Sora se quedó sentada en la cama, observando a Yamato. Llevaba demasiados días sin poder hacer aquello y disfrutaba con ello. En Tokio solía acabar riéndose de él, pero allí simplemente se limitaba a verlo dando vueltas de un lado a otro porque cada vez que queria ir a por algo se lo dejaba en la otra punta de la habitación.

Aquella vez, aunque ya era la segunda vez que lo veía pasar, se limitaba directamente a observarlo. Lo había echado demasiado de menos y el verlo por casa la hacía sonreír sin poder evitarlo. Habían estado a punto de terminar la noche de una forma totalmente diferente, pero cuando lo había escuchado protestar por el hombro se había dado cuenta de que quizás no fuera el mejor de los momentos. Aunque fuera ella la que hubiera llevado el control, tenía miedo de poder hacerle daño en las condiciones en las que parecía estar.

- ¿Te lo pasas bien? – le dijo al verla riéndose.

- Mucho… - se abrazó mejor al cojín que tenía encima de ella-. Digamos que puede que haya echado de menos verte dando vueltas olvidándotelo todo por el camino.

- Mírala a ella que simpática… - divertido terminó de sacar su pijama y empezó a cambiarse.

Se le había pasado por la cabeza la idea de no hacerlo delante de ella, no estando seguro de si tendría algún que otro moratón o marca demasiado evidente que pudieran preocuparla. Sin embargo, había desechado la idea a sabiendas de que era una tontería.

- Oye – reclamó su atención-. Tengo una pomada para esas cosas – no tardó en escucharla hablar-. ¿Te la traigo?

- No, mañana ya… Tranquila – murmuró mientras que sacaba la cabeza de dentro de la camiseta-. Mañana ya me dejo atender y acepto el no tener permiso para moverme de la cama.

- Mañana pienso dejarte a Aiko encima a modo de niñera. Ponte a negociar tú con ella, pero algo me dice que llevas las de perder.

Se quedó mirando hacia el rubio para ver la cara que estaba poniendo ante la mención de la niña. Estaba segura de que estaba muerto de ganas de poder verla despierta, se lo había notado en la expresión que había puesto al llegar a casa, preguntar por ella y descubrir que estaba completamente dormida desde hacía un par de horas. Intentando centrarse en eso, ignoró los moratones que realmente estaba pudiendo ver, siguiéndolo con la mirada cuando se fue al baño.

Aprovechó ese momento para acomodarse en la cama, esperándolo así. Llevaba muchos días echándolo de menos cada vez que hacía aquello, estando demasiado acostumbrada a dormir abrazada a él siempre que podía, y ahora que lo tenía en casa le daba miedo hacerle daño. Por eso mismo, prefirió acomodarse ella primero y que fuera él luego quien decidiera lo que hacer. estaba agotada además, eso no lo podría negar. Había pasado demasiados nervios aquel día y, en el momento en el que su cabeza tocó la almohada pudo notar todo el cansancio pasándole factura.

No se llegó a dar cuenta de cuando volvió a su lado hasta que lo sintió colarse entre las sábanas, buscándola de forma inmediata. Tal y como ella había esperado, la situación fue a la inversa. En vez de ser ella quien se quedara apoyada en él, fue Yamato quien rodeó su cintura con los brazos, hundiendo su cara entre uno de sus hombros y su cuello, dedicando unos segundos a disfrutar de su aroma, apretándola algo más contra él, notando como también se ajustaba a la nueva posición. Esbozó una sonrisa automáticamente, dejando un leve beso en su cuello.

- No te puedes imaginar lo que he echado de menos esto… - murmuró por lo bajo.

- Hazme caso, creo que sí – sin alzar el tono contestó a sus palabras, sonriendo y dejando sus manos encima de las de él-. Te hemos echado muchísimo las dos de menos.

- ¿Te llegué a contar que Gabumon se puso mal un día porque quería estar en casa? Pensé que se había enfadado conmigo, pero no. Le había entrado nostalgia, os echaba de menos…

La pelirroja sonrió escuchando aquello conmoviéndose. El viaje había sido el último. Se había acabado el echar de menos a ningún miembro de aquella familia. Esa simple idea provocó que ella sonriera, pegándose algo más a él.

- ¿Lo dejaste durmiendo con Aiko? – preguntó pasados unos segundos.

- Lo metí en la cuna con ella. Así pueden elegir entre ellos quién de los dos le hace de peluche al otro…

- Suena bastante bien – murmuró, alargando la mano hacia el interruptor de la luz, quedándose así a oscuras-. Creo que le voy a copiar la idea – intentó girarse, notando como se daba cuenta y la dejaba hacerlo, pudiendo así quedarse frente a él-. Bienvenido a casa – le susurró, dejando su frente apoyada contra la de él.


Acostumbrada a madrugar, los ojos de Sora se abrieron sin necesidad de que sonara el despertador. Girándose hacia el lado contrario de la cama, sonrió al ver a su lado a su marido, completamente dormido. Había echado demasiado de menos tenerlo a su lado y ahora ahí estaba. Alargó la mano hacia el teléfono, buscando poder saber qué hora era, viendo que era a la que solía levantarse todos los días. Sin duda alguna, no tenía intención de madrugar aquella mañana, pero sí que se le ocurrían cosas que hacer.

Salió de la cama intentando que él no se diera cuenta y, sin encender la luz, salió de la habitación yendo directa a buscar a Aiko. Sabía que era demasiado pronto para que su pequeña estuviera despierta ya, pero podía dormir con ellos tranquilamente. Abrió la puerta, de nuevo, no queriendo hacer ruido, viendo a Biyomon durmiendo plácidamente en la cama, y avanzó por la sala hasta quedarse frente a la cuna.

Lo primero que vio fueron un par de ojos rojos quedarse mirándola fijamente, delatando así que Gabumon estaba despierto y sacándole una sonrisa al ver como estaba echado dejando que la pequeña lo usara como almohada.

- ¿Te la puedo robar? – dijo apenas en un susurro.

Sus intenciones eran demasiado evidentes como para que el digimon no se limitara a asentir con suavidad. Ya le había tocado el turno a Yamato de poder monopolizar a la pequeña, aunque en aquellos momentos estuviera tan completamente dormida que ni siquiera se dio cuenta de cómo su madre la cogía en brazos.

- ¿Vienes? – le hizo el gesto al digimon, viendo como se sorprendía-. Venga… despierta a Biyomon y os venís los dos…

Tras murmurar aquello, salió de vuelta hacia su cama para poder llevarse a su hija con ella, esperando que no se despertara por el camino. No se iba ni a molestar en negar la ilusión que le hacía ver la reacción de Aiko cuando viera que su padre había vuelto a casa por fin. No sabía si por la noche se habría llegado a despertar y a ver a Gabumon con ella, porque estaba segura de que eso también hubiera sido digno de ver.

Entró en la habitacion, viendo que Yamato no se había despertado, acercándose hasta la cama y dejando a la niña en el centro para poder volver a echarse ella al otro lado, quedándose ladeada para observarlos a ambos. No tenían mucha pinta de que ninguno de ellos fuera a dar señales de vida todavía, siendo temprano para la niña aún y ya conocía la relación de Yamato con la cama cuando volvía a casa.

Sonrió simplemente al verlos uno echado al lado del otro. Sin duda era el mejor entretenimiento que se le podía ocurrir tener aquella mañana. Escuchó pasos acercándose, viendo como los digimon habían decidido seguirla. Sabía que no iban a subir a la cama, especialmente Gabumon, pero les había dicho que fueran porque quería que vieran ellos también como hacía Aiko al ver a su padre a su lado.

Volvió a centrarse en aquellos dos que la acompañaban, quedándose observándolos sin más. Sin duda en aquel momento, no necesitaba nada más en la vida para estar feliz. Aprovechó para analizar más detenidamente al rubio, fijándose bien así en las raspaduras que tenía en la cara. Al final la noche anterior no se las había llegado a curar, tendría que hacerlo aquella mañana. Al igual que quizás tendría que rondarlo un poco más para que le explicara exactamente lo que había pasado y, especialmente, lo que le había pasado a él.

Se dio cuenta de que Yamato se estaba empezando a revolver, girándose algo más para quedarse también de frente hacia ella antes de abrir los ojos ligeramente.

- ¿Qué hora es? – preguntó sin apenas levantar la voz.

- Duérmete, Yamato… Es temprano.

Pudo ver como cerraba de nuevo los ojos, tardando apenas unos segundos antes de volver a abrirlos, habiéndose dado cuenta de que no estaban solos en la cama. Los abrió más, enfocando entonces al bebé que dormía plácidamente en medio de ellos, sonriendo sin poder evitarlo.

- Duérmete – repitió entretenida en ver cómo él sonreía mientras se le cerraban de nuevo los ojos sin poder evitarlo.

No fue consciente de cuando ella cedió al sueño de nuevo, pero cuando abrió los ojos, sin duda entraba mucha más claridad por la ventana. Confusa, miró hacia los lados, buscando un lugar donde poder consultar la hora, confirmando así que era más tarde de cuando ella se había despertado.

Se giró, habiéndose quedado de espaldas a aquellos que la acompañaban, dándose cuenta de que Yamato estaba completamente despierto y no se había fijado en que ella volvía a estarlo. Los ojos de él estaban fijos en Aiko, habiendo posado su mano encima de ella, como solía hacer muchas veces, distraído totalmente en ver como subía y bajaba debida a la respiración de ella.

Arrastrándose por la cama para quedar más cerca de ellos, reclamando así la atención de él quien le sonrió a modo de saludo para no hacer ruido. La pelirroja acercó sus dedos al cabello de la pequeña, acariciándoselo con suavidad.

- Mucho mejor así que en fotografía o en vídeo – murmuró él sin quitarle la vista de encima a la pequeña escuchando de fondo la risa de la pelirroja.

- Creo que ella te va a tener que dar la razón – terminó de echarle el flequillo hacia atrás, viendo como poco a poco iba abriendo sus ojitos azules, enfocando primero a su madre, quien le sonrió-. Buenos días, chiquitina.

Se quedó mirando hacia ella, bostezando y empezando a estirarse, levantando así sus bracitos, sin darse cuenta todavía de quién estaba con ella también. Sora no le dijo nada, simplemente esperando que fuera ella la que se percatara. Le costó unos segundos estando todavía adormilada, girando la cabeza hacia su padre y cerrando los ojos de nuevo, quedándose así unos segundos.

- Igualita que una que yo me sé – dijo el rubio, divertido, sin apartar la vista de la pequeña, divertido. La voz de su padre provocó que volviera a abrir los ojos, quedándose mirando hacia él con el gesto de sorpresa en la carita-. Hola – saludó, moviendo así sus dedos encima de ella como siempre solía hacer-. ¿Qué? ¿Me has echado de menos?

La observó esperando que se despejara algo más, no tardando en ver cómo sonreía, empezando a hacer ruiditos y a alargar sus brazos hacia él, revolviéndose, intentando así alcanzarlo. La cogió rápidamente, dejándola así encima de él, disfrutando de poder hacerlo por fin después de tantos días. Amplió más su sonrisa al sentir como apoyaba su cabecita sobre su pecho quedándose así abrazada a él.

Se sentó, teniendo así cuidado de no molestarla mientras tanto, dejándola entre sus brazos y centrándose en ella. Sin duda había echado mucho de menos a la madre de la niña, pero era diferente. Con ella había podido hablar, aunque fuera una sola vez al día gracias a un correo electrónico. A la niña llevaba demasiado tiempo sin verla para él. Se le había hecho eterno.

- Yo también a ti – le dijo, bajando la cabeza para poder darle un beso en la cabecita, allá dónde alcanzaba.


AnnaBolena04: y ya se ha despertado Aiko para ver quién ha vuelto a casa. Por fin tiene a su padre con ella y a ver ahora quien consigue que lo suelte. Porque entre que él estará ocupado con la baba cayendo por la reacción de ella, la peque va a tener muchos, pero que muchos mimos atrasados y alguien va a tener que dárselos. Si seguro que se despertó a media noche y se encontró al peluche con ella y siguió durmiendo tan tranquila sin darse cuenta de lo que pasaba.

A ver ahora cómo se las arregla para poder prestarle toda la atención que se merecen sus dos chicas, que les debe muchas atenciones. Al menos ya sabemos que no tiene demasiada pinta de ir a moverse de la cama en toda la mañana porque tiene una buena niñera que va a impedir que vaya a ninguna parte en una buena temporada.

Y me voy corriendo a sufrir a la pesadilla de niños del mal que si te digo la verdad... me apetece tanto como a Aiko que su padre se le vaya otra vez a flotar por el espacio. ¡Besitos de tortuguita!