Hola a todos. Primero que nada, lamento la tardanza, he estado ocupado XD. Yo estudio programación, sistemas de escritorio, sistemas web, y también me metí un poco en el desarrollo de videojuegos, y pues, para ser programador hay que leer y escribir mucho XD. Y ahora también conseguí trabajo como programador en una empresa, así que me estuve esforzando para conseguir ese puesto.
Segundo, quiero agradecerles a todos por los comentarios y las vistas. Este fic ya tiene más de 1000 vistas, el último capítulo tuvo más de 250 vistas, así que muchas gracias por eso y por si les preocupa, no pienso abandonar este fic, aunque me tarde lo voy a terminar XD. Pero si quieren que actualice más rápido, déjenme reviews, agreguen a favoritos o sigan la historia, o incluso un mensaje privado. No garantizo que esto haga que actualice más rápido pero esas cosas me motivan a continuar más rápido con la historia.
Gracias de nuevo a todos los que siguen la historia. Sin más que decir, disfruten del capítulo.
La intimidante imagen del ciborg se mostraba en cada pantalla de Panem. En las pantallas se veía junto a la imagen de los juegos un esquema del cuerpo del Terminanor resaltando varias de sus partes, mientras Caesar presentaba al público la nueva arma del Capitolio.
-El Terminator, también llamado el Exterminador, es un endoesqueleto metálico cibernético, compuesto por una aleación de titanio con tungsteno. Impulsado por una potente célula enérgica de hidrógeno, capaz de levantar cientos de toneladas. Posee un avanzado procesador de datos que le permite realizar cálculos enormes y ejecutar órdenes de forma autónoma. Toda una maravilla de la tecnología del Capitolio. Y esta noche, en los gloriosos Juegos del Hambre, veremos de lo que es capaz. –Dijo Caesar, con una gran emoción, la cual compartía Claudius.
-¡Maravilloso! ¡Simplemente maravilloso!
La gente en el Capitolio observaba con asombro, esto era realmente algo nuevo y emocionante. Por años vieron las creaturas aterradoras que introducían en la arena, y lo de este año en verdad era algo que no esperaban. Decir que estaban ansiosos por ver en acción a esta arma es decir poco.
En la arena, el ciborg permanecía estático en el lugar donde aterrizó, moviendo la cabeza lentamente de lado a lado, analizando las instrucciones que se mostraban en su mira computarizada.
LOCALIZANDO OBJETIVOS_
Cada tributo en la arena tiene implantado un rastreador en su torrente sanguíneo, el cual emitía una señal que no sólo permitía a los Vigilantes saber sus posiciones en la arena, el Terminator también podía detectarla y utilizarla para encontrar a sus presas.
OBJETIVOS LOCALIZADOS
En su pantalla roja aparecieron distintos puntos esparcidos por varias partes, cada uno indicando el nombre de un tributo junto con la distancia a la que se encontraban. Un cruce de líneas verticales y horizontales iba saltando de punto a punto hasta que se detuvo sobre uno.
OBJETIVO MÁS CERCANO_
PERSEGUIR OBJETIVO
El exterminador fijó su vista en la dirección de su presa y empezó a avanzar a paso firme.
Cuando Peeta por fin logró salir del shock por la aparición de esa máquina mortal no perdió el tiempo en darse la vuelta y correr lo más rápido que pudo para alejarse de ese monstruo. Se encontraba corriendo desesperadamente sin voltear hacia atrás en ningún momento o preocupándose de hacía a dónde se dirigía, lo único que había en su mente era alejarse lo más posible. Después de un momento se detuvo detrás de un gran árbol y se sentó con la respiración agitada, apoyando la espalda contra el árbol y abrazando sus rodillas contra su pecho mientras apoyaba el rostro contra estas. De repente ya no era el muchacho decidido a proteger a Katniss Everden a toda costa, era nuevamente el pequeño niño de 8 años aterrorizado que acababa de ver morir a los que amaba a manos de algo que se podría describir como la misma muerte en persona. No podía moverse de donde estaba, el miedo lo tenía paralizado, sólo rogaba que esa cosa no lo encontrara.
La chica del distrito 5, la Comadreja, así la apodaban, había visto al aerodeslizador soltar algo en la arena, y cuando vio lo que era eso y se dirigía justo hacia ella no perdió el tiempo en salir corriendo y buscar refugio. La imagen del ciborg la había desconcertado, pero sabía que sea lo que sea no podía ser nada bueno. La chica pelirroja se movía con pasos sigilosos pero rápidos, tal vez no era muy buena con las armas pero era muy astuta, por algo hasta ahora ninguno de los profesionales pudo encontrarla. Finalmente llegó a un lugar que le pareció bastante seguro, un pequeño hueco debajo de un tronco que era prácticamente invisible y que era lo bastante grande para que ella entrara. La chica entró en su refugio sintiéndose aliviada y segura, le había sacado una buena ventaja a su perseguidor y estaba segura de que el lugar en el que se encontraba estaba fuera de su campo de visión. Ahora que la comadreja estaba en su guarida solo debía esperar a que el peligro pasara.
Pero su tranquilidad empezó a desaparecer cuando comenzó a sentir pasos firmes y pesados, además de oír extraños ruidos, los cuales se escuchaban cada vez más cerca. Le invadió un poco de pánico, con la distancia que había sacado llego a pensar que lo que había visto ni siquiera llegaría hasta donde estaba, pensó que simplemente la dejaría e iría por otro tributo, pero los pasos cada vez más fuertes le decían que al parecer se equivocaba. Los pasos de repente se detuvieron y un silencio aterrador se hizo presente. Su mente le decía que se calmara. Tal vez esa cosa la había seguido pero cuando ella se escondía nunca nadie podía encontrarla, ese era su talento especial, solo debía permanecer en silencio y todo estaría bien.
Pero la chica no tenía idea de lo que el rastreador en su brazo estaba guiando a la máquina mortal hacia ella, así que no esperó para nada el brazo metálico que atravesó de repente el tronco por encima de su cabeza y pasó a centímetros de su cara.
-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHH! –Dio un gran grito la pelirroja.
El brazo metálico la atrapó por su chaqueta. La chica trató de zafarse pero el agarre era demasiado fuerte. Sintió como fue levantada por el brazo y saca con fuerza de su guarida. Luego de sacarla del tronco, el Terminator arrojó a la chica al suelo con fuerza. La Comadreja quedó dolida por la caída pero al ver la imagen de su atacante, el enorme ciborg con esa espeluznante cara, pegó otro grito fuerte y el miedo ocasionó que ignora el dolor y empezó a arrastrase, tratando de huir mientras las lágrimas corrían por su rostro.
Pero no pudo avanzar mucho, porque el ciborg de un movimiento avanzó hacia a ella y la atrapó por su pierna derecha.
-¡AHHHHHHHHHH! –La chica del distrito 5 intentaba desesperadamente sujetarse del suelo mientras era jalada hacia su atacante. -¡NO! ¡NO! ¡NO QUIERO MORIR! ¡NO QUIERO! –Fue lo último que alcanzó a decir la Comadreja antes de que sonara el cañón.
Luego de terminar con la chica del 5, el Terminator localizó al tributo más cercano y se dirigió de inmediato hacia su posición, que para mala suerte del chico del distrito 10 era la suya. El tributo corría entre los árboles tratando de escapar de la máquina asesina persiguiéndolo. De vez en cuando miraba hacia atrás y veía la aterradora imagen del ciborg persiguiéndolo y recordándole que no debía detenerse, sin importar lo cansado que estaba.
Mientras seguía avanzando, a través de su mira computarizada el exterminador detectó una rama gruesa y corta con forma bien recta saliendo de un árbol al que se estaba acercando. Cuando llegó a ese lugar tomó la rama con su brazo izquierdo y la arrancó del árbol con mucha facilidad. Se mantuvo quieto en el lugar mientras se observaba al tributo huyendo. En su pantalla roja rápidamente se realizaron unos cálculos de distancia y aceleración, y entonces el ciborg de un movimiento veloz arrojó el tronco con su mano derecha, el cual el cual avanzó en línea recta mientras iba girando velozmente. Esta rama descendió en el último momento de su camino y golpeó directamente en las piernas del tributo.
-¡Ahhhhhh!
El tranco hizo que las piernas del chico del 10 fueran barridas hacia adelante y este cayera sobre su espalda contra el suelo. Este golpe dejó muy adolorido al joven, quien cuando vio como el ciborg se acercaba hacia él trató de levantarse para seguir corriendo, pero la máquina fue más rápida y lo atrapó con un fuerte y doloroso agarre en su hombro.
-¡AHHHHHHGG! –Volvió a gritar el tributo.
En un último intento desesperado, sacó de su cinturón un cuchillo e intentó cortar la mano del Terminator para librarse liberarse, pero este intento fue inútil. El Terminator tomó al tributo y lo elevo del suelo.
-¡POR FAVOR! ¡NO! –Gritaba desesperado el tributo del 10. -¡NOOOOOOOOOO! –Lo último que se escuchó antes del sonido del cañón, fue un horrible crujido.
-Y con eso ya son dos tributos en menos de cinco minutos. –Anunciaba Caesar.
-¿Viste cómo derribó a ese tributo? ¡Ese fue un tiro impresionante! ¡Y a tal distancia! –Comentó Claudius.
-Y no fue pura suerte el que pudiera darle. De eso pueden estar seguros. Para realizar una acción como esta es necesario realizar enormes cálculos y analizar varios patrones. El avanzado procesador del Terminator es capaz de realizar esta acción en menos de un segundo. Haciendo que la posibilidad de éxito sea prácticamente del cien por ciento. –Dijo Caesar.
La gente en el Capitolio estaba bastante impresionada. Este nuevo espectáculo que estaban presenciando era algo realmente nuevo y emocionante. El exterminador encontraba y atrapaba a los tributos más rápido que cualquiera de los mutos que se vieron en los juegos anteriores. La gente inmediatamente empezaba a hacer nuevas apuestas sobre cual tributo sería el siguiente blanco de la máquina.
Muy diferente era la cosa en los distritos, donde la gente veía con horror lo que esa arma mortal le hacía a esos jóvenes. Incluso hubo gente en los distritos profesionales que empezaron a sentirse preocupados por sus tributos.
En la sala de los Vigilantes, el jefe, Seneca Crane, observaba junto a sus trabajadores con una sonrisa que mostraba orgullo y satisfacción. Esta exhibición de la nueva arma del Capitolio estaba siendo todo un éxito por lo que estaba viendo en las reacciones de los espectadores.
Mientras tanto, una gran mansión, en una gran oficina, sentado frente a un escritorio que mostraba una pantalla holográfica de los juegos, se encontraba el presidente Coriolanus Snow, observando la masacre con su asistente parada a su lado.
-Excelente. –Pronunció Snow con una sonrisa siniestra.
-El Terminator está demostrando una gran efectividad, señor –Dijo su asistente, con una pequeña sonrisa.
-En efecto. –Contestó el presidente. –Y esto es solo el comienzo.
Peeta escuchaba el estruendo de los cañones en la arena. Sabía que esos tributos no habían caído por otros tributos. El ciborg asesino los estaba casando. Había alcanzado incluso a oír los gritos desesperados de las víctimas al momento de ser atrapados. Todo esto no hacía más que recordarle la experiencia traumática en su niñez. En medio de su parálisis su mente empezaba a cuestionar ciertas preguntas. ¿Cómo es que esa cosa estaba aquí? ¿No se supone que lo exterminadores no aparecerían sino dentro de varios años? ¿Acaso será otra máquina asesina enviada desde el futuro que también vino a buscarlo a él? Lo único de lo que estaba seguro es que es cosa le aterraba y no podía ni moverse por el pánico que sentía.
-Levántate…
-¡AH! –El sonido de una voz hizo que Peeta saliera de su trance y se sobresaltara.
-Peeta Mellark… Ghhhhhhc… Debe levantarte. –Escuchaba Peeta desde el comunicador en su oído izquierdo.
La voz del tío Bob lo hizo recapacitar un poco y empezó a hablar entrecortado.
-Qué… Qué… ¿Qué hace esa cosa aquí? –Logró preguntar.
-La señal es… Ghhhhhhc… no puedo mantener… Ghhhhhhc… Debes detenerlo.
A pesar de la estática en la comunicación, Peeta alcanzó a entender lo que el tío Bob le estaba diciendo.
-No puedo… No puedo… ¡No puedo enfrentarme a esa cosa! –Dijo el rubio con temor.
-Soldado. ¿Cuál es tu misión? –Dijo el ciborg con voz firme, antes de que la comunicación se cortara por completo.
Esa pregunta hizo reaccionar a Peeta y pensó. El tío Bob estaba viendo los juegos, como todos en Panem, y también sabe sobre el exterminador en la arena, y le dijo que debía ir tras él y que recordara cuál era su misión. En ese momento algo hizo clic en su mente, haciendo que ignorara el miedo que sentía. Se levantó y observó en la dirección por la que creía que se escuchó el último cañón.
-¡KATNISS!
Peeta se apresuró a levantarse y salir corriendo lo más rápido que pudo en esa dirección, al darse cuenta de que Katniss era el siguiente objetivo de la máquina asesina.
La chica en llamas se encontrada tumbada y totalmente inconsciente debido a las picaduras de las rastrevíspulas, y completamente a merced del ciborg que se acercaba hacia ella.
Con la señal del rastreador de Katniss, el exterminador la detectó a unos veinte metros de distancia mientras los comandos en su mira le indicaban qué hacer.
BLANCO_
Distrito 12, Katniss Everdeen
OBJETIVO_
EXTERMINAR
Mientras el ciborg avanzaba hacia su siguiente víctima, Peeta por fin había logrado alcanzarlo y cuando vio que se estaba acercando cada vez más a la chica del 12 se detuvo en seco, sin saber qué hacer. El miedo seguía haciéndose presente mientras las imágenes de sus padres siendo arrojados, sus hermanos siendo pisoteados, la imagen de la misma muerte bañada en fuego a punto de asesinar.
Pero el recordar todo esto, y ver que Katniss, la chica que lo había cautivado con su hermosa voz, estaba a punto ocurrirle lo mismo lo hizo reaccionar. No podía dejar que esto sucediera, no de nuevo. Esta vez debía hacer algo. Tomó una respiración profunda, apretó los puños con fuerza y avanzó con decisión.
-No. ¡No lo harás! –Dijo con los dientes apretados.
Sabía que no podría llegar al exterminador antes de que este alcanzara a la chica, así que mientras iba corriendo tomó una piedra que encontró por el camino, se detuvo en seco, y con fuerza, la arrojó contra la máquina.
Cuando la piedra chocó contra la cabeza del ciborg, esta se rompió en varios pedazos, sin causarle ningún daño. Pero esto hizo que el exterminador detuviera su avance y se volteara.
-¡OYE! –Gritó Peeta. –¡POR AQUÍ! –Movía las manos arriba para captar la atención de la máquina.
El ciborg fijó su vista en la dirección en la que se encontraba Peeta.
-¡VEN POR MÍ! –Pronunció Peeta, mientras decía con sus brazos que fuera tras él.
Inmediatamente los comandos del Terminator empezaron a mostrar nuevas instrucciones.
BLANCO_
Distrito 12, Peeta Mellark
OBJETIVO_
EXTERMINAR
Tan pronto las instrucciones se mostraron, el exterminador se volteó por completo y empezó a ir a paso firme hacia el rubio.
Tal vez Peeta había logrado evitar que el ciborg atacara a Katniss, pero ahora tenía un problema mayor. Él era el siguiente blanco, y el pánico volvió a hacerse presente.
La gente había visto que el Terminator estaba por alcanzar a Katniss, a muchos en el Capitolio les había dado tristeza, ya que Katniss se había vuelto uno de los tributos preferidos de este año y el ver que estaba a punto de perder los juegos estando inconsciente los hizo sentirse decepcionados. Pero todo eso fue reemplazado con una gran emoción cuando todos en Panem vieron lo que Peeta hizo.
-¡¿Vieron eso amigos?! –Hablaba Caesar. –¡Es nuestro chico enamorado! Quien en el último momento llegó para salvar a la chica que ama. ¡Qué conmovedor!
-Lo sé. –Dijo Claudius. –Qué pena que ahora será él quien será atacado por el Terminator –Dijo con cierta tristeza.
-Tristemente, así es. –Contestó Caesar, también con algo de tristeza.
La gente en el Capitolio realmente se sintió conmovida por esta acción. Un joven sacrificándose a sí mismo por su amor fue muy conmovedor para muchos.
-¡Que hombre!
-¡Que valiente!
-¡Yo quiero a alguien así!
Era el grito que pegaban varias mujeres en la plaza. Esta acción por parte de Peeta hizo que todos los ojos en Panem estuvieran posicionados justo sobre él.
Peeta se dedicó a correr mientras el ciborg lo perseguía por el bosque. A pesar de ser tan grande la máquina sí que podía moverse con agilidad. A Peeta no le costó mucho trabajo deducir que el exterminador podía usar los rastreadores en los brazos de los tributos para encontrarlos, así que esconderse no serviría de nada. Mientras avanzaba iba pensando lo que significaba el que el Terminator estuviera en los juegos. Si los cañones seguían sonando quiere decir que el Capitolio está detrás de esto. ¿Entonces los Terminators ya han empezado a producirse? Si es así, el que introdujeran esa armar mortal es porque lo que estaban haciendo era enseñárselo a los distritos para que supieran lo poderosos que son, que vean de lo que son capaces de hacer, para asegurarse de que todo el mundo sepa a lo que se enfrentan si algún día intentan revelarse contra el Capitolio. Si algún día la gente tendrá que levantarse contra la opresión, necesitan saber que los Terminators si pueden ser vencidos.
Y él es la única persona en la arena que puede tener una oportunidad contra esa arma.
Peeta corría por el bosque, moviéndose entre las rocas y las ramas que aparecían en su camino. Años de correr por el bosque le habían dado buena resistencia, esto era sólo una caminata por el campo para él. Usaría todo lo que aprendió con el tío Bob en todos sus años de entrenamiento, sin limitarse. ¿Qué importa que todos en Panem vieran de lo que es capaz? Él no saldrá vivo de esa arena. No tendrá que responder preguntas.
En su camino logró distinguir un palo grueso y largo tumbado en el suelo, el cual se agachó y tomó en menos de un segundo y siguió corriendo. Cuando llegó a un pequeño claro en medio del bosque, vio que estaba a una buena distancia del ciborg, así que tomó una roca bastante grande que encontró en el suelo, fue directo a sentarse detrás de un árbol mientras se apresuró a sacar algo de cuerda que tenía en su mochila para empezar a atar la piedra a la punta del palo, para así improvisar un buen martillo.
-Ahora entiendo… por qué el tío Bob… me enseñó todo sobre los Terminators. –Susurraba tan despacio Peeta que el público no podía escuchar lo que decía, mientras iba preparando su arma improvisada.
-¿Es verdad lo que veo? –Decía Caesar, desconcertado. –¿Piensa enfrentarse al Terminator? ¡¿Él sólo?! –Dijo desconcertado.
En las pantallas de Panem la imagen mostraba a Peeta terminando su arma y posicionándose en una rodilla.
-Puedo hacer esto. –Decía el joven. –Sólo es… un enorme… y tenebroso ciborg metálico… –Tragó un poco de saliva. –De dos metros de alto… –Esa parte la dijo con voz algo atorada. –No es la gran cosa. –Se encogió de hombros y sacudió la cabeza.
-¡Vaya! ¡Este chico debe ser el más valiente en todo Panem! –Dijo Caesar, impresionado.
-¡Se siente muy confiado! Eso me gusta. –Comentó Claudius.
La gente en el Capitolio se impresionó aún más con Peeta. Empezaron a aplaudirle y animarlo. Nadie había notado el sarcasmo en lo que dijo.
En la oficina de los Vigilantes, Seneca Crane lanzó una pequeña risa con lo que veía.
-Je. Idiota. –Señaló hacia el monitor. –Que todas las cámaras estén en este sector. –Le indicó a su personal. –Esto será oro. –Se cruzó de brazos y sonrió. Ansioso por ver como masacran al niño que se atrevió a insultar al Capitolio.
Una vez terminado el martillo, Peeta se paró detrás del árbol y sostuvo el martillo, esperando a su oponente. Su estrategia era bastante simple. Necesitaba saber cuál era el modelo del Terminator para poder descifrar sus puntos débiles. Y para eso necesitaba unos momentos para poder verlo bien. Si podía asestar un buen golpe con el martillo podía desestabilizar al exterminador por un momento y poder ver de lo que se trataba.
Era hora de ver si su plan funcionaba.
La enorme figura del ciborg emergió de un salto desde la oscuridad del bosque y aterrizó en el claro. El exterminador se levantó firmemente, detectando a Peeta detrás del árbol. Notando que permanecía estático en su lugar avanzó a paso firme hacia el árbol. Cada paso que daba hacía su objetivo hacía que el corazón de Peeta aumentara su ritmo cardiaco y su pánico. El joven tomó una profunda respiración, apretó el martillo fuertemente y cuando sintió que el ciborg estaba justo a punto de pasar a su lado, giró sobre su pierna izquierda, saliendo de su escondite, arrojando con todas sus fuerzas el martillo y estrellándola contra la cabeza de la máquina.
Pero al chocar, la piedra del martillo se partió en varios pedazos y ni siquiera hizo temblar al Terminator, sólo hizo que el ciborg volteara su cabeza hacia la derecha por segundo para luego regresar lentamente su vista hacia Peeta. El rubio sólo se quedó sosteniendo el palo roto en sus manos con la boca abierta, mientras miraba a la cara del ciborg, que aunque nunca cambiaba de expresión en estos momentos daba la sensación de que lo miraba enojado.
-Ay, perdón… –Esto no había salido cómo lo había planeado.
De un solo movimiento con su brazo izquierdo, el Terminator arrancó el resto del palo de las manos de Peeta y lo hizo caer hacia atrás de un empujón.
-¡Ah! –Peeta cayó de espaldas contra el suelo.
El rubio observó cómo la enorme figura metálica comenzó a avanzar hacia él. Peeta empezó a arrastrarse de espaldas hacia atrás, hasta que chocó con un árbol y recargó su espalda contra este. Estaba atrapado. El ciborg se acercaba a él con los puños listos para atravesarlo. Esta escena era justo como aquella vez hace 8 años, sólo que esta vez estaba seguro de que el tío Bob no aparecería para salvarlo. Sólo estaban él y la máquina mortal.
En el último segundo, cuando el exterminador arrojó un fuerte golpe izquierdo, Peeta reaccionó rápido rodó fuera hacia la derecha, esquivando el golpe del brazo que terminó clavándose en el árbol y haciéndolo temblar por completo. Peeta aún estaba en el suelo cuando el Terminator liberó su brazo y rápidamente lanzó otro golpe con su brazo derecho. El rubio rodó nueva mente evitando el golpe y logró posicionarse sobre sus rodillas.
Era hora de un nuevo plan.
El ciborg nuevamente lanzó otro golpe que el joven volvió a esquivar saltando y moviéndose. Mientras el exterminador intentaba golpear a Peeta lanzando golpes con sus brazos y piernas, el joven las iba esquivando, aunque cada vez con más dificultad. Mientras iba esquivando los golpes, que de vez en cuando terminaban destrozando árboles o rocas, Peeta intentaba examinar bien la figura metálica que intentaba matarlo. Lo que alcanzó a distinguir fue que era bastante alto, incluso más alto que el tío Bob. La forma de su endoesqueleto era bastante parecida a la de un T-800 pero más robusta. Entonces se dio cuenta.
Era un T-600. Una de las primeras unidades de infiltración.
Ahora que ya sabía a lo que se enfrentaba debía descifrar cómo vencerlo, pero mantenerse enfocado en que el ciborg no lo asesine no ayudaba a pensar mucho. Lo más recomendado para vencer a un Terminator es una buena arma de fuego, pero en la arena esas armas no están permitidas, debía pensar en otra forma. Entonces recordó algo muy importante sobre la serie T-600. Según lo que aprendió del tío Bob, el T-600 tenía dos fallas.
La primera, su motor cortex, ubicado en su espalda. Un golpe en esta zona podía deshabilitar al ciborg, por poco tiempo pero era algo a tener en cuenta.
Lo segundo, los brazos. El diseño de los brazos del T-600 hacía que no pudiera levantarlos a un ángulo mayor de 45 grados. Literalmente, la máquina no podría tocar su cabeza con sus brazos si lo intentara.
Estos dos puntos le dieron una idea a Peeta. Sólo esperó que este pedazo de metal siguiera teniendo esas fallas.
La mochila que había tenía consigo se encontraba justo detrás del Terminator. Necesitaba alcanzarla. En un movimiento, Peeta corrió hacia el árbol. El exterminador intentó derribarlo con un golpe derecho. El rubio se tiró al suelo para esquivar el golpe, rodando, y alcanzando la mochila de la cual sacó un cuchillo que tenía guardado. Tan pronto lo tuvo se puso en posición de guardia. El ciborg avanzó nuevamente hacia Peeta. Esta situación le recordó su último entrenamiento con el tío Bob, y supo lo que debía hacer ahora.
Peeta tomó una respiración profunda y corrió directamente hacia el Terminator. El ciborg lanzó otro golpe, pero este sólo terminó impactando contra el suelo, porque Peeta se tiró, deslizándose entre las altas piernas del exterminador. Rápidamente, el rubio se paró y saltó sobre la máquina asesina antes de que este pudiera voltearse. El ciborg tenía ahora al tributo del distrito 12 sobre su espalda. Intentó quitárselo de encima pero Peeta se sujetó fuertemente del ciborg, y afortunadamente, sus brazos no lograban alcanzar al rubio porque no podía levantarlos lo suficiente. Entonces Peeta localizó el motor cortex en la espalda del exterminador y lo atravesó con el cuchillo. Casi de inmediato el ciborg bajó los brazos y empezó a tambalearse.
Esta era la oportunidad del rubio.
Inmediatamente, Peeta estrelló el cuchillo contra el ojo derecho del Terminator, atravesándolo por completo. Esto hizo reaccionar un poco al ciborg que volvió a intentar atrapar al tributo. En un movimiento rápido, Peeta clavó el cuchillo en el hombro derecho del ciborg. Aplicó una técnica que el tío Bob le había enseñado para poder cortar las uniones de los Terminators.
-¡Clava! –Empezó a decir entre dientes. -¡Empuja! –Empujó el cuchillo hacia el frente. –Y… ¡Presiona! –De un movimiento, Peeta presionó el cuchillo hacia la izquierda, lo cual ocasionó que el brazo empezara a separarse del cuerpo.
El Terminator trató de detenerlo pero fue muy tarde, el brazo terminó siendo desprendido y calló al suelo. Ahora sólo le quedaba su brazo derecho.
Peeta empezó a remeter cuchillazos por todas partes, mientras el ciborg intentaba sacárselo de encima. En una arremetida, el cuchillo quedó incrustado cerca del cuello del ciborg. Justo cuando parecía que el joven iba a ganar, el exterminador se tiró hacia atrás, chocando la espalda de Peeta contra un árbol.
-¡AH!
El Terminator aprovechó esto para sujetar la pierna del tributo con el brazo que le quedaba y arrojarlo al suelo, quitándoselo de encima. Peeta calló se dio la vuelta sobre su espalda, pero antes de que pudiera reaccionar, el ciborg avanzó y aplastó la rodilla izquierda del rubio con su pie metálico izquierdo.
-¡AHHHHHHGGGG! –Peeta dio un gran grito de dolor. Sintió cómo el hueso de su rodilla era atravesado por el frio metal. Ya no podía escapar.
Una vez que el tributo quedó inmovilizado, el exterminador lo tomó por el cuello con su único brazo y lo levantó. Estrelló a su presa contra el árbol y la mantuvo en lo alto mientras apretaba cada vez más su cuello. Peeta no pudo hacer otra cosa más que sujetarse del brazo, mientras miraba la aterradora cara tuerta del Terminator y sentía cómo lentamente su cuello era presionado. En la desesperación que sentía no podía pensar en ninguna forma más de escapar de esto. Justo cuando estaba a punto de aceptar la derrota, su vista captó algo.
El cuchillo incrustado en el exterminador.
En un último y desesperado intento, el joven agarró el cuchillo, lo sacó, y con las fuerzas que le quedaba lo incrustó en el otro ojo del ciborg, dejándolo ciego. Esta acción hizo que el agarre de la máquina sobre Peeta se aflojara, lo que le permitió al joven tomar un profundo respiro para luego retirar el cuchillo del ojo y clavarlo una última vez en el cuello del exterminador. Con esta acción, el ciborg retrocedió y soltó por completo al tributo, dejándolo caer al suelo.
-¡Ahhgg! –Peeta calló adolorido.
El Terminator se tambaleó un poco mientras para luego caer de rodillas frente a Peeta. Aunque la cabeza de la máquina estaba mirando hacia el rubio ya no podía verlo, porque sus dos censores oculares estaban destruidos. Peeta respiró con enfado antes de volver a gritar.
-¡Estás exterminado! ¡Bastardo! –Y con su pie derecho, pateó fuertemente la cabeza del ciborg.
Este golpe hizo que la cabeza del exterminador fuera empujada bien atrás para luego soltar unas chispas y volver a una posición más baja. Entonces el resto del cuerpo del ciborg calló al suelo con un fuerte ruido y no volvió a moverse más.
Peeta se mantuvo alerta por unos momentos, pensando que en cualquier segundo podría moverse de nuevo, pero esto nunca pasó. Finalmente, el tributó se relajó contra el árbol y con una fuerte respiración dio un gran suspiro de alivio.
Silencio. Eso fue lo único que se escuchó en cada distrito y en el Capitolio, incluso Caesar y Claudius estaban sin palabras. Pero todo fue reemplazado con un gran grito de júbilo.
-Esto… Esto… Esto es increíble. –Comentaba Caesar, sin saber que decir. No esperaban para nada que el arma del Capitolio terminara siendo vencida.
-Bueno… fue una pelea bastante difícil, ¿no? –Trató de ayudar Claudius.
-Sí, sí. Fue una bastante… emocionante. Creo que nadie se esperaba esto. –Dijo con una sonrisa nerviosa.
La gente en la plaza del Capitolio no paraba de aplaudir y gritar el nombre de Peeta. Incluso hubo gente en los distritos que aplaudían o por lo menos comentaban lo que fue capaz de lograr el joven. Y en el distrito 12, cierto ciborg de gafas oscuras se encontraba observando la pantalla y veía al muchacho que cuidó y entrenó.
-Bien hecho. Peeta.
En la sala de los Vigilantes nadie decía una palabra o se movía. Quien más se encontraba desconcertado era el jefe, que en su mente se preguntaba con temor qué será lo que estará pensando el presidente Snow en estos momentos.
Dicho presidente se encontraba sentado frente a la pantalla en su escritorio, igual de desconcertado que su asistente. En su desconcierto, Snow había soltado la copa de vino que tenía en su mano y esta se derramó por el piso de la oficina.
-No es posible… –Fue lo único que fue capaz de decir.
En la pantalla veía la imagen del joven logró vencer a su nueva arma.
-Dile a Seneca que averigüe todo lo que pueda sobre ese… muchacho. –Le dijo a su asistente, sin siquiera voltearse a verla.
La mujer sólo asintió y se dispuso a salir de la habitación.
NOTA: Lo de los brazos del T-600 es algo que me inventé yo, por si tienen dudas XD. Nos vemos en el siguiente capitulo.
