Sora estaba preparando el desayuno, sonriendo ella sola y sin motivo alguno aparente. Sus ojos estaban posados en la sartén que tenía delante, no pudiendo evitar observar el diminuto tamaño que tenían las tortitas que estaba haciendo para Aiko. Estaba de muy buen humor aquel día, a pesar de que le faltaba alguien muy importante con ella esa mañana, era el primer día de la madre que iba a pasar con su pequeña y le hacía mucha ilusión. Llamaría más tarde a su madre, ya que era demasiado temprano aún.
Colocó las tortitas en el platito de la niña, quedándose otra vez mirando hacia ello y sonriendo de nuevo sin poder evitarlo. Sabía que no le iba a costar comerlas, ya que eran blanditas y como no le había echado nada por encima en las de ella, podría cogerlas con la mano hasta como si fueran galletas, lo cual le facilitaría las cosas.
Fue hacia la mesa donde ya había colocado las de ella y Biyomon, terminando de sacar las cosas y preparándolo todo antes de ir a por ellas. Las había dejado encima de la cama ya que la pequeña se había despertado por la noche y había dormido finalmente con ella.
- Ya está el desayuno – dijo mientras que entraba-. Ya verás qué rico lo que te he preparado… Por la tarde vamos a ir a merendar un helado y te voy a dejar escoger el que tú quieras - tomándola en brazos, la acercó a ella dándole un beso sonoro de los que a ella le gustaban-. ¿Vienes? – le dijo a la digimon.
Llevándose al bebé con ella y notando como la seguía también Biyomon, fue a dejar a la pequeña en la mesa, colocándola en su silla y poniéndole el babero para que no se manchase entera, entretenida al ver cómo los ojos de la niña se fijaban en lo que había en su platito. Era la primera vez que se las daba y parecía que le habían llamado la atención.
- Verás qué ricas están… No me salen tan bien como a tu padre, pero seguro que nos las arreglamos… - miró hacia su compañera-. He hecho más mezcla, así que si te apetecen más tenemos reservas.
Alargó la mano para repartir la comida en los platos de ambas, quedándose a medio camino cuando escuchó el sonido de la puerta. Frunció el ceño, confusa, ya que era temprano y hasta donde ella recordaba no había quedado con nadie aquel día. Resopló, pasándose la mano por el pelo y echándose por encima de los hombros la queda que hacía ya días había robado de entre las cosas de Yamato para no abrir en pijama directamente.
- Biyomon, vigila a Aiko desayunar por si acaso, ¿quieres? – caminó hacia la entrada de la casa, quedándose congelada al escuchar lo que le pareció una voz más que conocida.
No llegó a asomarse o a preguntar quién era, simplemente esperó unos segundos antes de ser capaz de reconocer las voces de sus padres al otro lado de la puerta, abriendo de golpe y comprobándolo con sus propios ojos.
- ¿Qué…? – fue lo único que articuló, sin llegar a ser capaz de decir nada más por la sorpresa hasta pasados unos segundos-. ¿Qué hacéis vosotros dos aquí?
Toshiko sonrió, observándola, viendo la cara de confusión que tenía puesta. Sin duda había sido complicado dejar todo el trabajo listo para poder viajar, pero como había tenido tiempo de sobra se había encargado de todo con tiempo. Y allí estaba. Había llegado la noche anterior e incluso había hablado con su hija haciéndola pensar que estaba en Tokio todavía. Era lo más lógico, tratándose de la fecha en la que estaban, Sora sabía más que de sobra que su madre estaría ocupada… Y eso había facilitada mucho las cosas.
Espero que no abras la puerta con esas pintas y sin preguntar como costumbre… - bromeó, divertida, viendo como todavía no era capaz de reaccionar.
- ¿Mamá?
Riéndose de la escena, Haruhiko se quedó mirando hacia ellas, dejando que fuera su esposa la que saludase a su hija primero, aprovechando el momento para analizar a Sora con la mirada, dándose cuenta de que estaba más morena que la última vez que la había visto y que a pesar de parecer estar recién salida de la cama, tenía mucho mejor rostro que cuando se habían visto por última vez. Desde el interior de la casa, un gritito reclamó su atención rápidamente, dibujándose una sonrisa en la cara del profesor al darse cuenta de que Aiko debía de escuchar escuchando sus voces.
Sora reaccionó por fin antes de dar un par de pasos hacia delante para abrazar a su madre, aún sin ser capaz de hilar una frase completa hasta que se separó de ella, yendo también a saludar a su padre de la misma forma.
- ¿Qué estáis haciendo vosotros dos aquí? ¿Tú no estás hasta arriba de trabajo? – miró hacia Toshiko aun sin haberse separado del profesor.
- Nada que no pudiera dejar preparado con unos días de antelación para venir a verte, cariño… Bueno, venir a veros.
Incrédula, acabó por quitarse de mitad del camino, dejándolos entrar entonces cerrando la puerta tras su paso, atónita, sin poder dejar de seguirlos con la vista a pesar de que fueron directos a saludar a Aiko, la cual había visto por fin a sus abuelos e intentaba reclamar su atención de todas las posibles.
Natsuko estaba sentada tranquilamente en el sofá de su casa, revisando unos documentos para poder usarlos al día siguiente en el trabajo. Le había llevado toda la semana terminar de recopilar toda la información y ahora solo tenía que ponerla en orden.
- Espero que no estés poniéndolo todo patas arriba – dijo en voz alta sin tan siquiera mirar hacia la cocina cuando escuchó más ruido de la cuenta.
- Claro que no, pero es que no sé por qué tienes la manía de andar cambiándolo todo de sitio – contestó Hiroaki desde allí.
- ¿Yo? – girándose entonces, se quedó mirando hacia él-. Eso está exactamente donde la última vez. Que te hayas colado a horas demasiado tempranas en casa con a excusa de desayunar conmigo no hace que los platos se cambien de sitio…
Se había sorprendido cuando había llegado tan temprano aquella mañana, cogiéndola por sorpresa. Tampoco le había dado más importancia, sabía que más tarde habían quedado con Takeru para poder comer con él y con los niños. Estaba a punto de levantarse para ir a ayudarlo cuando el sonido del timbre de la puerta reclamó su atención.
- ¿Le has dicho que venga primero?
- ¿A quién? – asomándose, se quedó mirando hacia ella aparentando confusión.
Caminando hacia la puerta, dando gracias de haberse duchado y vestido más temprano aquella mañana, fue a abrir, preguntando primero, cada vez más confusa, abriendo la puerta al encontrarse a un mensajero con un ramo de flores entre sus manos.
- ¿Takaishi Natsuko? – preguntó, comprobando el nombre.
- Sí… Soy yo.
- Firme aquí, por favor – le tendió un dispositivo para que hiciera aquello, entregándole a continuación las flores-. Muchas gracias.
Confusa aún, no hizo más que seguir sus indicaciones, cogiendo bien el ramo entre sus manos y cerrando la puerta, sin llegar a despedirse, esperando a cerrar la puerta tras ella para poder observarlo. La flor predominante en él eran los claveles, siendo especialmente típicos para aquellas en aquella fecha.
- ¿Y esto? – preguntó confusa, dándose cuenta entonces de que tenía un sobre pegado.
Cruzó una mirada con aquel que la acompañaba, confusa aún, viendo como a pesar de encogerse de hombros no podía disimular la cara delatadora de que él sí que sabía algo sobre todo aquello y que precisamente aquel fuera el motivo por el que estuviera allí tan temprano.
- ¿Has sido tú?
- ¿Yo? Que yo sepa, y no te creas que no doy gracias por eso muchas veces, no eres mi madre…
Poniendo los ojos en blanco por el comentario de él, tras observar el ramo un par de segundos, bajó la vista hacia el sobre que venía con él, acercándose a la mesa para poder posar las flores. No reconoció la caligrafía en un primer momento, necesitando abrir el sobre para poder ver realmente quién era el remitente.
Levantó la mirada de nuevo hacia Hiroaki, quien se había acercado, queriendo ver más de cerca la reacción, buscando confirmación de esa forma al haberse dado cuenta finalmente de que esa era la letra de Yamato.
- A mí no me mires, no he tenido nada que ver – dijo finalmente, entreteniéndose en observar las flores.
Volviendo a bajar la vista, sacó los papeles del sobre viendo que eran varios, cogiendo el que parecía estar escrito a mano y gracias al cual había reconocido la letra de su hijo finalmente, comprobando que efectivamente no se equivocaba.
"Feliz día de la madre, mamá.
Lamento no haber podido estar en casa en esta fecha para poder celebrarlo, especialmente que ahora sí que empiezo a entender un poco más que lo significa. Lo primero de todo, quiero que sepas que no es por ti, ni por la relación que hayamos podido tener que nunca hasta ahora te hubiera felicitado, sino más bien que nunca había estado pendiente de un día como hoy. Soy yo el que ha cambiado de forma de ver las cosas de una vez por todas.
El año que viene estaré ahí para poder celebrarlo por fin. Espero que tengas un gran día y que sepas que incluso a tantos kilómetros de distancia, me estoy acordando de ti.
Yamato."
Completamente perpleja, bajó la vista hacia el resto de papeles viendo que uno de ellos venía con la insignia oficial de la JAXA, quedándose aún más confusa, apenas siendo capaz de enfocar bien la vista, al tenerla borrosa. Leyó como pudo el contenido, acabando por dejárselo a Hiroaki y que le hiciera él el favor, viendo como ni siquiera se molestaba en leerlos.
- Nos lo mandan a casa definitivamente. Lo han retirado de los viajes y creo que hasta va a tener un puesto mejor. Así que cuando vuelva, ya puede ir despidiéndose de esa vida – no necesitaba leer lo que ponía en los papeles. Él mismo se había encargado de dárselos a Toshiko cuando Yamato le había contado sus intenciones.
- ¿Desde cuándo lo sabes tú exactamente?
- ¿Yo? – sonrió de forma ligeramente ladeada, observándola entretenido.
No le respondió, todavía sin levantar la vista hacia él, encontrándose en la parte que aún no había llegado a desdoblar de la nota escrita por su hijo, una pequeña huellita con forma de mano. No necesitó muchas más explicaciones para reconocerla y sonreír ampliamente. Desvió la mirada hacia las flores, viéndolas con unos ojos completamente diferentes ahora, llevándose una mano a los labios, intentando recuperar la compostura, sin conseguirlo. No tardó en sentir como aquel que la acompañaba la rodeada con los brazos.
Sora estaba con la vista fija aún en sus padres, los cuales se habían acercado a Aiko. Sabía que llevaban demasiado tiempo sin verla y que la niña los había echado de menos mucho más que ella, ya que había podido hablar con ellos por teléfono todo lo que había querido y más. Aún estaba demasiado confusa para entender nada de lo que estaba pasando allí, por mucho que lo intentase.
- Deberías de desayunar, o se te va a enfriar – le dijo Toshiko, observándola-. Igual que cierta señorita… Venga – dándole una caricia a su nieta, se acercó a su hija-, que tu padre prepare algunas más que debe de ser lo poco que sabe no quemar…
- ¿Qué haces aquí mamá? – no pudo evitar la pregunta.
- ¿Yo? Venir a pasar el día de la madre con mi hija y mi nieta.
- Pero… ¿y la tienda?
- Tranquila, cariño. Está todo más que arreglado. Llevamos planeando este viaje desde hace una buena temporada, ha quedado todo listo. ¿Qué? ¿Tanto te sorprende?
- Pero… No hacía falta que vinierais los dos hasta aquí y más en estas fechas de temporada más alta…
- Cariño, nosotros somos parte del regalo – sonrió al ver la cara de confusión de ella.
Hoy os subo el capi sin contestaros a las review que estoy aquí en la cama a ver si resucito o cómo va la cosa... Llevo cosa de media hora mirando hacia la pantalla sin esperanza de demostrar actividad neuronal... Así que para no dejaros sin capi, así os va. Ya en el siguiente os respondo, prometido (sí, ya sé que lo hacéis porque queréis y no para que os ande respondiendo, pero ya sabéis que me gusta).
¡Un besito de tortuguita enorme a tod s!
