- Vamos a tener que buscar fotografías que poner – dijo Yamato a su hermano mientras que tomaba siendo a su lado en el sofá, tras haberle acercado la taza de té.

- Pues no será porque no tengáis… - se acomodó mejor, mirando hacia él.

- Ya, si ese es el problema. Que entre las nuestras, las de la niña y las de todos los demás lo mismo no nos hubiera hecho falta pintar las paredes…

El menor de ambos se rio, estirándose para poder coger la taza que tenía apoyada encima de la mesita, soplando unos segundos el líquido antes de dar el primer trago. Echó un vistazo a su alrededor, aprovechando a echar un vistazo a las fotos que decoraban el salón con calma.

- La que tenéis en la estantería siempre me ha gustado mucho… - dijo finalmente.

- ¿Cuál? – miró hacia dónde él.

- La de mi boda… Que debe de ser una de las pocas que tenéis. Entre que al fotógrafa profesional del grupo estaba especialmente distraída ese día y a otras cosas y que se os perdió de vista demasiado pronto…

- Qué simpático…

- No, lo digo en serio – se puso en pie, caminando hasta la estantería para coger el marco-. A mí me gusta…

Al final, las fotografía que habían acabado adornando la casa eran aquellas para las que no habían posado, la gran mayoría de ellos sin que supieran tan siquiera de su existencia. Y aquel, sin duda, era el caso. No recordaba exactamente el momento, pero por la postura en la que estaban tenía toda la pinta de que a Sora hubieran empezado a molestarle los zapatos y estaba usándolo a él como apoyo. Él, totalmente distraído, con la barbilla apoyada sobre su hombro, había dejado una mano en torno a su cintura, manteniendo la vista perdida en algún punto de la sala.

Yamato sonrió al verla más de cerca, teniendo que darle la razón a su hermano. Sin duda sus favoritas eran las de su propia boda, porque habían estado tan alejados de la realidad aquel día que la gran mayoría de ellas le ayudaban a darse cuenta de cosas que ni siquiera había sido consciente. Y en el extremo contrario, las de la boda de Tacihi. Ese día estaban completamente en el punto de mira de todos los demás y con la forma que tenían de comportarse entre ellos, habían sido los protagonistas de muchas.

- Sino ya sabes lo que te toca… Aguantarnos en casa para rebuscar bien entre todos lo que debe de tener Hikari.

- Tranquilo… Hermanito, que todavía no te has enterado. Que duermes con el enemigo, que ya le pidió todas las fotos en las que salgáis alguno de los dos que tuviera hace un par de meses… Que por cierto ¿sabes para qué las quería? Porque Hikari se tiró un rato riéndose de una de su hermano y tú…

El mayor de los dos rubios arqueó una ceja, no pudiendo más que empezar a reírse. Sin duda sí que sabía para qué las quería, pero no consideró necesario contarle las trastadas que era capaz de hacerle cierta pelirroja, no fuera a ser que se sintiera motivado a intentar alcanzar el nivel de ella.

- Estará buscando también fotos para poder… Tranquilo, por el momento no pienso poner una foto enorme en el salón de casa de tu cuñado y mía…

- Yo creo que a nadie le extrañaría, también te lo tengo que decir…

Puso los ojos en blanco, incluso a sabiendas de que no andaba demasiado desencaminado. Bajó la vista hacia la fotografía que había en el marco que su hermano había cogido de la estantería, sonriendo. Tenía buenos de aquel día y, como se podía adivinar, no muchos estaban relacionados precisamente con el evento.

Había sido una época complicada en la que Sora y él se podían ver muy poco y cada bastante tiempo, por lo que una oportunidad como aquella se les hacía demasiado complicado dejarla pasada. No iba a decir que fuera lo más correcto familiarmente, pero, había estado mucho más pendiente de ella que de su hermano pequeño se estuviera casando. A fin de cuentas, lo segundo era algo que todo el mundo estaba esperando desde hacía muchos años.


2016

Yamato salió al pasillo, terminando de colocarse bien la chaqueta. Había llegado apenas hacía unas horas a Tokio y no había tenido más tiempo que el justo para ir a casa, darse una ducha y salir corriendo hacia allí. A fin de cuentas, la falta de sueño no debería de ser mayor pega en un día como aquel. No todos los días el hermano pequeño se casaba.

En cualquier otra condición seguramente le hubiera dado la charla de que era demasiado pronto, que él era demasiado joven y que quizás debería tomarse las cosas con más calma. Sin embargo, era uno de esos casos donde simplemente parecía lógico y coherente y en el que estaba seguro de que lo máximo que Takeru iba a lamentar era tener a Taichi como cuñado de manera oficial.

Frenó ante uno de los espejos del pasillo, aprovechando para comprobar que todo estuviera en su sitio, pasándose una mano por el pelo, colocándolo bien antes de continuar con su camino de nuevo.

- ¿Dónde vas? – preguntó Taichi viéndolo pasar.

- A decirle a mi madre que haga el favor de venir a aguantar ella a Takeru porque podría dejar a tu hermana viuda antes de tiempo – dijo quedándose mirando hacia él.

- Pues creo que tu madre está con la mía… Mi abuela les estaba dando la charla a las dos con no sé si quiero saber qué.

- ¿Dónde vas tú?

- A leerle otra vez la cartilla a mi querido cuñado sobre eso de que tengo un dinosaurio en casa y que no dudaré en su contra como se le ocurra liar alguna…

- Dile de mi parte que yo no pienso defenderlo – dando así por terminada la conversación con él, continuó su camino por el pasillo en busca de su madre.

Sin duda, de todos los invitados a aquella boda había alguien especial a quien quería ver, pero sabía que seguramente iba a estar ocupada y más pendiente de la novia. Ya la buscaría más tarde en cuanto tuviera oportunidad. Por suerte, en aquel ocasión, tenía algunos días antes de tener que volver a Tanegashima y tenía bastante claro dónde y cómo pensaba pasarlos.

- Mamá – reclamó la atención de Natsuko, saludando también a Yuuko con un gesto- o vas tú a asegurarte de que Takeru aguanta vivo hasta la ceremonia o papá y yo no nos responsabilizamos de nada…

- ¿Le ha dado otra vez la tontería de ponerse nervioso?

- Y Taichi acaba de ir ayudarlo – se encogió de hombros.

- Pues si vas a repartir collejas, adelante, dale también a mi hijo, que seguro que estaba mejor en cualquier otro sitio…

El rubio se rio, entretenido, viendo como su madre echaba a andar por el pasillo por el que él había llegado. No tardó demasiado en despedirse de Yuuko también para dejarla ir a saludar a los familiares que hicieran falta, quedándose algo distraído, aprovechando la tranquilidad de aquel rincón.

No se dio cuenta de que unos ojos de color canela lo estaban observando desde el principio de las escaleras con una sonrisa, atenta a la indumentaria que llevaba puesta él. Habían pasado más tiempo sin verse del que realmente le gustaría y, sin duda, lo que tenía delante era de su completo agrado.

- Cualquiera diría que nos hemos puesto de acuerdo – reclamó su atención, hablando a la vez que caminaba hacia él.

Nada más escuchar el sonido de la voz de Sora se giró, buscándola con la mirada. No necesitó buscar demasiado, encontrándosela caminando hacia él con tranquilidad, haciéndose notar así el vestido que llevaba puesto. Se dio cuenta rápidamente de por qué había hecho aquel comentario, notando como la ropa de ambos encajaba a la perfección.

- Se me ocurre alguna que otra forma para evitar ese tipo de acusaciones – le contestó, quedándose donde estaba.

Apenas unos segundos más tarde, pudo ver como aceleraba el paso para llegar hasta dónde él estaba y rodear su cuello con sus brazos, como otras tantas veces, sacándole así una sonrisa a la vez que la sujetaba contra él, apretando bien su cuerpo contra el suyo. Siempre echaba de menos poder haceraquello las temporadas que pasaban uno en cada punta del país. Cogió aire, notando así el habitual perfume de ella, sonriendo.

- ¿Sigue vivo Takeru?

- Yo creo que sí, aunque acaba de irse por el pasillo su futuro cuñado diciendo algo de que tenía que tener unas palabritas con él…

- Ah, claramente… - sonrió a juego con él-. Debe de tenerlo completamente aterrorizado.

- Ahora mismo creo a mi hermano capaz de tomarse las amenazas en serio, fíjate lo que te digo.

Intentó acercarse a ella, queriendo por fin darle el beso que llevaba semanas queriendo darle, teniendo que frenar en seco cuando vio aparecer por el final del pasillo a su abuelo, dando un paso hacia atrás de repente y soltando a Sora casi como si le hubiera dado calambre.

- Eso, vete a la otra esquina del pasillo… Que vengo de otro país, que no me voy a escandalizar… - dijo acercándose hasta ellos, riéndose al ver como se habían puesto los dos igualmente de rojos.


- Pues yo no tendría ningún problema si te diera por perderte toda la noche – murmuró Takeru acercándose a su hermano mientras que esperaban en el altar.

Yamato giró la cabeza, mirándolo con la única expresión que podía poner a semejante declaración, dejando ambas cejas arqueadas. Aquel gesto provocó que su hermano pequeño se echara a reír, olvidándose, por el momento de los nervios que había estado pasando hasta entonces.

- ¿Tienes que ponerte a decir tonterías hasta en un momento como este? – reaccionó finalmente.

- No son tonterías, es que como la sigas mirando así vamos a tener que ponerte gafas de sol para censurarte la mirada. Disimula un poco al menos, que tenemos a toda la familia aquí… Luego eres tú el que quieres pasar más desapercibido…

- Cállate, Takeru.

Intentando ignorar a su hermano, volvió a buscar con la mirada a Sora entre la gente, viendo que se había quedado sentada al lado de Koemi y que estaba hablando con ella de forma distraída, posiblemente sin querer saber nada de los dramas del tercero que faltaba en aquel grupo. Sonrió al darse cuenta de que se había dado cuenta de que la estaba observando, viendo como le devolvía el gesto.

- Mira que yo no quiero saber gran cosa de los que hacéis vosotros dos… Pero cortaos un poco, ¿no? – llegando hasta donde estaba la pelirroja, Taichi tomó asiento-. Que sí, que lleváis una mala temporada en la que casi no os habéis podido ver, pero no voy a poder intimidar con la mirada a mi futuro cuñado si estáis jugando a las miraditas…

- ¿Tú? ¿Intimidar a Takeru? ¿Desde cuándo? – giró la cabeza hacia él ignorando el resto de lo que había dicho-. ¿No se supone que habíamos quedado que era el menor de tus dramas?

- Déjalo… le ha vuelto a dar el drama de hermano mayor protector – dijo Koemi, entrando en la conversación-. Y haz el favor de dejar a Sora en paz, yo si fuera ella ya hubiera hecho por desaparecer hace un buen rato, que seguro que a los novios no les iba a importar.

- ¿Segura? Porque si nos vamos a poner así yo no creo que mi hermana…

- Tú termina esa frase…

Sora se empezó a reír por los comentarios de ambos, teniendo que hacer finalmente el esfuerzo de parecer seria y tranquila cuando el silencio empezó a apoderarse del lugar. No necesitó llegar a girarse para saber que Hikari acababa de llegar, solo había tenido que enfocar a Takeru y ver la cara que se le había quedado.

- Sino siempre puedes ir tomando notas – escuchó como Taichi murmuraba en su oído antes de colocarse finalmente en su lugar, esquivando así el intento de codazo de ella.


AnnaBolena04: porque van a ver la que va a ser la casa de ambos, donde va a crecer la cosita, y se ponen a fangirlear por las esquinas ellos solos, que son palabras bastante mayores. Que esa casa casi que se puede decir que representa gran parte de sus planes de futuro como familia y eso, para ellos dos, está claro que es algo muy gordo después de todo lo que han ido pasando. Y si además llegan y se encuentran con un miniescritorio tamaño Aiko, pues por favor, que alguien vaya llamando a Jou que igual se necesita un médico en el perímetro.

Ahora nos toca volver un poquito al pasado, precisamente a esa época en la que apenas tenían tiempo para poder verse y cualquier oportunidad era poca para escaparse. Y además, podemos ver claramente a ambos cuñados, metiendo baza en el tema sobre que pueden ir tomando nota sobre planes de futuro, lo cual, de Takeru no nos dice nada nuevo, pero de Taichi, contando que en aquella época no las tenía todas consigo respecto a sus amigos, es todo un gran avance.

Y ahora a disfrutar del sábado que bastante nos ha costado llegar por fin a él. ¡Besitos de tortuguita!