CAPITULO 4

EL ENTRENAMIENTO

Sin duda voltearon todos al escuchar la voz de aquel hombre y como se había referido hacia el príncipe Eduardo. Sin duda Terry Granchester, por más que trabajara en el Parlamento y fuera el sucesor del Duque de Granchester, no perdía su peculiar forma de ser.

-Terry Granchester¡- se escuchó la voz de Candy .

Aquel hombre enfundado en un traje estilo italiano de color oscuro, con el pelo recogido en una coleta e impecablemente vestido hacia su arribo a la oficina del regente.

-si Candy ese es mi nombre- dijo con una mirada fría y retadora, se acercó a Candy- pero no me has respondido a la pregunta que te hice ¿Qué quería ese imbécil hablar contigo "a solas"?- decía firmemente a la mirada de todos.

- Si Candy – dijo Mercy secundando a Candy- ni creas que me voy a creer lo que me dijiste en el pasillo- viéndola fijamente.

Candy suspiro- nada relevante- volvió su mirada hacia Terry- pero le recuerdo señor que es su primo-

Terry se acomodaba en la sala, cruzo su pierna y aliso su cabello con la mano- digamos pecosa- perdió su mirada un momento- digamos que es el primo incomodo- volvió a verla- pero Candy ten cuidado con él no es de fiar, además de Que- Terry pensó un momento lo que le hiba a decir a Candy, el había escuchado rumores en el parlamento antes de salir de Londres, sobre una cuestión que aún no le quedaba muy clara sobre su primo y Candy, pero no atormentaría a la pecosa en ese momento asta no saber qué tan cierto era ese rumor.

Candy cruzo las manos- bueno además de que Terry? - esperando la respuesta de Terry cuando su abuelito hablo.

-bueno niños dejen de pelear- decía tratando de frenar la disputa- lo mejor será esperar a tu marido hija, para terminar de ponernos de acuerda para empezar el entrenamiento- todos asintieron.

-además, yo estoy de acuerdo con Terry- dijo firmemente André- no quiero que te entrevistes con el príncipe a solas hija-

Candy no entendía por que tanto temor con el príncipe, pero seguro lo averiguaría pronto – de acuerdo padre- dijo suspirando.

En pensaron hablar sobre el entrenamiento y de las clases que Candy debería tomar, tanto Mercy como Terry se habían ofrecido para darle las clases de etiqueta rigurosa de la corte inglesa, Armando le enseñaría lo más importante sobre relaciones exteriores y su padre la podrían al corriente sobre los asuntos de estado y los avances sobre los nuevos acuerdos. Así pasaron una hora en la sala. Mientras tanto se daba terminada la sesión del Tribunal y un Albert salía del recinto rumbo a la oficina de su suegro; cuando alguien lo detuvo del brazo.

-William- dijo George, Albert voltio con cara de asombro.

-George, ¿qué haces aquí? - dijo mientras sonreía a George.

-un pajarito me dijo que necesitabas un poco de ayuda amigo- Albert abrazo a George, sin duda el día había sido muy intenso entre la votación y el juramento. Sin contar el comentaría de "ese principito" que aun rondaba su cabeza

-amigo, me da un gusto verte- sin soltar el abrazo- pero Doroty y tu hija? - George sonrió

-en la villa William- dijo firmemente – apenas llegamos por la mañana-

-entonces tengo que ponerte al día querido amigo- dijo frente de el- hay muchas cosas que debes saber y después me dirás que te dijo ese pajarillo para que regresaras? - George movió la cabeza, aunque William fuera un hombre todavía era muy curioso.

-está bien William te contare todo, pero ahora tenemos que ir a la oficina del regente- dijo sonriendo- te esperan-

Albert asintió y caminaron a la oficina, mientras se ponían al día de los movimientos de Asia. Mientras Albert hacia su arribo y se daban los saludos rigurosos y se ponían de acuerdo. En otro punto del palacio, hiba entrando a una amplia y lujosa habitación, el cuarto estaba oscuro, la decoración al estilo Luis XVl, entre colores azules y dorados se hacían presente; una enorme cama con pedestal se observaba al fondo, en la entrada una pequeña sala, de color beige con terminaciones en roble, una pequeña mesa, el cuarto era iluminado por dos majestuosos candelabros de vidrio finamente cortado, un librero en la pared, dos enormes ventanales con unos pequeños balcones, era lo que tenía aquella peculiar habitación.

En la oscuridad de la tarde, un hombre permanecía sentado junto a uno de los balcones, cuando de pronto escucho como la puerta atrás de él se abría.

- y como estuvo el circo? - dejando su cigarro en uno de los ceniceros de la mesa que adornaban la habitación- era hermosa como decían? - se acercó al hombre que entraban.

Con una sonrisa Eduardo entraba dejando su saco en el perchero de la habitación y dirigiéndose a servirse una copa de brandy, suspiro y se giró a ver aquel hombre – si termino- suspiro- y lo de hermosa seguro, mi padre se quedó corto al describirla- sonrío.

-entonces Eduardo- dijo firmemente- volvemos a Londres? - sin quitar su mirada del joven príncipe

Tomo un sorbo a su copa- no Alexander- el joven misterioso no era nada menos que un marques amigo del príncipe, era alto, delgado, su pelo corto color negro ébano, sus ojos eran azules y enfundado en un traje impecable

-no entiendo Eduardo- pregunto curioso, sin duda sabía que su amigo era un casanova de primera, hecho por el cual siempre tenía problemas, desde muy joven lo acompañaba, pasa ayudarlo con "sus problemas", movió la cabeza- no estarás pensado ¿Qué?- y se acercó a la ventana .

-¿Por qué no?- dijo mientras tomaba asiento, pensando – al fin de cuentas es bellísima valdría la pena-

-Eduardo por dios- dijo levantando la voz- lady Candy es una mujer casada amigo- quería hacerlo entrar en razón. Eduardo se giró y lo vio.

-eso lo hace más tentador, será todo un reto- rio – Lady Candy será mía o dejo de llamarme Eduardo- su amigo movió la cabeza.

-otra vez- movió la cabeza en signo de negación- y empezamos, ¿cuál será ahora tu plan? - acercándose a el

-aun no lo sé amigo- tomo otro poco de su copa- pero lo pensare, una mujer así de atractiva y de segura deberá tener un punto débil solo hay que esperar a que lo demuestre y- sonrío- será mía

Eduardo, Eduardo- sonaba preocupado- por dios tu padre, que dirá de que pretendes a la nueva regente de Escocia-

Se levanto a la ventana viendo el atardecer- que puede decir, solo que estoy recuperando una inversión que el dejo pasar- el silencio reino en aquella habiatacion, mientras un hombre trataba de trazar un plan para ser el dueño de la nueva regente.

La noche había caído en la villa de los Andrew, después de la ardua platica en la oficina del regente, Albert y Candy se habían despedido para ir a darle la bienvenida a George y a Doroty en la villa, el transcurso a la villa fue en silencio, ambos sin querer estaban sumergidos en sus pensamientos. Al llegar Candy vio que la esperaba Doroty con la pequeña Elizabeth. Corrió a abrazar a su amiga; entraban a la villa y la nana traía a los dos pequeños de Candy.

-están hermosos y muy grandes- decía Doroty mientras Candy sostenía a Iain y William estiraba sus manos a su padre. Candy sonrío.

-pero esta princesa- Albert toco la cabeza del bebe, para después sostener a William – esta hermosa será una gran dama-

La tía abuela bajaba las escaleras- sin duda William, de eso me encargare yo- con una cara sonriendo, acercándose a ver a la niña y esta le pedía que la cargara, la tía abuela lo hizo.

-señora este yo…- Doroty estaba nerviosa, mientras la tía abuela sonreía ante la mirada de la pequeña

-tu nada Doroty, esta pequeña recibirá la misma educación que todos los bebes de esta casa- firmemente lo decía

-pero señora- un George se hacía presente.

Albert se acercaba a él y lo tomo por el hombro- nada amigo mío, tu as velado por todos nosotros y tu familia es la mía- con una sonrisa- además no creo que puedas hacer cambiar de opinión de la tía abuela-

-ni la mía- dijo Candy acercándose a la beba- mi dulce ahijada será una gran dama ya lo veras- regalándose una sonrisa.

-muchas gracias- decían Doroty y George ante la gentileza pues ellos sabían muy bien su papel como empleados de la familia y era un gran honor que los tomaran en cuenta como de la familia.

-bueno pasemos al comedor, seguro tendrán hambre- decía la tía abuela dirigiéndose a la amplia puerta, mientras sostenía a la pequeña- después nos pondremos al día. Annie y Archie esperan- asintieron y pasaron al comedor, mientras los niños eran llevados a su habitación por las nanas.

La cena transcurrió tranquila mientras Doroty y George les contaba cómo era Asia y lo bien que los había recibido los padres de Archie, los saludos que ellos habían mandado para todos y la promesa de venir a Escocia, pues querían estar más cerca de su nieto.

Al terminar los caballeros se pasaron a la biblioteca para poner a George al día con los asuntos del emporio y que el a su vez les dijera el panorama que se veía, las damas se retiraron a la sala de estar donde ya los esperaban los bebes bañados y arreglados, los niños jugaban en el amplio salón alfombrado, mientras las damas platicaban de sus puntos de vista sobre la crianza y los preparativos de la boda de la tía abuela.

De pronto un mozo entro al salón con dos misivas en la mano – buenas noches señoras- dijo haciendo una reverencia- mil disculpas señora, pero ha llegado esto para usted- el mozo se acercó a Candy acercándole una charola de plata con dos sobres; Candy hizo una reverencia agradeciendo al mozo y las tomo. Las señoras guardaron silencio al ver como la cara de Candy se transformaba.

-hija hay algún problema- dijo la tía abuela mientras dejaba la taza de té en la mesa de la sala.

Candy seguía viendo las cartas, Annie vio como la cara de Candy se veía pensativa – hermanita todo está bien? - dijo en tono de preocupación.

Candy bajo las cartas a su regazo y volteo a ver al mozo- mande a Wilson a palacio y que venga mi prima Mercy- suspiro – mi esposo ha pedido que nos quedemos hoy aquí- el mozo se retiraba – y que mencionen que es urgente- el mozo volvió a inclinarse para despedirse.

-Candy- dijo la tía abuela al escucharla, puesto que ella comenzaría el entrenamiento y tendría que vivir en palacio, por lo cual Albert le había dicho que esa noche sería la última en la mansión - pero que es lo que dicen las misivas para que has mandado llamar a Mercy a estas horas- la tía abuela señalaba el reloj de la estancia eran casi las 7:30 pm.

Candy sonrió – su padre llegara mañana por la tarde- todos la miraron sorprendidas ese viaje, había sido un tema que Mercy siempre se oponía a mencionar, pues sabía perfectamente que la llegada de su padre solo seria para ver a su futuro, ella seguía con la firme intención de que era mayor para que su padre decidiera por ella, Candy sonrió al pensar que esa confrontación sería muy interesante ella conocía a su prima pero su tío ¿Cómo sería?

-¿y la otra misiva?- pregunto Doroty, mientras se dirigía a ver a los pequeños que jugaban en una esquina de la habitación, Candy se puso seria y se levantó del sillón para tomar en brazos a William que estaba a punto de intentar saber el sabor de un carrito de madera mientras le indicaba a la niñera que tomara a Iain.

-descuiden es un asunto del ministerio – sonrió al verlos- mañana lo revisare en la oficina- mientras rozaba la mejilla de William, haciendo reír y que este la abrazara – solo llegare más temprano, pero estos niños deberán ir a tomar un baño y descansar- besaba a Iain en la mejilla cuando era acercado por la niñera- mientras llega su querida tía Mercy y papa; así que si nos disculpan- dijo dirigiéndose a la puerta, las damas asintieron.

-tía abuela- dijo Annie mientras salía Candy- ¿usted que piensa, Candy cambio mucho su expresión cuando leyó la carta, no lo cree?- la tía abuela volvió a tomar su taza de té mientras Annie levantaba a Steart; que gateaba cerca.

La tía abuela acariciaba la cara de Steart, sonrió – descuida hija, no hay por qué tener desconfianza Candy ahora tiene muchas responsabilidades, seguro será algo del ministerio- dijo mientras observaba un punto fijo de la habitación (sin duda esa muchacha oculta algo, su rostro es muy fácil de adivinar) se llevó una mano a su barbilla (tendré que pedirle a Henry que la mantenga observada; debió de ser un asunto muy serio para su cambio de expresión) voltio a ver a Annie- hija deberías también llevar a este jovencito a ducharse- Annie asintió- descuida todo estará bien?-

Doroty se levantó sosteniendo a su pequeña – nos retiramos nosotros también señora- la tía abuela asintió, cuando de pronto sintió como una pequeña manita sujetaba su falda, la tía abuela volteo a ver de quien se trataba, sonrió.

-si pequeña nosotros también iremos a arreglarnos tu padre no tardará mucho en volver- la pequeña Esperanza se aferraba a la falta de la tía abuela para intentar ponerse de pie, ella la tomo entre sus brazos, besando su mejilla – vamos mi niña- saliendo de la habitación, mientras la niña abrazaba a la tía abuela y recargaba su carita en su hombro, ella le acariciaba su cabello- espero Candy que sepas lo que haces hija- suspiro dirigiéndose a su habiatacion.

Mientras ocurría estos hechos, en la habiatacion de Candy se llevaba otra conversación, ella entraba a su habitación, la niñera de William le salía al encuentro, Candy le dio al pequeño William – lila, por favor encargase de bañar a los gemelos por favor- mientras acariciaba y besaba a los dos pequeños.

Lorena la otra niñera se le hizo extraño puesto que la señora por más cansada que estuviera pasaba esos momentos con sus hijos y esta era la primera vez que escuchaba a la señora decir algo así- ¿se encuentra bien señora?, si gusto puedo hablarle al Sir Arturo- Candy movió su cabeza en signo de negación

-solo tengo que arreglar un asunto de emergencia – Iain bostezaba mientras Candy acariciaba su mejilla- estos señoritos están cansados sería una injusticia por mi parte – besando a William en la cabeza mientras se tallaba sus ojos- que me esperen a que pueda arreglar este asunto- sonrió a las niñeras- por favor encárguense de ellos yo vendré para darles de comer- las niñeras asintieron mientras Candy salió del cuarto a su despacho que se encontraba comunicado por una puerta.

Algunas veces Candy no alcanzaba a terminar con sus deberes y los llevaba a casa, no quería dejar solo a los gemelos por eso ocupo la habitación continua como oficina privada; entro y rápidamente prendió las luces y puso cerrojo, su escritorio se encontraba en orden y uno que otro documento esparcido en su pequeño espacio, se acercó sin abrir las cortinas; con la tenue luz de aquella oficina busco el teléfono marco un numero conocido.

La noche caí en el castillo, en una oficina en el área de guardia un teléfono se escuchaba, mientras una mujer de edad madura lo levantaba sin despejar los ojos de los últimos reportes del frente occidental.

-bueno- decía Minrret, leyendo los documentos

-Minrret- al escuchar la voz se levantó y dijo firmemente.

-buenas noches su majestad ¿todo bien? - pregunto desconcertada por la llamada

-necesito hablar contigo a primera hora- la cara de Minrret se desconcertó – mejor si puedes venir es urgente - Candy pensó un minuto- ha llegado una carta que esperaba que no llegaría tan pronto-

-en seguida voy para allá majestad- dijo Minnert

-que nadie sepa que vienes Minnert este asunto será tratado con mucha delicadeza y confidencialidad- dijo seriamente- este asunto solo será interno, ni mi esposo y ni mi padre deberán saber-

-descuide majestad- dijo fríamente Minrret- solo una pregunta-

-dime- dijo Candy

-Es algo referente a nuestros viejos amigos irlandeses majestad- Candy trago un poco de saliva sabía que Minrret era muy perspicaz.

-En efecto Minrret- Minrret apretó su mano, no podía creer que sería tan pronto que pagarían aquel favor.

-descuide majestad estaré ahí lo más pronto posible-

-te espero Minrret- mientras ambas colgaban el teléfono, una sombra entraba a la oficina, ella voltio al sentir como la abrazaba por la espalda.

-a donde va capitana? - susurrándole al oído mientras voltea- si mas no recuerdo usted y yo teníamos una cena pendiente- ella le dio un beso al capitán y le sonrió.

-y la tendremos solo necesito hacer una última diligencia y seré suya- le dijo con una voz seductora mientras se alegaba de los brazos del capitán, tomaba su capa y le sonreía.

El capitán se puso sus brazos a la cintura y la miro con una sonrisa pícara- esto se lo cobrare muy caro capitana- antes de colocarse la capa Minrret le regalo otra sonrisa

-descuida lo sabré pagar- mientras se alejaba por el corredor, en busca de las caballerizas.

Mientras en otra parte del castillo, un hombre de edad mayor veía una ventana, mientras la noche caía, de pronto sintió como un fuerte dolor en el pecho se hacía presente doblándolo de dolor. Trataba de sentarse en la silla, empezaba a sudar frio y su mano la llevaba a su pecho tratando de mitigar el dolor. Una voz fuerte se dejó escuchar.

-André, hijo estas bien- en ese momento entraba Armando a la habitación viendo como su hijo trataba en vano de mitigar el dolor, se acercó para ayudarlo a colocarse en la silla, mientras la cara de terror se hiba formando, viendo como su hijo mayor sucumbía al dolor.

Con las pocas fuerzas que tenía le dijo a su padre- descuida estaré- mientras volvía a oprimirse el pecho- bien padre-

-André hijo, descuida en este momento hablare al doctor y Candy- decía mientras hacía sonar una campana y entraba un mozo.

André lo tomo por la manga de su saco y lo miro fríamente- no padre a Candy no- su padre no le gustaba el tener que ocultar la condición de su hijo a su nieta.

-André por favor – suplicante- Candy debe saber de tu enfermedad-

-No padre si le dices algo a mi hija- la respiración le faltaba- no volveré a ver a ese doctor- grito con todas sus fuerzas que quedaban- no permitiré que mi hija me vea así-

-por ahora está bien- dijo el también en un tono enérgico- pero hablaremos después hijo, mientras reposa un poco- mientras retiraba los cobertores de la cama para que el pudiera recostarse.

El mozo al ver la situación no espero la orden de lord Armando y fue a buscar al doctor; mientras su padre trataba de meterlo a la cama.

- ¿Dónde está el doctor? - decía Lord Armando mientras veía como su hijo seguía oprimiendo su pecho con su mano

En ese momento entraba el doctor para aplicarle un medicamento a Lord André y este poco a poco quedaba dormido, ante la mirada atónita de su padre.

Lord Armando volteo a ver al doctor- se están haciendo más frecuentes los ataques, ¿no puede hacer nada para detenerlos? - se llevó las manos a su cabeza y se dejó caer en una silla- por dios mi hijo sufre mucho cuando los presenta-

El galeno limpiaba sus lentes, suspirando dijo- si Lord André hubiera autorizado el otro procedimiento, tal vez- en ese momento fueron interrumpidos por Arturo que hacia su arribo a la habiatacion.

-el Lord, fue muy explícito que no se sometería a dicha intervención

-lo se Arturo, pero sería una posibilidad de alargar un poco su vida- decía el doctor

-sí, lo sé, pero solo alargaríamos por unos meses- dijo mientras tomaba el pulso de lord André- si le dijéramos a Candy el estado de su padre- Arturo miraba a Lord Armando.

Este se levantó para ir a la ventana que aun permanecía abierta y la cerró, diciendo fríamente- se respetara la voluntad de mi hijo de no informarle nada a mi nieta, hasta que él lo disponga- todos asintieron. El no comprendía porque André no quería informarle de su situación a Candy, pero respetaría la decisión hasta que pudiera hacerlo cambiar de opinión.

En la villa Andrew Candy terminaba de amamantar a los gemelos, acomodándose su vestido escucho, un ruido de pasos en su oficina; de pronto se vio en su habitación sola con los pequeños, se acercó a la mesa del descanso y abrió un cajo, sacando una daga que sostenía en su brazo mientras abría la puerta.

De pronto entre la obscuridad de la misma, vio como una sombra atravesaba por la cortina de la oficina, se acercó cuidadosamente, de pronto sin quererlo dejo caer un objeto. Por un momento perdió aquella sombra de pronto sintió como alguien la tomaba de la cintura fuertemente y la acercaba a él. Un escalofrió recorrió su espina dorsal al sentir como el aliento de aquella persona lo podía sentir en su cuello, cerró los ojos esperando el siguiente movimiento. De pronto aquella sombra la giro mientras poco a poco ella abría sus ojos, ¿tratando de ajustarlos a la oscuridad y pronunciado – eres tú? -