Tres semanas sin capitulo, ¡y en verdad no sé como disculparme! No pensé que me tomaría tanto volver a escribir. Solo puedo decir que tuve semanas realmente ajetreadas, sumándose en ellas el final de mi práctica profesional con mi viaje de regreso a casa (ya que estuve realizándola en otra ciudad). Solo han pasado cuatro días desde que llegué, los cuales dedique a ordenar un poco el desastre que es mi vida (y a acompañar a mi familia, a quienes no he visto en meses), y hoy que por fin he tenido un día libre... ¡me enfermé! (¡el maldito cambio de clima me derribó!). Sin embargo, quise terminar el capítulo, porque sentí que si no escribía no lo haría jamás. Realmente me disculpo por la tardanza.
secretlistener: Sobre la relación con Naruto, bueno, Boruto entiende que es imposible solucionar las cosas con su padre sin ser 100% honesto con él. En ese sentido, hay una pared en medio. Gracias por seguir leyendo, espero disfrutes el capitulo.
Gabe Logan: Sí, me inspiré en el capitulo de Hima enferma (de paso, estoy muy atrasada en el anime de Boruto ajaja), y claro que planeo manejar un poco ese interés romántico que se vio en el manga. Gracias por leer.
Flemy Speeddraw: Sarada se está convirtiendo poco a poco en la enemiga pública número uno, jaja. Gracias por la idea, la aplique lo mejor que pude dentro del capítulo (originalmente ella no sería mencionada), pero prometo utilizarla mejor más adelante.
Procrastinacion: Ajajaj, gracias por el animo, sé que todas mis historias son excesivamente largas. Yo también siento que valdrá la pena.
Parallax-Jordan: ¡Gracias! Lo que más me interesa es justamente desarrollar a Boruto como personaje y sus relaciones.
Valerie Hyuga Senju: ¡Hola, gracias por tu comentario! (Amo los comentarios largos, es mi secreto ajaja) Me alegra que te gustase la historia y me encanto leer tu análisis sobre la relación entre Boruto y Sarada. Muy bueno, en verdad. Claro que todavía quedan cosas por revelarse, y de igual forma con otros personajes. Sumire también tomará importancia pronto, eso lo aseguro. Muchas gracias por los animos.
Kai vp: Al parecer, deberé buscar el equilibrio para no caer en la monotonía ajaja, gracias por leer.
XVII
Reflejo
…
.
Aunque les parezca difícil de creer… mi relación con papá no siempre fue tan mala como lo es hoy.
Solo sucede que, al igual que con cualquier relación que he tenido en mi vida, yo mismo la he saboteado hasta el punto de ser insalvable; hasta el punto de conseguir que los pocos buenos momentos se conviertan en recuerdos lejanos de lo que podría ser la vida de alguien más. Ante esa regla general de mi vida, la única excepción se trata de mamá, sin embargo, cuando reflexiono sobre la relación que tengo con papá también quiero pensar que nuestra distancia no es únicamente mi culpa.
No recuerdo exactamente el momento en que todo cambió. Solo recuerdo que fue en algún momento entre mi infancia y adolescencia, cuando me encontraba luchando contra mis oscuros sentimientos. Un día, aquella tensión eterna entre nosotros simplemente se interpuso, para ya no marcharse.
Él había comenzado a pasar más tiempo en la oficina también, ocupado con su trabajo, esforzándose para que nunca nos faltara nada en casa. O al menos eso solía decir mamá, cada vez que yo le preguntaba por él.
"Papá se esfuerza cada día, por nosotros, así que debemos ser pacientes y comprensivos". Eran tantas las veces que oía esa frase, que llegué a memorizarla. Incluso siendo solo un niño, yo era capaz de notar la ausencia de papá todo el tiempo.
Me recuerdo a mí mismo deseando con frecuencia que papá volviera a casa antes de la cena, para volver a jugar juntos como siempre, en vez de que me obsequiara un nuevo videojuego como compensación por el tiempo perdido.
Luego, cuando mis notas comenzaron a descender en la escuela, cuando mis problemas aumentaron poco a poco, todo a causa de los sentimientos que tanto me esforzaba en ocultar, las cosas con papá… simplemente se convirtieron en lo que son ahora.
Y es imposible de resolver, por supuesto, porque papá es papá, y yo soy yo. ¿Lo entienden?
Me refiero a que no hay manera en que tantos años de tensión, tantos secretos y tanto silencio, simplemente puedan desaparecer de un segundo a otro.
No hay manera en que las cosas vuelvan a ser como antes para nosotros. O, al menos, eso es lo que yo pienso…
- Dos ramen de cerdo, por favor.
La voz de papá me llega algo lejana. Cuando la escucho, abandono sin querer el monologo en mi mente para volver a la realidad, al restaurante ruidoso, inundado de conversaciones; y al persistente aroma a fideos y caldo que se cuela por mi nariz.
Como se trata de, literalmente, la comida favorita de papá, no me sorprende que escojamos un restaurante que solo sirva ramen. Si me lo preguntan, yo hubiese preferido cenar hamburguesas, pero ya que él es quién me ha invitado supongo que no puedo quejarme.
Abro mis ojos para echarle un vistazo al restaurante que papá escogió para cenar. Pese a que solo lo he mirado de reojo un par de veces, al pasar por fuera, reconozco de inmediato el lugar en el que nos encontramos.
Ichiraku Ramen. Su restaurante favorito. Y, también, el lugar en el que él y mamá tuvieron su primera cita, como ella misma me contó alguna vez.
"Un lugar muy especial" -dijo mamá, cuando se lo consulté. Mirándolo ahora, pienso en que probablemente papá no tenía dinero para invitarla a un sitio más elegante. Aunque luce como un sitio ameno, porque de no ser así estoy seguro de que no habría tantas familias aquí, disfrutando la comida.
Por el rabillo del ojo noto que papá me descubre observando alrededor. Cuando nuestras miradas chocan él abre su boca, para hablar, aunque yo ya estoy seguro de lo que planea contarme.
- ¿Sabes?, con tu madre…
- Lo sé -mi voz suena algo tosca, pero creo que no puedo evitarlo-. Mamá me lo dijo. Aquí fue donde tuvieron su primera cita.
Él sonríe, y yo reconozco la nostalgia en su mirada. ¿Acaso estará recordando ese momento?
- Te lo dijo, ¿eh?
- Claro que sí, un día, mientras pasábamos por fuera.
Él guarda silencio, no parece tener nada más que decirme. Y yo tampoco tengo nada que contarle.
Permanecemos en silencio hasta que los platillos que papá ordenó llegan.
El aroma a ramen de cerdo me recuerda de pronto lo hambriento que me siento, y, aunque está lejos de ser mi comida favorita, pronto me descubro tomando los palillos para comenzar a comer.
No es una hamburguesa, pero supongo que servirá.
Fieles a no derribar la pared entre nosotros, comenzamos a cenar en silencio.
Tal vez demasiado en silencio como para estar en un restaurante tan lleno de vida. Calculo que, probablemente, somos las únicas personas en todo el lugar que no están conversando o riéndose.
Y me molesta notarlo. O, lo que me molesta en realidad, es el gesto tranquilo que papá lleva, mientras disfruta su cena como si no hubiese ningún problema entre nosotros.
Padre estúpido. ¿Acaso no sientes esta horrible tensión entre nosotros?
¿Soy el único que detesta estar aquí en este segundo?
- Tu madre me envió un mensaje por la tarde -papá habla por fin, de un segundo a otro. Sin soltar los palillos, aparta la mirada de su plato para fijarla en mí-. Dijo que fuiste a casa de Sakura por las medicinas para Himawari, y que Sarada estaba allí.
Termino de tragar lo que tengo en la boca y lo miro. Mi curiosidad ha despertado con sus palabras.
¿A qué viene ese tema?
Más que una conversación cotidiana, ¿será acaso su forma de intentar ignorar lo que nos ha sucedido en los últimos días?
¿Qué debo hacer entonces? ¿Seguirle el juego y fingir que todo está bien?
- Nadie más podía hacerlo-ttebasa -sin una respuesta clara, simplemente contesto su pregunta. Él me asiente, medita mi respuesta.
- ¿No hubo problemas entre ustedes mientras estabas allá?
Dejo de comer.
- ¿Eso a qué viene? -él me mira un instante, antes de responderme.
- Solo quería preguntar cómo van las cosas con Sarada. Sé que no son amigos, pero quería saber cómo se llevan cotidianamente.
Recordar de golpe cómo Sarada me ordenó arrodillarme, y lo cerca que realmente estuve de hacerlo, consigue que la sangre me hierva.
- Es una idiota, de pies a cabeza -las palabras simplemente me salen. Pienso, por un segundo, que papá me regañara por insultar a su ahijada, pero sorpresivamente él solo asiente.
- Es lo que yo solía decir de su padre-ttebayo -suspira, con aire nostálgico-. ¿Quién diría que las cosas serían tan iguales con ustedes?
Tras eso, vuelve a su ramen. Yo no. De pronto, he perdido el apetito.
- Todavía peleas con el tío Sasuke -mencionarlo me produce un sabor horrible en la boca.
- Cierto, pero también somos buenos amigos -decide él, sin quitar la vista de su comida-. Pese a que siempre está viajando, aún nos vemos de vez en cuando, conversamos, hacemos cosas juntos…
Como planear enviar a tu hijo mayor a la escuela militar… me muerdo la lengua para no soltar lo que estoy pensando. Sin embargo, tan pronto me contengo, sé que lo terminaré diciendo de todas formas, en algún otro momento.
Cielos. Este es el primer tiempo de calidad que tengo con papá en mucho tiempo y ya sé perfectamente cómo voy a arruinarlo.
- La diferencia es que no me interesa ser amigo de Sarada. De hecho, me iría mejor si ella simplemente dejara de molestarme todo el tiempo -él sonríe con mis palabras, por alguna razón.
- Las amistades más fuertes pueden surgir de una rivalidad. Yo sé muy bien de eso.
- Sarada fue quien eligió dejar de ser mi amiga -le recuerdo. Un ligero malestar me invade al pensar en eso, pero me decido ignorarlo.
Porque no quiero perder mi tiempo recordando aquella vieja amistad. No vale la pena lamentarme por una persona que en verdad jamás fue mi amiga.
- Bueno, es difícil conocer el otro lado de la historia, tal vez las cosas fueron diferentes para ella -papá sonríe. De pronto, me mira como si fuese un niño en medio de una absurda rabieta. Y aquello me molesta profundamente-. Cuando tenía tu edad, por ejemplo, recuerdo que pelee con tu tía Sakura por culpa de un…
- ¿Acaso pretendes hablar de Sarada y su familia toda la noche para evitar hablar de la escuela militar?
Soltar la pregunta es cómo por fin reventar una burbuja. Por un mero instante el alivio me cubre. Alivio por haber dicho aquellas palabras que estaban carcomiéndome.
Al respecto, papá solo interrumpe sus palabras y me mira fijamente, por casi un minuto completo. Yo no aparto mi mirada de él, porque quiero demostrarle que no me asusta para nada.
No me asusta. Ni él, ni sus amenazas.
- Cierto, deberíamos hablarlo -decide finalmente, enderezándose frente a mí. Yo espero a que continúe-, especialmente por como terminaron dándose las cosas.
Está vez consigo percibir aquel tono acusatorio en su voz. Y lo entiendo.
Después de todo, soy el responsable de que pelease con mamá.
- Estás enfadado porque mamá lo supo -él no dice nada, simplemente me observa en silencio. Y yo resoplo-. No es como si me hubieses dejado otra opción, ¿no crees?
- No es eso, Boruto.
- No pensé que tía Sakura se lo contaría a mamá, yo solo quería que ella hablara contigo para que cambiaras de parecer…
- Te dije que no es eso.
- ¿Entonces qué es?
- Ese internado no es una opción… -papá habla con seriedad en está ocasión-, al menos no para tu madre. Pero, como tu padre, tampoco me gusta que andes por allí metiéndote en cada problema que encuentres. Tienes que controlarte, Boruto, en verdad -añade, mirándome fijamente y entrecerrando sus ojos.
Tengo que apretar mis puños para no responder lo que tengo en mi mente.
¿Controlarme? Papá me trata como si yo fuese un animal salvaje.
- Hablas como si jamás hubieras estado en una pelea-ttebasa.
- Estuve en peleas, como cualquier chico, pero jamás llegué a tener el rostro tan golpeado como el tuyo -me rebate. Su rostro, demasiado serio, me enfada. Al verlo, lo único en lo que pienso es que, por mucho que lo intente, no consigo recordar a papá dedicándome otra expresión en el último tiempo que no sea aquel gesto serio.-. Ni llegué tarde a casa, tras el anochecer, negándome a dar explicaciones de en dónde estuve.
Él sigue hablando, pero no tengo interés en escucharlo más.
- ¿Ni siquiera cuando el abuelo Hiashi te dio una paliza por desafiarlo para invitar a mamá a salir?
- Eso fue diferente.
- ¿Cómo puedes saber si es diferente? Ni siquiera sabes la razón por la que me meto en problemas todo el tiempo.
Papá no responde. Y yo no añado nada más.
En vez de eso, nos quedamos en silencio los siguientes minutos, mientras el ramen se enfría.
Por un instante, devuelvo mi vista al platillo, dónde mi rostro se refleja en el caldo. En está ocasión lo único que consigo ver son los moretones, marcados en mi piel como si estuviesen retándome a continuar negando que existen, y burlándose de mí por ser incapaz de hacerlos desparecer. Frustrado, empujo el naruto con los palillos para revolver el líquido.
Mi reflejo se deforma y yo aparto mi vista.
Odio no saber que decirle a papá.
Lo único que pienso es en que mamá lo arruinó en está ocasión. ¿Qué demonios habrá estado pensando al dejarnos solos a ambos? ¿No habrá imaginado este desenlace?
O, ¿lo habrá hecho a propósito para que conversáramos con papá de una vez?
Él resopla de pronto. Luce exhausto, como si ya no quisiera seguir discutiendo. ¿Pensará en lo mismo que yo?
- Por mucho que desapruebe tu actitud, tu madre tiene la razón -repite. Su voz suena cansada, pero el gesto serio continúa en su rostro-. Pensar en el internado no fue lo correcto, ni tampoco lo fue ocultártelo, ni a ti ni a tu madre. No debí escuchar a Sasuke, pero puedo asegurar que la idea solo pasó por mi mente un momento, porque luego entendí que estaba cometiendo un error-ttebayo. Esa es la razón por la cual el folleto se encontraba en esa caja que derribaste. Porque eran papeles viejos, que planeaba botar al finalizar la semana -papá lo dice tan calmadamente que pareciera estar contándome sobre el clima. También me mira, probablemente intentando analizar mi reacción. Yo me aseguro de no despegar mi vista de él-. Quiero que sepas, que para cuando Sarada te contó sobre la escuela, yo ya la había descartado por completo.
No le respondo, ni tampoco finjo sorpresa.
Increíblemente, yo ya había sido capaz de deducir lo que papá acaba de revelarme. Después de todo, es verdad lo que dice sobre el folleto: estaba en aquella caja con papeles viejos. Pero el pánico del momento no me permitió pensar en ello sino hasta días atrás. Sin embargo, lo que también es cierto es que entre la propuesta del tío Sasuke y que aquel folleto acabara en la basura, pasaron seis meses.
Seis meses que no puedo permitirme ignorar.
- ¿Quieres una medalla por tu honestidad entonces? -papá frunce el ceño con mi respuesta. Y una parte de mí siente ganas de abofetearme por lo que acabo de decir.
¿Acaso no puedo mantener mi boca cerrada un minuto?
- No, Boruto, quiero que actúes como un niño de tu edad. Está bien si no te gusta la escuela, pero al menos podrías intentar mejorar tus calificaciones un poco. ¿Acaso quieres repetir el año?
- Y tú podrías intentar pasar más tiempo en casa -sé que mi replica no tiene sentido, sin embargo, sirve para que papá guarde silencio. A continuación, él me queda mirando, esperando que yo termine de hablar, y aunque no tengo nada más que decirle, consigo desahogarme por un instante-. Por si no te has dado cuenta, no eres perfecto, estúpido padre.
Él se ofende al oírme, puedo verlo con claridad.
- Nunca he dicho que soy perfecto. Además, mi trabajo…
- Ya lo sé, tu trabajo es muy importante -lo interrumpo, alzando mi voz. Él hace silencio-, pero estar en casa también lo debería ser-ttebasa. No es justo que me repliques solo a mí, si tú nunca estás para acompañar a mamá e Hima -él abre su boca para replicar. Sé perfectamente lo que piensa recriminarme, pero incluso para eso ya tengo una respuesta preparada-. Sí, ya sé, puede que yo me la pase encerrado en mi cuarto, pero al menos estoy allí por si mamá me necesita. ¿En dónde estabas tú cuando Hima necesitaba que alguien fuera a buscar sus medicinas?
Pienso que papá va a enfadarse aún más por lo que acabo de decir, incluso pienso en que va a castigarme por ello, pero, contrariamente, algo cambia en su mirada en cuanto termino de hablar. De pronto, la seriedad desaparece de su rostro.
- Amas mucho a tu madre y tu hermana, ¿no es así? -murmura. La sonrisa que forma me desconcierta por completo-. Realmente eso me deja bastante tranquilo-ttebayo -suspira, aliviado-. Así sé que ambas están bien, si tú estás con ellas.
Entonces nuevamente me sonríe y, a continuación, alza su mano y acaricia mi cabello como hacia cuando yo era un niño.
Yo me aparto tan rápido como puedo.
Estúpido padre. No quiero que me sonría de esa manera, como si las cosas estuviesen bien.
No están bien, nada bien. Y yo soy la prueba de ello.
Si él hubiera pasado más tiempo en casa, con nosotros, tal vez yo jamás hubiera desarrollado estos sentimientos que tengo por mi hermana.
- Boruto -él habla de pronto, captando mi atención nuevamente. Continúa sonriendo como si yo no me hubiese alejado de él-. ¿Recuerdas esa reunión importante de la que te conté en casa? ¿La qué tuve hoy?
- ¿Es en serio? ¿Ahora quieres desviar la conversación hablándome del trabajo? -resoplo. Él me queda observando fijamente, probablemente espera a que termine de quejarme-. No me importa lo que hagas en tu trabajo, pero deberías ser más consciente con mamá. Ella te extraña, todo el tiempo, aunque jamás lo diga. No es justo que se quede sola siempre -papá sonríe de nuevo y a mí me enfada no entender el motivo de su sonrisa. Él no debería sonreír cuando me estoy quejando-. Y, además, Hima siempre está preguntándole cuando iremos al parque contigo nuevamente, y ni mamá ni yo sabemos qué decirle para que deje de…
- Boruto -él me interrumpe, su voz es calmada-. Hoy me ascendieron… en el trabajo.
Guardo silencio. No puedo evitarlo.
De pronto, aunque el restaurante está lleno de gente riéndose y conversando, no hay nada más que llame mi atención que este horrible silencio que se acaba de instalar entre nosotros.
Papá ha dejado de mirarme también. En cambio, tiene su mirada fija en el plato de comida, moviendo el ramen tibio de un lado a otro con los palillos.
- ¿Te… ascendieron?
No sé qué siento con exactitud en cuanto lo veo asentir con la cabeza, aún sin mirarme a los ojos. De pronto, un desagradable torbellino de emociones me invade.
Sé, por un instante, que siento tristeza… pero es efímera.
¿Qué es esto? ¿Sorpresa… o tal vez rabia?
No. Nada de eso. Es decepción.
Aunque no debería sorprenderme por estás cosas, no con papá, no puedo evitar sentirla.
- Tu madre aún no lo sabe, planeaba contárselo en la cena, pero hoy el ejecutivo a cargo fue transferido y quedo una vacante -él sigue hablando, mientras juega con su comida. Su voz es calmada, por alguna razón-. Me ofrecieron el puesto y decidí aceptarlo. Significa más dinero, más responsabilidades y…
- Y más trabajo -añado yo. Él se mantiene serio, pero finalmente vuelve a mirarme y deja los palillos de lado.
- Desde la próxima semana ya no podré llegar a tiempo para cenar con ustedes. Lo siento mucho.
No. No quiero sus disculpas.
- Mamá podría retrasar la cena una hora.
Cuando las palabras salen de mi boca, papá me mira con tristeza. Y yo me siento patético.
No puedo entenderlo. ¿Por qué me enfada tanto que él no llegue a cenar?
- No creo que eso…
- Himawari no tiene porque siempre acostarse tan temprano -insisto. Y aunque sé que mi suplica es patética, que yo soy patético, no consigo callarme-. Puede esperarte despierta el tiempo que sea necesario. O tal vez podemos ir hasta tu oficina, cenar juntos y…
- Boruto…
- ¡O no lo sé, maldición! -me levanto de la mesa, en un impulso. Los latidos de mi corazón aumentan hasta ser desagradables-. ¡¿Cómo no hay nada que puedas hacer para llegar a casa a cenar con tu familia?!
Él me mira fijamente, sin moverse de su lugar. Yo puedo distinguir perfectamente el sentimiento que su rostro refleja.
Así que, estúpido padre, ¿de quién de nosotros dos te sientes decepcionado esta vez?
- Boruto, toma asiento -me ordena. Por el rabillo del ojo descubro como la gente de las mesas más cercanas nos está mirando, interrumpiendo sus propias veladas por espiar la nuestra.
Pese a que nunca he sentido tantas ganas de marcharme de ningún lugar, obedezco y vuelvo a tomar asiento. Y me quedo en silencio, odiándolo por arruinarlo todo.
Como si el tiempo que pasa en casa no fuese lo suficientemente corto… ¿por qué tenía que aceptar el estúpido ascenso?
Es más, si él hace este tipo de cosas, tomando decisiones por su cuenta, ¿para qué demonios me esfuerzo tanto en proteger nuestra familia si él solo se aleja cada vez más?
- Ser adulto significa tomar decisiones difíciles. Lo entenderás cuando madurez -papá habla, en vista de que yo no he dicho ninguna palabra. Como no quiero escuchar ningún sermón de su parte, respondo lo primero que me viene a la cabeza.
- Quiero ver como usas ese argumento para explicarle a mamá porque no llegarás a cenar -él vuelve a fruncir su ceño, pero no me importa en lo absoluto. Y es que, si hay alguien además de mí, a quién mamá le ha recriminado su poco tiempo en casa, es precisamente a papá. Ella simplemente no estará feliz con la decisión que él ha tomado.
Puede que las peleas en casa no estén lejos de terminarse.
- No intento ser egoísta, es por el bien de nuestra familia -él sigue hablando. Yo me abstengo de contestar lo que estoy pensando-. Sé que tengo que esforzarme aún más todavía, y prometo encontrar la manera de recuperar el tiempo perdido, pero hasta entonces me gustaría que tú también te esforzaras por mejorar las cosas.
Y, al decir lo último, clava sus ojos en mí.
- ¿Qué quieres decir?
- Digo que hay mucho que podrías mejorar -yo guardo silencio, porque sé que es verdad, aunque me niegue a aceptarlo-. Tu comportamiento o tus calificaciones están entre ellas, y si dejaras de llegar a casa con tu rostro golpeado también sería un buen punto de partida. Pero Hinata no quiere que te exija demasiado, y ciertamente yo tampoco era lo que alguien consideraría un buen estudiante-ttebayo -añade, arrojando un suspiro cansado-, así que haremos un trato, ¿de acuerdo? Si prometes mejorar en una sola cosa en particular, se acabarán los castigos y nos olvidaremos de la escuela militar, y nunca más mencionaremos una idea similar. Sin embargo, si tu comportamiento empeora aún más, sin ninguna explicación valida…
Papá no termina la frase, probablemente porque no se atreve a mencionarlo o porque simplemente no está seguro de que amenaza utilizar. Pero a mí no me cuesta adivinar que, sea en lo que sea que papá esté pensando, el internado americano tiene que ver en sus planes.
Para mí, en cambio, la única frase que realmente me queda danto vueltas es sobre la de mejorar en una sola cosa en particular a cambio de que los castigos y peleas se acaben.
Y es que… ¿una cosa? ¿Solo una?
Lo que sea que vaya a pedirme, no puede ser tan fácil de lograr.
- ¿Qué cosa es? -él me mira nuevamente. Mi corazón acelera, ansioso.
- Himawari extraña a su hermano mayor.
Dato curioso. ¿Sabían que cuando alguien intenta atacar a un erizo de tierra, este se cierra sobre sí mismo y alza sus púas, como método de defensa?
Bueno, pues en este momento me acabo de convertir en un erizo.
- ¿Cómo puedes saber eso si ni siquiera estás con nosotros? Y mucho menos ahora -replico. Mi pregunta le duele y, por solo un momento, a mí también me duele.
Al parecer aún no sé cómo defenderme sin clavarme mis propias púas.
- Porque se le ve en los ojos, cada vez que te mira -papá sí responde mi pregunta. Incluso me sonríe con tristeza-. A pesar de los problemas en que te has metido en este tiempo, también has demostrado ser un buen hermano cuando la situación lo requiere. Y con tu madre queremos que siga siendo de esa forma. Sé también que Himawari sería muy feliz si vuelves a ser su amigo, como antes.
- No me interesa ser amigo de mi tonta hermana-dattebasa.
Mi mentira es tan obvia que incluso papá se ríe de ella. Eso me preocupa.
- Vamos, no digas eso. Antes eran tan unidos que hacían todo juntos, jamás te despegabas de su lado -me recuerda. El pecho comienza a dolerme al escucharlo-. Entiendo la distancia que has tomado conmigo y con tu madre, la adolescencia es una edad difícil, después de todo, pero de verdad ninguno de nosotros consigue entender esa distancia con tu hermana…
Guardo silencio, desvío mi vista.
Y me muerdo el labio, con fuerza.
Porque, de pronto, solo quiero hablarle sobre lo confundido, enojado y culpable que me siento todo el tiempo, al pensar en mi hermana; y quiero hablarle de los horribles sentimientos que me invaden desde que soy un niño, aquellos sentimientos que nadie más posee. Porque quiero ser sincero, por una sola vez, y contarle a alguien como realmente me siento con todo lo que estoy viviendo.
Y no debo hacerlo, porque hace mucho tiempo he decidido cargar con todo por mi cuenta; he decidido que mamá y papá no sepan nunca quién soy en verdad. Porque de seguro se culparían, cuando quién está enfermo en verdad soy yo.
- Como ya sabes, yo no tuve hermanos, ni hermanas. Siempre estuve solo. -papá vuelve a hablar, repitiéndome lo mismo que mamá me ha contado antes-. Así que realmente me puse muy contento cuando con tu madre supimos que Himawari venía en camino. Ella, claro, se sentía más preocupada al respecto. Le asustaba contarte, porque pensaba que podrías colocarte celoso. Y, de hecho, por un tiempo fue así -él ríe, al recordar algo-, una mañana, durante el desayuno, nos exigiste que debíamos devolver a tu futura hermana, porque no querías compartir tus juguetes con ella, así que Hinata comenzó a temer que la odiarías…
Mientras habla, puedo imaginar la preocupación que mamá debió sentir. Claro, ella probablemente pensaba que yo terminaría detestando a mi hermana menor, que nuestra relación sería parecida a la que ella y tía Hanabi tuvieron en sus infancias… pero contrariamente a eso termine siendo un buen hermano mayor.
No, más que eso.
Yo… yo termine por enamorarme de mi hermana completamente.
Sin embargo, eso no es algo que pueda decirle nunca a papá. Sería una estupidez.
- Pero ¿sabes?, todo eso cambio totalmente, el día en que llegamos a casa del hospital y la viste por primera vez -él sigue hablándome. Incluso cierra sus ojos un instante y, sin quererlo, yo también recuerdo el momento del cual habla. Y me duele-. Tus ojos no dejaban de brillar mientras la sostenías entre tus brazos. Y sé con certeza que jamás te vi ser tan feliz por nadie antes. Cuando se trataba de Himawari, tú…
- ¿Qué es lo que quieres pedirme? -voy al grano. Él abre sus ojos para mirarme y suspira, pero al final sonríe, como si agradeciera mi atención
- Que seas un buen hermano, tal y como antes, Boruto -pronuncia, como si se tratara de algo realmente fácil. Aunque, en realidad si es algo fácil, para cualquier hermano mayor debería serlo-. Ayudarla con sus tareas, acompañarla viendo televisión, saliendo con ella… simplemente pasar tiempo de calidad con tu hermana, como solías hacer antes. ¿Qué dices?
¿Que qué digo?
Que aceptar su trato me haría romper todas las reglas que, por años, me he forzado a seguir.
Que, si lo hago, temo ser incapaz de conseguir que alguna vez estos sentimientos me abandonen, como tanto necesito.
Y que, aun así, estar con ella es lo único que quiero hacer.
- Digo que lo que hago con mi tiempo es cosa mía-ttebasa.
Papá frunce su ceño al oír mi respuesta, hace un mohín y me mira como si fuese un fastidio intentar comprenderme. Mi terquedad parece sorprenderle todavía.
De tal palo, tal astilla… el dicho llega a mi mente sin intención. Y mientras lo miro, por un momento no puedo evitar preguntarme nuevamente cómo habrá sido papá a mi edad, que tanto nos hubiésemos parecido.
¿Qué haría él de estar en mi lugar?
- Boruto… -me llama, como si de pronto le apenara hablarme-, ¿acaso no quieres volver a cuidar de tu hermana como antes?
¿Tiene sentido contestar tu pregunta, papá?
Cielos, ¿por qué no puedes ver que todo lo que hago, y lo que soy, es por cuidar de mi hermana? ¿Por protegerla de mí mismo?
Y, aun así, ¿no consigue ser suficiente para mamá y para ti?
- Himawari necesita a su hermano mayor -insiste. No dudo en responder.
- Ella no me necesita.
Ella, de hecho, estaría mejor conmigo lo más lejos posible.
- Los hermanos siempre se necesitan -papá me replica con convicción. Yo hago silencio.
Parece que, incluso sentados frente a frente, conversando, la pared entre nosotros es imposible de derribar. No con todas las mentiras, secretos y silencios que he creado en los últimos años.
- No hay más opciones, ¿cierto? -él niega con su cabeza, seriamente.
- No creas que me siento orgulloso, pero ahora que estaré más tiempo en el trabajo necesito asegurar que estarás en casa -responde. Se da un segundo para mirarme, antes de continuar hablando-. Tiempo de calidad con tu hermana, y a cambio ya no habrá más castigos ni volveré a mencionar la escuela en América. Esa es mi propuesta, si la tomas o la dejas, es tu elección.
Eso último es mentira, ¿por qué que clase de elección es si no puedo decidir con libertad?
Incluso si dice que puedo elegir, la verdad es que no hay más opciones. Al menos no existe una que pueda usar sin sacrificar algo importante a cambio.
Si decido hacerlo, estaré cometiendo una locura. Pretendiendo ser un buen hermano mayor nuevamente; pretendiendo ser capaz de mantener mis verdaderos sentimientos alejados.
Una locura y ya.
Por eso, sintiéndome arrinconado entre la espada y la pared, me permito pensar en Hima un solo instante. Pensar en lo mucho que la lastimará saber que, desde ahora, papá no llegará a cenar; y, también, en lo feliz que será si yo decido pasar más tiempo con ella y con mamá.
De verdad, ¿qué tan lejos estoy dispuesto a llegar por mi hermana?
- Lo haré.
Papá sonríe. Puedo ver lo aliviado que se siente por mi respuesta.
Sin decir nada más, él vuelve a tomar los palillos y a probar su ramen. A continuación, comienza a quejarse.
Estúpido padre, la cena ya se ha enfriado por completo, ¿sabes?
CONTINUARÁ…
