Capítulo 12: Diodos Orgánicos de Emisión de Luz

Gracias a sus capacidades semiconductoras, los polímeros han sido exitosamente utilizados para fabricar diodos orgánicos de emisión de luz (OLEDs). Al ser materiales tan ligeros y flexibles, permiten crear películas sumamente delgadas con capacidad de abarcar todo el espectro de color y alcanzar una alta intensidad de luz a diferenciales de potencial relativamente bajos. A pesar ser una tecnología con varias limitantes, su reducido costo a comparación de los LEDs inorgánicos tradicionales, así como su facilidad de fabricación, impulsan la investigación de los polyLEDs para su uso a escala industrial.

Camus entró a la oficina de Shion con la mirada gacha y un insistente malestar estomacal. La mañana había sido terriblemente emocional y un encuentro con su supervisor era lo menos que necesitaba en esos momentos, en especial cuando sentía que su recién adquirido título se encontraba en riesgo.

Shion se sentó frente a su escritorio y comenzó a buscar algo en un cajón. A diferencia de ocasiones anteriores, el doctor no le ofreció asiento y Camus decidió permanecer en pie a sabiendas de que así sería más fácil salir corriendo de la oficina en caso de que Shion no se conformara con un ataque verbal.

—Muchas felicidades por tu examen, Camus —dijo Shion con la cabeza medio oculta en la cajonera—. Hiciste un buen trabajo.

Sus palabras parecían sinceras y el francés pensó que quizá no había sido descubierto después de todo.

—Ha sido gracias a usted, profesor. Su interés en mi trabajo es el mejor aliciente.

Shion asintió distraídamente y siguió rebuscando en su cajón. Camus no se atrevió a moverse hasta que el hombre lanzó una exclamación de sorpresa, tomó un papel con los bordes doblados y se lo ofreció.

—Sabía que lo había puesto ahí —con nerviosismo, Camus tomó la hoja—. Cuando era más joven tenía la tradición de invitar una comida a mis nuevos doctores. Todo el grupo nos acompañaba y yo pagaba el consumo del recién titulado —suspiró nostálgico—. Como sabrás, hace mucho tiempo que no asisto a las celebraciones. Es deprimente salir con tantos jóvenes cuando tu cuerpo se cansa después de dos copas de vino, por lo cual ahora opto por darles una tarjeta de regalo para algún restaurante popular.

—No tenía que hacerlo, profesor —respondió Camus, mientras leía atentamente la nota. El mensaje estaba escrito a mano e indicaba que valía por dos comidas de tres tiempos y que podían reclamarse cualquier día del año en curso. Era claro que la supuesta tarjeta de regalo había sido escrita a última hora y con el único trozo de papel que tenían a la mano.

—Trabajaste bien, Camus, así que quise darte algo especial. Es un vale que podrás utilizar en la Perla del Este. Espero que te guste la comida china.

Siendo sincero, a Camus no le gustaba la comida oriental. No obstante, no tenía que ser un crítico de comida para saber que la Perla del Este era el restaurante de comida china más exclusivo de toda la ciudad. Estaba seguro de que incluso alguien como él podría apreciar la gastronomía china en un lugar tan elegante como ese.

—¿Está seguro de esto? Debió haberle costado una fortuna.

—Mi mejor amigo es el dueño del restaurante. Fue él quien me dio la idea —entrecerró los ojos—, aunque admito que hubiese preferido un vale impreso. De cualquier forma, mi amigo los estará esperando.

—¿Disculpe?

Shion parpadeó con rapidez varias veces y arrugó la nariz.

—Lo siento, pensé que querrías llevar a Milo contigo. Después de todo, ahora que se ha titulado ya no podrán verse tan seguido.

Camus contuvo la respiración al escuchar las despreocupadas palabras de Shion. ¿El profesor ya sabía de su relación? ¿Desde cuándo? ¿Por qué nunca dijo algo al respecto? ¿Quién habría sido el culpable? ¿Shura? ¿Afrodita? ¿Él mismo?

—¿Usted sabía que éramos pareja? —tartamudeó con incredulidad.

Shion carraspeó gravemente y, de no haber sido por su preocupación, Camus se habría dado cuenta que el ruido fue provocado por una risa mal contenida.

—Por supuesto que sabía. ¿Crees que estoy ciego?

Camus sintió que sus piernas flaqueaban e instintivamente se asió al borde del escritorio de Shion.

—¿Desde cuándo?

El doctor observó las manos de Camus por unos segundos —sus nudillos comenzaban a palidecer— y, posteriormente, se cruzó de brazos sobre la mesa.

—Tranquilo, Camus. De haber estado en contra, habría dicho algo meses atrás.

—¡¿Meses?!

El hombre asintió.

—Admito que la situación distaba mucho de ser la ideal. De haber sido alguien más, habría hecho lo posible para evitar que iniciaran una relación. Sin embargo, te conozco lo suficiente como para saber que no utilizarías tu rol de supervisor para sacar provecho de Milo. Además, siento que te hacía falta alguien como él. Te enfocas demasiado en el trabajo, Camus. La vida es más que buscar becas y publicar artículos.

—Lo sé, Shion, y agradezco que haya confiado en mí.

El profesor le miró con atención por varios segundos antes de taparse la boca con el puño cerrado en un vano intento de disimular su risa.

—¿Entonces se suponía que era un secreto? ¿Incluso en Warwick? ¡Si fueron juntos al castillo!

—Yo… —el pobre de Camus pensó que las burlas de Shion eran aún peores que sus regaños y, en ese instante, lamentó el no haber aceptado la oferta de la familia de Milo para ir a comer.

—¡Tuviste una sesión fotográfica con su familia! ¡Creí que nunca saldrían del auditorio!

—Admito que todo esto tenía más sentido en mi cabeza.

—Seguro que sí, hijo —el hombre rio por unos segundos más antes de despedirlo con un rápido movimiento de la mano derecha—. Anda, ve y búscalo. Seguramente te está esperando.

A pesar de que Camus sabía que los Kafantari ya estarían a medio camino del restaurante de su elección, aceptó la excusa como si fuese un regalo caído del cielo. Nuevamente le agradeció a Shion por su regalo y salió con prisa de su oficina con la esperanza de no encontrarse a alguno de sus compañeros rumbo a la salida del edificio.

El día estuvo repleto de intensas emociones y Camus no podía esperar para encerrarse en su departamento por el resto de su vida.


La noche del viernes, Camus llamó a Milo para invitarle a cenar en la Perla del Este. Como imaginó, al griego tampoco le encantaba la comida oriental, pero decidieron aprovechar la oportunidad para comer en uno de los lugares más lujosos de Atenas. Se vieron al anochecer del día siguiente; Milo pasó a recogerle y grande fue su sorpresa al encontrarse al hermoso Audi de Saga estacionado a unos pasos de su edificio.

—Dijo que no podíamos llegar a un lugar como la Perla del Este sin automóvil —explicó Milo—. Al principio pensé que mi hermano confiaba muchísimo en mí y luego recordé que también le había prestado el auto a Kanon. Por lo tanto, concluí que lo que busca es que alguno de nosotros choque para poder cobrar el dinero del seguro. No parece, pero es así de ruin.

De todos los Kafantari, Camus suponía que Saga era el más sensato. Fue por eso que la teoría de Milo no le pareció tan alocada. Después de todo, no hay loco más peligroso que el que aparenta ser normal.

Cuando llegaron al restaurante, Camus quedó impresionado al encontrarse con elegantes mesas de madera oscura y hermosas mamparas de diseños geométricos. El lugar no estaba cubierto del típico rojo chillón, sino que era cálido y discreto, con techos decorados con cuerdas de yute y mesas iluminadas con lámparas de bambú tallado.

Al principio, la anfitriona dudó en aceptar el inusual vale de Camus, pero una compañera suya examinó la hoja de papel e insistió en que les diesen una mesa inmediatamente. Fueron atendidos muy amablemente y, afortunadamente, la comida fue tan buena como el servicio.

La primera parte de la velada fue un tanto incómoda, ya que hablaron del almuerzo que hubo entre Camus y la madre de Milo. También discutieron sobre el resto de la familia del griego, quien aseguró que ya habían superado la prueba más difícil. Si su madre aceptaba al francés, sería difícil que alguien más pusiera trabas a su relación; al menos abiertamente.

Con el fin de alegrar el ambiente, Camus decidió contarle que Shion había sabido de su relación casi desde el principio.

—¿Hablas en serio? —gruñó Milo—. De haber sabido, habríamos podido sacar más provecho de la situación.

Camus pensó en todos los actos inapropiados que hicieron en la universidad y temió pensar qué más se hubiesen atrevido a hacer. La mitad de lo que hicieron ameritaba una suspensión y dio gracias al cielo que Milo ya se había titulado. Si tuviese que seguir conviviendo con él en la universidad, seguro acabaría siendo despedido.

Conversaron amenamente por el resto de la cena y, conforme pasaron los minutos, Camus comenzó a notar cierta ansiedad en Milo. Parecía querer decirle algo, pero cada vez que Camus le daba la oportunidad, el griego viraba la conversación hacia algo trivial. Terminaron el postre y, con el fin de relajar a Milo, el francés se atrevió a pedir una botella pequeña de baijiu, un licor de arroz que resultó ser mucho más fuerte de lo que esperaba.

Afortunadamente, a Milo solo le bastó medio vasito para animarse a hablar.

—Tengo que decirte algo importante —dijo con voz inusualmente baja—. ¿Recuerdas a la doctora de Vitis?

—¿Tu antigua jefa?

Milo asintió.

—Me ha ofrecido trabajo. Es un puesto mayor al que tenía antes y tendré mucho mejor salario. Empezaré en dos semanas.

Si Camus hubiese recibido esa noticia media hora atrás, habría abrazado a Milo y gritado de felicidad. Sin embargo, algo en el tono del griego le hacía sospechar que había algo oculto detrás de sus palabras. Algo importante y quizá difícil de escuchar.

—Aunque Shaina aceptó la colaboración con Shion, dice que no trabajaría inmediatamente en ella. Empezaría con proyectos de menor impacto mientras adquiero más experiencia. No parece mucho, pero es un cambio fuerte para mí. El laboratorio queda cerca de mi departamento y no tendría que mudarme. No obstante, el horario es complicado; desde antes solía llegar a casa hasta las siete de la noche y dudo que la situación cambie ahora que tengo el ascenso.

El francés bajó el rostro y comenzó a pensar en las implicaciones del nuevo trabajo de Milo. A pesar de que él nunca había trabajado en la iniciativa privada, suponía que la situación no sería muy diferente a la suya. Todos los días estaría en el laboratorio por casi doce horas seguidas, tras las cuales lo único que querría hacer sería darse un baño de agua tibia e irse directo a la cama. Del mismo modo, al no contar con el cómodo calendario universitario, tendría menos días de vacaciones. No sería fácil encontrar tiempo para su relación.

—Tú también estarás muy ocupado —continuó Milo—. Como posdoctor serás responsable de más líneas de investigación y de más alumnos. Conociéndote, pasarás todavía más tiempo en la universidad que ahora.

Milo tenía razón: a su lado era fácil obligarse a sí mismo a salir temprano del laboratorio. Ya fuese un paseo al centro de la ciudad o la promesa de una deliciosa cena casera, el griego contaba con las mejores herramientas para convencerlo de salir a su hora estipulada. Tristemente, Camus temía que su ausencia le hiciera recaer en sus malos hábitos. No tenía un buen motivo para regresar a casa si no lo hacía a lado de Milo.

—Somos casi vecinos y sé que es tonto que esté diciendo todo esto —admitió Milo—, pero temo que nuestra relación se deteriore una vez que comience a trabajar. He estado pensando en esto desde que Shaina me ofreció el trabajo y creo que lo mejor sería…

Camus cerró los ojos con fuerza como si el gesto le impidiera escuchar lo que venía a continuación. Debió haber sabido que todo era demasiado bueno para ser verdad. Ahora que Milo se reincorporaba al mundo laboral sería casi imposible verse entre semana, una diferencia abismal a su situación actual. Además, seguramente se había dado cuenta de que un eterno estudiante no era el mejor prospecto del mundo. Sin duda aprovecharía su nueva posición para encontrar a alguien más digno de él, alguien que le diese el lugar que se merecía y que no le molestaría con sus tontas preocupaciones.

Milo carraspeó, tomó un largo sorbo a su bebida y exhaló sonoramente.

—Lo que quiero decir es que, Camus —colocó su mano sobre la suya—, quisiera que viviéramos juntos.

El francés tuvo suerte de estar sentado, pues, de lo contrario, se habría caído de espaldas al escuchar la propuesta de Milo. Su plan tenía todo el sentido del mundo y no entendía por qué hace unos segundos estaba seguro de que romperían con él. Si vivían juntos podrían verse no solo todos los días, sino que también todas las noches. Milo le cocinaría calamares una vez por semana y Camus se encargaría del quehacer. Podrían bañarse juntos todas las noches y decorarían la casa una vez que llegase la Navidad. Habría conflictos, suponía, pero después de todo lo que habían vivido juntos, no tenía duda de que podrían sortearlos. Los últimos meses con Milo habían sido los más felices de toda su vida y, ahora que se lo planteaban, no podía esperar para dar el siguiente paso.

—¿Camus? —la nerviosa voz de Milo le recordó que aún no había pronunciado en voz alta su respuesta.

Envolvió sus manos alrededor de la del griego y la alzó para besarla dulcemente.

—Me encantaría mudarme contigo.

Los ojos de Milo se abrieron de par en par e, incluso bajo la media luz del restaurante, Camus reconoció su brillo de felicidad.

—¡Camus!

El menor prácticamente saltó de su asiento y abrazó fuertemente al francés, quien estaba tan feliz que ni siquiera pensó en el espectáculo que le daban al resto de los comensales.

—¡Podemos buscar un nuevo departamento en la zona! —dijo Milo sin soltarle—. ¡Uno más grande, que tenga una enorme cocina y una segunda habitación para todos tus libros! ¡Quiero un elevador para no tener que subir tantas escaleras! ¡Busquemos uno con estacionamiento! ¡Compraré un coche y te llevaré a conocer toda Grecia!

Camus rio de felicidad y asintió al escuchar cada una de sus ideas. Había vivido muchas cosas maravillosas a lado de Milo y estaba seguro de que la lista aumentaría día con día.

Milo tenía razón al decir que su relación no era un experimento. Lo que existía entre ellos era tan inmutable como la ley de conservación de la materia y tan armónico como el principio de Le Châtelier. Se trataba de un fenómeno natural poderoso, imparable y observable por todos y al cual Camus, con sus diez años de estudios científicos, solo podía catalogar como amor.

Comentario de la Autora: ¿Ven? Les dije que haría sufrir a Camus hasta el final. A que soy chévere, ¿o qué?

OMG! Con esto llegamos a la emocionante conclusión de esta saga. ¿No les da tristeza/felicidad? Han sido dos años muy emocionantes y me divertí mucho con esta historia. Verdaderamente es una pena que haya terminado de subir estos capies.

¡SIN EMBARGO! Aún tengo planes para esta historia. Planes que involucran mis primeros pininos como autora profesional. Básicamente lo que haré será pullear un 50 Shades of Gray. ¿Eso qué significa? Tomaré esta saga, le cambiaré los nombres a todos, le agregaré/quitaré algunas cosas y la publicaré en Amazon Kindle como original. Sé que aún no hay mucho lector de e-book en hispanoamérica, pero ojalá que puedan apoyarme en esta transición. ¿Cuál será el bonus para ustedes? Escribiré 2 epílogos. Uno con la familia de Camus y otro con la familia de Milo. En cuanto esté listo el e-book publicaré aquí el epílogo con los Camuchis y la información de mi seudónimo para que compren el libro y puedan leer el segundo epílogo.

Me gustaría de corazón darles el libro gratis, pero a menos de que hayan cambiado las políticas de Amazon no podré hacerlo. Lo que puedo garantizarles es que no costará más de 1 USD (a menos de que cambien las políticas otra vez XD).

¡No olviden seguir esta historia para enterarse de la próxima actualización!

Pero no se preocupen, mis queridos. Esto no quiere decir que mis tiempos fanfiqueros estén próximos a terminar. Yo calculo en un mes comenzar a publicar un nuevo multichap Milo/Camus y espero poder a verlos ahí también. Tendrá un tono diferente a lo que suelo utilizar, pero estoy muy entusiasmada con este proyecto.

Finalmente, les comento que decidí cambiar nuevamente mi página de servidor. La simplifiqué bastante, pero al menos así podremos estar seguros de que la actualizaré como debo. Ahí también irán encontrando información sobre mis nuevos planes que, quizá incluya un giveaway: alechansfanfiction (puntocom).

Y bien, eso es todo por ahora. Un enorme, ENORME agradecimiento a mi querida betuchis, Gochy, por sus consejos, orientación y los zapes correspondientes. Te amo y te irás al cielo del Milo/Camus.

También muchísimas gracias a todos los que siguieron esta historia de principio a fin, ya sean lectores asiduos o binge readers o que se perdieron haciendo tarea de química y de algún modo acabaron aquí. También gracias a los que se tomaron su tiempo para favoritear la historia y, más aún, para reviewarla. Espero verlos en un futuro no muy lejano. Yo vivo para mi público, pues.

¡La ciencia es importante! ¡Kissu!