Los cerebros

Son cerebros.

¿Cerebros?

Sí… me pregunto... ¿qué estarán haciendo con ellos?

Harry se le acercó junto al tanque. Era seguro, no podría haber error ahora que los miraba de cerca. Brillaban en forma intermitente misteriosamente, paseaban a la deriva entrando y saliendo de la vista de las profundidades del líquido verde; parecían unas coliflores babosas.

Salgamos de aquí —dijo Harry—. No es la habitación que buscamos, tenemos que probar otra puerta.

Todos salieron de la habitación y cerraron la puerta a sus espaldas. Las paredes de la habitación circular volvieron a girar. Harry se dirigió hacia la puerta que tenía enfrente y la abrió. Una vista conocida lo recibió: un gran tanque con líquido verde albergando cerebros flotantes.

—Ésta no es —dijo por sobre el hombro—. Son los cerebros.

Cerró la puerta y esperó pacientemente hasta que las paredes dejaron de girar. Con confianza, extendió la mano y giró el picaporte.

—¡¿Otra vez los cerebros?! —exclamó con sorpresa antes de cerrar la puerta.

La habitación giró. Harry extendió la mano nuevamente, pero Ron lo detuvo:

—¿No deberíamos probar otra puerta esta vez?

Hermione sacudió la cabeza al instante.

—No, Ron. Según las probabilidades, al abrir siempre la puerta que queda enfrente nuestro...

No terminó la frase porque Harry abrió la puerta. Los cerebros seguían ahí.

—Probabilidades... brillante, Hermione —dijo Ron con sarcasmo.

Volvieron al centro de la habitación y esperaron que dejara de girar. Harry aún podía oír a Hermione murmurando «¿Cómo es posible?»

Esta vez Harry se dirigió a la puerta que estaba a su derecha. Un resplandor verde lo recibió y cerró de inmediato con enfado.

—Adivinaré: los cerebros, ¿no? —dijo Ginny.

Harry la ignoró y se dirigió a la puerta a su izquierda.

—¡Maldición! ¡Los cerebros!

Cerró la puerta, esperó que las paredes dejaran de girar y decidió probar la puerta a su espalda. Seguro que esta vez no vería...

—¡Los cerebros, maldita sea! —cerró la puerta.

—¿Crees que haya cerebros en todas las habitaciones? —preguntó Neville.

—No lo creo —respondió Hermione—. Entramos por una puerta, así que al menos una lleva a la salida. Además no pondrían cerebros en todos lados, no es...

—¿...probable? —terminaron Harry y Ron al unísono con aspereza. La chica bajó la cabeza.

—Alguien abra una puerta —ordenó Harry.

—¿Cuál?

—¿Qué importa? Seguro serán cerebros —terció Ron con desgano.

Apenas Neville abrió una puerta, Harry vislumbró un resplandor verde.

—¿Ves?

—Tal vez si abriéramos una puerta antes de cerrar la otra, la habitación no giraría —razonó Ginny.

—Sí —asintió Harry—, puede ser... ¡Neville, no cierres la puert...! —pero era tarde.

—Lo siento, Harry.

Apenas las paredes se detuvieron, Ginny abrió una puerta.

—¡Ésta no tiene cerebros! —exclamó.

Harry se acercó y miró por sobre el hombro de la chica. Vislumbró planetas y estrellas flotando en una profunda oscuridad.

—Tampoco es la que buscamos.

—Bueno, al menos es un avance.

—Sí, un gran avance. A este paso encontraremos a Sirius el año entrante —dijo Ron.

—No seas desagradable —lo reprendió Hermione.

—Siento echar a perder este grandioso día en que quedaremos atrapados para siempre en una habitación girante.

—Tal vez si lo pedimos amablemente, la habitación nos dará lo que queremos.

—No es la Sala Multipropósitos, Luna —dijo Ginny.

—Mi padre siempre dice que...

—Sí, sí —intervino Harry, que no quería oír sobre las estrambóticas opiniones del señor Lovegood—. Pero ni siquiera sé lo que buscamos. No sé qué son esas bolas plateadas que vi.

—¿No serán profecías? El Ministerio guarda muchas.

—¿Para qué querría el Innombrable una profecía? ¿Para saber cuándo le crecerá la nariz? —espetó Ron.

—No creo que por decir "¿Dónde está la Sala de Profecías?" o algo así... —Harry se quedó boquiabierto cuando una puerta se abrió a su derecha y reconoció el pasillo que había visto en sueños— ¡Es ésa!

—Te dije que si lo pedías amablemente...

En el otro extremo de la habitación, Neville probaba otra puerta sin escucharlos.

—Creo que es ésta, Harry.

—No, Neville. Ya la encontramos.

Neville miró hacia adentro un instante y se volvió.

—Tienes razón —dijo mientras cerraba—. Ésta es la de los cerebros.


N/A: ¡Hola! Espero que les guste... Nos leemos.