Miró de reloj comprobando que su padre estaría a punto de llegar. No quería hacer aquello, pero se le estaba echando el tiempo encima y sin duda, no le apetecía dejarlo todo para el último momento. Se había vestido con su ropa de deporte, a sabiendas de que solo le iba a servir para llegar hasta la base y había dejado ya todas sus cosas en la entrada.

Se acercó hacia Aiko la cual estaba aún echada encima de su cama, solo que ahora en compañía de Gabumon, quien no había querido separarse de ella desde que se había despertado. Sonrió, quedándose sentado al lado de ellos dos.

- No se te ocurra crecer mucho en estos días, ¿eh? Me iba a enfadar mucho, que lo sepas – le dijo a la pequeña, cogiéndola para dejarla frente a él-. ¿Vas a echarme de menos? Yo te voy a echar demasiado de menos… Vergüenza debería darte tenerme así.

Se la acercó, dejándola contra él para pode abrazarla, dejando una de sus manos sobre su cabecita, haciendo así que quedase pegada a él, acariciándola con cuidado. Jamás se habría imaginado en aquella situación, nunca había tenido tanta imaginación como para haber sido capaz de lo complicado que se le iba a hacer despedirse de su hija.

Cogió aire, intentando así calmarse y disfrutar de aquel momento con la pequeña, no queriendo hacer de aquello más de lo que era. Sora tenía razón, apenas eran unas semanas y luego volvería con ellas.

- Pórtate bien con tu madre, ¿de acuerdo? No le hagas más complicados estos días de lo que ya van a ser. Ahí donde la ves no es tan fuerte como le gusta aparentar y si te ve protestar porque no te baño yo le va a dar mucha pena… - como si Aiko fuera capaz de entenderle ni media palabra, continuó hablando con ella, apretándola algo más contra él-. Yo te prometo que me voy a portar bien si tú haces lo mismo, ¿qué te parece? – bajó la cabeza para poder darle un beso a ella en la suya.

Jamás se imaginó ser consciente de echar tanto de menos a alguien. Sora y él habían tenido temporadas complicadas cuando habían estado uno en cada punta del país y había tenido sus más y sus menos. Habían sido muchas las veces en las que había estado a punto de mandarlo todo a tomar viento, pero nunca jamás había sentido algo como aquello. Despedirse de su esposa siempre le había sentado mal y se le había hecho cuesta arriba, pero despedirse de su hija se le estaba haciendo imposible.

Cerró los ojos quedándose con la niña entre sus brazos sin decir nada más, aprovechando el momento todo lo que pudo hasta que escuchó el sonido del timbre. Cogió aire, intentando relajar el gesto y acercándose a dejar a Aiko en la cama al lado de Biyomon.

- Cuídalas mucho, ¿quieres? – le dijo a la digimon, posando su mano en su cabeza para darle una pequeña caricia antes de hacerle un gesto a su compañero-. ¿Vamos?

Viendo como asentía y se bajaba de la cama yendo tras él, hizo el esfuerzo por salir de la habitación de una vez y mantener la compostura. Saludó a su padre, el cual estaba en la puerta hablado con Sora y se acercó hasta ellos.

- La he dejado con Biyomon – dijo a la pelirroja-. ¿Mamá?

- Le he dicho que venga con nosotros. No te importa, ¿no?

- Claro que no, ¿dónde la has dejado?

- He venido dando un paseo, así no tenemos que dar vueltas. Nos llevamos tu coche, vamos a por ella y así te llevamos. ¿Te parece bien?

- Perfecto…

- Vale, pues dame tus cosas que las meto en el maletero – tendió la mano hacia su hijo.

- Te daré las llaves también digo yo… Luego dáselas a Sora, que aunque sea de la JAXA no han puesto pegas para que se pueda usar mientras que yo no estoy…

Yendo a por sus cosas y las llaves volvió al cabo de unos segundos y se lo dio a su padre, viendo entonces como Sora se había agachado para despedirse de Gabumon. Sonrió al escuchar como el digimon volvía a decirle que no se preocupase que pensaba devolvérselo perfectamente.

- Os dejo despediros tranquilamente – anunció Hiroaki cuando cogió la bolsa-. ¿Vienes? – le dijo al digimon.

Sora se quedó mirando hacia aquellos que se iban, volviendo a despedir a Gabumon con un gesto de la mano girándose entonces hacia Yamato el cual empezaba a tener ese gesto característico de él cuando quería aparentar que nada pasaba.

- ¿Tengo permiso esta noche para abrir tu regalo? – habló, intentando distraerlo.

- Sin duda… - sonrió ligeramente, girándose hacia ella-. Al final tampoco te ha llegado lo que fuera que hubieras pedido para mí antes de que me fuera.

- No te preocupes, así tengo entretenimiento. Me voy a discutir con los de correos y así ya tengo una mañana ocupada – sonrió avanzando hasta quedarse frente a él posando sus manos en sus costados-. Vamos a estar las dos perfectamente, ¿de acuerdo? Vamos a estar en la playa y dando paseos hasta la heladería…

- ¿Intentas darme envidia? – sonrió, rodeándola así con los brazos-. Tú procura estar bien hoy. Es lo único que me importa, ¿de acuerdo? Sé que te dejo en buena compañía y que por ese frente me puedo ir tranquilo, pero no quiero que tú estés mal.

- Te prometo que intentaré hacerlo, ¿vale? Es lo más que puedo decirte. Estamos en las mismas condiciones Ishida. Estar tranquila yo hoy escapa tanto a mi control como que yo te pida a ti que tengas mucho cuidado y que vuelvas bien a casa con nosotras.

- Ya sabes que yo siempre cuento con una ayuda extra para eso, Ishida – cogió aire, observándola-. Cuando vuelva vas a tenerme persiguiéndote lo que te queda de verano, vete mentalizándote. Y por perseguirte me refiero a que no me van a servir excusas para que no te vaya a secuestrar al trabajo para irnos a cenar o poder viajar de fin de semana a dónde yo decida.

- ¿Es una amenaza?

- En toda regla – cerró sus brazos en torno a ella del todo-. Y tú tranquila que algo se me ocurrirá para celebrarle el cumpleaños a Aiko. Pienso tenerlo como principal entretenimiento para todos estos días.

- Seguro que algo más encuentras para hacer – sonrió de una forma que consiguió que él arquease una ceja-. Anda, vete de tu una vez, que como lo sigamos alargando más va a ser peor.

- ¿No cuela?

- Yo creo que Hideki es capaz de venir a buscarte hasta casa…

Intentó poner cara de fastidio antes de relajar el gesto y acercarse a ella para poder besarla. Sin duda estaba siendo más sencillo decirle adiós a ella que a Aiko, pero ellos dos estaban acostumbrados a aquel estilo de vida y, sin duda, con ella iba a poder hablar mas durante aquella temporada. Se separó de ella llevando una mano a su mejilla, dejándola así sujeta cerca de él.

- Te veo en tres semanas – murmuró, dándose cuenta de que los ojos de ella se habían humedecido. Cerró los suyos, bajando así la cabeza algo más para posar su frente sobre la de Sora-. Te quiero.

No obtuvo respuesta de palabra inicialmente, sintiendo las manos de la pelirroja cerrarse con fuerza sobre su ropa, quedándose sin moverse unos segundos más.

- Vete… Nosotras estaremos aquí esperándote en casa muriendo de ganas de verte… - dijo ella finalmente antes de levantar la cabeza dedicándole una sonrisa.

Haciendo un gran esfuerzo, volvió a acercarse para darle un beso rápido y apartarse finalmente de ella para poder salir de casa tras su padre antes de que se les hiciera tarde. Al igual que se había despedido de Sora la última vez, no había querido mirar hacia atrás porque se veía capaz de querer volver a su lado y no podía estar así toda la mañana.

- ¿Qué? – dijo su padre nada más verlo entrar en el coche-. ¿Cómo estás?

- ¿Cómo has sobrevivido a dos hijos? – preguntó ligeramente girando la cabeza hacia él-. Es más, ¿cómo sobreviviste a que Takeru se fuera con Natsuko?

- ¿Eh? ¿A qué viene eso?

- Nada… conduce… - cruzó los brazos sobre el pecho tras ponerse el cinturón.

Totalmente confuso, no pudo más que observarlo en silencio antes de arrancar. No tardó demasiado en darse cuenta de que las palabras de Yamato estaban motivadas por la nieta que tanto el había pedido. Sonrió finalmente, encendiendo las luces y saliendo de allí.

- Tranquilo, se acababa sobreviviendo. Ya verás el día que se te abrace a la pierna llorando porque no quiere ir al colegio el primer día. Y entonces tengas tú que llevarla porque la madre te lleva a ti de la oreja… - dijo finalmente pudiendo escuchar como Yamato se reía.

Sora no se asomó para ver cómo se iban. Sabía que Yamato cuando se iba prefería que no se quedara esperando a que desapareciera de su vista. Habían sido muchas las despedidas entre ellos y ya sabía con quien trataba. Permaneció quieta allí donde él la había dejado, con la vista perdida en la nada, acabando por usar la puerta de apoyo.

Se había dicho a sí misma muchas veces que apenas iban a ser tres semanas sin tenerlo por casa, que sin duda habían estado cientos de veces mucho más tiempo sin verse, que era una tontería. Y eso mismo le había repetido ella a él otras tantas.

Sin embargo, era plenamente consciente de la diferencia clave en todo aquello era el hecho de que hacía algo más de dos años que habían estado juntos salvo por algunos viajes de ella. Se había acostumbrado a tenerlo rondando por casa o por el estudio, a dormir a su lado y ahora iba a hacérsele muy complicado. Solo esperaba que Aiko no lo echara demasiado en falta porque no estaba preparada para tenerla a ella triste.

Se despegó de la puerta finalmente, yendo entonces hacia la habitación para poder ir con su pequeña, la cual parecía estar a punto de dormirse encima de la cama. Sonrió al verla así, ajena a todo, acercándose hasta ella para cogerla entre sus brazos y acomodarse con ella contra los cojines.

- Vamos a estar tú y yo solas unos días, cariño – le dijo a la niña, observándola, pasando un dedo por el puente de su diminuta nariz con suavidad-. Sé buena conmigo, ¿vale? No te quiero ver triste porque no esté papi que sino me voy a poner yo ya más de lo que estoy y verás tú el numerito que vamos a montar…

Pudo ver como Biyomon levantaba el vuelo hasta posarse a su lado, observándolas y terminando por acomodarse sobre las rodillas de Sora en un gesto de cariño.

- Lo mismo le dijo Yamato – le dijo de repente a su compañera-. Que no te hiciera las cosas más difíciles de lo que ya eran para ti. Quiere mucho a Aiko, ¿verdad que sí?

- ¿Por qué lo preguntas? – bajó la vista hacia la digimon.

- Porque lo vi despedirse de ella.

Tentada de preguntarle algo más sobre el tema, prefirió no hacerlo, no queriendo confirmar cosas que ya sabía y ser ella la que acabara perdiendo la compostura que tanto le estaba costando mantener.

- Claro que la quiere mucho. ¿Cómo no va a querer a esa cosita preciosa? – repitió de nuevo el movimiento de su dedo sobre la nariz de Aiko, notando pasados unos segundos en sentir como levantaba su mano para coger uno de sus dedos.

Tiró de su mano, haciendo que bajara su brazo, quedándose de repente abrazada a la muñeca de su madre, dejando su mano cerrada en torno a los dedos de ella. No tardó demasiado en dormirse. Sora dejó sus ojos fijos en ella, atenta a que no se volviera a despertar, prácticamente hipnotizada por el bebé. No tardó demasiado en darse cuenta de que sus ojos se habían vuelto a humedecer, haciendo el esfuerzo por no acabar llorando aquella mañana. Sabía que lo peor para ella estaba por llegar dentro de unas horas.

- Dentro de nada estará de vuelta con nosotras cielo. De vuelta perfectamente bien y sano… Me lo ha prometido así que no tenemos que preocuparnos.


AnnaBolena04: se nos fue el rubio. Le ha costado mucho tener que decirle adiós a su nenita, pero venga, que él puede. Que a este paso va a llegar a la base con la nariz y los ojos rojos a juego con Mai por haber estado montando el drama más de la cuenta. Aunque seguro que nadie era capaz de decirle nada porque sería más que comprensible. Pobrecillos ellos que se han tenido que ir de sus casas a aguantar a esa tropa.

A ver qué tal llevan entre todos la separación, que tiene que arreglárselas para sobrevivir. Ahí no vale que ninguno se nos quede por el camino, que a la vuelta tienen que estar todos para celebrar el cumpleaños de la cosita y sacarle un montón de fotos porque la tarta es más grande que ella.

¡Besitos de tortuguita! Si consigo terminar el capi que me deje a medias anoche hoy me das un premio, que lo sepas.

Guest Vecina: madre mía, vecina... Hoy no valgo ni para hacer nada. Tengo las neuronas fritas a unos niveles que no te lo pueden imaginar. Con toda la obra que tenemos resulta que tenemos menos aulas de las que normalmente utilizamos. Así que en vez en dividir a las fieras en dos aulas, me los estoy comiendo todos yo. Osea, vengo con la cabeza loca porque además son unos mocosos maleducados que no tienen espera. Con decirte que me he tirado media hora para corregir una división, era incapaz de que me dejaran concentrarme más de cinco segundos seguidos.

Lo de bolonia ya no tiene ni nombre. Es el mayor quiero y no puedo de la educación española... A nosotros lo que hicieron fue quitaros las asignaturas de último año, meter todo su temario a calzador en otras que ya tenían lo suyo y meter basuras como "gestión empresarial" o "proyecto de empresa" que además se estar mal dadas ya me dirás tú para qué me servían en mi carrera... Al menos no me han hecho la misma perrería que a vosotros, porque me parece fatal. La cosa es ordeñar al alumno como sea.

Y se nos ha ido el rubio. A ver si son todos capaces de despegar sin que nadie monte más drama de la cuenta. Que son dos los que están dejando por primera vez a su nena en casa para no verla en semanas y seguro que es no se les hace demasiado fácil a ninguno de ellos. A ver qué tal lo llevan o si acaban entre Mai y el rubio llorando en un rincón y asustando a los nuevos jajajaja

A Yamato le dan tres infartos ante la sola idea de que pudiera ser otro nene. Ya lo has leído jajajaja Que sabe el riesgo que tiene y no, ni hablar. Así que aunque solo sea porque no se aterrorice solo él tres veces vamos a tenerle piedad por ese frente y que no se lleve un susto tan grande. Que en el fondo no soy tan mala y aunque muchas veces la lío no llego a extremos demasiado preocupantes... Por ahora cofcofcof

En fin vecina, ¿qué tal va la semana? La mía tiene pinta de ser muy larga, muy horrenda y muy asquerosa... y estamos a martes jajajajajaja Qué bonita es la vuelta a la rutina. A ver si por lo menos llueve de una vez que llevamos unos días con un bochorno que solo se respira agua. Ahora hay tormenta eléctrica no demasiado lejos, pero no sé yo si acabará lloviendo o no y si se podrá respirar. No me enrollo más, un bico grandote vecina.