- ¿De verdad que no os queréis quedar a dormir? Se ha hecho muy tarde… - preguntó Sora mientras que se quedaba mirando hacia Taichi-. Hasta Daigo ha caído rendido ya.

- No, tranquila. Este cuando se duerme no sabemos nada más de él… No se va a despertar por el camino. Y me parece que vosotros dos estáis mejor a vuestro aire. Ya nos pasaremos mañana por la tarde por aquí… ¿te parece bien?

Se quedó mirándolo unos segundos antes de asentir y sonreírle. Sin duda, aquella visita sorpresa que había tenido a bien hacerle no habia podido ser más apropiada. Aquella tarde, sin duda alguna, no podía haber agradecido más que compañía a su lado. Aunque no hubiera sido más que un susto que únicamente hubiera acabado con Yamato algo dolorido, el susto que se había llevado iba a tardar en pasársele.

- ¿Os vais ya? – preguntó el rubio sacándola así de sus pensamientos, quedándose a su lado.

- Sí, justo le estaba diciendo a Sora que mañana por la tarde nos pasaríamos por aquí… Ya va siendo hora – se encogió de hombros.

- Y nosotros nos vamos también – llegando hasta donde estaban, Hideki se acercó-. Ya es tarde y creo que ya se ha asegurado de que estáis todo bien – señaló con la cabeza hacia Shiori, quien se acercaba también hacia ellos.

- No os preocupéis, ya lo meto yo ahora en la cama de la oreja si se le ocurre protestar – dijo la pelirroja, quedándose mirando hacia ellos también-. Y mañana por la mañana si intenta levantarse también – enfocó hacia la mujer, sonriéndose-. Muchas gracias por haber venido…

- ¿Yo? Bastante habéis tenido con el día de hoy como para hacer otra cosa – negó con la cabeza-. Vámonos de una vez, que están cansados… Y tú también, venga.

- Ya la habéis oído – se encogió de hombros-. Si es que a mí ya no me hace caso nadie, normal que me ande cambiando de puesto con tanta frecuencia…

Yamato acompañó a Koemi hasta el coche, dejándole las llaves. Ellos no lo iban a utilizar y a ellos les vendría bien para poder llegar a la ciudad primero y no tener que ir caminando y que se pudiera despertar el niño. Taichi había terminado de recogerlo todo, acercándose entonces hasta la puerta para poder irse tras su esposa.

Se quedó mirando hacia la pelirroja, quien se había quedado apoyada no demasiado lejos, cruzando una sonrisa con ella cuando sintió su mano sobre su brazo.

- ¿Te he dicho alguna vez que tienes el don de la oportunidad? – le dijo.

- Yo no lo llamaría así. Lo llamaría conocerte lo suficientemente bien para saber cuando te vas a poner histérica tú solita… - se quedó mirándola-. Vete a la cama, duerme y descansa. Mañana hablamos – acercándose algo más hasta ella, se inclinó para dejar un beso en su mejilla-. Y no te lo creas tanto, en el fondo sabes que he venido por la niña.

- Ah, claro, ya me parecía a mí – riéndose, divertida, asintió a lo que le había dicho-. Llama mañana antes de venir por si nos hemos acercado hasta la playa o algo, ¿vale?

- Entendido…

Salió finalmente, yendo hacia donde los otros dos esperaban, dejando las cosas del niño antes de quedarse mirando hacia el rubio, aprovechando que desde allí Sora no los escuchaba entonces para hablar más directamente.

- ¿Estás bien?

- Más o menos – asintió-. No es nada grave, tranquilo. Mañana igual me quiero pasar la mañana en la cama porque me duele todo, pero por el momento sobreviviré.

- No suena como un mal plan – le dijo Koemi, habiéndose quedado pendiente de ellos-. Quizás es eso lo que deberías hacer sea cual sea la circunstancia. Creo que me dé de dos que te lo agradecerían.

- Sí… Yo creo que él mismo también lo agradecería – admitió-. Iros, venga. Tenéis que estar cansados también…

Posiblemente tuviera alguna que otra conversación pendiente con ellos. No podía haberse alegrado más cuando habia escuchado que él estaba en la isla y que, por lo tanto, cuando la cosa se había complicado, había estado al lado de Sora. Incluso aunque no hubiera ocurrido nada, sabiendo lo mal que llevaba los aterrizajes y despegues, se alegraba de saber que había ido hasta allí. Despidiéndolos con un gesto, esperó hasta perderlos de vista por el camino.

Sacó el teléfono de su bolsillo, comprobando la hora, dudando unos segundos, buscó el número de su padre. Posiblemente estuviera despierto y podría hablar con él aunque fuera para saludarlo después de tantos días fuera.


Hiroaki estaba apoyado en la barandilla de la pequeña terraza de la casa, distraído, con la vista en la nada. No tenía intención de irse a la cama hasta que su hijo diera señales. Sabía como funcionaban esas cosas y que al pobre lo habrían tenido dando vueltas como siempre. Ni siquiera tenía del todo claro a qué hora habían llegado, solo había recibido el mensaje de Yamato y ahí se había terminado todo.

Nada más sentir la vibración de su teléfono, bajó la vista hacia él, sonriendo al leer el nombre de su hijo, descolgando automáticamente, haciéndole un gesto a los que estaban dentro para que supieran con quién estaba hablando.

- Dime que no te acaban de dejar salir… - fue el saludo que le dio.

- No… Estábamos cenando con el resto del equipo. Taichi y Koemi estaban también aquí… Acaban de irse todos.

- Bueno, te voy a aceptar esa excusa por tardar tanto – se giró viendo como Natsuko se había acercado hacia él-. ¿Todo bien?

- Estoy cansado, pero sí, todo bien. Último viaje terminado…

- ¿Has visto ya a Aiko?

- Está durmiendo, mañana por la mañana cuando se despierte… Eso si consigo que Gabumon me la devuelva.

- Eso puede ser más complicado – sonrió-. Tengo a tu madre y a tu hermano aquí, ¿quieres hablar con ellos?

- Estoy cansado, papá… Ponme el manoslibres y así los saludo a ambos a la vez.

- ¿Seguro? Sino ya hablarás con ellos mañana…

- No, no…

- Vale, espera…


Sora se dio cuenta del gesto de Yamato, asintiendo y entrando en casa sin esperarlo, aprovechando para recoger algunas de las cosas que habían quedado por encima de la mesa, yendo a dejarlas en la cocina. Ya se ocuparía de ellas al día siguiente.

Estaba en un estado que ni siquiera sabría describir. Aquel día, sin duda, había sido de esos que seguramente prefiriese olvidar cuando fuera capaz de procesarlo y quedarse únicamente con que ya lo tenía en casa. Sonrió, cortando el hilo de sus pensamientos, cuando escuchó el sonido de la puerta cerrándose.

Se giró para seguir al rubio con la mirada dándose cuenta de que cojeaba algo al andar, frunciendo el ceño, aprovechando entonces a hacerle una revisión más exhaustiva. Sin duda se creía que no era nada grave o roto, pero eso no quitaba que le gustara verlo. Posiblemente tuviera que dar gracias porque solo fuera aquello lo que tuvieran que lamentar.

Dejándolo hablar tranquilamente, salió hacia el baño para coger algunas cosas para poder curarle el par de raspaduras que eran más evidentes en su rostro. Posiblemente fuera a protestar, pero eso de poco le iba a servir. Aprovechó para cambiarse y ponerse el pijama antes de volver a salir al salón, dándose cuenta de que ya había colgado.

- Siéntate anda… - le dijo caminando hacia él-. ¿Todos bien por Tokio?

- No les he dicho nada… - se giró hacia ella siguiéndola con la mirada.

- ¿No se lo vas a decir?

- Posiblemente a mi padre, pero no era momento – explicó-. Oye… - alargó la mano para cogerla, dándose cuenta de que traía algunas cosas con ella-. ¿Qué es eso?

- Eso es para curarte esas heridas que tienes, y como protestes te pongo un de las tiritas de Aiko y verás qué guapo quedas. Venga, siéntate…

- ¿De las de muñecos? – sonrió, no queriendo protestar, haciendo lo que ella le pedía.

- Exacto – sonrió, siguiendo sus movimientos contenta de que no protestara-. ¿Qué te ha pasado?

Hizo la pregunta mientras que dejaba las cosas en la mesa, tomándoselo con calma, quedándose ligeramente ausente de la realidad cuando al volver a enfocarlo cruzó su vista con la de él, perdiéndose en sus ojos azules olvidando hasta la pregunta que le había hecho. Posiblemente en la misma situación que ella, llevó las manos hasta su cintura, acercándosela ligeramente esperando que no se hiciera de rogar.

No recibió el beso que quizás hubiera esperado, notando que posaba su mano en su rostro, entreteniéndose en acariciarlo con suavidad, siguiendo las formas, como si estuviera comprobado que todo estaba como ella recordarla. Aprovechó cuando pasó sus dedos cerca de sus labios para dejar un beso sobre ellos.

- No me ha pasado nada, simplemente el aterrizaje fue demasiado brusco. Lo de la cara es porque me di con los mandos yo solo, al igual que lo de la rodilla – era consciente de que lo había visto cojear-. Lo del hombro fue de las propias sujeciones… Pero ni siquiera se consideran lesión, prometido.

Se fijó en como asentía, no queriendo ponerle pegas a nada de lo que decía, todavía observándolo, aprovechando la cercanía.

- Si te has hecho eso en el hombro… ¿Hay algo más que no se vea a simple vista?

- Podría ser, pero ya sabes que cualquier cosa se me marca más de la cuenta al ser tan blanco, así que no hagas caso, ¿de acuerdo?

- ¿Tengo que creérmelo?

- Deberías, sí – sonrió.

- ¿Pruebo a pincharte? – acercó su mano a él de forma amenazante, no llegando a hacerle porque no quería hacerle daño-. Anda, deja que te cure eso y así podemos irnos a la cama a descansar…

- Eso suena bastante bien – asintió, levantando la cabeza hacia ella para facilitarle las cosas, dejándola hacer.

Permaneció atento a sus movimientos mientras que ella echaba un poco de alcohol en la gasa para poder pasarla por encima de los rasponazos, inclinándose así hacia él para soplar a medida que lo iba haciendo, sacándole una ligera sonrisa. No dijo nada durante un buen rato, limitándose a no quitarle la vista de encima.

- Oye… - reclamó su atención de repente-. ¿Te parece normal?

- ¿El qué? – preguntó totalmente distraída sin saber de lo que le estaba hablando.

- Hace un buen rato que he llegado ya, llevas semanas sin verme… ¿No piensas saludarme en condiciones?

Parpadeó, quedándose mirando hacia él. Cuando lo había visto aparecer, simplemente con quedarse abrazada a él todo lo que hubiera podido le había servido como compensación para todo lo demás. Sonrió sin poder evitarlo, olvidándose de lo que estaba haciendo.

- No sé, ¿te lo mereces? ¿Has hecho algo por lo que debería de hacerlo en esta temporada?

- ¿No vale echarte mucho de menos? – dibujó su habitual sonrisa ladeada, adivinando el tono de la pregunta de ella.

- Tendrá que hacerlo…

Riéndose, aprovechó para dejar sus manos en sus mejillas, acercándose hasta él para poder darle un beso. Sonrió aquella vez al notar la habitual sensación que él le producía, sintiendo su piel erizarse por completo, olvidándose de todo lo demás cuando sintió sus brazos cerrarse en torno a ella con fuerza tras levantarse para manejar él la situación. Posiblemente no necesitara hacerlo, pero parecía que buscaba explicarle lo mucho que la había echado en falta aquella temporada sin ella con aquel beso.

En el momento en el que sintió las manos de ella cerrarse tras su cuello, aprovechó para arrinconarla contra la mesa, obligándola así a quedarse sentada sobre ella, sin tener opción tan siquiera a reaccionar. Había sido consciente de lo mucho que la había echado en falta, pero siempre parecía empeorar aquella sensación cuando la tenía frente a él. Se separó de ella cuando la necesidad de aire lo obligó, tanteándola acercándose lentamente y volviendo a alejarse hasta que notó como tiraba de él hacia ella.

Sonrió justo antes de volver a besarla, pegándose más a ella si era posible, sintiendo como rodeaba su cadera con sus piernas, llevando entonces sus manos a ellas para poder acariciarlas. Ese movimiento, quizás algo más brusco de lo que debiera, consiguió que tuviera que separase del beso, haciendo una mueca.

- ¡Arg! – protestó sin poder evitarlo, notando el dolor punzante en el hombro.

Alterada por lo rápido que habían avanzado las cosas, se quedó mirando hacia su marido, entendiendo el motivo de su queja y de las caras que estaba poniendo. Se tomó unos segundos para controlar su respiración.

- Yamato… Vamos a dormir, anda…

- Pero… Estoy bien…

- Ya, pero vamos a dormir – posó sus dedos en su barbilla, acercándoselo así para darle un suave beso-. Necesitas meterte en la cama y no precisamente con las intenciones que tenías ahora…

La observó, no pudiendo más que darse por rendido sabiendo que tenía totalmente la razón, poniendo cara de resignación y asintiendo.


Guest Vecina: si la verdad es que la chica que tengo los fines de semana es precisamente lo que todo profesor quiere tener. Trabajadora a más no poder, con la cabeza donde la tiene que tener y para encima es un encanto. De lo que no queda por ahí, la verdad. Así que salvo porque no puedo vaguear tan abiertamente como debería, no es que me suponga un drama enorme el ir a darle la clase si te soy sincera. Y del clima... pues más o menos. Tenemos alerta por viento y fenómenos costeros y mañana dicen que irá a peor. Así que nada, a intentar no salir volando... No creo que a una gallega el esté hablando de algo desconocido.

Jajajaja vale, tomo nota. Pero por el momento te confirmo que es un hecho fijo en la vida de esos dos. No hay más opción en ese universo que Aiko y Daigo juntos. Es el cierre perfecto de toda la familia sí o sí. Luego ya las cenas familiares que las retransmitan por youtube que seguro que se hacen de oro jajajaja

Respecto a lo del embarazo, debo admitir que le estuve dando vueltas porque no me apetecía caer en algo tan recurrente como esas cosas, peor mira, me servía para que a alguien le despertara - más - el gusanillo sobre eso de tener más nenes. Así que así vale para todo y si Arata es capaz de sobrevivir a la noticia y llegar vivo a la mañana siguiente para poder terminar de digerirlo entonces yo creo que Mai ya se puede dar por contenta.

Ahora sí que se puede decir que Yamato está del todo en casa y que no se ha podido aguantar el tener a Sora tan cerca sin importar que viene un poquito para coger con pinzas el pobre. Si es que las ganas y las hormonas es lo que tienen... Jajajaja ¡Un bico grandote vecina! Descansa mucho que hay que coger fuerzas para la semana que entra.