Taichi llevaba un rato vigilando a Koemi ir y venir terminando de conseguir todos los papeles que necesitaba. Se suponía que estaba revisando algunos papeles que eran importantes para una reunión que tenía, pero cuando había levantado la vista y se había dado cuenta de que estaba no demasiado lejos hablando con una compañera, se había distraído totalmente. Siendo plenamente consciente de ello, dejó de lado los papeles esperando que se quedara sola para poder acercarse hasta dónde estaba.

- ¿Qué haces? – le preguntó asomándose desde detrás de ella cuando aún no se había girado, divertido, viendo como la había pillado por sorpresa.

- ¿Qué? ¿No puedo pasearme?

- No, no puedes- negó con la cabeza.

- ¿Y se puede saber por qué? – cruzó los brazos sobre el pecho, quedándose mirando hacia él a la espera de la brillantez del momento que fuera a decirle, entretenida.

- Porque me distraes. ¿No te da vergüenza? Se supone que tengo una reunión importante y si te dedicas a pasearte por delante no voy a poder concentrarme…

- Pobrecito, qué pena más grande que me das – riéndose sin poder evitarlo, se quedó mirando hacia él con la ligera sonrisa entre los labios-. ¿Te queda mucho?

- No, ¿por qué? Tengo la reunión a las cinco, pero entre medias no tengo nada qué hacer.

- Pues… si esperas un poco yo termino ahora y podemos irnos a comer los dos y luego ya me voy yo a por Daigo a casa de tu hermana.

- ¿Ya terminas?

- Sí, claro, yo no tengo una reunión de las gordas, don importante. No todos tenemos tu mismo nivel… - divertida por la cara que le estaba poniendo retrocedió un par de pasos-. Ahora vengo a por ti, déjame ir a por mis cosas.

Sin protestar, comportándose al estar todavía en el trabajo, se limitó únicamente a seguirla con la mirada hasta que la perdió de vista aprovechando ese momento para ir a recoger sus cosas, las cuales había dejado tiradas. Las metió en la carpeta y dejó todo encima de la mesa, ya volvería más tarde para echarles el último vistazo. La reunión era en el mismo edificio por lo que no tenía que preocuparse de llegar o no.

Escuchó el sonido de su teléfono, sacándolo del bolsillo, esperando que no fuera nada de trabajo, sonriendo al leer el nombre de Sora en la pantalla.

- ¿Qué? ¿Ya te ha dado cuenta de lo triste que es tu vida sin mí? – escuchó su risa al otro lado, aprovechando ese momento para quedarse apoyado sobre la mesa-. ¿Qué tal estáis?

- De maravilla… Pero lamento informarte que tampoco he tenido demasiado tiempo de aburrirme todavía y replantearme el sinsentido que es mi vida sin tu presencia. Cuando tenga tiempo ya te aviso.

- ¿Y eso? ¿No se supone que estás de vacaciones?

- Estoy de vacaciones, pero entre ir y venir de la playa, hacer el vago en el jardín o dar un paseo por el puerto con Aiko no me da tiempo a todo…

- Ah… claro, entiendo. Tu vida es terriblemente estresante. ¿Dónde te has dejado a la niña?

- Jugando con Nyoko y Biyomon.

- ¿Quién? – confuso, no fue capaz de asociar el nombre a nadie conocido.

- Oh… Es que me he quedado de niñera de la hija de Mai. Sabes quién es Mai, ¿no?

- Claro que lo sé – sonrió divertido-. Me cae bastante bien, no te vayas a pensar. Un día tengo que juntarme con ella a intercambiar informaciones… Lo malo de eso es que igual tu querido rubio se niega a volver del espacio.

- No te diría yo que no… - echándose a reír, tardó unos segundos en volver a hablar-. Oye, ¿ya sabes si vas a poder venir?

- Pues… No te puedo decir nada hasta después de las reuniones de estos días. Dependiendo de si son capaces de arreglarse y no les hago falta o no podré ir. ¿Cuándo volvía Yamato?

- Pues el lunes que viene no, el siguiente…

- Ah… Pues no lo sé, en ese caso igual estoy más justo de tiempo de lo que yo pensaba. ¿Vais a quedaros ahí unos días o vais a volver a Tokio?

- Yo me quedaría unos cuantos días más, pero como se nos ocurra no estar en la ciudad para el cumpleaños de Aiko tengo unos cuantos abuelos a los que les puede dar un infarto. Mis padres llevan sin ver a la niña desde que nos vinimos y no quiero que se alargue.

- ¿No han podido ir tus padres a veros?

- No… claro que no. El día de la madre es en nada… ¿tú sabes la cantidad de trabajo que tiene mi madre en la tienda?

- ¿Cuándo?

- ¿Eh? ¿Cuándo qué?

- ¿Cuándo es el día de la madre? – el ligero tono de pánico delató que acababa de darse cuenta de la existencia de esa fecha tan cercana.

- ¿Ya te habías olvidado? Se lo voy a decir a tu madre y a Koemi… - canturreó divertida-. Es este domingo, atolondrado.

- Este domingo… - repitió, tardando unos segundos en caer en una conclusión que tampoco le gustó demasiado-. ¿Te vas a quedar sola ese día?

- No, me voy a quedar precisamente con quien lo tengo que celebrar. Ya tenemos planes, se siente y nadie más está invitado… Tranquilo, el año pasado ni siquiera se dio cuenta de que tenía encima el día del padre, dudo que Yamato se haya dado cuenta tan siquiera – sonó divertida al hablar-. Créeme, lo conozco… Y ya bastante tiene con ser él el que está lejos de casa.

- Ya… - distraído, pudo ver como Koemi por fin llegaba hasta dónde él-. Oye, voy a irme a comer con Koemi ahora, que ella ha terminado ya. Cuando sepa algo de si al final voy a poder ir o no te llamo, ¿vale?

- Salúdala de mi parte… Y dale unos mimos a Daigo de mi parte.

- ¿Y para mí no hay nada?

- No, ya te acabo de salvar el pellejo recordándote lo del domingo… Pasadlo bien anda.

Dando por terminada la llamada, guardó el teléfono mientras que su esposa se acercaba a él, observándolo entretenida.

- A ver… ¿Cómo es eso de que "cuando sepas si vas a poder ir la llamas"? ¿Tú no compraste los billetes la semana pasada para estas justos los días antes de la vuelta de Yamato ahí ya?

- Ya, pero eso ella no lo sabe – sonrió ampliamente, mirando hacia ella por fin-. Y mejor así, que quiero ver la cara de tonta que se el queda cuando nos vea aparecer por allí… Eso si sobrevivimos a Daigo sentado en un avión.

- Eh, yo creo que puede salir bien. Si tú eres capaz de estarte quietecito durante todo el trayecto él también, ya lo verás. La cosa es que no os sentéis juntos, que sois mala influencia el uno para el otro.

- Qué graciosa… - le hizo una mueca, haciéndole burla antes de girarse a coger su chaqueta-. Ahora por lista vas a escoger tú dónde vamos a comer.

- ¿Seguro? Vale, vale… Pero que sepas que te toca pagar a ti… Yo luego no quiero protestar cuando llegue la cuenta… - divertida, retrocedió algunos pasos hacia la puerta de salida viendo como se terminaba de incorporar y no tardaba en seguirla.


Sora se quedó mirando hacia las dos niñas, entretenida con la imagen. Había sido muy sencillo tenerlas toda la tarde distraídas. Biyomon revoloteando era capaz de dejarlas completamente hipnotizadas el tiempo que hiciera falta y además, la digimon estaba encantada jugando con ellas.

Apuntó hacia ellas con el teléfono para poder sacarles una fotografía y así enviársela al padre de Nyoko, sabiendo que le gustaría verla. No pudo evitar que su sonrisa se ampliase del todo al ver cómo aparecía por fin la notificación que más le gustaba recibir aquellos días. Fue directa a abrir el correo que le acababa de llegar de Yamato, echándose a reír abiertamente al leer únicamente la primera línea en la que ponía claramente que era una traidora y que podía ir echándose a temblar por la venganza, que tenía mucho tiempo para pensar en ella.

Sabía perfectamente de lo que hablaba. Sin duda la carpeta con la que lo había tenido volviéndose loco con la contraseña había sido una de las que más entretenida la habían tenido. Se había reído muchísimo preparándola y eligiendo la contraseña. Se había entretenido en buscar fotos de la adolescencia de él, a cada cual más comprometedora que la anterior, llegando incluso a dar con una que ni recordaba tener en la que Taichi se había quedado dormido en un viaje en el que se habían sentado juntos y su cabeza había caído sobre el hombro de él con la boca abierta de par en par ante la mirada asesina de Yamato. Solo por aquella fotografía había merecido la pena todo lo demás.

- Biyomon, vigílalas, ¿vale? Voy a hacer la cena… - dijo antes de ponerse en pie, todavía entre risas con la contestación de Yamato.


Cuando había conseguido cargar la batería de la tablet por fin y tras los dolores de cabeza que le había dado adivinar la contraseña, el rubio había aprovechado un rato para poder ver qué era lo que había en ella. Hasta cierto punto no había querido dar por supuesto nada, ya que sabía exactamente con quién se las jugaba, pero con la advertencia que le había hecho sobre que estuviera solo cuando fuera capaz de abrirlo no sabía qué pensar. Una parte de él esperaba que no fuera nada demasiado personal, porque faltaban muchos días todavía para volver a casa y no tenía ganas de quedarse con las ganas hasta poder tenerla al lado, pero sabía que tenía una batalla perdida contra sus propias hormonas, incluso a esas alturas de la vida, cuando se Sora se trataba.

Lo que no esperaba de ninguna de las maneras fue lo que se encontró. La contraseña, sin duda, había sido una pista muy importante y clara sobre lo que había en su interior. Todas y cada una de las fotografías se podían considerar una desgracia, cada una más que al anterior. En todas ellas salía él y el resto de su grupo de amigos iba variando. Muchas de ellas estaba seguro de que habían sido sacadas a traición y posiblemente fuera la primera vez que las viera, pero eran un atentado contra su integridad como adulto. Todas y cada una de ellas.

No sabía si quería reírse, esconder la cabeza debajo de la almohada o simplemente ponerse rojo hasta la punta de las orejas, pero, fue pasándolas una a una, echándose a reír sin poder evitarlo. Aquello iba muy atrás en el tiempo, demasiado y la gran mayoría de ellas traían muy buenos recuerdos a su cabeza. A aquellas alturas de su vida lo que en otro momento hubiera provocado que quisiera cavar un pozo y esconderse dentro, ahora habían dibujado una sonrisa en su rostro.

- Si es que no podía ser más evidente… - murmuró por lo bajo al encontrarse una en la que él salía en una de las esquinas, totalmente ajeno a que alguien estuviera sacándolo en la fotografía, mirando completamente distraído hacia Sora, la cual no se estaba enterando de nada-. Pero evidente… a más no poder, madre mía.

Y estaba seguro de que en aquella imagen ni siquiera tenía los trece años aún. Podía hacerse a la idea de la fecha por el pelo que llevaba él, todavía a medio camino entre corto y largo. Divertido, aumentó la imagen para poder ver mejor su cara, negando con la cabeza.

- ¿Qué haces? -preguntó Gabumon, asomándose, dejando ver primero su cuerno y luego sus ojos.

- El ridículo…

- Pero si estás solo… ¡Eh! – protestó al no verlo venir y cogerlo por las patas para, aprovechando la ausencia de gravedad, tirar de él y ponerlo a su lado.

- ¿Quieres reírte de mí? Me he casado con el enemigo, ya lo sabía, pero la cosa cada vez va a peor… Mira…

Con Gabumon no tenía problema de compartir aquello, estaba seguro de que muchas de esas imágenes las había visto él en directo, y, algo le decía que le iba a venir bien dado su estado de ánimo del día anterior.

- Bueno, espera – bloqueó la pantalla antes de dejar que la cogiera con sus patas-. ¿Dónde están Mai, Takao y Katsu?

- No lo sé… ¿por qué?

- Vale, si los escuchas venir avisa…


AnnaBolena04: bueno, esta cosa sigue sin publicar las review. Yo las veo porque me llegan por e-mail, pero luego no aparecen... Así que vete tú a saber qué está haciendo la página con ellas.

La cosa es que Yamato por fin ha descubierto qué era lo que había en la carpeta y no era nada que esperase ver. Ahora seguro que tiene claro por qué ha puesto esa contraseña la pelirroja y por qué insistía tanto en que estuviera solo. Si es que el pobre no necesita que Mai tenga más motivos para ir a tocarle las narices, que el espacio allí es reducido y acaban tirándose de los pelos en algún rincón seguro. El peluche parece que va a reírse un poco al menos ahora que ha encontrado las fotos, pero más les vale a todos dejarlo pasar unas cuantas tardes con la nenita abrazada a él en cuanto vuelvan a casa, porque sino es para que les muerda el trasero a todos.

Voy a ver si sobrevivo a las fieras de por la tarde, que hoy es 1 de octubre y hoy empiezan oficialmente el curso... Je, je, je. Es decir, hoy vienen todos. Je je je... Si no vuelvo ya sabéis por lo que es. ¡Un besito de tortuguita!

Guest Vecina: es de risa esto, os leo desde el mail pero luego nunca jamás aparecen las review. Yo no entiendo qué le pasa a la página. Porque inicialmente me lo hacía solo con las tuyas, pero ahora lo hace con las de Anna también. Así que nada... Cuando quiera aparecerán todas o se habrán quedado flotando en el espacio para tocarme las narices a mí.

Jajajajaja en el fondo no son tan diferentes. Los dos saben ponerse rojos hasta las orejas con suma facilidad y son unos adorables. Lo que pasa es que el rubio, para encima, peca de tímido. Que no de serio ya, sino de tímido. Y no me refiero al de mi versión, en la que es ya más adulto y tiene algo mejor aprendidas las instrucciones de vida. Lo que le pasaba siempre, desde mi punto de vista, era que era tímido y más bien callado, lo cual, visto desde fuera pues claro... Jajajajaja Gabumon el pobre es un peluche y echa de menos que se le use como tal. El día que la nena lo llame por el nombre se quedará desmayado un buen rato por ahí jajaja

Sora entre que ya tenía planeado entretenerse con cosas de su propio trabajo, la nena, Biyomon, las visitas y la gente que ha conocido por allí, lo que va a estar es estresada jajajaa Como siempre, todo su círculo tiende a enfocarse más en ella, pero, como suele decir precisamente la pelirroja, el que tiene las de perder es Yamato porque a fin de cuentas es el que está lejos y "solo" (no tan acompañado como ella). Ella encantada de estar de vacaciones en la playa con Aiko...

En fin, me voy a la tortura. Hoy empiezan todos los seres del mal, y solo a primera hora se esperan 24 niños... Quiero llorar de solo pensarlo porque además los nuevos de este año no sé si son más lerdos, más salvajes o todo junto gloria, porque de verdad que no hay quien trate con ellos y apenas tienen 10-11 años. Están ellos guapos para que los manden a salvar el mundo digital jajajajajajaja (yo los mandaba y que no volvieran cofcofcof). Aaains, ánimo con el coche, esperemos que no te ataque demasiado a la cartera ni te dé demasiado la lata. ¡Un bico grandote! Y a ver si la página tiene a bien dejar de hacer el imbécil.