Sora se acercó a Aiko, cogiéndola en brazos con ella una vez que ya se hubieran ido todos los invitados, quedándose tirada a la larga con ella en la cama. Sin duda, agradecía la presencia de todos y lo atentos que habían sido, pero no podía evitar querer disfrutar de unos momentos a solas con ella.

Había dejado a los demás en el salón, distraídos, con la excusa de que se iba a poner el pijama para estar más cómoda, pero cuando se había cruzado con la pequeña, no había podido evitar quedarse con ella.

- ¿Qué? ¿Qué te parece? Ya has cumplido un año… Vaya grande que eres ya – le habló, notando como la observaba atentamente-. Haz el favor de dejar de crecer tan rápido, anda… Que cuando nos demos cuenta vas a tener encima tu primer día de colegio y no sé yo si tu padre y yo estamos preparados.

Sonrió al ver como la pequeña empezaba a mover sus brazos, queriendo alcanzarla así al haberse quedado echada. Llevó su mano a mejilla, pinchando con suavidad sus redonditas mejillas, ampliando su sonrisa al ver como se reía.

- ¿Te lo has pasado bien hoy? – le gustaba hablarle, viendo como parecía querer contestarle con ruiditos y gestos. Solía quedarse más atenta cuando era Yamato quien le hablaba, pero tampoco era algo que le extrañase. Aún recordaba las veces que durante el embarazo le había dicho que se quedara callado, que, por favor, intentaba dormir. Y tampoco podía culparla, a ella solía pasarle lo mismo.

Movió su mano por el cuerpo de la pequeña, llegando hasta su barriguita, entreteniéndose en acariciarla por encima del pijama. Podría pasarse así gran parte del día sin mayor problema, viendo como a ella se le acababan cerrando los ojos y se quedaba dormida. Aquella vez, a pesar de que había estado jugando todo el día, parecía no tener sueño y únicamente la miraba fijamente.

- Vaya cuántos regalos te han dado hoy. ¿Por qué será? Para la fama de cascarrabias que tiene tu padre, vaya bien que te has hecho querer tú… Aunque bueno, ya sabemos nosotras que no se lo cree ni él lo de cascarrabias. Yo ya no me lo creo desde hace muchos, muchos, muchos años… - entretenida, la pequeña hizo un ruidito-. Muchos, muchos, mucho…

Aprovechó para dejar de acariciarla y hacerle cosquillas entonces, viendo como se reía y se empezaba a revolver, queriendo jugar así con su madre.


Yamato terminó de recoger algunos papeles que había estado mirando tranquilamente en el salón, aprovechando que Taichi y Koemi se habían quedado allí también, pudiendo hablar con ellos haciendo así aquello menos tedioso.

- ¿Ya has acabado? – le preguntó ella cuando lo vio ponerse en pie y acercarse a ellos.

- Sí… Es el borrador de las… - alzó ambas manos, haciendo con sus dedos unas comillas- "declaraciones" sobre lo que pasó en el aterrizaje. Ya sabéis, la JAXA queriendo dejar bien claro que ha sido un fallo humano totalmente ajeno a ellos y que son perfectos y maravillosos – ironizó sin poder evitarlo-. Aunque bueno, por una vez sí que no les puedo echar la culpa de nada.

- ¿Seguro? Porque yo no vería nada más la forma en la que tratan a los familiares en situaciones así. Porque yo ya me veía metiéndole tila en vena a la gente por aquí si no llegas a ser capaz de soltarnos a Gabumon para que viniera a decir que estaba todo bien – gruñó Taichi, dándose cuenta de la mirada que le estaba lanzando Koemi-. ¿Qué? No me mires así, creo que Yamato se puede hacer a la idea perfectamente de lo que había aquí, no estoy contando ningún secreto de estado…

El rubio se encogió de hombros. Posiblemente fuera algo a tener muy en cuenta que más posiblemente aún fueran a ignorar total y absolutamente. Entendía que no quisieran que los medios se metieran en nada de todo eso, pero, ¿la familia? ¿De verdad pensaban que nadie se iba a dar cuenta?

- Lo que yo no entiendo es cómo no se han dado cuenta de que no tengo más que dejar a Gabumon a su aire y ya se encarga él de pasarle la información y campar a sus anchas por toda la base. Y no creo que sea porque le tengan miedo precisamente… Con mi padre fue lo que hizo. Supongo que en algún momento mientras que yo no estaba consciente se fue a buscarlo en cuanto se enteró de que estaba aquí – explicó, metiendo todo en la carpeta por fin-. Se las arregló para darle un pase incluso.

Taichi lo observó curioso. Era la primera vez que lo escuchaba hablar tan abiertamente de detalles sobre aquel tema que tanto solía esquivar. Evidentemente estaban en un ambiente de confianza como para que pudiera hacerlo, pero, realmente se le había extraño. No era algo que él soliera hacer con tanta facilidad.

- Quién sabe, a lo mejor tiene mala fama. Si lleva tanto tiempo imponiendo orden y haciéndote de buena influencia, tendrán miedo de aquel que pueda ser capaz de imponerse a don cascarrabias…

- Debe de ser eso… - poniendo los ojos en blanco, se fijó en que Koemi se estaba riendo-. Eso, tú ríele las gracias al zoquete este…

- Oye, es que cuando tiene razón… Se la hay que dar – sonrió-. Vete a dormir si quieres, Yamato, no tienes que estar haciéndonos compañía porque sí. Seguro que sigues cansado del viaje…

- No te creas… Lo que sí que sigo es algo dolorido, pero bueno, nada que no se pueda soportar. Lo que no te sé decir es si tiene que ver con haber aterrizado yo o con haberme pasado media tarde tirado por ahí con las fieras…

Estaba seguro de que era una combinación de ambas cosas, pero, sobretodo, lo segundo. No necesitaba pasarse unas semanas en el espacio para que aquellos niños pudieran con él con facilidad. Y en aquella ocasión no habían estado sus sobrinos presentes como cómplices de Daigo para intentar acabar con él.

- Sora debe de haber secuestrado a Aiko… No os preocupéis, puede dormir con nosotros y así no os despertamos al niño cuando la vayamos a echar…

- ¿Despertar a quién? Yamato, creía que conocías mejor a Taichi.

- ¿Por qué? – arqueó una ceja, confuso, mirando hacia su esposa.

- Cariño, a ti no te despierta ni una bomba… El niño se parece a ti hasta en eso…

El rubio se echó a reír, parte por las palabras de ella, parte por la cara que había puesto su amigo. Y, además, tenía que darle toda la razón a ella, ya que había podido comprobar aquello con el paso de los años.

- Ahí os dejo… Quedaos como en vuestra casa, ¿de acuerdo? – dijo antes de despedirse de ellos con un gesto, yendo hacia la habitación principal-. Buenas noches…

Giró hacia la entrada de su dormitorio, dejando a la pareja atrás y yendo en busca de las dos que le faltaban. No le extrañó para nada la escena que se encontró, habiendo dado por supuesto, cuando Sora tardó en volver, que se había quedado jugando con la pequeña. Sonrió a pesar de todo al verlas, quedándose en silencio unos segundos, atento a la escena que estaba viendo.

- ¡Papá! – escuchó de repente, dándose cuenta de que Aiko se había dado cuenta de su presencia y sonriendo sin poder hacer absolutamente nada por evitarlo.

- Shhh….

Se acercó hacia ellas dos, viendo como Sora había girado también la cabeza hacia él, no habiéndolo sentido entrar al haber estado completamente distraída por la pequeña. Se apartó ligeramente para dejarle espacio y que se echara con ellas.

- Estábamos teniendo una discusión sobre que tiene que dejar de crecer tan rápido, que no puede ser que vaya a estas velocidades… ¿Tienes algo que decir tú al respecto?

- Muchas cosas – asintió, tomando postura con cuidado de no tropezar con ellas, al otro lado de Aiko-. Que soy yo el que lleva unos cuantos días fuera de casa y esta señorita era más pequeña el día que la dejé durmiendo…

Sora se rio, dejándose caer hacia atrás para quedar echada bocarriba, observándolos. Sabía que tenía razón, ella se lo notaba a la pequeña en la ropa. Era sencillo verlo en el largo de los pantalones, los pocos días que se los había puesto, notando que cada vez le quedaban más cortos.

- Mira a ver si tú la convences de que haga el favor de quedarse así de pequeñita – le dijo al rubio.

- No lo sé, conmigo hace lo que le da la gana… No sé yo si me irá a hacer demasiado caso tampoco – como solía hacer en aquellas situaciones, posó su mano encima del torso de la pequeña-. Daigo ya se ha quedado dormido, ¿nos la quedamos hoy?

- ¿Estás intentando usar a miniTaichi como excusa para poder dormir con ella? – la pelirroja sonrió-. Me parece muy buena idea, no sé yo si protestarán sus niñeros, claro, pero creo que podemos permitirnos secuestrarla…

Bajó la vista hacia la niña, dándose cuenta de que, en apenas aquellos segundos desde que él había dejado su mano sobre ella, se había empezado a adormilar, cejando sus ojos entrecerrados. Se quedó observando cómo llevaba una de sus manos a sus ojos, frotándolos ligeramente antes de bostezar y terminar por cogerse a los dedos de su padre.

- Pobrecito Yamato… Alguien se ha propuesto acabar con él del todo… - sonriendo al ver la escena y la cara que se le quedaba a su marido, aprovechó para disfrutar del momento.

- Sí, claro. Y tuve la brillante ocurrencia de casarme con ella hace un par de años. Todo lo demás son consecuencias de esa brillante decisión – le dijo levantando los ojos hacia Sora apenas unos segundos para luego volver a mirar a Aiko.

- ¿Me estás echando a mí la culpa de eso?

- Toda la culpa…

- Bueno, si nos vamos a poner así creo que la acepto gustosa…

Claro que la aceptaba. Sin duda alguna, cuando años atrás habían vuelvo a intentar estar juntos, jamás hubiera llegado a imaginarse aquello. Lo primero porque nunca le había mentido a sus amigos cuando le preguntaban y no había querido pensar en el futuro con él. Realmente, sabía como estaban las cosas cuando habían empezado. Era demasiado complicado que todo pudiera salir bien y que se lo iba a tener que jugar todo a una sola carta. Sin embargo, había llegado un momento en el que había sido consciente de que era lo único que quería y podía hacer.

Evidentemente que siempre había tenido en sus planes formar una familia. Era lo que precisamente se esperaba de ella dada su forma de ser y, al contrario que había ocurrido con el tema de la escuela de su madre, aquello era también lo que ella quería. Lo que no se hubiera podido imaginar nunca era que fuera a ser precisamente de aquella manera.

Sonrió, observándolos otra vez antes de arrastrarse algo más por la cama para poder levantarse sin molestar a la pequeña que se había quedao dormida.

- Voy a ir a lavarme los dientes – susurró sin querer hacer ruido, viendo como asentía él, distraído todavía con la niña.

El rubio dejó que se fuera sin decir nada, tampoco queriendo molestar a la niña, totalmente distraído con aquello. ¿Cómo iba a querer irse a alguna parte? Aquello, sin duda, compensaba no volver a salir del planeta. Lo decía en aquel momento y lo iba a repetir tantas veces como hiciera falta durante lo que le quedaba de vida, estaba seguro de ello.

Sonrió, maniobrando con mucho cuidado para poder sacar su teléfono del bolsillo de su pantalón y poder enfocar así las pequeñas manitas de la pequeña agarradas a sus dedos mientras que dormía plácidamente. Sabía que a su padre le iba a gustar ver aquello, y, sin duda, sería una buena adquisición para la enorme colección de imágenes que ya tenía de ella.

- Oye – le dijo a Sora cuando la vio entrar de nuevo-. Tenemos que comprar un nuevo álbum.

- ¿No te vale con la tableta? – sonrió, divertida, acercándose a él para ayudarlo y coger así a la niña en brazos y dejarlo ponerse el pijama.

- La tableta es para mi uso y disfrute personal… - negó con la cabeza-. Hay cosas que quiero tener en papel igualmente, ¿te parece bien?

- ¿Cómo no me va a parecer bien, tonto? Mañana si quieres nos acercamos a la ciudad y buscamos uno. Vete a ponerte el pijama, venga…

Mientras que decía aquello, la pelirroja aprovechó para acomodar a la niña en el centro de la cama, dejándola ligeramente cubierta con las sábanas. Era consciente de que si se despertaba querría trepar por encima de su padre para dormir encima de él como solía hacer, pero ahora no quería molestarla.

- Anda, vete a ponerte el pijama de una vez que tienes la misma cara de sueño que ella antes… - le dijo divertida, dándose cuenta de que Yamato la estaba observando-. Venga…

- Voy… - dándole la razón, fue a por sus cosas al armario para poder cambiarse.


Guest Vecina: ¡Hola de nuevo vecina! Bienvenida otra vez por estos lares. Yo acabo de llegar a casa como quien dice, porque los horarios cada vez se extienden más y más... Pero bueno, que hoy habré salido tarde, pero al menos no he tenido tanto lío como otras veces y eso se agradece. Esta semana llegamos al punto en el que tuve que pedirle a la gente que por favor se fuera y viniera otro día. Creo que te hace un buen resumen de la semanita que me he pegado. Y este fin de semana debería de repasar unas cosas de un tema de física que no me gusta nada de nada y tiendo a olvidarme de él jajajaja

¿Qué tal te he dejado los niveles de azúcar? Te dije que estos capitulos con Taichi rondando iban a ser dignos. Pero bueno, que todavía tenemos para rato de matrimoniadas con él rondando por la zona, tú tranquila. Desde ya te aviso que por alargarme más de la cuenta con él he acabado sin hacer el cumple de Aiko en Tokio jajaja (Eso y porque tengo mis límites para centrar la temática en los niños, gustándome los poco que me gustan y no doy para más).

Jajajajaja la mujer de Hideki seguro que en su momento era ese tipo de personaje que daba miedo a todos, porque claro, era la mujer del jefe. Pero ahí anda, fangirleando por los rincones ella sola tras haber descubierto que Sora, además de ser una de sus diseñadoras favoritas, es un amor y tiene una nenita que todavía lo es más jajajaja Me parece a mí que Hideki acaba en el sofá como se le ocurra protestar media palabra sobre alguno de los tres Ishida, aunque dudo mucho que se le vaya a ocurrir.

Y dejo de enrollarme, que quiero ver si escribo un poquito ahora antes de que me entre el sueño. El temporal... pues mira, yo ya paso de él, porque ni él mismo sabe si va o viene. ¿Vosotros qué tal? Porque con el tema del viento habéis estado bien por lo que se ha visto por internet... Ánimo y a descansar, vecina, que ya es fin de semana. ¡Un bico!