Capitulo 46

HURACAN DE SENTIMIENTOS PARTE 2

La mañana a penas despuntaba en Edimburgo, Candy se levantaba con una sonrisa grande a pesar de no haber dormido mucho. Empezó acomodar todo en sus maletas, preparaba cada una con una gran felicidad y cuidado, pensaba en la sorpresa que le daría Albert y su cara de felicidad cuando se vieran esa tarde. Estaba ensimismada en sus pensamientos, cuando fue sacada bruscamente de ellos por el fuerte sonido de la puerta de su habitación. Se giro y con voz firme dijo- adelante-.

La figura de Oscar, perfectamente arreglado y recio en facciones, ella le sonrió – majestad, buen día, solo quería informarle que el príncipe Eduardo partió a primera hora a Londres- ella sonrió, satisfecha, por el logro que consiguió al sacar a ese maldito de su vida.

-gracias por la noticia Oscar- el asintió

-majestad, los jóvenes príncipes están atravesando la puerta principal de palacio- dijo aun con la sonrisa en su rostro- como lo ordeno dos niñeras irán con usted y la guardia que pidió a mando del capitán Mitchell se encuentra en la estación, solo el grupo de 10 soldados serán su guardia personal- Candy asintió gustosa porque sus peticiones fueron aceptadas.

-Gracias Oscar, por mantener el secreto y no decirle a mi padre- rio- era algo loco ¿no lo crees?- Oscar solo movió su cabeza- Oscar, quería que llevara un regimiento- alzo los hombros- puedes creer un regimiento completo-

Candy terminaba de colocarse sus guantes de raso, se giro a verse en el espejo completo y aliso su traje de dos piezas de color rojo vino y bordes de color blanco, su blusa de seda con holanes pequeños al frente y sus zapatillas de color blanco, lucían perfectos. Sus rizos estaban acomodados de lado y caía como perfecta cascada. Tenía un poco de color en sus labios un rojo que resaltaba su piel blanca. De joyería un collar de piedras pegada a su cuello y aretes también de perlas. Un poco de color café en sus parpados y sobre su guante el anillo de matrimonio que Albert le había dado. Se giro y con una gran sonrisa le pregunto.

-Oscar- él se giro- cree que se ve bien este traje o lo cambio por uno menos llamativos-estaba nerviosa, suspiro. Era como si estuviera arreglándose para su primera cita, por dios cuantos nervios y ansias tenia.

Oscar movió su cabeza en signo de negación- esta perfecto majestad, descuide a Lord Andrew le encantara- ella le sonrió. Por un momento recordó a Melody cuando se observaba mil veces por cada espejo del pasillo, se ponía tan nerviosa siempre que hiba a ver André. Suspiro profundo era como si esa mujer hermosa volviera. Siempre estaba perfecta y bellísima; sonrió para él, como su hija. Si se pusiera el vestido más feo del mundo aun se verían tan hermosa, no solo por figura y buen gusto, lo que adornaba y la así bella eran esos hermosos ojos verdes, su piel delicada y la pureza de su alma. Lo que siempre la lucia bella, igual que su madre. Si tuvieran idea de lo que provocaban, seguro tendrían miedo de su poder.

Se acerco a él- gracias, por favor cuide de mi padre en mi ausencia y si algo llegara a pasar-se quedo callada.

Oscar tomo la iniciativo enseguida- descuide majestad, todo estará bien- sonrió- vaya y descansé todo aquí estará bien, confié por favor- ella asintió.

Suspiro y enseguida un par de mucamas entraban por las maletas, ella le dio un beso a Oscar- gracias- dijo mientras recogía su sombrero y salía de la habitación para encontrarse con sus hijos.

Oscar se sorprendió por aquel gesto, sonrió y sin pensarlo susurro- espero que Dios la proteja, querida niña y la regrese con bien- suspiro y aplaudió para indicarles a las mucamas que se apuraran con sus deberes- vamos señoritas, su majestad saldrá en unos minuto puede espera- sonrió ante la vista de las mucamas- va en busca de amor- todas sonrieron y se apresuraron hacer sus deberes, después de suspirar un poco.

Candy salió a recibir a sus pequeños, estaba feliz y se apresuro a su encuentro. Pensaba mil cosas que harían al llegar; era la primera vez que sus hijos salían de Escocia y acaricio su vientre- vamos a ver a tu papa bebe- ellos aun dormían en el regazo de las niñeras. Sonrió y acaricio sus cabellos. Subió al carruaje y antes de cerrar la puerta. Una mano sostuvo la puerta y la figura de su padre y su abuelo entraban al carruaje.

Con una sonrisa en su rostro, su abuelo le dijo – no ¿pensabas irte sin despedirte de nosotros, princesa?- ella movió su cabeza.

-no, perdón pero estoy muy emocionada, abuelito- lo abrazo- espero que se cuiden los dos- se giro y vio a su padre cuando acariciaba la cabeza de William- por favor si algo llegara a pasar-

Su padre la vio con ojos de quererla matar- Candy Estuardo Andrew- ella lo vio- no soy un tonto y déjame decirte princesa que antes de que subieras al poder, yo ya manejaba este país, así que-

Ella le sonrió- NO DEBO PREOCUPARME POR NADA- dijo en tono de burla, asintieron su padre y su abuelito. El recorrido fue rápido, pues las recomendaciones de su padre hicieron que el tiempo se fuera rápido. Ella asintió y André no paraba de darle mil y unas peticiones para su seguridad.

El carruaje llego a la estación, todos bajaron mientras el tren se disponía todo para partir, las maletas se subían al tren, se refrescaba la mañana y rápidamente entraron al vagón especial. André y Armando llevaban a los niños en sus brazos y los colocaron es sus camas. Mitchell terminaba de asignar a la guardia que los acompañaba para el cuidado de la Regente.

Armando sonrió y se acerco al joven capitán – sin duda muchacho tienes toque para esto, haz superado a tu maestra- el asintió en agradecimiento por el cumplido recibido y salió del comportamiento para seguir su revisión y dejarles su privacidad.

Las niñeras se retiraron a velar los sueños de los pequeños y ella se retiraba el sombrero y daba unos documentos a su secretaria. Su padre se recargo en la pared del comportamiento y se quedo mirando a su hija, dando órdenes de último minuto sobre asuntos importantes y afinando los últimos detalles. Miro en su rostro un brillo inigualable en esos verdes ojos. Ella sintió la mirada y se giro regalándole una sonrisa a su padre.

André sintió una opresión en su pecho, el augurio que solo un padre puede sentir. Sabía que tal vez algo malo pasaría, lo presentía desde sus huesos. Pero tendría que confiar en ella. Se acerco y la abrazo y le dijo suavemente- cuídate princesa y si algo ocurre recuerda que ya no estás sola, solo debes de llamarme y estaré ahí, tan rápido que ni siquiera este tren, lo seria. Te amo-

Candy se desconcertó al escucharlo pero sabía que era cierto, su padre la amaba y nunca la dejaría sola. Con una sonrisa se despejo del abrazo y le dijo- descuida, volveré muy pronto y lo mismo para ti hee, cuídate- asintieron los dos.

La voz de Armando los hizo girar- vamos hijo o esta bella princesa nunca llegara a ver a su príncipe- se despejo inmediatamente y le dio un beso en su frente.

Candy se acerco y beso la frente de su abuelo- cuídalo abuelito, despídeme de Mercy y mis tíos, lamento no quedarme para despedirme de ellos, pero-

Su abuelo rio- tonterías hija, otro día iras a verlo y listo- acaricio su mejilla- cuando uno está enamorado, que importan los demás y tu mi niña; te mueres por besar a tu esposo, así que ve sin remordimiento que yo les daré tus disculpas- ella sonrió- habla cuando llegues y cuida a mis bisnietos hee-

Ella le dijo gustosa – y tu a mi padre- André lo vio y sonrió alzando sus ojos.

Mitchell se acerco para indicarles con un ademan que todo estaba listo para partir. André volvió- te los encargo muchacho, confió en ti, no me decepciones- el solo se cuadro y sonrió.

Las despedidas terminaron y los dos tuvieron que bajar y ver como el tren se perdía por las vías, con los tesoros más preciados de la nación y de su familia. Los dos hombres parados en aquel anden suspiraron y se vieron- hijo, leyó el último reporte de la guardia real-

André movió la cabeza- no quise dárselo, solo espero que lo que ahí estaba escrito sea una mentira- apretó los puños- te juro padre, que si él, la hace sufrir lo matare - Armando suspiro, el también confiaba que fuera solo un mal entendido.

Mientras tanto en un pueblito en Inglaterra. Albert se despertaba a un nuevo día. Solo abrió los ojos tratando de recordar lo que había pasado el día anterior. Camile se había caído en sus brazos, sus miradas se habían cruzado y ella instintivamente cerró sus ojos esperando una reacción de él. El se mantuvo firme pero se dejo llevar por la mirada de ella. De pronto sintió como ella se acercaba a él.

El sonido de una voz en las sombras lo hizo girar- señor Andrew- asiéndolo girar para encontrar la sombra que le hablo.

Camile abrió los ojos y se giro al ver quien los interrumpió. Albert inmediatamente la soltó y se giro a ver a Rafflles que estaba recargado en la pared, la cuerda de un reloj jugaba en sus manos – creo que se le hace tarde señor, para entrevistarse con un servido- sonrió a Camile- creo que la señorita entenderá, la urgencia-

Camile le sonrió y se giro a ver a Albert- disculpa, me retiro voy a pasar a cuidar a mi hermano- se sonrojo- espero que descanses, con permiso- asintió con su cabeza y se retiro.

Rafflles se acerco con una sonrisa y chiflo, moviendo su cabeza en negación- amigo- golpeo su hombro- es bella y peligrosa esa hembra- Albert lo vio desconcertado- aunque te diré amigo, he visto la foto de tu mujer amigo y sé que hay suficientes guardias imperiales escoceses de los que quisiera. Si fuera tú tendría mucho cuidado o te aseguro que no le va a gustar a tu bella esposa tu comportamiento con cierta jovencita. No cambiaria a una belleza como tu esposa por esa mujer-

Albert movió su cabeza- descuida, ni por que fuera la mujer más sensual del mundo, cambiaria a mi ninfa- los dos asintieron- y por los guardias- rio- seguro están entretenidos con algunas enfermeras-

Rafflles movió su cabeza- no te fíes muchacho. Las más peligrosas son las que se ven más inocentes. Demonios en cuerpos de Ángeles- el volvió a negar con la cabeza- mejor vámonos, antes de que tu voluntad se quebrante-

Se subía al carruaje- descuida, eso nunca lo verá-

Albert estaba dentro del carruaje y Rafflles subía- no te fíes muchacho, no te fíes-

Llego al hotel y comió algo, tomo un poco de vino y se dirigió a su habitación. Trato de hablar a Edimburgo pero nunca contestaron, era tarde y prefirió no insistir. Hablaría con su esposa por la mañana, aunque el sueño fue envuelto de pesadillas y malos presentimientos. Vio a Candy bañada de sangre y llorando en el jardín de la villa. Camino como endemoniado buscándola, de una cueva salía un demonio que le hacía frente. Despertó antes de que el sol se colocara en lo alto, permaneció por un tiempo viendo al techo. Dormito pero solo por un par de horas más.

Se levanto de esa cama y fue a tomar una ducha, se arreglo y se dirigió a tomar el carruaje iría al hospital, esperaba que Patty y Steart hubieran hablado.

Salió de prisa de aquel lugar, un raro presentimiento se había apoderado de él, como si fuera a pasar algo malo que cambiaría su vida. Movió su cabeza y la sacudió para sacar esos pensamientos de ella.

En Glasgow Terry y Karen llevaban un tiempo en casa de su padre. Su madre había empezado con molestias de su embarazo, sangro pero el trabajo de parto no se daba. Los dos habían pasado tres noches seguidas cuidándola. Sus hermanos estaban preocupados por ella. Esa buena mujer los gano con sus caricias y amor.

Así que todos los Granchester estaban preocupados por la nueva duquesa y su padre ni sus luces, debía de haber llegado hace tres días y aun no podía aparecer. Terry se moría de impotencia a ver a su madre sufrir de ese modo.

Estaba en la oficina de la mansión tomando una copa de brandy; en su mente un pensamiento rondaba. Karen entro en la oficina y se aproximo a él, lo tomo de la cintura y beso su cuello – amor mío, ¿Qué te inquieta?-

Se giro y la beso en la boca fugazmente- lo de mi padre que aun no llega, mi madre y su condición- frunció el ceño- por dios cuanto tiempo tarda en nacer un bebe, lleva días con esos dolores y nada- Karen se rio entre los brazos de el – prométeme amor, ¿Qué tu no me haras, sufrir asi cuando tengamos los nuestros?-

Karen se tenso al solo escuchar esas palabras y como buena actriz oculto sus sentimientos- para eso querido tendremos que hacerlos primero ¿no, lo crees?-

Terry movió la cabeza y sonrió ante aquella insinuación sutil – entonces no veo por qué no empezar, ahora- Karen rio al sentir los labios de Terry por su cuello besándola. Su pecho empezó a subir y bajar por la excitación provocada. Terry le encantaba sentirla así vulnerable y deseosa de sus besos y sus abrazos.

El intentaba bajar por aquel escote de ese hermoso vestido violeta sin mangas que llevaba, ajustado a su cuerpo, parecía que fuera otra piel y ese hermoso pelo recogido y con algunos caireles que incitaban a sus más bajos instintos de probarlos.

En ese momento de tanta excitación para ellos; la puerta de la oficina se abrió. Dando paso a una figura de un hombre entrado en edad. Su porte era perfecto y su mirada fija. El caballero que tenía una gabardina de color oscuro doblada en su mano derecha que estaba cruzada a la altura del pecho; su traje estilo ingles perfectamente estilizado, sus zapatos a la perfección y un aroma a ciprés que inundaba la habitación.

Aclaro su garganta y dijo- BUENAS TARDES-

Terry tenía aun entre sus brazos a Karen. Los dos giraron de inmediato al ver como el Duque entraba- padre- dijo inmediatamente Terry mientras soltaba a Karen y esta se acomodaba el vestido.

El duque sonrió – vamos niños dejen de jugar- entro con mucha naturalidad y dueño de la situación se acercó a saludar a su hijo, mientras a Karen le sonrió- ya estoy aquí, dime ¿qué ha pasado?-

Terry lo miro fríamente y recomponiendo el aire hablo fuerte- que ha pasado, padre- elevando el tono de su voz- mucho y nada. Mi madre tiene más de una semana sufriendo por tratar a traer al mundo a mi nuevo hermano-

El duque había tomado asiento detrás del enorme escritorio, su gabardina estaba colocada en el escritorio; se recargo en el escritorio con sus codos en ellos su cabeza. Vio fijamente a Terry- el doctor ha revisado a tu madre- el asintió y se volvió a recargar en la sillón-¿Qué ha dicho, hijo?-

Terry se aproximo a su padre- que debemos esperar. Los dolores han sido muy constantes; ella sufre y el estúpido doctor solo dice que hay que esperar- vio a los ojos a su padre y su cara era de enojó- por dios mi madre lleva días sufriendo-

El duque lo vio con cara seria y sin expresión alguna- calma te hijo- Terry lo vio serio- cuando tu naciste esa pobre mujer duro lo mismo, es la forma de un Granchester de nacer- Karen rio a carcajadas cuando el sonido de un grito de Eleonor. El duque se giro – te lo dije, solo esperar a que llegara sin duda será otro varón- se giro a ver a Karen- linda me harías el favor de decirle a Nana que mande por el doctor que Eleonor hoy va a traer al mundo otro Granchester- Karen sonrió y asintió.

Terry estaba ofuscado por el comportamiento de su padre. Karen lo vio y este asintió. Retirándose cuando Terry la vio salir; dirigió su mirada a su padre y hiba hablar cuando su padre, le reto con la mirada- antes de que digas nada y me felicites- Terry noto algo extraño en la voz de su padre- ahora dime hijo ¿Qué diablos paso en Escocia?, que hacia tu primo ahí-

Terry se sorprendió y dijo – padre, ¿Cómo me preguntas por eso?; mi madre sufre-

El duque se levanto- mira hijo, tu madre saldrá con bien. Despreocúpate- se acerco a él y quedo enfrente de Terry- pero lo que ha ocurrido en Escocia puede traer repercusiones muy graves. Tu tío está enterado y fue la razón de mi retrasó- Terry le sostuvo la mirada- hablemos en lo que llega el doctor y suba a ver a tu madre y tu nuevo hermano- el asintió y tomaron asiento en la sala de la oficina.

Steart suspiraba al ver a Patty recargada en su pecho, la noche había sido muy larga. Ninguno de los dos se atrevió a pronunciar palabras de amor. Solo se puso al corriente de la vida de Patty. El no quiso interrumpir sus relatos. Quería saber todo lo que ocurrió desde su desaparición. Se limitaba con ver como esos hermosos ojos que soñaba y esa voz que lo reconfortaba durante su largo sueño y lo llevo a despertar. Le contara miles de aventuras y logros que tuvo durante su travesía para buscarlo.

Era su heroína vuelta mujer; escuchar de su voz podía tranquilizar su corazón. La mañana casi despuntaba cuando bostezo. El la invito a recostar su cabeza en su pecho; aun no podía moverse. Ella le dio una gran sonrisa y asintió. El era el hombre más feliz del mundo, la sintió segura y más hermosa que en sus mejores sueños.

El calor de ella, lo hacía sentirse en paz, tranquilo y esas pesadillas que lo habían inundado desde el día que despertó, no habían vuelto desde que ella lo cuida por las noches; le encantaba y agradaba la compañía de Albert pero la mejor medicina era su Patty. Al caer en los brazos de Morfeo, la acaricio esperando el amanecer. No cerraría los ojos, él quería seguir viéndola y estaba más que convencido de decirle que no habían cambiado sus sentimientos para nada y que al contrario, estos crecieron, al saber que ella nunca dejo de buscarlo, ni claudico en su búsqueda.

El no solo le debía la dicha de pelear por volverla a ver, sino también su vida. ¿Cómo podía pagarle todo lo que había hecho?; suspiro y un pensamiento cruzo por su mente: PASARE MI VIDA ENTERA HACIENDOLA FELIZ.

El alba llego demasiado pronto para él; sabia que Albert no tardaría en llegar y ella seria. Sonrío una idea estaba formándose en su mente, tal vez Albert podría ayudarlo y si la suerte estaba de su lado, su vida cambiaria. Pero su corazón gritaba confesarle su amor. Sin querer o tal vez por los movimientos de su cuerpo que le daba la ansiedad de que llegaría el momento de perderla.

Poco a poco Patty abrió los ojos y él pensó que era el espectáculo más hermoso de la faz de la tierra y solo pudo regalarle una sonrisa. Zurrando tiernamente le dijo- eres preciosa, Patty- ella se quedo perdida en los ojos de él y sin escapar de aquel embrujo. Sus caras se fueron acercando poco a poco, los dos cerraron los ojos y la distancia se acorto más. Sin pensarlo sus labios se juntaron en un tierno beso, ellos lo necesitaban y lo ansiaban. Sus corazones latían y sus respiraciones se hicieron uno.

La mañana se encontraba establecida y el medio día se apreciaba en la estación de Londres. Candy bajaba a estirar las piernas y los gemelos estaban sostenidos fuertemente de sus brazos. Bien cierto que el tren de su padre no se estacionaba donde los trenes comerciales. Los andenes para gente como ellos estaban apartados, eran exclusivos y sumamente custodiados.

Los gemelos llevaban trajecitos hecho a sus medidas, pantalón largo, camisa blanca y un saco. Al igual que unos adorables sombreros azules. Candy se había colocado su sombrero y con ayuda de uno de sus guardias, bajo del tren e inmediatamente hizo un ademan para que las niñeras permanecieran en el tren, partirían en media hora hacia la pequeña ciudad. Le informaron antes de bajar del tren que tardarían una hora para preparar todo y por la tarde noche llegarían a su destino.

Candy bajaba del tren con una enorme sonrisa. Llevaba a sus pequeños con orgullo por el andén. Estaba dispuesta a explorar junto a sus pequeños aquel lugar. Pasearon por aquellas tiendas de suvenires, de pronto Iain salió disparado con sus pasos extraños pues aun no perfeccionaba ese arte y ella estaba observando un aparador de una de las tiendas.

Se volteo inmediatamente para ver a su pequeño correr, ella tomo a William y lo cargo – Iain detente por favor- el bebe sonreía mientras se alejaba de su madre. En verdad Candy odiaba esa nueva moda de faldas rectas y pegada; solo servían para estorbar su caminar. Cargo a William con una mano y la otra trataba de levantarse la falda. Su hermoso sombrero salió corriendo.

Iain hiba feliz porque estaba jugando con su mano y reía, esperaba que no lo atrapara pero de repente choco con algo, parecía una pared de color gris. El pequeño cayo de pompas al suelo y alzo su carita para ver quien detuvo su juego.

De pronto vio una amplia sonrisa y una cara rugosa. La voz de Candy resonaba, aunque había poca gente, Iain pudo correr un gran tramo. Una mujer de edad avanzada, su piel era blanca y sus ojos en otra época eran de azul profundo hoy se veían casi apagados por una vida muy larga; su cabello estaba acomodado en un gran chongo, su vestido gris y una chalina tejida de color negro.

La mujer extendió su mano delgada para que el pequeño la tomara. Candy llegaba, algo agitada y la cara de William de espanto sosteniéndose del saco de su madre. Lo levanto y dulcemente le dijo, al ponerse a su altura- pequeño no debes huir de tu madre de esa forma-el bebe ladeo su cabecita y le sonrió.

Candy vio a la mujer y le sonrió- gracias por detenerlo- de inmediato bajo al suelo a William y este trato de cruzar sus manitas viendo retadoramente a su hermano- Iain, no debes correr- limpio de tierra el pantalón del pequeño y lo abrazo- por favor no te alejes- se paro del abrazo y con su dedo índice le señalo- te quedaras sin postre señorito y cuando veamos a tu padre le diré- imitándola William hizo lo mismo y Iain solo bajo su carita, entendiendo el regaño de su mamá.

La mujer de edad avanzada rio y Candy volteo a ver a ese trió- calma hija, sin duda este pequeño- se acerco a él y acaricio su mejilla- tiene una alma libre y pura, alguien así no puede quedarse quito-

Candy se sonrojo, acercándose a la mujer – yo creo- dijo algo apenada- se parece a mí, de niña también era un torbellino-

La mujer rio mas y extendió su mano- vez, tenía razón. Es un gusto conocerlos soy Sena-

Candy le sonrió y le extendió la mano- yo me llamo Candy White Andrew- estiro sus manos y los pequeños se acercaron a tomarlas- y ellos son mis hijos William y Iain- los pequeños les sonrieron.

La mujer cuando sintió la mano de Candy cambio su semblante y escucho las palabras de ella. De pronto una voz se escucho- Majestad, el tren está listo- era Mitchell que se acercaba.

La mujer se acerco y tomo el hombro de Candy, ella le sonrió – me tengo que ir, gracias fue un placer conocerla-

La mujer se mantenía estática – hija, recuerda esto- Candy la miro desconfiada, pero la seguridad de aquella mujer la mantuvo atenta- nada es lo que parece, no dejes que las acciones cieguen tu razón, cuando la razón falla busca en tu corazón. O el hombre rubio te perderá por una trampa, por favor recuérdalo- se inclinó y sonrió a Iain, tocando su mejilla- dulce niño mío, tu vida será larga y feliz, pero tu tarea será pesada y tu alegría será lo único que te ayude en tu tarea, que nunca logren encerte en el mundo que tanto odias, se libre siempre- beso su mejilla.

Para ese momento la mano de Mitchell toco el hombro de Candy y la hizo girar- majestad, es hora de irnos-

Candy volteo rápidamente, le intrigaba lo que dijo aquella mujer- un momento capitán, disculpe- pero al voltear la mujer se había hido.

Mitchell tomo entre sus brazos- majestad ¿está todo bien?- en un tono preocupado.

Candy asintió- si capitán, es mejor irnos- empezaron a caminar hasta el lugar preciso para volver a subir al tren, ya en su lugar el tren comenzó su marcha, los niños disfrutaban un refrigerio sentado es la mesa de su vagón, ella tomaba una taza de té, a lado de la ventana de su vagón. Mientras los paisajes cambian y la velocidad del tren aumentaba; ella solo recordaba las palabras de aquella mujer- - nada es lo que parece, no dejes que las acciones cieguen tu razón, cuando la razón falla busca en tu corazón. O el hombre rubio te perderá por una trampa, por favor recuérdalo- se repetía una y otra vez esas palabras. Dio un fuerte suspiro y lo único que pronuncio su atribulado corazón fue – Albert- perdiéndose en los sonidos del tren.

Albert había llegado al hospital y bajaba del carruaje, cuando una punzada traspaso su corazón. Levanto su cara al cielo y una brisa fresca golpeo su cara; el sol le dio de frente y su alma pronuncio unas palabras- Candy, Candy-

Nadie esperaba lo que el destino les tenía preparado, nadie sabe cuando la vida te dará una lección que nunca olvidarías. Esta vez un día perfecto tendría muchas tormentas. Solo un verdadero amor podría salir invicto. ¿Pero su amor, podría soportar una tormenta de esa magnitud?

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BUENAS TARDES NO TENGO CARA POR EL RETRAZO MIL DISCULPAS, PERO HE ESTADO ALGO OCUPADA. EN FIN ESPERO CON GUSTO QUE LES AGRADE ESTE CAPITULO.

DE AQUÍ EN ADELANTE ESTAREMOS CERRANDO, LA REGENTE ESTA LLEGANDO A SU RECTA FINAL Y ESPERO DE VERDAD QUE ME ACOMPAÑEN ASTA EL FINAL DE ESTA HISTORIA.

MIL GRACIAS Y ACOMPAÑENME A TERMINAR ESTA AVENTURA. ESPERO SUS SUGERENCIAS PARA ESTE CIERRE. BESOS Y SALUDOS. ATTE. ANA