¡Cielos, de verdad me costó mucho terminar de escribir el capitulo! (se suponía que solo iba a ser la mitad, no sé como me alargue tanto). Espero que lo consideren un regalo de Navidad, jo jo jo.

secretlistener: Thanks for reading! :)

Procrastinacion: Gracias! A mí igual me lastima verlo sufrir, quiero dedicarle capítulos más alegres aunque realmente el drama me llama en cada momento

Vnimrod: Gracias! :) Me agrada mucho que lo disfrutes!

crayola94: gracias por dejarme ese comentario! Disfrute mucho leyéndolo en verdad (tuve que esconderme para hacerlo porque la sonrisa no se me quitaba del rostro ajaja). Realmente soy bastante dramática, pero me esforzaré por hacer la historia lo más completa posible, especialmente por darle momentos de felicidad a Boruto.


X

Diez de octubre

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Tras la cena, mamá finalmente le cuenta a papá el incidente del centro comercial.

Aunque prácticamente estoy dándoles la espalda, derribado en el sofá y con una manta abrigando mis fríos pies para evitar resfriarme -así es, el rescatista del siglo olvido quitarse sus calcetines empapados al llegar a casa-, consigo, de todas formas, oír la conversación que sucede en la mesa.

Al comienzo, puedo oír con claridad las risas de papá, quién probablemente piensa que se todo se trata de una historia graciosa… pero a medida que mamá avanza su relato sus risas son reemplazadas por un silencio sepulcral.

- Llegué a llorar de la angustia, realmente no podía encontrarla en ninguna tienda. El pánico me dominó -mamá habla, contando la historia con real tristeza. Al escucharla, me doy cuenta de que lo que en verdad la afectó fue la impotencia de no poder hacer nada más por encontrar a Himawari; mientras que yo, experimentando exactamente el mismo sentimiento, pero siendo incapaz de espera tal y como nos habían indicado, no me detuve a pensar antes de salir corriendo por el centro comercial intentando encontrarla-. Y cuando perdí de vista a Boruto, estuve a punto de sufrir una crisis…

La culpa me invade al oírla decir eso. Culpa por haberme alejado de un momento a otro, abandonando a mamá cuando más me necesitaba. De inmediato pienso en que debería disculparme por haberla hecho pasar ese susto que no necesitaba, pero guardo silencio, esperando que terminen de hablar.

- ¿Y cómo la encontraron? -pregunta papá finalmente. La angustia suena en su voz, como si mi hermana siguiera desaparecida y no estuviera precisamente frente a él.

- Hermano me encontró.

En cuanto Himawari menciona aquello, el corazón se me acelera. O, más bien, se acelera al recordar su abrazo, su sonrisa y su mano, pequeña y suave, encajando perfectamente con la mía, como si realmente estuviese hecha para que yo la sostuviera…

¡Ah, maldición!, ¡pensar en eso es tan malo!

- ¿Boruto te encontró-dattebayo? -papá sigue sonando preocupado, sin embargo, su voz se relaja.

- ¡Sí! ¡Se subió en la gran fuente del centro y gritó mi nombre! -narra ella. De solo recordar aquello, mi corazón late cada vez más y más rápido debido a la vergüenza. Siento la sangre subirme al rostro y sé, con certeza, que necesito calmarme. Necesito calmarme y controlar el latido de mi corazón-. ¡Hima! ¡Así fue como me llamó, y solo así supe que era él!

- ¡Ya basta-dattebasa, solo fue suerte!

Mamá suelta una risa delicada al oír mi queja, mientras que yo solo siento ganas de hundirme en el sofá, cubrirme la cabeza con la manta y desaparecer.

- ¿Te llamó Hima? -mamá se escucha sorprendida-. Hace mucho tiempo que no escuchaba ese viejo apodo, ¿cierto, querido?

- Muchos años, es verdad. ¿Seguirás llamándola de esa forma, Boruto?

Me levanto y giro a verlos, solo para descubrir que toda mi familia me está mirando en este momento, esperando mi respuesta. Mamá, papá e Himawari, sin dejar de sonreírme.

Ugh. Esto es tan vergonzoso. No quiero ver a mi hermana a los ojos.

- Mejor díganle que deje de perderse en las tiendas -me quejo, intentando pensar en otra cosa-. Mamá se preocupó mucho por ti, tonta Hima.

- ¡Oh, lo dijo de nuevo! -papá sonríe y mamá asiente, entusiasmada.

- ¡Que lindo!

Yo siento mi rostro arder al notarlo, aún más que antes.

¿De verdad he usado ese tonto apodo sin quererlo?

- ¡C… Cállense ya-ttebasa!

No lo aguanto, me coloco de pie y me muevo para irme a mi cuarto, improvisando la retirada. Pero al mismo tiempo, por el rabillo del ojo, no me cuesta ver a mi hermana abandonar su lugar en la mesa para correr a mí.

Más rápida que yo, ella me cubre el paso.

- Vamos hermano, dilo de nuevo -me exige, sonriendo con verdadera malicia. Parece estar decidida a divertirse a costa mía.

Al verla con esa sonrisa, las mariposas en mi estómago me golpean con violencia, y tengo que retroceder de espaldas lo más rápido que puedo.

Y es que solo me basta ver su sonrisa para saber que intentara abrazarme.

- Basta ya, no lo haré -mis piernas chocan contra el sofá. Sin pensarlo me subo encima, mientras poco a poco mi hermana menor me acorrala.

- ¡Dilo! -grita. Su risa es melodiosa, lo suficiente para que mi corazón lata veloz, lo suficiente para avergonzarme aún más en medio de toda esta situación.

- ¡Ya déjame, tonta!

- Vamos Himawari -mamá sonríe-, sabes que no debes molestar demasiado a tu hermano.

Himawari voltea a verla, probablemente para responderle algo, y yo aprovecho aquel instante para saltar y pasar a su lado, lo más rápido posible.

- ¡Oh, se escapa-dattebayo!

- ¡Un segundo, hermano!

- ¡Niños, no corran! -oigo la queja de mamá al pasar a su lado, mientras intento escapar de mi hermana por el pasillo. Sé que, si consigo llegar a la escalera, podré huir a mi cuarto y encerrarme allí-. ¡Naruto-kun, tú tampoco! ¡Cielos!

Intento correr lo más rápido que puedo, pero mi hermana me atrapa finalmente y con sus brazos rodea mi cintura, cortando todo el impulso que he tomado.

Me abraza tan fuerte que por mucho que tire no consigo liberarme, y como si eso no fuera poco, siento emerger aquella parte de mí que tampoco quiere que me suelte.

¡Simplemente soy mi peor enemigo!

- ¡Suéltame-dattebasa!

- ¡No lo haré hasta que lo digas!

- ¡Es un apodo estúpido! -mi mano alcanza el barandal de la escalera, al cual me aferro para tirar de mi propio cuerpo, mientras que Himawari usa sus pies para intentar detenerme.

Justo entonces papá nos alcanza. Antes de tener tiempo de preguntarme lo que hará, él nos abraza a ambos y nos levanta en el aire en un solo intento. El vértigo me golpea en la boca del estómago de un momento a otro, justo antes de darme cuenta de que estoy de cabeza sobre el suelo.

Con Himawari gritamos al mismo tiempo, mientras que de fondo la risa de mamá y papá llenan la estancia.

- ¡Padre estúpido, bájanos ya!

- ¡Solo tienes que decir las palabras mágicas, Boruto-ttebayo! -me asegura. Himawari me abraza aún más fuerte que antes. Puedo sentir como apega su cabeza a mi espalda, intentando ocultarse, pero soy incapaz de distinguir si está asustada o entusiasmada con todo lo que sucede-. ¡Solo promete que usarás ese apodo y los bajaré!

¿Qué clase de injusto trato es ese?

¡Ah, cielos! ¿Acaso no me merezco una tarde de descanso tras todo lo que hice hoy?

- ¡De acuerdo, de acuerdo! -grito. Mi corazón late acelerado-. ¡Hima, le diré Hima!

Papá nos baja por fin, sonriendo como si hubiese hecho una travesura. Detrás de él, mamá intenta cubrir su boca para que no veamos que está riéndose.

Yo necesito un momento para recuperarme de la horrible sensación de vértigo que me ha invadido. Mi hermana, por otro lado, parece haberse divertido mucho. Noto su cabello revuelto y desordenado por haber estado de cabeza, sus mejillas sonrojadas y sus ojos brillando por la emoción.

- No te entusiasmes, solo lo he dicho para que dejen de molestarme -advierto. Ella me mira por aquel escaso segundo y automáticamente me sonríe, como si mi simple respuesta le hiciera gracia.

- Claro que sí -responde. Yo puedo sentir el sarcasmo en su voz-, será lo que tú digas, hermano.

Mis latidos se disparan, las mariposas en mi estómago revolotean furiosas y mi rostro arde nuevamente; y todo bajo la atenta mirada de mis padres, que al verme solo comienzan a reír.

¿Qué? ¿Acaso todos se están burlando de mí en este momento?

Realmente… ¡que familia tan vergonzosa e insistente tengo!

Y, sin embargo, por alguna extraña razón no consigo sentirme humillado. De hecho, es lo contrario.

Recuerdo entonces que, durante las últimas semanas, me ha estado invadiendo aquella asfixiante sensación de estar ahogándome todo el tiempo. Pero ahora que la busco, no puedo experimentar ese sentimiento, ni tampoco aquella angustia y temor que me estuvo consumiendo cuando Himawari desapareció.

Muy por el contrario, en este momento me siento… extrañamente aliviado.

Por estar en casa juntos, porque mi pequeña hermana está a salvo y porque puedo oír la risa de mamá y papá. En resumen, porque todo está bien.

Así que puedo reírme de mí mismo y permitirme disfrutar este momento agradable que estoy viviendo, ¿cierto?

Permitirme ser feliz… aunque sea por un instante.

.

Con cuidado, sostengo la manija, la giro y empujo la puerta de la habitación, atento a cualquier rechinido que pueda delatarme.

La habitación, hasta ese segundo inundada en la oscuridad, se ilumina levemente por la luz que viene del pasillo, permitiéndome ver entonces lo que hay al interior.

La cama, justo en medio del cuarto, es lo único que capta mi atención. O más bien lo hace la persona sobre ella, cubierta por las colchas y respirando tranquilamente, ajena por completo a mi presencia.

Solo me basta un segundo. Luego de eso retrocedo, vuelvo a juntar la puerta, asegurándome de cerrarla con cuidado, y, finalmente, volteo a ver a mi acompañante.

- Papá sigue durmiendo-ttebasa.

Himawari me sonríe, sus ojos brillan.

Solo dura un segundo, porque luego -y en silencio-, se mueve para volver hacia la cocina. Es una tontería, pero les puedo jurar que, por ese leve instante, pude sentir mi corazón detenerse para volver a latir aún más rápido.

Definitivamente no importa lo mucho que lo intente, no consigo controlar mi corazón cuando estoy junto a ella.

Por lo mismo, en secreto me pregunto que haría mi pequeña hermana si supiera de todo el poder que tiene sobre mí al sonreírme o con solo dirigirme una mirada.

Arrojo un suspiro. Por mucho que pueda preguntármelo, aquellas son cosas en las que no vale la pena pensar. En vez de eso solo me quedo mirándola mientras desaparece por el pasillo directo hacia la cocina. Y luego de aguardar un instante buscando tranquilizarme a mí mismo, abandono mi lugar y la sigo por el pasillo.

Tras esto, ustedes se preguntarán que sucede, ¿cierto?

Pues bueno, hoy es el cumpleaños de papá.

Y no me pregunten cuantos años exactamente. Solo basta con decir que mi estúpido padre es un anciano. O bueno, no es tan viejo en verdad, no en comparación a otros padres que conozco, que incluso llevan arrugas encima.

¿Serán esas las ventajas de dejar a tu novia de la universidad embarazada? ¿Papá lo habrá planeado a propósito para no sentirse tan viejo en sus cuarenta?

Me rio de mi propia broma tonta y doy otro suspiro. Soy todo un comediante.

En la cocina me encuentro con mamá, quién está terminando de preparar el desayuno.

Himawari también está aquí, moviéndose de un lado a otro, demasiado entusiasmada por todo lo que está sucediendo. Sobre una bandeja va colocando platos, servicios y una taza, mientras que termina de ordenar los platillos que mamá ya ha preparado.

- ¿Agregaste el azúcar? -pregunta mamá entonces.

- Lo haré de inmediato -mi hermana se mueve rápido, como si fuese algo de suma urgencia. Yo, en cambio, solo me dedico a observar.

La verdad es que, si me lo preguntan, se me hace un poco ridículo que toda esta dedicación sea por un tonto desayuno en la cama. Un desayuno que, por lo demás, no es nada sorpresa, después de todo cada año es exactamente lo mismo.

Aunque bueno, ese es el sentido de las tradiciones familiares, ¿no es cierto?

Una tradición familiar de la cual yo no participo hace algunos años, cabe agregar. Y no es que tenga algo contra los desayunos en la cama, pero encuentro de mayor utilidad el encerrarme en mi cuarto y jugar videojuegos, con un tazón de leche y cereal.

Y como si mamá me atrapara pensando en ello, inmediatamente gira a mí y me sonríe. Les juro que la conozco tan bien y a esa sonrisa que antes de que pueda hacerlo, ya sé lo que va a preguntarme.

- ¿Quieres llevar la bandeja, Boruto?

Dudo, porque no sé que responder.

Y es que pese a todos los esfuerzos de mamá porque yo pase más tiempo en casa y con ellos… realmente un desayuno familiar no es algo con lo que me siento cómodo.

- Paso.

- ¿Estás seguro? -me pregunta-. Antes adorabas hacerlo.

- Ya no soy un niño -replico, intentando convencerla a ella y a mí mismo de mi decisión. Sin embargo, creo que no funciona, porque mamá no responde, solo me queda mirando en silencio.

Himawari también lo hace. Con eso, no me cuesta notar lo decepcionada que luce de mi respuesta. Probablemente esperaba que yo quisiera pasar tiempo de calidad en familia.

Y de pronto, soy yo quién se siente decepcionado de mi propia decisión.

¿Por qué no puedo ser un adolescente normal por un solo momento? ¿Por qué no puedo esforzarme por hacer las cosas bien?

Se trata del cumpleaños de papá, después de todo. Aunque, probablemente, eso es lo que lo hace tan complicado.

No es que estemos peleados o enojados el uno con el otro, o por lo menos no de mi parte, pero es solo que las cosas con él aún son… tensas. Demasiado tensas, en realidad, como para entrar a su cuarto sonriendo con la bandeja del desayuno en mis manos y fingir que todo va bien y que somos una familia realmente feliz.

No, yo no soy así.

Puede que las cosas no estén mal entre nosotros, pero tampoco están bien. Al menos no desde que escuché lo de la escuela militar.

Sí, papá prometió que jamás había pensado en aquella idea, pero no se trata de él realmente.

El problema en verdad soy yo… porque no consigo creer en sus palabras.

Y no lo hago porque pienso en que si papá llegara un día con un folleto de la escuela militar entre sus manos, sería únicamente mi culpa por haber llevado las cosas hasta ese punto. Y por eso, porque parece tan probable de suceder, es que no puedo creerle cuando me dice que es una mentira, ¿entienden?

Puede que papá no haya pensado en enviarme en esa escuela, pero ¿quién dice que más adelante no lo pensará o que no lo está haciendo ahora?

- Boruto -cuando mamá comienza a hablar yo reprimo cualquier queja. Lo hago porque ella ha sido realmente muy comprensiva conmigo y mi… distancia, incluso sin saber lo que me sucede, y por ese mismo motivo no quiero ser demasiado frio con ella, incluso aunque ahora mismo vaya a darme un discurso que en realidad no quiero oír-. Sé que el tiempo con tu padre es poco, y que eso te frustra en ocasiones, pero por lo mismo creo que deberíamos aprovechar este momento juntos para disfrutar que puede estar aquí hoy.

- No es eso, mamá -ella hace un mohín al oírme.

- ¿Entonces qué es?

Arrojo un suspiro involuntario, pero es solo porque por mucho que lo desee no puedo contarle a ella nada de lo que me sucede.

Para empezar, probablemente mamá solo me diría lo mismo que papá, que todo lo relacionado a la escuela militar es simplemente un tonto rumor, una mentira.

Yo ya debería saberlo, pero por algún motivo no es suficiente para tranquilizarme.

No entiendo que me sucede.

- Vamos, tu padre también se está esforzando -mamá me vuelve a hablar, probablemente al entender que mi silencio no nos llevará a ningún lugar-. Realmente él se preocupa mucho por ti, Boruto, todo el tiempo.

- Eso lo dudo-dattebasa.

El tono de mis palabras suena desagradable hasta para mi gusto.

Por un momento, estoy seguro de que mamá me llamará la atención por lo mismo, pero en vez de eso ella solo se toma un instante para dejar de hacer lo que está haciendo y prestarme atención completa.

- Lo está haciendo -asegura entonces, con una sonrisa leve-. Puede que no lo veas todo el tiempo, pero realmente se esfuerza porque su relación sea como la de antes, Boruto. Y tú también debes hacerlo.

- No entiendo en que ayudaría llevar la bandeja, solo es un tonto desayuno en la cama. Lo hacen cada año, ¿no?

Mamá suspira y yo comienzo a sentirme como un mal hijo.

Por el rabillo del ojo puedo ver a Himawari, en silencio, simplemente observándonos. Pero no me atrevo a mirarla de vuelta.

- Hijo, ya sabes que tu padre…

- Ya lo sé, papá creció sin una familia -la interrumpo, solo porque no me gusta que me lo recuerde constantemente.

- Por eso mismo es que los desayunos que hacemos en los cumpleaños son tan especiales para él. Porque somos su familia, él nos ama más que a nada.

Guardo silencio. De pronto, pensar en la infancia de mi padre y compararla con la mía solo consigue que me sienta como un desagradecido.

Ah, simplemente odio actuar como un idiota.

- Lo siento, tienes razón-ttebasa.

- Intenta esforzarte -dice, para luego sonreír. No es una orden, ni una exigencia. Más bien solo se trata de una simple petición. Charlar con mamá es agradable porque, aunque ella no sepa lo que realmente me sucede, siempre busca comprenderme-. Entonces, ¿nos acompañarás?

Esta vez, antes de responder, lo pienso bien.

Todas mis dudas siguen presentes, sin embargo, me esfuerzo por pensar positivo, por recordar en que últimamente las cosas van bien en casa, en que no hemos tenido peleas ni conflictos.

Así que técnicamente no hay nada de lo que preocuparme, ¿cierto?

Además, mamá tiene razón. Estos son los momentos que yo debería atesorar. Papá casi no pasa tiempo en casa, al menos no como antes, así que con mayor razón debería esforzarme en estar con él durante su tiempo libre.

También pienso en que mi hermana merece tener recuerdos más agradables. ¿Qué clase de hermano mayor sería si no ayudo a construirlos?

O esa es la mentira que me digo a mí mismo, porque la verdad es que secretamente solo ansío tener una excusa para pasar algo de tiempo con ella, aunque en verdad no debería ni pensarlo.

Soy alguien despreciable, ¿cierto?

- De acuerdo, yo la llevaré, pero solo para evitar que Himawari tire todo.

Ambas sonríen con mis palabras, sin embargo, mi hermana pronto se da cuenta de que la he insultado.

- ¡Oye, un segundo…!

- No grites o se despertará -paso a su lado, sosteniendo la bandeja con cuidado-, torpe girasol.

Himawari me mira con verdadera sorpresa al escucharme, para luego hacer un mohín. Incluso infla sus mejillas en esta ocasión, como si estuviera realmente ofendida por lo que acabo de decir.

Tiene sentido, mi hermana realmente odia ese apodo. Sin poder evitarlo, sonrío.

Al salir de la cocina alcanzo a verla gritarme sin emitir sonido alguno, solo formando las palabras con su boca.

"¡Tonto tornillo!" -gesticula en silencio, antes de seguirme hacia el cuarto de nuestros padres.

Mamá también nos sigue. Es ella quién me abre la puerta para que yo entre.

Rápidamente y en silencio, antes de que papá despierte, me muevo hasta un costado de la cama, sosteniendo la bandeja.

La habitación se mantiene en penumbra hasta que mamá abre las cortinas y deja que la luz ilumine todo el cuarto. Es entonces cuando papá abre los ojos y se remueve, bostezando ruidosamente, justo un segundo antes de que Himawari se le arroje encima.

- ¡Feliz cumpleaños!

Veo a papá sorprenderse y luego reír con ello, y, por un segundo, me invade una fuerte sensación de déjà vu.

De cuando era yo quién sin cuidado alguno me arrojaba sobre papá, usualmente para despertarlo de su siesta cuando se suponía que tenía que cuidarnos. Y aunque ahora parezca algo imposible de hacer, recuerdo que en ese entonces me subía al librero justo frente al sofá de su estudio, mientras Himawari me espiaba en silencio desde la entrada.

- Hermano, ¿estás seguro de que esto es una buena idea? -solía preguntarme, cada vez que me veía a punto de saltar.

El arrepentimiento siempre me inundaba en ese momento, de hecho, solía sentir que cada rincón de mi cuerpo quedaba congelado debido al miedo. Y cuando oía la voz de mi hermana, atemorizada porque yo pudiera cometer una impudencia, era cuando me forzaba a mí mismo a seguir adelante, aunque no me sintiera para nada seguro de mi decisión.

- ¡Por supuesto que sí-dattebasa!

Y es que, incluso siendo solo un niño, y sin entender para nada mis sentimientos, simplemente sabía que no podía permitirme quedar como un idiota frente a ella.

- ¿Boruto?

Esa es mamá, hablándome. Cuando mi mente vuelve a la realidad, me doy cuenta de que ambas han terminado de cantarle feliz cumpleaños y de que ahora todos están mirándome, esperando que le entregue la bandeja del desayuno.

Me cuesta reaccionar, principalmente porque acabo de arruinar la única cosa que tenía que hacer. Sin embargo, de todas formas, papá me sonríe.

Parece que, tal y como mamá me dijo, se encuentra feliz de verme aquí.

- Gracias por no aplastarme como antes -comenta. Yo no puedo evitar sentir cierta sorpresa.

¿Acaso también estaba pensando en lo mismo que yo?

- Bueno… es que mamá siempre nos ha enseñado que debemos ser comprensivos con los adultos mayores -respondo. Puedo ver el gesto de desconcierto en su rostro, la forma en que frunce su entrecejo y el mohín que forma con sus labios; y escuchar la risa de mamá e Himawari por mis palabras. Antes de que papá pueda decir cualquier otra cosa, aprovecho para dar un paso al frente y entregarle la bandeja-. Feliz cumpleaños, anciano.

- Cielos, no te burles de mí, no estoy tan viejo-dattebayo -replica con un suspiro. La toma entre sus manos y sonríe. Yo hago lo mismo, no puedo evitarlo.

Nos sentamos en la cama y comemos lo que mamá ha preparado.

Usualmente esto está prohibido, pero ya que se trata de una ocasión especial y de un momento familiar, mamá promete hacer la vista gorda y no castigarnos por dejar migajas en la cama. De todas formas, papá le promete limpiarlas.

Y así ambos comparten su primer beso del día.

Con Himawari apartamos la vista en ese momento. Lo hacemos al mismo tiempo y hacía la misma dirección y, en consecuencia, nuestras miradas se encuentran.

Ella me sonríe entonces, sin dejar de masticar su tostada. Hay pequeñas migajas en sus labios y barbilla, pero decido que no vale la pena mencionárselo. También me reprendo a mí mismo por notarlo.

Y, sin embargo, no dejo de mirar su sonrisa.

Sé que es algo malo, pero es solo que verla me produce un sentimiento mucho más agradable que la mirada decepcionada que me dirigió antes, en la cocina, cuando le respondí a mamá que no quería acompañarlas.

Sí, estoy atrapado en su sonrisa y en el brillo de sus ojos, disfrutando lo tranquila que luce en este momento tan ameno, y preguntándome en secreto -y a la vez ansiando saber-, si acaso esa tranquilidad también tiene que ver conmigo, con que yo esté aquí, con ella.

Sería genial si fuera así.

- Gracias -susurra de pronto, como si hubiese leído mi mente. Y entonces mi corazón, que se había mantenido tranquilo hasta el momento, comienza a latir veloz.

Con eso, me fuerzo a mover mi mirada a otro lugar, esperando calmarme antes de que alguien se dé cuenta de lo que me sucede.

Esta vez termino examinando mi reflejo dibujado en la pequeña tetera sobre la bandeja. Me detengo entonces, devolviendo la mirada a mí yo distorsionado, observándome un momento, aunque realmente no estoy seguro de lo que estoy buscando.

- Tu rostro luce mejor, Boruto.

Hago una mueca al oír las palabras de papá.

Por un segundo creo que está mintiendo o burlándose de mí, así que vuelvo a examinar mi rostro en el reflejo de la tetera.

Y dudo. Pero lo hago porque puedo ver mi rostro marcado aún por moretones. La piel oscura continúa siendo visible a primera vista, cubriendo mi ojo y rodeando expandiéndose por casi la mitad de mi rostro.

El recordatorio de que me han dado una verdadera paliza hace tan solo algunas semanas sigue presente en mí.

- Luces mejor -repite papá, ante mi evidente inseguridad. Cuanto levanto la vista lo veo sonreírme, y, por alguna razón, me siento extraño, pero no en un mal sentido. Es, más bien, que no esperaba que fuera a decirme algo así-. No tienes que preocuparte, las marcas pronto desaparecerán y olvidarás que alguna vez las tuviste-dattebayo.

Aquello, de alguna manera, me tranquiliza.

Aunque tal vez no olvide que me han golpeado, será agradable que las personas no me miren todo el tiempo.

- Gracias -respondo. Por un momento siento mi lengua atrancarse y me preocupa sonar demasiado hosco cuando no es lo que deseo. Mamá me mira y sonríe, y yo recuerdo entonces que me ha pedido que me esfuerce, así que decido intentar ser más claro-, es decir, quiero decir que… me siento mejor, papá.

Lo veo sonreír y, tras un instante, alzar su mano para revolver mi cabello, como no recuerdo hiciera en mucho tiempo.

Algo cálido se instala en mi pecho con esto, algo que reemplaza el latir acelerado de mi corazón, y, de pronto, descubro lo agradable que es este momento y lo mucho que ansío conservarlo en mi memoria.

Y recuerdo, también, la razón por la cual comencé a caminar por una cuerda floja en primer lugar; la razón por la cual me decidí a seguir el camino en el cuál me encuentro hoy.

Sí, lo recuerdo. Lo hice porque, para empezar, había algo importante, algo fundamental, que desesperadamente necesitaba mantener a salvo. Algo que, incluso hoy, necesito proteger de estos sentimientos que me esfuerzo en ocultar.

Mi vergonzosa e insistente familia, que me hace feliz.

CONTINUARÁ…