Capítulo 8
PARA TODO HAY UNA PRIMERA VEZ
"Bésame, y verás lo importante que soy"
–Sylvia Plath
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Primero escuchó el rumor de la lluvia.
¿Apenas llegaba el mes de junio y ya estaba dando inicio la temporada? Se removió perezosamente en el sofá y dio un largo suspiro. Tendría que comprar un paraguas, porque el último se le atoró en el bus de camino a una convención el año pasado, pero habría que apañárselas un rato hasta reunir dinero suficiente para completar la renta del apartamento que iba a compartir con Ned, y además…
Luego oyó los golpes secos en la puerta.
Eran unos porrazos extraños. Como paulatinos en lugar de rítmicos, como tardíos en lugar de apresurados.
Se incorporó del sofá, notando que el televisor se había apagado automáticamente después de terminar la película. En el apartamento reinaba una oscuridad a medias. Los faros de la calle alumbraban lo justo para ver por dónde iba.
Lo siguiente que notó fue que su teléfono parpadeaba. Tenía mensajes, cientos de ellos. También algunas llamadas perdidas. Fue leyendo conforme se acercaba a la puerta para espiar por la rejilla.
Wade lo había llamado, tres veces, y le había dejado seis mensajes de texto; en todos ellos le pedía que le devolviera su billetera. Después estaba uno de su tía, que le avisaba de otra noche en el trabajo para pagar las cuentas. Y, por último, infinidad de mensajes de sus amigos, que lo invitaban por un café al día siguiente.
Antes de girar la manija asomó el ojo para ver quién era, pero la visión estaba obstruida, como si alguien lo estuviera tapando deliberadamente con la mano.
Abrió de todas formas, y se dio cuenta de que no era una mano lo que estorbaba, era una frente, y no era cualquier frente.
—Parker.
—Señor Stark.
—¿Está tu tía en casa?
Peter sacudió la cabeza.
Tenía el aspecto más serio que le había visto jamás: la mandíbula apretada, las cejas juntas, el cabello alborotado…, la mirada ausente y vidriosa.
—¿Está borracho?
Stark puso los ojos en blanco y exhaló sonoramente.
—No. Y voy a pretender que acabas de invitarme a pasar. —Al cruzar el umbral esquivó la figura de Peter, demasiado obvio para tratarse de una mera cortesía para no topar con su cuerpo. Cuando pisó la sala, giró la cabeza—. Linda pijama.
Peter miró abajo e hizo un esfuerzo supremo para no maldecir en palabras sibilantes la decisión de haberse puesto, antes de quedar dormido en el sofá, una camiseta larga con el dibujo de un taxi que decía "Sobreviví mi viaje a NYC". Y, para rematarla, un bóxer cortito y falto de tela.
Intentó empujar eso fuera de la mente y cerró la puerta
—Huele a alcohol.
Stark se giró del todo.
—Puede que haya bebido el whisky ocasional mientras intentaba convencer a mi esposa de que, por favor, oh, por favor, no me dejara —Soltó lo que podría haber sido una carcajada—. Dejarme a mí, el esposo millonario e infiel. ¿No es irónico? Ella temió por tanto tiempo que me fuera a acostar con la tía cuando, al final, resultó ser el sobrino de quien debía preocuparse. También sería hilarante si no fuera tan trágico. Y como ambos son buenos motivos para llenar la copa, sí, bebí un poco.
—Tal vez deberíamos tener esta conversación cuando esté sobrio —«O tal vez, de aquí a nunca», pensó amargado. Últimamente los intentos de charla entre ellos resultaban en un rotundo fracaso. Estaba harto de eso. Quería salvar la situación; pero su propio temperamento, la intromisión de Wade, los insoportables sentimientos que tenía hacia el señor Stark (que probablemente ahora nunca remitirían), el propio señor Stark…, todo marcaba en su contra.
—Oh, créeme, no estoy ni la tercera parte de borracho como la otra noche —dijo Tony, rezumando sarcasmo—. Tengo cosas que decirte, y si tengo que amarrarte para que las oigas, lo haré.
Peter levantó una ceja ante la interesante proposición de un amarre, pero se dijo que no era momento para pensamientos soeces.
—Okey. Hable —Y ahí estaba de nuevo esa sombra de ironía en su voz que no reconocía. La misma que empleó en la oficina de Stark antes de largarse hecho una furia.
Tony se relamió los labios antes de hablar.
—No puedo dejar de pensar en ti —dijo—. No puedo dormir, y si lo hago, cuando despierto, estoy pensando en ti. Pero no me malentiendas; esto no es una dulce confesión. No, no, no. Es un maldito problema.
—Okey…—repitió Peter entornando los ojos, inseguro de cómo sentirse—. ¿Y que he de hacer yo con eso?
—Absolutamente nada. Es mi maldito problema.
—¿Entonces por qué vino aquí? Éste no es lugar para solucionar su maldito problema.
Los labios de Tony se curvaron, aunque la felicidad no llegó a sus ojos.
—Vaya, vaya, el cachorro mostrando las fauces. Esto sí que es una novedad. No acostumbro a lidiar con un Peter Parker malhumorado. Tuve la primera buena ojeada en mi oficina, pero creí que no lo volvería a ver. Claramente me he equivocado.
—Claramente. Tengo una vena en la frente, como todos.
—La veo —dio un paso adelante—. Y la vena está a punto de inflamarse un poco más cuando te diga lo que descubrí acerca de Wade Wilson. No te gustará.
Había una luz intermitente de algo feroz pero satisfactorio en los ojos de Tony. Peter no podía ponerle nombre a aquello. ¿Victoria, quizá?
El joven parpadeó antes de cruzarse de brazos.
—Soy todo oídos.
—No tiene empleo desde el 2015 —empezó—. Según los registros de JARVIS tampoco está registrado en ningún portal web de empleo o bolsa de trabajo. Sin estudios. Asistió a la academia militar y de ahí también lo expulsaron. Pero frecuenta un bar todas las noches. Se llama Escuela de la Hermana Margaret para Niñas Rebeldes, ¿lo has oído?
—No.
—Claro que no. Se trata de un lugar desagradable. Y famosamente conocido por contratar personas que elaboran los trabajitos que nadie quiere realizar a cambio de un generoso pago. ¿Sabes unir puntos? Tu novio es un mercenario.
—No es mi novio —Los intentos del señor Stark por ensuciar el nombre de Wade Wilson para mantenerlo alejado serían gratamente recibidos si no fuera por el contexto—. ¿Y dónde están las pruebas? Que frecuente un bar no quiere decir nada. Tal vez tiene amigos.
Pero los intentos de Peter por exculpar a Wade eran demasiado obvios, aunque legítimos.
—Por favor, eres más listo que eso, Parker.
—¿Lo soy? Creí que sólo era un interno de dieciocho años. ¿Qué va a saber un interno de dieciocho años contra un hombre casado?
—Ya veo que estás empeñado a seguir creyendo en Wade Wilson. Lo que quiere decir que estás empeñado en molestarme.
—No quiero molestarlo. Aunque ese es un inevitable efecto secundario. Sólo apunto que no hay evidencia suficiente para acusar a un hombre del que usted está celoso.
Tony bufó.
—Dame algo de crédito, muchacho. Puede que esté celoso —Peter agrandó los ojos—, pero mi principal preocupación es tu seguridad. Siempre es tu seguridad.
—Sí, claro —resopló—. Si se preocupaba por mi seguridad, no hubiera permitido que me atragantara con su enorme y gran polla, porque le juro que casi no respiraba y estuve a punto de…
No tuvo tiempo de reaccionar, no cuando sus pies se alzaron del suelo y volvieron a tocarlo de golpe mientras era aprisionado contra la pared.
Peter percibió la furia en los ojos de Tony, una furia que los tornaba ardientes y casi negros. Verlo le produjo un hormigueo en la garganta igual de ardiente, compuesto de temor y rabia, y con la dosis justa de excitación para confundir la mezcla.
De pronto, el señor Stark empezó a sonreír, y después a reírse a carcajadas mientras apoyaba la frente hacia la de Peter
—No sé cómo te las arreglas para alterarme, pero lo consigues. —Aflojó los dedos con que lo sujetaba por los hombros, y al final lo soltó del todo para apoyar las manos en la pared, a ambos lados de la cabeza de Peter—. Me vuelves loco. ¿Por qué me doy cuenta justo ahora?
—Lo, lo s-siento —balbuceó Peter, enrojeciendo a cada instante—. Por lo que dije.
—Habíamos acordado que no más disculpas, ¿recuerdas?
—Ah...
Era una tarea difícil pensar o recordar nada. La esencia de Tony estaba acortando su función cerebral. De repente sintió una necesidad abrumadora de probar esos labios entreabiertos tan cerca de los suyos, mientras que abría las piernas para permitirle a Tony hundirse en su calor y…
—No. —Stark lo veía con los ojos muy abiertos— No. Sólo eres un niño. Sólo eres un niño.
—Excepto que no soy un niño —Habló en una voz tan baja que se preguntó si habría llegado a hablar o si simplemente se habría limitado a pensar las palabras—. Sé lo que quiero. Sé perfectamente… ¿Eso le asusta?
—Bastante, sí.
Entre un latido y el siguiente, ya no estaban parados frente a frente. El señor Stark había parpadeado y, como si le hubieran echado una cubeta con agua helada, se despegó de Peter.
Irradiaba inquietud, pero no sólo inquietud, sino también deseo. Y al parecer, no podía ocultar su intención de quedarse ahí, cerca de Peter, y aquella revelación hizo que el corazón de Peter se elevara.
—No puedo —siguió negando—. Eres… eres tú. No puedo cruzar esa línea.
¿Él? ¿Aquello era lo que le preocupaba? Peter hizo lo posible para ignorar el hecho de que estar casado no constituía como argumento principal para evitar ponerle las manos encima. Tener esposa no era un impedimento. Ser él, por el simple hecho de ser él, atormentaba más a Stark que cualquier cosa.
Hizo lo posible y falló.
Más tarde sentiría espasmos de culpa y remordimiento, pero el ahora era el ahora, y el corazón quiere lo que el corazón quiere.
Se sacó la camiseta por la cabeza y los boxers por las piernas, y ambos los arrojó a un lado.
—Oh, jesús bendito.
Las pupilas de Tony se tornaron negras por el hambre, y Peter sintió el peso de su mirada sobre su cuerpo como una caricia avariciosa, y que podría saborear con su lengua en un imposible beso. O quizá ya no tan imposible.
—¿Qué me haces, chico? —Sus palabras eran de súplica, pero su cuerpo hizo cosas diferentes. Deslizó una mano por su cintura, y la otra se hundió en su cabello. Peter reaccionó endureciéndose como una roca—. Lo que dijiste antes, en el auto… ¿era cierto?
—¿Sobre qué? —Oficialmente Peter ya no era capaz de reproducir, entrelazar o concebir algún pensamiento que tuviera sentido.
Tony se separó de su cuerpo enfebrecido y lo miró directamente a los ojos.
—¿Eres virgen?
—Oh. —Sus pómulos enrojecieron aún más—. Sí, e-era, era cierto.
—Entonces iré despacio.
A Peter le preocupó que el señor Stark pudiese llegar a oír cómo se le fundían las neuronas en aquel exacto momento.
Cuando sus labios se juntaron por primera vez, Peter sintió un revuelo de energía, más potente que conducir a 200 kilómetros por hora. La barba limaba contra su piel, su lengua jugueteaba al ritmo de la suya, y Peter sólo podía pensar que era la sensación más asombrosa del planeta.
Jamás en su vida había sentido algo parecido a lo que esos labios estaban provocando. Tal vez lo hubieran besado antes, pero estaba seguro de que ningún hombre lo había hecho sentirse así.
Entonces, lo encerró en un abrazo brutal y le dio un beso feroz y abrasador. Todas y cada una de las hormonas de su cuerpo respondieron al instante. Un gemido gutural escapó de su garganta. Madre mía, cómo besaba Tony Stark. Además, la sensación de ese sólido cuerpo contra el suyo era tan increíble que no pudo evitar aferrarse a sus hombros ansioso y desesperado por seguir saboreándolo.
Tony abandonó sus labios para trazar una húmeda senda con la lengua desde la boca hasta la oreja. Peter reaccionó con un estremecimiento que lo recorrió de arriba abajo, y su pene (ya bastante rígido) se endureció todavía más, agradeciendo las caricias y en busca de otras.
—Por favor —siseó.
—En la cama.
Aunque tenía una visión salvaje y erótica de ser tomado contra la puerta, Peter obedeció sin chistar. A él no le importaba dónde. Solo quería seguir sintiendo aquel latigazo de poder, aquellas maravillosas punzadas palpitantes. Estaba girando en el torbellino de un mundo loco, de exquisitas sensaciones, y cada toque y cada sabor las incrementaban. Quería notar cómo se estremecían los músculos del hombre mayor, notar el ardor que le brotaba por los poros; y saber, en lo más profundo de sí mismo, que él era el causante de todo.
Stark lo agarró por los muslos. Los brazos del chico rodearon su cuello y saltó para envolver con sus piernas la cintura del hombre mayor. Al hacerlo, y con una necesidad abrumadora, empezó a frotarse contra el largo y endurecido miembro que conectaba con su cuerpo. Tony gimió en respuesta a sus caricias mientras se encaminaba a la habitación de Peter.
Cayeron sobre la cama como dos locos sin aliento y rodaron en una erótica maraña de miembros entrelazados sobre la colcha individual de tonos grises.
—¿Podrías tener una cama más pequeña? —jadeó Tony.
—Pero entonces sería más incóm…oh…
Algo abochornado tiró de la camisa de Tony hasta quitársela, se pegó a él y se entregó al siguiente beso, más ávido, más intenso. Dominado por la necesidad, bajó las manos hasta el cinturón, abriéndolo, mientras le recorría el cuello con la boca a toda prisa. Había tanto que saborear, tanto que sentir.
—Por todos los cielos, chico, déjame ir despacio. —protestó el mayor cuando las manos de Peter intentaron bajarle el pantalón.
—No quiero ir despacio. Quiero follar.
—Mierda… —Se lanzó de nuevo a su boca—, ¿estás seguro de que eres virgen?
—S-sí —logró articular—. Sí. Me han tocado, numerosas veces, pero nunca…nunca me...
—¿Cuántos? —murmuró Stark demasiado cerca de un pezón.
—¿Eh?
—Cuántos te…con cuántos has…no puedo creer que esté preguntando eso. Olvídalo.
—N-no lo sé, ¿algunos? —Los labios de Peter se ensancharon en una sonrisita maliciosa—. Cientos.
Tony se irguió.
—Será mejor que aprenda a cerrar la boca.
Los dos sonrieron antes de darse otro beso, un poco más lento, un poco más familiar.
Peter tuvo que rendirse con el tema de la velocidad. Quería demostrarle al señor Stark que no era sólo un niño de poca experiencia, sino que también sabía hacer ciertas cosas. Pero si Tony insistía en tratarlo como si estuviese hecho de cristal, él aprendería a disfrutar de las atenciones. A lo mejor no era lo que siempre vio en su cabeza, pero llevaba mucho tiempo ahí, y tenía que comprobar qué tan alejado estaba de la fantasía. Y con todo el placer del mundo, el señor Stark lo guiaría en el camino.
—Te voy a preparar muy bien —Mientras hablaba, aplicó una generosa cantidad de lubricante en su mano derecha que había sacado de la mesita a un lado de la cama.
La piel de Peter estaba pegajosa de sudor, y el muchacho estaba ardiendo. Cuando el primer dedo encontró su abertura, Peter se arqueó contra él en un jadeo entrecortado.
—¡Señor Stark! —gimió.
—No me llames así —dijo roncamente. La lujuria le daba a su voz un tono cada vez más áspero—. No cuando te estoy haciendo esto.
—T-Tony…
—Buen chico.
Casi se corre ahí mismo, en aquel momento.
Insertó un segundo dedo y Peter echó la cabeza atrás.
Después de cuatro dedos dentro y Peter meciéndose torpemente hacia ellos, Tony decidió que estaba listo.
En lo que se alineaba, Peter obtuvo el tercer vistazo de su poderoso miembro, ahora más grueso e imponente que nunca. O tal vez fuese la calentura del momento que distorsionaba el razonamiento de Peter.
Aunque no había forma de negarlo: el cuerpo de Tony era un milagro, y el de él estaba totalmente acelerado por el calor y las sensaciones.
Se aferró al hombre, tratando de buscar equilibrio.
—No esperes, no esperes.
—Ya no puedo esperar.
Se sumergió en Peter. El mundo saltó por los aires, y por fin, por fin, Peter fue penetrado. Tony lo agarró de las manos. Peter lo rodeó con las piernas.
Pudo sentir que el hombre mayor empujaba, sintió que entraba, y trató de no resistirse. Él no dejaba de besarlo. Tan suave sobre sus labios, tan duro entre sus piernas.
Entonces, notó un dolor, un shock, una irrupción en sus paredes que disipó la sensación de estar en medio de un sueño. Y aquello no se suavizó. Cuando Tony empezó a moverse lentamente en su interior, el dolor se convirtió en una mezcla confusa de excitación e incomodidad, pero seguía siendo intenso.
—¿Te está doliendo?
La respuesta era sí.
—No. No te detengas, por favor.
—Muchacho…
Pero aparentemente no era como si pudiera detenerse tampoco, pues Tony hundió su rostro entre su cuello, fundiendo su cuerpo grande y tonificado con el de Peter. Y lo embistió repetidamente.
«Así que ésta es la manera en que Tony Stark folla».
Peter escuchó historias épicas de lo bueno que era el señor Stark en la cama, pero estar en el extremo receptor de sus toques superaba con creces los rumores.
La vista de su polla monstruosa desapareciendo en su agujero usado por primera vez era… demasiado bueno para ser cierto. Las fantasías sobre Tony Stark fornicando (con él, o sólo fornicando con alguien sin rostro) lo habían acompañado durante casi toda su vida. En ellas, el señor Stark podía ser lo que él quería.
Pero la realidad era mucho mejor.
Piel, labios, aromas, sonidos. Todo desbordado sobre él en una marea ardiente de necesidad, deseo y asombro. Lo que notaba moverse arriba de su cuerpo no era ningún sueño, lo que contestó a su boca con un calor anhelante no era una fantasía. Aquel hombre real había salido de sus sueños para envolverlo y mostrarle los mayores placeres de la carne. Y también los más desgarradores.
Peter pensó que en algún momento se había puesto a gritar. Oyó sonidos estridentes saliendo de su boca mientras la sangre corría por su interior desbocada. Su cuerpo se preparaba para recibir más, quería más, incluso cuando el dolor era tan intenso que resultaba innombrable. Los músculos a los que se aferraba se endurecieron como acero, e incluso en el momento del orgasmo, Peter supo que Tony estaba justo ahí con él, explotando como él.
—¡Ahhh…!
—¡Peter…!
Los dos permanecieron enredados, sudorosos y sin aliento en la cama mientras el viento empujaba la lluvia, y la lluvia golpeaba las ventanas con un sonido parecido al chisporroteo del aceite.
Si hubiera sido por Peter, se habría quedado tal y como estaba, ufano y satisfecho con el hombre de sus sueños, hasta la siguiente primavera.
Muy satisfecho, pensó mientras sus manos recorrían la espalda de Tony. Y muy feliz.
¡Lo había hecho! ¡Tuvo sexo! ¡Con Tony Stark!
—Estoy sorprendido—dijo Tony en un susurro contra su oreja.
—¿Conmigo? —repuso Peter—. No lo hice tan mal, ¿verdad? Para ser mi primera vez…
—¿Qué? No. —Se quitó de encima, y se acopló junto al cuerpo de Peter, sobre la minúscula cama—. No. Hablaba de mí.
—Oh. —Acomodó la cabeza contra el hombro fornido de Stark—. ¿Qué hay contigo?
—Nada, no es nada.
La habitación quedó en silencio. Sus respiraciones ya se habían asentado, así como el peso de sus actos.
—¿N-no tienes que…? —Una chispa de razón (la primera luego de un buen rato) lo asaltó—. ¿No se habían peleado? ¿Por qué estás aquí? ¿No está ella…es-es decir…dónde está…—Y por fin lo entendió—. Ella se fue, ¿verdad?
Captó una sonrisa triste en el rostro de Tony.
—No, chico. No se fue. Yo me fui. O, más precisamente, ella me echó.
Hubo otro lapso de silencio.
—Lo siento —No estaba muy seguro de si aquello era honesto, o si sólo estaba acostumbrado a decirlo.
Oyó una exhalación profunda.
—Va a ser un lío cuando la prensa se entere… —murmuró—. Pero será todo un desafío regresar a la mansión para empacar unas maletas sin que ella lo note. Quizá podría mandar a alguien…
—¿Dónde vas a vivir?
—En el apartamento que rechazaste. Ahora estoy agradecido.
—¿Realmente le pareció bien? —No podía sacárselo de la cabeza—. Quiero decir, ¿estuve bien?
Tony despegó la vista del techo para mirarlo fijamente con una expresión indescifrable. Por un momento, quizá dos, creyó que no respondería. Y tuvo razón.
De pronto lo sintió encima de él, robándole un beso. Uno que era infinitamente más dulce que los demás, aunque guardaba cierto erotismo y una sugerencia difícil de obviar. Peter respondió al cándido beso cerrando los ojos. Hasta que escuchó:
—Ese bastardo tenía razón. Tienes unos labios estupendos.
