[[Por como van estas fechas, Ale menciono algo sobre Miguel en ayunas, y no me pude resistir XD]]

Coco no me pertenece, uso sus personajes sin fines de lucro.


Pecadito


Miguel se sentía mareado desde hace rato, ya era el inicio de la época de cuaresma y eso solo significa una cosa; ayunar. Vivir en una familia con esa costumbre, era un poco pesado.

Tal vez pudo tener sobras de energía en su niñez y no se sentía del todo cansado en ese tiempo. Pero, la adolescencia y secundaria eran otra cosa; se cuerpo se estira, hay cambios notorios y su voz se hace grave, todo eso gasta energía en su cuerpo.

— ¿Ey, te encuentras bien?—Rob lo mira con preocupación en los ojos.

El joven Rivera solo asiente con la cabeza y quiere decir que no se tiene que preocupar, pero el timbre suena y eso significa (que como es lunes) es hora de los honores a la bandera. Todos salen de sus salones para formarse por grupo, Miguel ya se sentía un poco mal, después de haber cantando el himno se anunciaron las actividades que se darían por la semana; fue ahí donde no aguanto más y sus ojos cayeron junto con su cuerpo.

(…)

Había despertado en la enfermería, con un dolor en la panza recordó lo que sucedió en los honores y sus mejillas se pusieron rojas de la vergüenza ¡Madres se había desmayado en honores!

―Oh, ya despertaste…―menciona la enfermera entrando al cuarto con una libretita.

―Lo siento mucho, de seguro muchos se preocuparon.

―Los de tu salón sí, no es como si fueras el primero en desmayarse en esa hora. Después que te sucedió cayeron como otros seis, suele suceder mucho en esta época, así que no te preocupes―no sabía si esa era manera de hacerlo sentir bien ¿¡Otros seis más!?―Pero por lo menos fuiste al que sí pudieron cachar, los otros si cayeron al suelo; aun así te tardaste en despertar. Aquí tienes―dijo después de anotar algo en su libretita y arrancar la hoja.

La enfermera le dio una nota― ¿Y esto?

―Es para avisar a tus padres que no puedes ir a la escuela en ayunas. Así que bien desayunado tienes que ir al salón

Miguel iba a decir algo, pero la enfermera se fue antes que pudiera hacerlo, intento incorporarse de la camilla con cuidado, aunque fuera solo sentado.

― ¡Hola, bello durmiente!―exclamó con burla el pecoso al entrar― ¿Sabes…? Estás algo pesadito.

―Oye, ¿no deberías estar en clases?

―Miguel, ya es receso.

― ¡No mames!

Rob se sentó en su lado y le ofreció el chocomilk que traía en mano―Se me hace raro que ayunes, siempre tu abuela te quiere dar de comer.

―Es que es cuaresma.

― ¿Y eso?

―Bueno, es para hacer penitencia y esas cosas…―Miguel no tenía un concepto claro de ello porque apenas iba despertando― ¡Ya sabes! Lo que te dicen en misa.

―Yo no soy católico, ikniuhtli.

―Oh, cierto. Se me olvida.

―No te preocupes, come―dijo ofreciendo el chocomilk y la torta que tenía.

―No puedo, sería malo.

Rob frunció el ceño―Malo es que me estés desmayando o durmiendo en clases de Torres, ese profe es bien mamón; de seguro te manda reporte.

― ¿No estaría cometiendo pecado?

― ¿Un pecadito por comer? ¡Oh teotl, te desmayaste!

―Bien, bien, voy a comer.

Agarro los alimentos, y comenzó a comer, aunque en un momento se sintió mal por hacerlo, después del tercer mordisco a la torta ya fue puro disfrute del sabor y hasta quiso absorber la última gota del chocomilk.

― ¿No que no tenías hambre?

―Ya no me regañes, ya tengo suficiente con la nota.

― ¿Nota?

―La enfermera me dio esto para decirle a mis padres que no me traigan en ayunas.

―Que bien.

―Nada de "que bien", no los quiero preocupar, lo mejor es que no lo sepan.

―Oye, pero ¿Cuánto dura esa paresma?

―Cuaresma―corrigió.

―Eso.

―Pues son cuarenta días en los…

― ¡No chingues, Miguel! No puedes andar ayunando todos esos días e ir a la escuela.

―No son todos esos días, y no es la primera vez que lo hago, pero es la primera vez que me pasa esto.

―Miguel, si sigues así, te vas andar desmayando a cada rato, y van a llamar a tus padres.

El aspirante a músico bufó en frustración, tenía razón, en cualquier momento podría ocurrir eso, además su cuerpo está en constante cambio y se podría decir que en un estado inestable ¿Cómo reaccionaría durante esos días? Sus pensamientos se disiparon al sentir la mano cariñosa de su amigo desordenarle el cabello.

―No te preocupes, yo te doy lonche.

― ¿Seguro?

―Sí, solo será un pecadito chiquitito.

―Gracias, Rob―Miguel le sonrió agradecido por ese gesto de lealtad.

Después de eso, ambos fueron afuera para pasar lo poco que le queda de receso antes de que les impartiera clases de matemáticas con Torres.


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