Capítulo nuevo! :)
Vnimrod: Gracias por leer! Sé que soy muy lenta en mi trabajo, pero puedo prometer que valdrá la pena (el problema es que me gusta el drama, así que de verdad tendrás que prepararte para eso! :( )
VIII
Nada más espeso que la sangre
.
Aunque ha pasado una semana, sigue sin haber demasiado que contar sobre cómo va mi vida.
Sigo siendo un adolescente rebelde, tanto en la escuela y en casa, pero ahora que tengo el rostro lleno de golpes no puedo evitar sentir que estoy más vigilado que de costumbre. Mamá al menos me exige más tiempo en casa, lo que se traduce directamente en menos tiempo con mis amigos.
Así que por esa razón hoy es sábado... y todos estamos camino a casa del abuelo.
Digo "todos" porque no somos solo mamá, Himawari y yo. Hoy papá también viene con nosotros, ya que no tiene que trabajar. Ha tenido que despertarse más temprano para acompañarnos, pero dice que no le importa porque lleva un tiempo sin ver al abuelo.
Y como él viene, hemos usado el auto está vez.
- ¡Ah, ya llegamos! -el grito de mi hermana consigue que abra mis ojos por fin. Pauso la música y me quito mis audífonos, mientras siento el auto girar para estacionarse. Finalmente, se detiene y lo que viene es el sonido de la puerta abriéndose.
- ¡Himawari, no corras! -advierte mamá, pero como siempre ella no alcanza a escucharla y baja corriendo del auto apenas este se detiene. Mamá arroja un suspiro, me mira con suplica desde el espejo retrovisor-. Boruto…
- Ya lo sé, ya lo sé-ttebasa -resoplo. Desabrocho mi propio cinturón y salgo tras ella.
Como les dije antes, esto de ser el hermano mayor tiene sus desventajas.
Por ejemplo, siempre tengo que echarle un ojo, para asegurarme de que no se meta en problemas.
El sol me golpea en el rostro y tengo que restregar mis ojos un momento. Cuando los abro, puedo distinguir de inmediato a mi hermana, de pie frente a la casa de nuestro abuelo. Él es el padre de mamá y vive con tía Hanabi, la hermana menor de mamá. Y aunque su casa queda del otro lado de la ciudad, pero me gusta visitarla porque es amplia, tradicional y tiene una gran puerta de entrada.
Camino hasta colocarme junto a Himawari, en el momento exacto en el que la puerta se abre. El abuelo aparece entonces, observándonos con los mismos ojos aperlados que tiene mamá. Lleva una expresión sería en su rostro, o eso hasta que nos ve. Solo entonces relaja su gesto duro por una sonrisa más amable.
- ¡Mis nietos! -grita, apenas nos ve en la entrada. De inmediato nos abraza alegremente, como siempre.
- ¡Abuelo Hiashi! -mi hermana sonríe mientras le abraza. Yo, en cambio, no puedo evitar sentirme atrapado. Pese a que mi abuelo luce como un hombre muy frágil ahora que es un anciano, no puedo olvidar que en su juventud fue un importante luchador y que, aún hoy, entrena cada día para mantenerse saludable.
- Oh, mi pequeña Himawari, mi pequeño Boruto.
- ¡Basta abuelo, es tan vergonzoso-dattebasa!
Él sonríe con mi respuesta. Tras eso me suelta por fin y yo puedo volver a respirar.
- ¿Quién te ha dejado el rostro de esa manera? -pregunta, al ver mis moretones. Yo resoplo.
Esto es lo malo de las visitas familiares. Todos quieren saber que sucede contigo.
- Nadie-ttebasa, solo fue un accidente -miento. Siento la mirada de Himawari sobre mí, pero me esfuerzo en ignorarla.
- Deberías volver a entrenar conmigo -asegura entonces. Hay una sonrisa de antaño en su rostro. Voy a contestar en cuanto la puerta se abre nuevamente.
- Padre, ¿los estás molestando sin mí?
Tía Hanabi aparece entonces, asomándose por la entrada de la casa. En cuanto nos ve en la puerta no duda en sonreírnos.
Ella es la hermana menor de mamá y de hecho son muy parecidas la una a la otra, solo que mamá ha heredado el cabello de mi fallecida abuela y tía Hanabi parece ser una copia del abuelo, con su cabello castaño. Ella también va a la universidad, con una beca de deportes conseguida por practicar el mismo arte marcial que nuestro abuelo. De hecho, como un dato curioso, ese estilo de lucha es especial de nuestra familia. Si no mal recuerdo, incluso creo que mamá lo practicaba en sus años de secundaria, aunque después lo abandonó por algún motivo. También yo recuerdo haber entrenado con el abuelo siendo un niño, pero tuve que dejarlo por falta de tiempo.
¿O acaso creían que me involucro en peleas sin saber cómo defenderme?
- Ah, Boruto, Hima-chan, bienvenidos -saluda entonces, a tiempo para que mamá y papá aparezcan también, tras haber estacionado el auto correctamente.
Tras saludar a mamá y a papá, de forma breve, nos invitan a entrar para el almuerzo que ya está listo y servido sobre la mesa.
Papá y el abuelo hablan, se colocan al día tras tanto tiempo sin verse. Mamá también conversa con ellos, de forma animada, y eso consigue llamar mi atención un momento.
No conozco todos los detalles sobre la vida de mis padres, pero creo recordar que mamá solía tener problemas con el abuelo, por ser un hombre muy duro y frío con ella, y que incluso un tiempo tuvo que irse de casa por la misma situación. Pero supongo que eso cambió en algún momento, y que, por lo que he escuchado en ocasiones, papá ayudó mucho a sanar esa relación.
No estoy seguro, no suelo prestar atención a las historias de mis padres, pero me alegra ver que pueden sentarse a almorzar y sonreírse con honestidad, porque sé que en otras familias eso no sucede. Supongo que tengo suerte de crecer en una buena familia, ¿no?
Tía Hanabi, por el contrario, se concentra en nosotros.
- Bueno, bueno, díganme como están -exige en un momento. Siento su mirada en mí, probablemente examinando mi rostro, pero me esfuerzo en ignorarla.
Sé que, tan golpeado como estoy, no llamar la atención es algo imposible.
- Nos hemos visto hace un mes-dattebasa -me quejo en cambio-. Es una pregunta tonta, por supuesto que todo está igual.
- Claro que no -replica ella, hace un mohín parecido al que mamá hace de vez en cuando-, en un mes pudieron pasar muchas cosas, Boruto. Mi adorada Hima-chan pudo haber abandonado la escuela para convertirse en una delincuente.
Y al decirlo se inclina sobre ella, abrazándola y llorando falsamente.
- Tía Hanabi, no he hecho eso -replica ella, riendo. Quedo atrapado medio segundo en su sonrisa, antes de reprenderme a mí mismo por hacerlo.
Tras eso me esfuerzo masticar y tragar, en concentrarme en otra cosa que no sea su risa. Ojalá se me permitiera escuchar música mientras almuerzo, así no tendría que oírla.
- Ah, ¿acaso mi comida es tan deliciosa que te ha quitado el habla? -las palabras de tía Hanabi llaman mi atención. Cuando alzo la vista me doy cuenta de que está mirándome fijamente-. Yo te entiendo, después de todo es mi estofado especial.
- El de mamá es más delicioso-ttebasa.
Mis palabras solo consiguen que clave su mirada en mí, como si de pronto me hubiese convertido en su objetivo.
- Boruto, no seas maleducado -mamá me mira desde el otro extremo de la mesa, reprendiéndome.
- Déjalo, hermana -tía Hanabi me sonríe, desafiante como siempre. Una cosa que deben saber sobre mi tía es que le gusta mucho bromear conmigo-. Me entristece ver que mi adorado sobrino sigue siendo un muchacho tan prepotente.
- Bueno, al menos no me ando comportando como un niño pequeño en vez de madurar como se supone debería hacer-dattebasa.
- Ya van a empezar de nuevo-dattebayo -oigo el suspiro de papá. El abuelo Hiashi sonríe en cambio.
- Hanabi, no eres una niña para molestar a tus sobrinos -le advierte mamá. Yo sonrío.
Las ventajas de actuar con madurez.
- Hermana, eres tan aburrida. Solo quiero saber más sobre mi adorado sobrino.
- Hinata, querida, ¿por qué no traes el sake de la cocina? -el abuelo Hiashi habla.
- ¿Estás seguro, padre?
- Claro, claro -afirma-, me siento de humor. ¿Tú también quieres, Naruto?
Papá le sonríe, para luego asentir.
- Estaría bien, suegro -con su respuesta mamá asiente, se levanta entonces y se dirige a la cocina. Apenas cruza el umbral puedo ver la sonrisa de tía Hanabi aparecer en mi dirección.
Cielos, a veces mi tía se comporta peor que una niña pequeña. Sin mamá cerca, la ofensiva de batalla comienza.
- Y dime, Boruto, ¿aún no tienes novia?
Yo sonrío. Oh, no voy a caer en sus usuales provocaciones. Desde nuestro último encuentro tengo mucho material para devolverle esta vez.
- No tengo, pero dime algo, ¿por qué sigues soltera tía? ¿No eres muy mayor para eso?
Puedo ver el cambio en su expresión al recordarle aquello.
Punto para mí.
- Tsk.
- Estoy seguro de que mamá ya estaba casada a tu edad -yo continúo hablando, pero para mi sorpresa tía Hanabi no parece enfadarse con eso, sino que me sonríe de vuelta.
- Claro que lo estaba, porque tu padre no encontró nada mejor que dejarla embarazada de ti en la universidad.
Lo siguiente que viene es un sonido ahogado y un golpe, seguido de un ataque de tos. De inmediato volteamos al otro lado de la mesa para ver a papá, quién de pronto se ha sonrojado de golpe, mientras tose intentando no atragantarse con el almuerzo. El abuelo suspira con cansancio, para luego darle un par de palmadas en la espalda y ayudarlo.
De pronto, todos en la habitación parecen estar avergonzados. Incluso Himawari luce apenada por las palabras de nuestra tía, y se mantiene en silencio esperando ver que sucede.
Yo, en cambio, no sé que decir. No era algo que hubiese escuchado antes, y por la actitud que papá toma sé que no se trata de una simple broma de mi tía.
- ¿Eh? ¿Entonces es cierto-ttebasa?
- Claro que lo es -responde ella, con un suspiro.
- Sin embargo, no era una forma adecuada de decirlo -el abuelo habla, frunce su ceño levemente. Tía Hanabi no luce preocupada al respecto.
Veo que papá por fin ha dejado de ahogarse, ahora solo cubre su rostro sonrojado con vergüenza, mientras me dedica una leve mirada. Himawari también me mira, probablemente sin saber que decir o que pensar al respecto. Yo tampoco sé si debo decir algo o no, o bueno, en realidad sí. La verdad es que en este momento tengo una sola pregunta en mi cabeza.
- ¿Eso quiere decir que fui un accidente?
Mis palabras parecen llamar la atención de todo el mundo. Y de pronto, papá se muestra muy preocupado.
- ¡Boruto, claro que no-dattebayo! -asegura de inmediato. Mi tía sonríe al oírlo.
- Seguro que el que Hinata abandonara la universidad por quedar embarazada fue planificado.
- ¡Hanabi!
Todos damos un salto al oír la voz de mamá. En la entrada, y con la botella de sake en sus manos, la observa ahora con un gran sonrojo en su rostro y su ceño fruncido, apretando los dientes para controlar la rabia.
De pronto, tía Hanabi no luce tan valiente como antes. Probablemente porque sabe lo que vendrá a continuación.
Y conociendo a mamá, definitivamente agradezco no estar en los zapatos de mi tía.
…
.
En el horizonte, los rayos del sol comienzan a apaciguarse.
Significa que pronto va a atardecer y deberemos volver a casa, así que mientras espero me encuentro sentado en el pasillo del patio interior, intento distraerme un poco.
Himawari está jugando a solo un par de metros de distancia de mí, elevándose en un viejo columpio que hay en el jardín, intentando llegar cada vez más alto.
Pese a que estoy encargado de vigilar que nada le suceda, trato de no mirarla demasiado tiempo. Por esa razón estoy enfocado en el videojuego que he traído o eso, hasta que siento varios pasos venir por el pasillo.
Cuando miro por sobre mi hombro, puedo ver a tía Hanabi tras de mí, con expresión derrotada.
De inmediato no puedo evitar sonreír, al recordar el fin tan abrupto de nuestro almuerzo familiar.
- ¿Han terminado de reprenderte?
Sucede que la idea de que la hayan regañado como a una niña pequeña me produce en algún punto algo de gracia, especialmente porque tía Hanabi ya es una adulta, no una adolescente. Aunque supongo que esas son las desventajas de ser la menor de su familia.
- Sí -suspira, parece cansada. Yo la entiendo, mamá puede ser terrorífica al enfadarse-. Y tengo que discúlpame contigo por lo que dije en la mesa.
Yo asiento.
- No me afecta-dattebasa -respondo, y vuelvo a mi videojuego.
- Mi hermana no cree lo mismo -decide ella. Se sienta a mi lado sin pedir permiso-. Dice que estás más silencioso que de costumbre y que se debe a mi culpa.
- Estoy cansado, es todo -y digo la verdad. Ella me mira con desconfianza, yo resoplo-. Me tomó por sorpresa, porque nunca lo había pensado antes. Pero ahora tiene sentido, explica porque mamá no terminó la universidad.
- Entonces ¿por qué estás tan serio?
- No estoy serio -me quejo. Frunzo mi ceño casi automáticamente. ¿Por qué nada de lo que hago es suficiente?, ¿acaso mis padres no entienden que yo ya pasé esa edad en que me gustaba perder mi energía corriendo por todas partes? -. Solo estoy sentado en silencio, jugando un videojuego. ¿Qué tiene de malo?
- Nada -responde, hay silencio un par de segundos-, solo pensaba en que antes te gustaba columpiarte todo el tiempo.
- Antes me gustaban las caricaturas y que mis emparedaros no tuvieran corteza, pero luego simplemente dejó de ser así. Se llama crecer-dattebasa.
- ¿Y estás seguro de que tu seriedad no tiene que ver con esos golpes? -su pregunta consigue mi atención. Solo entonces levanto la mirada de mi videojuego, para verla-. ¿Cómo te los hiciste, por cierto? ¿Te golpeó algún compañero?
- ¿Mamá te envió a sacarme información?
- A mi hermana le preocupa que te molesten en la escuela -admite entonces. Sonríe mientras suspira-. Y le preocupa que te de miedo decírselo a alguien más, como a un maestro.
Yo resoplo automáticamente.
Cielos, mamá puede ser tan sobreprotectora.
- Solo fue una tonta pelea que se salió de control. Es mi culpa por no saber cuándo dejar de hacer algo.
- ¿Continuaste levantándote tras caer al suelo? -ella sonríe, probablemente al imaginarlo-. ¿Quién lo diría? Eres igual de terco que tu padre.
- ¿Qué quieres decir con eso? -pregunto. Por toda respuesta ella sonríe con burla.
- Solo recordaba la primera vez que vino aquí -dice con simpleza y sin responderme nada realmente-. Mi hermana debía ir en su segundo año de preparatoria y él quiso invitarla a salir, pero mi padre era un hombre muy estricto así que se lo impidió porque decía que mi hermana debía concentrarse en sus estudios -recuerda entonces-. Fue entonces cuando tu padre lo desafío a un duelo, sin nada más que su uniforme de preparatoria. Yo recuerdo haber pensado "pobre hermana, se ha enamorado de un idiota que ahora será un hombre muerto".
- Si claro -siento el sarcasmo extenderse en mi voz al hablar-. Mi aburrido y tonto padre desafiando al abuelo a luchar.
- Y le dieron una verdadera paliza -asegura, riéndose con el recuerdo-. Tus padres tienen historias muy interesantes, yo podría contártelas algún día.
- Que aburrido -replico, pero es mentira. No me parece tan aburrido.
De hecho, quisiera saber más, pero me avergüenza admitirlo. Y al final tampoco tengo que hacerlo, porque alguien más interrumpe la conversación.
- ¡Hermano, ven a jugar!
De un segundo al otro Himawari se ha puesto frente a mí, extendiéndome su mano para que la tome. Al verla, automáticamente la alerta se instala en mi cuerpo.
- No quiero -la rechazo. Ella me mira un instante, con un mohín en su rostro.
- Que aburrido eres -dice finalmente. Da media vuelta y se marcha. Yo me quedo quieto, en cambio, algo sentido con sus palabras. Vuelvo a fruncir mi ceño, esperando que mi corazón se calme.
"Aburrido", me dice, como si fuese muy divertido pasar tiempo con ella y jugar algún estúpido juego.
Tonta hermana menor, lo hago por su bien.
Una ligera risa me recuerda que no estoy solo, que tía Hanabi sigue a mi lado y que ha visto toda la escena.
- Que frío -se burla finalmente. Yo estoy decidido a ignorarla-. Hima-chan solo quiere pasar un tiempo de calidad con su hermano mayor.
- Himawari puede jugar sola-dattebasa.
- Himawari, ¿eh? -murmura, hay cierta burla en su voz que continua sin irse-. Recuerdo cuando la llamabas "Hima" todo el tiempo. Eras tan lindo.
Apenas menciona esas palabras yo guardo silencio, recordando lo mismo. Llevaba mucho tiempo sin pensar en aquel viejo apodo.
Sucede que, cuando era niño, no podía decir "Himawari".
Me era imposible, aunque no lo crean. Y cada vez que lo intentaba, terminaba por crear una mezcolanza de palabras que nadie podía entender y que solo servía para que mamá y papá se rieran de mí. Así que opté por el camino fácil y decidí colocarle un apodo a mi hermana menor. Algo más fácil de decir para un niño de dos años.
Así que en vez de "Himawari", era "Hima".
Ahora, por mucho que lo intente, no consigo recordar la última vez que la llamé de esa forma. Supongo que cuando cree mis reglas, en algún momento entre mi niñez y mi adolescencia.
- Tal vez solo me aburrí de hacerlo -miento. Ella sonríe.
- Te has hecho tan obstinado, Boruto -suspira como si aquello fuese una verdadera lástima. Voy a replicarle, pero entonces ella cambia rápidamente el tema-. Te gusta una chica, ¿cierto?
Su repentina pregunta consigue que mi corazón comience a latir acelerado y que mi respiración se acelere. Me toma un segundo reaccionar y, de inmediato, me preocupa que sus últimas preguntas tengan relación.
¿Acaso ha sospechado algo sobre lo que puedo sentir?
- Claro que no-dattebasa -ella sonríe con mi mentira, como si fuese capaz de verla con facilidad.
- ¿Entonces es un chico?
- Tsk. Que tontería. No sé porque hablamos de esto.
- Porque, querido sobrino, es obvio que estás enamorado.
El corazón me golpea, rápido. Clavo la vista en mis pies, antes de permitir que mi mirada viaje a Himawari que está columpiándose a solo un par de metros.
- No estoy enamorado, que estupidez.
- Claro, claro, sigue diciéndote eso -se burla-, pero no importa lo mucho que lo niegues, Boruto, al final solo terminará estallando en ti como un volcán haciendo erupción.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque soy adivina, lo veo todo -asegura, jactanciosa. Yo sé que quiere bromear conmigo.
- Eso es mentira-ttebasa -vuelve a sonreír.
- De acuerdo, de acuerdo, mentí -confiesa con cierto drama fingido. Yo ruedo mis ojos-. Más bien lo sé porque te brillan los ojos. Y cuando eso sucede, no hay vuelta atrás.
- ¿Qué me brillan los ojos? -ella asiente.
- Justo ahora, de hecho -me asegura con una sonrisa-, pensabas en esa persona justo ahora, ¿no es cierto?
Guardo silencio, no sé que decir.
Himawari viene a mi mente y siento mi corazón latir con tanta fuerza que temo que ella pueda escucharlo y descubrir en quién pienso. Y mi repentino silencio solo parece darle la razón, porque entonces una sonrisa más grande aparece en su rostro.
Mierda, lo sabe. Sabe que estoy enamorado.
Hora de la retirada. Es momento de colocarme de pie e irme de aquí.
- No tienes porque sentirte avergonzado -tía Hanabi habla, al leer mis intenciones-. No hay nada malo con enamorarte. El amor es lo más hermoso en el mundo, ¿no crees?
Ah, allí vamos de nuevo. El discurso de todo el mundo. El discurso sobre el amor y la aceptación; el que asegura que tu corazón no elije por quién latir tan alocadamente.
Ese mismo discurso que se convierte en otro cuando hablas de casos como el mío, porque entonces tus sentimientos dejan de ser amor, solo son algo enfermizo que no debería existir.
- ¿Y entonces qué se hace cuando amas a la persona equivocada?
Apenas pronuncio las palabras, me arrepiento completamente. Ha sido un arrebato que no he conseguido controlar, uno que solo podría hacerla sospechar más de lo que necesito. Pero al escucharme tía Hanabi solo me mira curiosa, sin responderme inmediatamente. Más bien, es como si pensara con mucho cuidado la pregunta que acabo de hacerle y, tras un minuto completo en dónde mi corazón no hace más que latir asustado, finalmente abre su boca para responderme.
- No hay algo como un amor correcto o incorrecto, a no ser que ese amor sea perjudicial.
- ¿Perjudicial?
- Que provenga de una persona que no sabe lo que es el amor, una persona que ocupe esa palabra para hacerte daño -murmura-. ¿Me explico?
Niego con la cabeza, secretamente muy preocupado. ¿Y si habla de personas como yo? ¿De personas cuyos sentimientos solo hacen daño a los demás?
- Me refiero a una persona que diga amarte, pero que en verdad se burle de ti, te insulte, te trate mal, te engañe -responde con tranquilidad-, incluso si te manipula, te aparta de tus amigos y familia, o te hace daño, me refiero a ese tipo de cosas. No es amor, de ninguna manera. El amor es otra cosa.
- ¿Y cómo sé si lo que siento es amor?
Ella sonríe con burla al oírme. Yo siento mi rostro arder.
- Vaya, vaya, estás muy preguntón.
- ¡No es cierto-ttebasa! -ella comienza a reír de nuevo, revolviendo mi cabello. Voy a gritar algo más, cuando consigue que guarde silencio.
- Recuerda que es diferente enamorarse a sentir amor, Boruto -me habla, forzándome a escucharla-. Que tu corazón lata muy, muy rápido, o que sientas mariposas en tu estómago cuando ves a esa persona, no significa que sientas amor, solo significa que alguien te gusta.
- Entonces, ¿cuál es la diferencia?
Ella medita la respuesta un poco más.
- Es amor cuando tu felicidad depende en parte de su felicidad, ¿me explico? -yo niego con mi cabeza. Ella hace un mohín-. Es cuando solo deseas cosas buenas para esa persona, cuando tus sentimientos están tan conectados a los suyos que eres feliz si esa persona sonríe y que lloras si la ves sufrir -habla, sonriendo-. Es también cuando buscas que esa persona siempre coma bien, que duerma adecuadamente, cuando sus problemas también son tus problemas o cuando le das ese último chocolate que guardabas para ti, ese tipo de cosas.
- Tía, eres muy rara-dattebasa -ella comienza a reír con mi respuesta y, entonces, me asalta la curiosidad-. ¿Te has enamorado alguna vez?
Pienso que va a sonrojarse y que, como yo, se negara a contestar la pregunta, pero en vez de eso solo comienza a balancear sus pies, que cuelgan del pasillo.
- Una vez -me asegura sonriendo, mientras fija su mirada en sus pies.
- ¿En verdad? ¿Quién es?
- Un compañero de la universidad.
- ¿Y lo amabas? -ella deja de balancear sus pies entonces. No me cuesta notar que he tocado un punto sensible.
Mierda, tengo tan poco tacto para hablar de estas cosas.
- El amor con otra persona es algo difícil, Boruto. Tienes que cultivarlo, con mucha paciencia, y aun así protegerlo es difícil -habla finalmente-. Creo que a veces es más fácil entender el amor cuando piensas en tu familia.
- ¿Por qué?
- Porque esos lazos son especiales, están hechos de amor desde el primer instante -me mira nuevamente-. Puede que seas muy rudo todo el tiempo, sobre todo a esta edad, pero amas a tu familia, ¿no es así?, te preocupas por ellos.
- Que asco-dattebasa -mi tía sonríe.
- Oh vamos, no se los diré -me promete-. ¿Amas a tus padres, no es así? ¿A tu hermana?
Guardo silencio, sintiendo el corazón latirme con velocidad.
- Sí -confieso finalmente, pensando en mi hermana. Ella me dirige una sonrisa y abre su boca para decir algo más, pero entonces mamá grita su nombre, llamándola.
- ¡Ya voy! -responde ella, colocándose de pie. Al pasar a mi lado revuelve mi cabello-. Algún día deberás contarme quién es esa persona, ¿de acuerdo?, y de nuevo lamento lo que dije durante el almuerzo.
No respondo nada, simplemente la veo marcharse.
Suspiro, mi vista vuelve al videojuego pausado hace tiempo, pero el problema es que ya no quiero volver a jugar. En vez de eso solo me quedo en silencio, observando como el atardecer empieza.
Himawari sigue columpiándose, en el mismo lugar de siempre.
Pensar en que acabo de admitir que la amo consigue que mi corazón se acelere por sí solo.
Cielos. No pretendía reflexionar tanto hoy y, sin embargo, no puedo evitarlo después de haber tenido aquella conversación. Suspiro sin poder evitarlo.
Entonces, si lo pienso bien… la diferencia entre estar enamorado y amar a alguien; entre amar una persona y amar a tu familia…
¿Cómo aplica eso para mí?
¿Realmente estoy enamorado de Himawari o lo que estoy sintiendo es tan solo una deformación del amor que tengo por ella por ser mi hermana? ¿Pueden ambos sentimientos coexistir o eso es imposible? Y si es imposible, ¿acaso podría deshacerme de uno de ellos?
Dejar de estar enamorado, de colocarme tan nervioso y feliz al pensar en ella…
Dejar de amarla como a mi hermana menor, de preocuparme por su bien…
¿Puedo separar esas cosas?
¿Quiero hacerlo?
CONTINUARÁ…
