Había llegado el momento de partir hacia el Capitolio. Cuando el tiempo de visitas a los tributos terminó, Peeta y Katniss fueron llevados hacia la estación del tren en auto, con Effie acompañándolos adentro mientras que la gente del distrito iba a pie para verlos partir. Una vez que subieron al tren, partieron hacia su destino. Los tributos fueron escoltados a sus habitaciones temporales en el tren. Effie les indicó que se acomoden y se preparen para la cena, avisándoles que si necesitaban algo el personal del Capitolio a bordo del tren estaría a su disposición durante todo el viaje. Una vez de que Peeta contemplara lo lujosa que era su habitación se dirigió al vagón del comedor para poder cenar. Cuando llegó vio que ahí esperaba Effie sentada en medio de la mesa. Él se sentó en la punta a la derecha de Effie. Poco después, llegó Katniss y se sentó en la otra punta. Cuando los dos contemplaron la comida que tenían en frente de ellos no perdieron el tiempo y empezaron a atiborrarse. Katniss recordaba bien los días en los que se moría de hambre y jamás había podido tener una comida como esta, así que decidió aprovechar a comer todo lo que pueda. Aunque Peeta nunca pasó días de hambruna, tampoco comía mucho mejor que los demás, ni tuvo grandes comidas, mayormente comía los panes que él mismo preparaba y la comida que el tío Bob le proporcionara, la cual era aceptable, ni más ni menos, pero nunca tuvo tantos platillos como estos. Effie al verlos comer no dejaba de pensar en lo tragones que podían ser los del distrito 12, aunque admitió que ellos no eran demasiado grotescos con la comida, a diferencia de otros chicos como los tributos del año pasado, los cuales eran de familias realmente pobres y no habían comido en días.
-Parece que Haymitch no se presentará. Probablemente se habrá quedado dormido por tanta bebida- Comentó Effie, refiriéndose al mentor de los jóvenes durante Los Juegos Del Hambre.
Haymitch Abernathy es un vencedor de Los Juegos Del Hambre y el único vencedor del distrito 12. Los vencedores de juegos anteriores son los mentores de los tributos durante los juegos, su trabajo es enseñarles y aconsejarles cómo sobrevivir en la arena. Haymitch sería el mentor de Katniss y Peeta, aunque a ellos no les inspirara mucha confianza. Todo el distrito conocía a Haymitch por ser un alcohólico que bebía todos los días de la semana y varias veces terminaba ebrio y vomitando por el alcohol.
-Bueno, supongo que tendrán que hablar con él en la mañana. Recuerden, a partir de este momento él será su conexión con el mundo exterior, y será quien les indique como pueden conseguir patrocinadores. Buenas noches a los dos- Dijo Effie, mientras se levantaba y se retiró a su habitación.
Luego de que Effie se fuera y los jóvenes terminaran de comer, ambos se sentían muy llenos y algo mareados, sus estómagos no estaba acostumbrados a tener tanta comida. Katniss decidió levantarse para irse a su habitación, pero cuando se levantó se sintió algo mareada y pesada y se calló al piso. Al ver esto, Peeta no dudó en levantarse e ir a ayudarla. Se acercó a ella y le ayudó a levantarse.
-¿Estás bien?- Preguntó Peeta con preocupación.
Katniss sólo se le quedó mirando sin decir nada para luego darse la vuelta y salir del lugar rumbo a su habitación. El muchacho, viendo que no tenía nada más que hacer decidió irse a dormir también. Ambos necesitarían descansar para su llegada al Capitoleo.
A la mañana siguiente, Peeta y Katniss estaban sentados en silencio en la mesa, esperando a que Haymitch apareciera. Peeta estaba empezando a aburrirse porque no aparecía su mentor, mientras que Katniss sólo permanecía con la mirada agachada en silencio. Peeta decidió tratar de hablar con ella.
-¿Ya lo habías visto? ¿A Haymitch?- Preguntó Peeta. Katniss ni siquiera levantó su mirada.
-Katniss es nuestro mentor. Ganó los juegos antes-
La chica sólo continúo como estaba, como si no hubiese escuchado nada. Peeta suspiró y volvió a hablar.
-Escucha. Si no quieres hablar lo entiendo, pero no creo que tenga algo de malo tener ayuda, ¿verdad?-
Con esta frase Katniss volteó a ver a Peeta y se le quedó mirando. Luego de unos segundos Peeta volvió a suspirar y apartó la mirada, Katniss también la apartó. Ella había recordado la vez en la que Peeta le había ayudado cuando tenía 11 años. La noche anterior él había intentado ser amable con ella al ayudarla, y eso es algo que Katniss decidió no aceptar. En este juego tarde o temprano tal vez tendrían que matarse y llevarse bien sólo podría empeorar las cosas, Katniss pensaba que tal vez Peeta podría intentar ser amable con ella para que baje la guardia, por lo que Katniss decidió mantenerse alejada y mejor no tener nada que ver con el chico del pan. Al poco tiempo después la puerta del vagón se abrió y apareció un hombre con camisa blanca con mangas arremangadas, chaleco gris, pantalones de vestir, con pelo medio largo rubio, un poco de barba y bigote. Era Haymitch, parecía que andaba con resaca por haber bebido.
-Felicidades a los dos- Dijo Haymitch al ver a los jóvenes. Luego tomó un vaso y buscó una botella con una bebida alcohólica y se sirvió. Peeta pensó el cómo es que podía beber a esta hora de la mañana. Una vez que se sirvió el vaso se sentó en la mesa.
-Entonces… ¿qué es lo que debemos saber?- Preguntó Peeta. Haymitch sólo lo miró con cara aburrida mientras tomaba.
-¿Saber sobre qué?- Respondió. Peeta puso cara de confusión por un momento.
-Eres nuestro mentor, debes darnos consejos y conseguirnos patrocinadores- Haymitch siguió con cara de desinteresado.
-Bien. Lo haré. Am, admitan, la posibilidad de su inminente muerte, y sepan, que nada de lo que yo sé, los salvará- Fue todo lo que les respondió Haymitch, haciendo que ambos jóvenes lo miraran con desconcierto.
Haymitch sólo siguió bebiendo mientras empezó a tomar unas tostadas para untar. Peeta, siendo sincero, no necesitaba los consejos de Haymitch. El tío Bob le había enseñado como sobrevivir y sobre qué cosas podría encontrarse dentro de la arena. Pero necesitaba a Haymitch para que pudiera aconsejar a Katniss y ayudarla a conseguir patrocinadores para ella, y la actitud que mostraba su mentor le irritaba. Cuando Haymitch estaba por beber de vuelta, Peeta se levantó y le arrebató el vaso de sus manos.
-¡Ya basta!- Le quitó el vaso y lo apoyó con fuerza sobre la mesa. –Sólo porque tú ya te rendiste no significa que nosotros también- Dijo el muchacho con voz elevada. Haymitch sólo se le quedó viendo divertido, cuando de repente se levantó y lanzó un derechazo a Peeta, quien para sorpresa de Haymitch y de Katniss, bloqueó fácilmente con su mano derecha. Después de soltarse ambos volvieron a sentarse. Katniss finalmente decidió hablar.
-¿Cómo se encuentra un refugió?- Preguntó ella.
-¿Me pasas la mermelada?- Respondió Haymitch, ignorando su pregunta.
-¿Cómo se encuentra un refugio?- Volvió a preguntar Katniss, irritada.
-¿Me pasas la mermela…- Haymitch volvió a ignorarla pero no pudo terminar su frase porque Katniss tomó un cuchillo y lo clavó justo en medio de los dedos de Haymitch, haciendo que se calle. Haymitch sonrió y miró tanto a Peeta como a Katniss.
-Parece que este año me tocaron un par de luchadores. ¿Enserio quieren saber cómo sobrevivir? Hagan que el público los quiera- Dijo Haymitch mirando fijamente a Katniss, quien con esa respuesta se quedó mirándolo.
-¿No es lo que esperabas? Cuando empiece la competencia, y tengan hambre, o frío, un poco de agua, un cuchillo, incluso fósforos hacen la diferencia entre la vida, y la muerte. Y esas cosas sólo vienen de patrocinadores. Y si quieren patrocinadores, deben hacer que el público los quiera. Y por ahora preciosa, no estás teniendo un buen inicio, ¿o sí?- Lo último era referido a Katniss.
Ella debía aceptar que Haymitch tenía razón. No era buena hablando ni relacionándose con la gente. Peeta estaba pensando en lo que Haymitch dijo, cuando vio por la ventana que finalmente estaban llegando al Capitoleo.
-Ahí está- Dijo el muchacho mientras se levantó y fue a ver por la ventana.
Era una vista realmente espectacular, había varios edificios grandes y lujosos que veían al otro lado de la represa por la que cruzaban. Cuando pasaron por el túnel final y entraron a la estación de trenes, pudieron ver a una gran multitud de personas del Capitoleo, ansiosas, felices y vitoreando por los tributos que estaban llegando. Peeta decidió empezar a sonreírles y a saludarlos desde el tren.
-¿Qué esperas? el muchacho a Katniss, pero ella sólo se quedó sentada con la mirada en blanco. Una vez que la gente salió de vista, Peeta dejó de saludarlos y se volvió hacia a Katniss.
-Tal vez alguno de ellos sea rico- Dijo Peeta, encogiéndose de hombros. El muchacho sabía que si quería lograr que Katniss ganara, debía conseguir patrocinadores que puedan apoyarla, por lo que debía mostrarse agradable. Después siguió mirando por la ventana. Haymitch se volteó hacia Katniss.
-Mejor conserva este cuchillo. Él sabe lo que hace- Le dijo con una pequeña sonrisa.
Katniss por su parte, en sus pensamientos silenciosos asumió que Peeta ya estaba ideando su estrategia para sobrevivir en los juegos. En otras palabras, ella creía que Peeta Mellark ya estaba pensando cómo matarla.
Una vez que todos los tributos llegaron al Capitoleo, fueron transferidos a un centro de atención en dónde todos, en especial los jóvenes de los distritos más pobres, eran lavados y limpiados para poder llevarlos con sus estilistas. La presentación de los tributos frente al Capitoleo era uno de los momentos más importantes, ya que en ellos no sólo el presidente Snow estaría viéndolos, sino gente rica e interesada en los juegos, uno de los mejores momentos para que los tributos impresionen a la gente y consigan patrocinadores. El rol de los estilistas era vestir y preparar a los tributos de cada distrito para su presentación, mayormente la vestimenta que elegían sería algo relacionado con el distrito del que provienen los jóvenes. Peeta estaba recostado en una habitación pequeña con sólo una plataforma que servía de cama, vistiendo sólo una bata de color azul cielo, mientras esperaba a su estilista. De repente escuchó que se abrió la puerta y vio que entró una señora con el pelo rubio medio largo, vistiendo un traje negro. El joven rubio se sentó cuando ella entró.
-Tú debes ser Peeta. Soy Portia, tu estilista- Dijo la mujer con una sonrisa.
-Hola Portia. Que lindo traje, te ves muy bien. - Contestó Peeta, también con una sonrisa.
-¡Gracias!. Pareces ser un chico agradable, eso será bueno para tus entrevistas- Dijo Portia, refiriéndose a las entrevistas que tendrían los tributos dentro de un par de días.
-Eso espero- Asintió el muchacho.
-Pues como seguro sabrás, nuestro deber es arreglarlos para presentarlos ante el Capitoleo. Por lo que les haremos una vestimenta apropiada para ustedes. Lo acostumbrado es vestir a los tributos de acuerdo a un tema referido a su distrito- Explicó Portia.
-Sí, lo sé. Nuestro distrito provee carbón de las minas. Supongo que nos vestirán de mineros- Dijo Peeta, recordando cómo eran los años anteriores. Pero Portia negó con la cabeza.
-Mi compañero Cinna y yo somos nuevos este año. Queremos hacer nuestro trabajo lo mejor que podamos y creemos que el tema de mineros ya está muy usado. Así que, Cinna tuvo una idea que creemos que de verdad los hará destacar a ti y a Katniss- Dijo Portia.
-¿Qué es lo que tienen pensado?- Peeta estaba muy interesado con lo que le estaba diciendo su estilista.
Portia se le quedó mirando sonriendo por un momento antes de preguntar:
-Sólo dime una cosa. ¿Te da miedo el fuego?-
La hora del desfile de tributos había llegado. Todos los tributos vestidos con sus atuendos esperaban en fila sobre sus carruajes para iniciar con el evento. Los carruajes eran adornados y tirados por dos caballos. Los tributos irían entrando de acuerdo al orden ascendente del número de su distrito. Primero el distrito 1, luego el distrito 2, y así hasta el 12. Los jóvenes del distrito 12 estaban emocionados por su nueva vestimenta, pero una buena parte de esa emoción era nerviosismo y un poco de miedo, ya que sus estilistas decidieron ponerles llamas a sus trajes, literalmente.
-Muy bien. Les prometo que no es fuego real. Los trajes están hechos para que no sientan nada- Les explicó Cinna, refiriéndose a los trajes negros que tenían puestos, los cuales eran unos atuendos negros como el carbón, con hombreras medio puntiagudas. Katniss tenía su cabello recogido sobre los lados de su cabeza para que luciera medio largo, mientras que Peeta estaba peinado con su cabello rubio hacia atrás.
-Yo lo veo muy real- Comentó Peeta.
-Esa es la idea. Prepárense- Dijo Cinna mientras veía como el desfile comenzaba y los tributos se preparaban para salir.
Cinna y Portia les acomodaron los trajes para luego apartarse y comenzar a hablar algo entre ellos. En eso Katniss se acercó un poco a Peeta y le susurró.
-¿Qué piensas? Me refiero al fuego-
-Te apagaré el tuyo si tú apagas el mío- Respondió Peeta en silencio.
-Hecho- Estuvo de acuerdo Katniss.
Ambos jóvenes se subieron a su carruaje a esperar su turno para entrar. Peeta observó su traje todo negro, y no puedo evitar recordar el estilo de vestimenta que siempre usaba el tío Bob, él siempre pensó que se veía genial, lo hacía lucir bien intimidante y seguro. Al recordar eso, Peeta tuvo una idea. A sus trajes podrían agregarles un último detalle.
El desfile finalmente comenzó y los carruajes empezaron a avanzar. En eso Cinna se acercó hacia ellos con una pequeña antorcha encendida.
-Es hora. Allá vamos- Dijo el estilista a punto de encender sus trajes.
-Oye Cinna, espera- Dijo Peeta, captando la atención de Cinna. –Sé que aquí tú eres el experto, pero creo que a nuestro atuendo se le podría añadir una última cosa-
Peeta entonces le dijo su idea a Cinna, a lo cual el estilista sólo pudo sonreír mientras pensaba:
¿Cómo es que no se me ocurrió?
Los carruajes empezaron a marchar hacia el frente, con los tributos sobre ellos saludando a la multitud. Mayormente la gente no decidía sobre quien mantener su mirada, hasta que al fondo, justo en el último carruaje, algo captó la atención de todos.
-¿Qué es eso? Allá al fondo- Comentó Caesar Flickerman, el anfitrión de los juegos del hambre que se encontraba comentando el desfile para la televisión junto con su colega, Claudius Templesmith.
Todo el mundo puso atención al carruaje del distrito 12. Katniss y Peeta iban avanzando con llamas fluyendo desde sus hombros y espalda, mientras permanecían mirando hacia el frente. Las gafas oscuras que llevaban puestas los hacían lucir como estrellas. Peeta entonces recordó lo que les dijo Cinna justo antes de que avanzaran. Con su mano derecha trató de agarrar la de Katniss, a lo que ella al sentir contacto la apartó.
-Coopera. Te amarán- Le susurró Peeta, a lo que Katniss decidió aceptar.
Con las manos estrechadas levantaron sus brazos, a lo que el público los aplaudió aún más. Viendo la oportunidad, Katniss decidió saludar al público y hasta pudo sonreírles, al igual que Peeta. El público no dejaba de aplaudir por ellos.
-¡¿Ves eso?! ¡Me encanta! ¡Dos jovencitos tomados de las manos! Diciendo: ¡Me enorgullece venir del distrito 12! ¡No seremos ignorados!- Comentó Caesar.
-¡Sin mencionar las lamas! ¡Eso junto con las gafas oscuras les da una personalidad bien seria y e intimidante!- Comentó Claudius.
-¡Ya los amo! ¡La gente les va a poner atención desde este instante!-
Los carruajes siguieron avanzando mientras empezaron a dar vueltas por el Círculo De Los Tributos para luego ir acomodándose y quedar frente a la vista del Presidente Snow. Katniss le alegró estar agarrada de Peeta para mantener el equilibrio, porque él era fuerte y firme como una roca. Mientras seguían andando por el círculo, ella se dio cuenta de lo fuerte que le tenía agarrada la mano. Justo cuando la aflojó y estaba por soltarla Peeta la detuvo y la volvió a tomar de la mano con fuerza.
-No, no me sueltes- Dice Peeta. –Por favor, que me caiga de esta cosa-
-Está bien- Respondió ella.
Cuando el último carruaje tomó su lugar, siendo el de Peeta y Katniss, las llamas de sus trajes se apagaron instantáneamente, y los dos dieron un suspiro de alivio y una pequeña risa porque no terminaron quemados vivos como habían pensado al principio. Al terminar de acomodarse todos los carruajes, el Presidente Corolianus Snow, un hombre de mediana altura, cabello blanco y barba, traje azul oscuro con una rosa blanca de su lado izquierdo, se levantó desde su asiento para tomar su lugar en lo alto de su plataforma desde donde hizo señas para silenciar a la multitud antes de empezar a hablar.
-Bienvenidos. Tributos. Sean bienvenidos. Y celebramos, su coraje, y su sacrificio. Y les deseamos. Felices Juegos Del Hambre. Y que la suerte, esté siempre, de su lado- Cuando terminó la multitud volvió a aplaudir y los carruajes empezaron a dirigirse hacia el centro de entrenamiento.
Una vez que los carros llegaron al edificio de entrenamiento y las puertas se cerraron, Peeta y Katniss se dieron cuenta de que varios tributos los miraban con odio, ellos de verdad se habían llevado la atención del público, lo cual sería bueno en el caso de poder conseguir patrocinadores. Cuando los dos jóvenes se bajaron del carro mientras esperaban a su equipo, se dieron cuenta de que aún se sostenían fuertemente de las manos. Soltaron sus manos y se las masajearon, realmente se habían sostenido muy fuerte.
-Gracias por sostenerme. No me sentía muy bien ahí arriba- Dijo Peeta.
-No lo parecía. Ni siquiera me di cuenta- Dijo Katniss.
-Seguro que no le han prestado atención a nadie más que a ti. Deberías llevar llamas más a menudo. Luces radiante- Dijo Peeta, ofreciendo una genuina sonrisa de dulzura con un toque de timidez. Realmente pensaba que ella se veía genial.
A Katniss realmente le pareció muy lindo eso, pero una alarma se encendió dentro de su cabeza, diciéndole: ¡No seas estúpida! Peeta planea matarte y sólo quiere que te confíes para que bajes la guardia.
Con ese pensamiento Katniss decidió que también podía jugar. Se inclinó hacia Peeta, y le dio un beso en la mejilla, lo cual dejó a Peeta realmente sorprendido, y a la vez, muy feliz.
