Lo siento mucho! Estuve todo este tiempo trabajando con desesperación en las correcciones de mi tesis. Me esforzaré por publicar el siguiente capítulo dentro de poco.

Alluren: Muchas gracias! Prometo que algún día conocerán la historia por parte de Hima!

Procrastinacion: En realidad Boruto fantasea todo el tiempo. Es realmente romántico.

Gabe Logan: Más bien yo diría que es un capítulo navideño retrasado ajaja Y sobre Boruto, aún me queda dar el paso final.

secretlistener: wuajshja dirty boy

Iris-san: Como escritora soy desesperante, pero cuando quedan atrapados en una historia es difícil marcharse sin querer saber cómo termina.


XXX

El final del invierno

.

No sé de qué forma termino de descender los últimos escalones sin caerme.

De pronto, todo en lo que puedo pensar es en que no estoy pensando en nada. Mi boca seca. Mis palmas sudorosas. La ambivalente sensación de tener mariposas revoloteando en mi estómago… o, mejor dicho, de tener una montaña rusa sin control en mi interior.

Hima se encuentra frente a mí, aguardando impaciente en el recibidor mientras mamá termina de ajustar los últimos detalles de su kimono.

El brillo de la tela amarilla me deslumbra brevemente, y a pesar de llevar un estampado de flores únicamente a lo largo de sus mangas, pronto descubro siendo incapaz de quitar mi mirada del diseño, intentando en vano memorizarlo.

Debo ser patético, pretendiendo recabar la mayor cantidad de detalles, y, sin embargo, aquí estoy.

- El color parece… desgastado.

- No te preocupes. La tela está bien.

- ¿Estás segura?

No pretendo ser grosero al ignorar su conversación. Pero sucede que he quedado ensimismado sin querer, como un minino al que le han dado demasiada hierba de gato.

Respiro profundo. Quiero hablar y decir que, en realidad, me gusta el color, pero siento que si abro mi boca me terminaré atragantando. Como prefiero ahorrarme esa humillación, permanezco en silencio, repasando todo con sumo cuidado.

Mis ojos se elevan tan solo un momento al pequeño adorno de girasol que sostiene su cabello oscuro en lo alto, antes de descender hacia su rostro, al maquillaje cuidadosamente aplicado.

Al ligero toque de lápiz labial.

Trago. No puedo evitarlo.

Ella, verdaderamente…

Luce tan hermosa.

- ¿Hermano, todo va bien? -ajena por completo a lo que estoy pensando, Hima me interroga con un claro gesto de sospecha ante mi largo silencio.

- Ah, yo… -mi cerebro se desconecta al notar que, nuevamente, me ha descubierto observándola. No consigo recordar cómo hablar. En cambio, siento claramente mi rostro ardiendo bajo su atenta mirada.

¡Cielos! ¡¿Cómo es qué consigue hacerme esto?!

¡Debo parecer un completo tonto!

- ¡Moo~! ¡Lo sabía! -mi hermana, como siempre, no se entera de nada-. ¡Mamá, está burlándose de mí!

- Boruto -ella dice mi nombre, más por costumbre que otra cosa. Continúa absorta en su tarea de atar el obi alrededor de la cintura de Hima.

- ¡No lo he hecho-ttebasa!

- ¡Claro que sí, no dejabas de mirarme!

- Eso no significa que me burle de ti, ¡tonta! -decido morder mi lengua antes de cometer un desliz, sin embargo, parece que mamá por fin ha tenido tiempo para prestarme atención.

- ¡Boruto! -y yo siento la amenaza en su voz-. Naruto-kun, ¿me ayudas aquí?

De la misma forma en que yo lo hago, papá -quién acaba de abrir la puerta de entrada, probablemente para preguntarnos cuánto tiempo más tardaremos-, también se queda en silencio al ver a Hima. Pero en lugar de regañarme o de siquiera mirarme, su rostro pasa de la sorpresa a un gesto tristeza tan deprisa que nos asusta a todos, ¡especialmente cuando las lágrimas aparecen!

- ¡Mi pequeña Himawari está creciendo-ttebayo! -solloza por fin. Lo que le sigue es mi avergonzada hermana intentando evadir su abrazo, mientras que yo me escabullo hasta el jardín para poder reírme a gusto.

Puedo escuchar el grito de Hima en cuánto papá la alcanza. Y el breve hechizo en el que he quedado atrapado por solo un momento por fin se disipa.

Hoy visitamos el templo, todos juntos.

Han adivinado. Se trata del primer día después del año nuevo.

No habíamos planeado venir, pero ya que se trata de un día libre para papá hemos terminado acordando pasarlo en familia. Hima apenas ha tenido el tiempo justo para desempolvar su kimono.

Por supuesto, mamá también ha planificado cómo será el osoji -la limpieza- de este año, lo que significa que papá y yo estaremos todo el día levantando muebles y moviéndolos al jardín. Para nuestra fortuna, tras una semana completa de nubarrones oscuros y amenazantes, el día ha amanecido despejado. La cálida sensación que produce el sol, brillando en lo alto, se ha vuelto el recordatorio de que cada vez queda menos para la llegada del verano.

Pensar en ello es suficiente para llenarme de energía. Decido que será un buen día.

Justo en cuanto lo pienso, alguien pasa junto a mí y el peso de su cuerpo me empuja. No consigo evitar resoplar. Por cosas así es que no disfruto de las enormes multitudes -y, como han de saber, la primera visita del año al templo es un evento muy popular-, si me preguntan, preferiría pasarme el día en mi habitación.

Avanzamos entre la multitud de risas y rostros alegres, de familias, parejas y amigos que están disfrutando. Aunque el templo no es un lugar muy grande, desde que tengo memoria siempre suele llenarse en esta fecha.

Me pregunto si los dioses tendrán tiempo de escuchar tantas plegarias.

- ¿Qué hay de ti, Boruto?, ¿algo que vayas a pedir? -consulta papá, entusiasmado.

- Un padre menos estúpido estaría bien-ttebasa -por supuesto, mi respuesta lo hace enfadar al igual que un niño pequeño, y rápidamente comienza a amenazarme con pedir un nuevo hijo.

- Uno que sea estudioso y respetuoso-ttebayo.

- ¿Eh? Pero entonces no sería tu hijo.

Hima no puede evitar reír con mi comentario, y mamá apenas tiene tiempo para disimular su sonrisa.

Conforme nos aproximamos al altar, me doy cuenta de que comienza a imperar un respetuoso silencio. De pronto, distingo a mamá bajando su cabeza, con sus labios ligeramente entreabiertos, mientras comienza a rezar en silencio. Y como si verla le hiciera recordar que él también es un adulto, papá se apresura a imitarla para pedir por ramen, como siempre.

Me mantengo inmóvil en medio del mar de gente, observando los rostros serios y silenciosos, que dirigen todas sus peticiones a los dioses.

No sé qué hacer a continuación. De niño me recuerdo rezando por nimiedades insignificantes, confundiendo a los dioses de los templos con algo parecido a Santa Claus.

En realidad, hace mucho tiempo dejé de rezar, pero supongo que es inevitable si vuelvo aquí. Porque, veamos, lo que quiero pedir es…

Ah, ¿qué cosa podría desear?

- Bien en los exámenes, bien en los exámenes, bien en los exámenes -Hima reza con fuerza a mi lado. Recuerdo entonces que comenzará su primer año en la escuela media, mientras que yo estoy avanzando por fin a segundo de preparatoria.

- Que pronto sean las vacaciones de verano -digo en voz alta, ella interrumpe su plegaria para reír. Vuelve a bajar su cabeza, cierra sus ojos y sigue susurrando en voz baja "bien en los exámenes".

Miro su rostro, sus labios pintados ligeramente entreabiertos, y, de pronto, con claridad absoluta, conozco la respuesta a mi pregunta.

¿Quién sabe? Quizás nacer como su hermano mayor ha sido un castigo por algún horrible acto cometido en mi vida pasada.

- Entonces, hermano, ¿qué has pedido? -mientras nos alejamos de la parte central del templo, Hima se aproxima y rodea mi brazo, para no separarse de mí en medio de la multitud.

Por un instante consigo distinguir la delgada cadena de plata asomando en su nuca, bajo su kimono. No contengo mi sonrisa, tras comprobar nuevamente lo mucho que le ha gustado mi obsequio.

- Que mamá prepare hamburguesas esta noche-ttebasa -mi respuesta la hace sonreír y sacudir su cabeza como si dijese "tan típico de ti".

- Boruto, Himawari -nuestros padres nos llama. Al voltear distingo de inmediato los otoshidama respectivos en las manos de papá. Froto mis manos con ansías ante mi esperado dinero del nuevo año. No saben lo mucho que lo necesitaba, con el viaje escolar a tan solo un par de semanas.

Solo recordarlo me entusiasma. Un fin de semana completo de excursión. ¡Mi merecido descanso!

- Hermano, ¿en qué gastarás tu dinero?

- Se-cre-to -mi hermana no puede evitar su mohín al comprender que he decidido permanecer impasible. De todas formas, demasiado pronto parece olvidarlo.

- ¡Vamos a los juegos! -ella grita, justo antes de apuntar a un puesto y tirar de mi mano para guiarme. Escucho a nuestros padres reír tras nosotros.

Lo disfruto. La cálida y agradable sensación del sol acariciando mi nuca. La pequeña mano de Hima sosteniendo la mía.

Un gran día.

.

.

Cenamos en silencio, mirando la repetición de los fuegos artificiales en la televisión.

Como agradecimiento por ayudar en la limpieza de año nuevo, mamá nos prepara a papá y a mí nuestros platillos favoritos. Supongo que ambos estamos tan agotados que nuestro único momento de interacción consiste en la risa que nos produce Hima comentándole a mamá que los dioses han cumplido nuestros deseos.

Sin embargo, el anuncio del clima es suficiente para despertar mi curiosidad. Parte mía lo ha esperado ansioso durante toda la tarde, desde que noté las nubes agrupándose con velocidad en el horizonte.

Por lo mismo, mi corazón se exalta al escuchar la palabra "tormenta", pero mi emoción desaparece tan pronto como había surgido al notar que la meteoróloga solo se refiere a una ligera lluvia. Tengo que luchar contra la decepción que me produce escuchar eso.

Frente a mí, Hima mantiene su mirada fija en su platillo. Sé que, pese a su gesto de desinterés, debe sentirse en realidad aliviada de que ya no se pronostiquen tormentas eléctricas.

El invierno casi acaba, después de todo.

Cierto, pronto será primavera. Eso significa que ya no habrá tormentas eléctricas, y, sobre todo, que no necesitaremos compartir habitación.

Ya no volveré a dormir junto a Hima.

Hasta el siguiente año.

Trago. La voz en mi cabeza solo sirve para producirme una enorme incertidumbre, que se queda conmigo hasta el final de la cena.

Porque… ¿qué sucederá el otro año?

Hima está creciendo. Antes del siguiente invierno, ella habrá cumplido quince años. Supongo que para entonces será demasiado grande como para desear compartir las noches conmigo, pero… ¿y si no es así? ¿Qué haré si ella aún quiere dormir a mi lado?

Los últimos meses solo me han servido para poner a prueba mi autocontrol. Toda la distancia que interpuse entre nosotros, para mantenerme alejado y protegerla, prácticamente ya no existe. El problema es que -como he descubierto- no hay forma de cambiar lo que siento, ni de ignorar lo mucho que realmente la deseo.

Si mi relación actual con Hima continua de la misma manera, si nosotros solo nos hacemos más cercanos el uno del otro, ¿cuánto tiempo más podré soportarlo?

Sé que estoy cometiendo un error al permitirle estar conmigo. Mi hermana tan solo me busca porque se siente a salvo, sin siquiera sospechar lo peligroso que soy para ella. Estoy seguro de eso.

Puedo recordar con claridad la enorme presión que alguna vez llegué a experimentar, la urgencia que me recorría cada vez que estaba cerca. Pensar en compartir un pequeño espacio con ella era suficiente para alterarme por completo.

Durante el último tiempo solo he revivido aquella sensación. Esa inconfundible mezcla de vergüenza, temor y deseo. Mi cuerpo ansiando algo prohibido.

¿Qué haré si un día termino haciendo una estupidez?

Nunca llegaré tan lejos. La perversa voz en mi cabeza se alza, intentando convencerme de ignorar todas las dudas que siento.

Es cierto, yo podría tan solo permanecer en silencio, permitirme cualquier oportunidad para estar cerca suyo. Después de todo, mi hermana menor confía ciegamente en mí.

¿En qué tipo de adulto te estás convirtiendo?

Mi consciencia se abre paso, para acabar con este absurdo debate. Vuelvo a respirar hondo, y me obligo a empujar mis sentimientos hasta lo más profundo de mí.

Me doy cuenta de que cada vez es más difícil apartar aquella voz de mi cabeza. Supongo que es porque estoy realmente agotado de luchar con lo que siento.

Honestamente, ya no sé de dónde estoy sacando la fuerza para seguir.

Tras la cena, Hima me llama.

- Hermano -su simple voz es suficiente para terminar con la discusión en mi cabeza. A veces desearía no tener que pensar tanto las cosas.

Giro, y me sorprende distinguir la leve vergüenza con la que me observa. No alcanzo a preguntar qué es lo que sucede, ella extiende su mano y yo reconozco inmediatamente lo que hay en ella.

Un pequeño omamori, un amuleto de buena suerte.

- ¿Y eso?

- Es para ti -me cuenta, mientras lo recibo. Lo examino con cuidado. Mi atención atrapada en el diseño de la tela.

- He comprado dos, ¿ves? -ella me enseña el suyo, a juego con el mío-. Para que ambos tengamos buena suerte con los estudios.

Sonrío, no puedo evitarlo. Mi pequeña hermana siempre preocupándose por mí, incluso si no lo merezco.

Cierto. ¿Cómo es que puedo olvidarlo tan fácilmente?

Es por ella que sigo conteniendo mis sentimientos. Después de todo, yo siempre he sido un buen hermano mayor.

Entonces, si eso soy, ¿cómo me he atrevido a rezarle tan fervientemente a los dioses por una oportunidad para besarla?

- ¿Hermano?

- Muchas gracias -mi respuesta es automática. Hima sonríe, luce algo aliviada. Probablemente le preocupaba una mala reacción de mi parte-. Lo guardaré.

- Espero que apruebes todos tus exámenes.

- Ya lo verás, seré el mejor de la clase-ttebasa -me aplaude, y me descubro preguntándome cómo es que sería ser el asombroso hermano mayor que Hima parece imaginar con frecuencia.

Mucho mejor que el adolescente quebrado que finge no estar enfermo, eso es seguro.

Guardo mi amuleto en el bolsillo de mi pantalón, recordándome mentalmente que deberé atarlo en algún lugar de mi bolso después.

En el primer piso, papá apaga la luz del recibidor. Antes de dirigirse a su cuarto, vuelve un par de pasos para asomarse desde el pie de las escaleras solo el tiempo suficiente para dar una última orden.

- ¡Niños, no olviden lavar sus dientes-ttebayo! -su recordatorio me genera una sonrisa automática. No importa cuanto tiempo pase, él sigue tratándonos como niños pequeños.

- ¡Tú tampoco lo olvides, o se te caerá la dentadura-ttebasa! -le respondo. Si me ha escuchado, debe estar muy cansado como para pensar en replicarme.

Hima ríe a mi lado. Aprovecho para desearle las buenas noches antes de abrir la puerta de mi cuarto. Pero entonces ella me detiene.

- Hermano -vuelve a llamarme, en un ligero susurro. Debajo, puedo escuchar con claridad el sonido de la puerta del cuarto de nuestros padres cerrándose. Junto a mí, mi hermana baja su mirada, la clava en el suelo y permanece en silencio. Pero yo no necesito palabras para saber que es lo que quiere pedirme, tan solo me basta observar la expresión en su rostro.

Nunca he ansiado algo y, al mismo tiempo, temido tanto tener la razón.

- ¿Podríamos hoy…?

- No habrá truenos -decido hablar, antes de que ella pueda pedirme algo a lo que simplemente seré incapaz de negarme-. Presté atención al informe del clima. Lloverá, pero no habrá truenos.

Ella guarda silencio. Puedo distinguir perfectamente la decepción en su mirada.

Quisiera no ser el causante de aquella expresión en su rostro. En lugar de eso, quisiera poder decirle que está bien si quiere dormir a mi lado nuevamente, que puede hacerlo cuantas veces quiera sin necesitar una tonta excusa.

No imaginan cuanto desearía poder ser el hermano mayor que va a protegerla de cualquier peligro, incluso de sus pesadillas, en lugar del monstruo que espera con desesperación una oportunidad.

- Entiendo.

- Solo creo que… es una buena noticia, ¿no? -ella aprieta sus labios, vuelve a mirarme. En estos momentos, lleva el mismo gesto de disgusto que mamá realiza, combinado con la terquedad heredada de papá.

Que combinación más peligrosa.

- Pensé que… pensé que sería cómo antes -distingo la acusación silenciosa que traen sus palabras. "Pensé que no volverías a abandonarme".

- Creí que ya no eras una niña, Himawari.

Decido volverme el insensible hermano mayor, y sé que funciona en cuanto la veo inflar sus mejillas y apartar su mirada con un silencioso resentimiento. "Estúpido hermano", debe estar pensando justo ahora.

Tiene la razón, lo soy. Pero solo porque no puedo permitirme ceder en este tipo de cosas. Confiar en mí mismo es un error, o, más bien, lo es confiar en aquella parte aterradora que espera agazapada detrás de la puerta.

Vuelvo sobre mis pasos, incluso si me doy cuenta de que Hima me está siguiendo, probablemente esperando solo decir algo que consiga hacerme cambiar de opinión. Pero, mientras ella no lo pregunte, entonces yo puedo fingir que solo se trata de mi imaginación.

Entro en mi cuarto, vuelvo a mi oscuridad, y cierro la puerta. En silencio, construyo una pared lo suficientemente gruesa como para mantenerla a salvo. Y espero a que me deje solo.

Escucho sus pisadas del otro lado, distingo su sombra proyectada bajo el umbral de mi puerta. No sé cuánto tiempo pasa, no cuento los segundos, tan solo espero a que se marche. Cuando finalmente se aleja, mis pies están fríos, pero de todas formas espero hasta escuchar el ruido de su puerta cerrándose antes de caminar hacia mi cama.

Es grande, fría y me hace sentir solo.

Está bien. Me siento decepcionado, pero está bien.

Estoy marcando un límite que es necesario.

Incluso si lo deseo tan fuertemente, incluso si se trata de lo que realmente quiero, sé que estoy haciendo lo correcto. Después de todo, mis sentimientos no son más que algo enfermizo.

Proteger a mi hermana es lo correcto. Mantener a salvo a mi familia, de mí mismo.

Sigo repitiéndolo, una y otra vez, pero de todas formas paso mis brazos alrededor del almohadón, imaginando que se trata de ella, tratando de evocar su aroma, el calor de su cuerpo, y su respiración lenta y tranquila. La imagino aquí, conmigo, entre mis brazos.

Y me doy cuenta de que nunca me he sentido tan solo como ahora.

Yo tan solo… desearía no quererla de la forma en que lo hago.

CONTINUARA…