado como para mantenerlo incluso ya en frío y había sido cuando verdaderamente se había puesto mal.


2018

- ¿Qué haces aquí?

Mimi, totalmente confusa, se quedó sorprendida al ver a Sora al otro lado de la puerta a aquella hora. Estaba sola aquel día, y sus planes consistían en entretenerse un rato revisando algunas recetas que tenía en pendientes. Con lo que no contaba era con aquella visita a aquella hora de la noche.

- ¿Ha pasado algo? ¿Estás bien? – observándola más detenidamente, se dio cuenta de la expresión de su amiga. Se apartó de la puerta, dejándola así entrar y cerrando tras ella. No necesitó mucho más para caer en la cuenta de lo que podía pasar-. ¿Has vuelto a intentar hablar con él?

No obtuvo respuesta. Ciertamente no entendía por qué Yamato se estaba comportando así. Entendía su enfado por cómo se había enterado de las cosas, pero no tenía derecho a enfadarse porque Sora hubiera estado prometida cuando no sabían si él seguía vivo tan siquiera. No tenía tampoco derecho a enfadarse años más tarde de esa manera, porque finalmente hubiera confirmado que una vez había pasado algo entre Sora y Taichi.

- Sabía que era estúpido, pero no contaba con que lo fuera tanto – gruñó en voz alta-. Sora…

Negó con la cabeza sin ser capaz de articular mucha más palabra. No era que no quisiera contestar a su amiga, sino que simplemente era incapaz, el nudo en su garganta le estaba haciendo complicado hasta respirar. Abrió la boca para intentar decir algo, sin conseguir gran cosa.

- Mimi…

Y entonces no había sido capaz de aguantarse más y se había echado a llorar. Posiblemente como nunca la había visto hacerlo su amiga, acostumbrada a que fuera ella la que estuviera pendiente de consolar a los demás. No sabía ni siquiera que decirle. Ni siquiera en Londres, después de que hubiera ocurrido todo la había visto así.

- No soy capaz ni de establecer llamada, Mimi… Tiene que tener el número bloqueado… No quiere saber nada más de mí – empezó a hablar entrecortadamente-. Ya han pasado días, ¿tan enfadado sigue? Yo no puedo seguir así… Necesito hablar con él, aclarar las cosas.

No sabía ni qué decirle, acabando por arrastrarla con ella para que se sentara en el sofá, haciendo ella mismo y observándola desde allí. Iba a acabar yendo ella a esa isla a meterle todos los gritos que sabía que Sora no le iba a meter a ese rubio idiota y se iba a quedar muy a gusto.

- Sora… intenta calmarte, ¿vale? Tranquila… Ya sabes que tiene un mal carácter.

- Han pasado dos semanas, ¿tan enfadado está como para bloquear mis llamadas? Yo no creo haber hecho algo tan malo… ¿qué pasa? ¿No me quería como me decía y ahora no le compensa arreglar las cosas?

- Eh, eh, eh. Mírame – reclamó su atención-. No digas eso, ¿entendido? Ese idiota lleva enamorado de ti desde antes de ser capaz de darse cuenta. Eso no te dejo que lo pongas en duda, ¿queda claro? A mí a lo que me huele es que se ha asustado y ahora no se atreve a venirte de frente.

- Si me quisiera me cogería el teléfono… No me tendría así, Mimi. Llevo demasiado sin saber de él, ha aceptado ese maldito ascenso para volver a Marte por mi culpa. Por mi culpa…

Confusa, no pudo más que guardar silencio. Lo que necesitaba Sora en aquel momento no era que ella le dijera nada para calmarla, sino más bien todo lo contrario, alguien con quien desahogarse. Se acercó a ella, pasando su brazo en torno a su espalda, moviendo su mano por ella varias veces.

- ¿Has pensado en ir a buscarlo y hablar con él en persona?

- Claro que sí – habló antes de encogerse de hombros-. Pero es imposible que deje el estudio estas semanas. Totalmente imposible el proyecto que tengo entre manos es demasiado importante y…

- ¿Y?

- Y no me atrevo… No podría soportar que me ignorase cara a cara, Mimi… No lo podría soportar…

Tiró algo más de ella para que se pudiera quedar echada con la cabeza en su regazo, esperando que se calmara algo. Solo recordaba una vez que la había visto así y había sido precisamente por ese mismo idiota.

- Si tengo que ir contigo y hacer que se digne a atenderte llevándolo de los pelos sabes que soy perfectamente capaz, ¿verdad? – pasó sus dedos por el cabello de su amiga-. Y tú te vas a quedar esta noche a dormir conmigo, ¿queda claro? Y vas a cenar lo que yo te mande cenar, ¿dónde tienes a Biyomon?

- Con mi madre…

- Pues no se hable más – bajó la vista hacia ella, viendo como se secaba la mejilla con la mano-. Ese idiota te quiere, Sora. Eso no lo pondría en duda ni Koushiro y mira que él no es precisamente el más avispado… Tiene que haber una explicación coherente para todo esto.

- ¿Cuál Mimi? ¿Que perdió el teléfono? ¿Qué se le estropeó la línea?

- Pues por ejemplo, ese es capaz de haber tirado el teléfono en un rabieta si me apuras.

- Claro, ¿y no tiene otra forma de comunicarse conmigo? También he intentado mandarle correos electrónicos… Y nada… Absolutamente nada. No quiere saber nada de mí.

- ¿Puede ser algo de su trabajo? – dijo al cabo de un rato-. ¿No me has dicho que se va otra vez? ¿Lo tendrán en aislamiento?

Sora guardó silencio, aprovechando otra vez para secarse los ojos, no queriendo imaginar el aspecto que podría tener en esos momentos. Tampoco le importaría demasiado, con pocas personas tenía tanta confianza como con aquella que estaba.

- Lo pensé, Mimi… Pero… ¿no crees que me lo habría dicho?

- Igual lo mandaron cuando estaba enfadado contigo… ¿no?

- ¿Y no podría haber dejado aviso? No sé, por su hermano o su padre… No, Mimi… Yamato no quiere saber más de mí, no hay otra explicación.


Se había quedado observando al rubio, distraída, viendo como los ojos de él estaban posados en el paisaje. Era capaz de darse cuenta de que a él le gustaba tanto aquel lugar como a ella, sin duda alguna.

Uno de los mejores recuerdos que tenía era la primera noche en la que habían arreglado las cosas. La primera noche en la que había vuelto a dormir a su lado abrazada a él y con sus brazos rodeándola. Le daba vergüenza confesar que algo tan cotidiano como aquello estaba tan grabado en su cabeza, pero después del horror de mes que había pasado, había sido la cura perfecta.

- Si me disculpan… - la voz del camarero la distrajo, devolviéndola a la realidad, viendo como posaba encima de la mesa los postres-. Que lo disfruten.

- Muchas gracias – sonrió, viendo a Yamato volver a la realidad, enfocando también él la comida.

Cuando levantó la vista hacia ella, se quedó ligeramente confuso, notando algo extraño en su expresión o en la forma en la que lo estaba mirando, pero, no era nada que pudiera preocuparlo, sino más bien todo lo contrario.

- ¿Qué te pasa? – le preguntó, curioso a pesar de todo.

- Nada… - intentó disimular algo más su sonrisa.

- ¿Segura que nada?

- Déjame en paz… - bajó la vista, riéndose ligeramente pasando a centrarse en su postre.

Divertido por el comportamiento de ella, decidió ponerse en pie y aprovechar que apenas había gente para llegar hasta su asiento, reclamando su atención al buscar que alzase la barbilla y poder mirarla.

- No quiero – le contestó, inclinándose-. Si pretendes que yo te deje en paz en algún momento vas a tener que quedarte sentada esperando – bromeó antes de dedicarle un beso en los labios así, tomándose algo de tiempo antes de dejarla ir-. ¿Qué? ¿No me vas a decir qué te pasaba?

- Anda siéntate, que hay gente…

- Pues que la haya… Estoy de aniversario, que se mueran de envidia todos… - se acercó dándole otro beso más corto y rápido, dejándola por fin terminar de cenar, incorporándose.

Cuando se alejó, los ojos de Sora se posaron de nuevo en su propio brazo, volviendo a ver cómo toda su piel se había erizado. Negando con la cabeza, se echó a reír.

- Vamos a tener un problema nosotros dos como sigamos así, que lo sepas.

- ¿Problema? – preguntó mientras que cogía la cuchara.

Alargó su mano para que pudiera ver más de cerca su brazo. Confuso en un principio, cuando se dio cuenta, sonrió sin poder evitarlo. Aprovechó para cogerla y dejar un beso así en el dorso.

- Así llevo yo desde que me cruzaba contigo en los pasillos de clase en sexto de primaria… Tranquila, no tiene demasiada cura.


Guest Vecina: he trabajado por la mañana, así que llevo un rato haciendo el vago por casa. Siempre se me pone al principio del curso la garganta hecha un cristo entre que cojo el ritmo y no... Pero bueno, poco a poco. No, no tengo el horario fijo. Casi que me lo dicen de hoy para mañana, así que es un poquito royo el tener que estar tan pendiente. ¿Tú qué tal vas? ¿Nerviosa por la defensa?

Me vais a pegar por sacar ahora a relucir parte de ese mes tras la pelea de Londres que, sin duda, no fue el mejor de la vida de Sora, pero es que a veces quedan muy bien para contrastar con las cosas que están pasando en la actualidad con ellos. Que de lo que pasaba por la cabeza de esa pobrecita a lo que pasa ahora mismo no puede haber un contraste más radical. Y sí, evidentemente eso de sorprenderse ya debería de ser cosa del pasado porque sabe con quién se las juega, pero bueno, déjala, que ella está feliz así y sus neuronas estan fangirleando. Y las de él al verla a ella, que va a tener que pedirle a alguien que le traiga un babero porque de verdad que le hace falta.

Cualquiera debería de saber que las "citas" de Yamato suelen ser o con su marido o con su padre jajajaja Pero sí, los ataques de celos que se gastan entre ellos son dignos. El día que venga uno de verdad a ver qué tal se les da... ains cofcofcof COF.

Jajajajaja ya te estaba viendo buscando por todas partes a ver qué pistas o referencias habría jajajajaa Por eso la aclaración, no es que haya que jugar a adivinar nada, es que hasta que no llegue al capítulo en el que lo ve, no se va a saber lo que es. Pero tu tranquila, que él también juega fuerte, ya sabes cómo es... Ahí tienen los dos los estándares altos.

El clima no sé ni decirte como está porque por la mañana fui en vestido y sandalias a primera hora asándome, cuando salí tenía frío y me vine a las carreras porque llovía y ahora vuelve a hacer un día de verano. Así que deséame suerte porque voy a salir ahora a dar una vuelta... Espero que tengas buen fin de semana, que hay que motivarse para cuando de verdad empiece el curso y estemos todos llorando.

¡Un bico grandote!