Capítulo 4: Materiales con Memoria de Forma

Los polímeros con memoria de forma son aquellos materiales que poseen la habilidad de retornar de un estado deformado a su forma original. Este cambio es reversible y puede ser detonado por un estímulo externo como el cambio de temperatura, de corriente eléctrica o de pH. Este tipo de materiales se ha usado extendidamente en la industria del empaquetado; no obstante, también posee aplicaciones importantes en robótica. Asimismo, se espera que sus aplicaciones en biomedicina se extiendan en los próximos años.

La mañana del primer día de congreso fue sumamente pesada para todos los visitantes del grupo Hadjichristidis.

A pesar de haber tenido un sueño reparador, las dos horas de diferencia con respecto a Atenas hicieron mella en sus relojes biológicos y si lograron despertarse fue más por miedo a sufrir los regaños del resto de sus compañeros y menos porque fuera su obligación hacerlo. Incluso Shion, quien viajaba a Estados Unidos al menos dos veces al año, bajó de mala gana al comedor del hotel y no dejó de fruncir el ceño hasta que terminó su primera taza de café. El grasoso desayuno tampoco ayudó a los decaídos ánimos del grupo. Shura intentó hacer un par de bromas sobre lo terrible que era la comida inglesa, pero carecían de gracia al ser tan cruelmente reales.

El apagado ambiente solo cambió cuando subieron a la camioneta para dirigirse a la universidad. Warwick era un pueblo histórico en el centro de Inglaterra y, como tal, la mayoría de sus casas mantenía el antiguo estilo de fachadas con vigas de madera, altas chimeneas de piedra y techos con tejas oscuras. Las casitas se alineaban perfectamente alrededor del sinuoso camino que llevaba a la universidad y Milo no pudo evitar fascinarse ante la vista que era tan inusual para él.

—Este lugar es genial —comentó sin despegar sus manos de la ventana del auto—. Parecen casitas de maqueta, como en la película de Harry Potter.

—Tengo entendido que la mayor parte de las escenas al aire libre fueron grabadas en Escocia —dijo Shura—. Aunque sé que hicieron varias tomas en Londres, sobre todo para las primeras películas.

Afrodita canturreó una sugerente tonada y posó su barbilla sobre su mano derecha.

—No sabía que eras fan de Harry Potter, Shura. ¿Algún otro interés secreto que tengas para confesarnos?

Shura se encogió de hombros y miró de reojo a Shion, quien trataba en vano de disimular una sonrisa.

—No soy fan de Harry Potter —aclaró, no muy convincentemente—. Solo leí los libros para mi clase de inglés.

—No tienes por qué avergonzarte —Afrodita sonrió maliciosamente y Shura frunció el ceño para prepararse para lo que viniera—. Death Mask también es Potterhead.

Agradecido de que la nueva fuente de burla fuese Death Mask y no él, Shura se relajó. Durante todo el trayecto, Milo y él bombardearon a Afrodita con preguntas sobre el pasatiempo del italiano y casi se lamentaron cuando llegaron a su destino.

Los edificios del campus eran grandes y modernos, y distaban mucho de la visión idílica que se tenía de las universidades del Reino Unido. Aun así, contaban con amplias áreas verdes que le daban cierto aire de imponencia.

Gracias a las apropiadas señalizaciones, el grupo dio sin problemas con el estacionamiento y, después de ponerse sus chaquetas y bufandas, el grupo Hadjichristidis se encaminó al edificio principal.

Pese a ser tan temprano, Shion fue inmediatamente rodeado por varios colegas que lo separaron de los jóvenes, quienes aprovecharon la oportunidad para tomar otra taza de café.

—Esto sabe a agua de calcetín —murmuró Shura.

—Al menos las galletas saben bien —admitió Afrodita.

Camus mantuvo su opinión para sí mismo. Si bien el café inglés no le parecía particularmente bueno, lo prefería sobre la forma tan dulce en que lo tomaban en Grecia. Afrodita siempre tuvo una debilidad hacia los dulces y Shura simplemente aborrecía cualquier comida que no fuese la española, así que no le sorprendió su desdén hacia el café de los ingleses. En espera a que Milo cambiara la conversación hacia algo más interesante, volteó hacia él para encontrarlo con una taza de té en una mano y una servilleta repleta de galletas en la otra.

—¿Por qué no están tomando té? Estamos en Inglaterra, ¿no? Eso es lo que toman aquí.

Shura gruñó.

—El té inglés es demasiado fuerte. Ten cuidado con eso porque te puede alterar los nervios, en especial si lo mezclas con tanta azúcar.

—El novato ya tiene los nervios suficientemente alterados —dijo Afrodita—. Un poco más no hará la diferencia. Además, necesitará la cafeína para cuando empiecen las conferencias.

Las conferencias comenzaron a las diez de la mañana y los jóvenes se mantuvieron juntos casi todo el tiempo. Si bien Camus no estaba muy interesado en la mayoría de las conferencias, procuró prestar atención y realizar anotaciones todo el tiempo. Shura hacía algo semejante, aunque muchos de sus momentos los aprovechaba para estudiar la que daría el cuarto día. Por el contrario, Milo y Afrodita parecían estar más entretenidos mirando a su alrededor y haciendo comentarios sañosos sobre la apariencia de los muchos extranjeros presentes.

A mediodía el grupo no dudó utilizar su valioso tiempo libre para ir a almorzar. Se dirigieron hacia el vestíbulo del edificio y, después de que Shura fuese a investigar qué era lo que ofrecían a los participantes, regresó con lo que le parecían terribles noticias.

—Hay dos opciones para comer: ensalada de pollo y ensalada sin pollo.

—De ningún modo soportaremos con eso hasta las seis y media —comentó Afrodita.

—¿Por qué no salimos? —propuso Milo, mientras revoloteaba con emoción sus largas pestañas—. Vi un camión de hamburguesas en el estacionamiento.

—No es buena idea —Camus remarcó su opinión cruzándose de brazos—. Hace mucho frío y seguramente la fila será muy larga. Me interesa la conferencia de la una. Tomaré una ensalada y esperaré aquí.

—Tú podrás esperar todo lo que quieras, pero yo necesito comida de verdad —indicó el español—. ¿Alguien me acompaña?

El sueco no dudó ni un segundo en ofrecerse y Camus supo entrever en la no muy disimulada expresión de Milo que este también quería acompañarles.

—Tú también ve, Milo —indicó—. Yo los esperaré aquí.

El griego no tardó mucho en ceder y prometió que le traería una taza de café de verdad. Segundos después, salió con los demás hacia el inclemente clima.

Por su parte, Camus eligió la ensalada con la apariencia menos miserable y se sentó con ella y una botella de agua en la tercera fila del auditorio principal. Comió con tranquilidad a la vez que revisaba las anotaciones que había hecho a lo largo del día, sin prestar atención a sus alrededores hasta que una conocida voz le sobresaltó.

—¿Camus?

El aludido alzó el rostro y se encontró con su viejo amigo Surt.

Le conoció durante sus estudios de pregrado, cuando su familia se mudó de Noruega a Francia, y sus caracteres afines no tardaron en convertirlos en amigos. Recorrieron el mismo camino académico hasta que Camus decidió estudiar su doctorado en Atenas, mientras que Surt optó por quedarse en la Universidad Pierre y Marie Curie en París. La separación prácticamente puso fin a su amistad. Camus pecó de enfocarse demasiado en sus estudios y, después de un tiempo, los correos semanales pasaron a hacerse anuales. La culpabilidad, más que el gusto, provocó en Camus una reacción que en otras circunstancias le habría resultado exagerada.

Sin importarle demasiado las hojas que se separaron de su carpeta y se desparramaron por suelo, el francés se puso de pie y abrazó a su amigo con firmeza.

¡Surt! Es bueno verte de nuevo —dijo en francés mientras le sujetaba de los hombros.

¡Vaya que sí! Comenzaba a creer que nunca más sabría de ti.

Camus asintió y desvió la mirada.

Lo sé. Soy un mal amigo.

No tan malo —aseguró mientras tomaba asiento—. Es solo que te cuesta pensar en algo que no sea tu trabajo. Siempre has sido así. De ser sincero, me sorprende que nos hiciéramos amigos en un principio.

Eras la única persona con la que podía hacer trabajos en equipo sin volverme loco —admitió, sentándose al lado de Surt. Observó con atención a su amigo y le pareció extraño que el tiempo no hubiese hecho mella en su juvenil expresión; su propio rostro había sido el más perjudicado de los dos.

Me siento honrado con esa declaración. Casi me hace disculpar el hecho que no me avisaras que viajaste a Francia en noviembre.

Un ligero rubor coloreó las mejillas de Camus.

Lo lamento. Mis padres me acapararon por completo.

Aquello era mentira. En ese entonces, Camus estaba demasiado concentrado en su presente y en el alumno que tan cruelmente le quitaba el sueño como para preocuparse por los reencuentros del pasado.

Eres cruel. Siempre visitas en diciembre cuando yo regreso a Noruega y el único año que se te ocurre venir cuando estoy en París, ni siquiera se te ocurre pasar a saludar. De no ser porque te conozco bien, hasta me sentiría insultado.

Afortunadamente, me conoces bien.

Durante varios minutos hablaron sobre lo que habían hecho durante los últimos meses y sobre sus planes futuros, pero la conversación fue interrumpida cuando Milo y los demás regresaron de su travesía para encontrar comida decente. Debieron haberlo hecho porque Shura seguía comiendo papas fritas de un cono de papel y Afrodita le daba largos sorbos a un té en lata.

—De lo que te perdiste, Camus —dijo Milo a la vez que le ofrecía un vaso de café con leche—. Shura se comió tres hamburguesas. ¡La primera se la acabó en tres mordidas!

—No desayuné bien —gruñó—. Además, estaremos sin comer hasta la noche —tornó, entonces, sus ojos hacia Surt—. ¿Quién es tu amigo, Camus?

Surt se levantó y se dirigió hacia los recién llegados.

—Surt Omdahl, posgrado de la Universidad Pierre y Marie Curie. Fui compañero de Camus en el pregrado y la maestría.

Camus también se levantó y comenzó a presentar a los demás.

—Este es Milo, mi alumno de maestría. Afrodita estudia conmigo el doctorado; su especialidad son los biopolímeros. Nosotros tres presentaremos nuestros carteles el jueves. Él es Shura. Dará una conferencia sobre autoensamblaje ese mismo día, justo antes de la del doctor Hadjichristidis.

Shura frunció el ceño, mientras se comía el último gajo de sus papas.

—¿Trabajas en el grupo de la doctora Hilda Charleux?

El hombre asintió y sonrió con orgullo. La profesora Charleux era una de las más prominentes investigadoras del área de nanotecnología aplicada a polímeros y el pertenecer a su grupo de investigación era un logro en sí mismo.

—Es mi supervisora. Camus tuvo la oportunidad de estar con nosotros, pero prefirió las cálidas playas de Grecia a los fríos laboratorios de París.

El español gruñó tan quedamente que Camus pensó que lo había imaginado.

—¿Quién no lo haría? —espetó Afrodita mientras tomaba asiento—. Sobre todo si, además de la playa, también tienes oportunidad de pertenecer al grupo Hadjichrisitidis.

A sabiendas de que se encontraba en desventaja numérica, Surt decidió emprender la retirada.

—Tengo que regresar con mis compañeros —dijo sin borrar la sonrisa de su rostro—. Te buscaré más tarde, cuando las conferencias terminen, ¿de acuerdo?

Camus asintió y vio a Surt encaminarse hacia las filas traseras. Cuando retornó su atención a sus compañeros, no pudo evitar lanzarles una mirada de disculpa.

—Lo lamento. La prudencia de Surt suele ceder ante su ego.

Shura murmuró algo en catalán y Camus dedujo que se trataba de una mala palabra.

—Debo darle crédito, Camus —canturreó Afrodita—. Nadie me había desagradado tanto en tan poco tiempo. Recuérdame darle un premio cuando lo vuelva a ver.

—Les juro que es una buena persona. Es solo que es muy competitivo.

Sus compañeros se mantuvieron en silencio y, en un vano intento para reducir la tensión, Camus miró a Milo y le agradeció por el café. Este asintió, le sonrió apagadamente y tomó asiento en donde antes había estado Surt.

Las conferencias siguieron sin pena ni gloria y, después de la sesión de carteles, Shion se dignó a hacer acto de presencia. Decidieron que cenarían nuevamente en el hotel y se prepararon para salir a la fría noche inglesa. Sin embargo, justo antes de que salieran del cálido edificio, Surt apareció una vez más y se dirigió exclusivamente hacia Camus.

—Logré escaparme de mis compañeros por hoy —dijo con entusiasmo—. ¿Qué te parece si vamos a caminar por el pueblo? Podemos cenar en un pub.

Camus miró de reojo a sus amigos y reconoció su impaciencia, incluso Shion apretó los labios ante la pesadez del ambiente. Aun así, después de algunos segundos de vacilación, decidió acceder a la invitación de Surt. Después de todo, hace más de cuatro años que no lo veía y quería aprovechar la oportunidad para ponerse al corriente con él.

Se disculpó con sus compañeros y les aseguró que regresaría al hotel por su cuenta. Les deseó las buenas noches y se dirigió con Surt al centro del pueblo. Pasó una velada agradable entre cervezas y botanas, y regresó al hotel hasta la medianoche.

Fue únicamente hasta que entró a su habitación y que vio a Milo profundamente dormido que se dio cuenta de que había desperdiciado otra valiosa oportunidad.

Exhausto, se puso su ropa de cama y se acurrucó a su lado, prometiéndose que, sin duda, aprovecharía al máximo la próxima noche.

Comentario de la Autora: Odié a Surt desde el primer día en que lo conocí. ... Y después empecé a escribirlo y es úber divertido y ahora me encanta y si no fuera tan floja haría un SurtxMilo porque, dude, Camus de SoG es una rata traicionera y se merece que lo traicionen. *coff* Espero que les guste tenerlo por acá. Sólo será por un rato... lo suficiente para que lo sigan odiando.

Con respecto a la pregunta que varios han hecho sobre si Saga y Kanon saldrán: sip. Sí van a salir y sí conocerán a Camus, pero eso será un poco más adelante. Admito que estoy muy emocionada con eso jeje.

Bernadette Charleux es otra investigadora de polímeros muy conocida. No soy muy fans y por eso usé su apellido para ponérselo a Hilda. Tampoco soy muy fans de Hilda. Sólo es chévere cuando tiene el anillo y está loca y mata a pajaritos y regaña a Sigfried.

Hmm... creo que es todo por ahora. Espero no lo hayan odiado. ¡Mil gracias por sus lecturas, follows y reviews! Se irán al cielo con todo y chanclas. ¡Kissu!

Plot Twist: Shura y DM son potterheads y van juntos a las convenciones y hacen sus tests de qué animal sería tu Expecto Patronum y sí, los resultados son una cabra y un cangrejo. Mientras tanto, Afrodita se burla de ellos mientras lee sus libros de LoTR.

Respuesta a Review de Ariesdevirgo16: Afortunadamente, no he tenido que lidiar con mucho hater. De cuando en cuando llegan reviews así, pero han sido relativamente pocos. De todas formas, la mejor táctica siempre es ignorarlos. ^^ Seguiremos trabajando para publicar historias con nuestros personajes y ships favoritos. ¡Muchas gracias por las porras!