La pelirroja sonrió entretenida perdida en sus propios pensamientos. No había sido demasiado complicado tener un momento para hablar a solas con Koemi y pedirle aquel favor sin que nadie montara el drama. Ella, sin duda, era capaz de entenderla y con la simple excusa de que debería de empezar a preparar las cosas con calma para volver a capital ahora que tenían con quien dejar a Aiko había sido todo muy sencillo. Ni siquiera Yamato se había dado cuenta de la jugada y eso era lo que más le gustaba.

Salió del baño, acercándose hasta el armario para poder guardar la bolsa que se había llevado con ella al baño donde no quedara demasiado a la vista. Caminó hacia el exterior, intentando encontrar a Yamato, donde quisiera que estuviera, escuchando ruido al final del pasillo, girando así la cabeza hacia él.

- ¿Qué haces?

- Pues… mirar a ver si en este armario puedo guardar alguna cosa para que no se llene de polvo… Había pensado en buscar a alguien que pueda pasarse de vez en cuando para limpiar un poco y abrir las ventanas. ¿Qué te parece?

- ¿Y escaparnos nosotros un fin de semana cada mes para hacerlo te suena muy mal?

- Bueno… En ese caso tendría que buscar a alguien que se pasara a limpiar porque sin duda estaríamos ocupados en otras cosas… - divertido, se giró hacia ella.

- También es verdad – respondió, viéndose de repente arrinconada contra las estanterías del armario.

No había adivinado las intenciones del comentario de él, pillándola desprevenida a pesar de que ella misma había estado buscándolo para rondarlo con segundas intenciones. Relajó el rostro, quedándose mirando hacia él, siendo más rápida y poniendo su mano entre los labios de ambos cuando se inclinó hacia ella para echarle el freno. Confuso, cruzó una mirada con ella, viéndola reírse antes de bajar su mano, acariciando así su barbilla y ligeramente su cuello. No habló ninguno de los dos, él esperando ver por dónde le salía ella y, la pelirroja, entretenida en ponerse de puntillas para acercarse algo más a él para dejar un suave beso en su cuello, repitiendo el gesto hasta llegar a su nuez antes de desviarse hacia su oído.

- Se me da muy bien confabular, ¿lo sabías? – le susurró, imaginándose divertida la cara que estaría poniendo-. Y más cuando tengo una cómplice tan buena como Koemi… Lo que no sé es cómo te has creído tú que quería hacer las maletas.

Se rio, divertida por la situación, alejándose algo de él para ver entonces su expresión, entre confuso y entretenido. No puso demasiados problemas cuando sintió su mano buscar la suya, escapándose de dónde la había arrinconado y tirando de él para que la acompañara.

- ¿Has estado confabulando en mi contra?

- Aiko es un amor y es demasiado chiquitina como para poder aparecer en mal momento, pero… A lo mejor tengo ganas de quedarme realmente sola contigo.

Sonrió, acercándose a ella, revolviéndose lo justo para abrazarla desde la espalda y caminar así con ella. Ya no estaba tan dolorido, sin duda se las podía arreglar para prestarle las atenciones que llevaba queriendo darle desde hacía unos cuantos días. Cerró la puerta de la habitación tras ellos, apretando entonces más la cintura de ella, disfrutando de su cuerpo contra el de ella, aspirando así el aroma que tanto le gustaba de su cabello. No se pudo contener, empezando a acariciar su cuerpo por encima de la ropa, bajando una de ellas a su cadera, sujetándola con algo más de firmeza así. Entre unas cosas y otras hacía ya prácticamente más de un mes que no había podido estar con ella y aunque entendía los motivos, de repente, parecía que se hubieran ido esfumando todos. Llegados a ese punto, poco le importaba que aún le pudiera doler mínimamente algo.

Movió la mano que aún tenía libre, subiendo por el costado de ella, notando un tanto extraño a medida que lo hacía por debajo de la camiseta que llevaba puesta. Confuso, hizo algo más de presión, escuchando como se estaba riendo.

- ¿Qué te hace tanta gracia?

- La cara de suma concentración que estás poniendo – le dijo provocando entonces que levantara la vista y pudiera ver que lo estaba observando directamente por el reflejo del espejo.

- Normal… - volvió mover su mano-. ¿Qué se supone que llevas puesto?

- ¿Yo? – sonrió de la forma más inocente que pudo a pesar de la situación-. Creía que te había quedado claro que había estado de compras…

Pudo ver como arqueaba ambas cejas, cayendo entonces en la cuenta de la foto de la bolsa que había podido llegar a ver el último día. Cada vez empezaba a entender más que aquello había sido completamente premeditado. Quizás podría aprovechar más tarde para dejar caer algún inocente comentario en presencia de Taichi y ver las caras que él solo ponía… Pero, sin duda, en ese momento, no estaba pensando en su amigo en esos momentos.

Buscó la mirada canela de ella en el reflejo, la cual no le costó para nada encontrar, quedándose fija en la suya y así pudiendo intercambiar una sonrisa entre ambos. Aflojó ligeramente el agarre sobre ella, dejándola girarse y que pudiera quedarse frente a él.

- ¿Sabes lo malacostumbrada que me tienes? Ya se me había olvidado lo que era no tenerte rondándome a diario – en lugar de echarle los brazos al cuello como solía hacer, los coló por dentro de los de él, quedándose así abrazada a su cintura-. Se me hace hasta raro girarme en la cama y no chocar contigo…

- Pensé que eso hacía que protestaras porque en verano te daba calor – sonriendo de forma ligeramente ladeada, aprovechando la posición de ella para llevar las manos hacia su cabello para echárselo hacia atrás.

- Bueno, en agosto me lo preguntas otra vez y ya te cuento… - divertida, se echó a reír.

- ¿Ves? Eso sí que lo eché yo de menos… Aunque algún que otro vídeo que había en cierta tableta colaboró bastante…

- No sé de qué me hablas…

Ampliando algo más su sonrisa, dio unos pasos hacia delante, obligando así al rubio a retroceder hasta que tropezara con el borde de la cama, haciendo que se quedara sentado, soltándolo por fin. A pesar de la situación, no necesitó inclinarse demasiado para darle un beso, tomándose su tiempo, disfrutando al sentir como volvía a pasear sus manos por su cuerpo, disfrutando de cada segundo. Lo que le había dicho era verdad, lo había echado demasiado de menos, pero, más aquellos días. Aquellos días en lo que ya había estado en casa y habían guardado las distancia por culpa de las heridas de él.

Esa idea hizo que, cuando se separó para poder respirar, se quedara mirando hacia él.

- ¿Seguro que estás bien ya? – preguntó sin apenas levantar la voz.

- Peor voy a estar si no dejamos de dar vueltas de una vez – fue su contestación, levantando mínimamente la cabeza para darle otro beso, apenas un roce. A sabiendas de cómo era ella, sabía que aquella respuesta no le serviría-. Ya casi no me molesta, tranquila.

Asintió, creyéndose sus palabras. Ya vería si protestaba o no más adelante, aunque no lo había visto poner mala cara en los últimos días, ni siquiera cuando tenía a la niña en brazos, lo cual le servía como buen indicador. Cuando se separó de un nuevo beso, aprovechó para hacerlo levantar los brazos, inclinándose para poder tirar de la camiseta de él y dejarla caer al suelo.

- ¿Necesitas comprobarlo con tus propios ojos? – le preguntó, divertido.

- No me tientes… - hizo como si fuera a pinchar con el dedo en el hombro, sin llegar a hacerlo, usando esa mano para echarle el cabello hacia atrás, dejando sus ojos fijos en los suyos de nuevo, sonriéndole.

Dudó unos segundos más, pensándose si librarse también del resto de ropa de él, entretenida en las caras de confusión que él estaba poniendo. Decidió finalmente hacerse algo más de rogar, aprovechando a tomar asiento encima suyo a horcajadas, rodeando ahora sus brazos su cuello, sintiendo como iba directo a quitarle la camiseta de ella, teniendo que soltarse para darle un manotazo.

- ¿Quién te ha dado permiso? – divertida, se inclinó hacia él, dejando un beso en el moratón que apenas se notaba ya, empezando así a moverse por su clavícula hacia su cuello, subiendo por él, disfrutando de cada segundo.

Dándose por rendido en sus intentos de quitarle la prenda, posó las manos en la espalda de su esposa, apretándola contra él con firmeza, notando cada una de las formas de ella contra su cuerpo, sonriendo ante esa sensación antes de subir una de ellas hasta su nuca y atraer su cabeza hacia él, buscando sus labios.

Cuando se separó de ella se quedó observándola, estudiando su expresión y viendo como se mordía el labio antes de volver a abrir los ojos. Se arrastró ligeramente hacia atrás, llevando así las manos desde su cuello habia abajo por su torso hasta llegar al borde del pantalón para poder desabrochárselo.

Entretenido en seguir sus movimientos, no pudo más que sonreír viéndola hacer. Tenía curiosidad por saber lo que se podría encontrar, pero no iba a insistir más de la cuenta, sino que prefería dejarla a su ritmo. Se reclinó ligeramente hacia atrás, usando sus brazos como apoyo facilitándole las cosas así sonriendo al sentir sus caricias antes de verla apartarse del todo. Adivinando sus intenciones, levantó la cadera una vez que ella se hubiera incorporado, dejándola así llevarse de un solo movimiento toda la ropa de él.

- ¿Qué te pasa? – le preguntó, divertido-. ¿Tienes prisa?

- Puede… pero mejor no te explico para qué – contestó, riéndose antes de terminar de apartar las cosas del suelo para que no molestaran.

Volvió a acercarse, en aquella ocasión para darle un ligero empujoncito esperando que entendiera que se arrastrara hacia atrás, quedándose así en una posición más cómoda, apoyado en los cojines que solían adornar la cama, notando la mirada de ella recorriéndolo con lentitud hasta que, por fin, se acercó algo más hacia donde pudiera observarla con más facilidad.

Sintió que se le cortaba la respiración cuando por fin la vio llevarse las manos al pantalón corto, dejándolo caer lentamente por su cuerpo. Se dio cuenta de que había empezado por ahí porque la camiseta se encargaba de cubrirla igualmente, todavía haciéndose más de esperar. Podía notarlo perfectamente en la expresión de su rostro. Estaba disfrutando con aquello.

- Si no me hubieras hecho una encerrona en el aniversario… A lo mejor podrías haber visto esto antes, pero claro… - dijo divertida.

- No sabía que tuvieras alguna queja de cómo acabó precisamente esa noche – contestó sin quitarle la vista de encima.

- Oh, no por favor… Solo hacía una pequeña aclaración – intentó permanecer seria, a sabiendas de la situación en la que estaba.

Se quedó mirándolo, ladeando ligeramente su cabeza. Llevó las manos al borde de la camiseta, jugando con él muy lentamente, notando como tenía la vista clavada en ese punto. Le podía la curiosidad, era más que evidente… Y ella estaba disfrutando con ello. Continuó con el juego, decidiendo acercarse a él de nuevo, arrodillándose encima de la cama para ir poco a poco hasta él, tomando asiento sobre él asegurándose de hacerlo de la forma más apropiada.

- Ni se te ocurra – le susurró a modo de advertencia cuando lo vio querer cogerla.

- ¿Te he dicho alguna vez que eres retorcida?

Dejando ir una sonrisa al notar el tono impaciente en sus palabras, se aseguró de moverse lo suficiente encima de él para que su cadera rozara la de él, viendo como no podía más que entrecerrar los ojos, soltando un leve jadeo.

- Yo también te quiero – amplió su sonrisa antes de dejar de hacerse de rogar, levantando con lentitud la prenda hasta sacarla por su cabeza, tirándola por ahí.

Posiblemente la cara con la que se quedó mirándolo confirmó más aún que aquella idea había sido de las mejores que había tenido en los últimos tiempos. Podía ver claramente la sorpresa en los rasgos del rubio, tan evidente que ni siquiera hacía nada por disimularla. No tardó en ver cómo la sorpresa se esfumaba y los ojos claros de él empezaban a recorrerla de una forma que consiguió que se ruborizara. Era una estupidez que a aquellas alturas siguiendo pasándole aquello, pero no podía evitarlo. Se quedó a la espera, ya que, después de haberse hecho tanto de rogar, prefería dejar que fuera él quien diera el siguiente paso.

Se había quedado congelado al verla. Evidentemente no era la primera vez que se esmeraba más en buscar ropa interior más llamativa para situaciones así… De hecho, había acabado llegando a la conclusión de que era algo bastante común, tuviera él o no algo que ver. Pero aquella vez, sin duda, se había esforzado más. No sabía dónde mirar tan siquiera, observándola sentada sobre él era incapaz de decidir su le gustaban más las partes que se insinuaban bajo transparencias o las que no. Llevó las manos por fin hacia ella, posándolas en su cintura, acariciando por encima de la tela sus costados, recorriendo el encaje hasta donde pudo sin tener que incorporarse. Las movió hacia delante, acariciando así también el vientre con lentitud antes de acabar por sentarse.

- ¿Tú qué quieres? ¿Acabar conmigo? – dijo, notándose la boca seca.

- ¿Yo? Solo quería darte una sorpresa – sonrió mordiéndose el labio en el proceso-. ¿No te gusta?

- En estos momentos tengo mis dudas de si te lo quiero dejar puesto o desaparecerlo de mi vista lo más rápido posible – adelantó la cabeza para intentar atrapar sus labios, no llegando a hacerlo al repetir ella el movimiento que había hecho segundos antes, con algo más de fuerza haciendo que cerrase los ojos.

- Te dije antes que te había echado mucho de menos – le murmuró al oído, abrazándose a él por fin-. Deja que al menos te lo demuestre.

Sintió como posaba sus manos en su cadera, ladeando la cabeza lo justo para poder alcanzar sus labios, desquitándose de esa forma, compensando todos los que no había podido darle en aquellas semanas. Apretó sus manos contra su piel, sujetándola con más firmeza, no queriendo esperar, revolviendo entre el encaje de la parte inferior del conjunto, pudiendo apartarlo para que no estorbara. Le daba exactamente igual cualquier paranoia que hubiera podido tener meses atrás, en ese momento no pensaba soltarla bajo ningún concepto. Mucho menos cuando notó como debido a la situación y a que todavía estaba sujetando la tela, encajaban a la perfección simplemente con un ligero movimiento de ella.

Buscó su rostro una vez se hubiera separado de sus labios, observándola con los ojos cerrados y la cabeza ligeramente echada hacia atrás. Sonrió, disfrutando de aquella imagen antes de hacer fuerza y girar con la pelirroja entre sus brazos para dejarla debajo de él.

- ¿Sabes una cosa? – le murmuró al oído, devolviéndole la jugada de antes con un estudiando movimiento de su cadera viendo como se mordía el cambio-. Creo que yo también tengo derecho de explicarte lo que mucho que te echado de menos.


AnnaBolena04: pues aquí me vengo a las carreras porque como me he quedado más tiempo de la cuenta en la cama ahora ando corriendo de un lado para otro para poder hacer todo lo que quiero y que me dé tiempo antes de tener que irme. Pero bueno, como se suele decir, sarna con gusto no pica jajaja Que para algo me quedé remoloneando en la cama un par de horas en vez de hacerle caso al despertador cuando sonó. Culpa del peluche, no tengo nada más que argumentar.

Por fin se han quedado solitos los Ishida y por fin parece que se van a desquitar de las ganas que se debían de tener el uno al otro tras todos los días que se han pasado lejos y luego cerca pero sin poder hacer nada porque Yamato andaba muriéndose por las esquinas con el tema de que le dolía todo por andar aterrizando como no se debe. Pero no tiene pinta de que, si es que le sigue doliendo algo, se vaya a acordar de ello con la sorpresita que le han preparado y que parecía que ya se había olvidado de ella...

Disfruta de la primera parte del tortu... Y sí, he dicho primera jajajaja ¡Besitos de tortuguita!

Natesgo: bienvenida de nuevo por estos lares. Llegas justo para cuando se les pasa a todos la sobredosis de adorabilidad para volver a sus raíces un poco más tortugosas, que ya sabemos todos que estaban tardando demasiado. Así que las ganas las iban teniendo acumuladas cada vez más, que ya sabemos que cuando estos dos arrancan tienen para rato.

La tortuguita trama acabar con toda la rama masculina de la familia, sea del tipo que sea. Ha empezado con el padre y el padrino porque lo tiene a mano, pero algún llegará ese temido "abu" a alguno de los dos abuelos y habrá que ir a reanimarlos, eso si no se ponen a pelearse entre ellos por quién ha sido el primero al que la nena ha llamado por el "nombre". Aunque lo de Chi mejor no contárselo a Takeru porque entonces sí que no va a haber quien lo aguante con la pataleta.

Me voy a ver si termino de recoger por casa que me tengo que ir en nada, para no variar, y andar a las carreras hasta los fines de semana.

¡Un beso!