- ¿Ves? Te dije que no era tan grave que se iba a portar bien el niño durante todo el vuelo – dijo Koemi mientras que terminaba de buscar sus gafas en su bolso-. ¿Estás seguro de que te sabes el camino?
- Que sí, que he estado aquí unas cuantas veces. Además, aunque nos perdiéramos, te digo yo que esto no da para tanto – se quedó mirando hacia ella-. ¿Llevas al niño tú o la maleta?
- Dame la maleta anda… ¿Le has dicho algo a Sora al final?
- No, pero bueno, debería de estar en casa, es temprano.
- ¿Y por qué no la llamas ahora entre que dejamos las cosas y no y te aseguras de que esté en casa?
Se quedó mirando hacia ella, teniendo que darle la razón. Echó a andar finalmente hacia donde esperaban los taxis a los viajeros para poder acercarlos al centro, sacando el teléfono de su bolsillo y esperando poder tener aquella conversación sin delatarse demasiado, buscando así el número de su amiga entre los primeros de las últimas llamadas realizadas.
- Taichi… Yamato vuelve dentro de un par de días, sigo viva… No hace falta que me estés llamando a todas horas… - pudo escuchar nada más descolgar.
- ¿Hacemos la prueba y dejo de llamarte a ver cuánto tardas tú en venir a demostrarme que no puedes vivir sin mí? – al otro lado de la línea, Sora chasqueó la lengua, sacándole así una sonrisa-. ¿Qué haces? Se oye más ruido de lo normal de fondo – miró hacia Koemi, señalándole uno de los taxis.
- Pues estoy con la niña por el centro, hemos venido a hacer unos recados y luego vamos a dar un paseo por el puerto. Hace un día muy bonito para no aprovecharlo. ¿Tú? ¿No estás en el trabajo?
- No, tenía un viaje importante. Acabo de llegar al aeropuerto, de hecho y estoy buscando un taxi que me lleve al hotel… Pero bueno, podría ser peor – vio a su esposa reírse, haciéndole un gesto a Daigo para que no hiciera ruido-. ¿Tus padres ya no están?
- No… Se fueron hace unos días. No podían dejar el trabajo desocupado ninguno de los dos, especialmente mi padre. Pero bueno, he estado adelantando algunos proyectos para el estudio. ¿Qué tal Koemi y el niño?
- Bien, creo que ellos también iban a salir a dar un paseo por el puerto hoy por la mañana.
- Oye, tengo que pagar en la caja ahora mismo, ¿te llamo más tarde y así hacemos videollamada y te ve Aiko?
- Perfecto, ya te aviso cuando esté en el hotel… Ten cuidado, no te vayas a poner demasiado morena.
- No trabajes demasiado, Yagami…
Guardó el teléfono cuando colgó, dándose cuenta de que Koemi estaba mirando hacia él con cara de "te lo dije", encogiéndose de hombros antes de terminar de darle la dirección correcta al conductor para poder ir a dejar las maletas.
- Seguro que se empeña en que nos quedemos en casa con ella… Pero bueno, yo creo que estamos mejor nosotros a nuestro aire, ¿no? – le dijo.
- Tienen sitio de sobra, pero sí – asintió a las palabras de su esposa-. Lo primero porque creo que tenemos que pagar al llegar al hotel… Y lo segundo… Yamato llega en nada, seguro que están mucho más tranquilos ellos tres.
- Y lo tercero, Daigo es capaz de revolucionar hasta a Aiko, así que mejor que tenga sus ratos de calma…
- Oye, la madre ha salido bastante decente y lleva dejándose revolucionar por mí prácticamente desde que tengo recuerdos.
- Sí, pero cuando te pones más pesado de la cuenta te da una colleja. Y, aparte, Sora ya viene revolucionada de casa…
Cruzándose de brazos, se quedó mirando hacia ella entrecerrando los ojos, provocando así la risa tanto de Koemi como del niño.
Sora terminó de recoger lo que había comprado, aprovechando para dejarlo en la parte baja de la silla de Aiko y no tener que ir cargando con las bolsas todo el camino. Despidiéndose del dependiente de la tienda, salió con paso tranquilo.
- Mira, para que te entretengas mordisqueando – le tendió a Aiko un trozo pequeño de pan-. ¿Tú quieres? – miró hacia su compañera viendo como asentía y haciendo entonces exactamente lo mismo que ella.
Dirigió sus pasos hacia el paseo por fin, teniendo que pasar por las zonas en las que los restaurantes empezaban a preparar las cosas. Se quedó mirando hacia ellos, pensando en que le apetecía quedarse aquella mañana por allí y comer fuera, pero no había traído con ella la comida de la pequeña y eso iba a ser un problema.
- ¿Dónde vamos chiquitina? ¿Vamos al mirador a ver si desde ahí vemos algo entretenido? – empujó la silla en la dirección que había dicho.
Al final del paseo había un mirador que daba a toda la zona del puerto y en donde estaba colocado un pequeño parque al que ya había llevado a Aiko algunas veces. Era demasiado pequeña aun para dejarla jugar sola allí, pero si había poca gente podía dejarla y así estar más pendiente de ella. Lo que le había dicho a Taichi era cierto, pero había estado haciendo más cosas que las relacionadas con el trabajo. Con la cercanía de la llegada de Yamato había aprovechado para revolver por casa y ver qué le podía hacer falta para hacerle su cena favorita. Hideki le había dicho que volverían a media tarde y que seguramente los dejarían salir de la sede a primera hora de la noche. Su idea era esperarlo en casa con todo preparado para que solo tuviera que darse una ducha, ponerse el pijama y cenar tranquilamente.
Por estúpido que pareciera, le hacía especial ilusión esa idea. Le había dado más vueltas al menú de cena que a cosas mucho más importantes del estudio, decidiéndose finalmente por aquello que sabía que le encantaba. Se conocía los dramas de la comida de Yamato en el espacio y, sin duda, podía entenderlo. Lo mismo había pensado con Gabumon, comprando también algunas de las cosas que más le gustaban a él.
Tenía muchas ganas de verlos, a los dos. Se había acostumbrado tanto a la compañía de ambos, a encontrárselos por cualquier parte de casa teniendo alguna conversación sin sentido entre ellos dos, o bien jugando con la pequeña. No necesitaba pensar en detalles más serios o importantes, sino en simples detalle del día a día. Eso, sin duda, había marcado la diferencia entre el viaje a Marte y este. Se le había hecho mucho más largo y complicado de llevar este que el otro, a pesar de que hubiera sido mucho más corto en realidad.
- ¿Qué piensas? – preguntó Biyomon, quedándose mirando hacia ella desde su altura, habiendo alzado el vuelo.
- Nada… Pensaba en las ganas que tengo de que llegue el lunes…
- ¿Vamos a ir a buscar a Yamato?
- No – negó con la cabeza-. Según Hideki llegarán de noche y es muy tarde para que Aiko esté por la calle. Así que esperaré a que llegue en casa…
Le hubiera hecho ilusión ir a por él y darle la sorpresa, pero a sabiendas de que no tenía con quién dejar a la pequeña, era mejor quedarse en casa. Sabía que se iba a poner nerviosa también ese día, pero no iba a amargarle la existencia a ninguno de sus amigos para que fuera a acompañarla.
- Mira Aiko, no hay nadie en el parque, vas a poder jugar tranquilamente… - alejó el hilo de pensamientos de su cabeza centrándose en ella-. Vamos a jugar con Aiko, venga, ya tendré tiempo de pensar cómo hacer las cosas…
Cogiendo a la pequeña de la silla, viendo que todavía no había sido capaz de terminar el trocito de pan que le había dado alargó la mano para que se lo dejase a ella y así poder jugar sin que se le cayera el suelo. Lo tiró a la basura, pensando que si luego quería otro se lo podía dar, yéndose entonces con ella para que no se hiciera daño.
Habiendo dejado todo en el hotel y con el teléfono en la mano para asegurarse de que estaban siguiendo el camino correcto, los Yagami habían salido de nuevo a la calle. Aunque el puerto podía verse desde allí, no sabían en qué dirección exactamente podría haber ido Sora o si tan siquiera estaba aún por allí, de manera que tendrían que probar suerte.
- ¿Tú tienes idea de dónde puede estar el parque?
- Pues… Las veces que tuve que venir por motivos laborales el rancio de Yamato no me trajo a jugar al parque, ¿te lo puedes creer? Si es que es un aburrido…
- Mira, de vosotros dos me podría creer perfectamente que habéis acabado en el parque jugando… No creo que fuerais a dar mucho el cante…
Riéndose de él, alargó la mano hacia Daigo, para que se cogiera a ella y poder caminar con él, dejando que fuera el pequeño el que marcara el paso y que su versión más adulta dijera por dónde tenían que ir, ya que ella, sin lugar a dudas, no tenía ni la más remota idea del camino.
Por suerte, el lugar era pequeño y no necesitaron demasiado tiempo para poder ver a lo lejos un color de cabello demasiado llamativo. Sora no estaba demasiado lejos y estaba tranquilamente sentada en el suelo, lo cual dejaba bastante claro lo que estaría haciendo en el parque. Taichi se agachó, cogiendo él a Daigo y quedándose a su altura.
- Mira – señaló hacia ella-. ¿La ves? Pues está con Aiko… - esperó a que el niño soltase la mano de su madre-. Venga, corre a darles un susto, que sé que te gusta – dándole una ligera palmadita en el trasero.
- Eso, tú suelta a la fiera para que te haga el trabajo sucio… - divertida, se quedó esperando a que él se pusiera en pie sin quitarle la vista de encima al pequeño.
Sora sonrió a Aiko, viendo como se ponía en pie y daba pequeños pasitos hacia ella ante la mirada de Biyomon, quien permanecía atenta por si se caía. Al estar la niña completamente concentrada en aquello y sus acompañantes en vigilarla, ninguna se dio cuenta de que Daigo se acercaba correteando hasta ellas.
Apenas unos segundos más tarde había alcanzado a Sora, quedándose abrazado a ella desde uno de los laterales, provocando que se quedara congelada del susto, alzando quizás más el tono de lo que hubiera querido, asustando a su vez a Aiko, la cual perdió el equilibrio, quedándose sentada en el suelo.
- ¿Qué…? – bajó la vista hacia el niño, no reconociéndolo en un principio al no poder verle la cara, haciéndolo unos segundos más tarde-. ¿Daigo? ¿Cómo has llegado tú hasta aquí?
- ¿Ves? Te dije que no iba a ser tan complicado subirlo al avión…
Girando la cabeza automática hacia el origen de la voz de Taichi, no pudo más que quedarse mirando hacia ellos con la boca abierta, sin poder procesar lo que estaba pasando. Hacía apenas un rato que había hablado con él y… ¿se la había colado con tanta facilidad? Miró hacia Koemi, todavía incrédula, viendo la cara que traía, divertida con la escena.
- Chi… ¡Chi! ¡Chi!
Cortándosele la risa por la cara que había puesto Sora, Taichi dirigió automáticamente los ojos hacia la niña. Inicialmente podría haber pensado que había estornudado, pero al ver como cada vez que decía aquella palabra levantaba los bracitos hacia él se quedó congelado.
- Oye, estas cosas me las avisáis y os sacó una foto, porque no sé quién de los dos tiene más cara de tonto ahora mismo… - riéndose de ellos, mirando también hacia Aiko, Koemi se quedó sonriendo. Ella sí que había escuchado perfectamente como intentaba llamar a Taichi.
- ¿Agumon? – Biyomon, quien también había estado observándolos confusa, habló por fin.
- En el hotel. Se mareó en el avión… - la mujer se encogió de hombros, tendiéndole la mano a Sora para que se pudiera poner en pie, teniendo cuidado con Daigo-. Tranquila que luego vamos a por él…
- ¿Qué narices estáis haciendo vosotros aquí? – arrancó de repente la pelirroja-. ¿Tú no estabas en un viaje importante?
- Y está en un viaje importante, pero no le hagas esas preguntas ahora que está ocupado babándose encima…
Aiko, quien había continuado repitiendo "Chi" en voz alta, había reclamado del todo la atención de su padrino. Reaccionado por fin, avanzó unos pasos para poder cogerla en brazos, notando como la pequeña se quedaba abrazada a él apoyando su cabecita contra su hombro.
- Chi.
AnnaBolena04: bueno, yo creo que Aiko acaba de cometer un asesinato. Pero no pasa nada, porque si se descuida no tiene testigos porque su madre también está muy confusa con lo que le acaba de aparecer de repente en la isla. Un envío directo con el que no contaba de ninguna de las maneras que ha llegado en forma de los Yagami.
Ahora claroa, bastante contaba Taichi con que el que se iba a quedar tonto iba a ser él cuando una cosita adorable empezara a llamarlo "Chi". Que no, que la nenita no está estornudando, es que ha decidido que el nuevo nombre de su padrino es Chi y yo creo que a ver ahora quien se lo cambia. Pobrecita Aiko, si es que a este paso va a crecer sola porque va a matarlos a todos con su adorabilidad, que yo al escribir la escena poco más y me muero yo sola del fangileo porque me los imaginaba y me moría...
Espero que no mueras mucho del UHDALHDAHFAFHKAHFLANGAHF porque, sin duda, este capi es digno de ellos. ¡Besitos de tortuguita!
