Ayer publiqué el capítulo bastante tarde (como a las cuatro de la mañana en mi país ajaja, y ya me caía de sueño), y no tuve el tiempo de responder los antiguos comentarios. En cuanto al tiempo de tardanza, desde la última vez que publiqué ha pasado mucho tiempo :( no pretendía que fuese así, pero justo me tocó una oportunidad que no podía rechazar, de comenzar a trabajar en un proyecto de tres meses que me daría pie a mi investigación de tesis. Así que aquí estoy, en otra ciudad, trabajando con horario de oficina ajaja, me levanto temprano (7 am) y vuelvo por la tarde (7 pm), y como a veces todo lo que hago en el trabajo es escribir, escribir y escribir, vuelvo solo con ganas de perderme con alguna serie hasta que se me derrita el cerebro. Por eso el avance de la historia se volvió tan extremadamente lento en este periodo. La verdad es que es una situación que me frustra a nivel personal, porque amo esta historia y todo lo que he preparado para ella, no me gustaría continuar alargándola. Me he prometido ser más responsable con esto, y debo comenzar a cumplirlo.

BSmolerLOL: Entiendo tu odio-amor por el capitulo, la verdad es que yo también detesté el comportamiento de Inojin, y me puso en una situación en dónde no estaba segura de escribirlo, porque los fics dónde uno de los personas se vuelve una especie de villano no son de mi agrado personal y no quería llegar a utilizar ese recurso. Es por eso que en realidad intento hacer a los personajes lo más reales posibles, para mostrar que sí, pueden ser divertidos y encantadores, y también pueden estar llenos de defectos. La historia con Inojin no va a terminar aquí, regresará más adelante, y claro, Boruto también comenzará a cometer errores más grandes por eso.

xEmilionx: ajajaja lo siento :( sé que Sumire es quién se llevó la peor parte, se merecerá una recompensa en un futuro o algo.

Valerie Hyuga Senju: Gracias por el apoyo! Y claro, este niño deberá comenzar a fijarse mejor en sus elecciones de amistades en el futuro.

kai vp: ajaja yo sé que nadie se lo esperaba. Gracias por leer.

nikingk: Shikadai y Mitsuki siguen siendo sus amigos :( y mucho más leales. Me alegra mucho que te guste el fic.

Procrastinacion: Oh, Inojin tiene sus razones para hacer lo que hace, pero Boruto deberá descubrirlas.

diego: Exacto. Tendrá más protagonismo y no del bueno. Gracias por leer.

Flemy Speeddraw: Boruto rompiendo corazones femeninos desde tiempos inmemorables. Aunque bueno, como alguien más dijo en los comentarios, cuando te enamoras no tienes ojos para nadie más. Gracias por leer.

secretlistener: ajaja no temas, Sarada tendrá su momento junto a Boruto xD más de uno, de hecho. Pero bueno, él seguirá teniendo ojos para su hermanita.

Gabe Logan: La pequeña Sumire solo tuvo la mala suerte de confiar en un chico tan egoísta, pero Boruto ya tendrá tiempo de averiguar lo sucedido. Por suerte, Shikadai y Mitsuki seguirán siendo sus amigos leales. Ajaja no me preguntes por el final de la historia, creo que es más que evidente, pero también espero que el camino esté lleno de sorpresas.


XXII

Solo un día más

.

Comida chatarra, bebidas energéticas y el último número de la Shōnen Jump.

Mientras espero en la fila para pagar, me distraigo sin querer con una pareja al fondo de la tienda.

Por alguna razón, últimamente me he convertido en una especie de imán de parejas. Y es que a donde sea que vaya, siempre me encuentro con algún par de adolescentes enamorados, sonriéndose avergonzados y arrojándose miradas furtivas, siempre tan atrapados en sus propios sentimientos que automáticamente el resto del mundo dejamos de existir para ellos.

Tal y como la pareja a la que estoy observando en este momento, con aquel brillo especial en sus miradas que solo ayuda a delatar lo que obviamente sienten el uno por el otro.

Aquel brillo especial que, muy pronto, me descubro envidiando.

Repentinamente, uno de los chicos sostiene la mano del otro, quién no duda en entrelazar sus dedos de vuelta. Pese a que están al otro extremo de la tienda, desde mi privilegiado lugar en la fila consigo distinguir con claridad la sonrisa que ahora ambos llevan en sus rostros.

Cielos. De seguro aquellos chicos deben ser muy felices juntos.

Tanto, que parece no importarles estar en público, porque de pronto uno de ellos se inclina lentamente y el otro no duda en alzarse sobre las puntas de sus pies para besarlo.

El sentimiento de repulsión me invade tan violentamente que no dudo en apartar mi mirada de encima.

No es nada personal, solo sucede que últimamente estar cerca de parejas enamoradas solo me provoca un enorme desagrado. Incluso ver a mamá y papá intercambiar un beso cada mañana se ha vuelto insoportable.

Y tener que encontrarme con tantas parejas a diario no hace más que confirmar mi teoría de que el mundo entero -o puestos ya, el universo en su infinidad-, únicamente desea restregarme en la cara lo que jamás seré capaz de tener.

Así que bienvenidos sean a los horribles años de mi adolescencia.

Hoy es solo un día más en mi vida, odiando mi absurdo corazón roto.

Y le digo absurdo, porque es realmente ridículo estar sufriendo por algo que sabía sucedería tarde o temprano, pero aquí estoy, a solo un paso de cambiar mi planificada ronda de videojuegos por echarme en la cama a ver películas románticas con un tazón de helado.

Porque eso es lo que hacen en las películas. Así que imagino que debe servir de algo, ¿no?

Lo sé, lo sé, soy un chico dramático. No necesito que me lo digan.

Suspiro, aún en la fila. Como no quiero saber si la pareja del fondo sigue en su sesión de besos, me distraigo en cambio mirando a través de los ventanales de la tienda, buscando cualquier cosa que pueda ayudarme a dejar de pensar en las felices y enamoradas parejas que pueblan el mundo. Así que en lugar de seguir torturándome a mí mismo, decido concentrarme, por ejemplo, en los oscuros y cargados nubarrones que se ciernen sobre la gente, silenciosos y amenazantes.

Solo me basta verlos medio segundo para saber que se aproxima una gran tormenta. Y, de pronto, me descubro a mí mismo esperando ansioso que haya también una gran cantidad de truenos.

No debería pensar en esas cosas, Boruto…

Ah, ¿qué importa realmente?

De todas formas, ya es obvio que nada nunca sucederá. Así que por lo menos debería permitirme dar rienda suelta a mi imaginación. Ya que mi pequeña hermana está enamorada de alguien más que no soy yo, ¿importa en verdad lo que haga con mi mente?

Así que sí, me permito ansiarlo como nunca he deseado nada.

A Hima, recostada está noche a mi lado, por culpa de los benditos truenos. Y a su pequeño y cálido cuerpo tan apegado al mío, su dulce aliento rozando mi clavícula, y sus labios…

- Siguiente.

Ah, ¿desde cuándo los vendedores son tan eficientes en su trabajo?

Doy un paso al frente, con el dinero justo para pagar lo que llevo. Pero mientras lo deposito sobre el mesón, noto al vendedor observar con perspicacia el contenido de mi compra.

Claro, y es que con la época de exámenes tan cerca no tiene que faltar el típico adolescente problemático de turno que está más preocupado de leer mangas que de estudiar. No lo culpo por pensar así, incluso Mitsuki, Shikadai e Inojin han decidido comenzar a prepararse para los exámenes. Mientras que yo… bueno, en realidad no me importa.

Reprobar los exámenes y quedar al borde de perder el año escolar, quiero decir. No me importa en lo absoluto.

En realidad, todo lo que quiero hacer es olvidar la razón por la que me duele tanto el corazón.

Y, por supuesto, olvidar mi papel de buen hermano mayor, ese mismo en el que estoy tan atrapado.

- Vuelve pronto -el vendedor se despide. Me aseguro de guardar el cambio antes de tomar la bolsa, y doy media vuelta para caminar hacia la salida.

La pareja que he visto antes se ha movido de lugar, estando ahora frente a la sección de revistas. Ya no se están besando, en lugar de eso solo sostienen sus manos y entrelazan sus dedos, como si algo tan simple pudiese hacerlos tan felices.

¿Podré yo tener algún día algo remotamente similar? ¿O solo es algo único para ellos?

¿Qué más te da? De todas formas, van a terminar su tonta relación algún día.

Vaya, ¿de dónde ha venido eso?, yo no me consideraba alguien tan envidioso.

Bueno, supongo que aún hay muchas cosas que me quedan por descubrir sobre mí mismo, ¿no?

El exageradamente ruidoso timbre de la entrada resuena en cuanto salgo. El viento frio me golpea y me produce escalofríos.

¡Brrr! Será mejor volver a casa pronto, antes de que comience a llover y yo terminé empapado.

- ¡Hermano, espera!

Muevo mi cabeza en dirección al grito, sin detenerme a pensar si esa mía quién están llamando, y me encuentro con Hima, justo de pie a unos metros de mí.

Su aparición es tan repentina que incluso me produce un sobresalto. Porque no termino de creérmelo.

¿Acaso por fin la parte enferma de mi cerebro ha decidido llevar las cosas más lejos y comenzar a generarme ilusiones? Porque sí es así… voy a darme un tiro. Y hablo en serio.

¿O solo es que creer que puedo verla es un efecto más de tener el corazón roto?, porque nunca he visto que algo así suceda en las películas.

- ¡Ah, hermano!

O, tal vez, y digo solo tal vez, la repuesta más lógica es que solo se trata de ella.

- ¿Hima? -e incluso mientras se acerca a mí, con una enorme sonrisa en el rostro, no termina de parecerme real-. ¿Qué…? ¿qué haces aquí?

- Mamá me llamó, mientras salía de la escuela -de pie frente a mí, caigo en la cuenta del uniforme de secundaria que lleva. Tan lindo y pulcro, mientras que yo soy un desastre en mi uniforme de preparatoria-. Dijo que saldría a casa de tía Hanabi y el abuelo, y que volvería un poco antes de la cena. Estaba esperando encontrarte, en realidad -sin dejarme terminar de analizar la noticia de mamá, ella confiesa lo último, y de pronto termino siendo presa de su sonrisa tan encantadora-. Y te vi dentro, mientras pasaba. Así que decidí esperarte. Tuve mucha suerte, ¿no crees, hermano?

Respiro para tranquilizarme, y me aseguro de hacer mi mejor sonrisa de "todo va bien", mientras le respondo que sí.

- ¿Por qué no solo fuiste directo a casa-ttebasa?

Mi hermana hace silencio de pronto, y entonces aparta su mirada de mí. Su sonrisa desaparece lentamente.

- Bueno… pues… -ella comienza a murmurar, mirando sus pies. Su tez es tan clara, que consigo distinguir a la perfección la manera en que se sonroja, y a causa de eso mi corazón, que latía tan tranquilo, se acelera sin pretenderlo-. Yo solo… yo solo quería volver contigo a casa, hermano.

Ah, ¿qué tengo yo que envidiarle a esa pareja de la tienda?

- ¿De… de verdad? -debo esforzarme para no sonreír, aunque realmente es lo único que quiero hacer-. ¿Y… y por qué conmigo?

Ella me mira nuevamente. Y pienso que, con sus mejillas sonrojadas y con aquella sonrisa avergonzada que lleva encima, luce realmente hermosa en este momento.

Realmente no puedo dejar de mirarla, ¿saben?

- La verdad es que… olvidé mis llaves en casa esta mañana, hermano.

Ah, sí, nada que envidiarles.

- Ah, ya veo. Entonces me alegra que me encontraras -creo que nunca he puesto tanto esfuerzo de mi parte en fingir una simple sonrisa, pero es solo que no puedo dejar de pensar en que el universo está conspirando para burlarse de mí.

Mi respuesta improvisada funciona para tranquilizar a mi hermana. Probablemente temía que fuera a burlarme o regañarla por olvidar sus llaves. En vez de eso, estoy dando el ejemplo de un hermano mayor maduro y comprensivo. ¿Quién lo diría?

- Entonces, ¿qué compraste en la tienda? ¿Puedo ver? -Hima comienza a acercarse entusiasmada, intentando espiar el contenido de mi bolsa, pero de la nada simplemente se detiene. El gesto en su rostro cambia por completo, el entusiasmo en su mirada se pierde.

Y, entonces, recuerdo que ésta es nuestra primera conversación en días.

Desde nuestra pelea, quiero decir, desde aquella cita doble.

Desde su mentira, que tanto me lastimó.

- Ah, yo… -ella hace silencio un momento. Sin mirarme, tan solo cambia el peso de su cuerpo de un lado a otro. Y muerde su labio, con temor y duda-. Por casualidad, tú… ¿tú sigues enfadado conmigo por lo que hice, hermano?

Su pregunta me toma con la guardia baja, y no respondo porque no sé qué decirle. Sin embargo, mi hermana toma mi silencio como una afirmación. Y lo sé, porque puedo ver su gesto de tristeza aparecer rápidamente.

- Por favor -ella habla nuevamente. Me mira a los ojos antes de hacer una reverencia-. No quiero que estés enfadado conmigo para siempre. Lo siento mucho.

La culpa que tanto me esforcé en ignorar durante los últimos días vuelve, como un fuerte golpe directo en el pecho. Culpa, por haber sido tan egoísta con ella aquel día, por haberla culpado de todo.

Y por ser un mal hermano.

- No, yo… yo…

Me quedo en silencio. No sé cómo continuar.

¿Qué? ¿Qué voy a decirle?

¿Qué jamás me importó la tonta cita con su amiga? ¿Qué lo único que me alteró fue la aparición de ese chico?

No puedo decirle nada de eso. Pero tampoco puedo dejar que siga pensando que todo es culpa suya.

¡Ah, cielos! ¿Por qué la honestidad tiene que ser algo tan difícil?

- Jamás… yo jamás me he enfadado contigo. Yo solo estaba… enojado conmigo mismo.

Hima me mira, pero yo me aseguro de mantener la vista fija en mis zapatillas mientras hablo. Aprieto mis puños, en un intento de detener mi nerviosismo. Y es solo que, últimamente, comienza a preocuparme la idea de que ella pueda descubrir lo que estoy sintiendo si no soy lo suficientemente cuidadoso.

- ¿Contigo mismo? ¿Y por qué?

- Por ser un mal hermano -cuando levanto mi vista me alivia comprobar lo desconcertada que en realidad luce por mi confesión. Pero claro, ¿cómo sospecharía ella de mí?, si se supone que soy un hermano mayor tan perfecto-. Lo siento mucho, Hima.

El aire frio se cuela a través de mi ropa, cuando vuelvo a emprender el paso. Solo alcanzo a avanzar algunos metros, en cualquier caso, porque Hima me detiene sosteniendo mi brazo.

Su agarre es suave, y solo dura un instante, pero es suficiente para conseguir que me detenga. Ella se asegura de soltarme rápidamente, mirándome con duda, como si no estuviera segura de si es correcto o no seguir sujetándome.

- Yo… yo… -intenta hablar, pero creo que las palabras se atoran en su garganta o simplemente no sabe qué cosa decir. No me cuesta entender que intenta hacerme sentir mejor. Y aquello es, en verdad, enternecedor.

Solo me hace amarla mucho más de lo que ya lo hago.

- Vamos a casa, Hima -propongo. Ella vuelve a mirarme de la misma forma que antes, insegura, pero al final decide asentir. Avanza un paso, en el momento exacto en el que una gota de agua golpea su frente.

- ¡Ay!

La siguiente gota cae justo en mi nuca y se desliza por mi espalda. Me hace dar un salto involuntario.

¡Qué fría!

Miro directo al cielo, a los nubarrones oscuros que he visto antes, cada vez más amenazantes. Y luego, más y más pequeñas gotas comienzan a salpicarme en el rostro.

Vaya, esto es malo.

- ¿Está… lloviendo? -Hima lo pregunta, genuinamente sorprendida.

- ¿Acaso no viste el reporte del clima? -ante mi pregunta ella tan solo niega con su cabeza, muy de prisa.

- Creí… creí que solo estaría nublado -me responde, para luego hacer su cara de "en verdad no quiero llorar, pero lo terminaré haciendo de todas formas".

Incluso si la tormenta todavía no ha comenzado, ya me siento terrible por haber deseado tantos truenos en ella.

Es como si lo invocara. Porque apenas lo pienso lo siguiente que distingo es el rayo de luz abriéndose paso entre los nubarrones. Antes de poder alertarla, le sigue el trueno, a toda velocidad, atravesando el cielo y rugiendo como si se tratara de un dragón.

Mi hermana grita. Se encoje sobre sí misma, cierra sus ojos y espera a que todo pase. Pero la lluvia sigue, y el dragón que tanto la aterroriza se oculta, esperando una nueva oportunidad para dejarse ver.

- Vámonos -decido. Me permito sostener su brazo, y tiro para hacerla avanzar por la calle, pero tan pronto lo intento Hima traba sus piernas casi de forma automática, como si hubiera olvidado como moverlas-. Camina, si nos quedamos aquí la tormenta solo empeorará. ¿Lo entiendes?

- ¡No quiero!

- ¡Vamos, Hima! -vuelvo a tirar, sus pies se arrastran por el piso algunos centímetros, mientras que la lluvia sigue empapándonos-. ¿Acaso quieres quedarte aquí toda la tormenta-ttebasa?

No funciona. Incluso si tiro de ella, lo único que consigo hacer es que avance a trompicones unos cuantos pasos, antes de comenzar a resistirse de nuevo.

Agotado, me rindo y suelto su brazo. Giro para verla, de pie en medio de la calle y bajo una intensa tormenta. Con sus ojos cerrados, su cuerpo tembloroso y su respiración agitada, mi hermana parece estar en medio de una pesadilla de la que es incapaz de despertar.

Ella simplemente está demasiado asustada como para ser capaz de moverse por su cuenta.

No puedo obligarla a caminar y si tiro con más fuerza solo terminaré lastimándola, pero quedarnos aquí, bajo la lluvia, tampoco es una opción.

Tengo que encontrar la forma de mantenerla a salvo.

- Sé que tienes miedo… pero no tienes que estar asustada. Estoy aquí, contigo, Hima.

No sé de dónde me he sacado una frase tan cliché, absurda y melosa como esa, pero funciona para que al menos ella me mire.

Bueno, en realidad miento. Sí que sé de dónde he sacado la frase.

De mí mismo, porque estoy siendo absurdamente honesto con ella en este segundo.

- Yo voy a cuidarte. Para siempre. Así que ven conmigo, por favor.

Esta vez, me aseguro de sostener su mano. Ella me lo permite. Sus pequeños dedos se entrelazan a los míos, y el calor de su piel es más que suficiente para confortarme del frío de la lluvia y el viento.

Igual que siempre, el mero contacto con su piel me produce un estremecimiento que me recorre la columna vertebral, como si se tratara de un millón de voltios atravesándome.

Y entonces me mira, a través de su flequillo empapado. Sus ojos azules -idénticos a los míos-, me examinan con aquella mirada tan asustada que no consigue más que atravesarme por completo, solo para quedarse dentro de mí.

- ¿Para siempre? -me pregunta, y su voz suena como el graznido de una pequeña ave. Así que me aseguro de prometérselo.

- Para siempre, torpe girasol.

Ella cambia su gesto. Frunce su ceño y me mira desafiante.

- ¡Tonto tornillo! -grita, pero no suelta mi mano. En su lugar, tan solo la aprieta con más fuerza, por un pequeño segundo.

Y yo dejo de sentir tanto frio. En su lugar, me comienza a invadir una cálida y peligrosa sensación. Le doy la bienvenida, gustoso, y me prometo disfrutarla el tiempo que dure.

La lluvia que cae sobre la ciudad no tiene contemplación alguna con nadie, ni siquiera con el extraño par de adolescentes a quienes ha pillado por completo desprevenidos. Como prueba de eso es que nuestros uniformes ya se encuentran por completo calados.

Pese a que he dejado de sentir frio, veo el cuerpo de mi hermana temblar, y aquello es suficiente como para saber que es momento de volver a casa.

Juntos.

- Vamos, ya verás como estaremos en calor muy pronto.

Hima asiente, no añade nada más y camina junto a mí a través de la calle.

No puedo mentirme. En realidad, es muy agradable.

Tanto, que solo deseo que el trayecto a casa dure mucho tiempo, para seguir sintiendo está sensación tan cálida.

Que horrible hermano mayor soy, ¿no es verdad?

A salvos de lluvia, me permito por fin respirar tranquilo.

Nuestra casa jamás me ha parecido tan silenciosa y fría. O bueno, más bien somos nosotros quienes estamos debemos estar empapados hasta los huesos.

- Ah, creí que jamás llegaríamos-ttebasa -me quejo en voz alta, deshaciéndome de mis zapatos y salpicando el agua por todo el recibidor. Nunca he ansiado más tener un poco de ropa limpia y seca-. La tormenta está terrible, ¿no crees?

Espero algún comentario de Hima, pero solo recibo silencio.

Cuando giro a ella, la encuentro desabrochando lentamente su chaqueta, para luego colgarla junto a la mía en la percha. El agua que se escurre cae hasta el piso, formando un improvisado charco.

Mi hermana me mira entonces, a través de su flequillo empapado. No lo menciona, pero sus ojos hinchados me son la prueba de que estuvo llorando en el camino.

Claro, yo ya lo sospechaba. Incluso si jamás la escuché gritar o llorar, podía sentir la manera en que sostenía mi mano con cada trueno que escuchábamos, tanta fuerte que incluso llegaba a doler.

Supongo que tan solo intentaba ser valiente consigo misma. Si lo pienso bien, de seguro ahora debe estar sintiéndose avergonzada de haber llorado todo en el camino. Y de que yo la haya descubierto.

Quisiera decirle lo mucho que en verdad me enorgullece que se haya esforzado. Especialmente ahora, haciendo su cara de "no quiero llorar", con los ojos ya empapados de lágrimas.

Mi hermana puede ser realmente muy orgullosa si se lo propone.

Ella no dejará que yo la vea llorar. En verdad es casi enternecedor.

Y asfixiante, en muchas maneras. Porque la verdad es que nunca he soportado verla llorar. Ni cuando era una bebé, ni ahora.

Vamos, era desesperante. Y lo sigue siendo.

El problema es que no soy exactamente lo que cualquiera podría llamar un chico sensible o amable. Soy, de hecho, bastante rudo en cuanto a los sentimientos del resto, y ni siquiera tengo idea de cómo hablar con las chicas… Pero, cuando se trata de Hima, es realmente lo único que quisiera saber hacer.

¿Qué palabras debo decirle para borrar sus lágrimas?

- Tranquila, ya pasó -pido. Me esfuerzo en usar mi voz más suave, y supongo que funciona, porque pese a que sus ojos siguen rojos y sus hombros continúan levantándose, ella respira profundo para tranquilizarse.

Me aproximo hasta estar a tan solo un metro, y me arrodillo para quedar a su atura. Me prometo que es solo para secar sus lágrimas y nada más.

Sí, solo para eso.

Hima no dice nada, ni cuando me acerco, ni cuando toco su mejilla, tan solo se queda mirándome, en completo silencio. Pese a que intento quitar el rastro de su llanto lo más suavemente posible, tan solo termino esparciendo todo desordenadamente por sus pómulos.

Ah, que torpe soy, ¿estaré siendo muy rudo? ¿Debería hacerlo más lentamente?

Vaya, siempre olvido que su piel es realmente suave…

- ¿Ves? Todo está bien -digo, para ella y para mí. Necesito recordármelo, porque la mera visión de sus ojos hinchados y de las lágrimas dispersas en su rostro, me lastiman profundamente.

Creo que debo ser realmente un chico egoísta, porque ni siquiera el llanto silencioso de la presidenta en la fiesta de Inojin podría compararse a lo que Hima me hace sentir en este momento.

Mi corazón, apretándose solo por verla tan asustada.

Es realmente asfixiante. Tan doloroso.

Y es así porque la única chica capaz de jugar con mi corazón de esta manera, de acelerarlo y de lastimarlo, es ella.

Realmente cuando se trata de ti, es como si yo fuese un simple sirviente.

Bueno, eso es verdad. Desde que mi hermana nació, desde que la conocí, he estado a cargo de cuidarla. Ha sido mi misión, encomendada por mamá y papá, y de seguro jamás podré renunciar a ese papel, por muy cansado que esté de cumplirlo.

Siempre seré su hermano mayor. Y nada más que eso.

- ¿Qué te parece si llamamos a mamá, Hima?

Ella asiente, mientras limpia los últimos rastros de su llanto. Lentamente vuelve a sonreír y, con eso, yo también puedo hacerlo otra vez.

Luego de eso, me aseguro de llamar a mamá. Como la batería de mi teléfono casi se agota, uso lo poco que queda para contactarla en casa del abuelo y tía Hanabi. Por suerte, es ella quién me contesta.

"Lo siento, Boruto, pero tu abuelo está enfermo", es lo que me cuenta, y yo ya sé que eso significa que no podrá volver a casa por ahora. Se disculpa con nosotros por no haber prevenido cuanto tardaría y por no haber preparado la cena, y luego me promete que papá estará en casa antes del anochecer, para cuidar de nosotros.

Le digo que todo está bien, aunque por dentro solo siento ganas de replicarle algo como "¿Papá en casa antes de la cena? Cielos, mamá, en realidad tienes mucha fe en él". Como sé que no sería justo hacer eso, solo le aseguro que yo nos cuidaré hasta que papá llegué.

Tras terminar la llamada, a mi cerebro le toma solo un instante prestar atención al único hecho más importante de todos: que estaré completamente a solas con Hima el resto de la tarde.

En silencio, me permito fantasear a gusto veinte segundos completos.

Qué asco, ¿ni siquiera sientes vergüenza por imaginar tantas cosas sucias con tu pequeña hermana?

¿Ah, qué más da? No es como que algo de todo lo que estoy imaginando pueda en verdad suceder.

- ¡Hermano, la televisión no funciona!

Me asomo a mirar desde la puerta de la cocina. Mi hermana está sentada en el sofá, con el mando de la televisión en la mano. Con su gesto confundido no deja de mirarme.

- ¿Revisaste que estuviera conectada?

- Claro que sí. No soy tonta.

- Difiero en eso.

- ¡Tonto tornillo! -ella solo infla sus mejillas. Y a mí me produce gracia verla tan enfurruñada.

Luego doy un suspiro. Así que la televisión no funciona, ¿eh?, espero que en verdad no se trate de un corte de luz.

Estiro el brazo hasta el primer interruptor que encuentro, para comprobarlo.

Clic, clic, clic. Y más clics, pero la luz no se enciende jamás.

Ahí va mi ronda de videojuegos planificada.

Ah, de verdad, ¿puedo tener peor suerte?

- La tormenta debió generar un corte -Hima me mira. Abandona el mando de la televisión y me dirige un gesto de preocupación.

- ¿Estaremos bien?

- Sí, pero moriremos de aburrimiento -ella ríe de mi comentario tan absurdo. Como no quiero preocuparla más, me aseguro de omitir que mamá no regresará a casa tal y como planificó. Decido, en cambio, confiar en que papá volverá a tiempo.

Aunque de seguro todo esto terminará conmigo enfrentándome al sartén, y tal vez con una que otra quemadura.

Tras resignarme a mi futuro, caigo en la cuenta del cabello húmedo y del uniforme empapado de mi hermana.

Demonios, sé que está mal pensarlo, pero si tan solo su blusa se hubiese empapado un poco más, de seguro conseguiría ver su…

- ¿Hermano? -ella me llama, todavía sentada en el sofá. Sus ojos azules, tan inocentes, me miran con curiosidad.

- Ah, deberías tomar un baño si quieres, ahora que todavía es de día -mi respuesta sale, confusa y atropellada. Devuelvo mi vista a mis propios pies, avergonzado de mí mismo y sintiendo como me arden las orejas.

Mierda. ¿Qué me sucede hoy?

- Tienes razón -ella sonríe, sin notar nada raro en mí. La idea parece gustarle, así que no duda en colocarse de pie y marcharse directo al baño. No pasan demasiados segundos antes de escuchar la puerta cerrándose y el pestillo asegurándola.

Y yo quedo solo, en medio del pasillo, con mi uniforme empapado y destilando agua, pensando en cosas que no debería pensar y ansiando fantasías imposibles de cumplir.

Solo otro día más, siendo un adolescente enfermo.

No me toma mucho encontrar un poco de la ropa limpia que mamá ha debido descolgar justo antes de salir de casa. Me deshago así de mi uniforme empapado, y pronto vuelvo a estar confortable y cálido. Con una toalla seco mi cabello lo mejor que puedo.

Fuera, escucho a la lluvia golpear el techo y al viento silbar con fuerza. A veces distingo un rayo atravesar las el cielo, pero el trueno que le sigue consigue perderse entre el resto de los ruidos de la tormenta.

Dentro, en cambio, lo único que me acompaña es el tic tac del reloj.

Cansado, me dejo caer en el sofá, que de pronto se ha convertido en el lugar más mullido y suave del mundo. Como no quiero pensar en que mi hermana está tomando un baño justo ahora, comienzo a repasar en mi cabeza la lista de exámenes que tengo en la semana y que de seguro reprobaré por no prepararme para ellos.

Mi futuro está tan tallado en pierda que incluso consigo oír las burlas de Sarada en mi cabeza.

Ah, que maldita suerte. ¿Realmente es tan importante dar esos tontos exámenes?

No es como que los resultados vayan a definir el resto de mi vida y de mis acciones, o bueno, al menos eso es lo que creo.

No es justo, ¿por qué no puedo renunciar a la escuela, a los tontos exámenes, a las estúpidas clases sin sentido y a todos mis patéticos compañeros? Eso es realmente lo único que quiero en mi vida.

¿Lo único?

No, no en verdad. Pero desde hace tiempo me he acostumbrado a la idea de no poder obtener las cosas que en verdad quiero.

Una novia, por ejemplo. De seguro nunca tendré una novia. Al menos no una real, una a la que pueda amar de verdad.

Tampoco hijos, ni una familia propia. Solo seré yo, en un departamento de estudiante, viendo a mi pequeña hermana ser feliz en los brazos de alguien más.

Vaya, realmente no soy muy positivo conmigo mismo.

Para cuando comienzo a quedarme dormido, el tic tac del reloj se ha convertido en mi fiel compañero.

No sé cuánto tiempo ha pasado en realidad, pero calculo que no más de media hora. En tanto, ha comenzado a oscurecer, y de seguro pronto necesitaré ir a buscar alguna de las linternas que mamá guarda para los casos de emergencia.

Fuera, la tormenta sigue. Aunque el viento se ha calmado y ya no consigo ver rayos, aún puedo oír con claridad el sonido de la lluvia golpeando el techo. Y resulta extrañamente relajante.

Igual que el sofá, que ha pasado de ser el lugar más mullido y suave del mundo, al sitio perfecto para pasar el resto de mi vida.

No es que quiera dormirme aquí. Aún no. Todavía hay muchas cosas que hacer antes de dormir, como darme un baño, esperar a papá y preparar la cena para Hima cuando él no llegue, pero es solo que necesito un pequeño descanso antes de hacer todo eso.

Ya sabía yo que dormir tan pocas horas iba a pasarme la cuenta en algún momento. Ahora mis parpados pesan tanto, que el resto de mi cuerpo deja de funcionar por sí solo.

Si no me muevo ahora de seguro voy a quedarme dormido, en cualquier segundo. Aunque, si lo pienso bien, una siesta de cinco minutos no podrá dañar a nadie, ¿cierto?

Que bien, porque resulta que estoy tan, tan cansado…

Y solo será un pequeño descanso…

Paf, paf, paf

Esos son pasos, ¿no?

De seguro tiene que ser Hima, regresando por fin de su baño, porque puedo escuchar con claridad cómo se detienen, junto a mí.

- ¿Te has dormido, hermano?

Uh, no tengo energía para pensar algo ingenioso.

- Sí.

Incluso con mi pobre y aburrida respuesta, la oigo reír.

Algunos segundos después, sin decir nada, Hima se deja caer a mi lado, justo en el sofá. Mi cuerpo se levanta medio segundo y de inmediato vuelve a su sitio. Solo que, ahora, ella está recostada junto a mí. Su espalda contra la mía, y sus pequeñas piernas abriéndose lugar entre las mías.

Siento mi corazón acelerarse, como no lo había sentido en mucho tiempo. Me muevo hacia el respaldo del sofá, en un intento por alejarme, pero el espacio es tan pequeño que quedo acorralado de inmediato.

Ella, en cambio, se acomoda como puede, intentando no caer por el borde. Tan pronto lo pienso, sé que estaríamos más cómodos si me permitiera girar a ella, para que me abrace, pero apenas la solución aparece en mi cabeza me niego rotundamente a obedecerla.

Así que me quedo quieto, dejando que solo el silencio se interponga entre nuestros cuerpos incómodos.

- Hermano, yo lamento… lamento mucho haber planeado una cita para ti.

Hima habla de pronto, disculpándose otra vez por lo mismo.

Quiero repetirle que no es necesario hacerlo, pero entonces recuerdo que ella es igual de terca que papá y yo, y que de seguro continuará disculpándose hasta obtener la respuesta que busca.

Cielos, ¿qué haría un buen hermano en una situación así?

- Está bien. Yo lamento haber arruinado la tuya -mi disculpa es una mentira, pero es lo que debería decir, así que lo hago-. Creo que puedes estar tranquila, no le he dicho nada a mamá sobre tu… novio.

La palabra me causa repulsión. No sé si ella puede notarlo. Espero que no.

Y espero jamás tener que volver a decirla de nuevo.

- No es mi novio.

¿Ah?

¿Qué ha dicho?

¿"No es mi novio"? ¿En verdad lo escuché bien?

¿No lo estoy imaginando? ¿No se trata de una broma?

- Uhm. Entonces… ¿qué es?

- Un amigo, creo -Hima sigue hablándome, yo, en cambio, no puedo apartar mi vista del respaldo del sofá-. Ki-chan le escuchó decir que yo le gustaba, y pensaba que debería darle una oportunidad.

- ¿Y tú… qué piensas?

- Creo que es agradable -la palabra se me clava como una astilla-, pero no sé si me gusta cómo se supone que yo le gusto.

- ¿No?

- Ni siquiera creo que tengamos algo en común -explica, y entonces baja su voz, lo justo para susurrarme un pequeño secreto-. Además, dijo que no le gustaban las hamburguesas. ¿Qué debo hacer?

Una risa se me sale, no puedo evitarlo.

- Salir con un chico al que le gusten las hamburguesas-dattebasa.

Un chico como yo.

Me reprendo por lo que he dicho -y por el pensamiento que me ha acompañado-, especialmente al notar que ella no me responde. En vez de eso, solo viene un enorme silencio entre nosotros.

No tengo tiempo para ponerme nervioso, ni para volverme paranoico. Porque su pequeño cuerpo tan solo gira hacia el mío, lentamente y de un momento a otro. Mi corazón se acelera y tengo que esforzarme por no dejar escapar el aire de golpe, por seguir respirando con calma. Aunque en realidad todo lo que estoy sintiendo es como me arde el rostro y como me tiemblan las piernas.

Si no estuviera recostado justo ahora, de seguro me caería.

¡Geez! En verdad agradezco que ella no pueda verme directamente.

Sus manos pequeñas sostienen mi camisa, con suavidad. Aunque el espacio del sofá sigue siendo demasiado apretado para ambos, no me muevo ni me esfuerzo por hacerlo más cómodo.

El minuto que pasamos así es interminable, hasta que Hima finalmente vuelve a hablarme.

- La verdad es que… estaba muy nerviosa -su voz es lenta. El roce de su aliento en mi nuca no hace más que causarme escalofríos-. No quería salir con él a solas y Ki-chan quería salir contigo. Por eso te invité, hermano. Lo siento mucho.

- Está bien.

- Pero…

- Está bien, Hima. Lo prometo.

Sé que debo ser un idiota por pensarlo, pero, de alguna forma… su respuesta es un alivio.

Sentir que le importaba tan poco como para usarme se había convertido en mi pequeña tortura personal, pero escucharla ahora lo cambia todo. No es que quisiera usarme para tener su propia cita, sino que me invitó porque esperaba que la acompañara.

El dolor que no he dejado de sentir en estos días, simplemente se esfuma. No es una victoria, pero definitivamente me hace sentir mucho mejor de lo que me he sentido en todo este tiempo.

No es su novio. Y solo eso me basta para tener una sonrisa en el rostro, una que ella no puede ver.

Nos quedamos recostados los siguientes minutos. Como ella no se mueve, decido que tampoco quiero hacerlo, hasta que siento su respiración acompasarse.

De seguro debe estar quedándose dormida, justo aquí y ahora, al igual que yo.

Pienso en lo lindo que sería eso.

- ¿Secaste tu cabello? -hablo, rompiendo el hechizo que imagino nos ha atado-. Si no lo haces, te resfriarás nuevamente.

Mi hermana tan solo arroja un quejido, molesta conmigo por haber interrumpido su calma.

- Pero no hay energía, hermano, no puedo usar el secador -me recuerda, en un susurro, y vuelve a acomodarse. Puedo percibir lo cansada y somnolienta que está.

Me doy cuenta de que a ella en realidad no le importa dormirse aquí, junto a mí.

Sin moverme demasiado de mi lugar, giro para verla. La espío, con sus ojos cerrados y su respiración tan lenta.

Tal y como sospeche, su cabello continúa envuelto en una toalla, húmedo. Un pequeño mechón oscuro escapa de su confinamiento, y se deja caer revoltosamente sobre su rostro.

Intento apartarlo con cuidado, pero la punta del mechón termina rozando sus labios entreabiertos.

Y, de pronto, es todo lo que tengo en la cabeza.

Sus labios.

Tan pequeños, rosados, húmedos.

Quiero besarla.

Sí. Quiero besarla mucho. Especialmente ahora, que me ha dicho que aquel chico no es su novio, ni que le gusta. No. Ni siquiera eso. Tan solo quiero hacerlo porque ella es la única chica a la que siempre he deseado besar.

Sin embargo, en lugar de eso, termino llevando mis manos a su toalla y empiezo a revolverla, para secar su cabello.

- ¡Serás igual a un puercoespín-ttebasa! -grito, y la despierto.

- ¡Ah, no quiero! ¡Tonto hermano!

Sus quejas me hacen reír, y tras algunos segundos ella es incapaz de ocultar su sonrisa. Atrapado bajo el hechizo que siempre me causa, dejo de molestarla.

La luz vuelve entonces.

Se enciende en la cocina, alertándonos e iluminándonos. Vaya, parece que haber hecho tantos clics funcionó finalmente de algo.

- ¡Ah, por fin! -Hima sonríe al notarlo, mucho más tranquila que antes. Por mi parte, creo que será mejor no recordarle que la tormenta sigue, y que eso significa que la luz podría irse en cualquier minuto nuevamente. En lugar de eso, prefiero concentrarme en otra cosa.

- Bueno, lo primero será tu cabello -ella asiente, de acuerdo conmigo-. Iré por el secador.

Como sigo contra el respaldo del sofá, me apoyo sobre un brazo, intentando levantarme. Pero el peso que ejerzo al hacerlo provoca que su pequeño cuerpo de un salto y ruede directo hacía el mío.

Hima queda, de hecho, justo debajo de mí.

Con su cabello cubriendo la mitad de su rostro, ella tan solo me mira con sorpresa y arroja una pequeña risa al notarlo. Intenta apartarlos con resoplidos, pero los rebeldes mechones oscuros vuelven a su sitio una y otra vez, negándose a colaborar. Es entonces cuando ella me busca con sus ojos azules, pidiendo por mi ayuda. No me queda más que obedecer, encantado por su sonrisa, incapaz de dejar de pensar en lo hermosa que luce.

E incapaz de dejar de pensar en lo mucho que quiero besarla.

Ahora. Justo ahora.

Eso es, en verdad, todo lo que tengo en mi cabeza.

- No creo que lo seas -dice, tan de pronto que me desconcierta.

- ¿Ah? ¿Qué cosa?

- Un mal hermano -ella contesta, sin dejar de sonreírme. Recuerdo entonces aquella frase que no ha sido capaz de terminar, antes, en la calle, y me pregunto si esto es lo que quería decirme en aquel momento-. Si te das cuenta, tú siempre estás cuidándome, hermano.

Incluso si no me esfuerzo en hacerlo, termino sonriendo de todas formas. ¿Sabrá ella lo mucho que me enternece y me lastima lo que acaba de decir?

Cielos. Que cansado estoy.

Me pregunto qué diría si supiera lo mucho que detesto ser un bueno hermano mayor.

Me pregunto si algún día seré capaz de confesárselo.

Mi brazo tiembla, incapaz de continuar soportando mi peso. Así que dejo que pierda la poca fuerza que le queda.

Y me permito caer sobre ella.

Mi rostro golpea el almohadón del sofá, pero la mitad de mi cuerpo la aplasta. Y, por supuesto, las quejas sobre mi peso no tardan en manifestarse.

- ¡Ahh! ¡Estás tan gordo!

Su grito me hace sonreír, incluso sin tener un motivo real para hacerlo. O, tal vez, es porque sé que tengo muchos motivos para querer sonreír.

Pienso en lo agotado que me siento, pienso en cómo me gustaría quedarme aquí y ahora, por siempre.

Y pienso en que habrá muchos más días. Más días para observarla en secreto, más días para pensar en besarla y más días para odiarme a mí mismo por todo ello.

Por hoy, es solo un día más, fingiendo ser un buen hermano mayor.

CONTINUARÁ…