Sora estaba sentada al otro lado de la mesa de la cocina, siguiendo con la mirada a Yamato quien iba de un lado al otro terminando de preparar la cena. Aquella noche se había empeñado en cocinar él y no estaba segura de si lo estaba haciendo porque estaba nervioso y le costaba estarse quieto o porque sabía que a ella le gustaba que lo hiciera y quería aprovechar.
A pesar de que la situación no pudiera ser más diferente, no podía negar que estaba ella nerviosa también y que, aunque intentara disimularlo, le daba pena que él se tuviera que ir unas semanas. Se había repetido cientos de veces que era una estupidez y que habían pasado temporadas mucho más largas sin poder verse, pero no era lo mismo.
No era lo mismo porque en aquellos momentos estaba acostumbrada a la convivencia con él… A tener que ir a gruñirle por la mañana porque había dejado todo tirado en el baño o el pijama colgando de donde no debía porque se le había hecho tarde. A verlo salir corriendo de la habitación porque de repente recordase que había dejado algo al fuego… O simplemente a cruzárselo tirado en la cama jugando con Aiko. Iba a echarlo muchisimo de menos en cada una de las tonterías del día a día, era plenamente consciente de ello. Pero no quería decirlo abiertamente y hacerle más complicada la idea. Seguramente fuera consciente de ello y estuviera en la misma situación ya que había esquivado el tema perfectamente en todo momento.
Sora se puso en pie, acercándose a él por la espalda cuando lo vio quedarse quieto delante del fuego, comprobando que todo estuviera bien. Lo abrazó así, dejando su cabeza apoyada en él unos segundos antes de asomarse ligeramente.
- ¿Qué me estás haciendo para cenar?
- ¿Qué te estoy haciendo? ¿No me vas a dejar un poco para mí?
- Tendré que pensármelo – dejó un beso en su hombro.
- Ya lo verás cuando esté listo, no seas cotilla – poniendo el fuego al mínimo, agitó ligeramente por un asa el recipiente antes de girarse hacia ella, posando sus manos en su cintura y dándole un beso en la frente-. ¿Aiko?
- Se ha apoderado de nuestra cama y creo que estaba trepando por encima de Gabumon… Vamos, lo de todos los días – sonrió con su gesto.
- ¿Te apetece que cenemos fuera? Podemos poner las cosas en la mesa y aprovechar que aún no es de noche.
Asintió a modo de respuesta. Sin duda era una buena idea, le gustaba hacerlo. Tardó en separarse de él algo más, acabando por hacerlo de la forma más perezosa que pudo dejar notar, escuchando como él se reía.
- ¿Quieres darle tú la cena a Aiko? – preguntó levantando la cabeza hacia su marido viendo como asentía automáticamente-. ¿Vas tu a por ella y se la caliento yo o sigo sin tener permiso de acercarme?
- Vete tú a por ella – divertido por sus palabras, no pudo evitar darle una ligera palmadita en el lateral de la cadera.
- ¡Eh! – protestó riéndose antes de ir a buscar a la pequeña.
Yamato sonrió siguiéndola con la mirada hasta que desapareció de su vista. Girándose en ese momento, decidió que la niña iba a cenar lo mismo que ellos, ya que era una comida suave que no tendría problemas en tolerar. Levantando de nuevo la tapa, empezó a sacar del interior de la olla para ponerlo en otra donde poder convertirlo en puré.
No tardó demasiado, sacando entonces uno de los pequeños recipientes de Aiko para echarle su comida, quedándose mirando hacia él completamente hipnotizado. Había estado bastante tranquilo toda la tarde, pero, por algún motivo, aquel diminuto platito había provocado que se le nublase la vista. De repente, y salido de la nada, el pensamiento de que hasta dentro de varias semanas esa iba a ser la última cena que le iba a preparar a su hija se estrelló contra él de manera brusca.
- A ver Aiko que tienes a tu padre preparándote algo muy rico para cenar ya verás…
La pelirroja volvió a la cocina con la pequeña en brazos, distraída, parloteando con ella mientras que el bebé miraba hacia todas partes, buscando seguramente a su padre y atraída por el olor de la comida de la cena de ellos. Podría decirse que Sora estaba exactamente en la misma situación. Sonrió al verlo con las cosas de Aiko sobre la encimera, caminando hacia él.
- ¿Ya lo tienes listo? – preguntó, pillándolo por sorpresa viendo como se llevaba la mano a los ojos, secándoselos rápidamente.
Completamente sorprendida, se quedó mirando hacia él, incluso cuando se giró hacia ella, haciéndole un gesto a modo de respuesta a su pregunta, alargando las manos hacia Aiko para cogerla de brazos de su madre.
- ¿Yamato?
- Déjame, ¿vale? – murmuró-. Voy a darle la cena a Aiko. Tú pon la mesa si quieres mientras tanto.
Congelada, se quedó mirándolo mientras que hacía lo que le había dicho, llevándose al bebé con él hasta un sitio más cómodo. No sabía ni siquiera como reaccionar. ¿Lo había pillado llorando? ¿Por qué? ¿Por prepararle la cena a su pequeña? Se mordió el labio, siguiéndolo con la mirada, viendo que estaba poniéndole caras a la niña para que se riera.
- Oye… - reclamó su atención ella, llevándole el platito y la cuchara que había dejado atrás.
- Sora… Ya está, ¿de acuerdo? Cuando termine la echo a dormir y podemos cenar nosotros. Los digimon no han cenado tampoco, pregúntales si nos van a acompañar o se van a quedar con Aiko por favor.
Aún sin saber muy bien qué decirle, asintió a lo que le pedía, yendo con paso lento a buscar a los digimon. No esperaba haber visto algo así aquella noche, no estaba preparada para encontrárselo así. Caminó hasta sentarse en la cama, quedándose al lado de Gabumon en silencio.
- ¿Qué pasa Sora? – preguntó Biyimon, alzando el vuelo hasta sus rodillas.
- Nada… - se encogió de hombros, girando al final la cabeza hacia el otro digimon-. ¿Qué tal vas? ¿Quieres dormir con Aiko hoy? Entras con ella en la cunita si quieres ya lo sabes… - acarició con suavidad el plumaje de su compañera, esperando que se diera cuenta de lo que decía y por qué.
- Yamato va a echar mucho más de menos a Aiko que yo. Podría dormir con vosotros dos mejor – dijo negando con la cabeza-. Él lo necesita más.
- Bueno, vamos a hacer una cosa. Nosotros dos vamos a cenar fuera en el jardín tranquilamente… Si te apetece, cenas ahora en vez de con nosotros y luego te quedas tu con Aiko hasta que volvamos nosotros a la habitación. ¿Te parece bien?
Sonrió al ver como asentía antes de bajar la mirada hacia Biyomon, dándole cuenta de que ella también estaba de acuerdo. Agradecía que fuera capaz de entender las cosas de aquella forma, sabía lo complicada que era la situación.
Yamato dejó a Aiko sentada en su silla, sonriéndole mientras que soplaba su comida para que no quemase. Intentó relajarse y alejar los pensamientos de antes de su cabeza, no queriendo volver a entristecerse él solo por el hecho de saber que iba a pasar unos cuantos días sin poder hacer nada.
- A ver si te gusta… Aunque yo diría que sí porque tu madre se muere por esto y en temas de comida nadie puede negar que seas hija suya… - alargó la mano para darle un ligero toquecito en la nariz escuchando como se reía.
Aprovechó el momento para poner el babero en torno a ella para que no se ensuciase al comer. Volvió a soplar su comida, llevándosela a los labios para comprobar que no quemase. Al tener la salsa en otro recipiente, la comida de la pequeña no tenía sal ni nada que pudiera ser malo para ella, lo había hecho intencionadamente.
Los ruiditos de Aiko reclamaron su atención haciendo que mirase hacia ella, viéndola alargar las manos hacia él, queriendo quitarle la cuchara. Sonrió ligeramente.
- Ya, ya. Ya sé que es tuyo tortuguita, solo estaba mirando si quemaba – lo sopló de nuevo por si acaso antes de acercárselo a la boca viendo como automáticamente se lo comía-. ¿Qué? ¿Está rico?
Verla saboreando la comida, haciendo ruido mientras tanto y movimiento sus piernecitas provocó que ampliase la sonrisa. Conocía esa reacción y sabía que era que le estaba gustando la cena. Todavía no había encontrado nada que no le gustase, al menos que le hubiera preparado él.
- ¿Está bueno cielo? ¿Qué estás cenando? – preguntó Sora pasando por detrás de ellos para preparar lo de los digimon.
- Lo mismo que nosotros… Tranquila, está sin sal y todo lo demás – aclaró rápidamente teniendo que volver a darle otra cucharadita al reclamarla ella.
La pelirroja sonrió viendo así a la pequeña, dándose cuenta de que el rubio estaba más tranquilo y con un gesto diferente al que le había visto antes. Eso le servía por el momento, ya hablaría más tarde con él cuando se quedaran solos, ahora prefería dejarlo disfrutando de la cena con Aiko. Se centró en aquello para lo que había ido a la cocina, preparando la cena de los digimon.
Sora se quedó esperando a que Yamato llegara con la cena, sentada en la mesa ya en el exterior. Se había quedado muy sorprendida por lo que había visto. Evidentemente que sabía que aquello le afectaba tanto o más que a ella, pero… Sin duda el cambio de puesto de trabajo llegaba en buen momento. Las prioridades de Yamato habían cambiado de tal manera que incluso se atrevería a decir que aunque aquel fuera el último viaje no le causaba pena, sino que prefería las posibilidades aue aquello le ofrecía.
- Listo – la voz de él la devolvió a la realidad, pasando por su lado con cuidado-. Para que luego protestes de que no te cuido bien.
Giró la cabeza, reconociendo automáticamente la cena, quedándose mirando hacia él con una sonrisa. La había hecho su plato favorito a pesar de que llevaba algo más de trabajo de la cuenta. No era complicado adivinar sus intenciones, pero aquello la hizo sonreír algo más.
- Creo que debe de estar rico porque alguien movía sus piernecitas más rápido de la cuenta…
Yamato sonrió, dejando por fin las cosas en la mesa para poder empezar a echarlo en los platos. No sabía si debería de pasar por alto lo que había ocurrido antes o tratar el tema con ella. Posiblemente la opción más cómoda fuera la primera, peor sabía que sería mucho mejor la segunda.
- Estoy bien, ¿vale? – aclaró de entrada-. Lo que pasa es que antes me dio mucha pena la idea de estar fuera tanto tiempo. Estoy mal acostumbrado a la vida que tenemos, a llegar a casa y ser yo el que la baña, le da la cena y la echa a dormir todos los días. Lo necesito yo mucho más que ella, de eso estoy seguro. Y cuando vi el plato… Se me vino todo a la cabeza y no lo pude evitar.
- Yamato, no pasa nada… Es normal – posó la mano en su brazo-. Es la primera vez que vas a estar lejos de ella. Hasta yo lo pasé mal cuando me fui ese fin de semana por motivos de trabajo… Es nuestra chiquitina y te adora con locura, se va a dar cuenta de que no estás… Pero cuando vuelvas vas a poder pasarte pegado a ella todo el tiempo que te apetezca.
- Ya lo sé, Sora – tomó asiento finalmente a su lado-. Ya lo sé. Si toda la culpa es tuya – bajó la vista hacia su plato.
- ¿Mía? – sorprendida, arqueó ambas cejas.
- Tuya, sí. Hace años me habría sido completamente indiferente irme. Y como has hecho conmigo lo que te ha dado la gana, ahora ando lloriqueando por las esquinas porque tengo que pasarme unas semanas sin ver a mi familia…
- Bueno, si esa es la culpa con la que tengo que cargar, entonces la acepto más que gustosa. Si me estás acusando de que por mi culpa te has vuelto el mejor padre y marido del mundo, o al menos, de mi mundo… Acepto esa culpa más que gustosa.
- Sora… intento cenar – dijo quedándose mirando hacia ella-. De verdad que yo solo quiero cenar en paz y no acabar montando el drama otra vez. Tengamos la cena en paz – intentó sonar como si bromease.
La pelirroja sabía que aunque estaba diciendo aquello, era otra cosa la que pasaba por su cabeza y podía verlo en su mirada. Sonrió, posando su mano sobre la de él.
- Venga, ponte a cenar, que me he pasado un buen rato en la cocina y se te va a enfiar.
- Voy…
AnnaBolena04: si es que es totalmente normal que esa mujer tenga ganas de tener un nene chiquitín. Que con el amor de nenita que ha tenido como primera hija es normal que esté fantaseando. Que es una cosita adorable, que no puede ser más buena y más cuqui y clavada al padre. Eso da monos de tener más nenes hasta los que vemos uno y bufamos. Ahora solo le falta que pase algo más de tiempo y que Yamato deje de hiperventilar ante la idea. Que a él también le encanta la idea, solo le falta dejar de aterrorizarse él solo porque se le pueda llegar a despeinar su pelirroja.
Y ya estamos en el día antes de la ida del rubio... Parece que el que peor lo que está llevando es él. Que tiene que mentalizarse para poder dejar en casa a su familia e irse a flotar por ahí y claro, que no hay manera. Que se queda mirando las cositas chiquitinas de Aiko y no le va la cabeza para más que empezar a montar el drama... Y nadie puede culparlo de ello.
¡Besitos de tortuguita!
Guest Vecina: ayyy vecina, estaba estos días gruñendo por no tener forma de saber de ti porque sabía que presentabas y quería saber qué tal te había ido. ¡Me alegro muchísimo! Ahora a no agobiarse ni a volverse loca con la oposición, que, al menos, el infierno ha pasado y pueden ir metiéndose los apuntes de derecho romano, por ejemplo, por donde te puedes estar imaginando jajajaja ¡Enhorabuena! Me alegro un montón, aunque me repita, pero es verdad.
Te comento lo mismo que le dije a Anna hace un par de días por ahí. Sigo sin saber lo que va a ser de mi vida, pero, por el momento, empiezo el lunes la rutina básica y tengo que intentar no tirarme por la ventana. Me están volviendo loca por todas partes y de verdad que no sé nada fijo por ninguno de los frentes todavía y de verdad que es una situación que me encaaaaanta - saca el cartel de ironía-. Así que entre que estabiliza todo y no, voy a ir con más calma con las actus. Que hoy he terminado a eso de las 20:30 y tengo la cabeza a pájaros como para tan siquiera intentar centrar la cabeza.
Esos dos desde que se han adaptado a la vida de padres y todo ha ido volviendo a la normalidad tienen pinta de estar queriendo recuperar el tiempo que perdieron haciendo el zoquete y el que se perdieron en el embarazo entre ella pasándolo mal al principio y luego El Susto de después. Eso sin contar el tiempo de recuperación y todo eso... Así que ahí están, intentando matar del subidón de azúcar a cualquiera/traumatizando animalitos marinos.
El FB que saqué hace poco de Mimi yo creo que acabó siendo cosa de mi conciencia por meter a Haru aquí. Pero bueno, ya podemos suponer que precisamente a Mimi no le deben de hacer contado el verdadero motivo de los nervios de la pelirroja... No porque Sora no fuera a contárselo por no confiar en ella, sino porque seguro que le da a ella en la nariz que no es algo que le haga gracia a Yamato especialmente. Haru, sin embargo, es otro cantar y, ahí la tienes, más feliz que nadie pegando brincos detrás de Yamato por la sede. Si lo pillas de humor igual le cuenta a los cotillas alguna burrada para que cotorreen a gusto jajajaja
Y ya ha llegado el día antes de la partida de nuestro rubio favorito. Por el momento está todo normal, con Gabumon siendo amor y el pobre Yamato intentando mentalizarse de que, por mucha pena que le dé dejar a Aiko unos días, ya es tarde para decir que no se va jajaja
En fin, vecina, disfruta de tu primer fin de semana como abogada, que seguro que te lo tienes más que merecido. ¡Un bico grandote! Y enhorabuena otra vez.
