Disclaimer: Bleach no me pertenece.
Advertencias: Posible OoC.
No quería que el capítulo excediera las tres mil palabras y tampoco cortarlo en lo mejor. Esta vez solo queda una parte. ¡Disfrutad! PD: He editado algo y lo he vuelto a subir, yes.
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[...]
Después de eso no volvió a verla. No en dos semanas, al menos, y cuando ocurrió fue en la fiesta de Rangiku. Con ella borracha como una puta cuba.
También fue por arte de su desgracia, no pretendía atraparla al vuelo y sentirla malditamente pegada a él a penas llegara a la fiesta, en realidad.
—¡Grimmjow! —La mujer suspiró cuando vio que Orihime estaba a salvo gracias a él.
Sin embargo eso no quitó la extraña mirada que le dio. De pronto Grimmjow sintió que se estaba perdiendo de algo, además de cómo cojones esa tonta se había embriagado de nuevo. La vez anterior había sido la primera oportunidad en que la chica había bebido, y francamente no creía que era del tipo que quisiera pasar por ese martirio una vez más. Estaba seguro de que la cabeza le había dolido horrores aunque no hubiera querido demostrarlo ante él.
—Gracias a Dios, esta chica nos va a provocar algo a todos.
—¿Cómo demonios pudo beber tanto en media hora?
Rangiku soltó un bufido mientras tomaba a Orihime de los hombros para después enderezarla. Grimmjow notó que no dejaba de murmurar cosas incomprensibles.
—En media hora puedes beber hasta reventar y lo sabes mejor que nadie. Y no lo resiste bien —dijo—. Supongo que tendré que cuidar de ella.
Grimmjow no solía ser compasivo. Prefería dejarle la responsabilidad a los demás mientras el hacía lo correspondiente, igual que Orihime, beber hasta la muerte. Pero Rangiku era... ¡Era Rangiku! Cuando no había alcohol, ella siempre tenía, y nunca había sido tacaña con nadie, incluso con él.
En realidad no debería estarse excusando. La única respuesta que había para eso es que era gilipollas de los buenos. Y era mejor que esa niña se fuera con alguien que pudiera protegerla contra cualquier cosa.
—Venga, no te deprimas. Ya la llevo yo a casa. Así dormirá y no mosqueará a nadie —dijo.
Ella lo observó detenidamente, y entonces comprendió que sí había algo que no sabía, porque después de un rato, a pesar de las luces del lugar, los ojos de esa mujer brillaron como si hubiera encontrado el absoluto paraíso. Era un brillo sospechoso, como quien está a punto de enviarlo con los leones con la mejor de las intenciones.
Bien podían ser tonterías suyas, ya que Rangiku nunca decía no a una noche sin responsabilidades y con mucho alcohol. Que era básicamente su pan de cada día.
—Cuídala bien por mí, ¿si? —Sonrió casi con ternura— Y no le rompas el corazón.
Rangiku se fue después de empujar a Orihime contra su pecho, nuevamente, haciendo que se tambaleara. Eso había sido más que inesperado, no esperaba que la dejara con él así nada más.
¿Ninguna amenaza? ¿Ninguna Kuchiki mostrándole los dientes?
—Venga, amor. Debes ir a descansar ese culo —suspiró, preparándose mentalmente para llevarla a través de la gente que estaba por cada rincón de la casa.
En el camino vio a Nelliel y Kurosaki, y los dos le vieron junto a Orihime. Era imposible hablar a esa distancia y tampoco pretendía hacerlo, así que hizo un gesto con la mano y su rostro se lleno de pesadez.
Venga, a soportar a una peligrosa Orihime ebria.
—¿Grimmjow...?
—El mismo, así que más te vale poner de tu parte.
Dirigió una mirada a su rostro, se veía adormecida, y si no fuera por el agarre en su cintura le habría sido imposible caminar.
Kurosaki.
Sí, definitivamente le ofendía mucho que siguiera colada por ese idiota. Que lo ignorara y que encima se pusiera toda ebria por él. Grimmjow era mucho peor, pero al menos le daría algo con lo que disfrutar.
[ I ]
Hubo un momento exacto en el que todo se distorsionó de una manera salvaje. Por lo menos unos días después de la segunda borrachera de la pelirroja.
Orihime ya no parecía Orihime.
Él ya no parecía él.
—Grimmjow, quiero que me toques.
Se le desencajó la mandíbula y se sintió ligeramente acosado, incómodo, pero también muy sorprendido, de manera grata. Orihime tenía una mirada de determinación que pocas veces le había visto desde que la había conocido y que la hacía ver malditamente atractiva, y aunque era una chica dócil, se caracterizada principalmente por su valentía.
La valentía de seguir cuando todo se derrumbaba, la valentía de seguir amando a una persona que no la amaba y la valentía de soportar las tonterías de Ulquiorra con tanta desfachatez. Y ahora también esa valentía que no estaba terminando de entender del todo.
Orihime estaba caminando hacia él, mirándolo con firmeza y una blusa que no hacía más que transparentarse.
Grimmjow sabía a la perfección cuando una chica se le insinuaba. Se olía, se sentía y se veía. Orihime lo estaba haciendo, pero la pobre se estaba esforzando cuando ni siquiera era necesario. No le quedaba, sinceramente, pero que no fuera su estilo no le quitaba lo excitado que estaba.
Su mirada y ella en su totalidad estaban siendo más sensual de lo que solían ser.
—Por favor, tócame.
Estaba a punto de decirle que el desamor y la falta de probar una buena tarde de sexo la habían vuelto loca de remate cuando su suave y delicada mano tomó la suya. Orihime estrelló su maldita mano contra su seno número uno y no le quitó la mirada de encima.
Mal plan.
—Orhime, tienes que pensar bien las cosas. Sé que parezco un hombre pasional y que soy muy apuesto, pero suelo pensarme bien todo antes de hacer cualquier cosa. Debes evaluar los pros y los contras y...
—¿No quieres?
—No —dijo—. Quiero decir. No es lo que tú quieres, amor.
Orihime lo miró como si acabara de decir que era una niña tonta. Se veía triste, mucho.
—Pero —Apretó la mano, por lo tanto consiguiendo que sus dedos se enterraran otro poco en su pecho—... Creí que tal vez podías estar conmigo. Igual como estás con las demás chicas, conmigo.
Grimmjow rió sin creerse lo que oía. Eso claro, luego de pensar en Ulquiorra para que sus deseos carnales disminuyeran a cero. Pero era difícil o más bien imposible imaginarse todo el tiempo a Ulquiorra si esa chica estaba con sus encantadores ojos clavados en él, y clavándole los dedos también en su propio pecho.
—Niña, no quieres estar así conmigo. Lo que tú quieres es que Kurosaki te ponga ojitos y sonrisitas adorables porque sigues enamorada de ése maldito-.
—¡E-ese es el punto! —exclamó, tomándolo desprevenido.
Grimmjow no podía imaginarse que estaba pasando por la mente de Orihime, definitivamente. La mayoría de chicas eran fáciles de descifrar para él. Si mostraban interés era señal de que podía intentar algo más con ellas y si le seguían el juego buscaban lo mismo que él. Diversión.
Por el contrario, si pasaban de su cara, difícil pero no imposible, era claro que debía buscarse a alguien más.
Cuando se trataba de Orihime no sabía qué estaba pensando cuando estaba borracha, cuando le estaba casi obligando a desayunar, cuando se inclinaba cerca de su entrepierna para limpiarle el pantalón o cuando llegaba a su casa de la nada ya pasado de las diez de la noche, con un abrigo que duró hasta que puso un pie dentro, un pantalón ajustado y una blusa que se translucía. Todo con la intención de que se lanzara sobre ella, al parecer.
Pero estaba confundida. Claro que sí. Durante los dos años que la conocía ya, estaba aún enamorada de Kurosaki y no se le iba a pasar en dos días. La chica se había pasado desde la adolescencia sola, y aunque había sobrevivido bien por sí misma, no había nadie que la hiciera sentir amada.
Por eso ahora buscaba de su calor, creía. Él le había ofrecido una mano y ella le había abrazado.
—Yo... No estoy enamorada de Kurosaki. Hace meses intento encontrar una manera de acercarme a ti y de mostrártelo pero nada ha hecho efecto —murmuró recién demostrando algo de vergüenza. Aún así no le soltaba la mano y Grimmjow con completa sinceridad no hallaba una manera que evitara hacerla sentir dolida o rechazada y a la vez lo alejara de sus gloriosos pechos. Tampoco es que quisiera alejar su mano pero eso lo desconcentraba.
Orihime era demasiado ingenua. Si era verdad lo que decía, ¿qué pretendía haciéndoselo saber? Sabía perfectamente el estilo de vida que llevaba.
—Le pregunté a Rangiku y dijo que los hombres veían algo sensual en una mujer ebria. Entonces pensé que haría algo en ti, y quizás con alcohol podría ser más atrevida.
Claramente no había sido así. Sí que había hecho efecto en él, pero no era adivino para saber qué era lo que buscaba. Era la chica a la que todos cuidaban, la más recatada de todas y la que estaba enamorada de otro tipo, supuestamente. Nadie iba a pensar en algo parecido en esa situación.
—Luego intenté pasar tiempo contigo y creí que había avanzado en algo... —Le dirigió la mirada con un sonrojo en las mejillas. Oh si, recordaba perfectamente el suceso en su cocina.
Grimmjow sacudió la cabeza, llamando la atención de ella. Era surreal. Se le estaba entregando lo que siempre quiso desde que la conoció en bandeja de plata, pero por alguna razón no se sentía completamente bien. Todavía le quedaba conciencia y algo le decía que Orihime se iba a arrepentir de todo eso.
—No hay exclusividad conmigo, Orihime.
—No la necesito —afirmó.
—Claro que-.
Sin embargo Orihime se veía igual de decidida que en un comienzo. Grimmjow estaba seguro de que nada de eso acabaría bien pero tampoco podía seguir batallando consigo mismo.
—Ya no soy una niña. Haz conmigo lo que gustes, Grimmjow.
Él era incapaz de negarse ante una petición así, más con esos ojos tan impresionantes atravesándolo.
Pero antes de cualquier cosa...
Nota mental, quejarse con Rangiku de sus consejos imbéciles.
