Sujetó bien a Aiko contra él, estirándose para coger su teléfono. Sora se había ido a dar una ducha y lo había dejado a él todavía en pijama jugando con la niña. Era una buena ocupación para el resto de la mañana, al menos hasta que se dignara a levantarse para cumplir con lo que le había dicho a la pequeña y llevarla a dar un paseo por la playa.
Buscó el número de teléfono de su padre, comprobando la hora para decidir si llamarlo o no. Según sus cálculos debería de estar en el descanso por lo que podría hablar con él. Era sencillo engañarlo desde hacía una temporada para que de verdad se tomara el descansado y no se quedara trabajando más de la cuenta.
- Vamos a llamar al abuelo para que se muera de envidia por la compañía que tengo ahora, ya verás – le dijo a Aiko mientras que esperaba que descolgase-. ¿Estás ocupado?
- Podría no estarlo – contestó-. ¿Vuelves a contar como miembro del mundo de los vivos?
- Más o menos – se rio-. Todavía no me he levantado de la cama, pero tampoco cuento con tener permiso para hacerlo.
- ¿Te he dicho que me cae bien mi nuera?
- Creo que tiene una cómplice que está demasiado cómoda sentada encima de mí ahora mismo…
- ¿Estás con Aiko?
- Claro… - bajó la vista hacia ella, sonriendo-. ¿Sabes lo que ha hecho hoy?
- ¿Respirar y provocar que se te caiga la baba?
- Aparte… Ya sé que tú de eso entiendes bastante, pero no – movió su mano para hacerle cosquillas a la pequeña consiguiendo que se riera-. Ya sabe decir papá. Tiene una cómplice en esto de querer matarme que se debe de haber pasado estos días muy ocupada en conseguir que terminara de decirlo, pero ya lo dice.
Escuchó el silencio al otro lado de la línea, imaginándose perfectamente la cara que estaría poniendo su padre, dedicando esos segundos a hacerle más carantoñas a la pequeña, dejándole algo más de libertad para que se entretuviera en revolver por dónde quisiera.
- Menos mal que te van a dejar en tierra… Porque no sé qué iba a ser de ti cuando sea más consciente de lo que pasa y tengas que despedirte de ella.
- Pues mejor no lo descubrimos, que no tiene buena pinta para mí… - la siguió con la mirada viendo como se iba gateando en busca de los digimon que estaban todavía con ellos dos-. Escucha… tengo que hablar contigo de una cosa.
- ¿Ha pasado algo?
- Ayer – contestó, manteniendo aún la vista fija en Aiko, vigilándola por si acaso.
- ¿Ayer? – sonó confuso-. ¿Te volviste a poner mal por comer más de la cuenta?
- No – contestó usando un tono más repelente-. No te prometo nada con la hora de la comida, que además vamos a estar nosotros solos… Pero no. Ayer te engañé un poco, pero como sabía que estabas con mamá y además era tarde preferí no decirte nada.
- ¿Qué tiene que ver que estuviera tu madre conmigo?
- Pues que no sé si quiero que se entere todavía… Ayer llegué poco después de la hora de comer a Tierra. Lo que pasa es que…
- ¿Volvisteis a tener problemas?
- Técnicos no, no falló nada… Todos los sistemas funcionaban perfectamente. Pero Mai, la piloto, se empezó a encontrar mal. Se mareó y no pudo seguir pilotando ella aterrizando… Tuve que acabar haciéndolo yo.
- ¿Tú?
- Yo. Eh, venga, no están locos. No van a confiar solo en una persona para pilotar… Así que en teoría se supone que también estoy capacitado yo. Otra cosa es que nunca lo hubiera hecho en la realidad y que la cosa fuera algo más… brusca de lo esperado.
- ¿Estás bien?
- Sí, sí, tranquilo. Solo algo dolorido… Está todo el mundo más o menos bien.
Esperó a que su padre volviera a decir algo, centrándose mientras tanto en Aiko, quien había decidido subirse encima de sus piernas, volviendo a trepar por él posiblemente con la intención de poder llegar a la altura de su cara. Sonrió ligeramente, entretenido al ver al cara de concentración que tenía.
- Define más o menos bien – le dijo Hiroaki al cabo de unos segundos.
- Tengo el hombro y la rodilla algo doloridos, pero no hay nada roto. Tengo una buena colección de moratones, eso sí… Pero bueno, eso ya sabes que con lo blanco que soy parece mucho más de lo que es. Estoy bien para lo que podría haber sido, de hecho, fueron las propias sujeciones las que me lo hicieron. Al tirar de mí hacia atrás cuando tocamos tierra se aseguraron de dejarme bien sentado donde tenía que estar.
- ¿Y Sora? Porque si llegaste a casa de noche y aterrizaste a primera hora de la tarde… Ya me conozco cómo funcionan esa tropa.
- Pues… ¿sabías que Taichi estaba aquí? Le apareció por sorpresa hace un par de días… No he hablado con ella de nada todavía. Anoche ya te dije que teníamos demasiada gente en casa y luego me metí en la cama a dormir. Pero me lo puedo imaginar, porque tardé tiempo hasta que me dejaran ver a Hideki y poder mandar a Gabumon fuera. Así que no me quiero imag… - cortó sus brazas, soltando un pequeño quejido-. Quieta, quieta… Que ahí duele.
Dándose cuenta de que hablaba con la niña, Hiroaki esperó al otro lado del teléfono. Sin duda, lo que acababa de escuchar no le había gustado ni un pelo aunque no hubiera nada que lamentar. A nadie le había gracia escuchar algo así de un hijo. Entendía que hubiera esperado para decírselo y que se estuviera pensando en comentarlo o no con los demás.
- Espera un momento papá… - escuchó que decía Yamato-. A ver, ven aquí… Ponte ahí con… No, quieta… - sonrió ligeramente, desviando sus pensamientos hacia su nieta, escuchándola hacer ruiditos de fondo, protestando.
- ¡Papá!
Arqueó las cejas, habiéndola escuchado claramente, divertido al empezar a escucharla repetir la palabra una y otra vez.
- Vale, pues quédate encima de mí, pero no te muevas mucho… - acabó diciendo Yamato con resignación.
- ¿Problemas técnicos?
- ¿La has oído?
- Como para no…
- Lleva así desde que se me ocurrió levantarme al baño y dejarla sola cinco minutos… Ahora la tengo sentada encima, pero es que justo se ha ido a apoyar en donde me duele. Menos mal que pesa poco…
- Vaya dos – se rio-. Entonces, no tengo que preocuparme, ¿no?
- No, estamos bien. Y ya estoy en casa… En la mejor compañía qe puedo tener, así que no creo que pueda tener una mayor queja.
- ¿Cuándo volvéis?
- No lo sé todavía, ya os aviso… En realidad… Yo sé que no te va a gustar escucharlo, porque está ahí el cumpleaños de Aiko pero…
- ¿Te apetece quedarte unos días más allí?
- Exacto… De vacaciones de verdad. Aunque tengamos que celebrar su cumpleaños con vosotros más tarde, pero… No sé. Me apetece mucho quedarme aquí con esas unos días más.
- Pues hazlo y no te preocupes por nosotros. Avísame el día que llegas, eso sí, y os voy a buscar yo al aeropuerto.
- ¿Seguro?
- Yamato, es tu familia. Que el pesado de tu padre proteste o no ya puede ir dándote igual. Pregúntale a Aiko qué le apetece más si volver a Tokio o seguir por la playa jugando.
Yamato se rio quedándose mirando a la pequeña y sabiendo perfectamente lo que ella iba a preferir. Cuando fuera algo más grande y volvieran por allí sabía que iba a ser todavía más complicado llevarla de vuelta a la capital. Y no podría culparla.
- Mejor no le hacemos esa pregunta o querrá llevarme a revolver entre las algas de la orilla a ver qué encontramos y para eso creo que sí que me duele todo lo suficiente todavía… - pudo escuchar cómo se reía a la vez que veía a Sora salir del baño con un fresco vestido de verano y el pelo mojado-. Te dejo, que acaba de quedar libre la ducha y yo creo que ya me toca no tener que preocuparme porque el agua salga flotando o no. Dile algo al abuelo para despedirle – le dijo a la pequeña acercándole así el teléfono para que empezara a hacer ruiditos.
- Saluda a tu padre de mi parte – dijo la pelirroja cogiendo el cepillo para continuar desenredándose el pelo.
El rubio no tardó en levantarse, dejando a la pequeña con los digimon sobre la cama y el teléfono en la mesa yendo directo hacia su esposa para quitarle el objeto de las manos, empezando a ayudarlo él a hacerlo. Pudo ver por el reflejo de unos de los espejos como ella sonreía.
- ¿Qué te ha dicho tu padre?
- Nada, que no me preocupe, que ya estoy desheredado así que si quiero quedarme unos días más aquí de vacaciones puedo.
- ¿Más días? – sorprendida, ladeó la cabeza, observándolo.
- ¿No te apetece? Vacaciones de verdad esta vez, aunque sea una semana…
- ¿Y el cumpleaños de la peque?
- Yo creo que estamos en derecho de ser egoístas y celebrarlo nosotros aquí. ¿Qué te parece? Si tienes algo que hacer en Tokio no pasa nada, nos volvemos y listo…
- ¿Qué? No… Claro que no. Me parece una idea maravillosa… - sonrió-. Si ya sabes que a mí me encanta estar aquí. Más aún sin el fantasma de saber que te tienes que ir…
- Entonces perfecto… Luego podemos dejar reservados los billetes de vuelta para no tener problemas, que en estas fechas sí que suele haberlos.
- Muy bien… - se giró, enfocándolo pudiendo ver Yamato entonces el brillo ilusionado en los ojos de ella.
- Perfecto – sonrió tras mirarla unos segundos, terminando por inclinarse hacia ella para darle un corto beso en los labios-. Voy a ducharme, ¿vale?
Asintió a lo que él decía, dejándolo ir, siguiéndolo así con la mirada unos segundos antes de decidir acercarse ella también a la niña.
- ¿Y tú qué, chiquitina? – fue hacia ella, sentándose a su lado-. ¿Estás contenta de que ya tengamos a papi con nosotras? Pues no se va a volver a ir más… Ni tampoco Gabumon, claro – lo buscó con la mirada-. ¿Me ayudáis a vestirla? Vamos a ir a dar un paseo por la playa antes de comer… ¿os apetece?
- Gabumon tiene hambre – dijo Biyomon alzando el vuelo para llegar hasta ella.
- ¿Gabumon? ¿O tú también y lo estás usando de excusa a él? – dijo divertida, acabando por mirar hacia le otro digimon-. Venga, venid conmigo que ahora os doy yo algo.
Salió de la habitación con la pequeña en brazos, seguida de los otros dos. Habían desayunado muy temprano y, sin duda era normal que tuvieran algo de hambre a esa hora. Posó a la niña en el sofá, yendo hacia los armarios de la cocina para revolver a ver qué les podía dar.
- ¿Qué os apetece?
Entretenida buscando algo para ellos se distrajo unos minutos, volviendo a por la niña al cabo de un rato para poder hacer lo que había dicho. Se dio cuenta de que, a pesar de tener al comida preferían irse detrás de ella para poder estar con Aiko también mientras que le ponía la ropa para poder irse a la playa.
- ¿Y qué te ponemos a ti hoy? Creo que todavía tienes algo de lo que te trajo Haru sin estrenar que tu padre no ha visto… - comentó mientras que empezó a rebuscar por los cajones, acabando por sacar un conjunto que ponerle por encima de la ropa de baño.
La pequeña adoraba jugar en la orilla, pero, estando su padre con ellas era más que seguro que querría ir a bañarse con él nada más verlo meterse en el agua. Se dio cuenta de que no había sacado la protección solar, dando la vuelta para ir a por ello.
- De tarde va a venir Daigo a jugar contigo, ¿qué te parece? Te gusta que vengan otros nenes a verte, ¿eh? Seguro que ayer te portaste muy bien con Nyoko y con él – entretenida en hablar con la pequeña, empezó a cambiarla de ropa.
