CAPITULO 5

EL ENTRENAMIENTO PARTE 2.

El inconfundible olor de perfume de madera de su esposo lo delato, Albert sonrió al ver la cara de su mujer, mientras la abrazaba ajustándola a su cuerpo, recordando la cara descompuesta de ella al no distinguirlo entre las sombras.

Le golpeo su pecho con sus manos, haciendo pucheros- casi me matas de un susto- decía mientras la risa de Albert se hacía presente, enojando a Candy.

-calma amor, jajaja- mientras la acercaba más – no fue mi intensión espantarte así- decía mientras Candy se empezaba a tranquilizarse y le daba un beso en su mejilla – perdóname amor, te aseguro que cumpliré el castigo que quieras para remediar mi falta- mientras Candy se separaba girándose para darle la espalda a Albert, fingiendo molestia.

-en verdad me asusto mucho señor mío- mientras seguía inmóvil y él se acerca peligrosamente a ella. Su mirada cambiaba mientras el olor a maderas se hacía más fuerte.

Albert la tomo por la cintura de nuevo, se acercó peligrosamente a su cuello mientras se formaba una sonrisa, sin duda su esposa era muy bella y más con ese encantador vestido blanco que utilizaba para descansar y poder a amamantar a los gemelos, por dentro agradecía a la Annie que la había llevado a comprar esos vestidos de tirantes y escotes pronunciados que ayudaban a la tarea.

Se acerco poco a poco, aspirando la fragancia a rosas de su esposa, esa mujer era hermosa pero después de salir de su embarazo el cuerpo de Candy se torneo más, las curvas de su esposa eran una tentación que no podía ser perdonada; su perfume era embrague ador y su calor; lo volvía loco, se aproximó a ella como lobo a presa y sin pensarlo comenzó a recorrer ese hermoso cuello blanquecino. No importaba cuantas veces lo había recorrido y aun con los ojos cerrados podía describirlo; era su perdición cada vez que lo tenía a su alcance.

Mientras Albert comenzaba su recorrido el cuerpo de Candy comenzaba a vibrar entre los fuertes brazos de su amado, el enojo era suplantado por el deseo ardiente que ese hombre despertaba en ella, trato de voltearse, pero su esposo la detuvo mientras dejaba su tarea para pasar a su descubierto hombro.

No querida- decía mientras seguí saboreando- permíteme disfrutarte así unos minutos más- y continuo con su tarea, mientras Candy solo podía asentir.

De pronto su cuerpo cobro vida propia cerro sus ojos para disfrutar esa placentera tortura a la cual era sometida, su cabeza se recargo en hombro de él y arqueo su cuerpo, para permitirle un mejor acceso, Albert sintió esa posición y tomo a su esposa con un brazo que rodeo completo la cintura de ella, acercándola más a su cuerpo.

El sentir el calor de sus cuerpos los hizo perderse en ese mundo que solo ellos podían visitar y donde se sentían muy seguros, un gemido de Candy hizo sonreír a su esposo, mientras la mano que estaba libre empezó la tarea de bajar aquel tirante molestoso que no permitía que disfrutara de esa piel, que lo embriagaba con su tez dulce y sedosa.

Candy sintió el cambio y el frio producido por los instantes que despejo su esposo el cuerpo de ella le hicieron pronuncian en medio de la excitación- Albert- dijo en medio de un gemido, el sonrió y comprendió que la llama estaba prendida, pero quería más.

-dime Candy- decía mientras ahora no solo sus labios tomaban ese cuello sino su lengua se aventuraba a probarlo para extasiarse más de aquel sabor.

-deja la tortura- su tono de voz era excitada y entre cortada.

- ¿Por qué amor si es tan delicioso probar el sabor de tu piel en mi boca?- mientras Candy comenzaba a gemir de nuevo, tuvo que juntar todas las fuerzas que tenía para alejarse de su esposo y voltear para perderse en aquellos hermosos ojos.

Ahora ella cual felino se acerca a el- ¿Por qué señor mío? Ella sonrío, mientras su mirada se volvía en deseo- porque mis labios reclaman un beso de los suyos- mientras se acercaba peligrosamente a los labios de su esposo – y mi cuerpo reclama al suyo con demencia y deseo señor-

Albert no pronuncio palabra alguna, por instinto abrazo a la juguetona señora que tenía frente de él, la tomo en sus brazos y le dio un beso apasionado y cargado de deseo. Ella solo pudo aferrarse al cuello de aquel hombre y se dejó perder en sus labios, mientras sus lenguas empezaron a bailar aquel vals que conocían a la perfección. Sus manos empezaron a recorrer su cuerpo y por instinto mismo acerco a su esposa aquel amplio escritorio de caoba, con un mano limpio el lugar sin despegarse del beso.

En un movimiento rápido y perfecto el tomo de sus glúteos para sentarla en aquel escritorio, sin despejar sus cuerpos, ella abrazo el cuerpo de su esposo con sus piernas. En ese momento Albert empezó a subir ese vestido delgado que traía su esposa, mientras sus manos recorrían los muslos de ella. Candy soltó el beso al sentir como las manos de Albert empezaban a jugar con la intimidad de ella recostándose en el escritorio. Albert observaba con demencia como el cuerpo de su mujer se retorcía entre la sensación de placer y martirio impuesto por él, dejándola a su entera disposición.

De pronto acerco la cadera de su esposa al filo del escritorio, él se hinco y comenzó a besar la intimidad de su esposa, como si fuera un dulce perfecto que nunca hubiera probado, el la conocía y sabía que haciendo aquel movimiento ella siempre enloquecía de placer y deseo y continuo su tarea, mientras Candy gemía y se retorcía en el escritorio.

-amor, hazme tuya por favor- eran las suplicas de aquella mujer extasiada por los encantos de las caricias de su esposo, pedía más de aquella tortura. El sonrió y abandono su tarea mientras ella se sentaba en aquel escritorio.

Albert le dio un beso apasionado mientras ella, recorría ese pecho perfectamente delimitado con sus manos, y se abría paso por la estorbosa camisa de seda para tocar la piel de él, Albert comenzó a gemir igual no sabía si la intimidad de su esposa o sus labios eran más excitantes, que más daba era suya y podía degustarse de su sabor. Las manos de Candy dejaron la tarea de desabotonar esa camisa, para jugar con la cintura de su esposo, liberando de la prisión al miembro de él, en segundos bajando lentamente su ropa.

¡De prono Albert le tomo las manos a su esposa y la miro con ternura y pasión- tramposa!, te hiba a torturar más tiempo- Candy movió su cabeza como tratando de descifrar las palabras de su esposo.

Esta sonrió y le dijo- no cree que asido mucha tortura señor- Albert la vio con amor, mientras ella acariciaba el pecho que estaba descubierto pues aun esa estorbosa camisa no había sido quitada de todo – mi cuerpo reclama el tuyo, al igual que mi alma el calor de la tuya, cual noche necesita de las estrella no necesito de ti mi amado Albert- no pudo articular otra palabra por que los labios de Albert cubrían los suyos, las manos de él, levantaron la falda de ese vestido hasta tocar sus glúteos y en un movimiento firme y suave se acercó el cuerpo de su esposa; para dar lo que ella pedía.

Un baile perfecto entre dos cuerpos, donde el calor del ambos es necesario como combustible para el acto más perfecto, una unión completa. Dos cuerpos bailando un baile tan viejo como la humanidad misma, pero solo si esas personas se aman por igual puede hacer tan exquisito y embriagante como aquel donde ellos estaban inmersos.

Minutos, horas el tiempo se detiene cuando ese baile te lleva a tocar las estrellas y la gloria misma, cuando dos cuerpos aperlados por el sudor de un vaivén caen rendidos por este baile; cuando dos corazones gritan al unísono el nombre de sus amantes y la respiración se agita por llegar a tocar con las manos la gloria. Las palabras salen sobrando cuando después de un concierto de gemidos de pasión solo se escucha la danza desorbitada de dos corazones que nunca se cansan de amarse es la música de fondo y dos cuerpos buscan desesperadamente no perder el calor proporcionado en la entrega, recostándose sobre ellos mismos. Las palabras para describirlo salen sobrando.

Después de minutos de silencio, Candy acariciaba los cabellos de su esposo recostado en su pecho semidesnudo y aun con sus piernas enroscadas al cuerpo de su amante. Escucho un susurro apenas perceptible.

-te amo Candy y te he extrañado mucho- decía Albert. Mientras los ojos de Candy salían lágrimas y mantenía su tarea.

-igual yo amor mío- suspiro- perdóname por estar tan ocupada y…- de pronto sintió como el cuerpo de su esposo se separaba del de ella.

-no hay por qué pedir perdón amor mío solo- le regalo una sonrisa- recuerda QUE TE AMO – separándose de ella y estirando su mano- ahora señora mía, tenemos que hablar- Candy asintió- si sigo contemplándote así, mientras la luna traviesa alumbra tu bello cuerpo, comenzare el más lindo trabajo que hay en mundo- mientras Candy se levantaba ayudada por él y trataba de componerse el vestido.

Algo picara dijo- ¿así y se puede saber cuál es? - Albert se arreglaba su ropa.

-hacerle el amor señora mía, hacerle el amor- mientras Candy se sonrojaba al escucharlo.

Minutos después los dos arreglados, se encontraba en una posición poco ortodoxa para hablar. Albert se encontraba en la silla con Candy sentada en su regazo, mientras el la sostenía por su cintura.

-dígame señor ¿de qué quería hablar? - ella aferrada a su cuello

-mmmmm por dónde empezar- decía tratando de hacer memoria- bueno de tu día tan raro amor-

-bueno, fue sumamente estresante todo, pero ya hemos dado los primeros pasos no lo crees- decía sin perder la vista de los ojos de su esposo.

-recuerda amor, pase lo que pase siempre estaré contigo- Candy asintió y abrazo a su esposo, ella deseaba sentir ese calor la fuerza de Albert, siempre lograba darle paz a su corazón.

-amor te prometo que, aunque este muy ocupada con el entrenamiento y las cosas de la regencia no voy a descuidarlos en ningún momento a usted tres, ustedes son mi familia y lo único que más me importa- lo vio fijamente, mientras un dedo de Albert sellaba sus labios.

-no amor, no solo tienes la responsabilidad de nosotros ahora tienes también en tus manos a un pueblo entero- la cara de Candy bajo instintivamente.

-perdóname Albert- dijo mientras unas lágrimas escapaban. El movió la cabeza y con la misma mano que la había cayado hizo que lo viera a los ojos.

-te lo dije Candy no hay nada que perdonar, sabíamos que esto hiba a pasar- sonrió- además amor yo no veo aquí a la REGENTE DE ESCOCIA- empezó a examinar la mano de Candy, su pecho y su cintura, paso su mano en su pierna, mientras ella sonreía nerviosa.

El la miro – no veo por ninguna parte de ti ahora a la regente amor- Candy inclinó su cabeza tratando de pensar en la reacción de Albert- mira amor, la Regente estará en palacio, en tu oficina y en el tribunal y cuando llegues a casa solo, será mi AMADA CANDY- ella sonrió entendía perfectamente lo que su esposo le decía – entiendes mi amor, solo es el lugar de donde estemos, pero REGENTE O NO nunca debes olvidar- toco su corazón con su dedo índice- que tú siempre estarás aquí y nunca dejaras de ser lo más valioso para mí-

Candy sonreía al ver que siempre podía recurrir a Albert para tener esa paz y agradecía a Dios por la dicha de tenerlo por esposo, toco su corazón ella también – y usted aquí- sin proponérselo por inercia y sellando un pacto implícito en palabras se besaron, el beso cobraba de nuevo una pasión mientras ella aferrada a su cuello y el a su cintura.

De pronto el mágico momento fue interrumpido por la voz de un George – señores, disculpen-

A regañadientes se despejo de Candy y esta le susurro- déjalo que se vaya amor por favor y perdámonos un momento de todo- Albert asintió y volvió a besar a su esposa.

Cuando volvió a hablar George – disculpen, pero ambos los buscan abajo- Albert volvió a separarse de su esposa.

-George, si no es algo de vida o muerte; puede esperar para mañana- decía sin soltar la cintura de su esposa y un tono de fastidio.

George sabía que no era buena idea cuando la señora Eloy le pidió que fuera por ellos a su habiatacion, supuso donde estarían conociendo a ese par cuando las niñeras le informaron que ellas mismas habían acostado a los gemelos puesto la señora estaba trabajando en su despacho, George sonrió agradeciendo la información mientras pensaba -sí, me imaginó en que trabajan los señores- pues Albert se había retirado a buscar unos estado financieros para estudiarlos pero después de 10 minutos sin aparecerse por el estudio Archie y el comprendieron que no hiba a volver; seguro por la distracción de cierta mujer rubia que seguro había acaparado la atención del joven patriarca. Se disponían a retirarse a dormir cuando la puerta de la biblioteca fue abierta por una preocupada Señora Eloy, pidiendo la presencia de William en la sala de la estancia.

En fin, estaba ahí en la puerta de la oficina del matrimonio cuando se decidió por tocar la puerta al escuchar silencio.

-disculpa William, pero te aseguro que es de suma importancia- dijo soltando un suspiro – la señora Eloy requiere tu presencia pues han llegado un par de oficiales buscándote-

Albert se le hizo raro que George le dijera eso, Candy comprendió que era algo urgente, se levantó del regazo de su esposo para que él se levantara de la silla, aun se arreglaba sus ropas cuando Albert abrió la puerta.

- ¿Qué pasa George? - dijo serio e intrigado por aquellas visitas

Apenado George – no lo sé William no han querido decirnos nada hasta hablar contigo- Albert vio a Candy y ella se acercó.

-espero no sea nada grave amor- dijo viéndolo con angustia

-descuida cielo revisare que necesitan- mientras Candy asentía. George se dirigió a ella

-disculpe señora Candy- ella lo miro- usted también tiene visitas- voltearon a verlo.

-¿a mí?- dijo despistada.

-si señora ha venido la señorita Minrret a buscarla- Candy se apeno claro, ella le había pedido verla con lo que paso en la oficina se le había olvidado ese detalle.

-¿Todo está bien amor?- pregunto Albert intrigado por la visita de Minrret a altas horas de la noche a la mansión.

Lo miro con una sonrisa- si descuida solo es un problema sin importancia- Albert la miro fijamente- descuida le diré que mañana lo arreglamos en la oficina, primero hay que ver por qué vinieron los oficiales ¿no lo crees? -

Albert movió la cabeza- Candy, yo veré a los oficiales para ver de qué se trata y tú puedas atender a Minrret- Candy asintió.

- pero ¿estás seguro yo puedo? - decía Candy.

-nada Candy si vino Minrret algo debe de estar pasando no lo crees- Candy asintió, le dolía no poder decirle a Albert el motivo de la visita de Minrret, no quería ocultarle nada, pero era por su seguridad entre menos lo involucrara estaría más seguro, al fin de cuentas ella se había metido sola en el lio.

-está bien- dijo resignada, salieron de la oficina y George tomo la mano de Albert.

-adelántese señora- le sonrió – necesito decirle algo al William- Candy asintió, unos minutos después Albert se giró al ver como Candy tomaba las escaleras.

-William-el giro – los oficiales buscan a Archie, pero la señora no quiso que saliera por eso me pidió que viniera a buscarte-

-está bien George no hay problema yo los atenderé- se giró y volvió a tomarlo de la mano- ¿ahora que paso George? - mientras veía como le ofrecía su pañuelo.

Apenado le dijo- deberías de limpiarte los labios William, el color rosa de la señora Candy no se te ve muy bien que digamos amigo- sonrió y Albert apenado tomo el pañuelo limpiándose los labios

Gracias George- fue lo único que dijo mientras se apresuraba a dar alcance a su esposa.

En la sala de estar se encontraban dos oficiales de la policía local, con su uniforme azul y debidamente alineados, esperando el arribo del patriarca de los Andrew. Mientras Minrret esperaba en el descanso de las escaleras a Candy. Cuando vio que bajaba se cuadro e hizo reverencia.

-buenas noches majestad- dijo seriamente

Candy le regalo una sonrisa- buenas noches gracias por venir-Minrret se acercó a Candy – tú sabes por qué han venido esos oficiales a buscar a mi esposo? - ella negó con la cabeza

-no he sido informada de nada, lo siento, majestad- dijo ella desconcertada - ¿gusta que vaya a averiguar que se les ofrece? -

Una voz ronca se dejó escuchar – descuide Minrret yo los atenderé mientras ustedes arreglan su asunto- dijo regalándoles una sonrisa a las dos bellas damas.

-amor, pero yo quiero acompañarte- decía preocupada Candy.

-descuida yo lo soluciono. Dijo seriamente- atiende a Minrret en el despacho quieres- Candy comprendió y le indico a Minrret que la seguirá mientras él se encaminaba a la estancia.

-majestad ¿si gusta voy a revisar? - dijo Minrret al ver la cara de preocupación de Candy

Le regalo una sonrisa- descuida, si Albert necesitara algo nos hablara- abriendo la puerta de la biblioteca mientras Minrret asentía- lo que tengo que hablar contigo es igual de importante y no tardaremos mucho, así que mejor lo terminamos para ver que está ocurriendo- mientras entraban a tomar lugar en la amplia sala.

En la estancia era otro el ambiente, la tía abuela había mandado traer un servicio de té para los oficiales mientras esperaban a Albert; en vano intento sacar alguna información a los oficiales; ellos se limitaban a decir que necesitaban hablar con el señor Archivald o con Sir William.

En un momento se tensó en ambiente en el recibidor de la villa, cuando la tía abuela vio como los oficiales poniéndose de pie, sin duda William entraba.

-buenas noches señores- decía mientras entraba al recibido.

-disculpe la hora tan inoportuna de molestarlo- decía un oficial.

-descuide en que puedo ayudarlos- mientras les indicaba a los oficiales que tomaran asiento en la sala y ellos prefirieron seguir de pie.

-¿usted es Sir William Andrew?- Albert asintió el oficial era joven tal vez 33 años, de tes blanca, pelo oscuro, delgado pero de una mirada miel penetrante.

-soy el oficial Alex Starnint, mi compañero el oficial Peter Contesrt, venimos por lo siguiente- extendió un papel que inmediatamente tomo William.

La cara de William se descompuso al leerlo; la tía abuela le dijo – ¿qué pasa, William? -

El volteo que verla – encontraron a una joven tía, fue asaltada y está mal herida- dijo Albert con seriedad.

La tía abuela se levantó bruscamente- ¿y eso que tiene que ver con nosotros? - dijo viendo a los oficiales.

-mucho o eso creo señora- desconcertado el oficial Alex hablo

-explíquese, por favor- dijo la tía abuela perdiendo la paciencia.

-tía- dijo William sereno

- la joven solo pronuncia en su delirio Archie, William- el oficial apenado

-sigo sin entender- decía la tía abuela molesta- en Escocia hay muchas personas con ese nombre que atañe a mi familia respecto esa muchachita-

Albert la vio y le extendió el papel que adentro traía una insignia muy conocida-esto tía-

La tía abuela se llevó las manos a la boca cuando vio el peculiar objeto que traía la carta.

En la biblioteca Minrret tomaba un té que había ordenado Candy, esta sacaba de un cajón con llave una nota y se acercaba adonde estaba Candy.

-por esto te he mandado llamar- extendiendo su mano.

Minrret tomaba el papel y lo leía.

DE ANTEMANO FELICIDADES POR SU NOMBRAMIENTO MAJESTAD, URGE VERNOS.

DEM.

Minrret voltio a ver a Candy – es de Dimitri de Irlanda- Candy asintió

-si- dijo mientras se dirigió a un ventanal

-majestad y que piensa hacer? - fue la respuesta de Minrret mientras Candy se volteo a verla

-entrevistarme con el- dijo fríamente

-majestad ¿pero? - Candy se acercó a ella

-arregla lo necesario para entrevistarme con el- dijo fríamente

-pero si requiere el pago de la deuda majestad- tratando de analizar el ¿Por qué? De la misiva – no es conveniente-

Candy sonrió – el me ayudo cuando lo necesita- suspiro- es hora de pagar el favor Minrret-

_HOLA ESPERO LES VAYA GUSTANDO EL GIRO QUE VA TOMANDO ESTE HISTORIA Y CON GUSTO ESPERO SUS COMENTARIOS PARA PODER SEGUIR DANDOLE VIDA Y SEA DEL AGRADO DE TODOS.

BESOS Y SALUDOS A TODOS

ATTE. ANA

PTD. ESPERO SUBIR MAS SEGUIDO CAPITULOS ES UNA PROMESA.