8 AÑOS DESPUES

Se acercaba el momento de los septuagésimo cuartos Juegos Del Hambre, como todos los años, se elegirían dos jóvenes de cada distrito para participar en una competencia a muerte. Una competencia, en la que sólo podía haber un ganador. En el distrito 12 los jóvenes nuevamente sentían el miedo de terminar siendo elegidos, sobre todo los más recientes que acababan de cumplir la edad para ser elegidos durante la cosecha, así llamaban a la elección al azar para los tributos. Esta elección consistía en colocar papeletas con los nombres de los jóvenes del distrito, las chicas y los chicos por separado, de esa forma se eligen un tributo femenino y un tributo masculino. Mientras más cercano fuera un joven a los 18 años, mayores eran sus posibilidades de ser elegido debido a una norma que establecía que debía poner un cierto número de papeletas con su nombre, por eso, los que recién iniciaban eran los que menos peligro de ser elegidos corrían, debían poner sólo una papeleta, si bien las posibilidades de ser elegidos entre tantos papeles teniendo sólo uno con su nombre era muy baja, eso no significaba que estaban a salvo de ser elegidos.

Al ser una elección al azar, sin importar cuantas veces esté el nombre de un tributo en el sorteo, nunca se puede predecir quien será electo, pero este año era diferente. Un joven del distrito 12 sabía perfectamente que en esta cosecha, a sus 16 años, sería elegido para participar en Los Juegos Del Hambre. ¿Cómo lo sabía? La respuesta es: alguien se lo dijo. Alguien que desde hace 8 años ha estado a su lado, cuidándolo, y preparándolo para lo que deberá enfrentar.

El bosque del distrito 12 era un lugar apartado de la sociedad, debido a que podía haber depredadores peligrosos para las persona del distrito. Un lugar en el que casi nadie se aventuraba. Era el lugar perfecto para poder entrenar.

Peeta, un joven del distrito 12, se encontraba corriendo por el bosque, en lo que sería su último día de entrenamiento antes de los juegos. Peeta corría a un ritmo constante y veloz, saltando obstáculos, escalando rocas, trepando árboles, moviéndose lo más rápido posible para llegar a su meta. Vestía pantalones largos algo gastados, una remera con mangas largas arremangadas hasta la mitad de su brazo y unas botas de campo. Durante 8 años Peeta ha estado entrenando física y mentalmente. Se entrenó en cosas como resistencia, fuerza física, técnicas de batalla, e inteligencia. No ha estado entrenando sólo. Hubo alguien que lo ha estado preparando, la persona que se encontraba justo en la meta a la que estaba llegando, el mismo hombre que hace 8 años le salvó la vida de un atacante. O, para ser más exactos, el mismo Terminator que lo salvó de otro Terminator.

Cuando Peeta finalmente llegó a su destino se detuvo un momento para recobrar el aliento. Había recorrido una distancia de 1 kilómetro a través de un terreno lleno de obstáculos naturales.

-¿Qué tal estuve?- Preguntó.

-Tu tiempo fue de 2 minutos, 34 segundos.

-¡Sí!- Dijo Peeta. Tomándole sólo un minuto en recuperarse. El tiempo que tenía para hacer este ejercicio era de 5 minutos y pudo hacerlo en la mitad de tiempo.

-Ahora es tiempo de la prueba de combate- Dijo el Terminator.

-Muy bien, tío Bob- Peeta contestó, seguro de sí mismo.

Tío Bob es el nombre que Peeta usaba para llamar al ciborg. ¿Por qué tío Bob? Pues, era más fácil que llamarlo Terminator, T-800 1 0 2, u organismo robótico cibernético sofisticado. A pesar de ser una máquina, también envejecía. El tío Bob le explicó a Peeta que es debido a que la piel que les ponen a los Terminators es tejido humano real. Ya se veía más viejo que como se veía hace 8 años. Además, a Peeta le gustaba ese nombre porque así es como lo veía, como un miembro de su familia, era la única familia que le quedaba.

El tío Bob seguía usando el mismo atuendo de siempre, chaqueta de cuero, pantalones, botas, guantes y gafas negras. Se paró a unos metros en frente de Peeta. A continuación, sacó un cuchillo medio largo desde su cinturón, empuñándolo con su mano derecha.

-Voy a intentar atraparte y apuñalarte con el cuchillo usando mi mano derecha.- Dijo con su característica voz neutra. –Tú deberás encontrar la forma de quitarme el cuchillo e intentar acabar conmigo. Tienes dos minutos para lograrlo.

Peeta sabía que el tío Bob sería capaz de detenerse justo antes de lastimarlo si parecía que iba a suceder, pero el ataque debía parecer lo más real posible, para poder preparase bien para sobrevivir a una verdadera pelea. Varias veces habían hecho ejercicios como este, Peeta siempre perdía, pero ha entrenado muy duro y conoce lo fuerte que es el el tío Bob. Si puede sobrevivir a él, puede sobrevivir a cualquier cosa.

-¿Listo?- Preguntó el tío Bob. Peeta sólo asintió.

-¡Defiéndete!- Gritó el ciborg, empezando a atacar.

Peeta esquivó la puñalada. El tío Bob atacó de nuevo y Peeta volvió a esquivarlo. El chico siguió esquivando los ataques moviéndose hacia atrás, hacia los lados, e incluso agachándose y dando vueltas mientras iba pensando una estrategia para obtener la victoria. Al ser el tío Bob tan alto y Peeta más bajo, luego de esquivar otro ataque agachándose, se levantó y atrapó el brazo antes de que regrese a su posición. Cuando Peeta estaba por arrebatarle el cuchillo de su mano derecha el tío Bob uso su brazo izquierdo para detenerlo, para luego empujarlo lejos con su brazo derecho. Peeta calló varios metros con una cara de sorpresa. Se suponía que habían acordado que el tío Bob sólo usaría su brazo izquierdo.

-No debes confiar nunca en tu oponente. Siempre hará lo que sea con tal de matarte- Dijo el Terminator, acercándose a paso firme.

Peeta se regañó a si mismo por eso, era algo que nunca debía olvidar. Volvió a esquivar más ataques del tío Bob, que ahora también trataba de golpearlo con su puño izquierdo y hasta daba patadas. El ciborg hizo retroceder a Peeta con un empujón de su pierna derecha, dejándolo otra vez en el suelo. Entonces Peeta tuvo una idea, se quedó firme y quieto, esperó a que el tío Bob se acercara, y cuando atacó con su cuchillo, Peeta uso toda la fuerza de su pierna derecha para dar una patada de lado en el brazo, logrando arrebatarle el cuchillo. El tío Bo volteó su cabeza hacia la dirección en la que calló el cuchillo, mientras que Peeta no dudó en levantarse y alcanzarlo. Se paró con el cuchillo en su mano y se puso en guardia. El tío Bob se acercó nuevamente a punto de golpear a Peeta, pero cuando lanzó un derechazo Peeta se agachó y se deslizó entre sus piernas, volteándose lo más rápido que pudo y clavando el cuchillo en el lado izquierdo del cuello del tío Bob. Peeta sabía que no mataría al tío Bob con eso, no le haría ningún daño atravesar la piel de su cuello, sólo lo hizo porque era parte del entrenamiento.

El tío Bob se dio vuelta, mirando firmemente a Peeta mientras se sacaba fácil y rápidamente el cuchillo del cuello para luego guardarlo en su cinturón.

-Buen trabajo. Lo lograste justo a tiempo. Diez segundos para ser exactos- Dijo el tío Bob, felicitando a su alumno.

-¡Sí!- Dijo Peeta, con una sonrisa y apretando su puño en señal de victoria. -¿Qué dices?, ¿Estoy listo?- Preguntó.

-Lo estás- Respondió el Terminator.

En todos estos años entrenando en el bosque Peeta había desarrollado bien su cuerpo. Ahora era un adolescente de hombros anchos, de estatura promedio con brazos piernas y abdomen tonificados. Entrenar en el bosque siempre les fue bien porque estaban alejados de los ojos de la gente del distrito, sólo que a partir de un día tuvieron que cuidarse de dos personas que siempre andaban cazando en el bosque. Katniss y su amigo Gale Hawthorne. Los dos jóvenes cazaban en el bosque ya sea para obtener comida o algo que pudieran intercambiar por dinero o más comida. Casi todos los días salían a cazar a la vez que Peeta y el tío Bob venían a entrenar en el bosque, pero una vez que vieron el terreno de caza en el que ellos siempre se quedaban sólo debieron mantenerse alejados de esa área.

Decir que Peeta no estaba celoso a veces sería mentira. Katniss se había vuelto una chica de 16 años de cabello largo, y era hermosa. Ella cazaba y pasaba tiempo con Gale desde los 12 años, Gale tenía 14 años cuando se conocieron, desde entonces han sido mejores amigos. Peeta incluso pensaba que ambos quizás se querían hasta el punto de ser novios. Ciertamente no se sorprendería tanto que a Katniss le gustara Gale, él era alto, fuerte, de buen rostro, y según se dice por ahí, era muy codiciado entre las chicas del distrito. Como sea, aunque a Peeta le seguía gustando Katniss, con lo que debía hacer no tenía tiempo para detenerse a pensar en chicas, aunque tampoco dejó de ver a Katniss ir a casa todos los días.


Ya era de noche. Peeta y el tío Bob estaban de regreso en casa. A los 8 años cuando Peeta quedó huérfano, el tío Bob se hizo cargo de él y se aseguró de arreglar las cosas con el alcalde del distrito para que vivieran juntos en una nueva casa. Hasta este punto Peeta no está seguro de cómo le hizo el tío Bob para que nadie sospeche de él o que el Capitolio o sus guardias del distrito no sospecharan algo. Tal vez en parte se debe a que el tío Bob era bien alto y musculoso, más que cualquiera en el distrito, o en todo Panem, seguro los guardias de la paz se intimidarían con solo verlo y preferirían mejor evitar problemas antes que intentar algo.

Peeta se encontraba sentado junto al fuego de una chimenea mientras cortaba un pan recién horneado que él había preparado. Cuando su familia aún estaba viva él trabajaba con ellos en su panadería, le habían enseñado a hornear y a decorar. Cosas que él siguió perfeccionando con los años posteriores. A Peeta le gustaba ser panadero, le gustaba decorar pasteles y pintar. Así que en su nueva casa siguió trabajando como panadero cuando no estaba entrenando o aprendiendo con el tío Bob. Horneaba pan, pasteles e incluso a estos los decoraba. Se los vendía a la gente del distrito para obtener algo de dinero. Nunca pasó hambre pues el tío Bob también se aseguraba que no le faltara nutrirse. La gente del distrito asumía que él vivía sólo, recibiendo visitas de vez en cuando de alguien que se encargaba de él, ya que prácticamente nadie veía al tío Bob. Sólo unos pocos lo habían visto, como el padre de Katniss. Peeta pensó que eso tal vez era lo mejor. Si alguien conocía mucho al tío Bob y descubría algo, ¿Cómo explicarle que era un robot cubierto de piel humana creado para matar humanos que vino desde el futuro para poder protegerlo?

-Así que, mañana es el día- Comentó Peeta mientras comía pan con otros bocadillos.

-Mañana es el día de la cosecha para los septuagésimo cuartos Juegos Del Hambre- Contestó el tío Bob que estaba sentado firmemente en una silla contra la pared.

-Y como tú dijiste, yo seré el tributo masculino-

-Afirmativo-

Mañana, en la cosecha, Peeta sería uno de los tributos elegidos para participar en Los Juegos Del Hambre. A medida que pasaba el tiempo el tío Bob le fue explicando poco a poco a Peeta lo que estaba sucediendo. En el futuro, los distritos levantaron una rebelión con el Capitolio, la cual lograron ganar, pero los rebeldes que quedaron ocultos habían desarrollado un arma letal. Los Terminators, hechos para destruir a cualquiera que se opusiera al Capitolio. Lo más letal de los Terminators fue que estaban diseñados para infiltrase y hacerse pasar por personas, estaban tan bien diseñados que de hecho podían hablar, imitar voces, aprender sobre más humanos, si uno los apuñalaba también sangraban. El tío Bob le enseño a Peeta todo sobre ellos. Desde el funcionamiento hasta los diferentes modelos, el chico ahora sabía prácticamente todo lo que necesitaba saber sobre Terminators. Peeta se sorprendió que de hecho esta tecnología se empezó a desarrollar justo en esta época. De sólo pensar que probablemente habría más Terminators, no como el tío Bob, si no máquinas hechas para matar humanos sin misericordia, era aterrador. Pero habían desarrollado un arma aún más poderosa.

El viaje en el tiempo.

En el futuro ya era algo tarde para que el Capitolio pudiera recobrar el control, pues tampoco pudieron construir demasiados Terminators, fueron mayormente diseñados pero no todos construidos. Por lo que los rebeldes leales al Presidente Snow, literalmente decidieron reescribir la historia, usando los pocos Terminators que pudieron enviar al pasado para eliminar objetivos clave. Peeta fue uno de ellos. Le preguntó al tío Bob por qué él era un blanco, y quién fue la persona que lo mandó a él a protegerlo en vez de matarlo. El tío Bob le comentó a Peeta que esa información fue eliminada de su base de datos, probablemente por motivos de seguridad para la línea de tiempo. Tampoco se sabía cuántos Terminators fueron enviados al pasado, pero de momento, y por suerte, sólo han aparecido dos, el tío Bob y el que asesinó a su familia. Ya había cambiado demasiado esta línea de tiempo con la llegada de sólo dos Terminators a este mundo según el tío Bob, por lo que debía ser cuidadoso con la información que revelaba. Si se sabía demasiado acerca del futuro, podría traer consecuencias graves. Sólo le explicó a Peeta que él tenía una misión importante, una para la que pasó preparándolo durante 8 años, justo para los septuagésimo cuartos Juegos Del Hambre.

-Entonces, ¿vas a decirme cual será la misión?- Preguntó Peeta, queriendo saber qué es lo que tendrá que hacer.

-Te informare sobre los detalles de tu misión mañana antes de tu partida- Contestó el ciborg, estoico y neutro como siempre.

-Bueno, como son Los Juegos Del Hambre, asumo que, ¿mi misión será ganarlos?- Preguntó de nuevo Peeta.

El tío Bob sólo se quedó mirando hacia el frente en silencio.

-O… tal vez no es eso- Volvió a decir Peeta, algo preocupado. –Oye, ¿y sabes quién será el otro tributo que elegirán además de a mí? El tributo femenino me refiero.

-Eso lo sabrás mañana- Fue todo lo que le contestó el tío Bob.

Peeta a veces se sorprendía de lo reservado que era el tío Bob con la información, incluso con los detalles que a él le parecían pequeños, pero bueno, proteger la línea del tiempo no debía ser sencillo, además, el tío Bob nunca le dio razones para desconfiar de él. Si el ciborg no podía decirle algo, debió haber sido por una razón importante.

-Está bien- Fue todo lo que dijo Peeta.

-Ya es tarde. Ve a descansar. Mañana comenzarás tu misión- Dijo el tío Bob.

-Muy bien, te veré en la mañana- Dijo Peeta asintiendo.

Peeta se acostó en su cama, pero siendo sincero, no creyó poder dormir. El momento por el que tanto esperó finalmente estaba por llegar. Durante años vio Los Juegos Del Hambre y era algo que de verdad barbárico. Como obligaban a jóvenes a matarse por diversión del Capitolio. Con el entrenamiento que recibió Peeta probablemente ahora era el mejor del distrito 12, casi seguro que nadie podría vencerlo. Incluso tal vez podría ganar los juegos, aunque la gente del distrito seguramente no lo creería, ya que no le ha mostrado sus habilidades a nadie, todos pensaban que era sólo un panadero. El tío Bob le dijo que se guardara sus habilidades hasta los juegos, más que nada por el factor sorpresa, porque muchas veces esa puede ser la clave de una victoria. Cerró los ojos, intentando llegar al sueño, mientras que una pregunta no dejaba de cruzarse por su mente.

"¿Quién será la chica que irá a Los Juegos Del Hambre conmigo?"