Y ahora, empieza la acción. Disfrútenlo.
-¿No deberíamos haber oído ya el cañón?
-Sí, no hay nada que les impida bajar de inmediato.
-Está muerta, yo mismo la atravesé.
-¿Entonces qué pasa con el cañón?
-Alguien debería ir a ver si está muerta.
-Si. No quiero tener que perseguirla dos veces.
-¡Les dije que ya está muerta!
El primer día en los juegos había llegado a su fin, y la noche se había presentado. Ya habían muerto un total de once tributos durante el baño de sangre de la cornucopia. En este momento se encontraban en medio del bosque discutiendo los tributos del distrito 2, Cato y Clove, junto con los tributos del distrito 1, Marvel y Glimmer, y la chica del distrito 4. Formaron una alianza para cazar a los demás tributos de la arena. Acababan de encontrar a la chica del distrito 8, quien muy ingenuamente había encendido una fogata en la oscuridad del bosque, siendo la luz de este fuego lo que guio a los verdugos hacia ella. Una vez que creyeron haberla matado se alejaron mientras reían emocionados por su matanza, pero se dieron cuenta de que ningún cañón había sonado y empezaron a discutir a gritos si de verdad estaba muerta.
-Oigan ¡Oigan! –Los interrumpió una voz. -¡Estamos perdiendo el tiempo! ¡Iré a terminar con ella y seguiremos avanzando! –Les dijo Peeta, quien había estado observándolos discutir hasta que finalmente se hartó.
Los profesionales se miraron entre sí antes de contestar.
-Bien, enamorado. Ve. –Dijo Cato, no muy contento por cómo le habló, pero Peeta sólo ignoró esto y se dirigió hacia el cuerpo de la tributo.
Lo que no sabían es que arriba en un árbol, a unos cuantos metros desde dónde estaban esperando se encontraba alguien que los observaba y había escuchado todo. Katniss quedó en shock al ver que Peeta se había unido a los profesionales para poder cazar a los demás tributos. Ella podía soportar varias cosas, pero esto era distinto. Los tributos profesionales son conocidos por ser unos verdaderos asesinos barbáricos. Todo el mundo los odia salvo los de su propio distrito. Katniss empezó a sentir ira y traición nuevamente.
-¿Seguro que no quieres que lo matemos ahora? –Comentó Clove a Cato.
-No. Su compañera es astuta. Sólo con él la encontraremos. –Respondió Cato.
La chica en llamas no tardó en darse cuenta de que estaban hablando de ella.
-Si no lo matan ustedes lo mataré yo. –Susurró frustrada la chica.
Mires por donde mires, los tributos profesionales son malvados, arrogantes y están mejores alimentados, pero sólo porque son los perros consentidos del Capitolio. Seguramente todos en el 12 estarán diciendo y pensando cosas horribles sobre Peeta Mellark, al igual que ella. Nadie del distrito minero se atrevería jamás a unirse a ellos. Los habitantes de la Veta y los comerciantes tal vez no se lleven bien, pero si hay algo en lo que están de acuerdo es que por nada del mundo alguno de ellos se metería entre sádicos que les gusta matar por diversión. El ver que alguien de su propio distrito se haya unido a este grupo no les podía producir otra cosa que no sea desprecio.
El problema con la gente del distrito 12, es que muy pocos son capaces de dejar de lado su orgullo y usar la cabeza.
Si no puedes vestir la piel del león entonces viste la del zorro. Y ese es el caso de Peeta. Como el tío Bob predijo, los profesionales carecían de habilidades de supervivencia. Siendo Katniss una experta en los bosques no le costó mucho a Peeta engañarlos para que lo dejaran unirse. Tal vez parezca una traición, pero al estar con los profesionales el muchacho podía mantenerlos vigilados mientras iba observándolos y asegurándose de que no pudieran encontrar a Katniss. Peeta entrenó para combatir, pero era lo bastante inteligente como para saber que no sería lo más sensato tratar de enfrentar directamente a los profesionales, más que nada porque lo superan en número. Debía ser paciente y esperar el momento exacto.
Peeta siguió caminando hasta que se encontró con la chica del distrito 8, tumbada en el suelo respirando difícilmente, no estaba muerta pero pronto lo estaría. Los ojos de la chica brillaron con miedo al ver al rubio acercarse a ella, pensando que había vuelto para terminar con el trabajo.
-Tranquila. –Susurró Peeta, mientras se arrodillaba y tomaba su mando, cosa que tomó por sorpresa a la chica. –Lo lamento. –Dijo con pesar mientras le acariciaba el rostro y dándole una mirada diciéndole cuanto lo sentía. –Tranquila… todo estará bien. Me quedaré hasta que te duermas. –Este gesto por parte del muchacho logró hacer que se sienta más calmada.
Peeta siguió consolando a la chica quien iba respirando cada vez menos, hasta que finalmente la joven volteó su mirada hacia él, para decirle sus últimas palabras.
-Gracias. –Susurró la chica, soltando unas últimas lágrimas y dando su último aliento, agradecida con Peeta por no dejarla morir sola.
El rostro de la chica quedó completamente inmóvil, al igual que su pecho. No mucho después se escuchó el estruendo del cañón indicando la caída de otro tributo. Los ojos de la chica habían quedado abiertos, así que Peeta los cerró con suavidad, y luego se apartó un poco, bajando la cabeza y cerrando los ojos un momento en señal de respeto por ella. Luego de un momento se levantó y dando media vuelta se dirigió de vuelta hacia los profesionales. No le fue nada fácil el sólo quedarse a tras mientras esos bárbaros mataban a esa pobre chica que suplicaba por su vida, pero estos eran Los Juegos Del Hambre. Si quería que Katniss viviera debía aceptar que tarde o temprano esa chica iba a morir, junto con muchos otros jóvenes, incluyéndolo a él. Pero aun así, quiso al menos hacer algo para que esa chica no muriera sola y abandonada. Esto era el destino al que el Capitolio ponía a veintitrés jóvenes todos los años, quitándoles la oportunidad de una vida. Era una satisfacción enorme el saber que en algún momento más adelante toda esta masacre a la que llaman juegos finalmente se acabaría. Sólo hubiese deseado poder estar ahí para verlo.
-Ya está. ¿Seguimos? –Les dijo a los profesionales cuando llegó con ellos.
-¿Estás seguro de que es por aquí? –Pregunta Cato, tratando de intimidar con su mirada.
Peeta había visto una serie de trampas colocadas, no dudaba que eran de Katniss. Él sospechaba que seguramente la chica en llamas se encontraba bien cerca, probablemente arriba de un árbol a salvo de los peligros y de la vista de los demás. Puede que incluso los esté observando en este momento. Pero eso es una información que los profesionales no sabrán.
-Sí, esa es su soga. Debemos seguir adelante. –Contestó para alejarlos de esa área.
-Más te vale. –Cato y los demás profesionales le dieron una mirada entrecerrada antes de darse la vuelta y seguir caminando.
Peeta se quedó un momento parado mientras los demás le daban la espalda. Aprovechó para alzar su vista hacia los árboles y echar un vistazo alrededor. De repente su visión captó algo sobre la rama de un árbol, mantuvo su mirada justo en esa dirección. Sobre la rama pareció distinguir una figura que parecía humana. Tenía razón, Katniss se encontraba arriba sobre un árbol protegida de la vista de los demás tributos. Esto hizo que una pequeña sonrisa apareciera en sus labios. Por su parte la chica en el árbol captó la mirada del rubio y se dio cuenta de que estaba mirando justo hacia dónde se encontraba ella. La frustración y el miedo se hicieron presente. Peeta la había visto. Ahora les avisará a los demás y vendrán por ella. No tenía ningún arma con la cual defenderse, si tuviera su arco y flechas podría pelear y tal vez acabar con todos desde allí arriba, pero sin armas y superada en número no tendría ninguna posibilidad. Pero para sorpresa de Katniss, el muchacho solamente volteó su cabeza hacia el frente y siguió a los profesionales, sin decirles nada. Soltó el aliento que estaba conteniendo cuando vio que el grupo se alejó bastante. Eso fue muy extraño, pensó que Peeta la había visto. Tal vez él creyó ver algo pero luego pensó que no era nada y no importaba, pero a la distancia a la que estaba eso parecía difícil de creer. ¿Es posible que si la haya visto pero no les avisó nada a los otros? Si la están cazando no se le ocurrió que razón tendría para hacer algo así. Katniss decidió que Peeta simplemente no había visto nada. Pronto amanecería y tendría que ponerse en marcha. Ella tenía cosas más importantes en las que pensar en este momento, como conseguir comida y agua.
Era el tercer día desde que los juegos habían comenzado. Los profesionales y Peeta seguían avanzando por el bosque buscando más matanzas. El rubio había logrado mantenerlos a raya y no habían visto a Katniss desde hace dos días. Con suerte ella estará muy lejos de ellos.
-¡Miren allá! –Apuntó Clove con su dedo, haciendo que los demás se detuvieran y miraran en la dirección que estaba señalando, dónde se veía una gran columna de humo saliendo del bosque.
-¡Ja! Parece que algún tonto habrá incendiado su campamento. –Río la chica rubia, Glimmer.
-Vayamos a echar un vistazo. –Ordenó Cato ansioso por encontrar al fin algún tributo que matar.
Los profesionales avanzaron con Peeta siguiéndoles el paso. Al muchacho le pareció muy extraño ver un humo tan enorme, dudaba que alguno de los demás competidores restantes pudiera encender algo de esa magnitud. Mientras avanzaban, en la dirección en la que se encontraba ese incendio le pareció haber visto unas llamas en el aire entre las ramas, como si estuviesen siendo arrojadas hacia esa área. Siguieron moviéndose hasta que llegaron a un río, ahora podían ver el fuego y los árboles quemándose desde esa distancia.
-¡Ahí está! –Gritó Clove con una sonrisa de emoción.
-¡Agárrenla! –Dijo Cato, también emocionado, al mismo tiempo que los demás lo seguían.
Peeta vio hacia dónde se dirigían y para su horror la persona a la que se referían era Katniss. Estaba tumbada en el agua y parecía estar herida, al parecer tenía unas quemaduras, seguramente vino corriendo desde ese incendio, y para su desgracia ese fuego la condujo directo a los profesionales. No tardó en darse cuenta de lo que estaba pasando. Los Vigilantes estaban detrás de esto. Y tenía razón. Hace dos días que no morían tributos y la audiencia había empezado a aburrirse. Katniss se encontraba bastante lejos de los demás participantes así que los Vigilantes le arrojaron fuego para forzarla a ir hacia los asesinos.
-Malditos vigilantes. –Susurró con frustración, mientras corría detrás de los profesionales que empezaron a perseguir a Katniss a través del bosque.
La chica tenía problemas para correr, su pierna derecha tenía una quemadura seria en la rodilla y le dolía. Detrás de ella sus perseguidores venían riendo y ansiosos por alcanzarla para poder apuñalarla, cortarla, atravesarla, matarla de diferentes maneras. Peeta los seguía bien de cerca, tratando de pensar en una manera para poder sacarla de esta, temiendo que si la alcanzan no tendrá más opción que pelear contra ellos. Durante días el joven los ha observado y estaba casi seguro de que podía vencerlos. Uno a uno. Pero cinco contra uno es demasiado para cualquiera, y con Katniss herida será muy difícil protegerlos a ambos. La chica logró llegar hasta un árbol el cual comenzó a trepar. Cuando los profesionales llegaron Katniss ya estaba bastante arriba, fuera del alcance de sus armas. Estaba a salvo, pero a la vez estaba atrapada. Cato intentó trepar para alcanzarla pero a medio camino resbaló por el tronco y calló. No estaba acostumbrado a trepar árboles, al igual que los otros.
-Yo me encargo. –Dijo Glimmer, tomando su arco y flecha, apuntando y disparando hacia Katniss, pero fallando.
-¡Dame eso! –Cato le arrebató el arco y flechas y comenzó a dispararle a Katniss, aunque fallando por mucho en cada disparo.
-¡Mejor arroja tu espada! –Se burló Katniss, haciendo enfadar a Cato.
Peeta observaba sabiendo que si continuaban así tarde o temprano la alcanzarían, podrían sugerir derribar el árbol para hacerla caer, con las heridas de Katniss duda que sobreviviría a la caída.
-Mejor hay que esperar. –Dijo interrumpiendo a los tributos. –Bajará en algún momento o morirá de hambre. Ahí la mataremos. –Agregó diciendo, como si fuera lo más lógico.
Por fortuna esto convenció a Cato y los demás para dejar en paz a la chica por un tiempo.
-Hagan una fogata. Acamparemos aquí. –Ordenó el tributo del distrito 2.
Inmediatamente comenzaron a buscar ramas para encender un fuego. Peeta miró hacia Katniss. Lo que había hecho no la salvaría pero al menos le daba tiempo para pensar en una solución. Con las quemaduras no podrá ir a ningún lado. Su única oportunidad sería que Haymitch pudiera mandarle algo para sus heridas.
Ya era de noche y los profesionales se reunían alrededor de la fogata que hicieron justo debajo del árbol en dónde se encontraba Katniss, mientras los otros conversaban y reían sobre todo lo que se divertían Peeta se encontraba recostado con la vista fija en donde estaba Katniss. Su preocupación por sus quemaduras no dejaba de cruzar su mente. Entonces en lo alto de las copas de los árboles le pareció distinguir algo, un objeto estaba descendiendo desde el cielo hacia los árboles. Era un pequeño contenedor atado a un paracaídas, los cuales son enviados por los mentores de los tributos para entregarles algo que un patrocinador les haya proporcionado. Una ráfaga de alivio surgió a través de Peeta al ver que Katniss pudo tomar el paracaídas. Haymitch logró enviarle a la chica una crema especial para las quemaduras, con eso sus heridas sanarían en poco tiempo. A pesar de que estaba más calmado, los profesionales seguían esperando, y Peeta se quedó despierto toda la noche sin apartar su vista de la chica castaña en la rama del árbol, hasta que cerca del amanecer cerró los ojos por unos momentos.
Ya había amanecido, la luz del sol iluminaba todas las partes del bosque. Peeta empezó a abrir los ojos. Al darse cuenta de que se había quedado dormido le entró un poco de pánico. Vio hacia su derecha para ver que todos los demás estaban profundamente dormidos, incluso Glimmer que se había quedado despierta para hacer guardia estaba recostada durmiendo. Miró hacia el árbol y pudo ver que Katniss seguía ahí, lo cual le dio mucho alivio, aún seguía viva. Pero al observar a la chica algo le llamó la atención. Estaba inclinada hacia una rama del árbol como si estuviese tratando de alcanzar algo, podía notar como su brazo se agitaba hacia esa rama. En ese lugar pudo distinguir una especie de objeto de color gris, como una especie de saco abultado, y veía pequeños puntos moviéndose sobre esa cosa. Entonces se dio cuenta, esa cosa arriba en el árbol era un nido, un nido de avispas, más específicamente, rastrevíspulas, insectos genéticamente modificados por los genetistas del Capitolio, y Katniss estaba cortando la rama en la que estaba ese nido para que así callera sobre ellos.
Fue una suerte para Peeta el despertarse antes, porque justo cuando la rama estaba cayendo pudo apartarse y alejarse del lugar. Los demás tributos no tuvieron tanta suerte. El nido cayó al suelo y casi inmediatamente las rastrevíspulas se abalanzaron sobre ellos. Cato, Clove, Marvel y la chica del distrito 4 salieron corriendo lo más rápido que pudieron, aunque igual recibiendo picaduras de algunas. Por desgracia para Glimmer ella estaba muy cerca de dónde cayó el nido y no pudo escapar del brutal enjambre. La picaron por todas partes sin darle oportunidad de escapar hasta que finalmente murió. Una vez que todos se fueron y los bichos se alejaron, Katniss bajó del árbol, ya recuperada de sus quemaduras, pero mientras cortaba un par de rastrevíspulas la habían picado y ahora su cabeza le estaba dando vueltas debido al veneno que empezaba a darle alucinaciones. Estaba por salir de ese lugar pero observó el cuerpo de Glimmer, sosteniendo con ella el arco con las flechas, algo que ella desde el inicio quería y necesitaba. Si se iba ahora se llevarían esas armas junto con el cuerpo de la chica rubia, así que a pesar de lo confundida que se encontraba decidió ir por ellas. Al acercarse vio que el rostro de Glimmer, que antes era el de una chica que siempre se veía bien sexy, ahora se encontraba todo abultado e hinchado con picaduras, al igual que sus manos las cuales hacían que quitarle el arco fuera más difícil por lo duras que estaban. Katniss logró obtener lo que buscaba, pero estaba sintiéndose cada vez más mareada y débil por el veneno que no podía levantarse. De repente vio a alguien venir corriendo hacia ella con una lanza, pensando que uno de los profesionales había regresado para matarla, creyó que había llegado su fin.
-¡Katniss, corre! –Escuchó una voz llamándola, y ahora distinguía que quien venía hacia ella era Peeta.
El joven se había alejado del área hasta que pasara el peligro y ahora había regresado, encontrándose a Katniss aún ese lugar, y sabe que los otros no tardarán en venir.
-¡¿Qué haces aquí?! –Le dijo arrodillándose frente a ella. -¡Tienes que irte! ¡Vete! –La tomó por los brazos y la hizo ponerse de pie.
Se escuchó un grito venir desde atrás. Peeta volteó su cabeza y vio a Cato viniendo corriendo con su espada directamente hacia ellos. Cuando Cato atacó con su espada Peeta empujó a Katniss, tomó su lanza y rápidamente se dio la vuelta, bloqueando el ataque y deteniendo al tributo enfurecido para que no se acercara a la chica.
-¡Katniss, corre! –Gritó mientras mantenía a raya al profesional del 2.
Katniss no lograba distinguir bien lo que veía, pero obedeció lo que el rubio le había dicho y comenzó a correr lo más rápido que pudo entre los árboles. A cada paso que daba se tambaleaba más y más por lo confundida que estaba su cabeza. Luego de un momento finalmente cayó al suelo, con un último pensamiento antes de desmayarse.
Peeta Mellark acaba de salvarme la vida.
Cato intentó seguirla pero Peeta le bloqueo el paso y lo hizo retroceder, poniéndose en posición de guardia.
-No dejaré que le hagas daño. –Le dijo, con determinación y firmeza.
El profesional del 2 lo miró con odio puro. Esas rastrevíspulas de verdad lo habían irritado, pero el darse cuenta de que el enano del 12 los había engañado simplemente lo puso furioso.
-Primero te mataré a ti, y después iré tras ella. –Grunó Cato, para luego atacarlo con su espada.
Peeta volvió a usar la lanza para bloquear el ataque pero esta se partió a la mitad, dejándolo sin arma. Cato sonrió con malicia, confiado de que esta pelea sería muy fácil. Volvió a atacar con su espada pero Peeta simplemente esquivó el golpe. El profesional siguió arremetiendo con su arma pero el joven del 12 iba esquivando sus ataques con facilidad, años de estar entrenando con el tío Bob habían servido de mucho. Cuando vio que Cato se estaba cansado, en una arremetida se acachó para luego barrer su pierna, este movimiento hizo que Cato se desestabilizara y soltara su espada, y Peeta aprovechó para golpearlo. Pero antes de que pudiera alcanzar la espada Cato lo tomó por el brazo y lo atrapó, inmediatamente ambos empezaron a rodar por el suelo tratando de dominar al otro. En un momento Peeta logró zafarse y ponerse de pie, Cato no perdió en tiempo en hacerlo también. Ambos oponentes respiraron y se miraron firmemente.
-No necesito un arma para aplastarte el cráneo. –Se burló Cato, que a pesar de los problemas que le dio su contrincante, el seguía siendo más grande y fuerte, estaba confiado de que alguien del distrito 12 no podría vencerlo.
Atacó con golpes y patadas que fueron esquivadas por su oponente. En un momento Peeta le devolvió una patada derecha, la cual Cato atrapó con facilidad, pensando que ya lo tenía dominado. Pero fue un gran error por parte de él, porque antes de que pudiera atraparlo, Peeta dio un salto con su pierna izquierda, usando su pierna izquierda para impulsarse y subir más, tomó a Cato de la cabeza con su mano derecha, y estrelló su rodilla izquierda contra su cara, enviando al profesional directo hacia el suelo con la nariz rota, mientras que Peeta aterrizó con ambas piernas estables.
Cato permaneció en el suelo, sujetándose la cara con ambas manos, completamente desprotegido. Mientras que Peeta se encontraba decidiendo si debía acabar con él ahora mismo. Estaba caído y duda que le esté prestando atención, sería el momento perfecto para matarlo fácilmente. Sabía que tarde o temprano él tendría que matar a alguien. Fue entrenado por muchos años por una máquina que se supone fue hecha para matar humanos. Aun así, esto no era algo que él quisiera hacer. Pero antes de que pudiera tomar una decisión, un cuchillo pasó volando desde atrás de él, casi golpeándolo. Volteó y vio a Clove corriendo furiosa hacia él, con Marvel y la chica del 4 viniendo un poco lejos detrás.
Clove le arrojó cuchillos, aunque su puntería no estaba muy bien debido a los piquetes de las rastrevíspulas pero todavía seguía siendo peligrosa. Peeta los esquivó dando una vuelta hacia el frente. Cuando vio uno de los cuchillos que Clove había tirado lo agarró y se lo arrojó a ella. A pesar de que pudo esquivar el ataque Clove se sorprendió por esto, pero antes de que pudiera sacar otro cuchillo Peeta corrió hacia ella y la envistió con fuerza, enviándola al suelo, aturdida por el fuerte golpe. Marvel su lanza a Peeta mientras corría hacia él pero el muchacho sólo la esquivo. El tributo del distrito 1 se apresuró a recuperar su lanza e intentó ensartar al del 12 con ella, pero Peeta agarró la lanza por la madera del frente, jaló a Marvel hacia él y lo pateó con su pierna derecha, quitándole la lanza. Entonces dio un giro y golpeó a Marvel con la punta trasera de la lanza, rompiéndola un poco y derribando al tributo. La chica del 4 intentó darle con su machete pero el rubio la bloqueó con lo que quedaba de la lanza.
-¡IAAAAHHGGG! –Escuchó un grito a su espalda. Se volteó y vio de reojo a Cato cargando su espada contra él.
Antes de que Cato lo golpeara, Peeta soltó la lanza, se agachó y giró sobre Cato, evitando el golpe, el cual terminó impactando contra la chica del 4. El golpe fue justo en su cabeza, derribándola al instante, no tardó mucho en sonar el cañón. Peeta quedó en shock por un momento pero se recuperó tan pronto vio a Clove arremetiendo contra él, y Cato no perdió el tiempo en volver a fijar su atención sobre el que le rompió la nariz. Peeta corrió hacia Clove, quien seguía arrojándole cuchillos, que el rubio esquivaba, cuando estuvo lo bastante cerca Clove trató de apuñalarlo con su mano derecha pero el muchacho lo esquivó y atrapó su brazo. Cato corrió hacia ellos, preparándose para atravesar al rubio por la espalda. Pero Peeta rápidamente hizo girar a Clove, la atrapó con los dos brazos en la espalda y la posicionó justo hacia a su atacante.
-¡NOOOO! –Gritó la chica al ver que estaba a punto de ser asesinada por su propio compañero.
Cato se tambaleo y aflojó el brazo tan pronto se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer, se detuvo justo en frente de su compañera. Entonces Peeta soltó los brazos de Clove y la empujó con su pierna haciéndola chocar contra Cato y tumbándolos a los dos. Viendo que estaban empezando a pelear en serio aprovechó para tomar una de las mochilas que se les había caído y salir corriendo de ahí.
-¡Qué no escape! –Cato se levantó lo más rápido que pudo y comenzó a perseguirlo. Marvel y Clove tardaron un poco en unírsele.
Pero Peeta fue más rápido que ellos, así que luego de un momento corriendo los tres se detuvieron jadeando al darse cuenta de que lo perdieron de vista. Cada uno con golpes, y algo de sangre en sus rostros.
-Creo que ya sabemos cómo es que obtuvo esa puntuación. –Dijo Marvel, frotándose la cabeza.
-¿Cómo demonios alguien del doce sabe pelar así? –Dijo Clove, frustrada y enojada.
-Me hizo quedar en ridículo… -Decía Cato, apretando los dientes. -¡AAAHG! ¡Voy a matar a ese idiota! ¡Lo encontraré y juro que lo mataré!
-Haz lo que quieras con él. Pero déjame a la chica para mí. –Le contestó Clove. Y los tres se dieron la vuelta y empezaron a caminar, rumbo a su base en la Cornucopia.
No se habían dado cuenta de que Peeta estaba justo arriba en una rama de un árbol sobre ellos. Por suerte ninguno le había dicho que intentara subir cuando habían acorralado a Katniss, así que no tenían idea de que él también podía escalar. Cuando vio que se fueron bajó y aterrizó sin problemas. Con esta pelea murieron dos profesionales, y con las heridas que tienen esos tres de seguro estarían inactivos por un tiempo.
Ahora lo que debía hacer era encontrar a Katniss y asegurarse de que estuviera bien.
En una habitación llena de ordenadores holográficos y pantallas mostrando la arena, se encontraba un grupo de personas en uniformes blancos trabajando. Los Vigilantes.
-Señor, tiene una llamada del presidente. –Le avisó una de las trabajadoras a su jefe.
-Ponlo en la pantalla. –Ordenó Seneca Crane, un hombre vestido con traje negro, camisa roja con una barba arreglada de color azul oscuro, al igual que su cabello. La mujer presionó un botón para que el jefe pudiera hablar con el presidente e inmediatamente apareció la imagen holográfica del presidente Snow en una de las pantallas cerca de él. –Señor presidente, aquí estoy. –Dijo con orgullo y respeto.
-Seneca. Ya es tiempo. Envíen nuestra nueva arma a la arena. –Dijo Snow.
-¿Ahora? –El Vigilante en Jefe preguntó extrañado. -¿Seguro señor? Los juegos apenas llevan un par de días. El público quedará desilusionado si acaban tan pronto.
-Siempre habrá más juegos, muchacho. –Contestó el presidente. –Y creo, que el evento que hemos preparado este año, compensará la breve duración. –Continúo con una sonrisa siniestra, la cual el jefe compartió.
-Como usted ordene. Presidente Snow. –Seneca finalizó la llamada con gusto. -¡Muy bien señores! –Dijo aplaudiendo una vez y colocando las manos en su cintura. –Ya lo oyeron. ¡Es hora del show!
Seneca y todos los demás miembros en la habitación tuvieron una sonrisa de emoción por esto.
Ya era de noche en el país y en la arena, pero los juegos no terminaban hasta que sólo uno quedaba. Caesar y Claudius daban el gran anuncio, con todo Panem escuchándolos.
-Damas y caballeros. –Decía Caesar. –El momento ha llegado. ¡Por fin! Es tiempo de que conozcan la sorpresa que se les ha prometido. ¡Así que ni se les ocurra apartar su vista de la pantalla!
-¡Uyyyy! –Decía Claudius con una sonrisa a su lado. -¡Que emoción! ¡Estoy temblando de emoción!
-¡Lo sé! ¡Yo también! –Contestó Caesar.
En el Capitolio la gente compartía su emoción, felices porque estaban a punto de ver algo que prometieron sería un gran espectáculo. Mientras en los distritos, salvo en algunos cómo el 1 y el 2 la gente miraba con temor por lo que habrán preparado para sus jóvenes.
En la arena reinaba la noche y el silencio, pero fue interrumpido por un aerodeslizador que iba volando sobre esta. Peeta se encontraba en medio del bosque desde un lugar en el que podía verlo, y le resultó extraño, no había escuchado ningún cañón recientemente, así que si eso estaba aquí no era para recoger el cuerpo de un tributo caído. De repente el aerodeslizador permaneció quieto en el aire mientras su compuerta trasera se habría. Desde el interior del aerodeslizador emergió una figura que parecía la de un humano. Y lo que más sorprendió a Peeta fue que esa figura dio un salto y cayó hacia la arena. No pudo ver bien debido a las luces del aerodeslizador pero no parecía tener alguna cuerda para bajar ni nada que detuviera su caída, simplemente saltó. Esto le causó un mal presentimiento, pero debía ir y descubrir que era eso. Se adentró en la dirección en la que ese sujeto calló. Cuando llegó, se escondió a unos cuantos metros tras un árbol. Notó que la figura parecía estar arrodillada sobre su pierna izquierda con la cabeza hacia abajo y los puños contra el suelo. El desconocido lentamente comenzó a levantarse, permitiéndole a Peeta contemplar la identidad del hombre.
Sólo que no era un hombre.
El aliento de Peeta se detuvo. Sus ojos se abrieron como platos. Un escalofrió tremendo recorrió todo su cuerpo mientras sus manos empezaron a temblar sin control. No tardó nada en reconocer lo que estaba frente a sus ojos. Una altura tremenda, un cuerpo que parecía un esqueleto completamente hecho de metal. Una cabeza con una mirada espeluznante. Con esos ojos rojo sangre brillante que tanto había visto en sus pesadillas. La cabeza de Peeta daba vueltas, diciendo que esto era imposible, que no podía ser real, pero lo era, era muy real. Una gran oleada de pánico lo hizo empezar a retroceder al recordar todo lo que había vivido a los ocho años.
Aquello que había intentado atraparlo una vez ha vuelto por él.
-Querido Panem. Les presento. ¡Al Terminator!
