En realidad no tengo como disculparme. Semanas ajetradas y un viaje en medio. También pocas ganas de escribir (o de hacer cualquier actividad en realidad), tanto en este como mi otro fic (y ni hablar del especial de San Valentin ajaja ... :c), pero, además, se le suma que me atrase mucho en el anime de Boruto, y sé que hay algunos momentos con Hima que quiero replicar en el fic (como el cumpleaños de Boruto, que también está próximo en la historia). Entonces, me esforzaré por ser constante en la publicación.
Parallax-Jordan: Lamento la tardanza, ya llega un nuevo capitulo!
kai vp: justo iba a publicar, en verdad lamento la tardanza!
diego: lo siento mucho, no suelo atrasarme tanto en realidad! intentaré esforzarme pero es un año algo complejo para mí. Muchas gracias por leer.
Procrastinacion: ajaja Boruto sería gran fan de Shinji en realidad.
Gabe Logan: Sin duda es difícil continuar siendo un buen hermano, Boruto merece una medalla por el esfuerzo. Sin embargo, soy de la opinión de que con todo lo egoísta que él podría llegar a ser con sus propios sentimientos, siempre terminará ganando el amor incondicional que siente por Hima y su deseo por cuidarla. Al final de todo, un buen hermano mayor siempre hace lo correcto por el menor, incluso si no es de su agrado.
secretlistener: De hecho una escena así estaba planificada, pero luego pensé que Hima era demasiado ilegal para realizarla ajaja, ella sigue siendo una niña pequeña, veré como hacerlo.
Por último, solo advertir que se viene próximamente un corazón roto (y sabemos que es el de Boruto), así que están advertidos desde aquí hasta el final del fic.
XIX
"Será muy divertido"
…
.
Tras todo un día encerrado en mi cuarto, el aire fresco resulta ser un alivio.
Saboreando la libertad, levanto aún más la ventana de mi habitación hasta abrirla por completo.
Sucede que cuando eres un prisionero, realmente no hay demasiado que hacer además de planificar tu método de escape, ¿no creen?
Buenas tardes, sean bienvenidos a mi encarcelamiento. O más bien a mi fuga, aunque no esté huyendo para nada.
Esto es más bien… un simple descanso no autorizado de mi castigo. Sí, eso.
Porque tras una hora de estar recostado en mi cama, mirando al techo como un verdadero idiota, he decidido que -literalmente-, cualquier cosa es mejor que solo esperar hasta que sea el final del día.
Además, mamá jamás lo sabrá.
Disfrutando de la aventura que significa incumplir sus órdenes, paso un pie por sobre el marco de la ventana y alcanzo el techo justo debajo, solo para abandonar mi habitación. Lo suficientemente firme como para soportar incluso el peso de papá, el tejado es una buena forma de escapar de mi cuarto y de casa cuando lo necesito. Es solo cosa de continuar caminando por encima hasta llegar al final, sujetarse de la canaleta y descender a la calle. Y no, no es una suposición teórica, en realidad es la forma que uso para escapar de casa.
El día en que papá o mamá se enteren de eso, estoy seguro de que le pondrán barrotes a mi ventana. Pero hoy no planeo arriesgarme, en realidad solo quiero tener un momento para estar tranquilo, lejos de mi habitación y de mi absurdo castigo.
Y cuando eso sucede, solo basta con tomar asiento sobre el tejado.
Además, es realmente agradable disfrutar de los últimos días soleados que quedan antes de que el invierno comience.
Tan solo será un momento, en mi lugar secreto.
El único sitio en el mundo en el que puedo escapar de mis problemas.
Porque verán, aquí… aquí puedo ser yo mismo.
No el Boruto que se esfuerza por ser un buen hermano mayor, ni tampoco el que finge ser normal para el resto del mundo. Me refiero a mi yo real, que tengo oculto bajo mis respuestas sarcásticas y mis extensos monólogos.
El que sabe que está enfermo, el que es sincero consigo mismo.
El que entiende la delicada situación en la que está atrapado, siendo forzado a ser un buen hermano mayor cuando sabe que en realidad no puede hacerlo.
No es que no lo intente, ¿saben?, pero recuerden que he pasado los últimos años construyendo una serie de reglas para proteger a mi hermana de mis sentimientos. Reglas hechas para recordarme mi lugar, que me impiden aproximarme a ella más de lo debido.
El problema es que esas reglas ya no sirven, porque no puedo ser un buen hermano -uno como el que papá y mamá quieren-, sin pasar tiempo con Hima. Pero si me permito romper la línea que yo mismo he dibujado, si me permito aproximarme a ella… sé que en realidad no estoy siendo un buen hermano.
Para nada.
…
Toc, toc
Los golpes en la puerta me hacen reaccionar. No sé cuánto tiempo ha pasado, pero asumo que no ha tenido que ser demasiado. Después de todo, aún es de día.
Toc, toc, toc
Más golpes, cortos y suaves, pero al mismo tiempo lo suficientemente fuertes como para devolverme a la realidad.
Ah, ¡demonios! Se supone que no debería estar en el tejado.
Si mamá me descubre aquí estaré en verdaderos problemas.
- Un segundo -pido, alzando mi voz. De inmediato me coloco de pie.
Paso una pierna sobre el marco de la ventana y vuelvo a entrar en mi cuarto. Y, de paso, derribo la mitad de las cosas que están sobre mi escritorio.
- Mierda -mascullo. Levantarlas me toma una eternidad.
Toc, toc, toc, toc
Más toques insistentes. Y ni siquiera he podido cerrar la ventana.
- Dije que un segundo -repito, frustrado.
Cielos, ¿hay un incendio o algo?, ¿por qué tanta prisa?
Para cuando quito el seguro, la puerta se abre casi al instante. Y es Hima quién aparece, sonriéndome con inocencia.
- Hermano, ¿por qué tardaste tanto en abrir? -sus ojos no tardan en pasar de mí, intentando en cambio espiar hacia el interior de mi cuarto-, papá dijo que ya no puedes cerrar tu puerta con llave.
Al escucharla no puedo evitar suspirar.
Y es que, gracias a papá, mi adolescencia se ha visto repentinamente complicada. Por ejemplo, y solo para empezar, ya no puedo evitar que ella entre a mi cuarto cada vez que le plazca.
Como si no fuese lo suficientemente malo que mi hermana sea entrometida, ahora no puedo ponerle límites.
- ¿Nunca oíste lo que la curiosidad le hizo al gato?
- Pues al menos murió sabiendo -replica, divertida.
- ¿Qué quieres-ttebasa?
Pregunta estúpida. Tan pronto como la hago me fijo en la pequeña bandeja que está cargando. La visión del helado dentro de dos pequeños vasos de vidrio es suficiente para llamar mi atención.
- Mamá envía esto para ti -apunta Hima, con una sonrisa. Mi atención se dirige entonces a las dos pequeñas galletas enterradas sobre una de las bolas de helado, que solo uno de los vasos tiene.
Supongo que el mío es el que no tiene galletas.
Ciertamente, los castigos de mamá son curiosos y algo adorables.
- Puedes dejarlo por allí.
Doy media vuelta y vuelvo hacia mi cama. Me recuesto en ella y finjo prestar atención a mi teléfono celular, esperando que mi hermana decida irse rápidamente. Pero aquello no sucede.
Puedo verla entrar con paso lento, observando mi cuarto detenidamente. Supongo que tiene sentido, porque las únicas veces que ha entrado es para despertarme antes de ir a la escuela, y en esas ocasiones está demasiado oscuro para ver cualquier cosa.
No puedo evitar preguntarme en que estará pensando.
Como si de pronto adivinara que la estoy mirando, Hima gira para verme de un momento a otro. Hay una sonrisa en su rostro.
Mi corazón comienza a latir rápidamente, como siempre, y me obliga a devolver mi mirada hacia mi teléfono celular, intentando pasar desapercibido.
No sé si mi plan funciona. No sé nada en realidad.
Como siempre que ella está cerca, mi mente se pone por completo en blanco.
Cielos. ¿Por qué tenía que venir? Como si no fuese suficiente castigo que el día de ayer me hubiese visto casi desnudo, ahora debo soportarla recorriendo mi cuarto.
¿Acaso puedo colocarme más nervioso de lo que ya estoy?
- Hermano -ella me llama, buscando mi atención. Cuando levanto mi vista la encuentro apartando mis videojuegos de la pequeña mesa redonda, para luego acomodar la bandeja con helados encima.
- Gracias, ya puedes irte.
- No, gracias -decide, con una leve sonrisa en su rostro. Sin preguntar toma asiento en un extremo y me mira, como invitándome a ir con ella.
Oh cielos, ¿esto es enserio?
- Dije que ya puedes irte -repito, aunque ella parece decidida a ignorarme-. Vamos, vete de aquí Hima.
Se supone que este es mi cuarto, ella no debería invadirlo. Además, quiero estar solo.
O, mejor dicho, no puedo dejar que ella este aquí, sola conmigo.
- No quiero -replica, terca como papá y como yo-. Y mamá dice que si vuelves a insultarme como ayer te castigará hasta el siguiente fin de semana -me advierte entonces.
Por primera vez me fuerzo a mantener la boca cerrada.
¡Ah, maldición! La fiesta de Inojin es el siguiente fin de semana.
- ¡Tsk!
Ella sonríe al ver que se ha salido con la suya, y con elegancia comienza a comer su postre. En cambio, el mío me aguarda, mientras me decido si ignorar la presencia de mi hermana o no.
¿Cómo las cosas han dado este giro?
- Se derretirá -Hima vuelve a hablar, como si fuese capaz de ver mi pequeño dilema.
Tras diez segundos de sufrimiento, termino por abandonar mi cama. Y es que realmente quiero el helado.
Oh, soy un gato casero en camino al sobrepeso.
Tomo asiento del otro lado de la mesa, justo frente a mi hermana. En silencio observo mi postre, y pienso en que el invierno está tan cerca de llegar que probablemente esta sea la última vez que coma helado hasta el siguiente verano.
Debería disfrutarlo, ¿no?
- Un segundo -Hima habla. De un segundo a otro, una de las pequeñas galletas se entierra sobre una de las bolas de helado. Cuando vuelvo a mirar su vaso, me doy cuenta de que en su helado ahora solo queda una.
- Pero es tuya -respondo. Ella simplemente se encoge de hombros.
- Es mucho para mí -me explica, como si no tuviese ninguna importancia-. Además, hermano, sé que te gusta comer helado con galletas.
Por primera vez hago silencio, tan solo mirándola.
No debería estar bien que me regale una de sus galletas solo porque yo no tengo. Especialmente si no tenerlas es mi castigo por haberla insultado ayer.
Además, al igual que yo, ella ama que su helado tenga galletas.
- ¿Estás segura?
- Claro -me sonríe. Mi corazón se acelera otra vez, tan de pronto que el nerviosismo me invade.
Bajo mi vista, de vuelta a la pequeña galleta que tan generosamente me ha obsequiado.
Cielos. Con Hima haciendo este tipo de cosas, todo el tiempo, y siendo amable conmigo pese a que no lo merezco en lo absoluto… ¿cómo diablos no voy a estar enamorado de ella?
- Hermano, ¿estás bien?
- Ah, sí… yo… yo solo… -parpadeo con fuerza y sacudo mi cabeza para apartar ese último pensamiento-, pensaba en que el invierno está cerca.
- El verano se fue muy rápido -Hima sonríe, tal vez animada de que yo haya iniciado una conversación-, cada mañana se vuelve más fría, ¿no es verdad?
No respondo, solo asiento y me quedo en silencio el resto del tiempo, pero el ambiente no se vuelve incómodo porque mi hermana continúa hablando en voz alta. Me cuenta entonces que le pidió a mamá hamburguesas para la cena, pero que ella se negó diciendo que habíamos estado comiendo demasiadas en el último tiempo. Y luego me informa sobre cómo van sus deberes.
Mientras habla, yo solo me dedico a asentir, saboreando el helado lentamente y pensando en que estoy mirándola demasiado, mucho más de lo que debería hacer.
Ella hace una pausa entonces, solo para apartar un mechón de su cabello hasta detrás de su oreja. Recuerdo, sin quererlo, que cuando era más pequeña usaba el cabello corto y tenía flequillo. Ahora, en cambio, ha dejado que su cabello crezca hasta alcanzar sus hombros -aunque de todas formas conserva su flequillo-, y, para afirmarlo de un lado, tiene un par de horquillas con pequeñas figuras de girasol.
No puedo dejar de pensar en lo hermosa que luce, con su cabello oscuro enmarcando parte de su rostro, y contrastando con su piel tan limpia y clara.
No puedo dejar de pensar en que es hermosa y ya.
Una chica realmente hermosa, tal y como papá dice que era mamá en su juventud. Y sé, por tía Hanabi, que mamá también encontraba a papá un chico muy atractivo, cuando ambos iban en la misma preparatoria, especialmente por su cabello rubio y sus ojos azules.
Me pregunto qué pensará Hima sobre mí.
"Hermano, mira lo gordo que estás"
Ugh. A este paso realmente necesitaré hacer más ejercicio y dejar de comer tantos postres.
- Hermano, ¿por qué me miras tanto?
Su pregunta en realidad me desconcierta. O, más bien, me desconcierta mi propio comportamiento.
Un segundo. ¿Cómo he llegado a pasar tanto tiempo mirándola que incluso ella me ha descubierto?
- Solo… solo pensaba en lo mucho que tu cabello creció, es todo -respondo apresuradamente, y sin tiempo para inventar una mentira. De inmediato me reprendo por lo que he dicho, especialmente al notar su gesto de sorpresa.
Mierda. ¿Por qué lo he dicho?
Entro en pánico, por dos o tres segundos, hasta que la veo sonreír y sujetar un mechón entre sus dedos. Su rostro luce apacible.
- Está muy lindo, ¿no es así? -pregunta, entusiasmada. No respondo, porque no sé qué contestar. O en realidad sí lo sé.
Que tiene la razón, claro, que su cabello es realmente muy lindo. O más bien que ella es muy linda. Pero en lugar de eso, consigo contenerme justo a tiempo.
- Más bien pareces un espantapájaros, ¿acaso nunca te peinas?
Bien pensado, Boruto, eres un verdadero genio.
- ¡Tonto hermano! -su grito me hace dar un salto. De pronto, su ceño fruncido me asusta más que cualquier otra cosa-. ¿No puedes ser amable conmigo tan solo una vez?
Oh demonios, creo que realmente conseguí que se molestara está vez.
Aunque no consigo entender la razón.
- ¿Y a ti que te pasa? -replico. Ella aparta su mirada, por alguna razón enfadada conmigo.
- Es obvio que no sabes lo que pensamos las chicas -me informa, molesta-, a este paso nunca tendrás una novia.
Su comentario hiriente da justo en el blanco. De pronto, no puedo hacer más que sentirme indignado con ella.
Tonta hermana. ¿Quién se cree ella para venir a invadir mi cuarto y luego regañarme?
Además, ¿por qué le importa tanto si sé o no lo que piensan las chicas? Claro que no lo sé, ni tampoco sé cómo hablar con ellas. Para empezar, mi hermana menor es prácticamente la única chica con la que hablo.
…
Oh, en serio, ¿puedo ser más patético que eso?
- No me interesa tener novia-ttebasa -respondo, decidido. Ella sigue sin mirarme.
- Entonces al menos podrías intentar ser más amable conmigo -responde, aún enfadada por alguna razón-, después de todo, soy tu única hermana.
Resoplo, realmente frustrado.
¿Ni siquiera estando castigado puedo tener un día de calma?
Y, además, ¿de dónde vienen todas estas quejas?, ¿por qué de pronto es importante si soy o no amable con ella?
Los restos de mi helado se derriten lentamente, bajo mi atenta mirada. La pequeña galleta que mi hermana me ha regalado continua intacta, y de pronto, viéndola, no hago más que sentirme culpable.
Culpable por ser tan indiferente, cuando ella no hace más que ser amable conmigo una y otra vez.
No necesito que me lo digan, yo sé que debería comenzar a ser amable con Hima. Después de todo, si estoy castigado en este momento es justamente por insultarla. Pero han sido tantos años esforzándome para mantenerme alejado de ella, para obedecer mis propias reglas, que realmente no puedo verme a mí mismo intentándolo nuevamente.
Aunque serlo haría las cosas mucho más fáciles con mamá y papá, sin duda alguna.
O bueno, sigo diciéndome eso, pero la verdad es que solo quiero tener una excusa para hablar con ella.
Ay, no puede ser. Realmente sí hay formas de ser más patético.
Alzo mi mirada por fin, buscándola. Pienso en que deberé disculparme con ella para conseguir que vuelva a mirarme, pero para mi sorpresa me doy cuenta de que Hima ya no sigue enfadada.
De hecho, está inclinada sobre la mesa, usando sus antebrazos para apoyarse mientras me mira fijamente. En completo silencio, pienso en que ella está tan cerca que incluso podría comenzar contar sus pestañas de quererlo.
Sus ojos, del mismo tono azul que los míos, me observan directamente, traspasándome por completo para quedarse dentro de mí.
Y, a continuación, Himawari me sonríe como siempre hace que me descubre observándola.
- Ahora sí me dirás que mi cabello es lindo, ¿cierto?
Pierdo el aire que está dentro de mi cuerpo y olvido como respirar.
Que ella me mire de esa forma… que ella esté tan cerca… simplemente, que se trate de ella, consigue que todo mi interior se altere.
Y me doy cuenta de que no puedo hacerlo, la situación es simplemente demasiada.
Necesito abortar la misión.
- Quiero que te vayas.
Mi exigencia es patética, pero no puedo hacer otra cosa más que levantarme y retroceder hacia mi cama.
Mi rostro ardiendo es tan claro para mí que de seguro ella tuvo que haberlo notado.
¿Qué debo decir si lo menciona?
- Que aburrido eres, hermano. Solo fue una broma.
¡Y tú eres tan impertinente, tonta hermana!, quiero gritarle.
- ¿Qué quieres-ttebasa? Ya terminaste de comer, ¿por qué no te vas?
La escucho reír nuevamente. Oh cielos, ella ama burlarse de mí, ¿no es así?
- Vamos, no te enfades conmigo -pide, aun riendo.
Está vez, su risa consigue llamar mi atención está vez. Y no de buena manera.
En realidad, por alguna razón, me hace recordar a la manera en que solía reír cada vez que me veía esconder las llaves de papá y, después, a la forma en que seguía haciéndolo cuando él le preguntaba por ellas. Y aquello es suficiente para hacer despertar mi curiosidad.
Hay algo realmente sospechoso en su risa.
- ¿Qué estás tramando?
- ¿Hum?, ¿por qué piensas que tramo algo?
Espero a sentir que mi rostro ya no siga sonrojado y giro para volver a buscarla. De pie a algunos metros de distancia, ella me sonríe y retuerce un mechón de su cabello entre sus dedos, sin haber respondido mi pregunta.
Mi hermana no suele ser el tipo de chicas manipuladoras u oportunistas que pueden haber… pero tampoco se comporta con tanta dulzura sin desear pedir algo a cambio.
- Pues… necesito un pequeño favor, hermano.
Ah, ahí está.
A continuación, se aproxima a mí, toma asiento sobre mi cama y me mira. No dudo en alejarme, retrocediendo hasta sentir la pared, incómodo. Mi corazón comienza a latir demasiado rápido y mi interior se llena de desagradables mariposas.
No puedo verla a los ojos sin sentirme extremadamente nervioso, así que miro hacía mis pies.
- ¿Qué quieres ahora?
- Papá dijo que podía pedirte cualquier favor y que debías aceptar.
Que gran introducción para un pequeño favor, ¿no creen?
- Papá dice muchas cosas. No significa que todas sean verdad.
- Lo sé, pero mamá dijo lo mismo.
No dudo en suspirar.
Cielos, ¿por qué mis padres deben ponerse de acuerdo para complicar mi adolescencia?
- Sea lo que sea, no pienso ayudarte.
Alzo mi vista para verla, esperando encontrar su gesto caprichoso. En cambio, solo la veo sonriendo frente a mí.
- Entonces le diré a papá que me has insultado de nuevo -me amenaza, con el gesto orgulloso de quién ya sabe se ha salido con la suya-. Dijo que podía llamarlo en cualquier momento si eras cruel conmigo.
Oh, muchas gracias, estúpido padre. Acabas de introducir a tu hija en clases de chantajismo avanzado.
- Papá no me asusta-ttebasa. Un castigo suena mejor a cualquier tonta actividad contigo.
- Pero ni siquiera sabes que quiero pedirte, hermano -replica, inflando sus mejillas.
Bueno. Eso es un punto a favor suyo.
Y, además, si realmente quiero ir a la fiesta de Inojin necesitaré hacer todos los puntos posibles con mamá.
Suspiro. Con calma me enderezo, intentando no pensar en lo cerca que ella está de mí.
- Muy bien, ¿qué quieres?
Puedo ver sus ojos brillar está vez.
- Quiero ver una película que va a estrenarse, pero mamá no me dejará ir sola. ¿Puedes venir conmigo?
- ¿Ir contigo? ¿Al… al cine?
Ella asiente. Un pequeño hoyuelo se marca en una de sus mejillas cuando sonríe.
- Sí. También podemos comer hamburguesas y pasear por las tiendas -me propone, entusiasmada-. ¡Por favor, ven conmigo!
Guardo silencio.
Una película. Hamburguesas. Caminar juntos.
¿Acaso eso no es… como en una cita?
…
¿Qué clase de estúpido pensamiento acabo de tener?
- ¡Vamos, hermano! -cuando vuelvo a mirarla, la veo aproximarse a mí con rapidez. A gatas sobre la cama, para acortar la distancia entre nosotros.
Y mi mirada viaja directo a sus piernas, específicamente al dobladillo de su falda, donde la piel desnuda de sus piernas queda expuesta. Y allí me quedo, hasta darme cuenta de lo que estoy haciendo.
Mierda. Se supone que no debo hacer ese tipo de cosas.
- De acuerdo, de acuerdo, haré lo que quieras, pero quiero que te vayas de aquí.
Cuando vuelvo a mirarla me doy cuenta de que Hima sonríe, victoriosa. Acaba de salirse con la suya.
Y en todo lo que puedo pensar es lo hermosa que luce, incluso si la causa de su felicidad es haberme convencido de cubrir su espalda. Me invade la vergüenza por pensar en lo linda que se ve, y también temor de que ella pueda escuchar mi corazón latir tan rápido.
Se aleja entonces, baja de la cama y alisa su falda, como siempre. Está vez me toma un gran esfuerzo no ver, pero me aseguro de devolver mi vista a mis pies.
Cuando estoy seguro de que ha terminado, por fin me atrevo y alzo mi mirada.
Ella está allí, tan solo observándome. Luce realmente emocionada porque acabo de aceptar salir con ella.
- Será muy divertido -me promete.
Aunque no estoy seguro de si deba creerle.
Suficientes años en mi cargo de hermano mayor me dicen que algo está tramando. Ella no habría llegado al punto de chantajearme si no estuviese ocultando algo. Sin embargo, en este segundo, todo lo que tengo en la cabeza es que voy a salir con ella.
Iremos al cine juntos, comeremos hamburguesas y pasearemos por las tiendas.
Por el momento, incluso si está mal pensarlo de esa forma, se trata de una cita, ¿no?
Una cita con mi hermana menor.
CONTINUARÁ…
