- Yo creo que lo que tendríamos que haber hecho era dejar a la pobre mujer tranquila – dijo Natsuko mientras que se acercaba a Hiroaki, el cual tenía aún a Aiko en brazos.

- ¿Por qué?

- Porque no está sola, está en compañía con la que, sin duda, estaría más cómoda que nosotros dos…

- Bueno… Aunque me vayas a acusar de que es otra excusa… - levantó la vista hacia su nuera, observándola unos segundos, viendo que estaba completamente distraída-. Me quedo más tranquilo echándole un ojo. Y no solo por nuestro hijo, creo que a estas alturas sobra decir que le tengo mucho aprecio.

- Ya, y yo. Pero no sé, quizás se sienta más tranquila sin tener que guardar las apariencias porque estemos nosotros delante – llevó la mano hacia el bebé, acariciando con cuidado su mejilla-. ¿Qué? ¿Está tu madre muy nerviosa? – le habló.

Alargó la mano hacia su abuela, queriendo cogerla, encantada de tener tanta gente a su alrededor. Desde que se había despertado había empezado a ver caras conocidas por casa y ni siquiera se había dado cuenta de que faltaba Yamato. Era normal, en la rutina normal de él era por la noche cuando más tiempo solía pasar con ella.

- Esperemos que no se asuste con el escándalo – dijo Hiroaki observando a ambas-. Ni la madre tampoco, porque de verdad que resuena por toda la isla. La última vez que lo vi desde lo más cerca que se puede ver… No creo que le venga bien a Sora que se le eche a llorar la niña.

- ¿Tú crees?

- Sí, hazme caso. Se oye y se ve desde cualquier punto de toda la isla. De hecho seguro que hay un montón de turistas rondando por las zonas con mejores vistas si se han enterado de que hoy hay una salida.

Natsuko bajó la vista hacia su reloj, comprobando que faltaba ya poco tiempo, volviendo a girar la cabeza hacia Sora, comprobando que siguiera entretenida.

- Tu suegra no te quita la vista de encima – le dijo Haru a la pelirroja.

- ¿Ella sola? – murmuró por lo bajo encogiéndose de hombros-. Creo que están preocupados porque la niña se asuste…

- ¿La niña solo? Mira, ahora mismo de lo que tienen pinta es de que la que les preocupa eres tú y eso que yo debo de haberlos visto dos veces en mi vida – dijo Andrew-. ¿Queréis que vaya preparando yo algo para comer?

Sora giró la cabeza hacia él, estando a punto de contestar, dando un respingo cuando el sonido de su teléfono y la vibración de este reclamaron su atención. Le hizo un gesto a su amigo para que esperase mientras que lo sacaba del bolsillo y veía quién llamaba, sonriendo automáticamente.

- Llegas tarde si querías despedirte de Yamato, señor embajador importante. ¿Desde dónde me llamas exactamente? – viendo como ambos se daban cuenta de que era Taichi quien había llamado, la siguieron con la mirada mientras que iba hacia la nevera para sacar la comida de Aiko-. Espera un momento. Toma – se la tendió a Andrew -, ponme esto a calentar al mínimo, por favor. A ver si consigo que coma antes de que se me pueda asustar.

Alejándose entonces de la gente, volvió a prestarle atención a Taichi.

- ¿Qué tal estás?

- Vigilada… Tengo aquí a también a mis suegros. Tienen a Aiko con ellos pero me parece que la cosa va de comprobar que yo siga de una pieza.

- Me parece una buena ocupación. ¿Segura que estás bien?

- Madre mía… Ahora mismo sí, de verdad que sí. Dentro de una hora puede que esté otra vez como cuando me encontraste a punto de salir corriendo de casa. No te puedo decir nada seguro… Solo espero que Aiko no se me asuste y se eche a llorar.

- Creo que tienes niñeros de sobra para eso. Sora… Si eso pasa, deja que los abuelos hagan algo útil, ¿quieres? Te pones histérica cuando llora y no va a ser el mejor momento.

- Sí, mamá…

- Muy bien… ¿Y de ánimos? ¿Cómo vas?

- ¿Has hablado ya con Yamato?

- Hace un rato. No me cambies de tema, que disimulas muy mal.

- Mejor que otras veces. Eh, ni siquiera he acabado llorando como una magdalena.

- ¿Nada de nada?

- Bueno, un poquito, pero nada grave – se rio con suavidad-. Estoy bien, ¿vale? Tengo vigilancia. Llevo dos desayunos porque primero Yamato me obligó a desayunar algo con él y luego Haru. Así que hasta he comido bien hoy.

- ¿Tengo que preguntarle a alguien más para que me lo asegure?

- ¡Oye! – protestó, quedándose con la mirada fija en la nada-. Tengo que darle de comer a Aiko, ¿vale? Quiero hacerlo yo y antes de que haya ruido. ¿Te llamo más tarde cuando haya pasado el revuelo?

- Claro… Y… Sora… - esperó a escuchar un sonido de asentimiento por parte de ella-. Siento no haber podido estar ahí.

- Oh, venga… No seas bobo. Sobreviviré, ¿vale? Te lo prometo.

- Me sirve. Ale, venga… Vete a darle de comer a mi ahijada. Dale un beso de mi parte.

Siendo ligeramente, colgó girándose de nuevo para hacer exactamente lo que había dicho, darle de comer a Aiko.


Yamato miró la hora en uno de los relojes que tenía a mano, cogiendo aire y dejándolo ir lentamente antes de quedarse mirando hacia aquellos que aún no habían hecho un viaje como aquel en su vida. Apiadándose de ellos, decidió reclamar su atención, acercándose hasta donde estaban.

- No es tan terrible como parece – dijo de repente-. De verdad. El viaje es corto, seguro que habéis hecho otros más largos para iros de vacaciones. Hay mucho ruido y mucho traqueteo en el despegue los primeros segundos, pero es totalmente normal. Intentad disfrutar de la experiencia porque es algo que no vais a olvidar en vuestra vida… Y en cuanto a Mai… Tranquilos, el lanzamiento tampoco tiene nada que ver con ella – sonrió, entretenido.

Takao se había quedado observando la escena, confuso, cruzando una mirada con los otros dos. Era la primera vez que veían a Yamato hacer algo parecido, incluso en los días atrás en los que habían estado trabajando de forma más directa todos juntos.

- ¿Se ha dado un golpe en la cabeza?

- ¿Qué? ¿Lo prefieres odiando al mundo en una esquina con cara de querer cargarse a alguien? – Mai se encogió de hombros-. No sé, yo lo prefiero así…

No dijo nada más, pero realmente lo prefería. Prefería cientos de veces meterse con él mientras que estaban en la playa con sus respectivas familias que verlo otra vez solo en el hospital como lo había visto aquella vez. No consideró necesario decir aquello en voz alta, aunque seguramente ellos fueran a saber de lo que les hablaba.

- ¿Listos? – dijo Hideki llegando hasta donde estaban-. Ya veréis como no es nada al final.

- Eso acabo de decirles yo, no me copies las frases.

- No te quieras quedar con mi trabajo ya… Os están esperando ya. Así que será mejor que os vayáis todos para la plataforma para no andar con prisas luego.

- Míralo, imponía más en nuestra época – dijo Katsu por lo bajo.

- Te he escuchado…


Sora había vuelto a mirar la hora, quedándose ahora apoyada en la terraza con la vista fija en el punto en el que sabía que iba a tener lugar el lanzamiento. Aiko estaba jugando con Andrew, el cual parecía haberse puesto de acuerdo con Biyomon para distraerla y que no se diera cuenta de lo que pasaba a su alrededor.

- Si necesitáis alguna de las dos lo que sea, ya sabéis que solo tenéis que llamarnos. Tanto a mí como a Natsuko – la voz de su suegro reclamó su atención, haciéndola girar la cabeza hacia ella-. Nos vamos mañana, pero si necesitas ayuda puedo aplazar el vuelo.

- Oh… - sorprendida, quedándose mirando hacia él, no tardó en negar con la cabeza-. Estaremos bien, tranquilo. Voy a tenerlos a ellos unos días más conmigo y luego creo que viene Takeru, ¿no?

- Algo me ha dicho, sí, pero tampoco suelo hacerle demasiado caso cuando se pone a hablar tanto… - hizo una pausa-. Lo digo en serio. No quiero que tengas ni la más mínima duda, y lo mismo para la vuelta.

- Muchas gracias, Hiroaki – sonrió ligeramente.

- ¡Sora! – la voz de Haru reclamó la atención de ambos -. Acaban de avisar en la televisión local de que quedan cinco minutos.

La sonrisa que la pelirroja estaba dedicándole a su suegro desapareció de golpe, quedándose seria. No había estado pendiente del tiempo y la conversación con él la había distraído. Miró hacia Hiroaki.

- ¿Puedes…? Bueno, ¿podéis distraer vosotros – hizo referencia también a Natsuko- dos a la niña? Por favor…

- Claro que sí – asintió-. ¿Vas a quedarte viéndolo fuera?

- No lo sé… Pero creo que a Aiko le va a ir mejor con vosotros que conmigo.


Gabumon se quedó atento a los movimientos de Yamato mientras que él terminaba de colocarlo bien y ajustar todo lo que fuera necesario.

- ¿Estás nervioso? – le preguntó el digimon.

- Sorprendentemente… No – fue sincero-. Tengo ganas de hacer esto. Cuanto antes terminemos antes estaremos de vuelta en casa.

- ¿Te acuerdas cuando no querías tener que volver a Tierra?

- Esos… eran otros tiempos. Yo creo que ahora mismo tengo motivos más que de sobra para querer hacerlo – pasó su brazo en torno su compañero, ajustado bien su cinturón-. La más importante creo que la compartimos, al menos lo que a Aiko se refiere.

Terminó de ajustar todo, poniéndose recto de nuevo, sonriéndole al digimon. Sorprendentemente, estaba mucho más calmado de lo que había estado la anterior vez. Quizás fueran las condiciones en las que se iba y, especialmente, en las que sabía que iba a volver, pero estaba tranquilo.

- ¿Todo listo? – preguntó de forma general mientras que él mismo tomaba asiento para dejar que el personal hiciera con él lo mismo que había hecho con Gabumon.

- Prometo portarme bien, de verdad – dijo Mai girando la cabeza hacia los nuevos.


- ¿Vas a quedarte a verlo? ¿En serio? – dijo Haru apareciendo al lado de Sora.

- Tengo la intención, pero no prometo nada – giró la cabeza hacia ella-. tengo mucha curiosidad, pero por otro lado…

- Por otro lado ya tengo visto cómo te pones – se cogió a su brazo-. ¿Dejamos a Aiko jugando dentro?

- Sí, no quiero asustarla.

- Ah, hemos pasado de no querer que el despegue, el cual se debe de escuchar hasta en Tokio si me apuras, a no querer asustarla tú misma.

- Podría montar más escándalo yo, no te lo voy a negar – dejó caer su cabeza sobre el hombro de su amiga-. Oye, ¿desde cuándo puedo hacer esto con tanta facilidad?

- Pues… desde que no te has molestado en calzarte para salir aquí… - se echó a reír, dándose cuenta de que en aquellas condiciones quedaban más o menos a una misma altura.

Se le cortó la risa de golpe cuando un estruendo, seguido de una columna de humo blanquecido que se podía apreciar perfectamente incluso en la lejanía. Haru dejó la vista fija unos segundos en aquello antes de girar la cabeza hacia su amiga, sintiendo como buscaba su mano y se quedaba cogida a ella.

- Me cae bien Mai, si ella es la que pilota seguro que les airea a todos las ideas… - intentó distraer así a su amiga, sin conseguirlo.

Prefiriendo entonces guardar silencio, sintió como cerraba sus dedos con más fuerza en torno a su mano con la vista congelada en el frente.

- Es el último viaje de Yamato – dijo mientras que seguía con la mirada la trayectoria-. Cuando vuelva, se acabó. Se quedará con nosotras… Se acabaron los peligros.

Haru no estaba segura de si estaba hablando con ella o simplemente estaba repitiendo aquello en voz alta para recordárselo a sí misma. Algo había escuchado ya aquellos días de boca del propio Yamato, no la cogía por sorpresa.

- El último…

Confirmando así que hablaba consigo misma, se fijó en que la mano que tenía libre la posaba encima de su estómago, gesto que le conocía más que de sobra, notando que se había puesto algo pálida.

- ¿Sora?

- Estoy bien, tranquila… - había estado peor muchas veces-. Podría ser peor…

El sonido del llanto de Aiko llegó desde dentro del salón finalmente. Aquello, distrajo de forma automática a la pelirroja, la cual giró la cabeza hacia el interior, buscándola con la mirada. Necesitó solo unos segundos para reaccionar y echar a andar hacia ella, cogiéndola de brazos de su abuelo.

- Déjamela… - le dijo -. ¿Qué pasa cielo? ¿Te asusta el ruido? Shh…

Haru la siguió con la mirada, dándose cuenta de que la atención de ella se había centrado completamente en su hija, quedando ajena a lo que pudiera pasar o no más allá del bebé. Sin duda, había sido la distracción que estaba necesitando.

- Shhh…. No pasa nada, ya verás como pasa en nada… Tranquila, tortuguita – se alejó con ella hacia su habitación.

- ¿Qué tal la ves? – preguntó Natsuko a Haru.

- Mucho mejor de lo que la he visto… Pero creo que el llanto de Aiko era justo lo que necesitaba para cambiar sus pensamientos de rubio – tomó asiento al lado de su marido.

- ¿Mejor?

- Mejor, podéis hacerme caso – se encogió de hombros-. Mucho mejor.


AnnaBolena04: bueno, tal y como evoluciona el día igual me voy yo también con el grupo de serios y profesionales astronautas a ver si me hacen caso y me aceptan con ellos, porque me parece a mí que va a ser lo más sano para mi salud mental. A ver si hoy al menos puedo escribir un poco tranquilamente aprovechando que es sábado, porque me parece que me voy a poner en modo ermitaña...

El abuelo no le piensa quitar un ojo encima ni a la mayor ni a la pequeña de las Ishida. Que a la segunda aprovecha para mimarla todo lo que pueda antes de irse de vuelta a Tokio y a la otra tiene que comprobar que no se pone mal. Aunque, hasta cierto punto, tampoco sé hasta qué punto sería buena idea eso si a Sora le da por ponerse histérica otra vez, ya que posiblemente alguien se iba a acabar chivando a Yamato... Pero bueno, parece que el llanto de la cosita ha distraído por completo a su madre y nadie va a perder los nervios más de la cuenta en esta ocasión.

Y ahora ya se nos han ido a flotar, por última vez, al espacio esos cinco. Que más bien parecen un grupo de nenes de excusión con el colegio, pero bueno, menos mal que tienen a Mai con ellos para intentar imponer órden jajajaja Eso si no se asustan más al ver todavía de forma más evidente el cambio de comportamiento de Yamato, hasta con el personal de trabajo dándoles ánimos a los nuevos para que no se asusten... Quién lo ha visto y quién lo ve jajaaja

¡Besitos de tortuguita!