2018
Sora estaba completamente agotada. El viaje había sido largo. Había salido de Tokio a primera hora de la mañana y había tardado demasiadas horas en llegar. No había vuelos directos aquel día y, sin duda, no estaba ella para esperar. Había tenido que coger un tren, un barco y luego dar vueltas por la ciudad.
Pero si el viaje había sido largo, más largo se le había hecho todavía.
Había estado hecha un completo manejo de nervios desde que había comprado los billetes. No había sido capaz de dormir tan siquiera. Se jugaba demasiado y estaba aterrorizada de que algo pudiera salir mal. Y esos nervios habían ido empeorando a medida que se acercaba a su destino, llegando hasta a notar su estómago empezando a quejarse habiendo pasado algunos malos momentos en el último trayecto en ferri.
Ahora se había quedado sentada en el sofá mientras que Yamato terminaba de recoger algunas cosas, siguiéndolo con la mirada cada vez que pasaba. Terminó girándose hacia ella y caminando hasta quedar delante de la pelirroja.
- Menuda cara... – comentó divertido.
- Estoy algo cansada del viaje…
- ¿Algo? – le tendió la mano-. Arriba, venga. Ya terminaré de recoger mañana lo que quede.
Aceptándole la invitación, se puso en pie, caminando con él hacia la habitación, viendo como los digimon ni siquiera se inmutaban porque se hubieran ido. Fue tras él, quedándose a la altura de la puerta para poder cerrarla una vez que estuvieron los dos dentro. Habían dejado algo a medias hacía unas horas y no pudo evitar pensar en que quizás fuera buen momento para retomarlo todo donde lo habían dejado, acercándose así hacia Yamato.
- Mañana vas a tener que acompañarme a hacer la compra – dijo-. Porque no sé si tendremos para hacer la comida… Venga, métete en la cama de una vez.
- Pero… Antes… - alargó la mano para posarla sobre su brazo y detenerlo al ver que parecía querer ir hacia el armario.
- A dormir he dicho – divertido, se quedó mirando hacia ella-. ¿Has traído pijama?
- En la maleta – no protestó, viéndose completamente pillada.
- Pues ya mañana revolverás por ella…
Se acercó algo más, dejado así un beso en su frente, viendo como por fin terminaba de relajar del todo el gesto y que dejaba del todo aparcadas sus intenciones. Tenía toda la razón, lo que necesitaba era dormir.
Cuando la soltó, echó a andar hacia el armario, sacando de él su pijama y una camiseta de manga larga de más, volviendo a acercarse a ella.
- ¿Tendrás frío?
- Puedo revolver en mi maleta ahora, no te preocupes…
- Repito la pregunta, ¿tendrás frío? – dijo tendiéndosela y viendo como finalmente la aceptaba y negaba con la cabeza riéndose-. Así me gusta más. El baño está ahí – se lo señaló con la cabeza.
Recordaba perfectamente dónde estaban las cosas. No era la primera vez que había viajado al Sur y se había quedado con él. No necesitaba demasiadas indicaciones por allí.
Cuando Yamato volvió a entrar en la habitación se la encontró ya sentada en la cama, con la camiseta del pijama que él le había dejado puesta. Sonrió al verla allí, esperando por él, todavía sin haberse echado.
- ¿Qué haces ahí? Venga, échate…
- Te estaba esperando – murmuró antes de empezar a arrastrarse para quedar a la altura correcta.
- ¿Compraste billetes de vuelta?
- No… - negó con la cabeza-. No tenía demasiado claro cómo iban a ser las cosas y… No sabía si cogerlos para el lunes o… - enrojeció al hablar, bajando la mirada.
- Oye, yo sé que suelo tener pocas luces cuando quiero, pero si te hubiera hecho irte era para que dejases a Biyomon venir a darme todos esos picotazos que me tiene guardados desde hace tanto tiempo – divertido, sacó las sábanas por su lado, comprobando que no tuviera ninguna notificación nueva en el teléfono-. Mañana los compramos para que puedas ir a por tus cosas. Creo que hay un vuelo en un par de días…
Dicho aquello, se giró hacia ella, observándola unos segundos antes de echarse en la cama. No pasaron más de unos instantes antes de notar como se acercaba a él, buscando posar su cabeza en su brazo. No la dejó, girándose algo más para que fuera en su pecho donde la dejase, rodeándola así mejor.
Cerró los ojos automáticamente, notando una sensación demasiado agradable recorriéndolo. Siempre que pasaban tiempo separados la echaba de menos, pero nunca tanto como aquella vez. Y nunca había disfrutado tanto de tenerla entre sus brazos como en ese momento, aunque no hubieran hecho nada más que echarse a dormir. Sonrió, bajando la mirada hacia ella para poder dejar un beso en su cabello.
- Te quiero – le susurró antes de apretarla algo más contra él.
Sora sonrió de forma automática, dejándose abrazar. Por fin estaba completamente dónde y cómo debía de estar. Colocó su mano sobre su torso, empezando así a jugar con sus dedos sobre él sin ser capaz de decir nada más. Volvió a cerrar los ojos, centrándose en disfrutar de sus dedos jugando con su cabello. Se durmió, por primera vez en muchos días, con una sonrisa entre sus labios.
Salieron del restaurante en silencio, aprovechando Sora para observar más detenidamente la plaza en la que estaban, dándose cuenta de que también era muy bonita. Sonrió al notar como un peso caía sobre sus hombros con suavidad, dándose cuenta de que al notar que la temperatura había caído algo más Yamato le había puesto su chaqueta encima de los hombros sin esperar a preguntar.
- La pena es que haya poco más que hacer por aquí – comentó él, quedándose a su lado.
- Bueno, tampoco hace falta – se giró para poder quedarse de frente-. A mí me ha gustado mucho este sitio, ya me doy por contenta.
Sonriéndole, aprovechó la posición de ella para dejar las manos en su cintura, mirándola. No dijo nada en un principio antes de negar con la cabeza.
- Es temprano, podemos dar una vuelta antes de volver para casa. Reconozco que estoy cansado de todo el día en el trabajo y el entrenamiento, pero no esto tan acabado. Podemos acercarnos hacia el centro de esta zona que es bonito de ver aunque no haya nada para hacer.
- Yamato… Estás cansado… De verdad que a mí no me importa.
- Deja de protestar y yo no estoy tan acabado por el momento. Dame un poquito de crédito…
Divertida por su respuesta, asintió, esperando que la soltase para poder cogerse a su brazo y echar a andar hacia dónde él la guiara. Le apetecía conocer más aquella isla, sin lugar a dudas. No necesitaba un plan para toda la noche con mil cosas para hacer, de hecho, le parecía perfecto el plan que tenía y no podía gustarle más. Dar un paseo tranquilamente por aquel pueblo tan agradable le parecía una idea perfecta.
- ¿Qué tal hoy? ¿Están los nuevos muy nerviosos?
- Histéricos – posó su mano encima de la que ella había dejado en torno a su brazo, caminando de forma distraída-. Creo que en parte tenemos nosotros la culpa.
- ¿Por qué? – arqueó una ceja, observando la cara de resignación de él.
- Porque llevamos advirtiéndolos de que tienen una piloto loca demasiado tiempo y se lo han creído. En mi defensa diré que sé de lo que hablo y es una piloto loca.
- Claro, y has sido tan amable de prevenirlos para que no se lleven el susto una vez allí… Pobrecitos, vergüenza debería darte.
- No lo digo por asustarlos. Yo debería de estar acostumbrado y créeme, todavía intento sobrevivir a sus aterrizajes… Pero bueno, es normal que estén histéricos. Yo estaba de los nervios la primera vez… Nunca había estado tan nervioso. Luego no me enteré de gran cosa… Es poco más que un despegue de un avión, solo que algo más…
- ¿Rápido? ¿Ruidoso? ¿Brusco?
- Por ejemplo – se rio ligeramente por lo bajo-. Pero es lo mismo a fin de cuentas. Te cuesta adaptarte a la falta de gravedad también al principio, pero, realmente… Tampoco es para tanto. Aunque claro, qué te voy a contar yo a ti de todo eso.
Entendiendo automáticamente por lo que se lo decía, sonrió. Sí, ella sabía perfectamente la sensación de estar en el aire, aunque fuera sin salir del planeta, aunque, realmente ya lo hubiera hecho muchos años atrás de la forma más extraña posible.
- Está encantada por poder ir y venir volando a dónde le venga en gana todos estos días. No se aleja más porque tiene que tener vigilada a Aiko, por supuesto, pero sé que lo echaba demasiado de menos.
- Y tú también… Pero eso ya es más complicado – dobló la esquina, llegando a una pequeña plaza que contaba con una fuente en el centro y, al otro lado, un mirador con una barandilla hacia el acantilado que dejaba más o menos las mismas vistas que en el restaurante. Dirigió sus pasos hacia allí-. ¿Vas a estar bien el día del despegue?
- Yamato… - la cara que él le puso hizo que cortara sus palabras-. ¿Te vale si te digo que no lo sé? Hay las mismas posibilidades de que me lo tome con más calma que de que me ponga histérica… ¿De verdad quieres hablar de eso ahora?
- Sí, quiero hablar de eso porque no me apetece que te pongas mal.
- Eso no lo puedo elegir y no quiero que te vayas a ir preocupado por mí, ¿entendido? Ya has visto que de la anemia estoy perfectamente ya y que no me ha pasado nada este mes… Y si me pongo nerviosa en el despegue, se me pasará. No hay nada más que se pueda hacer… Así que ya está, ¿vale?
Se soltó de su brazo y se apoyó en la barandilla, quedándose así mirando hacia las vistas que proporcionaba, distraída. No necesitó que pasara mucho tiempo antes de sentir como rodeaba su cintura con sus brazos, dejando su cabeza apoyada en su hombro.
- Lo importante es que estás aquí hoy y que tampoco te vas a perder el cumpleaños de Aiko.
- Lo decía en serio. Si me llegan a querer dejar fuera del planeta el día del cumpleaños de nuestra tortuguita ya pueden ir buscándose un sustituto… - hizo una pausa, observándola desde ahí-. Al menos no me pierdo ninguna fecha importante, eso es verdad – hizo el comentario de forma totalmente intencionada, esperando ver qué le respondía más allá de la risa que ella dejó ir por la forma en la que había llamado a la niña.
- Eso es lo importante, sí – contestó girando la cabeza ligeramente para darle un beso en la mejilla-. Oye, ¿podemos ir a buscarte el día que llegues?
- No… Bueno, no lo sé. Ya sabes que ni yo sé muy bien la hora a la que me sueltan y esas cosas y no quiero que estés esperando sin más, y más si vas con la niña. A mi padre lo tuvieron dando vueltas cosa de una hora hasta que conseguí salir…
- Una hora tampoco es tanto…
- Pero puede ser tarde para la pequeña… - negó ligeramente con la cabeza-. Y… mi padre me ha dicho que me lleva él hasta la base el día del despegue.
- Lo sé… Me pidió permiso a mí – se rio divertida-. Mejor que no te acompañe yo, porque capaz soy de entrar en modo pataleta allí y empezar a ponerte cara de pena a juego con los pucheros de Aiko para que no te vayas. Ya tengo aprendido cómo funcionan estas cosas.
- ¿Te pidió permiso mi padre primero?
- Sí, lo tengo intimidado a él también ya…
- ¿Y te extraña? Seguro que piensa que le vas a azuzar a tu madre si te lleva la contraria. Conmigo funciona, ¿no ves que siempre hago lo que tú quieres? No es porque me guste ni nada de eso, es por miedo a tu madre.
- Acabas de describir la filosofía de vida de mi padre… - entretenida se revolvió para poder girarse entre sus brazos-. Oye…
- ¿Qué? – dejándola moverse, le facilitó las cosas, atento a ella.
- ¿Y cómo se supone que voy a dormir yo estas semanas? – ladeó ligeramente la cabeza-. Mi almohada favorita no va a estar disponible.
- Vas a tener que buscarte un repuesto me temo… Aunque yo creo que puede dar el pego si te llevas a Aiko contigo. Yo lo hacía las veces que estabas de viaje y me quedaba solo en casa. Me despertaba y la encontraba riéndose de mí, así que…
Se rio con la declaración antes de dejar su cabeza caer hacia delante para que su frente quedase apoyada contra él, rodeando con sus brazos sus costados quedándose así en silencio unos segundos, abrazada a él sin decir nada más.
AnnaBolena04: ya te lo he dicho la página me manda a mí los avisos de que hay nuevo capítulo por ti y por mí jajajaja No hay más explicación. Está loca y es lo que le ha dado por hacer porque es así de simpática. Mientras que no te los mande todos de golpe un día como me hizo a mí una vez... Pero bueno, mientras que no dé más la lata que con eso...
Ese FB sabía que era un peligro para que me tirases algo a la cabeza. Estaba claro, pero bueno, había que hacerlo para luego poder escribir el de este capítulo a modo de terapia. Tanto para nosotros los que leemos como para esa pobrecita cabecita pelirroja. Ahora tengo curiosidad por qué le puede haber hecho Mimi a Takeru por no haber dicho lo que tenía que decir en su momento.
Lo que queda claro es que ya sea en presente o en pasado, estos dos cuando quieren ponerse pegajosos, son los reyes de la materia. Y más en fechas especiales como en la que están, que sin duda parece haberles subidos los niveles de azúcar a los dos. Como la cosa vaya así cuando lleguen al décimo aniversario no sé qué va a ser de ellos jajajajaja
¡Besitos de tortuguita!
