Disclaimer: Bleach no me pertenece.

Nota: Princesa es por simplemente acortar su nombre, y piensen que amor no está dicho como un apodo cariñoso. Si tengo que imaginarlo, diría que suena como lo dice el Capitán Garfio de Once upon a time. (Adjunto el vídeo en mi perfil en caso de que no lo conozcan. Minuto 2:29)

Advertencias: Dejaré un cartel que dice [sexo] por aquí.

Nota 2: Me costó de verdad lo que se llama un mundo sacar esta parte, porque nunca era demasiado realista ni demasiado bueno para mí. Tengo un listón demasiado alto para escribir smut, creo. Igual hace tiempo que no lo hacía, pero finalmente estoy satisfecha para publicarlo. También quería decirles que agradezco mucho sus comentarios. Nunca creí que esta historia iba a tener tanto público, ya que hasta donde tenía entendido, no mucha gente busca fics Grimmhime. Así que en serio, agradezco a los que dijeron que eran Ichihime y que decidieron darme una oportunidad. Espero que lo disfruten.


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[...]


Como por arte de magia, la indecisión sobre si debería estar o no tocándole los pechos a la chica, se desvaneció. Grimmjow se había limitado a comerle la boca y subirla para que se agarrara como un koala a sus caderas y espalda. Esa era una buena razón para tocarle el trasero y los muslos, aunque realmente ya no necesitara de razones para convencerse ni para poder tocarla, porque Orihime había declarado abiertamente querer tener relaciones sexuales con él.

Minutos más tarde, cuando fue a dejarla sobre su cama y Grimmjow comenzó a bajar por su cuello y la prácticamente inservible blusa, es cuando escuchó por primera vez un gemido de Orihime. Era tan fino, digno de una chica como ella. Cree que porque lo que le atrajo siempre de Orihime fue su imagen recatada y su forma de ser tan... ¿dulce, amable, delicada, extraña, desesperante, tan tan frustrante? Es decir, era justamente lo que evitaba en una mujer. Era el estereotipo que más odiaba y solía creer que la mayoría de esas chicas no eran realmente tan inocentes como hacían parecer.

Y ahí estaba la viva imagen de sus pesadillas, con el cabello esparcido por su edredón y las piernas enrolladas en su cintura, después de confesar que todo ese tiempo estuvo intentando llamar su atención, y escondiendo tan bien sus intenciones. Era una jodida mosquita muerta. Pero, una vez más, por alguna razón no le parece tan odiosa como pudo parecerle antes, estaba incluso excitado y Grimmjow podía sentir una emoción que nunca antes había sentido.

Se inclinó hacia ella, moviendo la cadera, y apretando su pierna un poco a medida que subía hasta su trasero y llevaba sus dedos hasta el cinturón del pantalón. En medio de eso, nuevos gemidos escaparon de los apetecibles labios de la pelirroja.

Eso sí que sí, a Grimmjow lo volvían loco las pelirrojas, incluso si no discriminaba a ninguna chica.

Grimmjow volvió a sus labios y los mordió suavemente en medio del beso. La incitó con sus manos a que levantara la cadera y con eso pudo entonces tirar de la prenda. Se irguió y siguió tirando del pantalón hacia arriba, hasta que Orihime tuvo que levantar también sus piernas. Cuando salió lo tiró a los pies de la cama, y con sus manos evitó de inmediato que ella pudiera volver a bajar sus piernas. Nada más las tocó sintió la suavidad de su piel y le fue imposible no morder su pantorrilla y luego su muslo.

—Eres perfecta, amor.

La miró mientras, posterior a morder su muslo, la hacía bajar y estirar sus piernas para poder ir a su oblicuo, ombligo y entonces a sus pechos, todavía cubiertos con la blusa. Por supuesto no se perdía de mucho, el sostén era por obviedad blanco —lo veía perfectamente—, y la prenda que pretendía cubrirla mostraba gran parte de su abdomen. Dejó un beso en la cúspide de cada pecho y volvió a enderezarse.

—Por cada pregunta que me respondas quitaré un botón —dijo de repente. Una sonrisa se formó en su rostro, era un juego que lo ayudaría a saber qué esperar exactamente, o más bien a encontrar respuesta a las preguntas que seguían en su cabeza.

Grimmjow quería ser lo más realista posible, un día sabe una verdad, que Orihime ama al imbécil de Kurosaki; y al siguiente llega a su departamento, diciendo que no está enamorada de la persona que él —y todos— pensaba. Quiere confiar, quiere creer que es verdad que a quien desea es a él, pero no puede. Aún así, Grimmjow no se iba a detener por nada del mundo, porque era egoísta, porque las manos le quemaban y había deseado a Orihime desde el primer momento en que habló con ella. Grimmjow no iba a detenerse ni porque al segundo en que se enteraran, Kuchiki, Nelliel y Kurosaki se le iban a tirar encima con la única meta de perjudicarlo a él y su descendencia.

—Pero...

—Es solamente un juego que nos beneficiará a los dos, princesa —le dedicó una sonrisa y pudo ver perfectamente cómo el color rosa en sus mejillas se volvió un rojo que la hacía ver maravillosa.

Finalmente ella asintió.

—Muy bien —Se apoyó con una mano al costado de su cabeza y llevó la otra al borde de su blusa, jugando con ella—. Me gustaría saber... ¿cómo es eso de que ya no estás enamorada de Kurosaki? Ya sabes... Años tras él, ¿para simplemente echarlo al olvido?

Había empezado fuerte y no pretendía cortarse por un poco de consideración a ella y sus sentimientos por Kurosaki, menos lo haría cuando ella había afirmado que ya no le movía el corazón como antes. De igual forma, Orihime dudó.

Había sopesado la idea antes de formular la pregunta. Y podía ser terrible preguntar sobre el anterior interés amoroso de una chica estando en el juego previo, según cómo se lo tomara. Sin embargo, si lo que decía ella era cierto, no buscaba que la complaciera como cualquier otra, aunque dijera que podía con una relación de conocidos con ventaja y cero exclusividad, quería quedarse con más que su cuerpo y por un tiempo más duradero.

—Quiero que sepas que si quieres hacerlo no me detendré por nada del mundo —Comenzó a deslizar los dedos por su abdomen—. Si lo que quieres es sacarle celos a Kurosaki, u olvidarte de él, o lo que sea; no dejaré de ayudarte. Sin embargo, tienes que decirme la verdad.

—Está bien —dijo, no parecía molestarle responder su pregunta—. Fue gracias a ti —rió levemente.

Grimmjow enarcó una ceja, sin dejar de mover su mano. Pasó el pulgar por debajo de la tela del borde de su ropa interior y luego lo sacó, acariciando su piel. Repitió lo mismo un par de veces y luego se enderezó para poner sus manos en la parte interior de sus muslos, demasiado cerca de su zona erógena.

—Eres muy atractivo, te preocupas por ti mismo, tienes una gran fuerza de voluntad y determinación. Eres pulcro, tienes una gran variedad de hobbies... En pocas palabras eres un hombre realmente interesante. Ahora incluso eres amigo de Kurosaki-kun, aunque no te guste decirlo —Orihime soltaba una palabra tras otra con una sonrisa y un brillo en los ojos que lo congeló. Nunca se había parado a escuchar lo que tenía que decir o a ver su forma de actuar, se había cegado a sí mismo, intentando reprimir los deseos que la involucraban. Finalmente, Grimmjow estaba loco por su apariencia, pero poco sabía de ella y su forma de ver el mundo—. Eres arrogante, no tienes trabas al hablar de las cosas con las peores palabras que puedes encontrar y tu sonrisa es muchas veces petulante. Eres como quieres y nadie es capaz de hacerte cambiar eso, porque siempre estás seguro de todo.

—Creo que ibas bien al principio... —gruñó, sintiéndose por alguna razón molesto al ser llamado un gilipollas, básicamente. Normalmente no le importaría.

—No creo que haya empeorado, y tienes muchas cualidades más —se movió de repente, levantándose un poco y apoyándose en sus codos. Sus mejillas estaban rojas, en ese segundo y desde hace mucho—. A mí me gusta tu forma de ser, Grimmjow-kun. Con cada cosa que a la gente le desagrada de ti... A comparación de Kurosaki-kun, jamás te vi como un hombre perfecto, y así es como te vi hasta que me gustaste.

Él carraspeó, desviando la mirada y centrándose en el botón. De inmediato lo quitó, y pudo ver su ombligo sin que lo cubriera la tela. Pasó por alto que, una vez más, se le había escapado de la boca un kun junto a su nombre.

—Eres un hombre muy considerado a pesar de cada circunstancia. Incluso cuando llegaste y sólo querías golpear a Kurosaki-kun... recuerdo que me animaste cuando supiste que no era correspondida, en vez de burlarte de mí.

Grimmjow enarcó una ceja. Sí había recordado el mismo momento del que ella hablaba, aunque debía confesar que lo que tenía en mente era muy distinto de lo que ella aseguraba. De hecho sabe muy bien lo que dijo aquella vez, y no se limitó en reiterar la palabra estúpida. En serio no comprendía qué clase de ser era Orihime. A un momento tan ingenua al otro tan vergonzosa, después atrevida y luego... Por todos los infiernos, de verdad había algo mal con ella.

—Te dije estúpida al menos diez veces.

—Así es, después de decirme que sufrir por un chico era una tontería. Estabas realmente enojado —sonrió—. No por mí, pero lo estabas, y eso te llevó a perder la paciencia. Dijiste que no valía la pena imaginar cosas donde había nada. Nunca nadie me dijo eso, y yo no lo tenía en mente tampoco. Estaba ciega.

—Entonces esa es tu definición de considerado, decirte que eres una estúpida ilusa —dijo con ironía.

Orihime se encogió de hombros.

—Era la realidad, y me la tiraste a la cara de la única forma en la que la hubiera entendido. Me cuidaste cuando estuve borracha, nunca me tocaste como ahora mientras estaba así, aceptaste mi desayuno, me seguiste comentando lo tonta que era por querer a Kurosaki-kun. A parte de todo eso, siempre que me veías hablábamos un poco, a pesar de que no tuviéramos muchos temas de conversación... pero te dedicabas a ayudarme a tu manera. Tú y tus palabras cuando te conocí me hicieron reaccionar —sonrió nuevamente al finalizar.

Grimmjow se quedó mirándola, genuinamente curioso. Prefirió omitir el detalle de la primera noche, cuando sus manos no pudieron evitar tocarla. Escuchando lo que decía, no pudo evitar sentir un poco de culpa. Qué tontería... qué imbécil se estaba volviendo.

—¿Aceptar tu desayuno me hace un hombre considerado? —preguntó, finalmente.

—Todos dirían que sí.

—Creo que has respondido todas las preguntas de un tirón... —murmuró, con su corazón sintiéndose estúpidamente conmovido. Qué cosa más impensable. Orihime le dedicó una sonrisa deslumbrante. Lo encontraba una tontería, ella tenía una forma muy extraña de ver las cosas, y de hecho su comida lo era también, por lo que recordaba.

Grimmjow lo sabía y lo reafirmó en ese preciso instante, que una vez la tocara no podría volver atrás, no podría olvidarla. Y aún así estaba por pasar el punto de no retorno al que le había temido durante un largo tiempo.

Comenzó a sentir que se quemaba por dentro, el corazón, sus manos, su cabeza. El juego le empezó a parecer una tontería, pero de todas formas decidió hacer una última pregunta.

—¿Te arrepentirás mañana, Orihime?

—Nop —le sonrió—. Nunca.

Pensó que podía ser ingenuo alguna vez.

De un tirón, Grimmjow logró quitar uno por uno los botones, provocando que sin querer Orihime soltara un pequeño chillido a causa de lo repentino que había sido. Una de sus manos fue directo a uno de sus pechos, cubierto por el sostén blanco que le recordó un poco a cuando la conoció. Llevaba un vestido blanco, se veía maravilloso con su figura y con su cabello cayendo en su espalda y sus hombros. La hacía ver siempre tan apetecible, tan inocente, tan malditamente angelical, y tan peligrosa.

Besó sus pechos y tomó su cintura entre sus manos. Las deslizó por sus caderas hasta llegar a su precioso trasero. Ese que se veía tan increíble en esos pantalones ajustados, aunque no había sido muy fan de ellos. Lo apretó por un momento y luego volvió a subir la mano, esa vez hacia su espalda baja, provocando que la espalda de Orihime se curvara. Le mantuvo las piernas en sus caderas y el movimiento le provocó un nuevo pequeño gemido. Grimmjow jamás había estado tan desesperado por tocar a una mujer, y con todo el respeto que merecía Orihime, podría estar por semanas follándosela sin cansarse de ella, de su maldito cabello, de sus malditas caderas y del infierno que se sentía frente a su entrepierna. Estaba más que seguro de eso.

Grimmjow siempre lo supo: Orihime, desde que comenzó a meterse en su rutina sin que él lo quisiera, incluso cuando no estaba realmente presente; era un estigma del que nunca se iba a poder librar cuando lo aceptara. Y antes había pensado que incluso si eso llegaba a ser mentira, si ella quería usarlo, esperaba que le permitiera tenerla para él un poquito más, sólo un poquito. Había estado resignado a que, incluso si ella captaba la atención de Kurosaki por fin, él iba a tener el recuerdo, la verdad de que hubo una vez en que Orihime estuvo bajo él deseando estar ahí.

Pero ahora ni siquiera piensa en si será verdad o no, porque quiere creer que lo es, porque siempre una parte de él esperó que se desencantara de Kurosaki. Una parte de él siempre estuvo enfadada porque no podía tener a la única que había deseado de verdad, en todo sentido. Grimmjow nunca se detendría. Aunque pretendiera creerse las palabras de Orihime, no le importaba, no quería que le importara. Quería que estuviera para él, quería que le mintiera si era necesario, quería su boca incluso si no le pertenecía.

Por favor úsame, Orihime.

—Grimmjow —suspiró.

Él la levantó, usando una mano en su trasero y otra en su espalda para acercarla a su cuerpo. Orihime se apoyó con sus piernas al rededor de sus caderas y con sus brazos le rodeó el cuello. Sentía su perfume por todos lados y sólo podía percatarse de su aliento y el roce casi irreal de sus labios. Echó un vistazo a todo su rostro mientras el cabello la hacía cosquillas en la mano.

Orihime levantó una mano para ponerse un mechón de cabello tras la oreja y le dedicó una sonrisa. Luego la hizo quitar un brazo para sacarle la blusa, y así mismo hizo con el otro brazo, para que acabara al lado de ellos en la cama.

Con una de sus manos, tomó el rostro de Orihime mientras la besaba, y fue girándolo con cuidado. De sus labios pasó a su cuello y volvió para recorrer toda porción de piel que fuera capaz de encontrar en su rostro, hasta que decidió atrapar sus labios con los suyos. La besó sintiendo una especie de emoción por momentos y luego recordando bajar un poco el ritmo. Al mismo tiempo que mordía sus labios y pasaba su lengua por uno y por el otro, apretaba firmemente con su otra mano, que estaba en su cadera. Así encontró el pequeño y encantador rollito que se coló en su mano. Rió durante uno de lo segundos en que separaba sus labios de los de Orihime.

Grimmjow decidió volver a recostarla, y a penas pudo verla desde arriba, presenció la indecisión en el rostro de Orihime, que eventualmente puso las manos en su torso, por sobre la camiseta que estaba usando. Pronto bajó hasta la costura de la parte inferior para saltarla y tocar directamente su piel. Las yemas de sus dedos no estaban tan caliente como él, por lo que, además de la acción, el tacto lo sobresaltó un poco, incluso si lo esperaba. Grimmjow miró el rostro de Orihime, enmarcado con algunos mechones. Ella estaba concentrada, o tal vez estaba mentalizándose por lo que estaba haciendo o lo que pensaba hacer.

Con una suavidad y cuidado increíbles, Orihime delineó cada músculo y ranura que había en su torso, hasta que llegó a su pecho y se detuvo. Grimmjow sintió la mano completamente pegada en el lado izquierdo de su pecho, y después la mirada de la chica. Él estaba teniendo el mejor momento de su vida hasta ese instante, la mujer a la que tanto había deseado y deseaba lo estaba tocando, y antes había podido apreciar la suavidad de casi todo su cuerpo. Básicamente estaba en el nivel más alto de emoción y excitación, provocando que el corazón le latiera un poco más rápido de lo que lo hacía en cualquier otra situación. Aunque probablemente Orihime no lo pensaría así.

—Está muy agitado...

Grimmjow enmarcó su rostro con su mano. Inmediatamente después, sus labios se volvieron a encontrar. La tomó por el trasero y la acercó un poco más, y luego más, con un movimiento que le quitó un par de jadeos, los cuales acabaron muriendo en su boca. Un momento después, él mismo se quitó la camiseta, separándose brevemente de ella para hacerlo. La tiró por ahí y volvió a sus labios. Tiró suavemente de su cabello, para que le dejara espacio en su oreja y cuello, y mordió y besó su piel, embriagado con su sólo existir. Mientras lo hacía, sintió de vuelta un pequeño tirón en su cabello.

Lentamente comenzó a bajar la mano que estaba en la mejilla y cabello de Orihime, y recorrió su suave abdomen, sonriendo, una vez más, al sentir sus pequeños rollitos bajo la yema de sus dedos. Pasó de largo y llegó hasta sus bragas, entonces la miró por unos segundos, intentando transmitirle lo que estaba por hacer. Comenzó a bajarlas por sus muslos después de que ella levantara un poco su cadera, y se enderezó para quitarlas, primero de un tobillo y después del siguiente.

Posteriormente, le extendió las manos, invitándola a sentarse un momento. Cuando Orihime se acercó, Grimmjow la rodeó, abrazándola y de paso, mordiéndole en tono de juego la piel del hombro. Cuando la sintió estremecerse, la apretó un poco más contra él y deslizó las manos desde el fin de su espalda hasta llegar al broche del brasier.

—Extrañaré el increíble recuerdo que me trae al verlo en ti —murmuró.

A penas lo sacó por sus brazos, alejándose, Grimmjow se preparó para ponerse de pie. La mirada de Orihime lo siguió, desde que rodeó la cama para acercarse al velador, cuando dejó su brasier doblado en la superficie del mismo, y cuando abrió el cajón, ella comprendió qué estaba pasando. Se sintió avergonzada cuando se dio cuenta de que no había pensado en eso, y Grimmjow pudo ver a través de ella. Soltó una carcajada, tomando tres sobres de condones y cerrando el cajón. Inmediatamente después los lanzó a un lado de Orihime para comenzar a quitarse los pantalones.

—No te preocupes, nunca lo haría sin uno mientras no me autorices.

A penas lo dijo, recordó lo ocurrido la primera noche de borrachera de Orihime. Qué doble cara era. ¿Por qué demonios, de todas formas, se sentía culpable? Maldita sea.

Una vez desnudo, se acercó y comenzó a avanzar por la cama, llegando hasta ella y provocando que se volviera a recostar a penas. Desde el primer momento notó que, en realidad, el hecho de verlo totalmente desnudo la superaba aún. Lo más desnudo que había estado frente a ella, había sido cuando estaba en ropa interior y durmieron en la misma cama. Esa vez también se había avergonzado. Aunque ahora parecía más bien... paralizada.

—E-Es...

—Cierra la boca —dijo.

Justo después la besó, tomándola de los muslos para acomodarse bajo ellos. Grimmjow llevó la mano hasta la entrepierna expuesta de Orihime, que tembló cuando las yemas de sus dedos encontraron su clítoris. Grimmjow vio sus labios abrirse sensualmente y le dedicó una sonrisa. Hace tiempo que estaba completamente húmeda, pero que lo estuviera no hacía que fuera suficiente. Quería evitar que en cualquier momento se olvidara de él, quería darle lo único que era capaz de dar: una noche increíble, intentando hacer su primera vez tan satisfactoria como estuviera a su alcance.

Las piernas de Orihime se tensaron y relajaron, y entonces se volvieron a tensar, marcando el ritmo de las sensaciones que su solo pulgar causaba. Con la otra mano la apretó un poco más contra su cadera, oyendo los suspiros y suaves gemidos que salían de su boca.

Durante casi todo ese tiempo su pene se había mantenido firme, tanto que era molesto. Lo abrumaban todas las cosas que esa mujer lo hacía sentir, le nublaban el juicio sobre el hecho de que, en verdad, él no era el mejor tipo con el que podría estar. Orihime era perfecta para estar con tipos sosos, de buenas intenciones, que pusieran su corazón antes que sus piernas. Y, desgraciado él, estaba meditando la idea hacer lo mismo.

Detuvo su pulgar un momento y movió su mano para deslizarla por toda la extensión de su intimidad. Estaba muy mojada, tanto que se le hacía agua la boca y algo dentro de él se desesperaba por poder sentir la calidez de su interior alrededor suyo. Soltó su pierna y tomó uno de los condones al costado de su abdomen. La miró de reojo cuando dejó de tocarla para poder abrir el sobre. Sonrió levemente al ver que miraba fijamente de sus manos a su pene, realmente curiosa. Puso el sobre del otro lado y sopló el condón, luego apretó la punta y lo deslizó junto con el prepucio.

En ese momento se le ocurrió molestarla un poco.

—Tranquila, ya te tocará ponerlo a ti —rió.

Orihime se puso totalmente roja y se cubrió el rostro, avergonzada por haber descubierto que había sido pillada. No estaba siendo disimulada de cualquier forma, pero Grimmjow estaba satisfecho con su interés. Posicionó su pene frente a su entrada y presionó un poco, para asegurarse de que no iba a moverse; mientras se estiraba arriba de ella, poniendo, una vez más, la otra mano junto a su cabeza.

—Es posible que te duela cuando llegue al tope, amor. Debes avisarme de tu límite, pero de cualquier forma, puedes apretar mis hombros, porque de cualquier forma necesitaré ir más allá de eso —dijo mirándola fijamente a los ojos. De pronto al oírlo pareció entender que no iba a ser todo placentero, al menos en esa oportunidad—. ¿Estás segura? No necesitas llegar tan lejos si-.

—Hazlo.

Orihime había apretado fuertemente los ojos mientras lo escuchaba, y cuando los volvió a abrir parecía suficientemente mentalizada y segura de que quería llegar hasta el final. Confesaba que se sentía aliviado. No iba a enfadarse si decidía dejarlo hasta ahí, pero iba a ser una situación muy incómoda para él.

Grimmjow le pasó el pulgar por la mejilla antes de devolver la mano al colchón y comenzar a entrar lentamente. Sintió una sensación realmente placentera recorrer todo su cuerpo cuando el calor y la estrechez dentro de ella lo inundaron. Cuando adentró la punta, la mano de Orihime se enrolló en su antebrazo y la otra tomó la piel de su hombro. Al seguir, los dedos de ella se enterraron en ellos con fuerza y su rostro se contraía del dolor. Con la mano que no se estaba apoyando acarició desde su muslo hasta el borde de sus pechos, y luego de vuelta.

—Respira tranquila.

Ella obedeció y pudo sentir su aliento cerca de su cuello y barbilla.

—Tendré que ser un poco brusco —le avisó cuando sintió el tope. A penas la mitad de su pene estaba dentro de ella, faltaba bastante—. Aprieta y grita cuanto quieras si lo necesitas. Mírame a los ojos.

Orihime asintió, temblorosa y se adentró en sus ojos calipso. Grimmjow la miró durante un rato, jurando que no había nada mejor que perderse con ella en todos los sentidos. No quería que eso acabara, realmente quería todo de Orihime. Aplicando un poco más de fuerza, terminó de entrar, sintiendo al instante las uñas de ella enterrarse con más fuerza que antes y el gemido que le desgarró la garganta.

Dejó de moverse y movió su brazo para apoyarse con el antebrazo y poder estar más cerca de su rostro, mientras que ponía la otra mano tras su cabeza, abrazándola contra su cuello. Con las yemas acarició su nuca, intentando relajarla, y le indicó con un susurro que no dejara de respirar hondo.

—Grimmjow, sigue, por favor.

En poco tiempo Grimmjow no volvió a sentir el dolor en sus quejidos, de pronto lo estaba volviendo loco al darse cuenta del placer que ella estaba sintiendo. Se había enderezado nuevamente y la tomaba de las caderas, mientras sentía las manos de Orihime recorrer sus brazos. Estaba completamente agitada y sonrojada, con las pestañas acariciándole la piel bajo los ojos y los labios medio abiertos, mientras en su garganta resonaban sus finos gemidos.

Por un buen rato se sintió en las mismas nubes, sin dejar de moverse dentro de Orihime. Era incapaz de pensar, sumergido en un placer que lo mantenía como drogado. De pronto el solo sentir su piel, su interior, su voz diciendo su nombre, el ver el movimiento de sus pechos; lo mantenían a un nivel de sensibilidad que lo abrumaba. Había un cosquilleo incesable, sabía que pronto terminaría, por lo que sin pensarlo movió su mano hasta el clítoris de Orihime. Ella comenzó a gemir todavía más fuerte. Volvió a acercarse a ella, apoyándose en el colchón, y la besó. Sus gemidos resonaban en su boca. Orihime movió sus piernas, tensándolas, por lo que supo que estaba ya prácticamente al límite. Él siguió penetrándola, y cuando la escuchó gritar un nuevo temblor le recorrió el cuerpo y luego sintió como algo dentro de su cuerpo se apretaba. Grimmjow dejó escapar un gemido, desviando su rostro al cuello de Orihime.

Segundos después, se quedó completamente quieto, a excepción de que comenzó a deslizar su nariz por la piel de su cuello. Pasó por su oreja y por su mejilla, hasta que se alejó un poco para poder mirarla. Al igual que él, había estado respirando irregularmente. Podía sentir todavía su pecho rozando el suyo a causa de eso.

—¿Estás bien, amor? —Grimmjow enarcó una ceja al notar que estaba apretando los labios, y que una vez más parecía estar a punto de explotar de lo roja que estaba.

—Sí, solo... Lo hice. Es... vergonzoso, ahora que me doy cuenta de ello —rió bajito.

Grimmjow rió también, enderezándose en la cama a la vez que salía de ella. Inmediatamente después escuchó un gruñido, que por la reacción de ella de cubrirse, una vez más, el rostro, estaba claro de donde había salido. Él rodó los ojos, no había nada que hacerle.

—Ven —Le ofreció su mano—. Te prepararé algo de comer.

—N-no es necesario, yo...

—Es mi culpa que hayas gastado tanta energía —enarcó una ceja con una sonrisa perversa—. Y nunca permito que alguien pase hambre.

Orihime comprendió que se refería a sus amantes, aunque él no había querido decirlo de esa manera. Estaba segura de lo que había dicho, ella no necesitaba que la tratara de forma especial. Ella quería estar con él, incluso si eso significaba darle lo único que buscaba. Orihime tomó su mano, dejando que la ayudara a sentarse en la cama y, después, a ponerse de pie. En realidad a penas pudo hacerlo, al tocar el suelo sus piernas cedieron y él tuvo que sostenerla para que no cayera.

—Ya veo que no era la mejor idea. Siéntate, iré al baño y regreso.

Grimmjow la ayudó a sentarse y se alejó hacia la puerta que daba al pasillo. Orihime solo pudo fijarse en su trabajada espalda y su trasero. El color se le subió hasta las orejas. A pesar de que acababa de tener relaciones sexuales con Grimmjow, no quería decir que eso no fuera demasiado para lo que ella acostumbrara. Nunca hubiera pensado que lo vería totalmente desnudo. Nunca pensó que realmente todo acabaría como ella esperaba.

Cuando él regresó ya no llevaba el condón y le traía papel de baño.

—Ten.

Ella se esforzó por no mirar su ingle y por limitarse a tomar el papel. Grimmjow normalmente se habría reído, igual que las otras veces, ¿pero no estaba siendo demasiado? Comprendía que esa situación era nueva para ella, pero sentía que se le estaba saliendo de control. ¿No había hecho lo peor ya?

Se alejó para ponerse los boxers. También cogió su camiseta del suelo, pero no se la puso. Estaba destinada a cubrirla a ella.

Vio a Orihime temblorosa intentando secar la parte interior de sus muslos y su zona íntima. Y desde atrás esperó a que acabara, preguntándose qué era lo que estaba pensando realmente. Esperaría a que ella misma lo soltara, si no lo hacía, entonces le preguntaría directamente.

Cuando ella acabó, fue con su camiseta y se la pasó por la cabeza. Ella acabó de hacerlo y luego le ofreció la mano, para probar si podría esta vez ponerse de pie. Sin embargo, aunque sus piernas no cedieron, pudo oír claramente el quejido que salió de sus labios. Sin dudarlo, Grimmjow la tomó en sus brazos, pasando el brazo tras sus piernas y por su espalda.

—¿Qu-qué haces? —preguntó sorprendida.

—Te llevo a comer.

Grimmjow se quedó mirándola por un segundo en completo silencio. No se dijeron nada mientras él preparaba una olla con arroz y un sartén con salsa boloñesa comprada. Él tampoco estaba dispuesto a preguntarle qué estaba pasando, después de lo que había pasado, hubiera esperado que se sintiera un poco más libre junto a él. Hubiera esperado que se sintiera realmente como una chica a la que le gustaba genuinamente y que deseaba algo más que simplemente acostarse con él.

Mientras lo pensaba, no pudo evitar sentirse decepcionado. Orihime no le estaba dando ninguna señal de querer seguir ahí.

Diez minutos interminables después, Grimmjow sirvió frente a ella un plato de arroz con salsa. Orihime subió la mirada y lo vio sentarse a su lado en la mesa de la cocina americana. Los taburetes giraban, así que él pudo acomodarse fácilmente a su lado. Comieron, otra vez, en completo silencio. Aunque a Grimmjow la situación ya lo estaba desesperando, era bien sabido que no era poseedor de una gran paciencia.

Minutos después, escuchó el sonido del tenedor chocando con el plato cuando Orihime terminó. Al instante se volteó a mirarla.

—Muchas gracias. Si no te importa... —dijo con una leve sonrisa—, iré a buscar mi ropa y regresaré a casa.

Grimmjow no se fijó realmente cuando se puso de pie, porque se quedó mirando atentamente el punto de la sala que estaba tras ella unos segundos antes. Dijo que no le importaba ser usado, dijo que si quería darle celos a Kurosaki o olvidarlo, la ayudaría. Sin embargo, ella dijo también que lo quería. Y él no era el tipo de hombre que bajaba la cabeza y aceptaba ser engañado de esa manera.

Se puso de pie y siguió los pasos de Orihime hasta su habitación. No estaba pensando realmente cuando la volteó para que quedara dándole la espalda a la cama, ni cuando la hizo acostarse y se puso sobre ella.

—¿Qué estás haciendo, cachorrito? —A comparación de la primera vez que usó ese apodo, él no estaba haciéndose para nada el despreocupado— ¿Crees en serio que puedes venir a mi casa, acostarte conmigo y luego irte como si nada?

Orihime parecía realmente aterrorizada, porque él estaba realmente enfadado.

—Creí que... creí que eso es lo que hacían siempre... tus amantes —murmuró, confundida, no entendiendo cuál había sido su error. Él dijo que no podía darle exclusividad... ella simplemente lo había aceptado.

—¡Tú-! —gruñó— ¡Tú no eres una maldita amante! ¿Por qué demonios querría que te largaras? ¿Crees que si fueras solo una maldita amante más, me hubiera acostado contigo, sabiendo que todos tu malditos amigos van a querer cortarme las pelotas si se enteran, Orihime? ¿Crees que me lleno la boca diciéndole a cualquier mujer que traigo a mi cama lo perfectas que creo que son? ¡Ya que te gusta tanto como soy, debiste haber pensado que no hago cosas innecesarias cuando quiero algo!

Ella guardó silencio.

—Quiero que me contestes, Orihime —siseó.

—Dijiste que no había exclusividad contigo...

—Sí. Lo dije antes de tocarte y antes de preguntarte tus verdaderas intenciones. Antes de decirme que te gustaba. ¡Antes de que decidiera destruir todo lo que trabajé por dos años para mantenerme lejos de ti, porque tú sólo veías a Kurosaki!

Grimmjow se dio cuenta de que no iba a decirle nada más, así que se quitó de encima, todavía enfadado, y se sentó cerca de los pies de la cama. Más lejos de lo que en una situación normal se hubiera sentado. A pesar de todo, no quería seguir siendo un bastardo. Lo había pensado mil veces, cuando la tocara no iba a poder volver atrás. Eso significaba que no iba a querer dejar de verla, de tocarla, que no iba a querer tener con él a otra maldita mujer que no fuera ella. Eso significaba que no se iba a rendir solamente a su cuerpo, eso significaba que se iba a dar cuenta en realidad de lo mucho que la conocía. Orihime era una niña inocente, pero no estúpida. Buscaba en Kurosaki un amor idealizado, quizás porque era la figura masculina que tenía más cerca después de la muerte de su hermano, aunque en la realidad no estuviera tan cerca. Cocinaba como el maldito infierno, era una maldita excéntrica cuando cocinaba pero se divertía al hacerlo. Era valiente cuando debía serlo, y se enfrentaba ingenuamente a cosas que a veces estaban fuera de su control. Era como el maldito perro de Ulquiorra, y lo sabía, pero seguía haciéndole favores aunque eso significara que él no se lo devolviera. Cada vez que bebía hablaba sobre su hermano y lo mucho que lo extrañaba, a veces hasta lloraba por ello. Adoraba tanto a sus amigos que siempre hacía todo lo que le pedían, aunque eso significara descuidar las cosas que debía hacer en su casa o para la escuela. Le gustaban los algodones de azúcar y el helado de chocolate, pero odiaba el helado de menta o cualquier cosa que tuviera que ver con ella. Orihime era demasiado influenciable cuando se trataba de Rangiku, y demasiado débil cuando era sobre Kurosaki, Kuchiki o su mejor amiga, Tatsuki.

De verdad estaba tan enfadado por ser, también, un estúpido iluso.

—Grimmjow —sintió la mano de Orihime en su hombro. La había sentido acercarse gracias a la cama. Pero aunque hubiera deseado alejarse de ella, no fue capaz—. Yo... te quiero. De verdad te quiero. Pero dijiste que no iba a tener exclusividad, creí que lo mejor era irme para no romper mi palabra de que no te pediría nada más. Grimmjow... y-yo...

—¿Tú qué?

—¿Te gusto? —susurró.

—Creo que destruí todo lo que trabajé por dos años para mantenerme lejos de ti, porque tú sólo veías a Kurosaki, suena como algo así —respondió, aún con la vista lejos de ella.

No escuchó nada salir de su boca por un rato.

—Entonces... ¿hay algo que quieras hacer? —consultó de repente. Grimmjow podía sentir que el tono de su voz había cambiado, estaba menos afligida, más relajada y alegre.

—¿No vas a irte entonces? —devolvió la pregunta, mientras giraba para mirarla. Orihime estaba sonriendo dulcemente, y la vio negar con la cabeza— ¿Quieres dormir conmigo?

De inmediato la vio ponerse roja, pero no parecía rechazar la idea. Aunque por su manera de actuar, Grimmjow entendió que no había comprendido en verdad lo que le estaba preguntando.

—Solo estoy preguntando por dormir, amor. No por acostarnos otra vez.

—¡S-sí, lo sé! Jaja.

La risa nerviosa y su expresión alarmada le confirmaron que estaba mintiendo. Él sólo solo rió también, entretenido con su reacción. Se puso de pie y se acercó al costado de la cama, donde tiró desde la sábana para llevar hacia atrás también el edredón. Posteriormente, le ofreció su mano, que Orihime aceptó para ponerse de pie sobre la cama y caminar hacia el lugar que Grimmjow había despejado para ella. Luego simplemente se sentó y se corrió. Grimmjow vio como dio palmadas en el lugar que quedaba para invitarlo a sentarse también.

Se metió con ella dentro y al mismo tiempo se recostaron, quedando uno frente al otro en medio de la cama.

—No quería irme, en realidad.

—Entiendo.

—¿Quieres hablar... sobre eso de que trabajaste por dos años para...?

—Creo que otro día —le respondió, deslizando la mano por su cintura que su camiseta estaba cubriendo.

—¿Ellos se enfadarán mucho? —preguntó.

—No creo que sea tan terrible si les dices que estabas en todos tus sentidos. Tus amigos solo quieren cuidarte de mí, no soy el tipo de hombre que cualquiera esperaría para ti, ¿entiendes? —le explicó.

—¿Por qué?

—A ti parece darte igual, pero no ven nada moral en acostarse con mujeres por diversión. Y en ello tienen razón. Creerán que te veo como un objeto, pero eres mi perdición, princesa. La verdad, es que yo soy a quien tú puedes usar.

Orihime frunció el ceño.

—Pero no quiero hacerlo.

Grimmjow sonrió, acercándola a él con la mano que mantenía en su cintura.

—Ese es el punto.

Juntó sus labios y los movió lentamente, disfrutando de la sensación que los de Orihime le entregaban. Eran tan aterciopelados y apetecibles, igual que toda ella, y sentía la necesidad de tenerlos juntos por un buen tiempo. Sin volverse sensual, sin que se convirtieran en un camino para acabar nuevamente entre sus piernas. Grimmjow sencillamente quería tenerla al lado, porque ya había aguantado bastante, y ya había caído ante ella, deliciosa y delicada, suave y hermosa. Un estigma que aceptaba con gran placer.