Nuevo capitulo, lamento la tardanza, suelo tardarme en redactar más de lo esperado

Gracias por leer

Procrastinacion: Pobre Boruto, en verdad :c

secretlistener: So... why you are writing in english? ajaja :( If you still reading, you will know the answer, but I need warning you: a romance wont have easy


III
En la oscuridad

¿Aún aquí? ¿De verdad?

Bueno, supongo que mi historia ha debido parecerles interesante de alguna manera… o, tal vez, solo tienen curiosidad de saber si aprobé o no mi examen de matemáticas.

(Reprobé, estoy seguro de ello)

Lo más probable es algunas y algunos de ustedes lean esto esperando una historia romántica… así que lamento decepcionarlos, pero saben que no es posible que suceda algo de eso, o al menos que suceda con la persona que ustedes esperan, con la persona que yo espero. No, no es posible.

Esto es la realidad, no una fantasía. Sin embargo, si se quedan conmigo, puedo prometerles que seré completamente honesto con respecto a mis pensamientos, porque no tengo la más mínima intención de ocultarles nada de lo que me suceda.

Y seré dramático, así que prepárense para eso.

¿De acuerdo? Muy bien, sigamos con mis divagaciones.

Entonces, ¿que quién sigue?, ah, sí, mi hermana menor.

Su nombre es Himawari, significa "girasol".

Ella y yo nos diferenciamos por solo dos años de edad, eso significa que mientras yo tengo quince años y acabo de entrar en preparatoria, ella va en secundaria y cumplirá trece años muy pronto, aunque la verdad continúa comportándose como si fuese una niña pequeña.

Supongo que en parte lo es, o realmente no estoy seguro de eso. Sucede que está en esa edad en que aún no eres un adulto, pero ya dejaste de ser solo un niño; esa edad en dónde estás buscando encontrarte a ti mismo.

Para mi hermana, sus maravillosos -y por maravillosos quiero decir completamente horribles-, años de adolescencia, están a punto de comenzar.

Así que sí, Himawari es el tipo de chicas que le teme a los rayos y que duerme con su peluche favorito aún, pero que está comenzando a interesarse por cosas de adolescentes, como el maquillaje. Aunque realmente no me importa la cantidad de años que tenga, creo que siempre seguirá siendo una niña pequeña para mí, porque simplemente no consigo verla de otra manera.

Y, bueno, como ustedes ya saben, Himawari es la persona de quién estoy perdidamente enamorado.

- Estoy en casa.

El recibidor está vacío, sin embargo, sé que mamá se encuentra en casa a esta hora.

- ¡Bienvenido! -puedo oír su voz, viniendo desde la cocina. Un aroma cálido y dulce, como a bizcocho, inunda la casa. De seguro debe estar preparando algún postre-. ¿Cómo estuvo la escuela?

- Aburrida, como siempre-dattebasa -doy un suspiro, mientras cierro la puerta tras de mí. Dejo mis llaves en su lugar y me quito los zapatos por fin.

¡Estoy tan cansado!

Es gracioso, porque prácticamente no he hecho nada para sentirme exhausto, pero supongo que simplemente hoy es uno de esos días agotadores en dónde solo quieres echarte en tu cama para descansar. Y, hablando de camas, la mía me está esperando para una agradable siesta.

O al menos eso creo, hasta que un par de brazos pequeños y delgados me agarran firmemente por la cintura.

- ¡Hermano, bienvenido!

La voz de Himawari me produce un sobresalto, así como el peso de su cuerpo al chocar contra el mío. No tardo en notar que me está abrazando.

Y mi corazón se acelera instantáneamente con ello.

- S… Suéltame -le ordeno, pero ella no obedece. Hoy, por alguna extraña razón, mi pequeña hermana parece determinada a recibirme con un abrazo.

La cosa es que no puedo permitirlo. Sé que suena a que exagero, pero realmente es una urgencia alejarla de mi cuerpo.

Por eso intento apartarme, sin embargo, no lo consigo. Ella me abraza con firmeza.

- ¡Pero solo quería saludarte! -puedo oír su risa alegre, lo que solo consigue que mi rostro arda apenado.

- Basta ya, déjame solo -tiro de sus muñecas, pero no funciona. ¿Pero qué diablos le da de comer mamá para que sea tan fuerte?, incluso siento que comienzo a ahogarme.

- Pero hace mucho tiempo no puedo abrazarte -se queja. Quiero moverme, pero con cada paso que doy su cuerpo me sigue y sus pies se deslizan con facilidad por el suelo. El sonido de su risa inunda mis oídos.

¿Es tan malo que su risa me resulte melodiosa y agradable?

- Me da igual -necesito apartar ese último pensamiento de mi cabeza-. Quiero que me dejes solo.

- ¡Pero hermano…!

- ¡Niños! -la voz de mamá, desde la cocina, se acerca-, ¿ya están peleando?

- ¡Himawari me está abrazando-dattebasa!

- Boruto, no grites -mamá aparece y nos encuentra discutiendo a mitad del pasillo. Le basta una mirada para entender la situación-. Himawari, ya sabes que a tu hermano no le gustan los abrazos.

- ¡Pero yo solo quería…!

- Himawari -mamá habla nuevamente. No dice nada más, solo espera con su vista fija en ella.

Tras un montón de segundos, mi hermana por fin me suelta, dirigiéndome un mohín antes de apartarse. Yo respiro aliviado. Que mamá siga respetando la regla de "nada de abrazos a Boruto" que exigí hace cosa de un año, es algo que sinceramente debería agradecerle.

Vuelvo sobre mis pasos, levanto mi mochila del suelo, en dónde la he dejado caer, y camino a la escalera.

Estoy tan cansado que solo quiero dormir un rato.

- Por cierto, Boruto -los ojos de mamá me sigue por la estancia. No se ha movido de su lugar-, ¿cómo te fue en tu examen?

Y con eso mi corazón se detiene. Literalmente.

No, no es broma. Estoy seguro de que, al menos por un segundo, ha dejado de latir.

- ¿Qué examen?

Mamá me mira entonces, desde los pies de las escaleras. Hay una pequeña sonrisa en su rostro que me pone la piel de gallina.

Ya se los dije, ¿cierto? Mi madre es probablemente la mujer más terrorífica en la tierra y esto solo me ayuda a confirmarlo.

- Tu examen de matemáticas, el que tuviste hoy -me responde entonces, lo que yo ya sé.

- Oh, cierto, ese examen -bajo algunos escalones, buscando actuar tranquilo-. Estuvo muy fácil realmente, nada de lo que preocuparse.

- ¿Estudiaste lo suficiente?

- Claro que sí -mamá sonríe con mi respuesta.

- Bien, entonces supongo que no encontraré ninguna sorpresa cuando vaya a la reunión con tu maestro el viernes, ¿verdad?

Mierda.

La reunión de padres y maestros, la que esperaba que mamá no recordara.

Ahora sí que estoy en serios problemas.

- Nada fuera de lo normal -prometo, pero es mentira, una asquerosa mentira.

Voy a ser hombre muerto para cuando la semana acabe.

- Me alegra oírlo -mamá voltea y vuelve hacia el interior de la casa. Yo arrojo un suspiro agotado.

Como si no fuese suficiente haber reprobado, ahora me la pasaré muerto de miedo toda la semana esperando al viernes.

Y cuando eso suceda, adiós al internet. Por mucho que sea el favorito, mamá no me perdonara reprobar matemáticas.

Estoy muerto, realmente muerto.

Cuando abro mis ojos por fin, me doy cuenta que Himawari continúa mirándome desde el pasillo. Noto que ya no lleva ese mohín con el que me miró segundos atrás, ahora en cambio una sonrisa asoma en sus labios.

Una sonrisa divertida.

- Hermano -habla, y su voz está llena de burla-, ¿realmente estudiaste para tu examen?

- Claro que sí-dattebasa -respondo, fingiendo indignarme.

- ¿Seguro? Te veo muy preocupado.

- Imaginaciones tuyas, mis notas son excelentes.

Doy media vuelta y vuelvo a subir las escaleras, rápido, antes de que ella diga algo más. Sin embargo, puedo sentir sus pasos detrás de mí, siguiéndome hasta el segundo piso primero y luego a través del pasillo. Al llegar a mi cuarto, nos detenemos, y aunque los segundos pasan no la escucho marcharse.

Decir que estoy nervioso por su comportamiento, es poco.

Miro por sobre mi hombro. De pie tras de mí, solo está mirándome fijamente, sin decir nada.

- ¿Qué quieres?

Ella da un salto al oírme, pero en vez de mostrarse asustada, solo me sonríe, como siempre hace al verme.

- ¿Me ayudarías a estudiar? -pregunta entonces.

Parece gracioso que con mis malas notas mi hermana menor pida mi ayuda para hacer sus deberes, ¿cierto?, bueno, yo creo lo mismo. Pero la razón por la cual Himawari me lo pide es porque antes solía ayudarla todo el tiempo.

Digo antes, cuando yo era un buen alumno y un buen hermano mayor; antes, cuando seguía sin comprender mis sentimientos, la forma en que mi corazón latía al estar cerca de ella.

Antes.

Ahora, en cambio, las cosas no son de esa forma y no pueden volver a serlo.

Mis reglas me lo prohíben.

- No tengo tiempo.

No espero a ver su gesto de decepción, simplemente entro a mi cuarto y cierro la puerta tras de mí.

El silencio me recibe en mi propio mundo, agradable, solitario.

Desato mi corbata y la dejo sobre el pomo de la puerta. Suelto mochila también, en algún lugar de mi habitación. Me deshago de mi uniforme, me coloco ropa limpia, y luego camino por mi cuarto hasta sentir que mis piernas chocan contra el borde de la cama. Me hundo entonces en ella, sintiendo las sabanas frías contra mi piel.

Es una sensación agradable.

Entonces imagino el rostro de Himawari, decepcionada de mí, y hundo mi cabeza bajo una almohada, esperando dejar de respirar. No sucede, claro, solo me ayuda a sentirme más miserable conmigo mismo.

Lo sé. Para este momento debo parecerles un pésimo hermano mayor. Pero es solo que intento mantener todos mis sentimientos bajo control, y algo necesario para conseguirlo es mantenerla a mi hermana alejada de mí. No puedo estar cerca de ella, ni mucho menos dejar que me toque.

Tal vez creen que exagero, pero para mí realmente es una prioridad.

Si ella no está cerca de mí, mi corazón no tiene una razón para latir tan rápido, ¿lo entienden?

Aunque tal vez no lo crean, nuestra distancia -o más bien la mía-, fue sucediendo de forma gradual. ¿Recuerdan cuando les conté la manera en que mi amistad con Sarada se deterioró? Bueno, pues fue más o menos lo mismo con Himawari. Pasé de ser el amoroso hermano que le leía cuentos justo antes de dormir, a ser el estúpido y cruel adolescente que rechaza cualquier tipo de contacto físico tan gradualmente que, para cuando me di cuenta de lo que hacía, ya estaba atrapado en una rutina de la que soy incapaz de salir ahora.

Es por la misma razón que mamá se esfuerza porque volvamos a pasar tiempo juntos. Le preocupa la distancia que he tomado hacia mi hermana, pero estoy seguro de que si supiera la razón por la cual actúo como lo hago, no me dejaría volver a estar solo en una habitación con ella.

Sucede que cuando comencé a entender que lo que sentía por Himawari no era normal, decidí tomar la distancia apropiada hasta que pudiese controlar la forma en que mi corazón latía cuando ella aparecía. Lamentablemente, tras años de hacerlo, sigue siendo una tarea completamente inútil… porque aún no encuentro la forma de conseguirlo. El apartarme no ha sido más que una forma de retrasar lo inevitable, porque mis sentimientos no han hecho más que crecer en todos estos años.

Y son tan peligrosos, que constantemente necesito mantenerlos ocultos, sobre todo de mí mismo, porque a veces sentir lo que siento por ella resulta tan doloroso que incluso respirar se torna difícil. A veces me siento como un volcán a punto de hacer erupción y destruir todo a su paso.

Aún recuerdo que la primera vez que soñé que la besaba, fue tan real que me desperté sudando y con el corazón latiéndome como si hubiese tenido una pesadilla.

En ese momento aún compartíamos habitación. Himawari dormía en la litera de abajo por lo que, incluso con el sonido de mi corazón retumbando en mis oídos, podía oír su respiración calmada.

Me tomo cerca de cinco minutos comprender que había sido un sueño y no algo real. Y no supe si el alivio de no haberlo hecho, de no haberla tocado, fue más grande que la decepción de saber que había sido un sueño.

Así fue como nació una de mis reglas.

"Nunca dormir con ella en la misma habitación, mucho menos compartir la misma cama"

Estaba enamorado, pero no lo sabía en ese momento, me tomó más años averiguarlo. Ciertamente, lo único que entendía era que mis sentimientos me asustaban.

No era normal lo que había soñado, porque no era normal el querer besar a mi hermana.

Claro, mamá me lo había enseñado una vez: mi hermana era mi hermana, no era como las otras niñas que yo pudiera conocer, por eso tenía que cuidarla. Era parte de mi familia, como ella y papá.

Sin embargo, eso no me detuvo de comentárselo a la mañana siguiente.

"He soñado que besaba a Himawari"

Al comienzo, claro, mamá comenzó a reír. Algo tuvo que haberle parecido gracioso para hacerlo, pero luego -al ver que yo no me reía-, me quedo observando en silencio. Yo pude ver la preocupación en sus ojos y entendí que había hecho algo malo, algo estúpido.

Algo que, en definitiva, llamaba la atención de los adultos y que, por ende, no era normal.

Como sea, mamá se preocupó, porque tras todo un día de miradas silenciosas que yo podía sentir fijas en mi espalda, se me acercó para hablarme nuevamente.

"¿Dónde has soñado que la besabas?"

Para entonces, claro, yo ya había tomado una decisión.

"En la mejilla" -mentí, sin quitar mis ojos de la televisión.

Probablemente fue la primera mentira que le dije a mamá. Pero pareció creerme, porque luego de eso no volvimos a hablar del asunto, ni ella ni yo.

Sea lo que sea que hubiese atravesado por su mente, se fue tan rápido como llegó, y de esa forma mamá no pudo descubrir aquel secreto que tanto me avergonzaba y que me carcomería por dentro los siguientes meses.

Esa noche le pedí a papá mi propio cuarto.

Distancia, claro, eso era todo lo que yo necesitaba. Si soñaba con ella era porque pasábamos demasiado tiempo juntos, porque los hermanos normales no compartían la misma habitación juntos. Así que yo necesitaba mi propio refugio.

El problema fue que eso no lo solucionó para nada, sino que, más bien, comenzó a provocar que me alejara de ella. Y ahora me es imposible volver a estar cerca de ella, porque tengo reglas específicas que me lo prohíben.

Reglas que he creado con el paso de los años. Reglas que se aseguran de mantenerme alejado de mi hermana. Como, por ejemplo…

I. Nunca dormir con ella en la misma habitación, mucho menos compartir la misma cama.

II. Jamás tomar un baño con ella. Cerrar mis ojos cada vez que salga del baño o este semidesnuda.

III. Nunca buscar una excusa para quedarme solo con ella.

IV. No verla demasiado tiempo, ni hablar con ella demasiado. En lo posible, no pasar tiempo con Himawari.

V. No hablar sobre mis sentimientos con nadie, mucho menos con los adultos. Es peligroso.

VI. Recordar que es mi hermana menor, siempre, y que yo solo soy su hermano mayor.

Eso es, solo hermanos.

Y con ese último pensamiento, mi consciencia simplemente comienza a desvanecerse.

Y yo me quedo profundamente dormido.

Cuando despierto, en medio de la agradable oscuridad, sé de inmediato que ya debe ser de noche, que papá ya debe haber llegado a casa y que la cena…

- ¡Niños, bajen a cenar!

…está lista.

Bostezo, mientras me coloco de pie. No puedo creer que tras dormir sigo igual de cansado que antes.

Camino tambaleándome hasta la salida y abro la puerta de mi cuarto. La luz del pasillo lastima mis ojos y me obliga a restregarlos, pero el aroma a hamburguesas que inunda la casa me abre el apetito de inmediato.

Bueno, esa una gran forma de mejorar mi día. Se trata de mi comida favorita, después de todo.

El ruido de una puerta abriéndose llama mi atención. A unos metros, veo a Himawari salir de su cuarto con una sonrisa en el rostro. Olfatea el aire, tal y como yo hace unos segundos, antes de sonreírme entusiasmada.

- ¡Mamá hizo hamburguesas! -grita, para luego salir corriendo hacia las escaleras.

Sus palabras solo me ayudan a recordar lo mucho que mi hermana ama las hamburguesas también.

Es verdad, ¿cómo no le van a gustar?, si yo también las amo.

Conozco a muchos hermanos que en realidad no se parecen el uno con el otro, a tal nivel que incluso sus conocidos cercanos pueden ignorar su relación. Ya sea porque son diferentes físicamente, o porque sus personalidades son totalmente opuestas. A veces por ambas razones.

Pero no, ese no es nuestro caso. Con Himawari somos, de hecho, muy similares.

Y aunque digan que yo me parezco mucho más a papá y ella es idéntica a mamá, la realidad es que incluso nuestras personalidades son parecidas.

Lo único que no tenemos en común es el color de nuestro cabello. Por lo demás, tenemos los mismos ojos, las mismas marcas en las mejillas, incluso los mismos gustos.

Somos hermanos, después de todo.

Y no importa cuánto yo pueda llegar a desearlo, nada va a cambiar eso.

Estoy atado eternamente a ella, no solo por mis sentimientos, sino que por un lazo que soy incapaz de romper.

Vaya suerte tengo, ¿eh?

CONTINUARÁ…