Mai puso los ojos en blanco cuando volvió a escuchar la misma pregunta por enésima vez en aquel día. Estaba completamente segura de que saltaría al cuello del primero que volviera a hacerlo. A esa hora debería de estar en su casa, con su familia. Y sin embargo todavía estaba en la maldita base rodeada de inútiles que estaban volviéndola completamente loca.

Arrugó el gesto, intentando acomodarse, costándole algo de trabajo debido a las molestias generalizadas que tenía en todo el cuerpo.

- Te lo vuelvo a repetir. No sé lo que ha pasado ni ha dejado de pasar. EL primer recuerdo nítido que tengo es dentro de estas paredes. ¿Falta mucho para que me dejéis irme de una vez?

Sabía que no tenía la culpa, que simplemente estaba haciendo su trabajo y que se estaban asegurando que todo estuviera bien… pero ya les había dicho todo lo que les podía decir. Habían empezado la reentrada con total normalidad a pesar del retrasado. Nada más que les habían llegado las coordenadas había avisado al resto del equipo para que tomara posición y ella misma había preparado la nave para entrar.

Todo había sido perfectamente normal, sin desviaciones ni más retrasos. Y, de repente, todo se volvía un borrón. Lo único que era capaz de recordar era la voz de fondo de Yamato y luego, una sucesión de caras que no tenía demasiado clara. Lo siguiente nítido que tenía en la cabeza era dentro de aquellas paredes.

Volvió a fruncir el ceño al intentar moverse y no poder hacerlo porque le dolía todo.

- ¿Dónde están los demás? – preguntó.

- No lo sé, solo estoy asignado contigo…

- ¿Cuándo voy a poder salir de aquí? Ah, espera, no me lo digas… Tampoco lo sabes. Lárgate de mi vista… ¡Fuera!

Hideki pudo respirar tranquilo en el momento en el que escuchó el claro grito de Mai echando de allí al pobre médico que hubieran asignado para que comprobara que todo estuviera bien. No tardó en ver como alguien salía de una de las salas, prácticamente escapándose y dejando la puerta entreabierta tras él.

No entró directamente, golpeando así con los nudillos en ella antes de asomarse a su interior. Puso ver como una muy malhumorada piloto miraba hacia la entrada, esperando encontrarse a cualquiera que se atreviera a ir a preguntarle otra vez tonterías. La expresión de la cara de ella cambió por completo al reconocerlo.

- Hideki… - murmuró-. ¿Cómo…?

- Alguien tiene que hacerme caso de vez en cuando – se encogió de hombros, entrando finalmente y acercándose a ella. No le gustó demasiado ver que tenía algunas raspaduras bastante feas y que era la vez que más pálida la había visto desde hacía mucho tiempo. Podía ver asomar alguna que otra venda entre su ropa-. ¿Qué narices os ha pasado? Estoy volviéndome loco ya intentando adivinarlo…

- No lo sé. Te juro que no lo sé. Tengo un borrón en la cabeza y luego todos estos pesados encima de mí. Si me han sacado hasta sangre y dicen que no me van a dejar irme de aquí hasta comprobar que… Arata. ¿Dónde está? ¿Sabe algo? ¿Qué hora es ya? Tiene que estar esperándome. Después de lo que pasó la otra vez tiene que estar volviéndose loco por no haber podido saber nada todavía.

- Calma… - alzó las palmas de las manos-. Te prometo que yo mismo voy a ir en persona a decirle lo que está pasando. Debe de estar en la base desde hace un rato, dejé preparado un pase para él.

Sorprendida, no pudo más que acabar asintiendo. Sabía cómo funcionaban esas cosas y dudaba que fueran a dejarla irse de allí tan rápido, pero agradecía que al menos se hubiera tomado él la molestia de dejar las cosas mejor preparadas y no bajo el habitual hermetismo.

- ¿Has visto a Yamato? – le preguntó al general.

- No, él y Gabumon son los únicos que no he podido ver todavía. Y no me vendría mal tampoco porque Sora está con Arata fuera. ¿Tienes algo que le pueda decir de él? – esperó a verla negar con la cabeza, lo cual sonaba lógico tras las previas explicaciones que le había dado.

- ¿Sora está fuera? – la voz de aquel por el que precisamente habían estado preguntando provocó que ambos girasen la cabeza con rapidez hacia él.

Al igual que la piloto, tenía algunas raspaduras en el rostro y a la altura de la ceja, cubierta con unas ganas lo que parecía una herida más seria. No tenía muy buena cara y, aunque tras él iba un completamente ileso Gabumon, cuando lo vieron avanzar hacia ellos, se fijaron en que sus pasos eran algo más lentos.

- Estoy bien – anunció antes de que le llovieran las preguntas-. Son tonterías… No hay nada roto, pero creo que entre el dolor de cabeza que arrastro, el hombro y la rodilla vais a tener que aguantarme protestando unos cuantos días… - sus ojos se posaron directamente en Mai, llegando hasta colocarse delante de ella, ignorando a Hideki sin poder evitarlo-. Que sea la última vez en tu vida que me das un susto de este tipo porque te juro que mando a Gabumon que te muerda…

En el momento en el que habían atravesado la parte más peligrosa del viaje, se habían relajado. Todos los sensores funcionaban bien y la temperatura exterior era la normal a pesar de estar aún en la zona caliente. En aquella ocasión no tenían fallos y lo único que les quedaba era un tranquilo aterrizaje. O eso era lo que Yamato había pensado.


- ¿Tienes bien las coordenadas? – preguntó Yamato antes de volver a echar un vistazo en la pantalla.

- Sí, se han pasado directamente al navegador – asintió-. Vale, pues entonces vamos a ello. Hazme el favor y avisa, yo voy a terminar de comprobar todo.

Asintiendo a las palabras de ella, se levantó de su asiento, aprovechando el momento para pasar cerca de Gabumon y posar su mano en su cabeza unos segundos, saliendo así hacia donde estaban los otros dos.

- ¿Todo bien por aquí?

- ¿Ya tenemos la ventana? – preguntó Takao.

- Sí, así que comprobar bien todos los seguros que vamos a entrar en breves. ¿Katsu?

- Todo perfecto – le respondió desde algo más allá-. Están todos los sistemas funcionando perfectamente.

Esperó hasta asegurarse él mismo de que estaban listos antes de volver a su puesto, deteniéndose aquella vez al lado de Gabumon, siendo él mismo, como siempre solía hacer, quien colocara todos los seguros para su compañero.

- Con un poco de suerte, antes de la cena tienes a alguien usándote de peluche – le dijo antes de sonreírle ligeramente y tomar asiento-. ¿Todo bien? – preguntó a Mai colocándose correctamente todo.

- Vamos – contestó ella-. Permiso para acceder.

Esperando unos segundos para obtener confirmación por parte de la base, no fue Hideki quien respondió por ella. Seguramente solo se hubiera pasado para saludar, teniendo que dejar la sala por cualquier tipo de norma o protocolo estúpido. Puso los ojos en blanco antes de mirar hacia Yamato.

- Permiso concedido.

- Pasando a control manual – dijo antes de cortar la comunicación para poder estar más tranquila a sabiendas de que era solo cuestión de minutos que lo perdieran-. ¿Tengo que esperar a que me des la orden tú o puedo ir devolviéndonos a casa?

Pudo escuchar como el rubio se reía, todavía distraído en comprobar todo. Esperó, a pesar de todo, a que terminase y levantase la cabeza hacia ella.

- ¿Ya has terminado, maravilla rubia?

- Estás muy blancucha… - dijo tras observarla unos segundos.

- Ya, ya te dije que no había tenido a mejor de mis mañanas. Pero estoy bien… Creo que lo que tengo son ganas de volver a casa. Así que, le repito la pregunta, comandante, ¿permiso para comenzar la maniobra?

- Qué tonta eres… - negó con la cabeza-. Permiso concedido…

No escuchó ninguna risa por parte de ella, dando por supuesto que cuando realmente le tocaba hacer su trabajo, siempre se ponía mucho más seria. Dejándola hacer lo que necesitara, se centró en comprobar que todo estuviera funcionando a la perfección.

Pasados unos minutos, giró al cabeza hacia ella quedándose observándola algo más detenidamente, dándose cuenta de que no tenía demasiada buena cara. Frunció el ceño, no queriendo distraerla, pero sin poder quitarle la vista de encima.

- Yamato… - pudo escucharla llamarlo, sin estar seguro de si lo había visto o no observarla.

- ¿Estás bien?

- Estoy mareada. Cógelo tú.

- ¿Qué? – si no hubiera estado bien sujeto a su asiento, posiblemente hubiera dado un brinco en ella-. ¿Cómo que estás mareada?

- Cógelo tú, no hemos terminado de hacer la entrada – repitió.

Frunció el ceño, mirando hacia ella, dándose cuenta de la expresión que tenía, la ausencia de color en su cara y como se podían ver pequeñas gotitas de sudor frío en su frente aparecer. Conociéndola como la conocía, sabía que no habría empezado el acercamiento si hubiera visto venir que algo así le fuera a pasar.

- Deja de mirarme con cara de susto y haz el favor de terminar tú la entrada… Te lo digo muy en serio.

- ¿Qué? No…

- Sí, no podemos quedarnos parados – hizo una pausa, mirando hacia él-. Cógelo y luego activa el modo automático.

Confuso, tardó aún unos segundos más en reaccionar, haciendo lo que ella le había pedido. Cuando solía decir que sabía cómo se hacía aquello, solía hacerlo sin hablar en serio, pero hasta cierto punto, era una de las cosas que estaba obligado a saber y conocer. Sin embargo, una cosa era saberlo sobre el papel y otro encontrarse con una situación así delante de él. Hizo lo que ella le pedía a sabiendas de que tampoco tenían otra opción.

- ¿Estás bien? – preguntó a pesar de todo, asegurándose de identificar todo-. ¿Eh? ¿Mai?

Miró de reojo hacia ella, no queriendo agobiarla a pesar de que podría unirse a ella en cualquier momento, esperando ser capaz de hacerlo él. Tenían que salir de la zona caliente antes de que pudiera afectar a la nave. Una vez que estuvieran fuera, podría dar el aviso a la base y, con un poco de suerte, quizás estuviera mejor ella.

- No me puedo creer que esté haciendo yo esto - murmuró por lo bajo.

Estaba intentando valerse de toda la fama que había acumulado a lo largo de los años de saber mantener la cabeza fría. Realmente, nunca jamás le había hecho tanta falta como en aquel momento, ya que lo último que necesitaba era que los nervios o el miedo lo bloqueasen. Al igual que tampoco necesitaba pensar en nada más que en lo que estaba haciendo, no necesitaba distracciones de ningún tipo.

- ¿Y ahora qué? – preguntó cuando pudo comprobar que estaban en la altura correcta, no obteniendo respuesta. Girando la cabeza, confuso, enfocó a la piloto, viendo como se había quedado aún más pálida y sus ojos se habían cerrado-. ¿Mai? Eh, venga. Mai, no se te ocurra hacerme esto. ¡Mai!

Aprovechando que estaban en una zona más estable, se giró hacia ella, posando la mano sobre su brazo para sacudirla ligeramente, la necesitaba despierta.

- Mai, venga por favor… Venga, yo solo no puedo y esos inútiles de tierra no me sirven para nada. Mai… Mai – la sacudió algo más bruscamente. En otras condiciones no lo hubiera hecho, pero realmente necesitaba su ayuda-. ¡Mai!


Se le había helado la sangre en las venas cuando había visto como el color desaparecía de la cara de Mai de repente y como, poco a poco, parecía dejar de percibir todo lo que la rodeaba. No sabía si había llegado a perder el conocimiento, a marearse o qué era lo que había ocurrido exactamente con ella. Lo único que sabía era que una vez que habían iniciado el descenso, pocas más opciones que terminarlo tenían. Y que con la piloto en esas condiciones no lo iban a poder hacer. Asustado por lo que pudiera estar pasándole a ella, le preocupaba más el llegar cuanto antes a tierra que empezar a sofocarla con preguntas que no iba a responder.

- ¿Estás mejor ya?- preguntó, observándola más detenidamente.

- ¿Yo? Yo estoy algo dolorida, pero tú, sin duda, estás mucho más guapo que yo…

- Ya, es lo que pasa cuando el que tiene que aterrizar soy yo… - miró hacia el general-. ¿Dónde te habías metido? Seguro que tus indicaciones me hubieran venido mucho mejor.

- Fuera… Ya los conoces. Ni siquiera se dignaron a informarme de nada, lo único que he sabido hasta ahora es que "había un problema y que os habían trasladado a la parte médica".

Mai se quedó mirando a unos y a otros. No era demasiado consciente de lo que había ocurrido arriba, pero no podía evitar pensar que habían estado a punto de tener consecuencias mucho más graves de las que habían tenido por su culpa. Se quedó mirando hacia Yamato, el cual, a pesar de todo, seguía mirándola con gesto preocupado.

- Hideki… ¿puedes dejarme sola con él un momento y avisar a los que esperan fuera? A ti te dejan salir, ¿verdad?