- ¿Qué te pasa? – preguntó divertido llegando hasta donde estaba sentada Sora.

- Me siento observada… - respondió girando la cabeza hacia él, dibujando una pequeña sonrisa en sus labios.

Sin duda, lo estaba siendo. Él, sin duda, no era quien se había dedicado a pregonar entre todos los miembros de su familia su situación personal, pero, quizás iba a quedar feo ponerse a darle collejas a su hermano precisamente en ese día. Se había dado cuenta perfectamente de que habían estado pendientes especialmente de Sora, no habiendo tenido él tampoco demasiado tiempo aun de estar con ella y provocar así que los observaran.

- Cuando no haya tantos testigos puedes darle todas las collejas que quieras, que se las ha ganado por bocazas – le dijo finalmente a la pelirroja, colocándose a su lado-. Yo te cubro, no te preocupes.

- Muy amable – sonrió divertida, girándose ya del todo hacia él, alargando una mano para cerrar sus dedos en torno a la tela y tirar ligeramente hacia ella de esa forma-. ¿Qué tal el viaje?

- Aburrido y desesperante, he tenido que hacer un par de escalas para poder llegar tiempo… - explicó mientras que se encogía de hombros, dejándose mover.

- Es que no entiendo por qué no te dejaron salir ayer antes para que pudieras coger el último vuelo – negó con la cabeza, aprovechando que en aquel momento no había demasiados ojos fijos en ellos para deslizar sus dedos hacia su costado, por dentro de la chaqueta.

- Porque tenía una reunión a última hora de la que no me podía escapar. No sé qué manía les ha dado ahora por dejarlas para los viernes a última hora o incluso los sábados por la mañana.

- Como se les ocurra empezar a hacerte estar también los sábados allí como algo más normal te prometo que le doy carta blanca a Biyomon y que ella se encargue del asunto. Entre que estoy en temporada alta de trabajo y esto no tengo forma casi de poder verte – sonó realmente molesta, pero el tono de sus palabras quedaba disfrazado ante un aire más infantil, casi como si se estuviera pensando hinchar los mofletes incluso.

- Ya lo sé – contesto con pesadez.

Claro que lo sabía, era algo mutuo. Él también notaba como cada vez parecían sacar menos tiempo para poder verse y cómo estaba pasándoles factura. No como pareja, ya que por el momento no había hecho que las cosas se enfriasen o que la distancia fuera un verdadero problema, pero sí a nivel personal. Él estaba de mucho peor humor que otras veces y, viniendo de Yamato, que hasta sus compañeros de trabajo lo hubieran notado cuando nunca había sido el rey de la simpatía dejaba claro a qué niveles llegaba su mal humor.

Cogió aire, soltándolo lentamente antes de posar sus ojos en ella, dándose cuenta de que había dejado la mirada perdida en algún punto de su hombro, seguramente pensando en lo mismo que él. No era el mejor momento para sacar ese tema. Tenía otras cosas mejores a las que dedicarse. Movió su mano para acercarla a su rostro haciendo así que lo mirase al posarla en su mejilla.

- Tengo que irme el lunes a primera hora – tampoco era la mejor de las noticias que le podía dar, pero lo hacía por algo-. Yo creo que podemos aprovechar bien el fin de semana y ya nos pondremos otra vez cascarrabias los dos, ¿qué te parece? – estudió el gesto de ella, viendo como inicialmente fruncía el ceño antes de ver como empezaba a sonreírle-. ¿Si?

- ¿Tienes alguna sugerencia? – habló por fin, quedándose a la espera hasta ver como la dejaba seguir hablando a ella-. Vamos…

Se soltó de él, buscando su mano para poder cogerlo y arrastrarlo con ella. Posiblemente aquello solo fuera a empeorar la situación, pero le daba exactamente igual. Que los vigilasen todo lo que quisieran. Y si le daba igual a ella, más igual podría darle a él. Arrastró a Yamato con ella en dirección hacia una de las entradas laterales.

- Lo bueno de que la novia sea con la que normalmente hay que tener cuidado con las fotos es que hoy precisamente, no va a estar pendiente de lo que hacemos o dejamos de hacer – murmuró mientras que se dejaba guiar.

La suave risa que dejó ir ella le sirvió como respuesta. Realmente podía adivinar las intenciones de ella, y, simplemente estuviera buscando pasar unos minutos los dos sin que nadie pudiera molestarlos. Eso, y que tampoco habían podido estar más tiempo de la cuenta juntos desde que habían llegado allí.

- Creo que la abuela Yagami está dándole la charla a su nieto ahora que nos ha visto irnos… - dijo divertido.

- Eh, que la abuela Yagami ahora es fan nuestra – explicó, echando el freno por fin cuando consideró que estaban lo suficiente ajenos de las miradas de los demás-. A la pobre no le entraba en la cabeza que Koemi se hubiera dejado liar de esa manera…

- ¿Y te quería endosar a ti a su nieto?

- Ya, ¿eh? No sé yo si de verdad me tendrá en buena estima… - se acercó a uno de los bancos, aprovechando para tomar asiento.

Aquello terminó por delatar sus intenciones. Al contrario que en otras ocasiones, la desaparición de ambos poco tenía que ir con que tuvieran ganas de perderse del mundo para asuntos más privados. Aquella vez, parecía que Sora lo único que quería era estar a solas los dos. Sonrió, haciendo lo mismo que ella, esperando unos segundos antes de rodear sus hombros con su brazo, acercándola así.

- Te he echado mucho de menos – escuchó como decía, dejando caer la cabeza encima de su hombro.

No volvió a sonreír, no siendo algo que le gustase escuchar. A fin de cuentas, no era la más cómoda de las situaciones. Pero se limitó a bajar su cabeza y poder así alcanzar a dejar un beso en su cabello. No tardó demasiado en notar como volvía a levantar el cuello, observándolo, quedándose distraída de esa forma.

Se inclinó algo más, por fin, haciendo aquello que llevaba queriendo hacer desde que la había visto en el pasillo horas atrás. La típica sensación electrizante que notaba cada vez que rozaba sus labios recorrió todo su cuerpo, provocando que se le erizase la piel. No se distrajo por aquello disfrutando del beso, acercando más a la pelirroja hacia él.

- La semana que viene acaba la temporada y tengo algo de tiempo – murmuró cuando se separó, jugando con sus dedos en su mejilla-. Se han acabado los desfiles y creo que podré estar más relajada… Ya sé que tú puede que no, pero a mí no me importa esperarte mientras estás trabajando.

Le costó conectar con la realidad cuando se separó de ella, más ocupado en observarla tan de cerca que en intentar mostrar cualquier tipo de actividad cerebral. No fue hasta que escuchó lo que decía que empezó a arquear una ceja.

- ¿Segura?

- Claro que sí… - sonrió-. ¿Te apetece?

- Puedes explicarme qué clase de pregunta es esa – se empezó a reír ante la estupidez que acababa de escuchar, aprovechando el momento para volver a acercarse a ella, dedicándole de nuevo un beso.


Los ojos de Sora llevaban fijos en los papeles que tenía delante de la reunión que acababan de tener desde que había salido. Sin duda, no contaba con que al levantarlos, se encontrara con la carita de Aiko a escasa distancia de ella, la cual la observaba curiosa desde los brazos de su padre.

- ¿Qué estáis haciendo vosotros dos aquí? – preguntó confusa.

-Te echábamos de menos y Takeru ya nos ha aburrido… - explicó Yamato, acercándose ya del todo para que pudiera saludar a la pequeña-. ¿Todo bien?

- Sí… - distraída, alargó los brazos hacia la niña, acariciando así sus mejillas-. Demasiado bien diría yo. Es lo que estaba mirando en los papeles… Si lo sé me empiezo a ir de vacaciones más a menudo y que Haru se encargue de todo…

- No me des ideas que ya sabes que yo me apunto a secuestrarte con mucha facilidad – comentó divertido-. ¿Tienes algo más qué hacer por hoy?

- No… ¿Has venido a secuestrarme? – sonrió, levantando la vista hacia él.

- Podría decirse que sí… Bueno, no. Hemos venido los dos a secuestrarte. Había pensado que podíamos dar un paseo antes de la cena… Si te parece bien, claro.

Sonriendo, dejó todos los papeles en la carpeta, cerrándola. Era una buena forma de responder a las palabras de Yamato. Sin duda no tenía nada más que hacer aquel día y la idea de él le gustaba lo suficiente como para dar por terminada la jornada. Se puso en pie, acercándose entonces al rubio para poder saludarlo con un corto beso en los labios.

- Voy al baño y estoy lista… Vete a despedirte de Haru si quieres que seguro que está encantada de ver a la niña…

- ¿Mañana por la mañana vas a tener mucho trabajo?

- ¿Por qué? – preguntó distraída mientras que cogía su bolso.

- Porque se me había ocurrido que podíamos aprovechar para ir a mirar algo de los muebles… Además, llevo toda la tarde entretenido por casa pensando en las fotos que podemos ir poniendo también.

- ¿Ah sí? – divertida, lo observó-. Pues la verdad es que de la que te metía todas las fotos en la tableta fui guardando todas las que me gustaban a mí también para poner en casa. Podemos verlas cuando lleguemos a casa, ¿qué te parece? Es pronto y seguro que después de que cierta señorita se vaya a dormir tendremos un rato para estar los dos tranquilos.

Asintió a lo que ella decía, dejándola ir finalmente al baño y saliendo él con la pequeña en dirección hacia dónde podía estar Haru, asomándose primero por si estaba ocupada.

- Mira quién ha venido a verte… - reclamó así la atención de la castaña, la cual, giró el cuello rápidamente hacia ellos.

- ¿De dónde habéis salido vosotros? – se puso en pie, caminando directa hacia la pequeña.

- Hemos venido a secuestrar a la dueña. Nos aburrimos y necesitamos que nos haga algo de caso, así que… - explicó, aprovechando para dejar a Aiko en el suelo y que fuera a enredar con Haru mientras tanto-. Se ha ido al baño, luego nos vamos a dar un paseo.

- Me parece muy bien, ya no tenemos nada que hacer hoy – asintió, arrodillándose así para quedar a la altura de la niña, viendo como empezaba a ir hacia ella con sus tambaleantes pasitos-. Dentro de nada vamos a poder usarte a ti para que te subas a la pasarela con lo bien que caminas ya…

El rubio se quedó mirándola, entretenido con la escena, cayendo en la cuenta de que era la primera vez que estaba con Haru desde que habían descubierto la sorpresa que les había dejado en casa. No dijo nada en un principio, dejándola estar pendiente de la pequeña, hasta que por fin la alcanzó.

- Eso, tú sigue comprándola más, que como ya te tiene ella también poco consentida…

- ¿Yo? ¿Por qué? – levantó la vista hacia el rubio.

- No… por nada. Está claro que cierto escritorio en miniatura apareció solo en el nuevo estudio de Sora en casa…

- Ah – la sonrisa que se formó en el rostro de ella fue la misma que podría dibujar cualquiera de sus sobrinos tras haber hecho una travesura-. Oye, hay que iniciarla en las cosas buenas. Todas las esperanzas de la rama de la familia Ishida están puestas en ella, o eso decía tu padre, así que hay que llevarla por el buen camino…

- Lo que me faltaba – dijo arqueando una ceja, divertido-. Otra que ha estado confabulando con mi padre. Si es que no se os puede dejar con él, que a la mínima me vende y se pone a conspirar…

- Eh, si tampoco me fue a contar nada nuevo. Eso ya lo sabía yo solita. Con lo lista que es Aiko… - bajó la vista hacia la niña, cogiéndola en brazos-. ¿A que sí?

La respuesta del bebe fue dar un ligero gritito y empezar a reírse después, dejándose coger.


AnnaBolena04: claro, es el método de supervivencia a sus propias histerias ese día. Teniendo a su hermano al lado para poder meterse con él, pues seguro que Takeru estaba más calmadito. Aunque nadie sabe por qué se pone de los nervios porque el cuñado, que tanto parece disfrutar con recordarle que tiene un disonaurio en casa parece olvidar que su recién estrenado cuñadito es la mejor de todas las opciones que se le hubieran podido ocurrir.

Y los Ishida, por aquel entonces, intentando tener unos minutos sin que los vigilen. Que en esa boda había demasiados familiares de Yamato y, sin duda, verlo con la pelirroja tiene que ser todo un shock para unos cuantos. Y ellos dos solo queriendo estar en paz porque hacía semanas que no se veían por culpa de esa vida caótica que tenían al principio. Seguro que nadie iba a poder hacer que se creyeran la vida que tienen en la actualidad en esos momentos, ni con todas los croquis y esquemas del mundo para hacerlos enterarse de la fiesta.

Y que no se queje la tortuga, que mira qué bien la trato... ¡Besitos de tortuguita!