Muchas gracias a los que van siguiendo mi historia. Les aviso que esta historia abarcará los 3 libros así que hay mucho que contar todavía. Trato de respetar la obra de Suzanne Collins en lo más posible pero sé que no hay que hacer exactamente la misma historia ya conocida. Tengan por seguro que habrá más Terminators a lo largo de la historia, sólo tengan paciencia!


Peeta había logrado bien su objetivo. Mientras subía por el ascensor se preguntaba cómo será que lo estará tomando Katniss. Él no sabía cómo ella reaccionaría. Pero cuando salió del ascensor y entro en la habitación no esperaba que Katniss viniera hacia él y lo empujara fuertemente, haciéndolo caer contra una urna de flores, la cual al romperse los pedazos de esta se quedaron clavados en sus manos al aterrizar sobre ellos.

-¡AAAHHH! –Peeta se levantó con sus manos teniendo clavadas varios de estos pedazos. -¡¿Por qué hiciste eso?!

La chica en llamas no perdió el tiempo en avanzar hacia él y acorralarlo con su brazo derecho contra la pared. En ese momento el ascensor se abre y aparecen Effie, Haymitch, Cinna y Portia, viendo lo que está sucediendo.

-¡¿Qué fue lo que hiciste?! ¡¿No me hablas y ahora estás enamorado de mí?! ¡No tenías derecho a decir eso sobre mí!

-¡Ya basta! ¡Basta! –Haymitch aleja a Katniss de Peeta y se pone entre ella y él.

Portia se pone al lado de Peeta, horrorizada por lo que le pasó a sus manos, mientras que Effie mira con cara de horror y Cinna queda cerca de Katniss.

-Fue idea tuya, ¿verdad? ¿Convertirme en una idiota frente a todo el país? –Preguntó la chica a Haymitch.

-Fue idea mía. –Intervino Peeta. –Haymitch sólo me ayudó a desarrollarla.

-Haymitch es una gran ayuda. ¡Para ti!

-De verdad eres estúpida. –Dijo Haymitch, asqueado. –Él te hizo un favor.

-¡Me hizo ver débil!

-Hizo que te vieras deseable. ¡Y créeme! ¡Necesitas mucha ayuda para que eso sea posible! Eras tan romántica como un trozo de roca hasta que él dijo que te quería. Ahora todos te quieren y sólo hablan de ti. Cielito.

-Él tiene razón Katniss. –Dice Cinna, en tono tranquilo.

-Claro que la tengo. –Vuelve a hablar Haymitch. –Y ahora venderé, ¡a los trágicos amantes del distrito doce!

-¡Nosotros no somos amantes trágicos! –Volvió a protestar Katniss.

Haymitch rodó los ojos y sacudió la cabeza con molestia, irritado por la ingenuidad de la chica.

-¡¿A quién le importa?! Es televisión. ¿Oíste? Estar enamorada de él, con la atención que tienes ahora puede conseguirte patrocinadores. Lo cual tal vez salve tu estúpida vida.

Katniss estaba empezando a retroceder con esto. No sabiendo que pensar.

-Tendría que haberlo sabido. Así no habría parecido tan estúpida.

-No, tu reacción ha sido perfecta. De haberlo sabido no habría parecido tan real. –Intervino Portia.

-Sólo está preocupada por su novio. –Dijo Peeta, malhumorado mientras quita algunos trozos de cerámica de sus manos.

-No tengo novio. –Afirma Katniss, lo cual era cierto pero se le encienden sus mejillas al pensar en Gale.

-Lo que tú digas. Pero sea quien sea estoy seguro de que es lo bastante listo como para reconocer un acto. Tú no dijiste que me amaras, así que ¿qué importa?

Katniss se queda callada mientras reflexiona y se da cuenta de que tienen razón. En su entrevista sólo les ofreció una chica imbécil dando vueltas con su vestido y risitas tontas. El único momento de sustancia fue cuando habló sobre Prim. Pero Peeta, al declarar su amor, la ha convertido en un objeto de amor. No sólo de él, sino del público. Al final en esta noche en lugar de terminar luciendo sólo presumida y superficial, como sintió que fue su entrevista, terminó bella gracias a las manos de Cinna, trágica por las circunstancias, deseable gracias a la confesión de Peeta, y mires por donde mires, imposible de olvidar. Katniss se quedó callada, y no tardó en darse cuenta de que su reacción no fue la más correcta.

-Bueno, mejor vallamos a prepararnos para cenar. –Dijo Haymitch y todos se retiran.

Portia llevó a Peeta para curar sus manos antes de cenar.

En la cena Katniss veía las manos de Peeta envueltas en vendas y no pudo evitar sentirse culpable, porque en la mañana estarían en la arena, él le ha hecho un gran favor y ella lo que hizo fue romperle las manos. Otra deuda más que no podía pagarle.

Cuando terminan la cena, antes de retirarse, Peeta pregunta a Haymitch.

-¿Un último consejo?

-Ellos ponen toda clase de cosas al frente, armas, provisiones, justo en el borde de la Cornucopia. –Haymitch mira a Katniss. –Incluso vas a ver un arco ahí. No vayan por ahí.

-¿Por qué no? –Pregunta Kaniss

-Es un baño de sangre, no deben ir hacia eso. Cuando el juego comience salgan corriendo, pongan la mayor distancia entre ustedes y los otros y busquen una fuente de agua.

-¿Y despúes?

-Sigan vivos.


-Entonces, Cato, Clove, Marvel, y Glimmer. Ellos son los profesionales. –Dijo Peeta, sentado contra la pared, mirando por la ventana a la gran celebración que festejaba la gente.

-Del distrito 1 y el distrito 2. Entrenados en el combate desde temprana edad para participar en Los Juegos Del Hambre. Lo más probable es que ellos sean tu mayor amenaza. –Contestó el tío Bob, a través del comunicador.

En la mañana por fin iniciarían los juegos, por lo que Peeta se encontraba hablando con el Terminator para pedirle unos consejos finales.

-Sí. Los he estado observando estos días. No tienen problema en mostrar de lo que son capaces. –Contestó Peeta. -¿Algún consejo que pueda usar contra ellos?

-Los tributos profesionales suelen ser entrenados más que nada en técnicas de batalla, pero no en supervivencia. Es muy probable que carezcan de habilidades cómo recolección, orientación y rastreo.

-Eso puede servir. –Peeta vaciló un momento antes de preguntar algo que ha estado pensando desde que terminaron las entrevistas. –Caesar dijo que en la arena habrá una gran sorpresa, una que dejará impactados a todos, ¿se habrá referido a los mutos mitad lobo y humanos de los que me hablaste? –Preguntó Peeta, recordando cómo el tío Bo le había hablado sobre los mutos, creaturas genéticamente modificadas para asesinar en la arena, que el Capitolio había preparado para los juegos.

-Mis registros no contienen ninguna información sobre que se halla anunciado un evento tan importante durante los septuagésimo cuartos Juegos Del Hambre. –Contestó el tío Bob

-¿Quieres decir… ¿Que es una alteración en la línea del tiempo? –Dijo Peeta, sorprendido.

-Es correcto. Por lo que es imposible predecir qué es lo que encontrarás en la arena. –Respondió el Cyborg.

-Está bien. Me enseñaste bastante. Creo que podré manejarlo.

Peeta miró a sus manos envueltas en vendas. Molestaban un poco pero ha tenido peores, sabía que estaría bien. No estaba molesto con Katniss por haberlo empujado pero su reacción al que alguien declare que está enamorado de ella sí que le pareció algo extrema. Entonces recordó cómo Katniss estaba preocupada por su familia luego de su sesión. Si hay algo que Peeta sabía sobre ella es que Katniss ama a su familia, sobre todo a su hermana. Si algo le pasará, ella quedaría destrozada. Y si Katniss es tan importante como él cree que lo es con más razón necesitará a su familia que la apoye.

-Tío Bob, quiero pedirte una última cosa. –Dijo Peeta, bien decidido.

-¿Qué deseas?

-Sin importar lo que pase, cuida a la familia de Katniss, y asegúrate de que no pasen hambre.

-¿Es una orden?

-Sí, es una orden. –Respondió Peeta con una pequeña sonrisa y una risa.

Peeta nunca le decía las cosas al tío Bob como una orden, pero sabe que el Cyborg interpreta todas sus peticiones como órdenes.

-De acuerdo. –Contestó el Terminator. –Debido al campo de fuerza que rodea a la arena será muy difícil comunicarme. Debo informarte que estarás por tu cuenta.

-No te preocupes, podré cuidarme. –Peeta vaciló unos momentos antes de decir sus últimas palabras. –Gracias tío Bob. Estos años… realmente han sido increíbles. No fallaré en esto. Haré todo de mi parte por hacer que Katniss gane. –Dijo con firmeza.

Hubo un momento de silencio antes de que el tío Bob respondiera.

-Estaré observando. No bajes la guardia. Cuídate. Peeta. – El Terminator finalizó la comunicación.

Peeta siguió observando en silencia a través de la ventana durante unos minutos, y escuchó una voz detrás de él.

-¿No puedes dormir?

Peeta se sobresaltó un poco por la voz pero sonrío un poco al reconocer que era la voz de Katniss.

-Es que no quería perderme la fiesta. –Respondió el muchacho sin voltearse.

Katniss se acercó al otro lado de la ventana y se sentó frente a él, viendo las calles llenas de gente bailando.

-Escúchalos. Es una locura. –Dijo Katniss.

-Si. Lo es. –Estuvo de acuerdo Peeta.

En ese momento Katniss ve las manos de Peeta envueltas en vendas, recordando nuevamente que ella fue la causante de eso.

-Lamento mucho haberte agredido. De verdad. –Dice Katniss, con pena.

-No importa Katniss. –Dice Peeta.

-Creo que te puse las cosas difíciles.

-De todas formas, estoy seguro de que en la arena los vigilantes me las pondrán difíciles. –Dice Peeta, con un encogimiento de hombros.

Con lo que dijo su compañero Katniss recordó sobre la puntuación bien alta que obtuvo Peeta, incluso más alto que ella. Y si ella obtuvo un once por disparar contra los vigilantes, ¿entonces qué habrá hecho él para obtener un doce? Katniss se moría de curiosidad por saberlo.

-¿Qué fue lo que hiciste?

Peeta vaciló unos segundos y decidió contarle lo más importante.

-¿Conoces la historia sobre cómo nacieron los sinsajos?

Katniss puso cara de confundida pero asintió.

-Si.

-Durante los días de guerra, el Capitolio creo aves llamadas charlajos, los cuales tenían la habilidad de imitar y repetir las voces que escuchaban a su alrededor. El Capitoleo usó a los charlajos para poder espiar a los rebeldes y así saber qué es lo que pretendían. –Decía Peeta.

-Pero los rebeldes se dieron cuenta, y empezaron a decir mensajes falsos, para poder engañar al Capitolio. –Continúo Katniss.

-Y cuando la guerra terminó, el Capitolio abandonó a los charlajos en los bosques, esperando que murieran. –Continúo Peeta.

-Pero los charlajos terminaron apareándose con los sinsotes del bosque, y así nació una nueva especie. –Continúo Katniss.

-El sinsajo. –Terminó Peeta.

-¿Pero eso qué tiene que ver con lo que te pregunté? –Cuestionó Katniss, más confundida.

-La aparición de los sinsajos fue una sorpresa para el Capitolio, algo que se les fue de las manos. Así que dibujé el símbolo del distrito 12, un sinsajo con una flecha, y lo usé diciendo que el Capitolio no puede controlar todo como ellos creen. –Dijo Peeta, con firmeza.

Katniss no sabía cómo reaccionar ante esta revelación. Lo que Peeta hizo definitivamente podía tomarse como un insulto al Capitolio. Si no estuviera en Los Juegos Del Hambre seguramente lo ejecutarían de inmediato o convertirían en un Avox por este acto.

-¿Por qué hiciste eso? –Preguntó la chica.

-No quiero que me cambien. –Contestó Peeta, mirando hacia la ventana.

-¿Cómo harían eso? –Preguntó Katniss

-Convirtiéndome en algo que no soy. No quiero morir siendo un monstruo, porque yo no soy así.

-¿No matarás a nadie?

-No, llegado el momento tendré que hacerlo. Sé que tendré que hacerlo, Katniss. Pero quería al menos hacer algo para demostrarles que no soy sólo una pieza de sus juegos. –Dijo Peeta, con toda firmeza.

-Pero lo eres, todos lo somos al final. Además, ¿a quién le importa? –Contestó Katniss.

-A mí sí.

-Escucha si quieres pasar tus últimos momentos planeando una muerte noble es cosa tuya. Yo prefiero pasar las mías en el doce. –Dice Katniss, aunque sintiéndose inferior por las palabras de Peeta. Luego responde vacilando: –Yo nunca podría pensar así. Tengo a mis padres. Y a mi hermana.

-Lo sé. –Contestó Peeta, con una sonrisa cálida.

Peeta se levantó dando las buenas noches y se dirigió hacia su habitación. Al final estaba feliz, por fin había podido acercarse a Katniss y hablar con ella. Sólo eso era suficiente para hacerlo feliz.

Katniss seguía pensando en las palabras de Peeta, ya queriendo ver que es lo que sucedería en la arena con él. Ella pensaba con toda seguridad de que Peeta Mellark al final terminaría volviéndose un mercenario y asesino como todos al final, como todos.

No tenía idea de lo equivocada que estaba.


El día de los septuagésimo cuartos juegos del hambre había llegado. Los capitolinos se reunían ansiosos para presenciar su diversión anual. En los distritos la gente como siempre siendo forzada a ver la masacre a la que estaban condenados sus hijos. Los tributos siendo llevados hacia la arena junto con sus rastreadores implantados en sus brazos.

Peeta se encontraba en su sala del cilindro de ingreso a la arena junto con Portia, a punto de subir hacia la arena. Cuando Portia terminó de vestirlo se le acercó con ojos vidriosos para despedirlo.

-Ya es hora.

-Gracias por todo, Portia. ¿Sabes?, yo perdí a mi madre de muy joven. Y la verdad, en estos días tú has sido tan maravillosa conmigo… me has hecho sentir… que tengo una madre otra vez. –Dijo Peeta, muy feliz por todo lo que ha hecho la mujer por él. Realmente en unos días le ha dado todo el cariño que su madre nunca le dio.

Portia no pudo evitar derramar lágrimas ante esto, sintiendo más que nunca la injusticia que se estaba cometiendo.

-El que seamos del Capitolio… no significa que disfrutemos el tener que mandarlos a la arena. –Dijo Portia con pesar. –Lamento mucho que terminarás aquí.

-Está bien. Gracias por todo. –Dijo Peeta, con los ojos algo vidriosos.

Portia le dio un cálido abrazo y le acarició la cabeza antes de soltarlo.

-A los estilistas no se nos permite apostar, pero si pudiéramos, Cinna y yo apostaríamos por ustedes.

Peeta le regaló una sonrisa de agradecimiento y se dispuso a entrar en el cilindro. Mientras el cilindro comenzaba a subir Peeta dio una última mirada a Portia a través del cristal. Su estilista le devolvió el saludo, con lágrimas bajando por sus mejillas.

El momento había llegado.

Peeta finalmente llegó a la superficie y contempló a su alrededor.

Los 24 tributos emergieron del suelo formando un círculo sobre sus plataformas, todos vestidos con pantalones, chaquetas, y botas, con el atuendo de diferente color para cada distrito. La arena era un claro en un bosque que se encontraba cerca de un lago. En el centro del círculo que formaban los tributos se encontraba la edificación con forma de cuerno conocida como la Cornucopia, alrededor de ella se encontraban todo tipo de armas y provisiones.

-Que comiencen los septuagésimo cuartos Juegos Del Hambre. –Sonó la voz de Claudius.

El contador arrancó, indicando sesenta segundos para que comience la competencia. Los tributos en sus plataformas se preparaban para ir con todo lo que tenían hacia la Cornucopia. Peeta observó a su alrededor y no tardó en encontrar a Katniss, ubicada tan solo a unas pocas plataformas a su izquierda. Vio que la chica tenía la mirada firme hacia algo. Peeta volteó la mirada hacia la dirección en la que Katniss estaba mirando y encontró la razón de su atención. Un arco y flechas. Por la mirada que tenía Katniss era obvio que pensaba ir por ellos pero Peeta sabe que eso no es buena idea, debe hacer lo que Haymitch les indicó, alejarse lo más posible de ahí. Luego de unos segundos Katniss volteó la mirada y encontró a Peeta. El muchacho trataba de indicarle con su cabeza que no fuera hacia la Cornucopia, pero Katniss no logró entender lo que intentaba decirle hasta que fue muy tarde.

El contador llegó a cero.

El gong sonó.

Los tributos empezaron a correr.

Los Juegos Del Hambre han comenzado.