Hola a todos! Disculpen por la demora de esta actualización, sinceramente estuve estudiando bastante para los exámenes pero por el momento me han dejado en paz n.n' así que retomaré tan pronto como pueda con todos los caps que pueda escribir hasta que vuelva la terrible temporada jaja. A mi comentarista Lin Lu Lo Li le contesto: Lo siento! Espero no decepcionarte pero ya estaba decidido desde hace bastante tiempo! Así que espero que no sea demasiada molestia n.n
Pasando a la historia, aquí les dejo el capítulo 4 para que lo disfruten! Vuelven los problemas! Si sienten que no comprenden algo no duden en preguntar! Como siempre muchas gracias si estás leyendo esto, si te gusta por favor deja un comentario que me encanta leerlos! Saluditos! :D
Aferraba su mano como si de ello dependiera su vida, en ese instante no lo pensaba bien pero sabía que su fuerza era descomunal, en ese momento se sentía poderosa. Al menos hasta que oyó el llanto que desgarró el aire en un segundo, entonces todas sus fuerzas escaparon de su cuerpo y echó a llorar de la felicidad.
La pequeña criatura que el médico traía en brazos pataleaba como si no quisiera que lo tocaran y se tranquilizó al depositarlo en sus brazos, era su madre, finalmente lo conocía. Más tarde solo supo que su esposo cargaba a otro bebé y lo acercaba a ella para que pudiera contemplarlo, ambos eran hermosos.
Abrió los ojos con una sonrisa. Hacía tiempo que no soñaba con algo tan lindo como había sido dar a luz a sus dos hijos. Se levantó de un salto al ver la hora. ¡Tenía poco tiempo para ir al templo! Se atavió con un pantalón de jean oscuro y una blusa blanca, así estaría bien y no demasiado arreglada.
Al llegar al comedor vio a su esposo preparando unos sandwiches y a Mei Ling sentada a la mesa bebiendo café.
—Buenos días— dijo y atrajo su atención.
—Buenos días Sakura— contestaron al unísono. Sonrió y fue hacia donde Shaoran se encontraba para darle un dulce beso en la mejilla. A sabiendas de que eso un poco lo avergonzaba pero que también le gustaba.
—Te ves contenta esta mañana— lo oyó, y le sonrió aún más.
—Tuve un lindo sueño.
— ¡No! ¡Oye eso es trampa!— escucharon que gritaba una vocecita infantil, seguido de fuertes pasos bajar por las escaleras, el ruido era increíblemente fuerte para dos personitas tan pequeñas. — ¡Hey!
—Vamos, alcánzame si puedes.
Sakura y Shaoran se miraron sonriendo. Luego vieron que una niña de cabello y ojos castaños se asomaba a la entrada del lugar con una sonrisa de satisfacción, seguida por un niño idéntico a ella que la miraba con el ceño fruncido, ambos vestían el uniforme de la primaria Tomoeda. Los adultos los miraban divertidos.
—Niños ¿Qué pasa?— preguntó Sakura.
—Shiori hizo trampa en la carrera— acusó el niño.
—Tú siempre me ganas porque corres más rápido que yo Teo, usar magia para equilibrar las cosas no es trampa.
—Ni siquiera sabes lo que significa "equilibrar".
—Claro que sí, mamá lo enseñó ayer.
—Ya, ya, no peleen.
Ambos padres no podían creer que los niños ya tuvieran siete años, el tiempo sí que había volado, los dos crecían maravillosamente. Shiori era una niña enérgica y juguetona, le encantaba descubrir cosas nuevas por doquier y hacer magia, la había desarrollado a los cuatro años y desde entonces sus padres le enseñaban a controlarla como se debía, algo que daba mucho trabajo. Por otra parte Teo era un niño mas tranquilo que su hermana, la cuidaba como buen hermano mayor y se tomaba a pecho serlo aunque también era un poco competitivo, le gustaban las responsabilidades, las artes marciales que practicaba con su padre y su tía Mei Ling y estaba fascinado con los poderes de la niña, a veces como en ese día le tenía algunos celos pero no solían pelear por ello.
Vieron que la niña se colgaba de su hermano con una amplia sonrisa y que este le devolvía una mirada irritada.
—Lo siento Teo... no lo volveré a hacer ¿Sí?
—Eso espero.
—Niños vengan a desayunar antes de que se les haga tarde para ir a la escuela— enunció Shaoran sirviendo los sandwiches. Las mañanas eran muy animadas desde que los pequeños habían descubierto que pertenecían a una familia con poderes, cada día debían enseñarles algo. Aunque admitía que le preocupaba un poco la falta de magia en su hijo, de él esperaban demasiadas cosas en el clan Li y protegerlo de ello era cada vez más difícil. Tampoco quería poner presiones sobre su hija pero esa mañana había recibido una carta del consejo de ancianos sobre la cual debía conversar con su esposa.
—Sí papá— contestaron ambos infantes, y se sentaron a comer.
—Hoy vendrá el tío Ryu a casa así que prepararemos mucha comida— dijo Sakura mirando divertida a Mei Ling, quien se quedó estática con su taza de café a medio camino.
— ¡Viva! ¡El tío Ryu!— se emocionó Shiori. — ¿Prepararás arrollados de huevo? ¿Y salchichas pulpo?
—Sí hija.
— ¿Y hamburguesa?— el castaño asintió, la pequeña puso expresión soñadora. —Sí, quiero hamburguesa...
—Cielos Shiori no comas tanto— la regañó su hermano. —Vamos, hay que ir a la escuela.
—Sí, escuela~
Sakura la ayudó a colocarse su abrigo y le dio un beso en la frente a cada uno mientras se colocaban las mochilas. A pesar de que Teo decía no querer recibir muestras de afecto se dejó mimar un rato, hasta que el niño le hizo una seña para que se acercara a su carita y poder decirle algo al oído. Ella sonrió y se puso de cuclillas para poder escuchar lo que quería decirle.
—Mamá ¿preparías bolitas de pulto?
—Claro hijo, todas las que quieras— le sonrió y dejó que marchara rumbo a la escuela, ya que no estaba alejada podían ir juntos sin problemas.
Shiori decidió que marcharía al ritmo de la canción que tarareaba, iba a comer tantas cosas deliciosas en la cena que estaba de buen humor, además le había ganado una carrera a su hermano y ese día expondría su proyecto acerca de la vida acuática, ya lo tenía todo pensado, entraría a clases, luego comería su almuerzo, luego se esforzaría para correr más rápido en educación física y a la salida volvería con su hermano, tal vez lo convencería de jugar a algún juego en el camino.
Llegados a cierto punto del recorrido se encontraron con una niña de cabello rubio y adorables ojos verdes que aguardaba arreglándose la falda del uniforme, al verla la pequeña castaña levantó su brazo tan alto como pudo para saludarla y tiró del brazo de su hermano hasta alcanzarla.
— ¡Buenos días Chiara!— dijo y la abrazó contenta.
—Buenos días Shiori— la niña se ruborizó al ver al niño que traía enganchado su amiga y bajó la mirada hasta sus pies. —Buenos días Teo...
—Buenos días Akisuki.
Los tres eran amigos desde el jardín de infantes y al comenzar la primaria continuaron siéndolo. Como la pequeña Chiara Akisuki vivía de camino a la escuela siempre la encontraban allí e iban caminando juntos a estudiar. Shiori no cesaba de parlotear a su amiga contándole todo lo que comería esa noche mientras que ella miraba de reojo al niño que iba a su lado, de a momentos.
Sinceramente había quedado fascinada. Un día le habían pedido que llevara una montaña de libros a la biblioteca, no tuvo problemas hasta que le tocó subir las escaleras, se le había caído un libro, solo eso y cuando lo pisó se resbaló, creyó que se lastimaría pero Teo la había atrapado, sabía que tenía buenos reflejos porque era el mejor de su clase en los deportes pero jamás había notado lo amable y gentil que siempre había sido con ella, hasta ese día. Intentaba pensar a qué se debía que cada vez que lo viera se pusiera nerviosa y su corazón latiera con fuerza.
Llegando a la escuela Shiori volteó a ver hacia atrás, sorprendida. Había sentido algo extraño a sus espaldas, como una suave vibración que llegó desde sus piernas a su pecho.
Sin embargo allí no había nadie.
Sakura pensaba en la conversación que había tenido con su esposo durante la mañana antes de marchar rumbo al templo. Le había pedido que lo acompañara a su estudio para mostrarle algo y cuando se sentó frente al escritorio y le entregó la carta que había llegado por correo temprano comenzó a leerla.
—Deben estar bromeando— soltó, molesta.
—Me temo que no Sakura, no pienso permitirlo pero si todos los ancianos llaman a convocarnos entonces no hay mucho que yo pueda hacer...
—Solo son unos niños Shaoran— se puso de pie repentinamente y su esposo solo atinó a acercarse para atrapar sus hombros y mirarla. — Son pequeños aún...
—Lo sé, voy a protegerlos, te lo juro así que no te preocupes... ¿Tú cómo te encuentras? Anoche me preocupé un poco... ¿Tenías pesadillas?
—No exactamente— suspiró ella. —No me sentía muy bien cuando fui a la cama, tal vez solo estaba muy cansada, las patrullas han sido extenuantes últimamente.
— ¿No puede Kasai encargarse?
—No puedo dejar que haga todo el trabajo, los sabios me remuneran muy bien como para no ocuparme.
—Te han reconocido como el miembro más joven de los monjes de Japón— sonrió, se acercó a ella y la besó en la coronilla. —Estoy orgulloso de ti.
—Gracias... tomó tiempo y esfuerzo, pero ahora que es oficial debo mantenerme firme y cuidar de Tomoeda más que nunca, me inquieta que el número de espíritus malignos haya incrementado tanto en estos años.
—Solo cuida de ti por favor— Shaoran acarició su mejilla. —No soportaría que algo malo te sucediera.
—Todo irá bien, ya lo verás.
—Sobre los niños...
—No, no quiero llevarlos a Hong Kong aún, hemos estado bien hasta el momento sin la magia de Teo y seguirá siendo así hasta que la desarrolle, incluso si eso nunca pasa.
—No tiene nada de malo no tenerla, es solo que él la desea muchísimo, tú lo sabes— sonrío. —Y Shiori es impresionante.
—Tiene talento... pero es muy despistada.
—A quién se parecerá ¿Cierto?
—Oye...— ambos se rieron un poco. —Hago lo que puedo.
—A mi me gustas así— abrazados aún Shaoran tomó semblante serio. —Por la tarde entrenaré a Teo y hablaré con él... se siente inferior a su hermana, intenta ocultarlo porque es gentil pero no quiere que ella le gane, quisiera evitar peleas.
—Está bien, debo irme, las niñas comenzarán a preguntar donde me he metido y Kasai no podrá con todas si se aburren— lo besó, tomó su bolso y avanzó hacia la salida. —Nos vemos por la tarde, hasta luego Shaoran.
Corrió hasta el templo Tsukimine y luego escaleras arriba para llegar a tiempo. Estaba a gusto con su trabajo y cada día marchaba rumbo a él con una sonrisa, los fines de semana pasaba todo el día con su familia allí ya que debía custodiarlo cada día, no era nada agotador, solo si había una emergencia hacía algo esos días, puesto que no había clases.
Yue y Kero aguardaban en el tejado de la construcción con los brazos cruzados, si bien estaban acostumbrados a las llegadas tarde de su dueña aún le reprochaban cuando sucedía, incluso siendo ya una mujer de 27 años su actitud no había cambiado demasiado que cuando tenía 11.
—Llegas tarde Sakura— dijo Kerberos en su forma de muñeco amarillo.
—Lo sé, lo sé, ya voy.
Corrió para cambiarse y ponerse su atuendo de sacerdotisa e ingresó al templo hasta la habitación principal. Era un sitio muy espacioso con suelo de tatami y decorado con varios adornos antiguos que otorgaban al lugar un ambiente relajado y armonioso.
Allí era donde las niñas practicantes entrenaban sus poderes espirituales. Había descubierto que en esa ciudad la magia era abundante, personas de todas las edades llevaban consigo una carga mágica que ella podría incrementar si acaso lo deseaban, era por eso que dentro de las redes en las que se movía con su esposo había ofrecido ese servicio. Había descubierto que le gustaba mucho enseñarles por lo tanto además de ser un trabajo lo consideraba un pasatiempo.
— ¡Buenos días niñas!— las saludó con una reverencia y las pequeñas hicieron lo mismo.
—Buenos días su Excelencia— saludaron.
—Hoy vamos a aprender a usar pergaminos.
Se había quedado sola en la casa. Parecía como si los habitantes de la residencia lo hubieran planeado todo así. Por lo tanto allí estaba ella, aguardando nerviosa a cada silencio y sonido que en el lugar se podía llegar a percibir, como si estuviera alerta por alguna razón.
La luz del sol se filtraba por las cortinas y otorgaba a la casa un ambiente cálido, quería serenarse así que se encontró a sí misma avanzando por los pasillos a paso tranquilo, a pesar de que su corazón golpeaba en su pecho con más fuerza de la que soportaba.
Ese día regresaba, regresaba y no volvería a marcharse como tantas veces anteriores.
Se abrazó de la emoción y sonrió, a sabiendas que estaba completamente sola. Al menos hasta que escuchó el tintineo de unas llaves justo afuera. Era hora, no había vuelta atrás. Se quedó paralizada, viéndolo ingresar rodando una maleta negra.
"Ryu..." pensó. Sus labios sin embargo no dijeron nada, solo se dejó absorber por ese par de zafiros que parecían atravesarla, tal vez lo hacían de hecho. Quizá a él le había pasado algo similar puesto que solo atinó a dejar caer sus pertenencias y avanzó hacia ella a paso veloz, cerró la puerta tras de sí tan solo un momento antes de envolverla en sus brazos y apretarla contra su pecho. Pudo oír su corazón latir mientras sentía que las lágrimas se le escapaban de los párpados, lágrimas de felicidad. Finalmente se había terminado la distancia.
—He vuelto...— silencio. —Ya no me volveré a ir...
—Idiota... te tardaste...— dijo ella con voz quebrada.
—Lo siento, pero ya todo está bien— acarició su espalda de arriba a abajo sintiendo que el contacto alteraba todos sus sentidos. —Aquí me quedo ahora.
—Eso espero— lo miró a los ojos, frunciendo el ceño, intentando retener el llanto. —Me has hecho esperar demasiado...
—He venido a verte cada vez que pude.
—No es suficiente— volvió a estrecharlo y frotó la frente en su pecho a modo de reproche. — ¡Tonto!
En lo que dura un suspiro Ryu la levantó del suelo, la sentó sobre la mesita del recibidor y la besó con las ansias que le estaban carcomiendo la cordura. Las manos de la joven proveniente de China atraparon su chaqueta de cuero y lo atrajeron aún más hacia ella, ansiosa por recibir sus labios después de tanto tiempo.
—Shiori, no creo que esto sea una buena idea...
Chiara apartaba las ramas de los arbustos en los cuales se estaba adentrando con su mejor amiga. Se había arañado la piel un par de veces y comenzaba a temer que llegarían tarde a clase solo porque la pequeña castaña no tenía intención de volver.
Habían terminado de almorzar en el patio de la escuela cuando su amiga se había puesto de pie de repente diciendo que había visto algo extraño entre las plantas. Curiosas fueron a mirar pero la pequeña Li afirmaba que parecía moverse y alejarse de ellas, por lo tanto se habían aventurado a andar entre hojas y ramas para atrapar ese "algo".
—Te lo juro Chiara, yo lo vi.
— ¿Qué viste?
—No sé bien... un animalito brillante o algo así...
— ¿Un animal? Shiori vamos a llegar tarde a clases— la niña de cabello dorado tomó por la ropa a su amiga para no perderla de vista, por alguna razón estaba asustada. — ¿Por qué no le pedimos ayuda a Teo?
—Porque no puedo dejar que mi hermano me cuide todo el día— la niña detuvo su marcha cuando llegó hasta el muro que marcaba el área de la escuela. —Ya me supera en muchas cosas...— dio un salto y se aferró al borde de la pared para treparse, su amiga se cubrió la boca sintiéndose una delincuente. — ¡Agh! ¡No puedo!
—S-Shiori...
—Ayúdame Chiara, tengo que subir— la pequeña de cabello rubio empujó las piernas de su amiga para que subiera.
Shiori vio al pequeño animal que estaba siguiendo justo allí, en la calle, corrió hacia él para mirarlo mejor. Era una mariposa, sus alas brillaban y cambiaban de color a cada momento. Se acuclilló y acercó el rostro, atraída, la criatura no huía a pesar de su cercanía e hizo que ella se preguntara si acaso podría tomarla y llevarla a casa.
—Shiori vamos— enunció Chiara asomada a duras penas tras el muro de la escuela.
Su amiga solo se dio vuelta sino hasta ver cómo una sombra con silueta humana la cubría, entonces se puso de pie. Alcanzó a ver a una persona, un hombre vestido con tan solo un chaleco abierto y un par de pantalones holgados color celeste la miraba con una sonrisa extraña, retrocedió unos pasos por instinto, no le gustaba esa persona.
Miró a su alrededor para buscar ayuda pero no había nadie, de hecho todo se había tornado un poco oscuro, como cuando las nubes oscuras cubren el sol. Clavó sus ojos ambarinos en el desconocido para no bajar la guardia, sus padres siempre le habían dicho que no debía confiar ellos, puesto que podrían ser malas personas. Más atrás se dio cuenta de que Chiara ya no estaba allí y que había quedado sola, quizá había ido por ayuda, debía esperar con calma hasta que regresara.
—Hola pequeña— oyó decir al hombre, se dio cuenta de que su cabello era largo y blanquecino y que estaba trenzado hasta la altura de sus rodillas. — ¿Cómo estás?— silencio, dio un paso hacia ella y notó que retrocedía despacio. —Eres Shiori Li ¿Cierto?
— ¿Eh, me conoce?
—Sí, eres muy conocida en Hong Kong ¿Sabías?
— ¿Hong Kong? No, no lo sabía— se acercó un poco a aquella persona. — ¿Es amigo de mi padre señor?
—Um... no lo diría así, solo he oído de él— ante la sorpresa de la niña se apresuró a acorralarla, no quería que saliera disparada corriendo. La levantó por la camisa de su uniforme escolar y la elevó para apreciarla mejor. —Tú tienes magia poderosa ¿Verdad niña?
— ¡Bájame!
—Lo siento, no tomará mucho tiempo ¿Sí? Quédate quieta unos momentos.
El agarre de aquel sujeto comenzó a brillar de dorado. Shiori sentía cómo sus fuerzas se desvanecían mientras luchaba por liberarse, dolía un poco pero lo más molesto de todo era esa sensación de malestar que le impedía hasta sacudirse. El hombre la sostuvo con fuerza, al menos hasta que sintió un golpe en la espalda que lo hizo trastabillar y dejó caer a la pequeña. Había sido un niño de alborotados cabellos castaños que en ese instante levantaba a la niña para inspeccionarla.
—No toques a mi hermana— lo oyó mientras clavaba en él sus ojos ambarinos con fiereza.
— ¿Otro heredero? Vaya, vaya...
Teo dejó a su hermana con Chiara que lo había ido a buscar. Le había extrañado que de repente todos se habían quedado inmóviles, cómo detenidos en el tiempo, justo cuando la niña rubia había aparecido allí . Vio que aguardaba arrodillada en la puerta de la escuela, probablemente no entendía nada de lo que estaba sucediendo, y estaría totalmente confundida, pero no era el momento de explicaciones, tenía que protegerlas.
Fijó la mirada nuevamente en el desconocido que los había atacado. Su padre siempre le había dicho que no debía darle la espalda al oponente por nada del mundo y, ahora que tenía uno real, algo le decía que debía de hacer caso al consejo. Oyó el graznido de Yang en la altura que evidenciaba que lo estaba vigilando, probablemente había ido a buscar ayuda en algún lado, debía resistir hasta entonces. Había sido un regalo de parte de Shaoran, incluso le había entregado el prisma que convocaba a la criatura y nunca salía sin él.
—Niño, no tiene caso que pelees conmigo— se acercó unos pasos con los brazos abiertos. —No tienes magia ¿Verdad? No quiero problemas, solo necesito a la pequeña.
—Es mi hermana.
—Escucha— se inclinó un poco y se apoyó en sus rodillas para hablarle a la misma altura. —También tengo hermanos, tres de ellos, y a veces realmente quisiera matarlos... ¿Nunca te ha pasado?
—No— Teo se colocó en postura para utilizar todo lo que sabía de artes marciales. —Tú estás loco.
Oyó el aleteo suave de su ave rapaz y vio que una de sus alas arañaba el cuello del enemigo. Lo mantendría alejado de él todo lo que pudiera mientras intentaba detenerlo, no podría huir con Shiori y Chiara a tiempo, los alcanzarían porque su hermana era muy lenta, lo mejor sería aguardar por la ayuda.
Sakura, acompañada de sus dos guardianes, estaba realizando una de sus patrullas diarias cuando percibió que una brecha temporal era creada. Enseguida se puso alerta y subió al lomo de Kero para dirigirse hacia el lugar. Sentía cómo el pánico corría por sus venas e invadía su mente para dejarla libre de toda calma, no podía estar tranquila de ninguna manera.
Provenía de la escuela de los niños.
—No entres en pánico Sakura— oyó que le decía Yue. Lo miró con expresión asustada y al recibir la tranquila de él se instó a respirar profundo y darse prisa.
—Lo intentaré...
—Estamos contigo, los mocosos están bien descuida— acotó Kero mientras aumentaba un poco más la velocidad de su vuelo.
La joven vio que un automóvil se dirigía a toda marcha hacia el mismo sitio, reconoció el vehículo de su esposo y se alivió al ver que llegaría justo a tiempo para evitar cualquier tipo de tragedia, siempre contaba con él para ayudarla, aún más si los peligros que los acechaban volvían a emerger después de tanto tiempo de paz.
Shaoran había sido advertido por el halcón Yang que lo había ido a buscar, como su creación estaba bien adiestrado, y lo primero que le había enseñado cuando formó su propia familia era a ir a buscarlo en caso de emergencia. Él lo conectaba con su hijo mayor, así que así podía quedarse un poco más tranquilo a pesar de que las cosas parecían volver a complicarse.
El enemigo finalmente había vuelto a aparecer, solo deseaba llegar a tiempo junto a sus hijos.
— ¡Deja en paz a mi hermano!— gritó al borde del llanto. —Es un ánima, Teo.
A Shiori le había costado mucho ponerse de pie, le dolía demasiado el brazo y aguantaba las ganas de llorar solamente porque comprendía que no era el momento. Sus padres siempre los habían preparado en caso de una emergencia, sabían que había personas malas en la ciudad y por eso era que no debía de temer. "Nunca temas, porque siempre te protegeremos" era lo que le había dicho su madre en varias ocasiones, así que no tenía miedo por ella.
Pero todo fue diferente cuando vio al desconocido golpear a su hermano a penas hubo despertado. Estaba cuidándola y ella no sabía qué hacer. Chiara a su lado lloraba cubriéndose el rostro, probablemente no quería ver lo que estaba pasando.
Tomó del bolsillo de su falda un par de pergaminos que siempre traía consigo en caso de emergencia. Aún era bastante débil pero quizá podía hacer algo al respecto. Al ver la expresión inquieta de la criatura al mirarla confirmó lo que sospechaba, sus energías no eran iguales a las de los demás después de todo.
—Niña, mejor te quedas donde estás.
—No hasta que sueltes a mi hermano— arrojó el pergamino y la criatura se apartó de un saltó, liberando al pequeño de su agarre. Ella corrió a asistirlo, lo abrazó con fuerza y se echó a llorar con libertad.
—Estoy bien... ya deja de lloriquear...— la regañó Teo.
—Lo siento... estaba preocupada— él le acarició la cabeza para calmarla un poco.
—Lo has hecho bien— se puso de pie tambaleante y se colocó frente a su hermana, mirando fijamente al enemigo. — ¿Es un ánima Shiori? ¿Estás segura?
—Sí.
— ¿Qué hay que hacer?
—Exorcizarlo...
— ¿Y lo puedes hacer?— la niña se miró las manos, angustiada.
—No lo creo... no estoy tan avanzada Teo...
—Voy a protegerte, así que no tengas miedo— la niña asintió sin estar del todo convencida, siempre tenía a alguien para cuidarla pero no era de mucha utilidad. Ni cuando se había caído por las escaleras el año anterior, ni cuando tropezaba, o cuando Teo enfermaba. Siempre era él el que la cuidaba. No quería que continuara haciendo todo solo, debía haber algo que pudiera hacer aunque fuera una cobarde.
—No— dijo y se puso de pie una vez más. —Quiero ayudar Teo.
—Es peligroso Shiori, no estamos jugando.
—Lo sé— respiró profundo para juntar valor e iluminó sus manos con su magia dorada. —Haré todo lo que pueda.
—Miren, no voy a perder mi tiempo con dos niños, así tenga que matarte me llevaré a la niña— vieron se armaba con una alabarda nacida de sus palmas y saltaba hacia ellos. Teo supo que no podría evitar el golpe con sus manos, no tenía la fuerza suficiente para pararlo y no estaba armado. Vio que Shiori quiso crear un escudo pero su magia titilaba y no hacía nada, probablemente porque estaba asustada.
Entonces ambos niños, cerraron los ojos, indefensos, pero el golpe jamás llegó. Al observar hacia adelante descubrieron la figura de su padre, empuñaba una larga espada que refulgía en color verde jade, alimentada por su magia. Había chocado contra el arma del ánima y dejado a su paso una estela de chispas brillantes, electrizaron el ambiente tanto que los pequeños pudieron percibir cómo se les erizaban los bellos del cuerpo.
—No les pondrás un dedo encima a mis hijos— oyó el enemigo, mientras evitaba temblar al ver la mirada furiosa de Shaoran Li.
