CAPITULO 6
NUEVOS RETOS.
Después un silencio sepulcral por parte de Minrret, vio a Candy fijamente.
-entiendo perfectamente – se inclinó para hacer una reverencia- se hará como usted disponga su majestad- Candy asintió con la cabeza agradeciéndole. Minrret se disponía a salir, cuando la voz de Candy la detuvo.
-Minrret- dijo Candy, ella volteo inmediatamente.
-si majestad- parada antes de abrir la puerta.
-necesito que este encuentro sea con la mayor discreción posible- suspiro.
-majestad- la vio a los ojos- entonces otra vez –
Candy hablo antes de ella terminara la frase- sí, otra vez- se giró buscando la ventana para perder su mirada en la oscuridad de la noche- sin que sepa mi esposo, ni mi padre y mucho menos mi abuelo y ni Mercy entendido- dijo sin voltear a verla. Ella se acercó a Candy con cautela.
-majestad, no entiendo el porqué de su hermetismo, usted me había comentado que su padre sabia sobre el asunto con Irlanda- dijo viendo como Candy movía su cabeza en forma de negación- le pido que por lo menos le diga a su esposo Sir ..-
Candy volvió su cuerpo para ver a Mercy y su mirada era fría – he dicho no, nadie debe de saber sobre mi entrevista-Mercy se cuadro al ver esa mirada que nunca había visto en Candy.
-pero majestad- dijo en tono suplicante sabía que con los irlandeses debería tener cuidado si bien habían brindado su ayuda el pago a cambio de esa deuda sería algo de temer- su esposo podría ayudarle y-
Candy se aproximó a Minrret- entiéndelo Minrret, yo pagare esa deuda, no quiero que nadie más se involucre- la miro firmemente- seré la próxima Regente de Escocia y si no puedo solucionar este asunto yo sola como podre llevar este regencia- la miro a los ojos.
-yo lo entiendo, pero no creo que es justo para Sir William que usted le oculte las cosas- dijo la capitana con preocupación en su voz, pues sabía que tarde o temprano le traería problemas-y su padre no lo aprobara le puedo asegurar que …-
Candy apretó sus manos- sus sugerencias salen sobrando Capitana, he tomado una decisión y usted ha recibido una orden, solo dígame ¿entendió o no la orden?- Minnert se cuadro y asintió la cabeza- la que ahora lleva la regencia soy yo y no mi padre, ni mi esposo entendido, las cuestiones refentes a la regencia solo refieren a mi persona y a nadie más entendió Capitana- dijo fríamente
Minrret volvió a cuadrarse- lo siento mucho majestad, entiendo a la perfección y tendré la audiencia dispuesta según sus exigencias- dijo con gran seriedad.
-ahora puede retirarse capitana- dijo Candy sin bajar el tono determinante de su voz- es todo por el momento, avíseme a la brevedad cuando será la reunión- Minrret se dio la media vuelta dejando a Candy en la habiatacion, sin antes hacerle una reverencia.
En la oscuridad de la habiatacion, Candy voltio a ver la ventana y perderse en la negra noche, mientras escuchaba como la gran puerta de caoba se cerraba detrás de ella.
-discúlpame amiga mía, sé que tienes la razón, pero- suspiro un momento- tengo que solucionar el problema que yo misma contraje al aceptar esta ayuda, de por si es mucho que nos arriesgamos las dos en esta misión, como para involucrar a más gente- se giró para dirigirse a la puerta- solo espero que lo que pida a cambió Dimitri se lo pueda dar sin afectar a más persona- antes de abrir la puerta suspiro.
Dirigió sus pasos al vestíbulo donde se encontraba la tía abuela y Albert platicando puesto que los oficiales se habían retirado, se acomodó su vestido y puso una sonrisa en su rostro.
-buenas noches- dijo tranquilamente mientras saludaba a la tía abuela.
La tía abuela se giró para verla y le sonrió, aunque su cara denotada preocupación – buenas noches, hija- mientras Candy se acercaba a abrazar a Albert.
Albert la recibía entre sus brazos y le regalaba un beso en su mejilla- ¿Cómo te fue con Minnert, Amor?, ¿pudieron checar el asunto pendiente? -
Candy le regalo una sonrisa- si amor, afortunadamente arreglamos ese imprevisto- viéndolo a los ojos- ¿y tu amor?
Albert se quedó callado por un momento- bueno creo que si-
- ¿Cuál era la urgencia? - mientras la tía abuela guardaba silencio.
-esto hija- se acercó la tía abuela para enseñarle lo que les había dejado los guardias.
La cara de Candy cambio al ver lo que la tía abuela le dejaba en las manos-¿pero cómo ha llegado esto a manos de la guardia?- miraba desconcertada a Albert, sabía que lo que tenía en sus manos era insignia de la familia . Albert la miro.
-una joven está convaleciendo en el hospital y traía esto como única referencia- guardo silencio- y solo repetía los nombres de Archie y el mío- Candy lo observo con preocupación.
-lo peor hija, es que esta insignia solo es llevada por los primogénitos del clan- decía la tía abuela preocupada- William se comprometió a ir a verla mañana al hospital-
-Albert- dijo Candy con preocupación – yo quisiera ir contigo- guardo silencio- pero mi padre me requirió en palacio a primera hora de la mañana amor, comenzara el entrenamiento con varias audiencias- su mano toco su barbilla y giro su cabeza para ver el amplio reloj del vestíbulo- sí, mando un mensaje a palacio le puedo avisar a mi padre que llegare unas horas despues-
Él le regalo una sonrisa- descuida pequeña yo veré de lo que se trata, no puedes posponer tus audiencias- le dijo tomando su mano.
-descuida hija- se aproximó la tía abuela- yo iré con William a ver quién es la misteriosa joven- regalándole una sonrisa.
-pero tía- dijo Albert inmediatamente- usted tenía una cita para ver a Sir Lancaster, temprano-
La tía abuela sonrió- si lo sé, pero es más fácil hacer esperar a Henry que esta pobre niña a su padre- hizo un guiño con su ojo- A Henry se lo compensare después- mientras la cara de sonrojo de la pareja se hacía evidente, Albert pensó – en verdad desconozco a mi tía, parece una jovencita y dios tenga piedad de Sir Lancaster con esta gran mujer a su lado-
Se giro rumbo a las escaleras - y ustedes muchachos debería ir a descansar, mañana será otro día- dijo mientras se perdía en la oscuridad del pasillo.
Albert y Candy se vieron y rieron ante el comentario de la tía abuela la verdad estaba irreconocible- amor, creo que debemos hacerle caso a la tía abuela y retirarnos a descansar- dijo Albert mientras la abrazaba y besaba el cuello de su esposa.
Candy reía a causa de la caricia de su esposo, cuando lo miro a sus ojos- estoy con usted señor mío- recargo su cabeza en su amplio pecho- mañana será un día muy atareado además sus hijos esperan por nosotros- se despegó un poco de su esposo y vio como le dibujaba una sonrisa.
-señora mía, he dado órdenes de que las niñeras se ocupen esta noche de los gemelos- Candy no entendía el por qué había hecho eso Albert cuando sin pensar fue sorprendida por un demandante beso de su esposo mientras la abrazaba con pasión desbordada y carisias con el erotismo más delicado que destilaba sus manos.
- ¿pero señor mío? - dijo con un sonrojo visible-
Desisto el abrazo para en un ágil movimiento la levanto en sus brazos caminando con ella a las escaleras- nada debe decir mía amada ninfa, hoy deseo perderme entre tus encantos y extasiarme con tus besos, devorarte y tenerte para mí solo – Candy lo beso y Albert siguió su camino, se perdieron en la oscuridad del pasillo.
Para que describir lo que paso esa noche entre las paredes de la habiatacion de aquellos amantes esposos, basta decir que ambos recorrieron sus cuerpos con la más exquisita delicadeza, se perdieron en su mundo por horas, mientras se reencontraban en el perfecto baile de sus cuerpos, entre la excitación y deseo.
Los primeros rayos de la mañana entraban por el amplio ventanal de la habitación mientras Candy abrazaba el cuerpo desnudo de su esposo, Albert abría perezosamente los ojos ante el sonido de un fuerte llanto de la habitación continua, con sumo cuidado se despegó del cuerpo de su esposa, saliendo de la cama, se acercó al taburete de pie tomando el pantalón café con rayas blancas de pijama de franela olvidando su camisa tratando que el llanto del bebe no despertara a su madre y abriendo la puerta al costado izquierdo donde reposaban sus hijos. Entro y encontró a William despierto y lo cargo llenándolo de besos.
-ven amor- recostándolo en su hombro derecho, mientras se acercaba a la cuna de Iain, viéndolo. El pequeño William aun lloraba mientras su padre caminaba por la habiatacion dándole unas palmaditas- vamos pequeño, mama y tu hermanito aun duermen déjemelos descansar un poco más- lo alzo enfrente de él y el pequeño le regalo una sonrisa callando su llanto.
Albert llevo al pequeño para cambiarle su pañal y jugo por unos momentos con el mientras se sentaba en la mecedora de la estancia de la habiatacion, cuando el llanto de Iain se hizo presente, Albert se levantaba llevando a William en sus brazos y sonreía a su hijo.
-hola pequeño- mientras con una mano acariciaba su mejilla - buenos días dormilón- el pequeño veía a su padre y silenciaba su llanto para regalarle una sonrisa – en un momento estaré contigo- le decía mientras dejaba a William recostado en la cuna- espere un momento caballero atenderé a su hermanito y vendré por usted-
Albert tomaba al pequeño entre sus manos y lo llevaba al cambiador, entre juegos y dulces palabras calmaba al inquieto Iain para cambiarle el pañal, mientras repetía un monologo para que William no lloraba. él estaba ocupado atendiendo y platicando con sus hijos como si fueran adultos. Candy se había levantado acomodando sus rizos en un rodete y cubriendo su cuerpo con un fino camisón de seda rosa y una bata blanca que la cubría; se recargo en la entrada de la habiatacion observando la tierna escena que compartían esos tres amores suyos, mientras Albert con su monologo sobre la importancia de estar vestidos adecuadamente y como la tía abuela los retaría si no les arreglaba; Candy con una sonrisa y manos cruzados veía y escuchaba las indicaciones de protocolo de Albert.
-hubiera dado todo lo que tengo por no hacerlos pasar tantas penalidades amores- decía para ella misma- quisiera que fuéramos solo una familia simple y sin contratiempos- una lagrima bajo por su mejillas- sobre ustedes recaen tanta responsabilidades, mis dos pequeños amores que aun en su tierna infancia no comprenden, pero siempre estaré para ayudarlos en todo- vio a su esposo- tu mi dulce Albert, eres el mejor de los hombres que hay en la tierra mi amor, cada día agradezco a dios por haberte puesto en mi camino- limpio la lagrima- POR ESTO MINRRET, POR LA TRANQUILIDAD DE MI FAMILIA NUNCA LOS INVOLUCRARE EN ASUNTOS DE LA REGENCIA, ESE PESO ES SOLO MIO-
En ese momento William empezó a llorar, Albert aun no terminaba con el travieso de Iain. Candy sonrío al ver el apuro de su esposo por acabar, se acercó a la cuna mientras Albert le decía- en un momento hijo casi termino- mientras Iain volvía a moverse y deshacía los dobles del pañal.
Candy tomo a su hijo en brazos- ven amor- lo cargo- es hora de darte de comer y ver como papa sigue peleando con tu hermano – reía mientras acunaba a William. Albert la vio y sonrío.
-así que por fin lograron despertarte- sin quitar sus manos de la tarea de cambio de pañal, Candy se acercaba a los dos con él bebe en brazos, dándole un beso a su esposo.
Con su dedo índice vio con la más tierna mirada a Iain que sonría mientras luchaba con todo su cuerpecito para hacer la tarea de su padre más difícil- señorito si no deja de moverse y permite a su padre cambiarlo- lo miro fijamente- no dejare que Steart juegue con usted por tres días- la cara del niño se fijó en su madre y como arte de magia se quedó quieto.
Albert la miro curioso, llevaba más de 15 minutos tratando de mantenerlo quieto y ella solo unos segundos y lo logro domar- ¿pero cómo lo lograste?- decía tratando de saber el secreto utilizado por su esposa, mientras esta se daba la media vuelta para sentarse en la mecedora para amamantar a William, Candy sonto una breve risa; mientras Albert se daba prisa para ponerle el pañal al pequeño y su ropa – solo hay que ser firmes William- mientras ambos reían por la frase que había utilizado Candy, ya que era la frase utilizada por la tía abuela.
Después de un rato de haber terminado de arreglar a los gemelos y darles de comer; los pequeños se durmieron y ambos los acostaron en sus cunas, Albert miro con una sonrisa a Candy- ahora amor me dirás el truco?- Candy sonrío
.está bien, lo que pasa es que Iain y Steart se la llevan muy bien- dijo mientras terminaba de arropar a William, mientras Albert la veía sin entender- una tarde Annie y yo los estuvimos buscando pues estaban escondidos jugando, cuando Annie regaño a Steart, Iain lloro tanto y manoteo a su tía para que no regañara a su primo- sonrío al recordar ese día- después regañe a Iain y Steart hizo lo mismo, ahí entendimos que son inseparables ese par-Albert entendió entonces por que el cambio de actitud de su hijo- así que cuando se portan mal en vez de regañarlos, les decimos que no les permitiremos jugar y se vuelven mansos corderitos-
Albert movió la cabeza y sonrío- igual cuando Steart y Archie eran pequeños- Candy asintió acercándose a su marido.
-fue lo mismo que dijo la tía abuela cuando le comentamos- mientras abrazaba a su marido y él le daba un tierno beso en su cabeza
-eran muy unidos- recordó con tristeza esos momentos, pues cuando eran bebes Albert podía acercarse a ellos, cuando tuvieron 5 años fue separado de sus sobrinos y comenzó su instrucción como patriarca y protector del antiguo secreto del clan, al igual que el nacimiento del famoso " tío abuelo William"
- amor, te has puesto triste- lo abrazo más- debió de ver sido muy difícil para ti ser separado de tus sobrinos y estar solo- Albert respondió el abrazo suspirando.
-si pequeña- viéndola a los ojos- pero era necesario por el bien de la familia y de ellos, era un peso muy grande para unos niños- suspiro aun teniendo a Candy en los brazos- aunque ese secreto llevo a tantas mentiras que lograron alejarme de las personas que más amo y lastime a otras – cerrando los ojos- como a Antony que tuvo que crecer solo- beso a Candy en su cabeza, deshizo el abrazo la miro a los ojos- nunca pequeña debes de guardar secretos tan grandes para afectar a tus seres queridos, no vale la pena ninguno si te cuesta separarte de las personas que más quieres-
Candy trago seco al escuchar las palabras de Albert, las entendía, pero no podía confesarle lo que había hecho aquella noche entre las paredes de aquel calabozo. Ella había guardado ese secreto y viviría con ese pecado, cerró los ojos apretándose más al cuerpo de su esposo. Recordando esas primeras semanas que despertaba bañada en sudor y gritando recordando la cara de Gordo y como Albert la abrazaba diciéndole que todo estaría bien. Cuantas veces quiso decirle la verdad, pero era una penitencia que solo ella llevaría por el bien de su familia.
Y si le decía a su esposo, no quería guardar secretos con el – Albert yo- dijo dudando Candy mientras Albert la veía con ternura. Un toquido en la puerta de la habitación interrumpió aquella conversación, mientras Albert le daba paso a la persona detrás de la puerta.
Un George entraba a la habiatacion, sonrojado por la escena que observaba, la señora en bata de dormir y Albert solo en pantalones de pijama. – buenos días- dijo seriamente, mientras Candy cerraba su bata y dejaba escapar a su esposo de sus brazos. Albert le regalaba una sonrisa a George.
-buen día George- mientras Candy se giraba dándole también una sonrisa.
-disculpen las molestias, pero ha llegado el carruaje señora para llevarla a palacio con este mensaje- George extendió su mano para darle a Candy el mensaje, ella lo leyó y vio a Albert.
-gracias George- dijo doblando el papel.
-William debemos atender el asunto pendiente- dijo apenado y Albert asintió
-en un momento estoy en el comedor George, mi tía- dijo revisando por última vez a Iain que se había quitado la sabana.
-en el comedor esperando- dijo George- me retiro-
-gracias- dijeron ambos mientras George salía de la habiatacion
-Candy- fue lo que le dijo Albert al verla que se quedó pensativa -¿todo bien amor?-
Candy se giró- mi padre me solicita de urgencia- entregándole el papel a Albert, este lo leyó rápidamente- se han reportado trece casos de gripe española en Escocia- dijo firmemente
La cara de Albert cambio al igual que Candy en preocupación- esto es grave Candy- ella asintió
-tendré que confirmarlos primero y pensar- Albert la interrumpió
-cómo evitar una epidemia- ella asintió.
Rápidamente los dos entraron a su habitación para arreglarse para el día pesado que tendrían, después de un baño y alistarse bajaron al comedor para tomar el desayuno rápido, durante él se pudieron de acuerdo con la tia abuela para las diligencias y los cuidados que deberían de tener con el personal de la villa, todos los cuidados seria mínimos, si Candy como se lo imaginaba, puesto que La gripe española era una pandemia de gripe de inusitada gravedad. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan básicamente a niños y ancianos, los síntomas de la gripe española son los propios de prácticamente cualquier otro tipo de gripe. Elevada fiebre, dolores en los oídos, cansancio corporal, diarreas y vómitos ocasionales y en ocasiones dificultades para respirar y hemorragias nasales, debido al fuerte ataque que sufría el sistema respiratorio. Las medidas de higiene extrañas podrían ayudar a evitar el contagio.
Los Andrew se despidieron partiendo por diferentes rumbos y con miles de preguntas. Candy sumida en sus cavilaciones, enfundada en un traje sastre de color café oscuro con falda recta, una blusa de seda fina, el pelo recogido en una coleta alta y joyería discreta, el sonido de los tacones se hacía presente por los corredores del palacio, mientras sus manos jugaban con un folder de cuero café. La figura de la secretaria de su padre sonriéndole y la antesala de oficina llena de hombres elegantemente vestidos esperando el turno de su audiencia que al verla interrumpieron sus platicas poniéndose de pie y haciendo una reverencia mientras sonreía.
Estuvo enfrente de la puerta de la oficina de su padre cuando hiba entrar se escucharon las voces de su abuelo y Mercy que discutían algo a coloradamente, abrió la puerta solo para ver como su padre sentado atrás de su amplio escritorio estaba sumergido leyendo un reporte, Minrret en un traje blanco con finas rayas negras, aun con un sombrero de tul blanco con flores en pastel, guantes de gasa aun puesto discutía con su abuelito vestido en su impecable traje negro estilo italiano. Su padre le sonrío al verla atravesar la pequeña estancia y acercarse al escritorio.
-buenos días mi niña- dijo André dejando los papeles en el amplio escritorio.
Mercy y Armando voltearon a ver a Candy y le regalaron una sonrisa- buenos días-
Candy se acercó al escritorio y dejo su folder sobre este y le regalo una amplia sonrisa- buenos días- se acercó a besar en la mejilla a su padre y después a su abuelo- se puede saber por qué están discutiendo tan temprano ustedes dos- mientras ponía sus dos manos en sus caderas viéndolos retadoramente.
Mercy se quitó su sombrero y se sentó en una silla cercana- es que es imposible hablar hoy con el abuelo- dijo soltando un suspiro.
Su abuelito hizo lo mismo- esta niña que es más terca que una cabra montallesa- dijo cruzando sus brazos y sentándose. Candy miro a su padre y este le regalo una sonrisa moviendo su cabeza.
-lo que pasa pequeña es que tu prima- lo miro retadoramente- está muy preocupada por los reportes del hospital civil sobre los casos de la gripe española que llegaron esta mañana-
En ese momento Lord Armando hablo- es que tu prima quiere hacer una tormenta en un vaso de agua- Mercy lo vio con ojos desafiantes- no confía en la buena salud escocesa- frunciendo el ceño.
-no es eso- volvió a levantar la voz- lo que pasa es que nuestro abuelito no ve lo delicado de la situación- ella también cruzo las manos.
André movió la cabeza mientras Candy trataba de guardarse una sonrisa traviesa al ver la actitud de ese par- así han estado toda la mañana- rieron padre e hija.
-haber abuelito- dijo Candy acercándose a él, con una mirada dulce- primero debemos confirmar los casos para saber que vamos hacer- Mercy la vio con una mirada de gracias- sé que los hombres escoceses son muy fuertes y de salud ejemplar pero esta epidemia es muy peligrosa- su abuelito movió su cabeza. André hiba hablar cuando su secretaria entraba al despacho.
-disculpen la molestia- decía la mujer entrando con unos folders en sus manos- han llegado los papeles que esperaban- la mujer de mediana edad enfundada en el traje sastre de color azul marino y camisa blanca, ajustando sus lentes se acercó a Lord André para darle los papeles, este los leyó mientras la mujer salía de la oficina. La cara de Lord André cambio y Candy lo miro
-padre- dijo preocupada.
André la miro fijamente mientras todos guardaban silencio- se han confirmado- suspiro – ES GRIPE ESPAÑOLA- todos se quedaron mudos por un momento. Armando tomo la palabra levantándose de la silla
Debemos de hacer algo antes de tener una pandemia hijo- miro a André fijamente mientras Mercy se levantaba.
André dejo los papeles y se levantó de su asiento- estoy de acuerdo contigo padre tenemos que tomar medidas para evitar una desgracia- vio a Candy fijamente, extendió su mano para señalar la silla que antes ocupaba- es hora de que empieces hija mía, ¿Qué vamos hacer? -
Fue solo una frase y el peso de unas miradas, lo que hiso que Candy entendiera la situación. Empezaría con el primer reto de su Regencia, ya no era simples disputas entre personas y familiares descontentos. Ahora tenía que tomar manos a la obra para prevenir una pandemia en Escocia que si no era atendida cobraría miles de vidas. El peso de la regencia lo empezaría a sentir ahora, una decisión mal tomada y miles sufrirían. La seguridad de un país dependía de ella y sus decisiones.
Movió su cabeza y hombros tratando de relajar su cuerpo, sonrío y se sentó en la silla de su padre. Nunca pensó que esa silla fuera tan dura y ese escritorio tan grande todos esperando que decir. Cerro los ojos haciendo una rápida oración al creador para pedirle sabiduría y fuerzas.
-entonces empecemos hacer el plan de contingencia para contener la gripe española- fue lo único que dijo mientras los tres asintieron – manos a la obra, tenemos el tiempo en contra pero debemos evitar más contagios- con esas frases comenzaron a trabajar toda la mañana, mientras la secretaria de la regencia corría por los amplios corredores del palacio llevando a los miembros del tribunal y los doctores de palacio, a la capitana y general de la guardia, para una reunión de emergencia para contener la epidemia.
Candy y Mercy encabezaban la reunión y se ponían de acuerdo con los funcionarios para llevar a todas las medidas de higiene y provisionar a los hospitales, consultorios y dispensarios con las medidas de seguridad y la medicina que tenían a mano. La junta duraba horas mientras se hacían los arreglos de vez en cuando Candy veía a su padre y este asentía dándole la aprobación algunas medidas.
Lord Armando sonreía mientras veía a sus nietas discutir y preparar todo, Lord André se acercó para preguntarle en un murmullo el motivo de su risa, él lo voltio a ver y en susurro le dijo- me recuerda ese par a un par que yo conocí- André movió la cabeza en signo de desconcierto- mi madre y tu madre cuando ese par se juntaba podían desarmar a Escocia en un segundo y armarlo en un instante- miro a Candy y Mercy mientras daban órdenes para seguir el plan que habían ideado horas antes- Candy tiene la fuerza de tu madre, mira solo con una mirada fija y voz firme hace que los hombres sigan sus indicaciones- rio al ver a Mercy – esa otra testaruda no se deja ni un céntimo, tu abuela era capaz de negociar por horas hasta lograr lo que ella quería – viendo como debatía con el encargado de surtir los medicamentos a los hospitales.
André sonrío- si padre pero mi Candy tiene la fuerza de su madre- indico para que su padre viera como hiba a mediar los ánimos de la pelea que tenía su prima y lograba su cometido. Mientras Armando asentía con una sonrisa – será una gran regente- decía con un orgullo inexplicable.
Candy los veía a lo lejos y se acercó- señores no por estar jubilados no pueden ayudar así que venga con nosotros para ordenar esto- se puso las manos en la cintura- necesitamos todas las manos posibles- les sonrío – no creo que se quieran perder de la diversión o si – los dos hombres rieron y se levantaron para ayudar con los arreglos.
En otro lugar tres figuras imponentes entraban al nosocomio, eran llevados por un doctor que los esperaba para llevarlos al cuarto de aquella joven. AL llegar Albert y la tía abuela se presentaron con el director del hospital y este le informo seriamente.
-la señorita, fue encontrada en Edimburgo hace tres días, al parecer fue asaltada y la golpearon- decía el galeno leyendo el informe- fue ingresada al hospital con varias fracturas en las costillas, ha presentado fiebre y no despierta desde entonces, en sus delirios mención su nombre Sir y el de su sobrino- Albert permanecía sentado frente el escritorio del director- si me atreví a llamarlo fue porque en sus pertenecía encontramos la insignia de su familia- lo miro fijamente- ¿cree que pueda saber quién es?-
Albert guardo silencio tratando de analizar toda la información- me gustaría verla doctor en realidad – dijo pensativo – igual que usted tengo curiosidad por la joven-
-entonces el Doctor Leonardo los llevara- dijo indicando con la mano al doctor que permanecía de pie- espero que pueda ayudarnos aclarar ¿Quién es la joven? - Albert asintió.
Habían llegado al cuarto que se le había asignado a la joven, el galeno abrió la puerta y entraron los caballeros y la tía abuela; una enfermera se encontraba ahí, termino de aplicarle el medicamento y saludo a los presentes.
Albert y George se acercaron cautelosos aquella cama de hospital, George recorrió las cortinas para que la luz del día entrara y pudieran observar a la joven con más claridad, cuando Albert se acercó no daba crédito a lo que sus ojos veía y solo pudo decir – oh ´por dios que le ha pasado- puesto que sus cara aún tenía moretones, su faz era demacrada, parecía dormida en un profundo sueño se acercó y le quito de su frente un mechón de pelo; George al ver la reacción de Albert se acercó igual quedando petrificado al ver a la joven
-¿Qué hace ella aquí?- fue lo que dijo la tía abuela al verla- pobre ni amia- mientras en el silencio se hacía presente, la joven trato de abrir los ojos tratando de enfocar a los presente.
-ayúdenme- fue lo único que pudo decir antes de desmayarse de nuevo
