Capítulo 5
LO QUE NO TE MATA TE HACE MÁS FUERTE
"El amor-fantasía es mucho mejor que el amor-realidad"
–Andy Warhol
PP
Tengo que hablar con ustedes. Ahora.
12:15 pm
MJ
Ahora no será posible. Te dije que tengo un curso todo el día.
Deja de molestarme.
12:16 pm
NL
Yo tampoco puedo, mi clase empieza dentro de quince minutos
12:16 pm
MJ
Arréglatelas sin nosotros
12:16 pm
NL
Hablamos al rato, ¿ok?
12:16 pm
PP
Anoche el señor Stark se quedó a dormir en mi casa y le chupé la polla.
12:16 pm
MJ
…
12:16 pm
NL
…
12:17 pm
MJ
Puedo ausentarme un par de minutos
12:17 pm
NL
¿Quién necesita excelencia académica?
12:17 pm
MJ
¿Dónde estás?
12:17 pm
NL
¿Dónde te vemos?
12:17 pm
PP
Nos vemos en la cafetería de central park
12:17 pm
Peter ya estaba sentado con tres tazas de café humeando sobre la mesa cuando sus amigos llegaron resoplando.
—Cuéntanos. —MJ arrastró la silla para estar cerca de Peter. Ned se secó el sudor de la frente con un pañuelo y se inclinó sobre sus codos—. Tienes 45 minutos antes de que tengamos que irnos de nuevo. Vas.
—Le chupé la polla al señor Stark —escuchó su voz como si fuese una lengua extranjera.
—Eso ya lo sabemos—ella meneó la mano, impaciente—. Detalles, queremos detalles.
—Muy bien —Peter inhaló y comenzó a relatar todo lo sucedido la noche anterior. No fue difícil, ya que todo era un torbellino que causaba estragos en su memoria fresca y detallada. Los pensamientos viajaban repetidamente a las benditas caras y gestos del señor Stark. Y, sobre todo, recordaba la frase salida de los más alucinantes sueños húmedos siempre imaginados, pero también la de sus peores pesadillas:
—¿Lo hice bien, señor Stark?
—Lo hiciste increíble —Tony jadeaba, recobrándose del intenso orgasmo. La mano que había estado sujetando el cabello de Peter ahora estaba en su mejilla, acariciando la extensión de su rostro y con el dedo posado en un labio inferior. Todo en aquel hombre destilaba fascinación—. Estuviste jodidamente increíble —repitió—. Peter... Dios, eres tan-
Se interrumpió, y retiró su mano como si de pronto la hubiese tocado un ácido corrosivo. La sangre abandonó su rostro.
No hubo nada por un momento, excepto el ruido silencioso de un hombre entrando en razón… y arrepintiéndose.
—Tengo que irme.
Llegado a ese punto, sus amigos tenían la boca abierta.
—¿Entonces se fue? —preguntó Ned.
—No. Digo, sí, se fue. Pero no inmediatamente. Durante varios instantes no se movió de su lugar ni dijo nada más. Fue un poco espeluznante. Sólo se me quedó… viendo… Y de repente se puso los pantalones a la velocidad de la luz, y salió del apartamento. Antes de cerrar la puerta se detuvo para mirarme una vez más y luego "puff", desapareció —sus amigos hicieron muecas de dolor y él suspiró—. Yo continué de rodillas frente al sofá como por unos diez minutos, hasta que recordé que tenía clases. No hace falta añadir que no pude prestar atención a las cátedras del profesor en toda la mañana —Peter culminó su relato con la cabeza enterrada entre los brazos.
—Mierda… —oyó decir a sus amigos.
—¿Qué hago ahora? O mejor dicho: ¿hay algo que pueda hacer?
Como nadie dijo nada de inmediato, se mantuvo hundido sobre la mesa; daba la impresión de que tardaría años en despegarse.
—Oh, dios, qué hice —se lamentaba—. Lo eché todo a perder. No puedo creerlo. Que gran idiota soy.
—Espera, no te desanimes todavía —dijo Ned, aunque parecía que estaba improvisando por la cautela de su voz—. Tal vez puedan hablarlo como los adultos que son y puedan… ¿dejarlo atrás? —preguntó inseguro.
—Quizás esté dispuesto a olvidarlo, quizá no quiera verte jamás —MJ le dio unas palmaditas sobre un hombro.
—Guau, gracias, eso me sienta de maravilla —masculló Peter.
—Lo que digo es que no te puedes imaginar la clase pensamientos que lo estará carcomiendo ahora mismo. Seguramente algo relacionado a la infidelidad y la traición. Por hacer esas cosas contigo, y por hacerlas a espaldas de su esposa.
—Estás logrando que me siente infinitamente peor —Peter se irguió, al borde de las lágrimas, pero desquitó su creciente angustia batiendo su segundo café y atascándolo de crema.
—De mi jamás vas a conseguir positivismo y ternura. Soy realista. Puedo irme —ofreció ella.
—No-no-no —Peter aferró con una mano el brazo de su amiga—. Tú eres mi voz de la razón —se giró hacia Ned—. Y tú eres mi conciencia. Los necesito a ambos para no perder la cabeza.
—Nos tienes —aseguró él.
—Sin lugar a dudas —dijo MJ—. Ahora; cabe la posibilidad de que esté deseando una segunda vez contigo. Esa opción siempre está sobre la mesa.
Peter frunció levemente el ceño.
—¿Ustedes creen que…me… pida por más? —no sabía cómo sentirse ante eso, pero dejó la cuestión para más tarde; ahora ansiaba conocer la opinión de sus amigos.
—Ni idea —MJ se encogió de hombros—. Tal vez, sí. Tal vez, no —le dio el último sorbo a la primera taza que llevaba—. Obviamente lo disfrutó. Si no hubiera sido así, no te habría dicho lo que te dijo después de eyacular en tu boca. Así que imagino que algo tuviste que hacer bien.
—Peter lo hace estupendamente bien —comentó Ned—. Y antes de que te de un infarto: no. No hablo por experiencia.
MJ se relajó inmediatamente.
—¿Cómo lo sabes, entonces?
—¿Recuerdas a Jeremy Richards? —MJ negó con la cabeza—. Peter y Jeremy tuvieron como dos citas, si no mal recuerdo —buscó la aprobación de Peter en su mirada, y cuando la obtuvo, continuó—: Pero semanas después de que cortaron, me lo encontré en el seminario de ingeniería computacional y nos pusimos a platicar. La conversación desembocó extrañamente hacia Peter, y él afirmó que había tenido la mejor felación de su vida en su dormitorio.
—Tengo más referencias como ésa —corroboró Peter.
—Hum…—fue la opinión de MJ—. Y de algún modo sigues virgen. ¿Me recuerdas por qué?
Peter eligió no responder.
—Creo que iré a visitarlo. —Pasados los 45 minutos de lapso, antes de que sus amigos tuvieran que retirarse, Peter no estaba cerca de llegar a conclusiones, pero por lo menos tenía la cabeza más despejada—. No sé qué haré, ni que voy a decir, pero lo sabré en cuanto lo vea, supongo.
—O podrías terminar atrapado entre sus piernas nuevamente —agregó MJ, colgando su mochila sobre un hombro lleno de rizos—. Lo que sea que suceda, nos llamas, ¿okey?
—Okey.
—Tranquilo —dijo Ned—. No te desanimes.
Era muy tarde para no desanimarse, pero Peter había tenido tiempo de sobra para reflexionar.
Hizo lo que siempre había querido, aquella fue su grandiosa oportunidad; ¿por qué entonces sentía que todo lo había hecho terriblemente mal?
«Porque, de alguna forma, te aprovechaste de él» le recriminó una vocecilla interna. «Stark fue hasta tu casa buscando confort, y al principio se lo diste como amigo, pero luego el sentimiento se te fue de las manos. Traicionaste su confianza».
Pero le gustó.
«Eso no importa».
Era verdad, no importaba.
¿Pero cómo se sentiría él si Tony le pidiera más? ¿Se lo daría?
Antes de hilar con más profundidad aquella idea, recibió un mensaje.
TS
Ven a mi oficina cuando puedas.
2:07 pm
Peter Parker tenía muchas cosas por las que debía pedir perdón, no solamente una felación sin consentimiento previo.
Un año atrás, cuando Peter cumplió diecisiete años, Tony lo invitó a su mansión para celebrar; Pepper estaba fuera de la ciudad, así que sólo sería una amigable cena entre los dos.
Era la segunda vez que Peter visitaba aquella fortaleza compuesta de tecnología y arte, y en el camino hacia las puertas dobles, luego de que el taxi lo dejara y se perdiera de vista, Peter se prometió que en esta ocasión no rompería nada.
Se acercó a la pantalla pegada a la pared, y presionó el único botón existente.
"Huh-hey, hola, soy Peter. ¿Peter Parker? Estoy aquí" intentó no rodar los ojos ante su propia estupidez "Quiero decir que ya llegué"
Sin obtener respuesta, las puertas se abrieron por sí solas con un click, y Peter entró con el aire atascado en su garganta: el lujo con el que vivía el señor Stark siempre quitaba el aliento.
El vestíbulo era bellísimo, como la clase de finura que sólo se obtiene gracias a la mano experta del escultor que talló la capilla sixtina. No era que Peter hubiera estado alguna vez en Italia para comprobarlo, pero algo así de exótico le parecía.
"¿Señor Stark?", su voz hizo eco.
Peter optó por caminar sin rumbo por sus alrededores. Era de mala educación vagar en casas ajenas, pero Peter tenía permiso para hacerlo.
"Si no estoy ahí, es porque la junta se ha alargado. Siéntete libre de hacer lo que te plazca. Ya sabes dónde está la sala de videojuegos" fue lo que escribió Stark en un mensaje de texto, horas antes.
Eso hizo él, explorando varias habitaciones que parecían no ofrecer ningún propósito más que el de ser elegantes y vistosas. Había decidido dejar la sala de videojuegos para el final, porque aquel lugar era tan absorbente que olvidaría el placer secreto que le provocaba husmear en los espacios personales de Tony Stark.
Abrió muchas puertas, y todo detrás de ellas siempre le causaba impresión, todo acerca de la morada Stark destilaba buen gusto.
De momento a otro, una puerta de madera roja llamó particularmente su atención. Era el ornamento con espirales que a Peter se le antojaron de una época barroca lo que le impulsó a meter las narices y ver lo que guardaba.
Empujó suavemente la puerta para abrirla.
Lo que se encontró fue con el dormitorio del señor Stark. ¿Cómo lo supo? Porque ninguna habitación podía ser tan lujosa como aquélla. La cama de tamaño más grande que una King Size ocupaba apenas una sexta parte de la alcoba y, sin embargo, era alta, increíblemente amplia y sedosa. Peter podía imaginar su tacto con sólo verla. Tenía decenas de cojines, sábanas oscuras y mantas rojas. Apostaba todo su dinero (lo cual no era mucho, pero aún así…) a que también era mullida, como la nube más esponjosa que cualquiera haya apuntado en el cielo. Todo acerca de ese mueble era una invitación a subirse y descansar.
O hacer otras cosas.
Peter tragó saliva, al tiempo que se adentraba más en la habitación. De pronto, su oído captó el suave susurro del agua cayendo detrás de una puerta abierta.
Horas más adelante, cuando la vergüenza y el enojo lo atormentasen hasta lo indecible, se preguntaría por qué lo hizo. Por qué se quedó. Por qué se asomó.
La burda y asquerosa respuesta que se le ocurrió después fue: Ojo por ojo. Diente por diente. El señor Stark lo vio desnudo a él. Tiempo de… ¿la revancha? Un argumento tan débil como aquel no podía ser el verdadero motivo. Su impulso de espiar, su…voyerismo (no había otra palabra para describirlo), era el resultado de años de deseo sexual reprimido hacia el hombre que jamás iba a tener y que sólo tenía permitido admirar desde lejos. Peter creyó que estaba bien con eso, pero cada vivencia con Tony siempre le decía que no; no estaba bien con nada.
Remolinos de vapor emergían del baño. Al principio Peter no pudo distinguir la silueta del que se estaba duchando. Pero después sí que pudo.
El vapor remitió, dando a entender que Tony había apagado la llave del agua. Solo quedó él, desnudo, con gotitas resbalando por su cuerpo hasta perderse en los muslos donde había cabello oscuro… Peter siguió toda esa línea de músculos definidos (casi se desmaya en los bíceps) hasta llegar a la parte más deliciosa. Oh, la comparación con su propia anatomía. La erección del niño palpitó en sus pantalones al ver el pene de un hombre adulto.
No sabía qué tan ruidosa podía ser su respiración (seguramente entrecortada), así que se obligó a controlarse y omitir el frustrante escozor de su entrepierna. Pero entonces, el señor Stark le dio la espalda, y la vista de un par de glúteos, firmes y redondos, le arrancó un gemido.
Peter quería tocarse ahí mismo.
Lo estaba disfrutando, y eso lo aterrorizaba.
Quería…
Antes de pecar por más tiempo, se obligó a correr de ahí.
Se sentía muy confundido. Había violado la intimidad del hombre que supuestamente le importaba tanto. Molinos de vergüenza, traición y deshonra hicieron espirales sobre su cabeza durante una semana entera, y no pudo afrontar los ojos de Tony por bastante más tiempo que ése.
Y cuando el señor Stark bajó por fin después de ducharse, y se encontró con su protegido luchando por recobrar la compostura, Peter sabía que no iba a lograr atravesar una velada con la imagen de su anfitrión sin ropa e inmortalizada detrás de los párpados.
Tuvo que disculparse al poco tiempo de haber probado unos bocados, alegando un dolor estomacal, y se fue a casa.
Peter estaba parado en frente de la oficina buscando el valor para abrirla. Tenía que atenerse a las consecuencias. ¿Estaba preparado? No. Sin embargo, empujó la puerta.
Tony no se encontraba sentado en la usual y cómoda silla, sino encima del escritorio, con las piernas entrecruzadas y un poco encorvado. Alzó la cabeza hacia Peter en cuanto lo oyó.
—Parker —exclamó sorprendido—. Pensé que tocarías la puerta antes de entrar como la gente acostumbra. —no sonaba enfadado, pero el reproche estaba allí. Y a Peter no se le escapó el hecho de que Stark lo había llamado "Parker".
—Lo-lo siento. Se me olvidó —admitió—. Pensé que me estaría esperando.
—Te estaba esperando, pero no sabía cuánto tiempo me llevaría eso —explicó él mientras se bajaba del escritorio—. Tu mensaje de respuesta no especificó ese detalle.
—Lo siento.
Stark meneó la mano y tomó asiento apropiadamente en su silla.
—Bueno, ahora no tiene importancia. Tenemos asuntos qué revisar.
Por la forma en que habló, se pensaría que estaba a punto de entablar una larga plática sobre la comercialización de un negocio particularmente enmarañado. Peter tomó asiento en frente de Stark, validando aquella sensación. Las ventanas estaban descubiertas, la luz entraba a borbotones; un Manhattan limpio y opulento decoraba su visión detrás de un hombre poderoso. A Peter se le borró el casete.
—Entonces… —comenzó Stark y se detuvo. Sonrió ligeramente.
—¿Entonces…? —continuó Peter, sin atreverse a respirar.
Cayó el silencio. Y fue incómodo.
La tensión inundó la oficina, como la presión suele precipitarse en una cabina de avión. Peter sintió la cabeza comprimirse y descomprimirse varias veces. Quería empezar con la fila de disculpas, pero, por alguna razón, decidió que mirar al señor Stark observándolo a él era más sencillo.
Finalmente, Tony rompió el silencio:
—El apartamento…—una frase inicial que Peter no estaba esperando—. El apartamento que te ofrecí…
—No tiene que dármelo —replicó el muchacho inmediatamente.
Stark le sostuvo la mirada sin pestañear.
—¿Estás seguro?
Peter asintió. Y después el señor Stark también lo hizo.
—Bien…porque eso sólo complicaría más las cosas.
Peter esperó, pero no hubo ninguna adición. Estaba comenzando a creer que el hombre de cuarenta y siete años se encontraba tan perdido como el chico de dieciocho. Se dijo que era su turno de intentarlo.
—Señor Stark —empezó—, yo sólo quería que supiera-
—Espera un segundo —Stark levantó un dedo—. Déjame ir a mí primero. En realidad, tengo todo un discurso preparado. Lo que pasa es que no me siento particularmente afilado desde esta mañana.
Peter obedeció, tratando de no sentirse culpable por la inusual desconcentración de Tony, y continuó mirándolo. Continuó esperando.
—Mira, Parker —dijo al fin—; no voy a tratar de olvidar lo que pasó anoche. Creo que cualquier intento sería una pérdida de tiempo. No quiero desestimarlo ni restarle importancia. Pero ¿podemos aceptar el hecho de que fue una experiencia…inconveniente? Yo me encontraba en una posición muy vulnerable, verás. Acababa de tener una pelea con mi esposa, no puedo demandar a un fantasma sin nombre, bebimos… Sabes lo que quiero decir, ¿no?
Le costó reaccionar, pero finalmente halló una amigable neutralidad en la voz:
—Sí, sí, claro —dijo Peter—. Entiendo perfectamente, señor.
—Okey. Bien —Stark suspiró—. Me alegra que estemos en la misma sintonía, porque quiero pedirte algo.
—Sí, lo que sea, señor Stark.
Tony empezó a tamborilear los dedos sobre el escritorio y luego los entrelazó. Al hacerlo, Peter vio el anillo de bodas.
Cuando Stark empezó a hablar, lo hizo sin mirarlo a los ojos:
—Anoche, después de que me fui de tu apartamento, me puse a platicar con Pepper. Estuvo despierta toda la noche, esperándome, y… bueno, logramos hacer las paces. Me di cuenta de que ella es lo más importante que tengo mi vida y que nunca haría algo para lastimarla. Pese a que las cosas no nos han ido del todo bien, estoy dispuesto a hacer mi parte para que funcionen —lo miró—. Lamento que haya pasado lo de anoche y que haya sido contigo; porque sólo así pude darme cuenta de todo eso —hizo una breve pausa. Peter no estaba seguro de haber parpadeado en todo el discurso.
Continuó:
—Voy a pedirte algo, chico —repitió—. No necesariamente tienes que estar de acuerdo, ni seguirme la corriente. Pero, si lo hicieras… Bueno; digamos que estarías fabricando la mayor de las bondades jamás vista por la humanidad y te llevarías la corona del altruismo. Verás, no veo ninguna necesidad de que firmes un contrato de confidencialidad y discreción; porque eres tú. Somos amigos, ¿verdad? Los amigos se guardan secretos.
Peter ya sabía lo que el señor Stark quería de él, pero se mantuvo imperturbable, sin denotar la mínima expresión de reconocimiento. Tony tendría que ser más directo que eso.
—Entonces…Aquí va: ¿podrías nunca mencionar, ni a mí, ni a nadie más, lo que hicimos? Especialmente, que esa información no llegue al oído de ningún reportero o… sólo dios sabe, algún sitio dudoso en Internet. Yo… no sabes cuánto significaría para mí si decides…contenerte.
Parecía haber terminado. Stark esperó, expectante, a la respuesta de Peter.
Y él, nuevamente, no reaccionó de inmediato. Se limitó a observar el rostro compungido de su hombre favorito en toda la tierra; aquel por el que juró tenderle una mano en caso de que la necesitase.
Pensó en todo ello, y respondió:
—Claro que sí, señor Stark —dijo—Por supuesto. Ni siquiera se me había ocurrido contarle a alguien —Ned y MJ no contaban en la descripción de "alguien" porque eran sus mejores amigos y, por lo tanto, una extensión de él mismo—. Entiendo que lo sucedido entre nosotros es privado y asunto de nadie. No se preocupe. Nuestro secreto está a salvo. No tenía ni qué pedírmelo.
Tony exhaló, visiblemente complacido y aliviado de que sus pensamientos y los de Peter siguiesen la misma dirección.
—Pfff, siento como si una bolita de plomo descendiera de mi garganta y por fin empieza el proceso digestivo —Peter soltó una risita—. Que maldito peso me quitas de los hombros, chico. No puedo agradecerte lo suficiente. Te debo una, para toda la eternidad. ¿Quieres las llaves de mi coche? En serio.
—Oh, vamos, señor Stark, no sea ridículo. —¿De dónde le salía aquel tono jovial y comprensivo? —. No me debe absolutamente nada. Lo que pasó ayer fue…fue-
—Un error.
—Sí. Un error muy estúpido.
—No vamos a dejar que suceda otra vez. Bien… Uff. De acuerdo. ¡Agh! —parecía tremendamente aliviado, como Peter nunca lo había visto. Su mano estaba posada sobre su pecho, la cabeza recargada contra la espalda de la silla; daba la impresión de estar recuperándose de una batalla particularmente implacable—. ¡Guau! Bien. De acuerdo.
—De acuerdo —repitió Peter con una sonrisa en la cara y una acidez burbujeando en su estómago—. ¿Hemos terminado? Tengo un examen en un par de horas y no estudié lo suficiente, así que...
—¡Claro! No, sí, claro, claro, no, por favor, ve —le enseñó la puerta con la mano—. Estudia duro. Saca diez. Te vas a ir al cielo de todas formas, pero como quieras. Vete.
—Bien —exhaló suavemente y el corazón latió más acelerado—. Bien. Me voy. Lamento haberle chupado la polla.
Peter no tuvo tiempo de ver la reacción de Tony porque ya se había levantado para irse cuanto antes.
—… ¿Qué acabas de…?
Peter siguió su camino hasta la puerta.
—¡Parker! ¡Parker!
Escuchó el sonido de algo arrastrándose en el suelo y el de alguien apresurándose para detenerlo. Pero él ya estaba cruzando la salida.
—¡Peter!
El sonido de su nombre de pila dicho por esos labios tuvo el poder de frenarlo. Pero no de voltearlo. Su mano temblaba sobre el picaporte, desando con todas sus fuerzas largarse de allí y, de alguna forma, sus pies se negaban a cooperar.
Una mano sobre su hombro lo hizo retroceder.
—Peter…
Otra mano empujó lentamente la puerta hasta cerrarla enfrente de él.
—Peter, siéntate —ordenó—. No hemos terminado.
—Olvide lo que dije.
—Eso no va a pasar. Siéntate.
Lo debatió unos instantes. ¿Qué haría Stark si él se empecinaba a abandonar la oficina? ¿Lo retendría por la fuerza? A Peter le gustaría que lo hiciera. Así podría descargar la sensación de querer… golpear algo.
Sí, buena suerte con eso, pensó. Él no podría golpear a nadie, y menos al señor Stark. Obviando el hecho de que jamás sería rival para un hombre robusto y bien marcado como Tony, Peter no se atrevería a asestarle un puño, por muy escuálido que lo fuese.
Al final, desistió todo signo de rebeldía. Giró sobre sus talones (negándose a ver el par de ojos que lo escudriñaban) y caminó parcamente hasta desplomarse sobre la silla.
El señor Stark hizo lo mismo, aunque con una remarcada cautela.
—¿Qué fue eso? —le preguntó.
Peter no lo miraba a los ojos. Y, por supuesto, no pensaba responder tampoco.
—¿Hay algo que quieras decirme, muchacho? —insistió. Peter ya estaba negando con la cabeza cuando Tony dijo—: Porque, puedes hacerlo, ¿sabes? Puedes recitarme todos los insultos del gran libro de los insultos, desde la A hasta la Z. Aunque te aseguro que nadie dentro de esta oficina tiene una opinión más baja de mi persona que yo en este momento.
Peter lo miró y luego bajó la vista hacia un adorno que no cesaba de moverse en círculos.
—¿Qué te sucede? —Peter notó la creciente exasperación de su voz.
—Nada —mintió él con osadía.
—¿Por qué estás disgustado?
—No estoy disgustado.
—Eres un terrible mentiroso.
—Se sorprendería. Pero ese no es el punto.
—Entonces, ¿cuál es? Ilumíname.
Pero Peter ya no quería seguir hablando. Debió guardarse su comentario. Debió ser más listo y tragarse el veneno y no debió escupirlo al último segundo. ¿En qué clase de universo paralelo Tony Stark lo querría otra vez? Una felación no significaba nada en esta realidad. Los hombres casados no piden por más, especialmente de personas como Peter. Los hombres casados hacen lo correcto.
Todos esos desmoralizantes pensamientos debían notarse en su semblante porque Tony continuó presionándolo.
—Suéltalo —le ordenó.
Peter no iba a soltarlo. Llevaba casi cuatro años conteniéndolo y apretujándolo en el pecho; una simple orden no iba a cambiarlo de parecer.
—No es nada —dijo—. No tengo nada que decir.
—Peter…
—Que sea muy feliz con la señorita Pots —una vez más se levantó del asiento y se dirigió a la salida.
—Peter. ¡Peter! ¡Peter! ¡Vamos!
Pero, esta vez, él no iba a detenerse. De hecho, no iba a detenerse en mucho tiempo.
Horas más tarde, Peter ingenió catorce formas de pedir perdón. Quiso regresar a la oficina con la cola entre las patas en varias ocasiones; pero, al final, el orgullo, la rabia y la tristeza formaban el remolino oscuro que controlaba sus pensamientos actuales. Y cuando las emociones de aquella naturaleza se encuentran, chocan, y se alían: el alcohol hace acto de presencia para embrutecerlas y magnificarlas.
PP.
¿Dónde están?
8:22 pm
¿Por qué no me responden?
8:27 pm
Tengo alcohol y mucho que contar.
8:37 pm
Está bien, no vengan. Ya me voy de todas formas.
8:45 pm
Vengan por favor.
8:46 pm
Estoy perdiendo la cabeza aquí solo!
8:46 pm
Espero que mañana me den una increíble y fascinante razón de por qué no me contestan los maldi-
—Él no vendrá.
Una voz interrumpió el hilo de sus protestas por mensaje. Alzó la cabeza y vio a un hombre parado frente a él.
—¿Muy cliché? No me salió bien, ¿verdad? Okey. ¿Puedo tener otra oportunidad? Prometo que se me va ocurrir algo mejor, espera.
El hombre se alejó hasta el otro extremo de la barra, se sentó, contempló su vaso por unos segundos, y regresó hasta donde estaba Peter.
—Hola, me llamo Wade Wilson. Y si tu nombre no es «menor de edad», te invito un Vodka Martini doble con extra olivas. ¿Estuve mejor?
