Disclaimer: Bleach no me pertenece.

Advertencias: posible OoC. Mucha mención a temas sexuales, lenguaje insultante.

Va a ser algo corto, lo máximo serán cuatro capítulos. Menos, dependiendo la longitud de cada parte.


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[...]


Se despertó con un humor de perros. El ceño fruncido no se lo quitaba nadie, se sentía un completo marica en ese momento. Nada más retomar la consciencia recordó que por la noche finalmente se apartó de Orihime y se cruzó de brazos , dándole la espalda. La muchacha siguió diciendo su nombre entre quejidos y tuvo suerte de no tener que recurrir a soluciones manuales en el cuarto de baño, básicamente.

Sin embargo ella, ebria como estaba, no le había dejado el trabajo fácil. Luego de darle la espalda sus delgados brazos lo rodearon y su respiración daba en su piel. Y se hubiera largado, pero realmente el alcohol le estaba haciendo más efecto que antes y junto con el calor estaba mareandose mucho.

Por supuesto Grimmjow no es el tipo de hombre que renunciaría a un polvo por cualquier tontería. Pero se da cuenta de que es lo que ha hecho, y eso le enfada mucho.

Un quejido lo saca de sus pensamientos, pero no se mueve ni un poco. Está claro de dónde viene, después de todo, ¡la maldita ésa está casi sobre él!
¿Cómo es eso posible? ¡Cómo!

Lo abraza como si fuera un puto peluche. Sus piernas están muy cerca de la suya, es más, una de ellas la tiene por encima, así que su pie le roza la pantorrilla y su entrepierna está más cerca de la piel de Grimmjow de lo que puede considerarse saludable. La situación lo está desesperando, ya no hace esa calor infernal de anoche pero se siente muy sofocado.

Orihime se mueve, soltando un poco el agarre sobre él. Es la oportunidad perfecta para escapar y quedarse lo más lejos de ella hasta el fin de los tiempos. De verdad que no quiere amarrarse a ella, no quiere volver a tocarla y aún así la vida y la propia chica no se lo ponen nada fácil. Lo tientan, lo retan a que lo haga. Pero no, piensa que su vida está bien así. No va a sacrificarla, no debería, no por un polvo que va a estar seguramente más que bueno, aunque saberlo le duela en el alma.

—Grimmjow...

—Buenos días.

Su voz sale seca, severa. No puede hacerlo de otra forma. Pero Orihime no había abierto los ojos hasta ese momento, estaba a penas despierta y fue su voz que la terminó de hacer espabilar.

—¿Grimmjow?

Sabe lo que viene. Después de un tiempo, Orihime se vuelve realmente predecible.

—¡G-Grimmjow!

Y de inmediato ya no lo abraza más y siente su calor corporal bajar un poquito. Sólo un poquito. Todavía puede sentir su piel pegada a él, como si fuera una tortura.

—No grites...

—Qué... ¿Qué haces aquí? —dirigió su mirada al chico, notando que estaba semidesnudo y ella con pijama. El más corto que tenía de hecho.

Grimmjow se llevó una mano a la cara y luego le echó una mirada. Cuando la vio tan perdida y a punto de explotar por lo roja que estaba —porque estaba imaginando cosas que no eran— se sintió un poco culpable. Menos mal, si se la hubiera tirado se habría sentido más hijo de puta que nunca a la hora de decirle que sí lo habían hecho. Esa chica no sabía lo mucho que lo había provocado, todavía conservaba algo de pudor estando sobria, cosa que nadie tenía en esos tiempos.

Eso en un principio le fastidiaba. Orihime se le hacía la persona más sosa que había conocido. Ahora, irónicamente, esa característica en ella lo volvía loco y su pudor era algo que se moría por ver romperse ante sus ojos.

—No seas escandalosa, no hemos hecho nada.

—Pero tú...

—¡Sí! Estoy en calzoncillos, que puto horror —exclamó con tono agresivo e irónico. Pronto chasqueó la lengua y suavizó un poco sus palabras—. Decidí quedarme a dormir porque empecé a marearme. Una moto y un mareo no es una buena idea.

—Pero...

—¡Hacía una puta calor del demonio! —se quejó— No iba a quedarme así porque a ti te averguenza ver a un tipo en pelotas —suspiró, sentándose en la cama y recogiendo sus pantalones, que encontró de inmediato en el suelo—. Deberías agradecer que no te dejé a tu suerte...

Orihime bajó la mirada, todavía avergonzada por la situación. Sin embargo era cierto, Grimmjow tenía toda la razón. Según lo poco que recordaba, él se había encargado de traerla a casa sana y salva. No había intentado hacerle nada a pesar de su permanente actitud —lo sabría. Era virgen pero tenía una buena educación sexual— y las constantes bromas que le hacía relacionadas al tema.

—Lo siento, te agradezco que me ayudaras —murmuró mientras alzaba la mirada. Pero se encontró con que él la miraba también mientras se disponía a ponerse la camiseta, así que al instante desvió la mirada.

Grimmjow había comenzado a parecerle atractivo desde que aprendió un poco a tratar con él —además tenía un bonito cuerpo a raíz de su esfuerzo que, a decir verdad, presumía con razón. A pesar de lo desvergonzado que se comportaba y lo grosero que solía ser, no era mal chico y siempre le decía que no comprendía por qué había estado enamorada de Kurosaki. Decía que era un idiota, y que si fuera él no habría dejado pasar tal oportunidad.

Sabía que no lo pensaba, después de todo estaba segura de que Grimmjow creía que era una aburrida cuando se trataba de esos temas. Pero agradecía que intentara levantarle el ánimo a su manera, por lo menos.

—Da igual.

—¿Quieres tomar algo?

Inoue sentía su cabeza martillear sin parar, pero era algo que pensaba podía soportar.

—No, no te sientas obligada. Yo ya me voy. Mientras más rápido mejor.

El tono que usó la hizo sentir mal. En ningún momento había querido echarlo de su casa, y parecía ser que esa es la idea que se había llevado.

—No es cierto —cuando vio que él estaba por salir de la habitación luego de ponerse los zapatos y coger su chaqueta, gateó por la cama y lo siguió—. Desayuna antes de irte.

Grimmjow la ignoró sin dejar su mala cara, pero Orihime se adelantó y se posicionó frente a él.

—Tienes que ir a trabajar, ¿no es cierto? Por favor, dejame darte algo.

La mirada de Orihime lo hizo dudar, porque ella no parecía tener problema en seguir con él y... Bueno, por más que quisiera evitarlo él sí quería estar aunque fuese un rato más ahí con la chica.

Dios, qué nena se había vuelto.

Bufó y relajó los hombros. Para Orihime esa fue una victoria, y con una sonrisa lo invitó a seguirla hasta la mesa.

Finalmente Gimmjow se fue sintiéndose mejor que nunca. No solía desayunar y, bueno, las comidas de las chicas siempre solían tener mejor sabor. Pero eso no le quitaba el mal humor al pensar como un idiota sobre ella.

Encima Orihime le había despedido deseándole un buen día en el trabajo y él, oh barbaridad, se había sonrojado como un estúpido. Por supuesto ella no lo supo porque ya se iba y le estaba dando la espalda.

Grimmjow jamás, jamás de los jamases pensó que oír esas palabras iba a ser tan satisfactorio y vergonzoso a la vez. ¡Es que se conocía! La única persona con la que frecuentaba —y gracias a sus amigos, no por cuenta propia normalmente— que sería capaz de decir eso con esa sonrisa jodidamente dulce y desesperante que tenía, ¡era ella! La jodida Orihime Inoue que había logrado sonrojarlo con algo tan simple y tonto como eso.

La mejor parte era que él no se sonrojaba porque, venga, se supone que nada podía avergonzarlo. Si esa chica supiera todas las cosas que había hecho con cuanta mujer se moriría, con la cara más roja que un tomate y más caliente que el mismo infierno. Y aún así...

¡No, él no se sonrojaba!
No.
... No.

Llegó al trabajo antes de lo planeado, se dio cuenta una vez estacionó su moto en el patio del taller. Miró el teléfono móvil que llevaba en su chaqueta luego de quitarse el casco, encontrándose con unas cuantas llamadas perdidas y notificaciones.

Fresa estúpida.
Enana del averno.
Tonta tetona.
Ulquiorra.

No sabía cuál era más insoportable.

Decidió ignorarlos y sencillamente bajó, adentrándose por el portón de lata que estaba ligeramente abierto.

Todos sus mensajes eran básicamente para saber si había llevado a Orihime a casa realmente. Kuchiki agregó algo como "como me entere de que le hiciste algo te castro". Y bueno, el de Ulquiorra era simplemente porque quería que le comprara unos cereales. Cosa que, dejaba en claro, no iba a hacer. No era el perrito de ése idiota.

[ I ]

Su jefe lo felicitó. Grimmjow no lo entendió, él sólo rió y se largó dejándolo con la duda.

"Hoy parece ser un gran día".

Sonrisa perspicaz incluída.

Grimmjow no lo comprendió porque él se sentía como cada día. Lo único fuera de lo normal esa vez fue que tomó un buen desayuno y el percance con Orihime pero...

Viejo estúpido.
Él estaba igual que siempre.

Chasqueó la lengua, eran ya las seis de la tarde, todavía alcanzaba a ir al gimnasio y luego a comprar algo al supermercado para cenar. Antes de ponerse el casco su teléfono comenzó a sonar. Lo sacó de su chaqueta, descansando el casco entre una de sus piernas y la moto.

Orihime.

Apretó los labios. No iba a contestarle, eso sería ser un estúpido. No, sencillamente iba a dejarlo estar y seguiría con lo que había planificado.

—Dime.

Se maldijo internamente.

—Grimmjow-ku... —ella carraspeó. Él rodó los ojos, había insistido en que dejara de llamarlo de esa manera, pero a la chica a veces se le escapaba sin querer— ¿Has salido del trabajo ya?

Grimmjow enarcó una ceja, sintiendo que algo no encajaba de ese día. No estaba siendo como ningún otro, y él no estaba siendo como siempre tampoco. Por más que se negara a creerlo.

—Sí.

—Oh, menos mal. Es sólo que...

—Ve al grano.

Ella guardó silencio un momento al otro lado de la línea. Pareció dudar un poco, no lo sabía.

—Olvidaste tu billetera.

—... ¿Qué?

—Sí, estaba bajo la cama.

Grimmjow apoyó el codo en su mano, procesando la información. Joder, que estúpido fue. ¡Debió revisar sus bolsillos! Ahora estaba obligado a verla, justo que era lo que menos quería en ese momento.

—Voy para allá.

—P-pero no estoy en casa y...

—Pues vas a tener que regresar, porque voy en camino.

—¡¿Manejas mientras hablas?!

Grimmjow chasqueó la lengua. ¿Era una maldita broma? ¿Qué le importaba a ella si manejaba mientras hablaba por teléfono? De todas formas no era un estúpido, podía ser todo lo que quisieran pero no un suicida.

—... Adiós.

—¡Grimm-!

Por favor, sólo quería alejarse de ella lo más posible para no caer de nuevo. ¿Era demasiado pedir?

[ II ]

—Grimmjow, ¿trajiste mi cereal?

—No soy tu maldito perro —se giró a ver a su vecino.

—Genial, entonces. Nos vemos.

Lo vio simplemente voltear y cerrar la puerta de su departamento. Ulquiorra era un idiota, seguro que le decía a alguien más mientras se dedicaba a hacer nada en su departamento. Quien aceptaba sus peticiones era un estúpido total.

Entró en casa y se dirigió al cuarto de baño mientras en el camino se deshacía de su ropa. Había ido a buscar su billetera y luego había tenido que negarse a la comida que Orihime le ofreció porque debió ser un duro día de trabajo. Debes comer.

Duro tenía otra cosa por su puta culpa.

Siendo sincero ni siquiera él comprendía su inclinación hacia esa chica. Siempre le habían gustado las mujeres francas, seguras de sí y directas. Orihime no era nada de eso, seguía estando en su época de instituto en la que era amable, un poco inocente y dudaba sobre todo lo que decía.

Kurosaki, ¿Orihime tiene algún problema mental? ¿Desde cuándo es así?

Segundos después le respondió.

Esa es su forma de ser, imbécil. Siempre ha sido así.

Grimmjow se quedó mirando la pantalla, desnudo a mitad del baño. Tenía que ser una broma, nadie podía ser de esa manera sólo porque sí. En ese momento menos entendía su atracción.

Decidió meterse a la ducha y dejar eso así, simplemente. Ése día no iría al gimnasio, no se sentía de humor para ello, incluso si ahí podía encontrar a alguien que sí valiera la pena para tirar. De cualquier forma ya había intentado olvidarse de Orihime de esa manera antes, y había sido imposible. No iba a seguir haciendo algo que no funcionaba y que sólo lo hacía desear más a esa chica.

Así como iba, estaba jodido.