Hola a todos! Lamento la demora del capítulo 2 pero la inspiración me abandonó y no sabía cómo plasmar mis ideas para variar... *mira el cielo con hartazgo* así que aquí se los traigo, archirresumido - [Nótese la palabra inventada] JAJAJA espero que les guste! ME ENCANTÓ leer todos los comentarios hermosos que pusieron para el primer cap, casi me hacen llorar de la felicidad T.T Muchísimas gracias a todos por sus palabras tan lindas, espero disfruten este también.
Un pequeño adelanto: Considero que pronto estaré subiendo el 3ero en vista de que ya está comenzado y que más o menos sé qué es lo que sucederá, pero no prometo nada D:
Sin nada más que decir los dejo con la historia. Como siempre, gracias gracias gracias si estás leyendo esto! Si quieres dejarme tu opinión comenta, que siempre leo lo que me escriben! Saluditos a todos! Hasta la próxima C;
Se movía con suavidad por el agua que alcanzaba por encima de sus rodillas, siempre le había gustado mucho nadar pero juzgó que en ese momento lo mejor sería andar con precaución. Las cosas allí no estaban como siempre, solía haber destellos flotando por todas partes, esa vez no. El cielo arriba se había vuelto gris y las nubes se retorcían unas con otras, otorgándole al lugar un aspecto siniestro y lúgubre. ¿Que vería en aquella ocasión?
Oyó el sonido de un pandero y volteó. Se sobresaltó al ver a una mujer vestida de verde, su cabello castaño era tan largo que alcanzaba a tocar el agua y su mirada color jade estaba fija en ella. No entendió bien el motivo pero experimentó una inquietud descomunal.
— ¿Qué tal Sakura?— dijo la mujer. La aludida dio unos pasos hacia ella pero no se acercó demasiado. — ¿Me tienes miedo? ¿Acaso... lo has descubierto ya?
— ¿Puedes verme?
—Sí, por supuesto.
— ¿Qué se supone que debo descubrir? ¿Qué está pasando Apola?— Sakura se llevó la mano al pecho como si así pudiese calmar los latidos de su corazón, estaba muy inquieta en verdad. — ¿Tú me has mostrado aquellas visiones?
—Bueno... con algo de su ayuda, sí...— se cubrió el rostro con las manos. —Es mi culpa, todo es mi culpa, lo lamento tanto...
— ¿Qué? ¿Qué sucede? Dime— intentó acercarse pero se detuvo al ver el vacío en los ojos de la mujer.
—No... tú debes odiarme... yo lo haría si fuese tú.
—No comprendo.
—Lo siento mucho, en verdad lo siento.
—Apola espera un segundo.
Pero no hubo un segundo. El sueño llegaba a su fin. El agua a su alrededor se había convertido en un océano furioso que consumió a la mujer con sus olas, alejándola de ella, siempre sucedía lo mismo, algo en el mensaje que le enviaban no llegaba bien y se lo estaba perdiendo. Era algo muy importante, estaba segura de ello, ¿Pero qué? Deseó tener unos momentos más para poder entender lo que estaba pasando.
Sintió calor de repente. Un suave calor que le recorría el cuerpo.
Cuando abrió los ojos se encontró con los encantadores de su esposo. Le acariciaba la cintura por sobre la sábana que la cubría con una sonrisa, se la devolvió y se estiró un poco, contenta de despertar una vez más con su compañía. Llevaban seis días en su luna de miel, habían ido a pasear por la isla, a nadar cuando no hacía frío y cenaban juntos cada noche, era como estar en el cielo más maravilloso.
Shaoran se enserió cuando notó que su esposa estaba más ruborizada de lo que solía estar, se acercó un poco más hacia ella y tocó su frente. Sus ojos estaban vidriosos y parecían cansados.
—Tienes fiebre...— murmuró preocupado.
— ¿Enserio? Qué extraño...— intentó sentarse pero sus brazos estaban muy débiles. —No lo entiendo.
—Mejor quédate en cama hoy, no saldremos.
—Oh, lo siento.
—No tienes que nada que lamentar— la besó en la frente. —No lo planeaste, además mientras pueda estar aquí... no es problema para mí— Sakura aprovechó la cercanía para abrazarlo y sentir su calor incluso a través de la camiseta que traía puesta. —Oye, vamos... necesitas descansar...— acarició la curva de su espalda sintiendo cómo la tentación pinchaba sus planes de pasar un día tranquilo.
—Um, sí lo sé.
—Prepararé el desayuno— la notó pensativa cuando iba a levantarse. — ¿Te encuentras bien? Te conseguiré medicina Sakura, me preocupas.
—No, no, la fiebre no es lo que me preocupa, es que... tuve un sueño.
— ¿Un sueño? ¿Sobre qué?
—Apola...— lo vio fruncir el ceño. —Me estaba pidiendo disculpas porque algo era culpa suya, no me aclaró qué.
—Esa tal Apola está comenzando a inquietarme, no pude encontrar nada referido a ella o alguna mujer como la que me has descrito, simplemente es como si no existiera.
— ¿Serán sueños ordinarios? Quiero decir, comunes y corrientes.
—Realmente lo dudo, una persona no suele soñar cada noche lo mismo y en forma secuencial como lo has hecho tú— se alborotó el cabello. —Algo intentan comunicarte.
—Siempre que parecen decirme algo, el sueño es interrumpido.
—Algo o alguien no quiere que lo sepas.
Kei Nasaki se consideraba a sí mismo un cazador de primera categoría, junto con su compañera Jenna nunca habían perdido el rastro de un ánima y siempre habían sido capaces de capturar a cada objetivo que la vida les había presentado.
Pero Kasai comenzaba a ser la excepción. Si bien no habían cesado de buscar por toda la ciudad desde que supieron que Sakura Kinomoto se había marchado de viaje de bodas la búsqueda estaba estancada, como si se hubiese evaporado en el aire. O lo hubiesen exorcisado.
La joven que lo ayudaba tenía poderes espirituales y era capaz de detectar la energía de todo tipo de espectros, pero por aquellos días no había servido de nada su poder en vista de que no obtenían resultados favorables, como si la criatura no existiera ya.
—Bueno, creo que ha sido inútil venir aquí después de todo— dijo al llegar al templo Tsukimine. No había nadie allí, la barrera de la ciudad se erguía firme y fuerte sobre ellos, asegurando sus vidas de las desgracias que podrían traer los espíritus errantes o malignos.
— ¿Quién eres tú?— oyó y volteó a ver al cerezo sagrado que allí crecía. La voz provenía de una criatura alada de largo cabello blanco que lo miraba con ojos indiferentes, a su lado un león dorado se encontraba sentado y parecía tener sueño.
—Nasaki Kei— contestó con las manos en los bolsillos. —Ustedes deben ser los guardianes de las famosas cartas Clow.
—Cartas Sakura ahora.
— ¿Buscas algo aquí?— inquirió el león.
—Oh bueno, sí, pero sé que no van a entregármelo ustedes, así que tranquilos, no vengo a causar problemas— miró a su alrededor. —Su dueña tiene muy bien este lugar.
—Su magia está renovada, puede mantener muy bien el templo.
— ¿Los ha dejado a cargo durante su ausencia?
—Algo así— contestó Yue.
—Bueno, debo irme, los veo luego.
No conseguiría ningún dato útil de aquellas dos criaturas, además de que ya habían buscado allí, por ende haber ido una vez más para cerciorarse fue en vano.
—Oh Sakura, ¿Cómo te ayudo?
Se encontraban en la habitación principal de la cabaña. Ya había anochecido, a pesar del reposo que había hecho no notaban ninguna mejoría. Ella se retorcía en la cama debido a la fiebre que no cesaba de subir y su esposo a su lado tomaba su mano enfermo de preocupación, ya le había suministrado medicamentos pero ninguno hacía efecto. La desesperación iba en aumento.
—E-Estoy... bien...
—Claro que no— su mirada estaba descolocada e inquieta. —Esta fiebre no es normal...
—Tal vez... Apola...
— ¿El sueño?— frunció el ceño, comenzaba a odiar a esa mujer. —Quiero que un médico del clan te revise, nos vamos a casa, ahora, no podré quedarme tranquilo hasta que te sientas mejor— con ojos afiebrados lo vio ponerse de pie y comenzar a empacar todas sus pertenencias. —Te mantendré fuerte con mi magia durante el viaje, no seré Ryu o un médico pero tengo algunos conocimientos de...— volteó a verla, se acercó y besó su frente. —Te pondrás bien.
Sakura sonrió con debilidad. Ella estaba muy tranquila pero al parecer él era el del problema. Se había preocupado por su bienestar todo el día, dudaba si acaso la había dejado sola por más de un minuto, cada vez que abría los ojos estaba allí para ella, sea lo que fuere que necesitara. Se sintió afortunada de tener un esposo tan gentil y protector, deseaba haber disfrutado de la luna de miel a su lado un poco más pero sabía muy bien que no lo convencería de quedarse.
Por fortuna el viaje a través del mar no fue agitado, Sakura estuvo recostada en el camarote y su esposo se aseguraba que estuviera bien cada tanto, se lo notaba preocupado. Ni siquiera la dejaba caminar por su cuenta, al momento de subir y bajar de la embarcación la cargó en su espalda hasta acomodarla en el vehículo que los llevaría a casa, lo miró sentarse junto a ella y continuó contemplando su semblante serio durante todo el camino a la residencia Li. En ese momento la chica se percató de que viviría con Shaoran en su misma casa, dormiría a su lado cada noche y lo vería cada día sin falta. Se sonrojó solo de imaginarlo, llamando la atención del joven castaño.
—Sakura ¿Te sientes muy mal?— tocó su frente. —Esta fiebre es extraña.
—Estoy bien, enserio— estiró su mano para alcanzarlo y poder abrazarlo. Vio sus ojos ambarinos oscurecerse durante un instante, había inspirado con fuerza como si quisiera retener el aire en sus pulmones.
—Necesitas descansar...
—Ya descansé mucho— murmuró.
—No hasta que mejores.
Llegaron a la oficinas Li y se dirigieron inmediatamente a la zona de la clínica. Ryu ya no estaba en Japón así que llamarlo en verdad no tenía mucho sentido, se ocuparía algún otro médico que fuera de confianza, bajo la supervisión del jefe por supuesto. Ni loco la habría dejado sola, a pesar de que no se lo pedía sabía muy bien que necesitaba de su compañía, hubiese querido que se abriera un poco más a él y lo dijera pero mientras le permitiera estar a su lado no le importaba.
El elegido fue un hombre de mediana edad de cabello negro canoso, mirada seria y profesional que lucía una pulcra bata blanca, le sugirió que la recostaran en la camilla de la habitación. Frunció el ceño cuando el médico que la revisaría iluminó sus manos y las acercó tanto al cuerpo de su esposa que casi rosaba su piel tan solo cubierta por un vestido de medias mangas de suave gaza celeste. Apretó los puños a sabiendas de que sus celos eran totalmente ridículos y para no decir nada tensó la mandíbula, debía controlar esos instintos que, por desgracia había descubierto, que tenía en el fondo. Fue el análisis más largo de su vida. Una vez terminado es el médico miró a su jefe con semblante serio.
—Señor Li, lo único que encuentro de inusual es el elevado nivel mágico de su esposa— lo oyeron. —Al parecer continúa incrementando, tengo entendido que su Excelencia Sakura es la guardiana del templo Tsukimine ahora ¿Es correcto?
—Sí— contestaron ambos esposos al unísono.
—Creo que su cuerpo debe estar acostumbrándose a la deificación, el aumento de magia probablemente es lo que ocasionó la fiebre, no detecto nada más en su cuerpo.
—Está bien, gracias, puedes retirarte— contestó Shaoran, aguardó a que aquel hombre abandonara la habitación para suspirar aliviado, había tenido la tensión por las nubes.
—Te dije que no era nada grave...
—Bueno, yo no me iba a quedar tranquilo hasta escucharlo de un médico— se sentó a su lado y acarició su cabello. —Ya estoy tranquilo.
—Me alegro— le sonrió pero su rostro se volvió rojo cuando sintió que tomaba su mano. En los últimos días no podía tocarla sin que se ruborizara, probablemente debido a la luna de miel que habían interrumpido. —No tengo que quedarme en la clínica ¿Verdad?
—No... vamos a casa Sakura.
Ella se quedó mirándolo un rato antes de ponerse de pie. "A casa". Por supuesto, eran un matrimonio, era obvio que vivirían juntos a partir de ese momento, se sintió tonta por no haberlo imaginado antes, no se trataba de que estuviera asustada sino a la falta de costumbre. Se dejó conducir por las calles hasta la enorme residencia Li, su nuevo hogar. Agradecía mucho que Shaoran no quisiera marcharse a Hong Kong, le hubiese dolido alejarse de sus seres queridos y de la ciudad en la que había crecido. Aunque claro que ella debía quedarse en el templo, no había posibilidad de marcharse.
Una vez que llegaron el silencio fue extraño. Mei Ling no se encontraba allí porque estaba en la casa de Tomoyo, para que no estuviera sola habían optado por que fuera con su amiga, así no los echaría de menos.
Sakura siguió al castaño hasta la sala de estar y se dejó caer en el sofá, la fiebre aún no bajaba y se sentía fatigada pero no era tan grave. Probablemente fuera buena idea utilizar algún conjuro sanador para aliviarse, aunque primero debía ocuparse de ciertas cosas.
—Shaoran... Ahora que hemos regresado quiero decirte... Bueno, lo que he decidido hacer con Kasai— al nombrarlo atrajo la atención de su esposo. —Mañana iré al templo y lo liberaré.
—Es verdad que está sellado en un espejo.
—Sí, ya debe querer salir...— respiró profundo. —No seré su maestra— al ver la mueca de alivio en el semblante del joven se instó a proseguir, antes de darle una perspectiva errónea de lo que quería expresar. —Lo convertiré en mi familiar.
— ¿Q-Qué?— el alivio había desaparecido, quedaba solo perplejidad. — ¿U-Un familiar?
—Sí, pienso que será lo mejor para evitar que lo sigan vigilando los cazadores.
—Sakura...
—Perderá su condición de ánima artificial, sabes lo que significaría, ser un familiar es un gran honor, me ayudará con el templo, solo trae beneficios...
—Y-Yo... Sé que un familiar es una criatura sagrada y libre de corrupción, que sirve a su deidad con reverencia y fidelidad pero... Sabes que hacer eso probablemente te traiga problemas ¿Verdad? Estás purificando a un espectro considerado como tabú.
—Lo sé, es justo lo que quiero demostrar, ante mis ojos él es tan puro como tú o yo.
—Sé que estás convencida— suspiró y miró hacia un costado, ocultando su vergüenza. — ¿Acaso sabes cómo es que se lo transforma en un familiar?
—B-Bueno sí... Espero que eso no te moleste.
—Un poco tal vez... aunque comprendo la decisión que has tomado— la miró y asintió, ganándose una gran sonrisa de su esposa y un abrazo abalanzado.
— ¡Gracias Shaoran! ¡Gracias por entender!
Probablemente el hecho de quedarse solo mientras agonizaba no había sido una buena idea. Sus padres estaban de viaje, no se enterarían si moría allí en su cama debido a la falta de fuerza, o lo que fuera que le estaba sucediendo, solo de una cosa estaba seguro, su cuerpo lo estaba traicionando, no cabía duda. Se preguntó, bastante resignado, si Sakura lloraría en su tumba si llegaba a fallecer. Tal vez no, ella era feliz.
Apartó esos pensamientos oscuros cuando se dio cuenta de que no tenía sentido meditarlo demasiado. Pensar así era un efecto secundario de lo que le estaba pasando.
Era cosa simple. La magia se alimenta de la energía de una persona para subsistir, va directamente conectada las emociones de la persona en la que reside. Si se está alegre la magia se carga positivamente, si se está triste o enojado, negativamente, al suceder esto comienza a disminuir en caso de atascarse en emociones de ese tipo, al disminuir y llegar a cero la persona muere. Simple lógica mágica.
Touma se colocó de costado sobre el lecho y frunció el ceño al recordar el sueño que había tenido durante la noche. Había sido de lo más curioso, solo una sola vez antes había tenido otro igual.
Había comenzado encontrándose en un lugar oscuro, totalmente solo, pero al avanzar por el lugar encontró una figura de una persona, una de sí mismo, que lo miraba como si lo acusara de un crimen fatal, brillaba muy débilmente. Lo identificó rápidamente y metió las manos en los bolsillos de sus pantalones, tomando una postura indiferente a pesar de todo.
— ¿Qué es lo que te sucede?— le había preguntado a su otro yo que refulgía de color azul celeste.
—Justamente tú me lo preguntas... como si no lo supieras ya Touma.
—Claro, por supuesto, crees que es mi culpa.
—No te culpo, pero debes hacer algo al respecto— silencio. —Esto no es lo que habíamos pactado y lo sabes.
— ¿Pactado? No, definitivamente no lo es— el joven apretó los puños quieto en su lugar. —Tú dijiste que me darías el poder, a cambio de que encontrara mi deseo... pues bien, lo encontré ¿Y qué pasó? Lo he perdido... no ha servido de nada.
—No lo has perdido, reconócelo, sigue siendo el mismo... pero ambos moriremos si no haces algo al respecto...
Entonces simplemente había despertado en su cama como cada mañana. Incluso si llegaba a saber lo que tenía que hacer para seguir viviendo. ¿Sería capaz de ello?
—Creo que esa fue la luna de miel más corta de la historia— comentó Mei Ling fastidiada.
Ya era de noche y la había llamado su primo para avisarle que estaban de regreso en Tomoeda debido a la condición de Sakura. Ella y Tomoyo habían ido a la residencia Li a cenar y pasarían la noche allí, al menos en caso de que Shaoran necesitara ayuda con la repentina fiebre de su esposa. La joven china estaba seria puesto que le molestaba que su primo no pudiera disfrutar de una vida normal con la persona que amaba por al menos un tiempo, le parecía injusto.
—L-Lo siento— se disculpó la muchacha de ojos verdes dejando su taza de té en la mesita.
—No lo dije por eso, descuida Sakura, no es tu culpa.
—Claro que no— la defendió el castaño mirando serio a su prima.
—Bueno tranquilos, pronto tendrán otra oportunidad para viajar juntos ¿Cierto?— acotó Tomoyo sonriendo, estaba contenta de ver a su amiga otra vez y principalmente verla contenta como estaba.
—Sí, por supuesto.
—Ya me siento mejor así que mañana retomaré mis obligaciones, quiero hacer que el templo se renueve totalmente— miró al joven a su lado. —Kero y Yue deben estar esperándome.
—Te llevaré temprano, ahora es mejor que vayamos a descansar.
Una vez las luces apagadas se acomodaron en la cama que compartirían a partir de ese momento. Sakura se sintió extraña al pensar que sus pertenencias serían acomodadas en ese espacio que antes solo había pertenecido a Shaoran, probablemente lo había preparado todo antes del viaje que habían hecho, siempre había sido precavido. Giró hacia el costado y lo descubrió observándola con reverencia casi, sus ojos ambarinos brillaban con la luz de la luna que se filtraba por el cortinado.
Le sonrió y estiró la mano para acariciar su mejilla. Él ahora sería su compañero de vida, su corazón palpitaba solo de pensarlo.
—Ahora sí estoy un poquito asustada...— murmuró tan bajito como pudo, quizá fuera algo que debía quedarse en sus pensamientos pero no lo pudo contener.
—Sí, creo que lo imaginaba— oyó como respuesta. —No quiero que estés asustada y me gustaría tranquilizarte pero sé que eso no pasará ¿Verdad?
—Yo solo quiero que estemos juntos, eso para mí es suficiente— lo vio suspirar. —Debo acostumbrarme, esto es nuevo para ambos, espero que no te moleste.
—Por supuesto que no— le sonrió tranquilizador. —Esta es tu casa ahora, eres dueña de todo lo que aquí hay así que espero que te sientas cómoda.
—Lo intentaré.
Por la mañana, temprano, a penas amanecía, Shaoran se arrepentía de haber asistido a presenciar la conversión de Kasai en un familiar sagrado. Se encontraban dentro del templo. Su esposa estaba vestida con su atuendo de sacerdotisa y sobre él usaba la túnica rosada característica del templo Tsukimine, la cual le otorgaba majestuosidad a la ceremonia. A un costado Kerberos y Yue estaban de pie presenciando la conversión, ellos habían sido los encargados de proteger el espejo donde Sakura había sellado al ánima.
Ambos protagonistas se encontraban arrodillados uno frente al otro sobre un dibujo del kanji que nombraba a la criatura, funcionaría cómo contrato así se aseguraban que todo saliera bien. Cuando el castaño vio que su esposa tomaba las manos de Kasai con una sonrisa decidió dejar de mirar y voltear hacia un costado apretando la mandíbula. Estaba experimentando unos celos horribles.
—Serás mi familiar— comenzó la muchacha y el símbolo debajo de ambos se iluminó con una luz dorada. —Estarás libre de toda corrupción y todo lo que hagas se considerará sagrado y justo, sé sabio.
Y entonces lo besó. Fue absolutamente fugaz, libre se sentimientos, pero Kasai se quedó petrificado, sin notar la inmensa luz de oro que se apoderaba de su figura y creaba, como dos grilletes, un par de ataduras en sus muñecas, simbolizando su unión y sumisión a su deidad Sakura. Cuando regresó todo a la normalidad se encontró con la mirada atenta de los presentes y que sus vestiduras habían cambiado, lucía una hakama completamente blanca y traía colgado un cordón rojo del cual iba prendido un broche con su nombre.
Sonrió al percibir la energía de su nueva dueña correr por su cuerpo y la miró, a su lado estaba su esposo clavándole la mirada con el ceño fruncido. Imaginaba que no le gustaba para nada la idea de que se convirtiera en su dueña, pero para él era toda una alegría.
