- Monte el drama que monte mi padre, Aiko está mejor hoy con el tuyo, que hace más tiempo que no lo ve – comentó Sora mientras que salía del estudio acompañada de Yamato.

- Pues que tenga cuidado porque ya he visto la cara que ha puesto Haru cuando me ha visto aparecer sin Aiko… A lo mejor les sale competencia también por ese frente para ver quien hace de niñero.

Sin duda no iba a ser él quien protestara porque la gente se interesase más en Aiko que en ellos dos una vez que habían vuelto. Eso decía lo mucho que apreciaban a la pequeña y se alegraba por ello. Posó una mano de forma distraída mientras que salían en la cintura de Sora, caminando por la calle.

- ¿No estamos un poco lejos para ir dando un paseo?

- Bueno, a lo mejor es que primero tengo intención de llevarte a comer por ahí – bajó la vista hacia ella, sonriendo-. ¿Qué te parece la idea? Hace mucho tiempo que tenemos abandonado nuestro restaurante favorito, así que llamé hoy por la mañana para asegurar que teníamos mesa…

- ¿Te he dicho que me gusta cuando te quedas de vacaciones y sin nada mejor qué hacer que rondarme? – giró la cabeza hacia él, sonriente.

- No, pero está bien saberlo. Igual me lo tomo como motivación… - con la mano que tenía libre, aprovechó que se habían detenido, para darle un ligero toquecito en la nariz con el dedo-. Anda, vamos…

Asintió, dejándose guiar por él y sin hacer ningún comentario sobre su sentido de la orientación. Ambos conocían aquella zona de la ciudad demasiado bien e, incluso en horas tan bulliciosas como aquella, se las arreglaban para poder buscar unas rutas más tranquilas.

- Oye, ¿al final te encargaste tú de comprobar que todo estuviera como habíamos pedido? – le preguntó Sora mientras que pasaba mirando de reojo hacia un escaparate.

- Sí, tranquila. Estaba todo en orden… tal y como pedimos. Incluso cierta habitación con cristaleras que a alguien le gustó más de la cuenta cuando vio por primera vez la casa…

- No sé de lo que me estás hablando… - sonrió sin poder evitarlo-. ¿Cómo narices se te ocurrió eso?

- Dijo la que se debió de pasar unos cuántos días entretenida rebuscando las peores foto que tienes mías o conspirando con Hikari… No lo sé – se encogió de hombros-. Simplemente me pareció buena idea. Es algo que vas a necesitar y que sabía que te iba a hacer ilusión. Solo espero que ahora que lo veas en directo esté todo a tu gusto. Sobra decir que si tienes que cambiar algo o lo que sea…

- Yamato… cállate – utilizó aquellas palabras especialmente, acordándose de las veces que lo había mandado callas porque la pequeña se movía nada más escucharlo. Detuvo sus pasos, haciendo que él hiciera lo mismo, sin importarle demasiado estar en la calle, estirándose para dedicarle un corto beso en los labios-. Tengo hambre, vamos a comer…


Yamato sonrió al posar los ojos en la casa. Hacía ya tiempo desde que habían estado allí por última vez. Recordaba aquel día, todavía estaba más preocupado por la salud de Sora que por todo lo demás que estaba pasando a su alrededor. Luego, había tenido demasiadas cosas en la cabeza como para haber estado pensando en aquello. Ahora que por fin tenía la casa delante y la podía ver, no pudo evitar que una sonrisa se dibujase en sus labios.

- ¿Te he dicho que me encanta este sitio? – le dijo a la pelirroja, volviendo a la realidad.

- Alguna que otra vez – sonrió, echando a andar-. Es… una sensación extraña. No notaba lo mismo cuando conseguí comprar el apartamento.

Cuando había vuelto a Tokio y se había mudado, había empezado estando alquilada, teniendo todavía demasiado caos en su vida como para poder asumir un gasto de ese tipo. Luego, con el tiempo, y cuando las cosas habían ido bien, había podido comprar el lugar en el que ahora vivían. Sin embargo, nunca había notando una sensación como la que tenía en aquel momento ahora que caminaban hacia la casa. Sabía lo que era. Lo podía reconocer… El apartamento era el lugar en el que estaban viviendo. Aquella casa iba a ser su hogar.

- Verás cuando Aiko vea el jardín – le dijo él, echando a andar finalmente a la vez que la pelirroja.

- ¿El jardín? Verás cuando se entere de que la bañera de nuestro baño es grande y que va a poder estar chapoteando un buen rato en el agua por la noche contigo… - era una de las cosas que sabía que estaban listas ya que necesitaban de mano de obra más precisa para quedar terminadas.

- Podría ser – divertido, empezó a rebuscar por sus bolsillos, sacando las llaves y acercándose a la puerta a abrir.

No iba a negar que no estuviera nervioso también por la situación y por lo que se fueran a encontrar, pero, sin duda, era Sora quien más lo debía de estar ya que él ya había visto las fotografías. Desde su punto de vista no había visto nada a lo que sacarle pegas, pero estaba seguro de que tampoco iba a ser precisamente él quien se diera cuenta de nada en esa temática. Dejó que pasara Sora antes de cerrar la puerta tranquilamente.

- ¿Te reirías de mí si te digo que estoy nerviosa? – le dijo quedándose a unos pasos de él.

- Para nada… - sonrió, colocándose a su lado, dejando su mano en torno a su cintura-. ¿Vamos? Porque creo que la entrada ha quedado bonita, pero…

Sin poder terminar la frase vio como la pelirroja echaba a andar. En un primer lugar no le quedó demasiado claro hacia dónde podía ir ella, dándose cuenta pasados unos segundos de que sus pasos iban hacia la parte trasera. Era allí donde estaba la sala con las cristaleras que tanto le había gustado y que él se había encargado de convertir en su estudio personal. Sonrió, tomándose unos instantes antes de seguirla, dejándole así su espacio.

Le costó acertar a la primera con la puerta que era, había pasado mucho tiempo desde que había estado allí por última vez. Tampoco le prestó demasiada atención a lo que iba dejando atrás al pasar por las salas, llegando por fin al estudio y abriendo la puerta. No había podido ver demasiado en la fotografía y, aunque no había estado pensando en ello tampoco, nada más poner un pie en la casa le habían entrado unas ganas enormes de poder verlo con sus propios ojos. De poder ver las cosas de cerca, los detalles, y el conjunto que no se podía apreciar en la fotografía.

Sonrió abiertamente anda más posar la mirada en el lugar. Enfocando en primer lugar el ventanal y aprovechando para entrar finalmente. No había demasiadas cosas, a sabiendas de que ella misma tenía una gran cantidad de material y de cosas que poder usar todavía, pero había algunas cajas encima de la mesa cuyo contenido podía reconocer fácilmente. Reconoció todo lo que había visto en la fotografía, no pudiendo estar más contenta con lo que veía. Hasta la luz que entraba por la ventana era la correcta para poder trabajar.

- Es lo bueno que tiene buscarse buenos cómplices para estas cosas… - dijo Yamato desde la puerta en la que se había quedado apoyado observando a su esposa-. ¿Te gusta?

- Ya me gustaba en foto… - se giró, sonriéndole-. Y deja a los cómplices en paz… Que la idea es lo que importa…

Ampliando su sonrisa, se acercó finalmente unos pasos hacia la pelirroja, quedándose distraído a mitad de camino. Había algo en una de las esquinas de la habitación que había reclamado su atención.

- ¿Pasa algo? – le preguntó la pelirroja.

- Eso no lo he puesto yo ahí… - dijo señalando hacia donde había estado mirando.

- ¿El qué?

Girándose también ella para poder saber de qué le estaba hablando, sus ojos se posaron en una pequeña mesita que había, imitando a la grande. Esa mesita estaba acompañaba también de una pequeña silla y, encima de ella había también lo que parecía material de dibujo. Confusa, cruzó una mirada con su marido, quien volvió a negar con la cabeza.

- No lo entiendo… - se adelantó a ella unos pasos, observando más detenida aquello, sonriendo sin poder evitarlo a pesar de todo. Sin duda sabía para quién era, saltaba a la vista no solo por el tamaño, pero no lograba entender de dónde había salido.

Pudo ver encima de la mesa un sobre, agachándose entonces para cogerlo. No reconoció la letra, frunciendo el ceño por fin. Estaba demasiado confuso, incluso cuando sintió a Sora llegar hasta su altura mientras que abría el sobre, encontrando entonces una pequeña tarjeta de felicitación de cumpleaños.

- ¿De quién…? – volvió a mirar el sobre-. Pone "Aiko" – le dijo a Sora, tendiéndoselo-. ¿Reconoces la letra?

La forma en la que ella arqueó las cejas respondió a su pregunta, entendiendo que sí, dejándola cogerlo antes de abrir la tarjeta y buscar rápidamente la firma. No se encontró una, sino dos. Y fu entonces cuando descubrió los nombres de aquellos que estaban detrás de ello.

- Voy a matarlos… - murmuró la pelirroja.

- "Más vale tarde que nunca. Esperamos que no tarde mucho en poder empezar a usarlo y que se lo pase tan bien dibujando como su madre cuando cree que nadie la está observando" – leyó en voz alta-. Andrew y Haru…

No había necesitado la aclaración de las últimas palabras de él, habiendo reconocido con facilidad la caligrafía de Andrew tras haber estudiado tanto tiempo con él. Volvió a mirar hacia la pequeña zona que habían arreglado para la niña, fijándose con más detalle en todo, viendo que se parecía muchísimo a todo lo de ella, salvo por las diminutas dimensiones de todo.

- ¿Qué voy a hacer con ellos? – dijo finalmente.

- Yo creo que voy a volver a irme a una esquina a esconderme por haber podido mirarlo mal a él en algún momento de mi vida…

- Deberías, sin duda…

El rubio se agachó, pudiendo entonces ver que había también algunas cajas con colores y libretas para que pudiera entretenerse la pequeña. Le llamaban demasiado la atención todavía las cosas tan pequeñas. Contrastaban demasiado con lo que estaba acostumbrado, incluso ahora que Aiko ya había crecido algo. A sus ojos, sin duda, aquello parecía más bien para una muñeca, aunque, claramente, no es que la niña fuera muy diferente de una.

- Ten cuidado…

- ¿Con qué? – preguntó confuso mirando hacia Sora.

- No te vayas a resbalar con la baba…

Se echó a reír, negando con la cabeza. Sin lugar a dudas, no el importaría llegar a casa y encontrarse a cada una en su mesa, con cara de concentración, trasteando entre hojas y colores. No le iba a importar en absoluto. Es más, acababa de descubrir una nueva necesidad en su vida muy importante.

- ¿Vamos a ver el resto de la casa? – le dijo ella finalmente alejándose unos pasos para ver más de cerca su zona, abriendo las cajas que había encima de la mesa-. ¿En serio?

- ¿El qué? – la miró, poniéndose en pie.

- ¿Y eso? – señaló hacia el material que había en ellas.

- Eh, a mí no me mires. Yo de esas cosas no entiendo. Es para lo que le pedí ayuda. Le dije que me hiciera el favor de pasarme una lista de cosas que pudieras necesitar y me la pasó además con recomendaciones…

- Pero… estas cosas ya valen bastante como para que…

- ¿Ya empezamos otra vez? – la cortó, colocándose delante de ella-. ¿Tengo que darte la charla otra vez de que si me apetece consentirte pienso hacerlo te pongas como te pongas?

Intentó no sonreír, queriendo parecer seria, teniendo que recurrir a morderse el labio para evitarlo. Levantó la vista hacia él, observándolo con la cabeza ligeramente ladeada, sin decir nada, estudiando sus gestos a pesar de todo.

- Solo porque te he echado mucho de menos las semanas que has pasado fuera te lo voy a pasar….

- Eso ya me gusta más – entretenido, buscó su mano para tirar de ella y poder empezar a comprobar que todo hubiera estado perfectamente.