-¡Felices Juegos Del Hambre!, ¡Y que la suerte esté siempre, de su lado!- Dijo Effie Trinket desde el escenario a la multitud del distrito 12 el día de la cosecha.

Effie era una habitante del Capitolio. Vestía un traje con falda color purpura, con su cara maquillada completamente blanca, junto con el pelo que al parecer era una peluca. Ella era la encargada de elegir a los tributos del distrito 12 y escoltarlos durante los juegos. Siempre lucía alegre y con una sonrisa amigable, mostrándose entusiasmada por los juegos. A Effie no le agradaba ser la escolta del distrito 12, debido a que hace años no había ganadores procedentes de este distrito, cosa que según ella, no le permitía avanzar en su carrera. Pues, este año tal vez las cosas vayan a cambiar.

Peeta se encontraba entre los tributos masculinos, los cuales estaban ubicados todos al lado izquierdo, mientras que las chicas estaban ubicadas al lado derecho de los chicos, los dos grupos divididos por un pasillo entre ellos. Los adultos se encontraban detrás del grupo de tributos, ansiosos y orando para que no sean sus hijos los que terminen siendo elegidos. El tío Bob no estaba por ningún lado, pero Peeta sabía que una vez que se eligieran los tributos, el ciborg lo visitaría en su cabina antes de marcharse. Antes de empezar con la cosecha, Effie pidió que prestaran atención a una pantalla colocada en el lugar en el que comenzó a sonar una música, mostrando imágenes de pobreza, destrucción, rebelión, mientras que la voz del Presidente Coriolanus Snow, el líder supremo de Panem, hablaba:

Guerra. Terrible guerra. Viudas, huérfanos, niños sin madre. Esa fue la rebelión que sacudió nuestra tierra. Trece distritos se rebelaron contra el país que los amó, alimentó, y protegió. Hermanos contra hermanos hasta que todo se perdió. Luego llegó la paz, con esfuerzo, y lentitud. El pueblo surgió de las cenizas, y una nueva era nació. Pero la libertad tiene un precio, y cuando vencimos a los traidores juramos como nación que jamás veríamos esa traición de nuevo. Y así se decretó, que cada año todos los distritos de Panem ofrecerían como tributo, a un joven y una joven, que pelearían a muerte, en una muestra de honor, valor y sacrificio. Un solo ganador, bañado en riqueza, serviría de recordatorio de nuestra generosidad y clemencia. Así es como recordamos nuestro pasado. Así, se salvaguarda, nuestro futuro.

-¡Adoro esa frase!- Dijo Effie cuando la presentación terminó.

A Peeta le pareció irónico que no mencionaran la destrucción del distrito 13. El muchacho ya le parecía aburrida e irritante esta presentación, el Capitoleo siempre hablaba de una manera en la que ellos siempre fueron los inocentes y los distritos eran los culpables. Los Juegos Del Hambre eran una diversión sin fin para los habitantes del Capitoleo, y un castigo para los distritos. Si el Capitoleo supiera lo que Peeta sabe, que en el futuro los distritos los derrocarán, una parte de él quisiera ver qué cara pondrían. Pero a pesar de saber eso, Peeta jamás obtuvo más detalles, él debía concentrase solo en su misión, la cual pronto sabría, porque Effie finalmente empezó con la elección de tributos.

-Primero las damas, igual que siempre- Dijo Effie con una sonrisa.

Se acercó al contenedor de cristal con las papeletas. Metió su mano derecha y sacó una papeleta. A continuación, volvió a su lugar frente al micrófono, desdobló la papeleta y leyó el nombre.

-¡Primrose Everdeen!-

"¿Primrose Everdeen?, ¡Es la hermana de Katniss!" Pensó Peeta. Le sorprendió este hecho, como a todo el mundo seguramente. Prim acababa de cumplir los 12 años, este era su primer año en empezar la cosecha por lo que sólo había una papeleta con su nombre entre tantas, pero aun así ella fue la elegida. Peeta se sintió muy mal por dentro, una niña tan joven siendo elegida, no puede ni imaginar lo que su familia debe estar pasando en este momento. Prim empezó a ser escoltada hacia el escenario, cuando de repente alguien gritó.

-¡Prim! ¡Prim!- Peeta reconoció esa voz, era Katniss.

Katniss trató de llegar a Prim pero fue detenida por dos guardias de la paz.

-¡No! ¡No! ¡Soy voluntaria! ¡Soy voluntaria!- Gritó Katniss al mismo tiempo que los guardas la soltaron. Se paró firme y dijo.

-¡Me ofrezco como tributo!-

Los ojos de Peeta se abrieron mucho con esto. Katniss fue con Prim y la abrazó mientras ella comenzaba a llorar.

-Prim debes irte. Quiero que te vayas-

-¡No!-

-Busca a mamá y a papá-

-¡No!-

-Ve con ellos ahora, de verdad lo siento, ve con mamá y papá- Seguía diciendo Katniss mientras Prim seguía diciendo no, hasta que Gale vino y alzó a Prim para llevársela a sus padres.

-¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡NO!- Gritaba a aún más fuerte Prim mientras Gale la llevaba.

Katniss fue escoltada hacia el escenario mientas Effie comentaba que era la primera vez en el distrito 12 que ha habido un voluntario. Una vez que Katniss llegó al escenario Effie le pidió que subiera y la ubicó junto a ella a la derecha.

-¿Cómo te llamas?- Preguntó Effie.

-Katniss Everdeen-

-Y apostaría a que ella es tu hermana. ¿No es así?- Volvió a preguntar Effie.

-Si- Fue todo lo que respondió Katniss.

-¡Démosle un fuerte aplauso a la primera voluntaria aquí! ¡Katniss Everdeen!- Dijo Effie, aplaudiendo.

Nadie del distrito aplaudió a esto. En su lugar, levantaron sus brazos izquierdos con tres dedos levantados en sus manos, besaron sus dedos y luego levantaron sus brazos hacia el frente, mostrando su respeto a Katniss.

Peeta, quien también levantó su mano, no había podido retirar la cara de shock que tenía cuando se dio cuenta quien era la que sería el tributo femenino.

"No. No. ¡Ella no!" Pensaba Peeta.

-Y ahora para el varón- Dijo Effie, mientras se acercó al contenedor de los varones, he hizo lo mismo que con las chicas. Sacó una papeleta, y pronunció el nombre.

-¡Peeta Mellark!-

Si. Justo como dijo el tío Bob.

Al escuchar su nombre Peeta reaccionó. Había estado sumido en sus pensamientos hasta que escuchó su nombre y los que estaban a su alrededor hicieron espacio para que pudiera pasar. Varios sintieron mucha pena por el chico, de muy joven había perdido a toda su familia y ahora al parecer le tocaba morir a él. Otros en parte se sentían aliviados, porque como Peeta no tenía familia significaba que habría una familia menos sufriendo por un tributo. Los guardias de la paz lo escoltaban hacia el escenario, Peeta iba con la cabeza baja y los ojos bien abiertos, todos los que lo veían asumieron que estaba asustado de ser elegido. Él estaba asustado, pero no por él. Se había preparado para este momento, no tenía miedo de ser elegido. Estaba asustado por la persona que iría con él a Los Juegos Del Hambre, la única chica que siempre dejaba huella en él cuando la veía.

Cuando Katniss escuchó quien sería el tributo masculino, nadie vio como sus ojos se ampliaron y su aliento se detuvo. En su mente pensaba exactamente lo mismo que Peeta.

"No. No. ¡Él no!"

Peeta llegó al escenario, subió y se posicionó a la izquierda.

-¡Aquí están! ¡Nuestros tributos del distrito 12!- Dijo Effie –Bien ¿qué esperan? Dense la mano-

Katniss y Peeta se miraron aún shokeados y se estrecharon sus manos. Peeta no dejaba de temer por Katniss, orando que su misión no involucre el que Katniss terminara muriendo, él no podía permitir eso. Mientras que Katniss, aunque ellos no eran amigos y técnicamente son desconocidos, no quería que Peeta muriera, porque literalmente es gracias a él que ella y su familia siguen vivas. Y aunque ella no lo sepa, es gracias a este chico que su padre sigue vivo con ella, su madre y su hermana.

-¡Felices Juegos Del Hambre! ¡Y que la suerte, esté siempre de su lado!- Gritó Effie, mientras escoltaba a Peeta y a Katniss adentro para que se despidieran de sus seres queridos antes de partir hacia el Capitoleo.


Hace 5 años, hubo un trágico desastre en la mina del distrito 12. Varios mineros que quedaron atrapados murieron. Entre ellos estaban hombres como el padre de Katniss y el padre de Gale. La muerte de estos hombres fue trágica y devastadora para sus familias. O eso hubiera sido, de no haber sido por Peeta y el tío Bob.

El chico y el Terminator se encontraban en el bosque en su entrenamiento diario. El tío Bob estaba revelándole a Peeta más detalles sobre sobre lo que vendría dentro de unos años. Como el día del accidente estaba por pasar ese día el tío Bob se lo comentó a Peeta, con lo que el chico se alteró y siguió pidiendo más detalles. Después de que el tío Bob le dijera quienes morían, Peeta se alteró demasiado e insistió en que debían ir y advertirles, pero el tío Bob se negó. Dijo que revelarles este hecho sería demasiado peligroso, no era parte de la misión del ciborg el salvar esas vidas, además de que todos estarían sobre ellos al saber sobre ese desastre. Peeta por su parte, no podía tolerar la idea de que tanta gente muriera, en especial el señor Everdeen, recordaba lo amable que había sido con él la noche en la que el tío Bob lo salvó del Terminator, y estaba seguro de que Katniss y su familia sufrirían mucho por su pérdida. Los dos siguieron discutiendo por un rato, Peeta cada vez más desesperado mientras que el tío Bob tranquilo y estoico como siempre. Finalmente, Peeta gritó.

-¡TIENES QUE SALVARLOS! ¡POR FAVOR! ¡VE A SALVARLOS!-

El tío Bob se quedó quieto y en silencio un momento.

-El derrumbe ocurrirá dentro de 30 minutos. Espero poder llegar a tiempo. Ve a casa. Volveré.- Dijo y luego el ciborg se dio la vuelta y marchó a paso firme, dejando atrás a Peeta quien sólo pudo quedarse callado por la sorpresa.

Más tarde todo el pueblo supo sobre el desastre que ocurrió en la mina, pero en vez de resultar todos los mineros muertos, como el tío Bob le dijo a Peeta, los mineros pudieron sobrevivir, aunque hubo varios que resultaron gravemente heridos. Cuando el tío Bob volvió a casa, Peeta sabía que fue él quien los salvó. No sabe como pero el tío Bob dijo que se aseguró de que los mineros sobrevivieran y de que no supieran qué fue lo que pasó. Peeta tenía curiosidad, porque fue sólo luego de que él gritara que el tío Bob decidió salvar a los mineros cuando antes parecía decidido a no hacerlo. Peeta le preguntó porque lo hizo.

-Porque tú lo dijiste- Contestó el ciborg.

El tío Bob le explicó a Peeta que estaba programado para obedecer sus órdenes, teniendo algunas excepciones como la información que no podía revelarle, el Terminator haría cualquier cosa que Peeta mandara. Sin embargo, el tío Bob le advirtió a Peeta que debe ser cuidadoso cuando le ordenara hacer algo que involucrara cambiar un evento en la línea del tiempo, siempre hay cosas que deben pasar, y nunca se sabe lo que sucedería si se interviene.

Un par de meses después, era un día lluvioso y Peeta estaba horneando en su casa cuando salió afuera a tirar algunas cosas que no le servían y vio algo que le rompió el corazón. Katniss estaba tumbada en un tronco frente a la casa, se veía débil y desnutrida bajo la lluvia. Su padre había sido uno de los mineros atrapados, que aunque no murió, había quedado en coma y no daba posibilidades de que pudiera sobrevivir. Luego de más de un mes la madre de Katniss entró en una gran depresión y no podía trabajar, evitando que pudiera cuidar de sus hijas. Al ser pobres no tenían más dinero para comida, por lo que Katniss se vio obligada a buscar comida incluso en la basura, sin poder encontrar nada y con su familia prácticamente destruida había perdido sus esperanzas y se quedó tumbada en ese tronco. Peeta no podía soportar el verla así.

El muchacho volvió adentro, sin importarle si al tío Bob que estaba ahí se le ocurría decir algo, tomó una bandeja, la llenó y volvió afuera. Katniss, quien estaba acostada con los ojos cerrados bajo la lluvia, escuchó unos pasos de chapoteo acercándose. Abrió sus ojos y vio a Peeta enfrente de ella con algo en las manos. El muchacho se agachó, colocó la bandeja cerca de ella y volvió a su casa. Katniss se acercó a ella y se quedó sin palabras con lo que vio. La bandeja tenía dos trozos de pan recién hechos junto con algo de carne y verduras. La chica no perdió el tiempo, tomó la bandeja y se encaminó hacia su casa. Peeta la vio irse desde su casa, con una mirada de preocupación en su rostro.

-No debes preocuparte- Peeta escuchó y se dio la vuelta. –Ella estará bien- Dijo el tío Bob desde la silla en la que estaba sentado. Peeta sintió algo de alivio por eso y continuó horneando.

Con la comida que le dio Peeta, Katniss puedo alimentarse a ella y a su familia ese día. El siguiente día luego de cruzar ojos por un momento con el chico que se la dio, Katniss decidió ir al bosque y empezar a cazar para obtener más alimento. Su esperanza había regresado. Poco después el señor Everdeen milagrosamente se recuperó, Katniss, Prim y su madre no podían estar más felices por esto, aunque el señor Everdeen ya no podía seguir trabajando en la mina debido a lesiones en las piernas, por lo que desde ese día caminaba usando muletas. Pero a su esposa y a sus hijas no les importó, lo único que les importaba es que él seguía con ellas. Desde entonces Katniss se dedicó a cazar en el bosque para obtener alimento para su familia, y nunca olvidó el día en el que había perdido toda esperanza, el mismo día en el que un chico se la devolvió, el muchacho que desde ese día ella conocía como, el chico del pan.


Ahora que la cosecha había pasado, era el momento de que Peeta conociera su misión. El tío Bob se dirigió a paso firme hacia la habitación donde se encontraba el muchacho, intimidando con su tamaño a algunas personas que lo veían pasar. Cuando llegó a la puerta en la que estaba Peeta, los guardias al verlo se sintieron sorprendidos y algo intimidados. Estaban acostumbrados a tratar con personas pobres, por lo general bajas, desnutridas, o asustadas por ellos, no con un hombre notablemente musculoso de gafas oscuras que era casi el doble de su tamaño. Aun así, ellos eran figuras de mando y no debían dejar que este extraño los intimide. Uno de los guardias se puso delante del tío Bob antes de que llegase a la puerta.

-¿Qué deseas?- Preguntó el guardia.

-Quiero ver a Peeta Mellark- Pronunció el tío Bob, sin siquiera mirar al guardia.

-¿Quién eres? ¿Familiar suyo? ¿Amigo? ¿Cuál es tu nombre?- Volvió a preguntar el guardia.

-No estoy autorizado a contestar tu pregunta- Fue todo lo que respondió el tío Bob.

-Mira amigo, si quieres ver al tributo debes ser familiar o conocido, ahora dime quién eres o lárgate- Dijo el guardia, tratando de ser autoritario.

-Quiero ver a Peeta Mellark- Repitió el tío Bob.

El guardia, irritado por la poca atención que el ciborg le estaba prestando, levantó su mano izquierda frente a la cara del tío Bob, con los dedos extendidos.

-Díselo a los dedos-

El tío Bob agarró la mano del guardia con su mano derecha, en un fuerte apretón que le hizo doler al hombre, y acercó sus dedos a sus labios.

-AHORA- Dijo el Terminator con un tono más duro. Los demás guardias decidieron que era mejor no meterse en esto.


Peeta se encontraba sentado en la habitación, con la cabeza agachada en reflexión, cuando la puerta se abrió. El tío Bob entró mientras que el guardia cerró la puerta para dejarlos hablar. Peeta se levantó y se paró enfrente del tío Bob.

-Bien, llegó la hora, ¿no?- Dijo el muchacho.

-Si. Te informare sobre cuál será tu misión- Contestó el Terminator.

Peeta sólo asintió, poniendo mucha atención a lo que el tío Bob estaba a punto de decirle.

-Debes proteger a Katniss Everdeen. Y asegurarte de que ella regrese al distrito 12 con vida-

Luego de escuchar lo que el tío Bob acababa de decir, Peeta estaba con los ojos abiertos y no estaba seguro de si escuchó bien lo que dijo.

-¿Qué? Kat… ¿Katniss?- Dijo Peeta.

-Si- Respondió el tío Bob.

Peeta se quedó callado un momento antes de volver a preguntar.

-Quieres decir… que… ¿todos estos años estuviste preparándome para poder proteger a Katniss durante Los Juegos Del Hambre?-

-Afirmativo-

Peeta agachó la cabeza con los ojos abiertos, mientras reflexionaba. Había varias emociones corriendo por su cabeza. Alivio, porque significa que Katniss no tiene que morir, ella debe vivir, y él debe asegurarse de que ella viva. Preocupación y curiosidad, porque si el tío Bob lo había preparado durante 8 años para proteger a Katniss debe haber una razón importante, ¿Katniss será alguien importante en el futuro?

-¿Por qué debo proteger a Katniss? ¿Ella será importante en el futuro?- Peeta pensaba que aunque ella no fuera alguien importante de todas formas querría protegerla porque, bueno, es Katniss, la chica a la que nunca podía olvidar, pero tenía mucha curiosidad.

-No puedo revelarte esa información. Sólo puedo decirte. Que es importante que Katniss Everdeen regrese sana y salva al distrito 12- Fue todo lo que respondió el tío Bob.

Peeta meditó esto por un momento.

-Entonces… Katniss es quien debe ganar los juegos. Y como son Los Juegos Del Hambre, creo que ya sé que es lo que pasará conmigo si completo la misión- Contestó Peeta, sabiendo que si lograba hacer que Katniss ganara, él moriría.

-¿Piensas echarte para atrás?- Preguntó el Terminator.

Peeta miró al tío Bob con determinación. Si él moría, no pasaría nada, nadie lo necesitaría, no tenía a nadie que sufriría por su pérdida, eso es lo que pensaba. Pero Katniss, ella tiene a varias personas que sufrirían por su pérdida, no sólo su familia, con lo que hizo por Prim todo el distrito sufriría por ella. Estaba más que decidido.

-No. Si esa es mi misión, yo lo haré. Protegeré a Katniss. Sin importar lo que me suceda, haré que ella regrese con vida-

El tío Bob se le quedó mirando un rato. Luego sacó de su bolsillo algo más pequeño que una moneda y se lo pasó a Peeta.

-Estaré observando- Dijo el ciborg.

Peeta lo tomó y vio que era un pequeño comunicador. Se lo colocó en su oreja derecha, prácticamente no se notaba que lo tenía puesto. El chico asintió para luego acercarse al tío Bob y darle un abrazo. El tío Bob sólo se quedó quieto con los brazos caídos y agachó la cabeza para mirar a Peeta, nunca había comprendido este gesto.

-Gracias por todo. Tío Bob- Dijo Peeta, triste pero a la vez feliz.

El chico se apartó y se limpió una lágrima que se le había derramado por su mejilla derecha para luego mirar con una sonrisa.

-Cuídate. Y recuerda. No bajes la guardia- Dijo el Terminator para luego darse la vuelta y salir de la habitación, dejando sólo al chico.