Yamato entró en casa primero, dejando que pasara Sora a continuación, divertido por haber visto cómo se peleaba consigo misma para no quedarse dormida en el camino de vuelta a casa. Sin duda estaba muchísimo mejor que aquel día que se la había encontrado desmayada, pero que solía tener más sueño de la cuenta no podía negarlo nadie.

- Gracias… - le dijo devolviéndole su chaqueta, haciendo que conectara de nuevo con la realidad.

- Sí, sí… Si ya me sé yo la jugarreta ya. Que no traes la chaqueta nunca para acabar robándome la mía…

- No tienes pruebas…

Podría haber respondido que ella no se la había pedido, pero tenía demasiada afición por robarle su ropa como para poder protestar algo más. Sin duda, se conocía lo suficiente como para ser consciente de que acabaría usando alguna camiseta de él para dormir todo aquel mes… Podría jurarlo sin duda alguna.

- Se me hace raro que esto esté tan en silencio – dijo ella, girándose hacia Yamato cuando lo volvió a sentir a su lado.

- Lo sé, faltan tres que soy demasiado imprescindibles rondando por aquí.

- ¿Te ha dicho algo tu padre de la niña?

- Nada… Si mañana seguro que tengo que pelearme con él para que me la devuelva… Lo de todos los días, ya sabes – sonrió buscando su mano para tirar de ella y llevarla con él a la habitación.

Sin duda estando los dos solos podían estar más cómodos así. Siguió sus pasos, aprovechando para dejar su calzado y su bolso en la entrada de la habitación en una silla, sin tener intención de ponerse a recoger nada en ese momento. Como siempre, cuando el rubio se dio cuenta de la pérdida de altura de ella, empezó a reírse por lo bajo.

- Quizás debería de darme una ducha antes de meterme en la cama – dijo, mirando hacia ella-. O luego seguro que se llena todo de arena…

Dándose cuenta de que tenía razón, no pudo más que asentirle. Los dos deberían de darse una ducha. Aunque en aquella ocasión él había sido algo más previsor y había llevado algo para no acabar directamente en la arena, era imposible librarse de ella por completo.

- Podemos darnos una ducha… - dijo, asintiendo-. No me mires así… He dicho ducha, nada más… Ni siquiera he dicho que tenga que ser a la vez. ¡Yamato deja de mirarme así!

Echándose a reír, sin decir ni media palabra, se limitó a sacarse la camisa de los pantalones yendo así hacia el baño para poder abrir el agua y que se fuera calentando. Sin duda hacía un clima totalmente veraniego a pesar de la fecha en la que estaban, pero por las noches refrescaba y no les iba a venir mal.

- ¿Vas a lavarte el pelo? Siempre que te metes conmigo en la ducha acabas mojándotelo… Así que ya sabes lo que te toca – le dijo, divertido yendo a coger su pijama dando por supuesto que evidentemente iban a compartir la ducha no habiendo tenido otra idea en mente desde el principio de aquella conversación delatando así que ella había adivinado perfectamente lo que pasaba por su cabeza.

- Qué remedio… Además, no me va a venir mal un rato bajo el agua caliente… - hizo lo mismo que él, acercándose a coger su pijama-. Además, eso es porque no te da la gana de quitar la ducha de ahí arriba para no darte con ella y claro, pasa lo que pasa y acabo con el pelo empapado…

La sujetó por el brazo de la que pasaba a su lado, soltándola en cuanto la tuvo frente a él para volver a cogerla, aquella vez por la barbilla como solía hacer muchas veces, inclinándose para hablarle de manera más cercana.

- Pasa lo que pasa porque contigo cerca y en esas condiciones me cuesta mucho aguantarme… No le eches la culpa a la ducha – la soltó con aire inocente antes de soltar solo un par de botones de arriba de la camisa para sacársela por la cabeza e irse en dirección al baño esperando que al pelirroja lo siguiera.

Entrecerrando los ojos, se entretuvo en seguirlo con la mirada, en parte aprovechando las vistas que su espalda descubierta ofrecía y en parte intentando lanzarle una mirada desdeñosa por la forma de actuar que acababa de tener sin conseguirlo demasiado.

- Pues… cuando tiene razón, la tiene… - murmuró por lo bajo antes de echar a andar tras él.


Sora salió más tarde que Yamato del baño tras haberse secado el pelo. No quería meterse en la cama con él mojado de manera que había hecho el esfuerzo, aunque ni siquiera se había molestado en intentar peinarlo, decidiendo que tenía cosas mejores qué hacer. Sonrió al ver a Yamato sentado en la cama esperando por ella, no dándole tiempo a reaccionar y tomando asiento sobre sus rodillas en vez de a su lado.

- Qué rápida… - sonrió, posando su mano en torno a su cintura-. Es tarde, ¿quieres ir a dormir ya o prefieres que te dé tu regalo ahora?

Parpadeando, confusa, recordó lo que él le había dicho mientras que estaban en el restaurante. Se había olvidado de aquello, sin importarle demasiado que pudiera haberle comprado algo o no ese día, sin duda, eran otras cosas las que le hacían ilusión. Pero, ahora que se lo había recordado, no podía evitar que se hubiera dibujado una pequeña sonrisita en su cara.

- Hay dos cosas, ¿vale? Pero una de ellas tienes que prometerme que no la vas a abrir hasta la primera noche que pase yo fuera de casa. ¿Queda claro?

Sorprendida por lo que acababa de escuchar no pudo más que girar la cabeza hacia Yamato. ¿Habían tenido la misma idea? ¿De verdad?

- ¿Me lo prometes? No me hagas tener que dárselo a mis padres y que no te lo de hasta esa fecha… Lo pensé, pero bueno, creo que te sabrás comportar…

- ¿Te lo pongo por escrito? – bromeó.

- No me des ideas… - señaló con la cabeza hacia la mesa de la habitación, dejando así que ella pudiera ver que había una caja encima de ella.

- ¿No me vas a dar una pista?

- No… Ábrelo cuando te apetezca, pero que yo no esté por aquí ya, ¿vale? Es… una forma de entretenerte aunque te deje sola. Creo… No sé, me pareció buena idea hacerlo así.

Sora pudo ver cómo en el rostro de Yamato se empezaba a notar un ligero tono rojizo en las mejillas de él. Sabía a ciencia cierta que se estaría revolviendo el pelo si no tuviera las manos en torno a ella. Le hacía mucha ilusión que ambos hubieran tenido la misma idea y eso provocó que sonriera ampliamente.

- Te prometo que no lo tocaré hasta entonces…

- Vale, lo otro… Eso es para que lo abras ahora – le dijo, alargando así la mano hacia una pequeña bolsita que tenía detrás de él-. Aunque no es más que una tontería… Un detalle para compensar que no te dejo que abras tu regalo hasta dentro de unos días.

- Yamato… Podrías regalarme una caja de galletas y me haría exactamente la misma ilusión simplemente porque te hayas acordado de mí, ¿no lo sabes ya? – le dijo cogiendo lo que le tendía.

Se encogió de hombros, atenta a los gestos de su esposa, sabiendo reconocer la ilusión en su mirada mientras que abría el pequeño paquete que había dentro de la bolsa, no tardando en sacar una cajita, en la cual pudo adivinar el contenido antes de ser capaz de abrirlo, viendo como él asentía sabiendo lo que pasaba por su cabeza.

- Pienso ir añadiendo más con cada fecha importante que pasemos…

Sonrió, abriendo entonces la caja para ver el colgantito para la pulsera que le había regalado el año anterior. Aquella vez era un colgante de tres piezas, viniendo así las tres unidas bajo el mismo enganche. La cogió en la mano, acercándola así, dándose cuenta de que tenían cosas escritas. En el colgante más grande, aparecía escrito el nombre de Aiko, en el siguiente, con forma de un corazón algo más pequeño el de él y en el último, más pequeño también el de ella. Se mordió el labio, observándolo bien.

El significado de aquello le hacía más ilusión que si le hubiera regalado cualquier otra cosa. Giró la cabeza hacia él, sonriente.

- En el de Aiko hay hueco para poder poner otro nombre… - comentó viendo la cara que le ponía-. No te me aterrorices… Era un comentario inocente… Pero yo solo quiero dejar claro que me haría ilusión tener otro pequeño…

- Ya hablamos de esto hace un tiempo…

- Ya. Ya sé que es peligroso para mí y que hay que esperar. No digo que tenga que ser dicho y hecho. Solo quiero que sepas que de verdad me haría mucha ilusión para que Aiko tuviera con quien crecer y eso… No sé, ¿qué te parece?

- ¿Me estás preguntando a mí qué me parece el tener otro hijo contigo? ¿Va en serio la pregunta? – sonrió-. Si no fuera por el pánico que me da que te puedas poner mal otra vez yo mismo te lo habría dicho hace tiempo.

Esas palabras provocaron que Sora se echara a reír, volviendo a guardar el colgante en su caja. Al día siguiente lo engancharía con los demás en la pulsera ara que no se le perdieran.

- Muchas gracias – le dijo, cerrando sus brazos en torno a su cuello cuando guardó aquello.

- Es una tontería…

- He dicho que muchas gracias – usó intencionadamente un tono más repelente viendo como se unía a su risa, quitando finalmente la cara más seria que había mantenido con lo del tema de los niños-. Ahora me siento fatal por no tener nada para ti esta noche… Aunque fuera una tontería.

- Sora… ¿qué te dije antes?

- Me da igual. Pero es que no sabía ni lo que buscar y para regalarte algo por que sí y sin más…

El hecho de no tener nada para él en aquel momento sí que era cierto que le daba pena, no era parte del teatro que le había contado antes. Pero, también era cierto que no había querido comprarle nada en la ciudad que diera el pego a ciegas y por comprar. Le gustaba regalarle cosas que significasen algo o que realmente le hubieran recordado a él. El reloj que le había comprado el año pasado había sido porque nada más verlo había pensado en Yamato. Y eso no le había pasado con nada el par de tardes que se había podido escapar.

- Ya bastante haces con aguantarme todos los días – le dijo antes de acercarse a ella para darle un beso-. ¿Quieres dormir ya? Tienes cara de cansada, no me engañas…

Sonrió al verse delatada, no pudiendo más que encogerse de hombros y ponerse en pie para dejarlo moverse e ir a la cama. Ella hizo lo mismo desde su lado, quitando las sábanas hacia un lado y aprovechando entonces para dejar la cajita junto con la otra que no podía abrir aún.

- ¿Vienes?

La voz de él reclamó su atención, provocando que asintiera y que se acercara a apagar la luz para meterse en la cama. No fue ella la que buscó la cercanía del otro, sino que Yamato se arrastró en cuando se echó, buscando quedar a su espalda, pegado a ella con una mano sobre su cintura.

- Me haces cosquillas – le dijo riéndose suavemente al sentir su respiración en su nuca.

Escuchó como se reía a juego con ella aprovechando para acomodarse bien, dejando que él colase un brazo por debajo de ella, facilitando así la comodidad de ambos y posando su mano sobre el otro que quedaba en su cintura.

- Gracias por esta noche, me lo he pasado muy bien – murmuró Sora segundos más tarde.

- Bueno, ya iba tocando. Yo doy gracias por cada noche que te tengo a mi lado, tenía que hacer algo para compensártelo – dejando un suave beso en su cuello, cerró los ojos.

Sin duda, él también estaba cansando de todo aquel día.


AnnaBolena04: claro que sí, los Ishida cuando se ponen más mimosos de al cuenta ya sabemos que no se andan con tonterías, pero cuando son fechas especiales, más aún. Además, aquí casi que quedar claro que es él quien no quiere tener que echarla de menos durante todos los días que va a estar fuera. Que sabe que van a tener visitas por casa y un bebé que les quita tiempo. Tiene que aprovechar ahora que puede para poder tortuguear a gusto. Que además, si deja a la pobre intentando respirar... Pues más libertad de maniobra que tiene él jajaja

Aunque claro, se merece que lo hayan querido matar del infarto con el comentario al recibir el regalo. Que su pelirroja quiere otro nene, que se le nota mucho y no es la primera vez que se lo dice. Ahora hay que ver si es capaz de salir de la paranoia en la que vive y admitir que él también se muere de ganas de tener otro nene chiquitín por casa.

¡Un besito de tortuguita y ánimo con la semana!