No sabía el tiempo que llevaba hipnotizada mirando hacia la pequeña agarrada a su padre como si así fuera a evitar que fuera a irse a alguna parte sin ella nunca más, volviendo un poco a la realidad cuando sintió que los digimon se acercaban también.

- ¿Qué pasa Aiko? – llevando la mano hasta su mejilla, la acarició con suavidad-. ¿Con quién estás?

Divertida al ver cómo giraba la cabecita para poder quedar más pegada a él, miró hacia su marido viendo la cara que tenía puesta. Dándose cuenta de que lo estaba observando levantó la cabeza hacia ella para cruzar una mirada, encogiéndose ligeramente de hombros antes de volver a inclinarse para darle otro beso.

- Está con alguien que no tiene intención de dejar que lo pierda de vista en una buena temporada – dijo, sin separar demasiado su cabeza.

- Tampoco creo que tengas mucha opción. No la veo yo con demasiada intención de soltarte. Al menos hasta que le enseñe el desayuno, en ese caso ya tendrás que pelearte con la comida.

- Bueno, esa guerra la llevo teniendo contigo desde siempre. Puedo sobrevivir a ello, y, ella todavía puede desayunar aquí conmigo… - se encogió de hombros.

- ¿Y yo no? – intentó fingir ofensa en su voz, no queriendo reírse.

- No, tú no…

- ¿Y se puede saber por qué?

- Porque creo que ya te quedó claro anoche que si te me acercas demasiado acabo quejándome porque me duele algo… - usó esas palabras para hacer referencia al incidente que habían tenido la noche anterior, no queriendo ser más directo al estar acompañados por los digimon.

Notando como ella entendía a qué se refería, se quedó viéndola reírse por ello. Cruzando una mirada con ella de nuevo, se dedicó a acariciar la cabeza de Aiko con suavidad, entretenido.

- Oye, ¿qué te parece si para que me perdones por no haber estado en casa vamos a dar un paseo por la playa luego a ver si encontramos tortuguitas? – le hizo un gesto a Sora para que la cogiera.

- ¿Dónde vas?

- Al baño, vengo ahora mismo…

La pequeña protestó cuando sintió que su madre la cogía, alargando los brazos hacia Yamato cuando lo vio ponerse en pie y salir de la cama. La pelirroja la sujetó contra ella, teniendo sus dificultades al ver que se revolvía porque quería ir tras él.

- Ya, ya… Ahora mismo viene, chiquitina. Ahora mismo lo tienes aquí contigo otra vez… Ya… - la sujetó, dejándola así sentada encima de ella, rodeándola con un brazo para que dejara de revolverse, viendo como empezaba a hacer pucheritos-. No… No te me eches a llorar – con la mano contraria llevó un dedo a su nariz, acariciándole así con cuidado el puente-. Oye, ¿por qué no lo llamas a ver si viene antes?

Protestó al ver que no podía escaparse del agarre e su madre, empezando a dar pequeños grititos, volviendo a intentar revolverse.

- Pa… - dijo entre alguno de los grititos.

- Llámalo, venga, que seguro que viene corriendo… - levantó la vista, viendo al rubio aparecer tras la puerta del baño de nuevo-. Llámalo, chiquitina.

- ¿Qué le pasa? – divertido al verlas, se acercó hasta ellas.

- ¿Qué le pasa? Que se le ha acabado el mundo porque su padre la ha dejado sola cinco minutos… - soltando a la niña para que fuera gateando hacia él, se intentó incorporar cerca de él para que la cogiera.

Riéndose, no tardó en hacer lo que él le pedía, cogiéndola en brazos incluso antes de quedarse sentado de nuevo en la cama, volviendo a notar como se agarraba con las manitas a él y dejaba la cabeza pegada a su pecho.

- Papá – dijo nada más acomodarse.

Arqueando ambas cejas a la vez, se quedó mirando a la pequeña cuando la escuchó decirlo. Sin duda sabía que había aprendido a hacerlo, pero tenía sus dudas de que fuera a ser tan sencillo provocarlo. Levantó la vista rápidamente hacia Yamato a ver cómo reaccionaba a lo que acababa de escuchar. Lo que se encontró provocó que una ligera risa escapara de sus labios ya que parecía que se había quedado congelado por completo, sin ser capaz de asimilarlo.

Cruzó una mirada con la pelirroja, viendo como ella únicamente se encogía de hombros sin parecer estar sorprendida, empezando a entender un poco más lo que estaba pasando ahí. Separó con suavidad a la niña de él lo justo para poder dejarla frente a él y observarla.

- Papá – repitió, divertida al ver las caras que él estaba poniendo, riéndose y moviendo mientras tanto sus piernecitas en el aire-. ¡Papá! ¡Papá!

Mirando hacia ellos, la pelirroja estaba sonriendo ampliamente. Ver a la pequeña tan contenta después de lo que había echado de menos a su padre le encantaba, pero, sin duda, la cara que se le había quedado él al escucharla era una de esas cosas que no iba a olvidar en toda su vida.

- Ya casi lo decía cuando te fuiste… - explicó-. Con lo lista que es ella… También ha ido contándole a los abuelos y las visitas dónde estaba su padre…

Sin estar demasiado seguro de estar escuchando lo que le decía su esposa, Yamato volvió a acercarse a la pequeña mientras que se sentaba sin poder quitarle la vista de encima. Estaba paralizado sin ser capaz de procesarlo. Le estaba bastante con sentir los diminutos dedos de ella cerrándose con fuerza sobre su camiseta para que no se alejara, pero aquello lo había superado por encima de todo.

- Ey – reclamó su atención la pelirroja arrastrándose hasta su lado-. ¿Estás bien? – se arrodilló, quedándose así frente a ellos, acariciando el brazo de él, viendo como se giraba hacia ella y solo era capaz de asentir con su cabeza-. Ya te lo dije ayer, te hemos echado demasiado de menos…

Gabumon se había acercado por el otro lado de Yamato, sorprendido también. La niña ya lo había visto la noche anterior, cuando a media noche se había despertado y había decidido echarse sobre él, despertándolo al hacerlo. La había cogido entre sus patas y así había dormido el resto de la noche hasta que ella, en algún momento había decidido cambiar de posición.

- ¿Habla? – preguntó, posando una de sus patas con cuidado sobre ella.

- Empieza a hacerlo – explicó la pelirroja, entretenida todavía por la cara de Yamato-. ¿A que sí, tortuguita? ¿Con quién estás? – volvió a intentar provocarla.

- ¡Papá! ¡Papá! ¡Papá! – empezó a repetir, habiendo llegado a la conclusión de que si decía aquello su padre parecía no querer soltarla y, además, le hacían gracia las caras que él ponía.

- Oye tú – consiguió abrir la boca finalmente, tragando saliva antes-. ¿Te parece normal hacerme esto sin previo aviso? – escuchó la risa de la pelirroja, volviendo a mirar hacia ella-. ¿Cómo es eso de que ya lo medio decía cuando me fui?

- Sí… Decía solo "pa". Pero bueno, hemos tenido bastante tiempo para practicar sin que nadie pueda pillarnos – sonrió, quedándose mirándolos unos segundos-. Voy a hacer el desayuno… Cuando esté lo traigo a la cama, tú aprovecha ahora con ella… ¿Qué te apetece?

- Cualquier cosa, Sora…

- ¿Qué te apetece?

- Lo digo en serio, cualquier cosa me va a saber de maravilla. Pregúntale a Gabumon, que seguro que él tiene alguna que otra sugerencia.

La pelirroja se giró hacia el digimon, entretenida, pudiendo ver por el rabillo del ojo como Yamato se dejaba caer entre las almohadas para quedarse echado con Aiko sobre él. Sin duda iba a ser un buen plan para pasar la mañana para todos.

- Chiquitina, ten cuidado con tu padre que nos ha vuelvo un poco escalabrado y hay que tratarlo con cuidado…

- Con lo poco que pesa esta señorita no creo yo que vayamos a tener problemas…

- Ah, ¿y conmigo ayer sí? ¿Estás insinuando algo? – bromeó, terminando de ponerse en pie y saliendo de la habitación-. Gabumon, vete pensando lo que quieres desayunar…

Sin duda aquella mañana había sido tal cual se la había imaginado. Desde que Yamato se había ido, se había entretenido en asegurarse de que Aiko consiguiera decir papá. No le había costado mucho esfuerzo, ya que como le había dicho a él, estaba a punto de decirlo cuando él estaba en casa. El resto del tiempo se lo había pasado pensando en cómo se iba a tomar él escuchar aquella palabra tan especial de los labios de ella.

Sonrió sin darse cuenta ante ese pensamiento, sabiendo a ciencia cierta que iba a recordar aquella mañana con mucho cariño. No estaba segura de si por la forma en la que había reaccionado Aiko al ver a su padre de vuelta en casa o la cara que se le había quedado a él al escuchar cómo lo llamaba papá. Posiblemente fuera una mezcla de las dos cosas.

- ¿Qué te parece? – le dijo a Biyomon al sentir como revoloteaba a su lado, señalándole el desayuno.

- Estás muy contenta – contestó sin hacer caso a lo que le había preguntado ella.

- Claro que lo estoy – se giró hacia ella-. ¿Te parece que no tengo motivos?

- Ayer estabas asustada…

- ¿Y te parecía que no tenía motivos? Podría haberles pasado algo serio a Yamato y Gabumon– le explicó a la digimon-. Pero, por suerte están perfectamente y con nosotras de vuelta en casa.

- Aiko es la que más contenta está – se acercó a la encimera, aprovechando para coger algo de la fruta que tenía Sora cortada para su desayuno.

- ¿Y te parece raro ladronzuela? Con lo que la quiere… Y ella a él, se tenían que estar muriendo de ganas de estar el uno con el otro. No creo que vaya a tener muchos problemas con dejarlo en la cama sin que proteste si la uso a ella de niñera – se rio, siendo ella la que le tendió otro trozo de fruta a su compañera.

Aceptando la comida, salio volando de nuevo hacia la habitación llevándose con ella lo que le había dado. La pelirroja no tardó en seguirla, llevándose con ella la comida y acercándose a la cama en donde se habían quedado los demás.

Lo primero que escuchó fue un ruidito de Aiko, reclamando así la atención de su madre, empezando a gatear por la cama para ir a buscarla habiendo visto que traía con ella el desayunada.

- Ah, claro… ¿Ahora vienes a verme a mí porque traigo comida? Anda que… vaya morro que tienes…

- No es morro, Sora… Es ser hija tuya – se echó a reír el rubio, entretenido con la escena-. ¿Qué has hecho?

- Un poco de todo… Así que coge lo que te apetezca…

- ¿Y si quiero fruta con yogurt? – bromeó, a sabiendas de que era el desayuno favorito de la pelirroja en épocas de calor.

- Pues… te levantas y vas a prepararte para ti… - cogió un trocito de manzana a la pequeña para que la mordisquease, dejando la bandeja en la cama en medio de ellos.

- ¿A ella sí que le das? Vale, vale… Ya veo cómo están los favoritismos…

Escuchó como se reía vio como volvía a desaparecer en dirección hacia la cocina volviendo al cabo de unos segundos con una jarra con zumo, dejándola en la mesita más cercana a la cama para que no se cayera.

- Uy… ¿vas a darle tú el desayuno a papi? – dijo al darse cuenta de que Aiko había robado una tostada y se había ido hasta donde su padre, quedándose sentada a su lado, acercándosela así a la boca-. Di que sí cariño, que seguro que él no sabe comerla él solo…

Divertida por el comportamiento de la pequeña, cogió su cuenco, acomodándose apoyada en la almohada viendo a los digimon acercarse también para coger algo de comida ellos también. Se llevó la cuchara a los labios, volviendo a girarse hacia sus dos rubios favoritos, sonriendo.

- Ayer tenía previsto cumplir con mi amenaza… Estuve por la mañana preparándote tu cena favorita, pero como… Hubo cambio de planes, la tengo en la nevera. Así que ya tenemos comida…

Observándola no pudo decirle nada al tener la boca llena al haberle metido la pequeña un buen trozo de tostada, consiguiendo así que la pelirroja se riera.


AnnaBolena04: pues anda, mira... por fin hemos llegado al día en el que Yamato Ishida se murió el solo unas tres o cuatro veces por segundo porque alguien le ha enseñado que es la nenita más lista de todas y que por fin sabe decir papá. Ahora a ver quien lo reanima después de eso porque la cosa es grave ya... Que la nenita ya dice papá y tampoco piensa soltarlo.

Yo creo que se le deben de haber pasado todos los males de golpe a este hombre. Se le ha olvidado hasta lo que le pudiera doler y el susto del día anterior... Pero es que claro, son palabras mayores. Que además la nena ha descubierto que papi pone caras raras cuando se lo dice y le hacen gracia y ya tiene entretenimiento para rato. Si es que dudo que el comandante fuera a tener mejor vuelta a casa que la que ha tenido ni en sus mejores sueños. Y mejor no le preguntamos al Yamato de una década atrás que colapsa...

Y me voy corriendo a domar fieras... ¡Un besito de tortuguita!

Guest Vecina: ¿qué? ¿Hemos matado al rubio bien matado? Jajajaja

Mira, del clima ni me hables. Qué pesadilla... el sábado de noche teníamos alertas nosotros aquí y fue gordísima. Entre donde vivo y donde trabajo tiró muchísimos árboles de los grandes... Y en mi casa, de hecho, me dejó uno en la puerta jajaja Literalmente, me pongo a salir el domingo por la mañana y me encuentro en el portal un árbol. Era de la acera de enfrente y el viento lo había arrastrado hasta allí. Así que creo que con eso te respondo bien a lo del clima, ¿no? ¿Vosotros qué tal? Porque me acordé bastante de ti, ya que cuando el viento la lía aquí... donde estás tú más.

Sora lleva conspirando para tener esa mañana desde hace una temporada y no le puede haber salido más perfecta. Que mira, que ella se está jugando quedarse viuda, creo que es consciente de ello, pero al menos lo va a hacer por la puerta grande. Que Aiko ha aprendido a decirle papá a Yamato y el pobre tiene babas para rato. A ver cuánto tarda en irse corriendo a contárselo a Hiroaki jajajajajaja Más o menos lo que lo dejen salir de la cama y recuperar su teléfono, más o menos. Así que la cosa ya depende de las Ishida y de lo vigilado que lo tengan o lo que tarde en pasarse por ahí la otra mitad del matrimonio de a cuatro jajaaja

En fin, vecina, como siempre, me voy a aguantar a los mocosos del mal que están otra vez de exámenes y no saben ni abrir los libros solos... ¡Un bico grandote!