Una vez que finalizó el aviso de las puntuaciones, todos en la habitación fueron hacia la mesa para celebrar los resultados de los jóvenes con una gran cena. El siguiente día sería la entrevista de los tributos con Caesar Flickerman. En la que cada tributo tendría tres minutos hablando con Caesar frente a todo Panem, por lo que sería importante que se prepararan y practicaran lo que dirían y como actuarían. Los estilistas estaban más que entusiasmados por la ropa que les prepararon para este día, sobre todo Cinna. Durante los tres días de entrenamiento Katniss y Peeta habían hecho todo prácticamente juntos, por lo que fue una gran sorpresa para Katniss el que Peeta quisiera que para eso los prepararan por separado.

Traición. Esa fue la palabra que se le vino a la mente. Aunque se preguntaba, ¿por qué debería sentirse así? Para sentir traición primero debe haber confianza entre ellos. Y Katniss había decidido desde el comienzo que no confiaría en Peeta y mucho menos con lo que sucedió con las puntuaciones. Definitivamente era mejor que quedara claro desde ahora que no eran amigos y que cada uno se vaya por su lado. Aunque Katniss jamás admitiría que realmente disfrutaba la compañía de Peeta durante el almuerzo. De verdad disfrutó hablar con él. Las charlas que tenían eran tranquilas y relajantes. Incluso hubo ocasiones en las que ella tuvo que resistir el impulso de soltar una risa. Pero ahora decidió apartar el pensamiento de que tal vez hubiesen podido llegar a ser amigos. Cada uno está por su cuenta. Solo. Así es como debe ser.

Haymitch les explicó que él y Effie se turnarían para tener charlas privadas con ellos. Cada uno tendría una sesión de cuatro horas.

A la mañana siguiente Peeta se encontraba en su sesión con Haymitch, una vez terminada la sesión con Effie.

-Bien. Sabes hablar fluidamente. Sabes sonreír. Y sabes bien qué decir. Sin mencionar que ya te mostraste agradable a varias personas el día en que llegamos. Creo que te irá muy bien en la entrevista. –Comentó Haymitch.

Definitivamente esta sesión con el muchacho había sido mucho más satisfactoria que su anterior sesión con la chica en llamas. Ahora que Peeta estaba a solas con Haymitch, decidió que era el momento de hablar con él.

-Haymitch, necesito hablarte de algo. –Dijo el joven seriamente.

-¿Sobre qué?

-Sobre Katniss.

-¿Qué ocurre con ella?

-Ella es quien debe ganar los juegos, Haymitch. Tenemos que hacer que Katniss gane.

Esto tomó por sorpresa a Haymitch. De los dos tributos, el joven había sido quien obtuvo no sólo la puntuación más alta, sino la más alta que se pudiera obtener, además de que sabía hablar mucho mejor y era mucho más agradable que la chica. Es obvio quien de los dos tiene la suerte de su lado. ¿Pero él está diciéndole que quiere que ella gane? Se quedó unos segundos observando a Peeta con intriga antes de volver a hablar.

-¿Por qué?

-Porque quiero que ella regrese al doce. Y necesito tu ayuda para eso.

-Pero de los dos tú eres quien tiene más posibilidades de ganar. Tienes una gran puntuación y sabes ganarte el afecto del público. ¿Por qué razón quieres que sea ella quien gane?

Peeta suspiró, sabiendo que no podía decirle a Haymitch todas las razones que tenía, le dijo la que le pareció la más lógica y convincente.

-Yo no tengo a nadie, Haymitch. Nadie lloraría por mí si muero en los juegos. Pero Katniss tiene a su familia. Su hermana. Sus padres. Sé que hay varias personas que quedarían muy dolidas por su pérdida. Si alguien debe regresar al doce es ella, no yo.

Haymitch se quedó examinando al joven, no completamente convencido de lo que acababa de decirle. Sospechaba que debía haber alguna otra razón que no quería decirle.

-¿Ella te gusta?

-¿Qué? –Peeta abrió bien grande los ojos. Esta pregunta lo tomó por sorpresa.

-Hasta donde sepa, ustedes dos nunca han sido amigos y no han cruzado palabra alguna hasta que subieron al tren. ¿Y esperas que crea que estás dispuesto a sacrificar tu vida por una completa desconocida sólo porque tú no tienes nada? ¿Estás enamorado de ella? –Dijo lo último arqueando una ceja.

-Ah…bueno…yo… –Peeta no sabía cómo responder a esto.

-No es cierto. Si lo estás. –Haymitch inclinó la cabeza para atrás para luego negar con la cabeza mientras suspiraba.

-¡Yo no dije eso! –Respondió Peeta, nervioso.

-¿Desde hace cuánto que lo estás? –Preguntó Haymitch, ignorando su negación.

Peeta suspiro, rindiéndose.

-Desde los cinco años. Ella no lo sabe.

-Así que terminaste en este circo de muerte junto con la chica que amas y a la que nunca pudiste decirle lo que sientes. –Decía Haymitch, con los brazos cruzados. –La suerte sí que está de tu lado. –Dijo la última parte con sarcasmo.

-¡Ya! ¿De acuerdo? ¿Vas a ayudarme o no? –Preguntó Peeta, irritado.

Haymitch suspiró, volteando la cabeza.

-Pues… si tanto quieres ayudarla sería bueno que pensaras en algo para que no termine siendo un desastre en su entrevista.

-¿Crees que le irá mal? –Peeta arqueó una ceja.

-Esa chica podrá querer mucho a su hermana pero tiene tanto encanto como una babosa muerta, -Decía Haymitch, irritado. – y ni siquiera sabe mentir. Tendrá suerte si el público por lo menos no termina odiándola.

Eso sin duda sería un problema. Peeta sabía que para que Katniss consiga patrocinadores ella deberá presentarse bien en la entrevista, pero por lo que le estaba diciendo Haymitch, la chica no parecía tener oportunidad de ganarse al público. Necesitaba hacer que ella se viera bien, que se viera deseable. Entonces se le ocurrió una idea.

-¿Qué tal si hago algo para que el público la quiera? ¿Si digo que yo la quiero?

Haymitch arqueó una ceja.

-¿Hablas de decir frente a todo Panem que la amas?

-Si. Bueno, más o menos.

-Mmm. Un amor trágico. Algo que nunca antes se ha visto en los juegos.

-¿Crees que eso la haría ver deseable?

-Pues, con una confesión profunda y algunas otras palabras, no tengo dudas de que el público quedaría conmovido. –Dijo con una sonrisa.

-¿Deberíamos decírselo a Katniss? Quiero decir… ¿Que esto sería una estrategia?

-Será mejor que no. –Dijo Haymitch, con el ceño fruncido. –Como te dije esa chica es una mala mentirosa, el público no se tragaría que ella podría estar enamorada de ti también.

-Entonces… ¿Qué sugieres?

-Tú sabes bien que decir. Háblales de tu enamoramiento. Que el público quede cautivado por su romance. Y así yo venderé a los trágicos amantes del distrito doce.

-Pero no somos amantes trágicos.

-Esto es televisión muchacho. No importa si algo es real o falso. Lo que importa es que el público tenga algo que adoren. Esa es la clave de la supervivencia.

Peeta asintió, comprendiendo lo que Haymitch quería decir.

-Una cosa más Haymitch. –El mentor prestó atención. –Cualquier cosa que puedas enviarnos a la arena, quiero que todo sea para Katniss.

-¿Estás seguro?

-Lo estoy.

Haymitch volvió a suspirar para luego asentir.

-Muy bien. De acuerdo. Si tanto quieres sacrificar tu vida adelante. –Dijo con un encogimiento de hombros. –No tengo idea de que le ves a esa chica. Es tu problema.

El hombre agitó su mano para levantarse y salir de la habitación.


La música sonaba por todo el lugar, mientras las luces del escenario se iban encendiendo y mostraban a alguien con el cabello azul y una cola de caballo sentado en una silla que estaba de espaldas al público y que lentamente se iba girando, revelando al hombre que tanto conocían los cientos de espectadores sentados que empezaban a aplaudir y saludar.

-Damas y caballeros. Su maestro de ceremonias. ¡Caesaaaaaaaaaaar! ¡Flickerman! –Presentó la voz de un hombre por un micrófono.

Al darse la vuelta por completo, Caesar se levantó de su asiento con una gran sonrisa y saludó al público.

-¡Gracias! Gracias. –Decía Caesar inclinándose ante la multitud. -¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos! ¡A los septuagésimo cuartos juegos anuales del hambre! –El público gritaba de la emoción mientras seguían aplaudiendo. –Ahora, en cinco minutos todos van a estar aquí. Todos los tributos, de los que han oído. ¿Están emocionados? ¡Que se escuche! –Las personas en los asientos gritaban aún más emocionados.

Y así fue como comenzaron las entrevistas.

Cada tributo iba vestido lo más elegante que sus estilistas pudieron hacerlos lucir. Cada joven tuvo tres minutos con Caesar para hablar e intentar ganarse al público. A medida que iban pasando se iban ubicando tras el escenario mientras se iban sentando en circulo. Algunos como Cato se mostraban arrogantes y super confiados de que ganarían. Otros intentaban lo mejor que podían para caerle bien al público, como la pequeña Rue, que se mostraba tierna y adorable para los espectadores. Su compañero de distrito no era nada como Rue. Thresh era un muchacho grandote, que mientras hablaba con Caesar contestaba bien serio y con una actitud segura de sí mismo. Finalmente había llegado el turno de Katniss.

Peeta no podía evitar observarla. Estaba vestida con un vestido largo de color rojo con brillantes detalles y llevaba el cabello atado en una trenza sobre su nuca. El muchacho estaba bien convencido que de entre todas las chicas en ese lugar, ella era definitivamente la más hermosa.

-Del distrito doce. Ustedes la conocen como ¡la chica!, ¡en llamas! –El público aplaudió fuerte por este nombre. –Y nosotros la conocemos como la adorable, ¡Katniss Everdeen!

La chica entro caminando lentamente hacia el escenario mientras observaba al público que no paraba de aplaudir. Luego de unos segundos se tomó asiento en su lugar y Caesar se acomodó en su propio asiento junto a ella. Katniss seguía muy conmocionada que no escuchó lo que Caesar le había preguntado.

-¿Qué? –Preguntó la chica, haciendo reír al público.

-Creo que alguien está un poco nerviosa. Ah Ja Ja Ja Ja. Te dije que fue una gran entrada la que tuviste el otro día en el desfile de tributos. ¿Nos hablarías de eso?

Katniss se esforzaba por recordar el consejo que le dio Cinna. Que sea lo más sincera que pueda, sin insultar a nadie e imaginar que está hablando con un amigo.

-Pues yo sólo… esperaba que el fuego no me quemara. –Comentó nerviosa la chica.

Para su alivio esto causo una gran risa en el público y en Caesar. Realmente era una suerte que la gente se pudiera reír de lo que decía, ya que ella en ningún momento sonreía. Mantenía una mirada serena y un tanto fría. Le era simplemente difícil tener que intentar caerle bien a gente que apostaba si moriría o no.

-Cuando apareciste en ese carro, debo decir, mi corazón se detuvo. ¿Alguno de ustedes lo experimentó también? –Preguntó Caesar al público, lo cual devolvió una serie de asentimientos y algunas risas. –Mi corazón se detuvo.

-Igual que el mío. –Contestó Katniss, haciendo reír un poco más a la audiencia.

-Hablame de las llamas. ¿Eran reales?

-Si.

-Mmm. ¿En serio?

Katniss volteó su mirada hacia el público, buscando el rostro de Cinna, quien le asintió indicándole que era el momento de que hiciera lo que le había indicado.

-La verdad también las traigo puestas hoy. ¿Te gustaría verlas?

El público asintió en emoción.

-Espera, espera. ¿Es seguro? –Dijo algo dudoso Caesar.

-Mmm je je. Si. –Contestó Katniss, mostrando una sonrisa.

-¿Qué opinan amigos? –El público volvió a asentir en emoción. –Creo que eso es un sí.

Katniss se paró frente al escenario y empezó a dar vueltas en círculo. Para sorpresa y emoción de las personas en la audiencia, de la parte inferior de su vestido salían ondeando llamas con un color bien cálido pero que no iban quemando nada. El público rugió de la emoción por este espectáculo. Luego de unas vueltas Katniss se detuvo y Caesar la ayudó a mantenerse de pie para que no se callera.

-Wow. Quieta. No más giros. Adorable ¡Gracias! –Caesar ayudó a Katniss a sentarse nuevamente. Eso fue muy especial Katniss. Muy especial. Algo muy especial. Gracias por todo. –Hubo un momento de pausa antes de que Caesar volviera a hablar. –Tengo una pregunta más. Es sobre tu hermana. –Dijo mientras tomaba la mano de Katniss.

Esto era algo que aterró a Katniss. Si había algo de lo que no quería hablar era sobre su hermana. De ella no. No quería que la gente se metiera con su familia y con su vida personal.

-A todos nos conmovió tanto cuando… tú te ofreciste para reemplazarla. ¿Se fue a despedir de ti?

-Si. Lo hizo. –Katniss trató de mantener su cara seria y no romperse mientras hablaba.

-¿Y qué le dijiste al final? ¿A ella?

Katniss se le quedó mirando por unos segundos para luego tomar un respiro y contestar con voz suave.

-Le dije que intentaría ganar. Que intentaría ganar por ella

Esta respuesta le ganó un gran oww del público conmovido.

-Claro que sí. Intenta ganar. –Caesar beso la mano de Katniss. –Damas y caballeros. Del distrito doce, ¡Katniss Everdeen! ¡La chica! ¡En llamas!

El público dio un tremendo aplauso y felicitaciones mientras Caesar y Katniss se ponían de pie. La chica seguía con una cara de conmoción mientras buscaba el rostro de Cinna entre la multitud. Su estilista le devolvió una sonrisa tranquilizadora y un asentimiento, lo que le indicó que lo había hecho bien. Una vez calmados los aplausos, Katniss se retiró, aliviada de que lo había logrado, y se dispuso a tomar su lugar.

Ahora era el turno de Peeta.

-Del distrito doce. Demos la bienvenida, ¡a Peeta!, ¡Mellark!

Peeta iba vestido con pantalón y saco de vestir, con el cabello rubio peinado hacia atrás. Los bordes de su saco eran de color rojo, y en sus mangas había llamas también de color rojo. Katniss pensó que se veía muy bien. El muchacho tomó asiento junto a Caesar.

-Peeta. Bienvenido. ¿Cómo te encuentras en la capital? ¡No digas con un mapa! –Bromeó Caesar, haciendo reír a la multitud.

-Es diferente. –Mostraba una agradable sonrisa. –Muy diferente a casa.

-¿Diferente en qué sentido? Danos un ejemplo.

-Ah. Claro. Las duchas aquí son raras. –Eso hizo reír al público.

-Las duchas. Tenemos diferentes duchas. –El tono de broma de Caesar hizo reír de nuevo a la gente.

-Te tengo una pregunta Caesar. ¿Te parece que huelo a rosas? –Preguntó Peeta con una cara de curiosidad.

El público rio mientras Caesar puso cara graciosa, entendiendo que Peeta estaba pidiéndole que lo oliera.

-Ah…

-Sí, acércate.

-Claro.

Caesar se inclinó para oler a Peeta, con lo que el público soltó una gran carcajada.

-Mmm. ¿Yo huelo también? –Ahora era Caesar quien pidió a Peeta que lo oliera.

El muchacho se inclinó para oler al anfitrión, aumentando la risa del público.

-Mmm. Realmente hueles mejor que yo.

-Pues yo vivo aquí hace años.

Ambos se acomodaron con una gran sonrisa mientras el público no paraba de reír. Hasta Caesar se estaba riendo mucho con este joven.

-Que gracioso. –Caesar se puso en un tono un poco más serio. –Peeta, creo que no hace falta decir que todos estamos muy impresionados por tu puntuación tan alta durante el entrenamiento. –El público estuvo de acuerdo en esto. –Han sido muy pocos los que han obtenido un doce a lo largo de la historia. Dime, ¿te gustaría compartir con nosotros qué fue lo que pasó durante tu sesión?

-No puedo hacer eso Caesar.

-¿Por qué no?

Peeta se sentó con la espalda bien recta en su silla. Poniendo una expresión neutra mientras giraba su cabeza hacia Caesar, y respondió con voz dura, haciendo su mejor imitación del tío Bob.

-Si te lo dijera, tendría que exterminarte.

Este acto tomó por sorpresa a Caesar, quien se quedó quieto y callado mirando algo nervioso al muchacho que no quietaba su expresión fría hacia a él. La gente en la audiencia se quedó quieta y callada también por este gesto.

-¡Boo! –Soltó de repente Peeta hacia Caesar, haciéndolo saltar un poco y también a algunas personas del público. –Te hice saltar, ¿eh? –Dijo el muchacho con risa y su sonrisa agradable de vuelta.

El público inmediatamente estalló en carcajadas por el susto que Peeta le pegó a Caesar. Quien soltó una risa nerviosa por la broma que le jugó el joven.

-Ja Ja. Me atrapaste. –Caesar se aclaró la garganta antes de volver a hablar. –Dime una cosa Peeta. ¿Tienes alguna novia esperándote en casa?

Esto llamó la atención de Katniss.

-No. No hay nadie. –Contestó Peeta.

-¿Un chico tan apuesto y simpático como tú? ¡Es imposible que eso sea cierto! Vamos, cuéntanos.

Este era el momento perfecto para que Peeta pusiera en marcha su estrategia.

-Bueno. Sólo hay alguien, de quien he estado enamorado desde siempre. Pero sé que no ha podido reconocerme, hasta la cosecha.

La multitud expresa su simpatía. Comprenden lo que es un amor no correspondido.

-¿Tiene a otro?

-No lo sé. Aunque le gusta a muchos chicos.

-Bueno. Te diré algo Peeta. Ve a los juegos. Gana esa competencia. Y al volver a casa, ella tendrá que salir contigo. ¡¿No es verdad?! –Preguntó Caesar al público.

Todos los espectadores rugieron en afirmación.

-Gracias. Pero ganar no servirá de nada. –Respondió Peeta.

-¿Por qué no?

Había varias formas para el muchacho de responder esa pregunta. Pero sólo bastó con decir una sencilla frase mientras bajaba la cabeza.

-Porque… ella vino conmigo.

Durante un tiempo, las cámaras se quedan clavadas en la mirada baja de Peeta mientras todos asimilan lo que acababa de decir. Después enfocan la cara de Katniss. En shock, con una mezcla de sorpresa y protesta. Al darse cuenta la chica siente como se le ponen las mejillas rojas y agacha la cabeza.

-Eso si es mala suerte. –Dice Caesar, y parece sentirlo de verdad.

-Si. Lo es. –Contestó con pesar Peeta.

-¿Ella lo sabía?

-Hasta ahora, no.

-¿Les gustaría que ella regresara a dar una respuesta? –Pregunta Caesar a la audiencia, que responde con gritos afirmativos. –Por desgracia, las reglas son las reglas. Y el tiempo se nos ha terminado. Pero te deseo la mejor de las suertes, –Saluda a Peeta con un apretón de manos. – y creo que hablo por todo Panem, cuando digo que te llevamos en el corazón. ¡Peeta Mellark! ¡Del distrito doce!

El rugido de la multitud es ensordecedor. Peeta ha borrado a todos los demás tributos del mapa al declarar su amor por Katniss. Cuando la multitud finalmente se calla, Peeta murmura un gracias y se retira.

-Bueno. Esta noche sin duda ha sido muy emocionante para todos. –El público responde en afirmación. –Pero antes de que terminemos, tengo un aviso muy importante. –Caesar hizo un gesto para que la gente guardara silencio. –Este año, han avisado que habrá una sorpresa muy especial durante estos juegos. Según nos informan, veremos algo en la arena que, prometen, nos dejará a todos más que, impactados.

La audiencia se llenó instantáneamente de murmullos de curiosidad y emoción.

-Así que, estén atentos a nuestras transmisiones y no se pierdan ni un momento. ¡Gracias a todos por venir! ¡Y felices Juegos Del Hambre!

El público volvió a rugir de la emoción mientras se ponían de pie para escuchar el himno del Capitolio.