Capítulo 5: Textiles
Una de las aplicaciones más antiguas de los polímeros es su uso como fibras textiles. El grupo de polímeros sintéticos más ampliamente conocidos como fibras son las poliamidas; es decir, los diferentes tipos de Nylon. No obstante, desde hace varias décadas existen materiales mucho más especializados como el poliparafenileno tereftalamida (Kevlar), que, a pesar de su baja densidad, es sumamente resistente a los impactos y es utilizado para fabricar chalecos antibalas.
Los siguientes dos días del congreso fueron muy similares al lunes, con la excepción, que el grupo decidió desayunar con mayor abundancia, para así evitar las molestias del hambre a mediodía. Las conferencias acontecieron sin pena ni gloria y, si acaso, lo más interesante ocurrió durante la sesión de preguntas de uno de los seminarios, en el cual dos doctores comenzaron a criticarse mutuamente.
Aquellos días, Milo permaneció extrañamente callado y Camus lo atribuyó al cansancio y al nerviosismo. El día de su presentación se acercaba y era normal que su confianza se viera mermada al conocer a tantas personas con tan prominentes investigaciones. Él era el más consciente del poco material que tenía para su cartel y, aunque los demás no pensarían dos veces en el detalle, Camus suponía que la situación hería el orgullo del griego. Milo poseía un encanto natural que atraía a todos y estaba acostumbrado a llamar la atención. Sin embargo, sabía que su presentación difícilmente sobresaldría. Por si fuera poco, tenía la presión de despertar el interés de los proveedores. Por estas razones, Milo estaba inquieto y Camus no podía culparlo.
A esas alturas del partido sabía bien que el griego prefería lidiar con sus preocupaciones por sí mismo y que lo único que podía hacer por él era permanecer a su lado, en acaso que se animara a expresar sus emociones. Así pues, se mantuvo al margen y limitó sus palabras de aliento por temor a que Milo las considerase demasiado condescendientes.
La situación le dio a Camus la libertad para seguir encontrándose con Surt. El martes almorzó con él y, una vez que terminaron las conferencias, este lo invitó a caminar por los muelles del río Avon. El francés no solo estaba cansado, sino que quería pasar la noche con Milo con la única intención de distraerle de su nerviosismo. No obstante, la culpabilidad de no haber hablado con Surt durante cuatro años pudo más y terminó por ceder. Algo semejante ocurrió al día siguiente cuando su amigo lo invitó al jardín botánico.
Aquellas escapadas fueron tranquilas y Camus se aseguró de regresar al hotel antes de que dieran las once de la noche. Infortunadamente, en ambas ocasiones se encontró con que su alumno ya se había acostado. Los dos días pensó en despertarlo, mas no tardó en aceptar que Milo lo había escuchado entrar y optó por permanecer recostado. El griego no parecía tener interés de desperezarse y Camus, reticente, lo dejó descansar. Después de todo, se acercaba el día de la verdad y podría relajarse a su lado una vez que terminaran sus presentaciones.
La mañana del jueves fue especialmente callada. El único que parecía estar tranquilo era Afrodita. Los múltiples compromisos con otros doctores habían drenado a Shion de toda su energía, Shura no dejaba de revisar los apuntes para su conferencia y Milo se limitaba a fingir que revisaba el texto de su cartel. Camus también optó por concentrarse en sus responsabilidades e incluso se atrevió a faltar a la última conferencia antes de que dieran las once de la mañana, hora en la que iniciaba la sesión de carteles.
Llegado el momento Afrodita, Camus y Milo tomaron sus lugares frente a sus carteles , mientras que Shion y Shura se encaminaron al auditorio donde darían sus conferencias. Los primeros minutos de la presentaciones fueron caóticos, con gente yendo y viniendo en todas las direcciones y con más curiosos que interesados. Fue solo hasta que pasaron unos veinte minutos que Camus tuvo oportunidad de mirar hacia su costado, donde Milo mostraba su cartel. El francés quedó genuinamente sorprendido de que el hombre estuviera rodeado de espectadores —en su mayoría mujeres—, que parecían prestarle tanta atención como si se tratase de un posdoctor. El sonriente Milo hablaba con seguridad e incluso se atrevía a ensalzar sus explicaciones con pequeñas bromas que recibían respuestas exageradas. Camus no comprendió cómo era que había estado tan serio hace un par de horas y ahora se pavoneaba con tanta confianza.
No alcanzó a dilucidar una respuesta cuando una fría mano se posó en su hombro.
—Buenos días, Camus. Me costó trabajo encontrarte —por supuesto, se trataba de Surt, quien había estado buscando a su amigo desde hace media hora—. Esto está repleto —tan distraído estaba con Milo que Camus apenas le lanzó una mirada a Surt—. Ni siquiera parece que sea el último día. ¡Menos mal que hoy terminamos a la una de la tarde!
Camus gruñó un sí. No pudo evitar fruncir el ceño cuando una de las jóvenes que escuchaba a Milo aprovechó una de sus bromas para reír fuertemente y acariciar descaradamente su brazo.
El desagrado del francés no pasó desapercibido por Surt, quien sonrió de medio lado y caminó pausadamente hacia el griego. Si bien Camus no estuvo seguro de qué era lo que pretendía su amigo, no tenía que ser un genio para adivinar que la cosa podría ponerse fea si no intervenía antes.
Milo no ocultó su descontento cuando Surt se abrió paso entre la gente. Le dio una rápida mirada a Camus y exhaló cansinamente.
—Milo, ¿no es así? —Surt tornó su atención hacia las coloridas gráficas del cartel del griego—. ¿Por qué no me hablas un poco de tu trabajo? Me gustaría saber qué tanto has aprovechado la orientación de Camus.
El griego le dirigió una mirada asesina, pero Surt no pareció inmutarse. A sabiendas de que no tenía muchas otras alternativas, le explicó escuetamente su trabajo y, una vez que terminó su ensayado discurso, Surt emitió una aguda risilla.
—No está mal —comentó—. Para ser trabajo exploratorio, por supuesto —dio media vuelta para encontrarse con Camus—. Ha de ser un alivio tener a un alumno que te ayude a realizar todos los experimentos rutinarios. De esa forma, puedes dedicarte a tu propio trabajo sin distraerte con estupideces.
—Un estudiante de maestría no puede ser demasiado ambicioso con su investigación —respondió Milo—. Aun así, estoy satisfecho con mi trabajo. Después de todo, el profesor Hadjichristidis fue muy amable al invitarme al congreso, a pesar de que solo tenía estos resultados. Supongo que fueron lo suficientemente buenos como para convencer al comité de que merecía un espacio; privilegio con el que no cuentan todos, ni siquiera ciertos alumnos de doctorado.
Ante la indirecta de Milo, el pelirrojo se limitó a entrecerrar levemente los ojos.
—Es probable que tengas razón, Milo. ¿Camus? —preguntó sin dejar de mirar al griego—. La doctora Charleux me ha pedido que te invitara a almorzar con nosotros.
Camus negó lentamente con la cabeza.
—Sabes que no puedo acceder a eso, Surt. Podría ocasionar algún malentendido.
—Sé que ya has hecho planes con Hadjichristidis, pero la doctora está muy interesada en tu trabajo.
—Surt… —murmuró en tono de advertencia.
El aludido cerró los ojos y bajó la cabeza sin dejar de sonreír.
—Está bien. Yo fui el primero en decirle que no aceptarías. De todas maneras, almuerza conmigo. Mi vuelo sale mañana y no sé cuándo podamos volver a vernos. Solo seremos tú y yo. Lo prometo.
Camus suspiró y accedió en silencio, mientras ignoraba la indignada expresión de Milo.
—Perfecto —dijo Surt—. Te busco cuando acaben las conferencias. Te llevaré a un restaurante que me recomendaron. ¿Quién sabe? Si logro hacer que tomes suficientes cervezas, puede que te haga cambiar de opinión con respecto a la doctora.
Se despidió secamente de Milo y le dio a Camus un apretón en el brazo.
Avergonzado por el comportamiento de su amigo, el francés no se atrevió a alzar el rostro hacia su alumno, sino hasta que su pesada mirada se volvió insoportable.
—Escucha —explicó—, sé que se comportó como un patán, pero por favor sé paciente. Surt es un hombre complicado.
—Surt es muchas cosas —gruñó—. Yo te podría dar una larga lista adjetivos.
—¿Milo?
El enfado de Milo pareció desaparecer en el momento en que escuchó una suave voz femenina llamarlo con tanto interés. Las pocas personas que permanecían ahí después de la discusión entre el griego y el finlandés tornaron su atención hacia una elegante mujer que caminaba hacia ellos. Aunque no era especialmente alta y estaba algo entrada en años, su presencia era tal que todas las chicas que acosaban a Milo se alejaron instantáneamente. La recién llegada saludó a Milo con un beso en la mejilla.
—Jamás me imaginé que te encontraría aquí.
—Tuve suerte, Shaina. Alguien de nuestro grupo no pudo venir y me usaron de plan B —extendió su mano hacia Camus—. Te presento a Camus Carlier, mi supervisor. ¿Camus? Esta es la doctora Shaina de Vitis, fue mi jefa mientras trabajaba.
—¿Camus Carlier? —le ofreció su mano derecha—. Creo haber leído tu nombre en algunos artículos del doctor Hadjichristidis.
Camus correspondió el apretón de manos, mas no supo qué decir. Vestida impecablemente, hermosa y con un par de brillantes ojos que reflejaban su inteligencia, Shaina de Vitis le pareció imponente e intimidante.
—Cuéntame qué has hecho durante estos meses, Milo. Parece interesante.
El aludido asintió con gusto y le explicó sus resultados, asegurándose de dar una que otra pista de los estudios que ya había realizado y que no había podido incluir en el cartel. Estaba a punto de terminar su presentación, cuando Shion se apareció entre ellos. Su llegada fue tan oportuna que Camus pensó que el hombre se había escondido detrás de algún cartel, en espera a que llegara la antigua jefa de Milo.
—Doctor Hadjicrhistidis —la mujer lo saludó con un firme apretón de manos—. Es un gusto conocerlo en persona. Soy una gran admiradora de su trabajo.
—Muchas gracias, doctora de Vitis. Yo también estoy familiarizado con su investigación. Me dio gusto cuando uno de sus trabajadores se interesó en formar parte de mi grupo.
—Milo sobresalió desde que empezó a trabajar con nosotros. Me da gusto saber que le está yendo bien en esta nueva etapa.
—Falta poco para mi conferencia —comentó Shion—. ¿Qué le parece si hablamos de la investigación de Milo más tarde, durante el almuerzo?
La mujer sonrió y asintió.
—Me encantaría.
—Tú también nos acompañarás, ¿no es así, Camus?
El hombre no pudo responder inmediatamente a la invitación de Shion. Sabía que no le agradaría que rechazara la oferta, mucho menos frente a alguien con quien estaba interesado en trabajar.
—Lo lamento, profesor. Me temo que ya he hecho planes.
Shion torció levemente la boca.
—¿Con tu amigo noruego?
—Se irá mañana y me gustaría aprovechar el tiempo con él.
—Como gustes —con un gesto de la mano le indicó a Shaina que le acompañase hasta el auditorio—. Ven, Milo. Pronto iniciará la presentación de Shura.
Sin dudar un instante, el griego les siguió.
—¡Vaya, vaya, vaya! —la entonada voz a sus espaldas sobresaltó a Camus—. ¡La trama se complica!
—Me asustaste, Afrodita.
—No me sorprende. Estabas demasiado concentrado en Milo.
Camus suspiró.
—¿Lo viste? Creí que estaba nervioso por su presentación, pero la dominó sin problemas. Además, parece ser que Shion se salió con la suya.
Afrodita parpadeó varias veces en confusión.
—¿Nervioso? ¿Realmente creías que estaba nervioso? —hizo una extraña mueca, como si no supiese si reír o llorar—. ¡Ay, Camus! ¿Es que tengo que explicártelo todo?
—¿A qué te refieres?
—¡Celoso! ¡Milo estaba celoso de ese horrible pelirrojo!
Camus bufó.
—No seas ridículo. ¿Por qué habría de estar celoso?
—¿Bromeas? ¡Te la has pasado con Surt! Es normal que lo esté.
—A lo que me refiero es que alguien como Milo no podría ponerse celoso.
—¿Alguien como Milo?
"Alguien encantador, divertido e inteligente como Milo", pensó Camus. Sin embargo, no se atrevió a avergonzarse a sí mismo diciéndolo en voz alta.
—Sabe lo mucho que lo quiero.
—¿Realmente lo sabe?
Camus dudó unos instantes antes de menear la cabeza y leer la hora en la pantalla de su celular.
—Ven. Ya casi inician las presentaciones.
Afrodita puso los ojos en blanco y se alzó de hombros.
Ese par iba a ser su perdición.
El almuerzo con Surt fue incómodo por no decir más. El pelirrojo insistió en que el grupo Charleux era de los mejores en la ciencia de los polímeros y que Camus debería darle una oportunidad. Solo tendría que mandarle un correo electrónico a la doctora y en cuestión de meses, podría regresar a París. Por si fuera poco, el hombre se la pasó recordándole el hecho que no había mantenido el contacto desde que se fue a Grecia. A pesar de que Camus se sabía culpable, la verdad era que Surt tampoco lo había buscado. Tanta necedad comenzó a hartarle y decidió retirarse antes de lo que tenía planeado.
Le aseguró que esta vez le escribiría al menos un correo al mes y que procuraría visitarle el año entrante. Se despidió con un fuerte abrazo y, cuando Camus le dedicó una última mirada, se sorprendió al darse cuenta que sintió más alivio que tristeza. No estaba seguro si Surt había cambiado, o si él mismo lo había hecho. De cualquier forma, el hombre era uno de los pocos amigos que tenía y estaba dispuesto a aceptarlo con sus cosas buenas y malas, siempre y cuando no le causara tantos dolores de cabeza como ese día.
Llegó al hotel a las seis de la tarde solo para descubrir que Milo aún no había regresado. Seguramente, Shion había hecho todo lo posible para extender el almuerzo con la doctora de Vitis y tuvo que esperar a que regresara, mientras leía un libro que había comprado en el aeropuerto. Milo retornó al hotel a las nueve de la noche y, desafortunadamente, su mal humor llegó junto con él. Apenas le dirigió la palabra y, casi de inmediato, se escondió en el baño con la excusa de tomar una ducha.
La primera suposición de Camus era que Milo seguía molesto por la grosera actitud de Surt. Sin embargo, conforme pasaron los minutos comenzó a pensar que, quizás, Afrodita tenía razón. A final de cuentas, el bastardo siempre parecía tenerla, y, si acaso, Camus debería sentirse un idiota por haber dudado de sus palabras. Incluso así, no se atrevió a darle la razón sin antes confirmarlo por sí mismo, así que lanzó la pregunta en el instante en que Milo salió del baño.
—¿Estás celoso?
Una vez que escuchó aquellas palabras, se dio cuenta de que tal vez debió haber sido menos directo. Afortunadamente, Milo parecía haberse acostumbrado a su torpeza y escasamente pareció sorprenderse por la pregunta.
—Por supuesto que estoy celoso.
Su respuesta fue tan clara y concreta que descolocó a Camus.
—No deberías. Surt es un amigo, nada más.
Milo apretó los labios y se cruzó de brazos, justo antes de caminar hacia la cama en la que Camus estaba sentado.
—¿Lo es?
—Por supuesto que sí.
El otro arqueó la ceja de un modo tan inquisitivo que provocó que Camus recapacitara sobre sus propias palabras.
¿Era Surt realmente solamente un amigo?
Fue entonces que recordó lo que pasó entre ellos cuando recién se habían conocido. La sexualidad de Camus comenzó a aflorar cuando inició la carrera y el primer hombre en el que volcó su interés fue Surt. Su inteligencia le atraía y pronto se dio cuenta de que era una de las pocas personas con las que, de hecho, disfrutaba estar.
Aunque llegaron a compartir algunas citas y besos, el desinterés de Surt acabó por enfriar los sentimientos de Camus, quien se limitó a cultivar una amistad durante todo el tiempo que estudiaron juntos. Sus primeros sentimientos hacia él le parecían ahora tan infantiles y lejanos que casi los había olvidado por completo, y se preguntaba cómo es que Milo había visto a través de ellos con tanta facilidad.
—Salimos algunas veces cuando nos conocíamos —admitió—. Nunca llegó a más.
—Lo sabía —frunció el ceño—. Ese hombre te ve como de su propiedad. Te manipula con tanta facilidad que me sorprende que te haya dejado pasar las noches aquí.
—Él no siente por mí más que amistad.
—Él no siente amistad; siente posesividad. Habría pasado las noches contigo solo para demostrarnos que podía hacerlo.
Camus posó una mano sobre su frente y sacudió la cabeza.
—Surt no es tan maquiavélico como crees. Además, es a ti a quien quiero. Tienes que confiar más en mí.
—¡Esto no se trata de confianza! —Camus abrió ampliamente los ojos ante la violenta reacción de Milo—. Esto se trata de mis sentimientos, Camus. No me gusta Surt, tengo celos de él y no puedo evitar enojarme cada que los veo juntos. ¡Sobre todo cuando me presentas como tu alumno y no como lo que realmente somos!
—Estuvimos de acuerdo en mantener esto en secreto.
—¡De Shion, Camus! ¡De Shion! ¿Cómo es que no tienes problemas con besuquearme frente al chico de intercambio, pero cuando se aparece Surt, no soy más que tu alumno de maestría?
Camus bajó la mirada al darse cuenta que no tenía una buena respuesta para su pregunta.
—Creo que hoy dormiré en la otra cama —espetó Milo, mientras levantaba el edredón de la misma—. Estaré mejor mañana cuando ese hombre y yo estemos en diferentes países.
Apagaron las luces a las diez de la noche. Camus se mantuvo despierto por largo rato y no se permitió dormir hasta que se le ocurrió un plan para hacer las paces con Milo. Incluso después de la discusión que tuvieron, estaba emocionado. Daría todo de sí para que el día siguiente fuese verdaderamente inolvidable.
Comentario de la Autora: Algo que me molestó de este fic y de PiPS es que no escribí mujeres. Siendo ingeniera, me parece terrible que casi no se aliente a las mujeres a formar parte del mundo de la ciencia y, el hecho de que hiciera un fic en donde la carencia de chicas era más que obvia, me hizo sentir muy culpable. Generalmente es algo que no me preocupa en los fics de Saint Seiya porque la realidad es que en el Santuario casi no hay mujeres y en los AU cortos lo dejo pasar porque ¿para qué pongo personajes que no son relevantes? En un multichap es algo que no me podía perdonar, así que para compensar puse a Shaina. Es tratar de tapar el sol con un dedo, pero al menos ya no me siento tan mal. La relación de hombres y mujeres en la ciencia ya está mucho más balanceada. No hagan caso a fics bobos como estos. Las mujeres son mucho más importantes para el mundo de la ciencia de lo que la historia nos hace creer.
Mmm... creo que eso es todo por ahora. En el siguiente capie veremos el plan de Camus en acción!
Gracias a todos por sus lecturas y reviews y, sobre todo, a mi hermosa betuchis, Gochy, quien siempre me ayuda con sus correcciones y comentarios. Con este capie estoy especialmente agradecida porque me salvó cometer un oso que me habría dado muchísima pena (y que me pasa muy seguido). ¿Todavía se dice 'oso'?
Aprovecho el espacio para invitarlos a todos a participar en el evento que estamos organizando en Tumblr en honor a Milo y a sus amores. Pueden leer los detalles en miloshipfest . tumblr . com y pueden participar desde fanfiction net uniéndose y subiendo sus historias a la comunidad Milo Ship Fest. ¡Espero verlos ahí!
Respuestas a Reviews:
Rosarosita: Dude, el mundo de los polímeros es de lo más cool. Están en todos lados, son úber importantes y su síntesis es preciosa. XD El añadir a estos muchachos sólo lo hace todavía mejor. ¡Muchas gracias por pasar a comentar! Espero no hayas odiado este capie.
Shingo: Hola! Es bueno ver que no te has olvidado de este humilde fiqui. No odies a Surt. Odia a Camus de SoG que es una maldita rata traicionera. Surt sólo hizo lo que cualquier antagonista habría hecho: sacar provecho. Jaja! No te preocupes, Surt no saldrá mucho tiempo más en la historia, sólo este capie y un chirris del siguiente. ¡Tenle paciencia! Danke!
