CAPITULO 9
¿QUE ES EL SIGNIFICADO DE SER UNA REGENTE? PARTE 1
La noche había caído en aquel hospital, después de escuchar lo que Patty les pudo decir al despertar, los dos se encontraban sumidos en el silencio, Albert le sugirió a Candy ir a descansar cuando se percataron que Paty estaba tranquila y las miles de promesas que le había sacado Candy a la enfermera que se encargaba de ella, asegurándole que volvería mañana temprano.
Albert llevaba abrazada a Candy, mientras esta tenia mil pensamientos sobre lo que hiba hacer referente a Patty. Los corredores parecían enormes y sin fin, ella se dejaba llevar por los brazos de su esposo cuando de repente sintió como Albert se detenía. Ella giro su cabeza para buscar los ojos de su esposo.
Vio la cara firme de Albert, pero noto un dejo de preocupación inminente, que nunca había visto en la cara del Patriarca de los Andrew y se atrevió a decir- ¿Qué pasa amor? - por curiosidad dirigió la vista donde Albert la tenía.
La única reacción de Candy fue soltar a su esposo y llevarse las manos a su boca. Albert permanecía en silencio.
La visión postapocalíptica que tenían frente a ellos, los dejo sin palabras. La amplia sala de espera del hospital estaba repleta de personas, madres con niños de apenas 5 años en brazos, una pareja humilde abrazada, el joven de apenas 30 años al parecer tenia recargada a su esposa con los ojos cerrados y la cara roja de fiebre. Un hombre vestido con ropa de trabajo gritaba pidiendo un doctor, mientras su esposa tenia en brazos a un pequeño de meses y su cara reflejaba el terror.
Una anciana sentada cubierta con un tartán mientras dos robustos hombres se encontraban inclinados, la anciana tocia asfixiándose mientras con una mano les deba su bendición. 50 personas en la sala, esperando turno, la ventanilla de recepción tenia una gran fila y la enfermera de apenas la edad de Candy se limitaba a escribir nombres, ante la desesperación de no poderlos ayudar. Una mujer vestida de campesina hiba entrando por la puerta del hospital, observaba a todos a su alrededor con ojos suplicantes, con sus codos abriéndose paso ante el mar de gente que se encontraba, su amplia falda llevaba cuadros donde antes había agujeros, sus manos sostenían un bulto en sus manos, mientras su cabeza era cubierta con un viejo tartán, de colores opacos por el tiempo. Su cara tenia lagrimas y sus manos temblaban al alzar bulto que apretaba contra su pecho.
De pronto se detuvo a mitad de aquella sala, el dolor que reflejaba en sus ojos no era igualable a la desesperación de su voz-por favor- gritaba mientras se acercaba a la ventanilla, sosteniendo a su hijo mientras caía hincada – mi hijo, se muere por piedad, un médico- se acercó el bulto a su oído tratando de escuchar cuando un grito hizo que Candy reaccionara – mi hijo no respira- la cara de la mujer reflejaba un dolor indescriptible mientras todos se volteaba a verla. Aquella mujer se inclinaba gritando de desesperación y sus gritos partían el alma, mientras descubría a su hijo acariciando sus mejillas llamándolo por su nombre, pero él bebe no reaccionaba y su cara estaba llena de llanto e impotencia.
Los pies de Candy tomaron vida propia, se alejó de Albert y como pudo se acerco a la mujer, se inclinó para quitarle al bebe, Albert la seguía y le ayudo a levantarse aquella mujer. Candy se giro y se dirigió a la ventanilla.
-Señorita- dijo con voz firme para tratar de llamar la atención.
La enfermera sin despegar sus ojos de la lista solo se limito a decir- un momento por favor, debe tomar su turno- Albert se acerco a su esposa mientras en sus brazos llevaba a la mujer.
Candy vio al pequeño y noto que aun respiraba, muy lento su coloración se volvía de un rojo a un azul muy pronto – señorita- volvió a gritar.
La enfermera se volteo con cara de fastidio, la pobre llevaba mas de 20 horas en la recepción y estaba cansada, al igual de frustrada por todo aquello que rebasaba su experiencia – ya le dije señora que tendrá que esperar su turno como todos, estamos al límite y los médicos no se dan abasto- sus ojos eran fríos.
A Candy se le endureció el rostro y grito – si este niño no se le da oxigeno morirá esperando un doctor – la enfermera vio la cara de Candy y bajo la mirada para ver al niño. Ya había salido de su cubículo, se acerco a Candy vio al niño y movió la cabeza.
-lo siento, pero no podemos hacer nada por este niño, está más muerto que vivo y hay pacientes que todavía podemos salvar- mientras se giraba. Entonces una furia se apodero de Candy y sostuvo a la enfermera por un brazo.
-que tontería dice- su voz se elevaba mas – le dijo que necesito un doctor en este momento, este bebe se puede salvar-
Mientras esta discusión se daba un viejo medico la había escuchado. Mackensi aun no se había retirado de aquel hospital cuando ese tono familiar de voz le llamo la atención. Se dirigió ante aquellas mujeres y dijo – Katherine ¿todo está bien? -
La enfermera se volvió a ver al doctor- no doctor, esta – viendo a Candy de reojo- mujer no quiere esperar su turno y este bebe …- no la dejo terminar cuando Mackensi giro para ver de quien se trataba.
La voz de Candy se hizo presente – este bebe necesita de inmediato a un doctor- la cara del galeno se descompuso al ver quien era.
-majestad- dijo y la cara de la enfermera estaba desconcertada - ¿usted aquí? - volvió a revisar al niño para percatarse de quien era, su alma volvió a su cuerpo cuando vio que no era ninguno de los hijos de Candy, pero se apresuro a quitarle el bebe de los brazos.
Candy reacciono al ver quien era – si doctor, mi esposo y yo – girándose para dejar ver a Albert y la mujer- nos retirábamos a casa después de ver a una amiga y …-
-vio lo que esta pasado verdad- Candy asintió
-este bebe esta muy grave y no ha sido atendido- el doctor Mackensi lo observo
-en efecto majestad, Robert- grito a todo pulmón y un joven médico se acercó al galeno – lleva a este bebe para que se le aplique oxígeno y puedan bajar la fiebre- se lo dio y galeno se retiró. La mujer se zafó de los brazos de Albert.
-gracias, que San Andrés la bendiga, señora- dijo mientras tomaba las manos de Candy, se limpiaba las lágrimas y caminaba detrás del galeno
-Doctor ¿Qué está pasando? - dijo Albert con voz enternecida, mientras abrazaba a Candy.
-la epidemia nos esta rebasado Sir William- movió su cabeza y masajeo sus ojos con su mano la otra atraía sus lentes – las enfermeras y los doctores hacen lo que pueden, pero no podemos atender a todos-
Candy apretó las manos, nunca pensó que esta epidemia sería tan devastadora – si clasifica a los enfermos con la TRIAGE, doctor- lo miro fijamente – podremos optimizar el tiempo de atención y los pacientes graves podrán ser revisados de inmediato- el galeno la miro desconcertado – es una nueva clasificación que usamos en Estados Unidos, para casos como estos –
-usted ¿podría ayudarnos?- el medico se atrevió a decirle puesto que había pasado todo el día viendo una manera de mejorar la atención, siendo el director podría tomar esa decisión- claro si Sir William lo permite- dijo viendo a Albert.
Candy volteo a ver a Albert y este asintió – creo que podría ayudarles- vio a Albert -¿amor? -
-descuida pequeña, ayuda en lo que puedas- se giro viendo a la gente que volteaba esperando para que fueran atendidos- te necesitan y si puedes ayudar hazlo-
- ¿los niños?- dijo Candy recordando a sus pequeños, el le sonrió y acaricio su mejilla
-descuida los bebes y yo estaremos bien- se giro a ver al doctor- se la encargo mucho Dr. Mackensi- el hombre asintió
-descuide Sir William se lo importante que es su esposa para todos- Candy abrazos a Albert y le beso en la mejilla. A el le hubiera gustado volver con su esposa, pero ver ese cuadro deseaba que los conocimientos de Candy pudieran ayudar a salvar vidas, él quería quedarse, pero los pequeños estaban en casa alguien debería de cuidarlos. Rogando a dios dejo que Candy se quedara en el hospital, prometiéndole que vendría por ella en la mañana.
Albert estaba a punto de cruzar la puerta para salir del hospital. Candy veía al doctor y le dijo – creo que debería cambiarme no lo cree-
Mackensi no podía creer lo que estaba pasando la regente de Escocia ayudaría, movió su cabeza cuando sus pensamientos lo hicieron recordar a una joven rubia que siempre estaba dispuesta ayudar; el era un joven medico cuando daba sus practicas en aquel hospital, la joven de cabellera rubia siempre hacia su aparición por las tardes para ayudar. Un día descubrió que era miembro de una casa muy antigua de Escocia. El estaba perdidamente enamorado de ella por su sencillez y bondad, había sido enviado a Londres desde pequeño, observando a las damas de la alta aristocracia ir ayudar a los hospitales y obras de caridad siempre tratando el trabajo como una forma más de quedar bien, pero esa pequeña rubia lo hacía siempre por amor al prójimo. Su corazón se partió el día que, armado de todo valor, hiba a la villa de los Macgregor a pedir permiso para cortejarla y la vio salir de la mano de su gran amigo André Estuardo. Dejo su amor un lado al ver lo bello de su relación, prefirió la amistad que perderla para siempre. Su huida y su muerte lo había marcado por eso decidió hacerse cargo de la salud del regente, en promesa a su vieja amiga y permaneciendo a su lado siempre. Suspiro recordándola y dejo escapar un susurro – Melody-
-disculpé doctor no lo oí- dijo Candy al no haber podido descifrar lo dicho por el doctor
-descuide majestad no dije algo de importancia- mientras le regalaba una sonrisa – por aquí por favor- indicándole un pasillo – la llevare a un lugar donde pueda cambiarse- Candy asintió y se dispuso a acompañar al médico.
La noche fue agitada, Candy había salido unos minutos después envuelta en uniforme de enfermera y con una tiza, se dispuso a pasearse por la sala, checando a los pacientes, marcándolos según la gravedad de sus síntomas, sus manos con guates y cubrebocas, dando cubrebocas a las personas que estaban y mandando a lavar las manos mientras ella clasificaba a cada uno de los enfermos pasando inmediatamente a los que necesitaban atención de urgencia.
Un par de enfermeras la observaba con curiosidad y empezaron a ayudarle por indicaciones del director para clasificar los pacientes, si tenían alguna duda le decían a Candy e hiba haber al paciente poco a poco se fue descongestionando la sala.
Todos le agradecían a Candy cuando quedaban unos pocos pacientes, Candy se limpiaba el sudor de su frente, el cubrebocas se había zafado de un lado y permitió ver su cara. Un hombre que la miraba escrupulosamente, se levanto para observarla mejor y ante la mirada atónita de todos se inclinó diciendo – su majestad-
Todos se voltearon a verla y Candy se sonrojo, inclinándose para levantarlo de aquella postura- no señor hoy no soy la regente- le regalo una amplia sonrisa – solo soy una enfermera más-
Que san Andrés la bendiga miladie por lo que esta haciendo- dijo el hombre con una sonrisa- dios mando un ángel para ayudar a Escocia-
Lo que paso después hizo sonrojar a Candy, pues todos en la sala se levantaron para hacerle una reverencia, las enfermeras que habían estado trabajando con ella se acercaron e igualmente hicieron aquel ademan, Candy suspiro y levanto a una de ellas- vamos chicas- regalándoles una sonrisa – todos de pie, por favor- mientras cada uno se levantaba – hoy solo está aquí la enfermera, por favor-
La enfermera que había ayudado a levantarse se le quedo viendo – majestad, pero-
Candy le sonrió – pero nada Nancy, tenemos mucho trabajo aun- inclino su cabeza - ¿les parece si seguimos aun hay personas esperando el turno para ser revisados? - las dos se reacomodaron sus uniformes y sus cubrebocas.
-como indique majestad- Candy movió la cabeza y siguió atendiendo a las personas mientras la noche seguía su curso.
Albert había llegado a la mansión, subió para checar a los niños que dormían plácidamente en sus cunas, la ama de llaves le aviso que la cena estaba dispuesta. Bajo al comedor, lo esperaban Archie y Annie, se sentó en su lugar y charlaban mientras les informaba que Candy se encontraba ayudando en el hospital. La cara de Annie se lleno de lagrimas al escuchar la historia de aquella pobre mujer. Se escucharon unos pasos apresurados que bajaban por las escaleras, abrieron la puerta del comedor.
Era Doroty aun vestida con su vestido en color café, su respiracion era apresurada, todos la miraron – buenas noches disculpen la intromisión, pero – empezó a llorar. Rápidamente Albert se levantó y se acercó a ella
- ¿Qué pasa Doroty? - dijo mientras la abrazo.
-es George señor William- los cubiertos cayeron en la mesa y tanto Archie como Annie se acercaron.
Albert la tomo por sus brazos y con desesperación le dijo -¿Qué tiene George, Doroty?- la mujer solo lloraba y Albert volvió hablar más fuerte – dime ¿Qué tiene?-
Entre sollozos- mucha fiebre señor Andrew y no puedo bajarla- la cara de los presentes se descompuso – en la tarde llego y se recostó, pensé que estaba cansado, pero- se llevó las manos a su rostro, Annie se acercó a abrazarla
-Doroty ¿Por qué no nos dijiste? - decía Archie preocupado
-señor yo- volvía a llorar – pensé que era cansancio, pero… o dios no he podido controlar la fiebre le subió muy rápido y está delirando-
Albert se mantenía estático, George no podía tener gripe española. No el, se repetía una y otra vez, su maestro, su amigo, su mentor no podía haberse contagiado. La única figura que el conoció como padre se encontraba postrado en la cama. Sin decir una palabra corrió lo más rápido que pudieron sus pies para llegar a la habiatacion que se les había dispuesto para ellos y su pequeña. La niña lloraba en su cuna mientras se acercaba, escuchaba la respiración entre cortada de su buen amigo.
Se acerco y efectivamente se encontraba hirviendo, solo escucho decir – ROSE ROSE no te vayas por favor- casi en un susurró, Doroty lo había seguido junto a Annie. Archie se había hido a buscar a Arturo y le pidió a Annie que no dejara sola a Doroty.
Albert las miro con sus ojos cristalinos y dijo – pongan la tina llena de agua helada- mientras retiraba las cobijas que envolvía a George.
-Pero señor- dijo Doroty alarmada por lo que hiba hacer. Observando como le retiraba la ropa a George.
-pronto Doroty, tenemos que bajar la fiebre a cualquier costo- mientras ella se dirigía al cuarto de baño. Albert alzo a George y lo metió en la tina con el agua helada. Annie observaba toda la escena en la puerta del baño. Doroty inclinada y Albert sosteniéndolo, se giro a ver a Annie y dijo firmemente – Annie- ella asintió- ve por la tía abuela y dile que venga pronto, seguro ella sabrá que hacer- ella asintió y salió del cuarto para buscar a la tía abuela mientras se llevaba sus manos al pecho
-dios mío- decía mientras corría al cuarto de la tía – no permitas que se muera por favor-
Annie llego lo mas pronto que pudo a la habiatacion de la tía abuela y toco. Emmy se había retirado temprano a descansar Henry la llevo temprano a casa, durante su paseo diario se sintió fatigada. Henry la vio y le sugirió que fuera a descansar, lo mas probable era la fatiga por los preparativos de la boda. Ella accedido, llego directamente a descansar, pero su cama le parecía muy fría a pesar de que había mandado prender la chimenea ese frio de muerte no la dejaban dormir y esa tos era insoportable tomo un fuerte te para contrarrestarla. Sus ojos se daban por vencidos cuando escucho esos toquidos en su puerta y se levanto de la cama cubriéndose con un chal.
-un momento por favor- dijo la tía abuela mientras se terminaba de poner las pantuflas y acomodaba su peinado, ese maldito dolor de cabeza seguía sin dar tregua. Se acerco a la puerta y la abrió.
Lo primero que observo fue a Annie bañada en llanto y balbuceando- tía, George, fiebre-
Trato de concentrarse para entender lo que decía esa muchacha, entre sus sollozos y su dolor de cabeza no le entendía algo frustrada le hablo- cálmate mujer y dime despacio que sucede- sus brazos seguían aferrados a su chal.
Annie limpio sus lagrimas y respiro profundo- tía abuela – la miro- es George –
La cara de la anciana se descompuso - ¿Qué tiene George? - al ver que no respondía le grito – vamos niña ¿Qué tiene? -
-tía George tiene fiebre y no pueden bajarla, William lo metió a la tina y …- no dejo que terminara cuando cerro la puerta de la habiatacion y empezó a caminar
-vamos muchacha llévame con el – la tía abuela camino para ir a la habiatacion, al entrar vio como Albert daba vueltas por ella y Doroty aun estaba con el en la tina. Al ver a su tía Albert sonrió y se acerco
-¿Qué paso William?- fue lo único que dijo
-tía Doroty bajo por que lleva horas tratando de bajar la fiebre, pero no cede y lo metí en agua helada- dijo con desesperación. La tía se acomodó el chal
-este muchacho, siempre le he dicho que se cuide- tomo el hombro de William- sácalo de la tina hijo y Annie llama a Margaret- los dos asintieron.
Minutos después George se encontraba en la cama y Margaret hacia arribo con los encargos de la tía abuela, ella se acerco a George y le descubrió el pecho. Miro a Doroty y Annie – recuerden niñas, un método para bajar la fiebre es- mientras con sus manos sacaba musgo de una palangana que traía la ama de llaves – colocar musco fresco en el pecho y la frente, ayudara a abajarla por lo frio que es – las volvió a ver – pero solo cuando la fiebre es altísima como esta, es el ultimo recurso de acuerdo- asintieron las dos.
Después de un par de minutos, la tía abuela permanecía sentada junto a la cama de George, cambiaba el musgo cuando este se calentaba, al poco tiempo la fiebre bajo y George abría los ojos.
Lo que encontró George nunca lo olvidaría, su mujer, la señora Annie, William su muchacho tenia una cara de preocupación que nunca había visto, giro la cabeza y vio a la tía abuela atendiéndolo, se lleno de pena y quiso levantarse cuando una voz enérgica llamo su atención.
-ni lo pienses George Jonhson- la tía abuela lo regañaba – solo he bajado la fiebre, pero asta que el doctor no te revisas no saldrás de esa cama- dijo firmemente.
De pronto se giraron y vio como entraba Archie apresurado con Arturo, lo había encontrado mientras se dirigía a la villa junto con Mercy, apresuraron el paso. La tía abuela se levanto para darle lugar a que lo revisaran, pero en ese mismo instante sus piernas la traicionaron y ante la mirada de todos Eloy Andrew caía al piso. Albert corrió a sostenerla antes de que se golpeara. Arturo le tomo la frente y dijo con seriedad.
-la señora Emilie esta ardiendo de fiebre- la cara de todos volvió a ponerse desencajada – hay que bajar la fiebre a toda costa- Albert asintió y detrás de el salió Margaret, aplicarían el mismo método. Cruzaba los amplios corredores de la mansión, mientras entraba a la habiatacion. Annie h preparará el baño y Margaret traía mas muslo. Albert daba lugar para que Annie retirara la poca ropa que llevaba la tía y la condujera el mismo a la bañera. Rogando a dios que todo esto fuera un mal sueño.
La mañana dio pie aparecer, Candy estaba agotada pero satisfecha había podido acrecentar la forma de atender a los pacientes, salió estirando su cuerpo cuando vio que el carruaje que la esperaba en la salida con la insignia de los Andrew solo estaba el cochero, una mala espina. Pero imaginó que Albert se encontraba con los pequeños y ella solo quería tomar un baño y dormir un poco. No dijo nada y subió al carruaje que la llevaría a su hogar, con su familia y a descansar.
En otra parte una puerta era azotada dejando a los presenten de aquella habiatacion perplejos. Una voz firme decía - ¿la encontraste Mercy? -
-no tío aun no la encuentro- estrello sus puños en el escritorio.
-sigan buscándola- dijo casi gritando
La capitana había llegado esa mañana al palacio en su acostumbrado uniforme azul rey y sus botas negras, para encontrar a un Lord André muy molesto, los reportes no dejaban de llegar y los suministros faltaban. Desde las 5 de la mañana habían despertado todos y el palacio era un ir y venir de gente tratando de solucionar los percances. Si bien Candy no tenia el titulo oficialmente de regente, necesitaban su firma en varios documentos para poder movilizar a los enviados a los países aliados para que le ayudaran con esta crisis. André estaba muy molesto, ni su padre, ni Mercy, ni Minrret la habían encontrado. La capitana entraba a la oficina sabia que la noticia hiba a poner aun de mas mal genio a Lord André.
-disculpe- se acercó al escritorio – hemos ubicado a la regente- todos la voltearon a ver.
-habla muchacha ¿Dónde está mi hija? - Minrret trago saliva aclarando su voz
-en el hospital de Edimburgo- André se dejo caer en la silla de su escritorio y su cara se descompuso
Armando hablo -¿Qué hace ahí mi nieta? ¿acaso? - Minrret movió la cabeza en signo de negación, mientras la sangre le volvía al rostro a André
-entonces ¿ que diablos hacia ahí, la regente de Escocia capitana?- fue lo que pronuncio.
-ayudando, como enfermera al hospital- dijo asiendo una mueca esperando un regaño, mientras la cara de Lord André se volvía fría.
Mercy tratando de suavizar las cosas y esperando que la capitana se hubiera equivocado - perdón capitana, ¿ha dicho que mi prima estaba ayudando como enfermera en el hospital? - Minrret suspiro.
-en efecto miladie se paso toda la noche clasificando enfermos y ahora se dirige a su villa- dijo sin vacilar.
André se levanto y se acerco a la capitana – su estupidez capitana no la entiendo – Minrret lo miro a los ojos- por estar ocupada en cosas irrelevantes ha puesto a Escocia en peligro por no saber cuidar a la regente- su tono era de molestia.
Armando se aproximó – André hijo-
Se volteo a ver a su padre- lo se padre, la culpa es de Candy- volvió a ver a Minrret con enojo – pero capitana – ella permanecía firme, sabía que su obligación era ser la sombra de Candy, pero el asunto "sin relevancia" que mencionaba Lord André requería de su presencia.
- tío- dijo Mercy tratando de calmarlo.
-nada hija – se acerco al perchero tomando su abrigo y sombrero.
Mercy le ayudo a colocárselo -¿Dónde va ahora?- colocando sus guantes
-por la regente de Escocia- abriendo la puerta – alguien debe enseñarle a esa niña su deber- azotando la puerta.
-ve hija- decía Armando con el abrigo de Mercy en sus manos – acompáñalo, tu prima necesitara ayuda con el – Mercy asentido- y usted capitana, vaya a programar una reunión urgente con el gabinete en una hora- Minrret se cuadro y salió hacer los preparativos. Armando solo movió la cabeza y dijo – las mismas cosas descabezadas hacías tu hijo cuando no sabias la importancia de tu cargo-
Nadie estaba en la mansión cuando llego Candy, se dirigió a su habiatacion, pero no vio a Albert suponiendo que se encontraba en la biblioteca o en el cuarto de los niños, se apresuro para cambiarse y asearse, tomo un baño tibio y otro de alcohol para tratar de desinfectarse se cambió a un vestido muy cómodo. Alisaba su cabello cuando sintió como la puerta de su dormitorio se abría y con una sonrisa dijo – buen día amor, ¿todo bien? -
Cuando una voz fuerte le respondió -no nada está bien señora mía- Candy se giró para ver de donde provenía la voz y su cuerpo se tenso al ver la expresión en los ojos de aquel hombre. En su vida pensó ver esa furia en sus ojos.
